GARCÍA II DE NAVARRA, RAMIRO II DE LEON Y FERNAN GONZALEZ, VENCEN Á ABDERRAMEN
Y VOTAN EN TRIBUTO DE SUS REINOS, DONES A SANTIAGO Y SAN MILLAN.
(Anónimo.)
En Córdoba está Abderrámen Próspero y con ufania;
Esperando está las parias Que los cristianos le envian;
Ciento y ochenta doncellas Hermosas en demasía,
Las noventa fijasdalgo, Y esotras gente de villa ,
Las cuales entre sus moros Cada año repartia,
Cuando le vino la nueva En que cierto le decia
De como el rey Don Ramiro, Tambien el rey Don Garcia,
Lo mismo Fernan Gonzalez, Que era conde de Castilla,
Matando sus mensajeros, Grande escarnio le hacian,
Y no les quisieron dar Las parias que les pedian.
Abderrámen muy sentido, Gran gente juntado habia :
D'ella de pie y de á caballo, Que en los campos no cabia ;
Y así con muy gran poder Entró luego por Castilla,
Y en las gentes que tomaba Grandes cruezas hacia ,
Matando todos los hombres Que renegar no querian;
Y arrancábales las tetas A las mujeres que habia.
Sabido por Don Ramiro Cómo los moros venían,
Como rey muy esforzado Al encuentro les salia,
Porque no pudo creer Ser tantos cuantos decian.
Sus batallas ordenadas En un monte se ponia,
Do vió venir tantos moros, Que todo el campo cubrian,
Y que la vista cansaban, Y el cabo no parecia.
Temiendo su perdicion, En Simancas se metia ,
Y luego con prisa grande Unas cartas escribía
Al conde Fernan Gonzalez, Que era señor de Castilla;
Tambien al rey de Navarra, Que llamaban Don García,
En las que la cuita grave En que estaba , les decia ;
Y ellos con gran presteza A Simancas se venían.
Pero informados del caso, Grande temor les ponía
De ver que para un cristiano Doscientos moros habia.
Sabiendo ya que los moros En contra d'ellos venían,
Temiendo su gran poder, El rey Ramiro decia :
- En verdad, ningun consejo Para valernos tenia;
Pero encomiéndome á Dios, Que á los afligidos guia,
Y á un cuerpo glorioso, Que allá en mi tierra yacia ,
Que es el señor Santiago, Que está enterrado en Galicia,
Que convirtió aquella gente, Que era tambien descreida,
Y por él, nuestro Señor Grandes milagros hacia;
Al cual doy y hago rey De toda la tierra mia,
Y encomiéndole mis gentes, Y mi hacienda y mi vida.-
Y el conde Fernan Gonzalez , Tambien el rey Don Garcia,
Respondieron : -Otro santo, Muy devoto á maravilla,
Hay, que yace en nuestra tierra, Que San Millan se decia,
Al cual damos nuestro estado, Porque él nos ampararia.-
Otro dia de mañana A la batalla salian,
Y queriendo pelear, Grandes promesas hacían
A Dios, y aquellos dos santos, Que por patrones tenian;
Que para siempre jamás Tributo les pagarian,
Encomendándose á ellos, Todos puestos de rodillas.
Los moros, que así los vieron, Creyendo que se rendian,
Vinieron luego á tomallos; Pero mal les sucedia,
Porque fuéron rechazados Con dalles grandes heridas;
Y en esto visiblemente Dos caballeros venían
En unos caballos blancos, Hermosos en demasía,
E juntos con los cristianos, A los moros perseguian,
Los cuales con grande espanto Se pusieron en huida,
Matándose unos á otros, Por huir quien mas podia;
Porque afirmaban los moros Que á todos les parecía
Que para cada uno de ellos Mil caballeros había
De aquellos caballos blancos, Que muy recio los herian.
Tras ellos van los cristianos; Grande matanza hacian :
De Simancas basta Aza Aqueste alcance seguian.
Habida ya la victoria, La gente ya recogida,
Robado ya todo el campo, Do grande riqueza habia,
Hacen reconoscimiento Que á aquestos santos debian,
Imponiéndoles tributo En las tierras que tenian,
Y aquestos tributos pagan Los castellanos hoy dia.
(FUENTES, libro de los cuarenta cantos, etc.)
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