PRESENTA EL CID Á SU PADRE LA CABEZA DEL CONDE LOZANO.
(Anónimo)
Llorando Diego Lainez Yace sentado a la mesa ,
Vertiendo lágrimas tristes, Y tratando de su afrenta ,
Y trasportándose el viejo, La mente siempre inquieta
De temores muy honrados, Va levantando quimeras
Cuando Rodrigo venia Con la cortada cabeza
Del Conde, vertiendo sangre, Y asida por la melena.
Tiró a su padre del brazo Y del sueño lo recuerda,
Y con el gozo que trae Le dice de esta manera :
-Veis aquí la yerba mala, Para que vos comais buena;
Abrid, mi padre, los ojos, Y alzad la faz, que ya es cierta
Vuesa honra, y ya con vida Os resucita de muerta.
De su mancha está lavada, A pesar de su soberbia;
Que hay manos que no son manos, Y esta lengua ya no es lengua.
Yo os he vengado, señor, Que está la venganza cierta
Cuando la razon ayuda A aquel que se arma con ella-
Piensa que lo sueña el viejo, Mas no es así, que no sueña,
Sino que el llorar prolijo Mil caractéres le muestra ;
Mas al fin alzó los ojos, Que fidalgas sombras ciegan ,
Y conoció a su enemigo, Aunque en la mortal librea.
-Rodrigo, fijo del alma, Encubre aquesa cabeza,
No sea otra Medusa Que me trueque en dura piedra ,
Y sea tal mi desventura Que antes que te lo agradezca
Se me abra el corazon Con alegría tan cierta.
¡Oh conde Lozano infame! El cielo de ti me venga,
Y mi razon , contra ti, Ha dado á Rodrigo fuerzas.
Siéntate á yantar, mi fijo, Do estoy, á mi cabecera,
Que quien tal cabeza trae, Será en mi casa cabeza.
(ESCOBAR, Romancero del Cid.)
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