Pues yo lo lamento, la verdad. En Constantinopla, que no Estambul, los liberales llevaron --coherentemente-- la misma política que en el Marruecos español: la protección de los judíos. Los sefarditas --que no sefardíes-- son, coherentemente, antiespañoles, ajenos. A pesar de algún autonombrado caudillo de las fuerzas nacionales en la transición, que antes había puesto al servicio de los sefarditas el Instituto de Cultura Hispánica; todo ello al amparo de cierto general muy pro judío, como descaradamente pro judíos habían sido el otro general de la foto de arriba y su puigmoltejo protegido.
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