“Es ésta nuestra finalidad, nuestro gran ideal. Caminamos para la civilización católica que podrá nacer de los escombros del mundo de hoy, como de los escombros del mundo romano nació la civilización medieval. Caminamos para la conquista de este ideal, con el coraje, la perseverancia, la resolución de enfrentar y vencer todos los obstáculos, con que los Cruzados marcharon sobre Jerusalén. Porque si nuestros mayores supieron morir para reconquistar el Sepulcro de Cristo, ¿cómo no vamos a querer nosotros —hijos de la Iglesia como ellos— luchar y morir para restaurar algo que vale infinitamente más que el preciosísimo Sepulcro del Salvador, es decir, su reinado sobre las almas y sobre la sociedad, que Él creó y salvó para amarlo eternamente?”.
Plinio Corrêa de Oliveira.
Desgraciadamente, la mayoría de los psiquiatras hoy en día lo ven como algo normal. Las presiones del lobby gay consiguieron hacerlo aceptable. Estoy de acuerdo en que si una persona tiene un problema de hormonas (aunque es raro; hoy en día la mayoría lo hace por moda y por morbo), evidentemente tendría que optar por la castidad, lo mismo que cualquier persona sexualmente normal tiene que ser casta, ya sea absteniéndose de relaciones sexuales si es soltera o viuda, ya sea observando la fidelidad si está casada. Confesarse sí, si ha tenido malos deseos o cometido pecado, no si simplemente tiene una tentación o incluso inclinación pero la rechaza. Aunque hoy en día desgraciadamente no se estila esto de rechazar las tentaciones.
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