Re: "No me he sentido español ni cinco minutos"

Iniciado por
Rodrigo
Tampoco hay que pasarse con este desgraciado. De todas formas, todos tenemos a algún conocido que se diga apátrida como si tal cosa y no le partimos la cara. Realmente hay mucha gente como Trueba en este país de malnacidos, parricidas y desagradecidos. Entiendo que la manera en que tiene Trueba de decirlo molesta más, pero muchos otros como, por ejemplo, Sánchez Dragó hacen gala de lo orgullosos que están de ser "apátridas" y nadie se escandaliza.
Bueno, lo que pasa es que cuando ese "alguien" lo dice a los cuatro vientos en una gala en la que le están dando el máximo reconocimiento de su gremio y, además, dotado de una generosa suma de dinero salido del erario público y los medios de idiotización de multitudes, lo cacarean, en normal que la gente se cabree. Sobre todo porque sigue habiendo una cifra escandalosa de parados, porque otra cifra igualmente escandalosa trabaja, si, con contratos basura y sueldos también basura, porque toda una generación joven no puede hacer otros planes que los relativos al fin de semana próximo.
En cualquier país hay renegados, y en cualquier país hay gentuza como este sujeto y otros de la misma ralea, pero si uno de ellos es un particular y suelta su rebuzno no pasa nada, pero si es a costa de los demás, el tema cambia de tono. Y ya está bien, que esto es diario y a todas horas. Hay una salida a este problema, es una salida que resulta libre y para quien tiene medios, también es fácil. Se llama hacer las maletas e irse a donde les plazca, pero dejándonos en paz. A muchos, sin ser falangistas, o sin ser "joseantonianos" (lo digo porque por lo que sé, no siempre son términos sinónimos), nos gusta aquella frase que pronunció José Antonio de: "Amamos a España porque nos duele". Pues bien, si hay a quienes no les importa, a otros no nos importan ellos, es así de simple. Sinceramente, me encantaría tener el eco que ha tenido José Luis Garci en esRadio al afirmar: "Yo nunca he estado ni cinco minutos sin sentirme español."
En estos casos y otros muchos similares, siempre me acuerdo de mi juramento: "Juráis a Dios y prometéis a España, besando con unción su bandera..." a lo que respondí a pleno pulmón con un ¡Si, juro!, porque jamás he renegado de aquel juramento, fue de por vida, y no es nada agradable aguantar estas cosas. Como persona y como español, jamás he agredido ni moral, ni físicamente, a Fernando Trueba, no entiendo porque él me tiene que agredir con semejantes exabruptos. Si no está contento, el planeta es inmenso.
Última edición por Valmadian; 23/09/2015 a las 01:41
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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