El Mito de San Brandan
De la cultura anglo-normanda provino una leyenda monástica que determinó la búsqueda de un lugar de importancia en el imaginario geográfico vinculado a la exploración de las tierras americanas. Se trata del viaje de san Brandán (Balandrán o Borondón) quien, navegando en una pequeña barca durante siete años junto a un grupo de catorce monjes, sortearía miles de dificultades hasta arribar a un lugar cercano a las islas Afortunadas o Canarias. Esta leyenda se extendió a lo largo de la Edad Media a través de la versión que hiciera en el siglo XII el arzobispo Benedeit basándose en un manuscrito latino del siglo X (19).
San Brandán nació en el siglo VI d. C. La historia cuenta que el abad irlandés y sus acompañantes partieron en una barca en busca del paraíso terrenal (20). Diversos motivos se han asociado a esta historia, pero el más conocido de todos es el de san Brandán y sus compañeros sobre el lomo de una ballena. En este pez-isla los monjes oficiaron una misa e intentaron celebrar la pascua asando la carne de un cordero (el calor despertó a la ballena adormecida causando una terrible tempestad).
Son muchos elementos que confieren un carácter de viaje iniciático a la aventura del abad. Después de haberse enfrentado a monstruos diversos y de visitar muchas islas, los viajeros llegan al paraíso terrenal o jardín de las Delicias (se les menciona como sinónimos aunque aparecen como lugares diferentes en distintas historias y leyendas). Para ello atraviesan en última instancia un mar escondido en densas tinieblas (motivo éste típico del imaginario medieval) que imposibilitaba el retorno de los pasaban sus límites. Estas tinieblas dejaban ciegos a quienes no iban de parte de dios.
Las descripciones de este paraíso poseen una gran similitud con las primeras descripciones del continente americano:
"De hermosos bosques y ríos ven colmada aquella tierra. Los prados son verdaderos jardines, floridos con perenne hermosura -como en santas moradas, las flores exhalan dulces fragancias-, con árboles espléndidos, preciosas flores y frutas de deliciosos perfumes [...].
Arboles y flores a diario crecen y dan sus frutos, sin que les retrasen las estaciones: allí cada día reina un suave verano" (21).
San Brandán regresa y difunde por todos los países la noticia del paraíso terrenal. Poco tiempo después muere de acuerdo a la profecía recibida en el jardín de las Delicias por boca del mismo Dios: "Esta vez con el cuerpo viniste, dentro de poco con el alma has de volver".
Según la creencia popular medieval, la isla de san Brandán era un oasis de verdor que aparecía y desaparecía arbitrariamente evitando así ser descubierta (22). Esta leyenda alcanzó visos tan reales que hasta el siglo XVIII siguió siendo representada en diversos mapas y se mantuvo la creencia en una octava isla afortunada cercana al archipiélago canario y disputada por españoles y portugueses.
http://www.ull.es/publicaciones/latina/a/60alva.htm
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