Pensando en lo que dices, querido Hyeronimus: en la iconografía de la Iglesia Oriental hay una tradición y es que, cuando se pinta al demonio en un icono, no se puede dejar de pintar a San Miguel atravesándolo con la lanza o arremetiendo contra él con la espada. Alguna peripecia se cuenta por ahí de algún descuidado pintor de iconos que, por no hacerlo según la tradición, tuvo que sufrir experiencias desagradables en su taller. He buscado la historia, pero no la encuentro: la leí hace tiempo y el pintor era del siglo XX. Todos los pintores de iconos empiezan pintando un San Miguel y, antes de poner manos a la obra, rezan una oración... Ninguno ha dejado al demonio pintado sin pintar al Arcángel vencedor.
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