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Tema: De Sudáfrica y etcétera

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  1. #1
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    Re: De Sudáfrica y etcétera

    Granjeros agredidos en Zimbawehttp://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=3479




    JUAN PABLO VITALI

    Respecto a cómo están las cosas en Sudáfrica, me imagino que si pueden entrar a robar impunemente a periodistas y delegaciones deportivas fuertemente custodiadas, lo que debe estar pasando afuera, en las calles, debe ser bastante más grave. Pero ese es un tema de los sudafricanos. Yo que soy nacido y criado en Sudamérica, puedo imaginármelo bastante bien, aunque el tema central que me ocupa es el racismo y el odio racial en Sudáfrica.
    Terrè Blanche está muerto, y ese es un tema de la justicia penal sudafricana, porque un homicidio es un homicidio, y si a cada uno que no le paga a sus empleados (suponiendo que sea el caso) lo asesinan, las calles del mundo estarían regadas de cadáveres. No, el problema no es ni Terrè Blanche, de quien no voy a emitir un juicio alguno, ni cómo se visten sus seguidores o qué bebida toman. El problema es mucho más profundo. El problema es si existe un pueblo Boer y si tiene derecho a subsistir.

    La cosa parece sencilla y el razonamiento que rige y que no se puede contradecir es el siguiente: los blancos del mundo, o más precisamente los europeos, han oprimido a los demás pueblos del mundo, por lo tanto deben pagar el precio de la venganza. Los europeos y sus descendientes son blancos, por lo tanto son los que van a pagar esa deuda sufriendo un justo racismo anti blanco. ¿Qué no es así? ¿A usted le parece que los militantes radicales de la negritud revolucionaria van a escuchar razones? Yo vivo en un país en el que casi todos somos descendientes de europeos y ya nadie quiere decirlo porque resulta políticamente incorrecto y cuanto menos incómodo. ¿Usted se imagina lo que les puede pasar a los granjeros Boer? Sí, sí, a los granjeros y no a los banqueros, que son cualquier cosa menos Boer, aunque puedan ser en muchos casos también blancos.

    La teoría siempre es muy linda, pero no cuando lo matan a uno. Entonces cabe preguntarse: ¿de qué pueblo formo parte yo? ¿Con qué pueblo tengo parentesco o cercanía? Es que a veces la teoría se acaba y hay que decidir de qué lado se va a poner uno. A veces las personas con las que hablamos no saben demasiado de derechos humanos, y se lo cargan a uno porque es blanco, porque es negro, o porque se les da la gana. En ese caso, cuando las cosas se ponen mal, los que pueden correr corren, se vuelven a sus países de origen o se exilian, pero siempre hay aquellos que no pueden o que son muy valientes y deciden pensar de otro modo diciendo: Yo formo parte de este pueblo (el Boer por ejemplo) estoy aquí desde hace siglos, no conozco otra tierra que esta y quieren borrarme del mapa. Eso que les ha pasado a muchos en la historia, blancos, negros o amarillos, y parece no tener importancia según la ideología vigente que dice: Europa fue una mierda imperialista, y cualquier pueblo de origen europeo merece ser pasado por arriba por cualquier pueblo de origen no europeo, sin más análisis que ese.

    Y conste que como toda la vida defendí como peronista la idea, de que todos los pueblos tienen derecho a su identidad y existencia de acuerdo con esa misma identidad, es que cuando digo todos digo también los de origen europeo.

    Y si nos ponemos a hilar finito con la misma lógica que los ultras del progresismo, como todos los pueblos tuvieron en mayor o menor medida migraciones a lo largo de la historia, llegaríamos a la conclusión de que todos han ocupado alguna vez un territorio vacío o ajeno para poder sobrevivir. ¿Entonces porque no son todos iguales, a los ojos de ese mapa histórico que manejan sólo los progresistas oficiales? Así tenemos que una “etnia” negra que mato un millón de personas de otra “etnia” igual de negra, no realiza por eso un hecho criminal, sino que es considerado: un arreglo interno entre oprimidos, algo más o menos normal dentro del progreso de la humanidad. Si por el contrario un pueblo como los Boer, que desde hace siglos ocupa el mismo territorio y que ha sido asesinado y enviado a campos de concentración por el imperialismo blanco inglés reclama vivir, ese pueblo es una mierda imperialista por el manual sagrado del racismo anti blanco.

    Claro que mucha gente –por no decir la mayoría- sólo quiere formar parte del pueblo individualista de sí mismo, y pasarla lo mejor posible consumiendo waka waka mundial y mucho alcohol. Los revolucionarios africanos, bien harían en cambiar la letra de la canción “matar al Boer” que después de todo es un simple granjero, por una letra mucho más revolucionaria y comprometida que diga: a matar al banquero por ejemplo, a ver cómo les va con esa. ¿O sólo quieren matar por matar? ¿O sólo quieren el asesinato racial del diferente a ellos mismos? ¿O sólo se meten con el que no tiene poder?

    Terrè Blanche murió violentamente como quizá había vivido, pero matar a un anciano en una cama a machetazos, está muy lejos de ser un acto de justicia. De todos modos, que lo recuerden los que lo hayan querido y conocido. Este no es el problema de un hombre, sino de tomar la siguiente decisión: ¿Tienen todos los pueblos derecho a subsistir, o sólo algunos? ¿Formo yo mismo parte de un pueblo o de ninguno? ¿Debo defender a mi pueblo o no me importa nada de él? ¿Será distinto en el futuro el destino de los pueblos europeos al del pueblo Boer, o es sólo cuestión de tiempo para que pase lo mismo?

    Yo no vivo en Europa ni en Sudáfrica, y aunque estoy rodeado de millones y millones de descendientes de europeos, puedo ver y sentir que el proceso es el mismo en los tres continentes, desarrollándose más rápido o más despacio. Al menos a algunos el odio los unifica, a nosotros ya parece no haber nada que nos haga entender que pertenecer a un pueblo y defenderlo, no es racismo en ningún caso, sino el sano ejercicio de una ley natural.
    Pero para ser cobarde no se necesita justificación, es más, en general los cobardes tienen más suerte, mientras haya un lugar donde se puedan esconder.
    Esteban dio el Víctor.

  2. #2
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    Re: De Sudáfrica y etcétera

    No se ve el enlace directo, es Racismo antiblanco


    Pues no, no es del Mundial de lo que aquí se habla

    ¿Qué pasa en Sudáfrica?




    El asesinado Eugene Terre´BlancheEDUARDO ARQUES

    Hace unos meses, en abril exactamente, Sudáfrica despertaba con la noticia del asesinato de Eugene Terre’Blanche, líder del ultraderechista Movimiento de Resistencia Afrikáner, acaecida justo días después de que l’enfant terrible de la política sudafricana, Julius Malema, adalid de las Juventudes del Congreso Nacional Africano, cantara “matad al granjero (Kill the böer!)” en un acto público organizado en la Universidad de Witwatersrand.
    A Blanche y a Malema quizá les separe la estética: Blanche con su rifle cabalgando en Pretoria sobre hordas de negros junto a su armada de Boys Scouts vestiditos de caqui; Malema en el asiento de cuero de un Mercedes clase E, con su traje a la medida de su barriga, no tan distante de la de Eugene, el oro luciente sobre su piel de cacao. Blanche sentado en una mecedora de esparto en su granja del Estado Libre, la planicie Fordiana del Gran Karoo sudafricano en sus ojos, el brandy con coca-cola finiquitado sobre una mesa de piedra deslucida, la barba mesiánica mecida por el viento; Malema sentado en el sillón de cuero del jardín de su mansión en la burbuja de Sandton City, un negro hermano adecentando su edén soñado, un gran muro electrificado guardándolo de chusma, cabeza y rostro afeitados y sudados, habano y Laphroaig en boca y mano.

    A Blanche y a Malema quizá les una la esencia: Eugene Terre-Blanche soñaba con un estado independiente afrikáner donde comer carne a la brasa y beber brandy con coca-cola hasta caerse al suelo, abofetear a negros desobedientes y rezar al dios de Calvino en Afrikaans, la última lengua conocida, nacida en los establos y las cocinas de la Ciudad del Cabo primigenia. Soñaba una tierra de y para hombres rosados y bigotudos con pantalones cortos y ceñidos y camisas caquis de manga corta con bolsillo para el tabaco. Julius Malema sueña con un estado independiente africano donde comer alitas de pollo y beber cerveza hasta disipar la pupila de sus ojos, patear el trasero de negros cochambrosos y rezar al poderoso caballero de Quevedo en zulú o xhosa, lenguas ancestrales llegadas a las costas orientales de Sudáfrica para horror de sus primigenios moradores.

    El asesinato

    El 3 de abril de 2010, el país leía u oía conmocionado que Eugene Terre’Blanche había muerto degollado en su cama espartana por dos jovenzuelos, uno de ellos aún menor de edad, y las pesadillas de antaño se aparecieron todas en sus retinas. El motivo fue, es y será un misterio. Poco después leí consternado que un corresponsal de El Mundo, al que probablemente habré conocido personalmente en algún momento dado, afincado él temporalmente en Ciudad del Cabo, a dos horas y media en avión del suceso, escribía un cúmulo de tonterías acerca del suceso. Entre ellas, una frase que me heló por la insensatez y deliberada intención de provocar zozobra a los potenciales e ignorantes visitantes durante el mundialito de marras. Era algo como: “Un numeroso grupo de negros exaltados degüellan al líder afrikáner Eugene Terre’Blanche, etc.”. Obviamente, la referencia al Mundial, fricción social, dicotomía blanco/negro, y un sinfín de todo tipo de soplapolleces, si no las recuerdo mal, serían inevitables por parte de este especulador de la realidad, recién salido probablemente de la innecesaria y vacua Facultad de Periodismo, y que nada sabe, nada entiende de la realidad sudafricana, apenas aterrizado como, si no me equivoco en el rostro que mi memoria se empeña en otorgar al autor de semejante patraña, estaba.

    La realidad fue, al parecer, menos glamurosa y sonora para el aprendiz de periodista, deseoso de colgar en su féisbuc sus aventurillas varias y variopintas con las que impresionar a las mujeres impresionables. La realidad se presentó oscura y controvertida. Rencillas económicas tras: a) no pagar el salario del día o de semanas a los trabajadores de su finca (publicados como han sido los problemas económicos de Eugene tras su fenecer); b) no pagar el “servicio” otorgado por los dos esbeltos y jóvenes locales al macilento anciano. Las apuestas se abrieron al respecto. Sin embargo, muchos deseosos del caos aprovecharon la coyuntura del olvidado para espetar consignas varias, de las cuales quienes tienen acceso a los estupefacientes medios locales en Sudáfrica, famélicos de sangre, se descojonaron sonoramente, por fortuna.

    La muerte de Eugene viene a completar el ciclo vital de un ser que a nadie dejó indiferente. Amado y odiado como pocos, dijo e hizo lo que quiso oportuno, independientemente de juicios de valor, moralidades y status quo. Su exaltada oratoria inflamó el discurso político y social de finales de los 80, principios de los 90, en un tiempo en el que algunos blancos, al ver el advenimiento del negro como nuevo bastón de mando en Sudáfrica, pensaban que la sombra del ocaso de Rhodesia era alargada.

    Sin embargo, nada pasó, y su figura se olvidó, como todo lo que es, en el fondo, irrelevante. Tan sólo volvió de las penumbras del olvido cuando, tras apalear a uno de los trabajadores de una gasolinera y a un guardia de seguridad, fue sentenciado a seis años de trabajos forzados en los que, según comentó en una entrevista ofrecida al diario local Mail & Gurdian, encontró a Dios. Durante esos años nada se supo de su existencia y su imagen cabalgando, barrigudo y barbudo, junto a su armada de Boys Scouts, se perdió en la memoria colectiva, sólo retornando al relanzarse su partido de liberación afrikáner, poco antes de su asesinato.

    La existencia de Eugene y de su tropilla bigotuda bebedora de brandy con coca-cola completaba la del mozuelo Malema, exaltado por algo que apenas conoció, heredero de la sombría y siempre oportuna Winnie Mandela, hambrienta de cámaras y de opinión pública. La pérdida esperpéntica de Eugene, más el vacío político que algunos intentaron llenar con su muerte, ha servido para que Julius, de tan sólo 29 años, se haya difuminado, al menos de manera momentánea, que ya volverá su espuma, tras la berlanguinana visita de Mr Fifa. Tras su marcha, todo se verá.

  3. #3
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    Re: De Sudáfrica y etcétera


  4. #4
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    Re: De Sudáfrica y etcétera


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    Re: De Sudáfrica y etcétera

    Sudáfrica y el Mundial

    Bienvenido, Mister FIFA



    EDUARDO ARQUES

    Sobre la mesa de uno de mis colegas en la Universidad de Witwatersrand descansaba, casi anodina, una de las revistas oficiales que la FIFA ha ido distribuyendo por el país. En el interior, dos breves salutaciones: una de Sepp Blatter, la cara pública de la FIFA (Federación Internacional de Fornicadores de Almas), y otra de su bufón local, Jacob Zuma, Primer Ministro de Sudáfrica, vox populi, vox dei. El mensaje irrelevante de Zuma apenas llamó mi atención. Tampoco lo hizo el de Blatter. La retórica vomitada en tales discursos de bienvenida resulta más que trillada. Fue algo más sutil lo que reclamó mi atención. Una foto. En ella, Blatter sonreía abierto y miraba velado. En cuclillas, los brazos extendidos, como ofreciendo/pidiendo, a su espalda el esplendoroso fondo del estadio Soccer City, en Soweto. Una mano, la diestra, ofrecía abierta una pelota de fútbol; la siniestra permanecía igualmente abierta, vacía, expectante, salivante.
    Mister FIFA es ese dios invisible que todo lo mira, todo lo da, todo lo quita. Es la esperanza eterna de que algo mejor ha de suceder, así en la tierra como en el cielo. Mister FIFA posó su mano en África con sus esperanzas de desarrollo y progreso, con la esperanza del dólar y del euro, todo mediante el ofrecimiento del espectáculo más grande del mundo, afirman los predicadores de este inmenso circo que, como la Palabra, todo lo toca, todo lo puede. Y a Dios y a sus portavoces no se les discute, se acata su fallo y se les lame la mano, perro bueno.
    Mister FIFA se muestra Mister Marshall berlanguiano, y el pueblo ya se viste de gala para el paso de su comitiva que vestirá de polvo a los engañados soñadores; y ese polvo será bofetada en cuanto sus manos aprieten los 2 $ con los que han de sobrevivir cada día y todo se lo haya llevado el viento, o lo que es lo mismo, Mister FIFA y las empresas elegidas que se esconden o no tras el acrónimo.
    Unos pequeños datos ocultados por los medios de masas y sus predicadores, todos afines a Mister FIFA.
    El primer mundial africano ha resultado ser el más exitoso para la insaciable gula de Mister FIFA. Las cifras así lo demuestran: oficial y abiertamente, se estima que los beneficios van a alcanzar o ya han alcanzado los 4.000 millones de dólares, tan sólo mediante los derechos de televisión. Los datos extraoficiales son aún más espectaculares, por usar un adjetivo algo más objetivo que el que dicta mi impulso. Imaginar la cantidad final resultaría un imposible similar al de imaginar a Dios.
    El Gobierno de Sudáfrica, por su parte, ha gastado, oficialmente, alrededor de 6.000 millones de dólares en preparativos al mundialito. El dinero, como siempre, ha salido de los bolsillos del pasivo y aborregado contribuyente/sirviente. La mayoría de este dinero irá, por supuesto, directamente a los bolsillos de Mister FIFA y sus empresas como comisión por otorgar el susodicho espectáculo al populacho. Motivos no les sobran ni a unos ni a otros, como ahora se dirá, para haber organizado el evento en Sudáfrica.
    Szymanski y Kuper, en su libro Soccernomics, ofrecen escandalosas revelaciones sobre las mentiras del mayor espectáculo del mundo. Según Szymanski, en una entrevista reciente ofrecida al canal de TV Al-Jazeera, si Sudáfrica no hubiera gastado 6.000 millones de dólares en innecesarios a la par que esplendorosos nuevos estadios de fútbol, cuando podía simplemente haber acondicionado las eficientes y prácticas infraestructuras existentes, especialmente las de Ciudad del Cabo, Durban y Johannesburgo (recuérdese que el país ya albergó hace 15 años todo un Mundial de Rugby), se habría, a priori, invertido en el sistema educativo, en el sanitario y en viviendas dignas, con agua potable y electricidad, los tres pilares básicos para el futuro de cualquier país. Son estas promesas antiguas e incumplidas que provienen desde los tiempos del ya senil Mandela. Lo único positivo de la inversión se ha visto reflejado en el sistema de carreteras, ya de por sí eficiente y bien estructurado en general.
    El gobierno ha ido vendiendo a sus ciegos seguidores que la venida de Mister FIFA iba a traer prosperidad, que el número de turistas iba a generar ingresos incalculables para todos, que la benévola mano de FIFA no se olvidaría de nadie y a todos acariciaría el lomo. Sin embargo, se ha demostrado que, aunque es cierto que la llegada de futboleros ha sido significativa, sobre todo durante las primeras semanas, y que ciertos sectores (la hostelería, principalmente) han experimentado un importante aumento en sus beneficios, la mayoría de los visitantes eran de por sí asiduos al país durante sus vacaciones que, en oleadas, ya solían aterrizar cada año. La diferencia estriba en que, esta vez, decidieron cambiar sus habituales vacaciones para hacerlas coincidir con el mundialito. Así sucedió, por ejemplo, durante las Olimpiadas de Grecia o el mundialito alemán. Nada nuevo, the same old song.
    Según Szymanski, un mundial de fútbol supone la ocasión perfecta para desviar la mirada de los problemas esenciales que cada nación participante arrastra e, incluso, para elevar el nivel de autoestima, incluso de patriotismo, fundamentales para afrontar periodos de crisis o para perpetuarse un poco más como líder de una nación. En el caso sudafricano, como país organizador, este axioma se ha manifestado con especial énfasis. Todo el país adornando sus autos con banderitas made in China, cantando al unísono, mano en el corazón, Nkosi Sikelel´ iAfrika, y un largo etc. Szymanski advierte, sin embargo, que, a este periodo de exaltación nacional, a este chute de patriotismo desmesurado, le sigue una profunda depresión en todos los sentidos: depresión económica, debido a que sólo unos privilegiados, acólitos y protegidos de Mister FIFA, han visto engordar sus cuentas, mientras la inmensa mayoría no sólo no ha visto un ochavo sino que, durante años, pagarán la cuenta; depresión espiritual, un problema que aflorará pronto, incluso antes que la depresión económica, el cual, en el fondo, apenas cambiará para la mayoría de los que ya de por sí sobreviven con a penas 2 dólares al día. Esta depresión será duradera y, temo, cruel en su manifestación pública. Lo podrían pagar foráneos como yo, y no el gobierno, en un principio. Sin embargo, será fundamental para que un potencial cambio político y social se aparezca real en el horizonte. Tiempo al tiempo.
    Y aun así, sin catarsis, ¿qué cambio puede haber?

    Epílogo a Mister FIFA: acerca de otro Manifiesto

    El pasado 16 de junio se cumplieron 34 años de los sucesos de Soweto que inflamaron a la Sudáfrica de finales de los 70 e inició un cambio inevitable y necesario. Todo sucedió cuando numerosos estudiantes de secundaria redactaron un manifiesto de protesta a la nueva política educativa que el viejo régimen calvinista y racista pretendía imponer. Los estudiantes protestaron pacíficamente, pretendiendo leerlo frente a las instalaciones del clásico estadio de fútbol de los Piratas de Orlando, muy cercano al que ahora se alza esplendoroso para albergar a las casi cien mil personas deseosas de otorgar el dinero de su entrada a Mister FIFA. Aquel día, la policía del régimen abrió fuego a los cientos de adolescentes deseosos de ser educados bajo el paradigma occidental, no bajo el acta de educación Bantú que el gobierno afrikáner quería imponerles.
    El pasado 16 de junio, más de 3 mil personas se manifestaron en Durban, muy cerca de donde Ghandi iniciara sus protestas no violentas, hace ya más de un siglo, quemando el pasaporte que lo calificaba como escoria a él y al resto de la población original de la India que aquellas costas poblaban y aún pueblan, se manifestaban bajo el grito de “Get out, FIFA mafia!!!”. Su protesta no iba solo contra Mister FIFA, iba hacia el partido gobernante desde hace ya 16 años, eminentemente negro, al igual que los participantes de la manifestación eran, casi todos, negros. "El gobierno ha robado el dinero a los ciudadanos y se lo ha dado a Fifa," afirmó con convicción Desmond D´sa, uno de los organizadores de la protesta. Bajo el brazo traían otro manifiesto, latigazo verbal hacia el gobierno. La protesta fue silenciada local e internacionalmente, pero su mecha ha prendido. Palabra.
    ¿Será un síntoma del principio del fin para el Congreso Nacional Africano, tan lejano de la realidad que prometieron cambiar?
    La catarsis huele cercana en el horizonte. La traen los vientos del Cabo de las Tormentas, la traen el Índico, la trae la propia África. La trae Mister FIFA, la traen los dos Obamas. La catarsis huele cercana. ¿Vendrá con el horror que vio el Marlow conradiano? Quién lo sabe, tan sólo vendrá.
    Nota 1:
    Aquellos interesados, pueden acceder al contenido formal de la protesta de Durban aquí:
    http://www.amandlapublishers.co.za/special-features/will-hosting-the-world-cup-2010-benefit-south-africa/333-memorandum-of-grievances

  6. #6
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    Re: De Sudáfrica y etcétera

    Pobreza blanca en la Sudáfrica post-apartheid

    Por Cruzado Negro el Domingo, 11 Julio, 2010


    Cuando se cuentan historias sobre la pobreza de África, la raza a menudo parece jugar un rol muy importante. Con sede en Senegal, el fotógrafo de Reuters Finbarr O’Reilly viajó a Sudáfrica a principios de este año y visitó una de un creciente número de campamentos de ocupantes ilegales poblada principalmente por los afrikaners – sudafricanos blancos – para documentar su historias y ayudar a mostrar que, a pesar de que los negros pobres de la región superan en número a los blancos, la pobreza es un problema humano, no necesariamente racial.


    O’Reilly: “Aunque la mayoría de los sudafricanos blancos todavía puede disfrutar de una vida de privilegios y la riqueza relativa, el número de blancos pobres ha aumentado constantemente durante los últimos 15 años. Los investigadores estiman en unos 450.000, de una población total de 4,5 millones de blancos, los que vivien por debajo del umbral de la pobreza y 100.000 están luchando para sobrevivir en lugares tales Parque Coronación, un campamento de caravanas actualmente el hogar de más de 400 colonos blancos. Anteriormente acomodados, los afrikaners recientemente se han visto obligados a vivir en los márgenes de la sociedad, se ven a sí mismos como víctimas del <apartheid inverso> que dicen que los pone en una desventaja aún mayor que los millones de pobres sudafricanos negros.”



    Fuente: The big picture.


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