Respuesta: Ni un voto al PP.
Desde luego, mi percepción desde hace tiempo es que la mayor dificultad para la formación de una gran alianza nacional, católica y tradicionalista en España, pasa por la existencia del PP. Más todavía, lo extraño es que no exista ya. El argumento acusador acerca de las divisiones internas dentro del conjunto de españoles que mantenemos en alto la escala de valores tradicionales, es cierto, pero no es determinante. Podríamos preguntarnos perfectamente ¿por qué aquéllos que teniendo trayectoria personal y medios no mueven un dedo? ¿a qué están esperando?
Mientras tanto, son muchos los españoles, y entre ellos muchísimos jóvenes, que ante esta atonía (prácticamente catatónica), se convencen de que lo único posible es dar su voto a un partido que, no lo olvidemos, es parte importante del sistema que se repudia por otro lado. Por tanto, habiendo una contradicción en los términos, habiendo conciencia de que así es, se sienten impelidos a apoyar lo que consideran "menos malo". A ello, se puede añadir el fortísimo rechazo, ya visceral, a individuos como este ZP y toda su ralea de cipayos. Y ya podemos espabilar porque mucho me temo que esto va para largo.
Última edición por Valmadian; 01/10/2009 a las 17:38
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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