A los católicos nos deben importar algunas cosas mas que otras. La "Ciudad de Dios", planteada por San Agustín, no significa necesariamente el establecimiento de un Reino de Dios, aquí, en la tierra, sino dos tipos de sociedades, fundadas bajo dos amores distintos y que nunca llegarían a estar institucionalizadas en el transcurso de los tiempos de manera efectiva sobre la tierra. Después del Juicio final, tras la parusía, se separarían éstas en el Cielo y en el Infierno y entonces sí... Mientras tanto, que haya un rey o un caudillo, gobernando en un régimen legitimado por principios aristocráticos es indiferente, mientras su gobierno persiga el establecimiento de la Ciudad de Dios de la que nos hablaba San Agustín, o al menos no se dirija movido por el odio y la inapetencia de Dios, como ocurre actualmente.
Y el problema que yo planteo es ese, precisamente... Mi desilusión actual, no es una falta de esperanza en el triunfo final de Cristo, como bien se puede leer en mi mensaje, sino una falta de confianza en el gobierno de los hombres del s.XXI en lo que un día fué La Cristiandad y hoy denominamos simplemente bajo el término geográfico de "Occidente".
Usted y otros muchos monárquicos convencidos, a los que admiro por su fe en esa institución y respeto profundamente, aseguran que para mantener la continuidad en el tiempo la garantía de la tradición católica, es preciso instaurar una monarquía legítima. Y yo, sencillamente, a fecha de hoy, ya no lo creo... En algún otro post de otro hilo, ya expresé mis dudas al respecto (he invertido un pequeño tiempo en buscarlo: #13 ).
Por otra parte creo que el "secreto" para la continuidad está en la fe. Sin ésta no es posible la mísma... Por eso las monarquías tradicionales cayeron para dar paso a las repúblicas laicistas o a las llamadas cínicamente, pero de forma muy acertada, "repúblicas coronadas"que ni son monarquías ni son nada (o si no miremos a nuestro actual "monarca" cazador de elefantes y mozas, amén de rubricador de leyes abortistas). Hasta el papado ha dejado de serlo, desgraciadamente.............. tras el nefasto último concilio. ¡AL ÚNICO QUE NO PODRÁN DESTRONAR ES A CRISTO!. Por eso ya solo creo en su única monarquía. Mientras Él llega, me da igual un Caudillo, un Rey o, como ya he dicho, cualquier otra forma de gobierno, mientras persiga el establecimiento de la Ciudad de Dios en la Tierra, lo que en estos tiempos..... ya es demasiado pedir, yo creo. Y me trae sin cuidado que lleve cetro y corona o no lo lleve. De lo que, eso sí, no me fío en absoluto hoy día es en el sistema hereditario, ya que si no puedo fiarme de que el monarca mantenga su firmeza en esta tarea durante toda su vida, y sin los mecanismos necesarios para así imponérselo si éste se desviare (lo cuento en el post al que he hecho referencia (#13 ), como para fiarme de su muy egregio hijo..... o su nieto. Aquello del color distinto de la sangre de los monarcas es una tontería. Hoy ya sabemos que la sangre de todos es roja y las bodas en círculos cerrados familiares no conducen a otra cosa que la degradación genética de los nuevos individuos que nacen. La endogamia es mala, incluso para las familiar regias.... Y los católicos no tenemos ninguna obligación de ser monárquicos. La doctrina social y la tradición de la Iglesia no nos obligan a serlo. Pero jamás me opondría al establecimiento de una auténtica monarquía tradicional y legítima en España, como también anuncio que sería su mas férreo enemigo si el monarca o su hijo, o su nieto.... etc, se llegaran a desviar en su camino, y en lugar de hacernos vivir en la aspiración de la Ciudad de Dios, se hicieran cómplices de "otros reinos". En ese caso, pediría la cabeza del monarca, y a otra cosa, porque lo confieso, para mi la monarquía de los hombres (como cualquier otra forma de gobierno humano) no es mas que un medio y no un fin en sí mismo.
Un abrazo en Cristo
¡¡VIVA CRISTO REY!!
(Legitimus Rex)
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