Fuente: Informaciones, 7 de Julio de 1954, página 5.


NOTAS para la HISTORIA de la SEGUNDA REPÚBLICA

Negociaciones e intentos de pactos ENTRE LAS DOS ramas dinásticas

(COMENTARIOS A UN LIBRO INTERESANTE)

Por JOSÉ MARÍA LAMAMIÉ DE CLAIRAC

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En el libro recientemente aparecido de Santiago Galindo Herrero, titulado «Historia de los partidos monárquicos bajo la segunda República», aparecen negociaciones y pactos entre don Alfonso de Borbón y Habsburgo, de una parte, y de otra, don Jaime o don Alfonso Carlos de Borbón; claro que interviniendo en la preparación de estos documentos partidarios de una y otra rama dinástica. Es conveniente fijar la verdadera realidad de estas negociaciones y pactos, pues de quedar en el aire la afirmación de su existencia real y de su vigor y eficacia, el conocimiento de los hechos no se ajustaría a la verdad y puede dar lugar a enjuiciamientos que carezcan de una base sólida.

Santiago Galindo Herrero ha escrito su obra sin duda con la más recta intención y con un gran deseo de imparcialidad, que se echa de ver a todo lo largo de aquélla. Al aportar documentos, quienes se los han proporcionado no le han enterado debidamente de las circunstancias que concurrieron en cada uno, y de aquí que aparezcan como documentos que tuvieron plena eficacia y trascendencia.

El haber actuado casi durante todo el tiempo que comprende el libro como directivo de la Comunión Tradicionalista, en puestos siempre al lado de las autoridades supremas, me ha dado un conocimiento que me permite puntualizar los hechos a que la historia de Galindo se refiere en cuanto afectan a dicha Comunión.

De esas negociaciones y pactos, tal cual aparecen en el libro, interesa destacar:

Primero. El pacto entre don Jaime y don Alfonso XIII que aparece en la página 171, como fechada en 12 de septiembre de 1931 en Terradet [sic] (Suiza).

Segundo. La carta que aparece en la página 175, como escrita por don Alfonso Carlos a don Alfonso XIII en 7 de octubre de 1931 en Puchheim.

Tercero. El pacto que figura en la página 66, entre don Alfonso XIII y don Alfonso Carlos, de 6 de enero de 1932, sin expresión del lugar de fecha.

Cuarto. El manifiesto de don Alfonso Carlos, de igual fecha, que aparece en la página 67; y

Quinto. El manifiesto de don Alfonso XIII que se inserta en la página 69, como fechado en Murren (Suiza) en 23 de enero de 1932.


PRIMERO: PACTO ENTRE DON JAIME Y DON ALFONSO XIII DE 12 DE SEPTIEMBRE DE 1931

De la existencia y realidad de este pacto no cabe dudar. Aparte de que Galindo aporta su texto por facsímil, dan testimonio de su certeza los dos augustos firmantes en diversos documentos que también aparecen publicados, así como el señor Fal Conde, y yo atestiguo lo mismo por haberlo oído al propio don Alfonso Carlos y a directivos de la Comunión.

Eficacia y vigor del anterior pacto.– En la gestación de éste se observa una cosa rara. No se cita ningún nombre de persona que interviniera asesorando o acompañando a ninguno de los dos firmantes; y cuando tanto se ha discutido sobre este pacto, jamás he oído que nadie se atribuyera paternidad ni intervención en su elaboración y redacción, contra lo que suele suceder en casos análogos. Pero hay algo más interesante; muere don Jaime a los pocos días de firmado aquél, y sin embargo, ni el jefe delegado, marqués de Villores, nos previene nada a los miembros de la Junta Suprema que se forma, ni don Alfonso Carlos acepta el pacto, como vamos a ver.


SEGUNDO: CARTA DE DON ALFONSO CARLOS A DON ALFONSO XIII DESDE PUCHHEIM, EN 7 DE OCTUBRE DE 1931

Los términos de esta carta, cuyo texto no es de puño y letra de don Alfonso Carlos como pudiera erróneamente creerse, en que expresa y categóricamente dice don Alfonso Carlos que suscribe en todas sus partes los extremos del pacto por creerlos beneficiosos para España, sirven de apoyo a Galindo para afirmar la conformidad de don Alfonso Carlos con dicho documento. Pero el mismo Galindo ha consignado en su libro suficientes elementos para afirmar que don Alfonso Carlos lo repudió y no lo aceptó nunca. En carta que aparece en la página 91 dirigida por don Alfonso Carlos a don Lorenzo Sáenz dice expresamente: «El famoso pacto firmado el 12 de septiembre de 1932 (tiene que ser 1931) entre don Alfonso y Jaime, me lo envió don Alfonso al morir Jaime. Me quedé desconsolado al ver la firma de Jaime, pues está puesto en términos no tradicionalistas. Estaba dispuesto Jaime a reconocer por rey a don Alfonso, y volverse él infante si las Cortes ¡Constituyentes! lo deseaban. Don Alfonso deseaba tener mi firma, como va indicado en aquel pacto; yo me opuse absolutamente, pues soy tradicionalista decidido y antiliberal. Jaime lo firmó, sin duda, con la mejor intención, siendo de su parte un acto de generosidad; pero no se dio cuenta, en su noble arranque, que no tenía el derecho de ceder en una cuestión que no era suya. En cuanto a mí quedé del todo libre y no lo firmé; de modo que ningún pacto me ata a don Alfonso». Esto mismo lo afirma Fal Conde con referencia a don Alfonso Carlos, y lo mismo le oí yo repetidas veces a don Alfonso Carlos y a doña María de las Nieves. Esta última, y así lo refería el conde de Rodezno, decía que el día que su regio esposo conoció este pacto no pudo conciliar el sueño por la noche y la pasó en medio de una gran agitación nerviosa, consecuencia del mal efecto que le había hecho aquella lectura.

Hay otra circunstancia que prueba que ni la Comunión Tradicionalista ni siquiera el propio Alfonso XIII estimaron que tuviera eficacia y vigor este pacto; y es la de que en enero siguiente, según Galindo, se negoció ya otro pacto, del que vamos a ocuparnos, entre los dos Alfonso, y si hubiera tenido vigor y eficacia el anterior entre don Jaime y don Alfonsos, ni éste ni don Alfonso Carlos hubieran autorizado que se negociara otro entre ellos, y mucho menos lo hubieran firmado, como afirma Galindo. Y el mismo año, más adelante, en París, con intervención, entre otros, del propio Calvo Sotelo, se negoció otro pacto también entre los dos Alfonsos, que tampoco llegó a feliz término, y del que puedo dar toda clase de datos porque intervine en la negociación. Así como los informadores de Galindo Herrero no le han dado cuenta de estas negociaciones de París, tampoco le han informado de la Asamblea que celebró en Toulouse la Comunión Tradicionalista y que también tiene importancia en orden al asunto que nos ocupa.

Un día se me comunicó de parte de don Alfonso Carlos que fuera a visitarle. Llegado a la frontera me llevaron en coche al pueblecito vasco-francés de Ascain, donde fui presentado por vez primera a don Alfonso Carlos y doña María de las Nieves. Allí encontré a don Esteban Bilbao, y se nos llamaba a los dos para que diéramos nuestra opinión sobre el discurso que al día siguiente había de leer don Alfonso Carlos en la Asamblea. Acudimos a Toulouse representantes de toda España, y desde luego, las figuras más significativas del carlismo; la reunión tuvo lugar en el Chateau de Mondonville, cercano a dicha ciudad, y propiedad de un legitimista francés que como zuavo pontificio había sido compañero de don Alfonso Carlos en la defensa de la Puerta Pía en tiempo de Pío IX. Pues bien, en esta Asamblea convocada para tratar de la situación de España y de la actitud de la Comunión, se trataron como es natural la cuestión sucesoria y las relaciones con don Alfonso XIII y su rama; y no es que se criticara y rechazara el pacto entre don Jaime y don Alfonso XIII, es que ni don Alfonso Carlos en su discurso, ni nadie en las discusiones, invocó su existencia y eficacia, sino que la Asamblea lo ignoró en absoluto. Hubo, como era de suponer, partidarios y adversarios de una negociación con don Alfonso, pero el pacto no salió a relucir, si es que se conocía por algunos, puesto que ni se invocó por nadie, ni nadie argumentó con las obligaciones en el mismo contraídas.

De cuanto va dicho podemos inducir que el pacto se negoció, redactó y firmó directamente entre los dos primos, don Jaime y don Alfonso. Y el contenido del pacto remitía la decisión sobre quién había de ser el rey a un acuerdo de las Cortes (de aquí el deseo de que lo firmara don Alfonso Carlos, el cual se negó a ello, como hemos visto). El pacto estaba dentro de la línea de la tesis de Alfonso XIII, quien como rey liberal estimaba que su título de soberanía provenía de las Cortes, y además, de acuerdo con su Manifiesto de despedida a los españoles en abril de 1931, mientras que don Jaime, menos cauto y avisado, aceptó firmar este pacto, que no podía ser más contrario a los principios de la legitimidad, según el concepto tradicional, pues el título de su soberanía no procedía del sufragio universal, sino de la ley de Sucesión y de su nacimiento en relación con ésta.

Se comprende que tal pacto repugnase a don Alfonso Carlos, como a todos cuantos carlistas le conocieron.

El mismo Galindo, en la página 60, dice como juicio personal suyo que el pacto, por su contenido, meditado seriamente, debió pensarlo insostenible don Alfonso Carlos, dado su contenido liberal.