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Tema: Apocalypto de Mel Gibson.

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  1. #1
    Avatar de Tradición.
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    Re: Apocalypto de Mel Gibson.

    Si, Ordoñez, tienes toda la razón, es una gran película: es emocionante, divertida, trepidante, entretenida...etc etc y además un gran simbolismo y un FINAL ALUCINANTE, que remata y da sentido, con la FRASE DEL INICIO (no os la perdais-llegad pronto al cine),al mensaje de la película.
    La verdad es que me sentí muy defraudado con Alatriste, y más defraudado aún al ver que a muchos de los "nuestros" les gustaba , lo que demuestra la mella que está haciendo el "nihilismo" incluso en gente que tiene tendencia a "lo nuestro", pero APOCALIPTO, es otra cosa...es muy buena....ID A VERLA!!!!!!!.

  2. #2
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    Re: Apocalypto de Mel Gibson.

    En PANORAMA CATOLICO INTERNACIONAL:

    Apokalipto, Otro cachetazo de Mel Gibson

    Cine Mel Gibson, como todo verdadero artista, tiene intuiciones geniales trasladadas con maestría a las imágenes. Lo que no se ve o entiende con largos discursos y razonamientos Gibson logra mostrárnoslo con sus poderosas imágenes. Un gesto, una mirada, un paisaje, logra llegar a nosotros y decirnos mucho más que largas y filosóficas exposiciones.
    Escribe Carlos Pérez Agüero
    Mel Gibson vuelve a cachetear otra vez al atrofiado e insensible hombre de hoy, pero, siempre, con el saludable propósito de despertarle a la realidad. El hombre moderno vive en un estado de constante letargo causado por los medios, la desinformación intencionada, y una nefasta “educación” dirigida especialmente a la destrucción de todo orden tradicional y católico, y aún, del mismo orden natural. Sabido es que sin la aceptación de un orden y origen sobrenatural del hombre y del mundo, aún el mismo orden natural está condenado a grave daño y, si fuera posible, aún a su desaparición total.


    Parece necesario hoy recurrir a una mostración de la realidad en toda su crudeza para lograr al menos llamar la atención sobre la verdadera naturaleza de algo que es siempre deformado, falseado y tergiversado con el propósito (a veces claramente manifiesto) de destruir para siempre todo vestigio de la cristiandad que fue y de la verdadera naturaleza del hombre y de todas las cosas.


    Mel Gibson, como todo verdadero artista, tiene intuiciones geniales trasladadas con maestría a las imágenes. Lo que no se ve o entiende con largos discursos y razonamientos Gibson logra mostrárnoslo con sus poderosas imágenes. Un gesto, una mirada, un paisaje, logra llegar a nosotros y decirnos mucho más que largas y filosóficas exposiciones; por ejemplo, el niño gordo, tal vez hijo del gobernante principal, es tomado por el director mientras sonríe con morboso placer ante el horroroso sacrificio de otros seres humanos. La malacrianza, la molicie y lo caprichoso de su carácter es mostrado en una fugaz vista, tironeando de las ropas de su madre, quien le aparta de sí de mal modo. Los indeseables y los enfermos viven al margen de la ciudad, gimiendo por su salvación y muriéndose de peste, de hambre, o por el exceso de trabajos a que son sometidos como esclavos.


    Un pueblo, sin la gracia venida del cielo, está condenado al dominio de lo satánico a causa del estado en que quedó la naturaleza humana luego del pecado original. Cuando llegan a la ciudad las nuevas víctimas para el sacrificio son recibidas por un verdadero aquelarre, en donde todos parecen poseídos…y lo están. Sin embargo, los pueblos que ignoraban a Cristo le esperaban, aún sin saberlo, como a su Salvador. No hay pueblo que, de algún modo, no haya contado con su profeta anunciador de los tiempos mesiánicos. La niña profetiza del film de Mel Gibson es una hermosa imagen de esta verdad. Como dice san Pablo: “el Espíritu Santo ha hablado en otros tiempos y de muchas maneras a los hombres”. Esa niña, repito, es como una imagen de esa realidad. El presentimiento de “un nuevo comienzo”, repetido por el protagonista principal al final del film, después de presenciar a aquellos extraños y misteriosos visitantes, (los españoles, entre los cuales resalta un fraile enarbolando una cruz) en una visión llena de paz y silencio, con las velas quietas y reposadas de las carabelas ancladas, la mar serena, e iluminado todo por una suave luz, son como el presagio de ese nuevo comienzo anhelado. El protagonista invita a su mujer al bosque como quien se retira a meditar y a esperar. Lleva a su nuevo hijito en sus brazos, aquel hijito, que nace en las aguas como en un premonitorio bautismo. Aquel niño que contemplará y vivirá ese nuevo comienzo en la obra evangelizadora de España. Y lo que fue esta obra, no hace falta demostrarlo, sus resultados están vivos todavía, y son la nueva raza creada por el mestizaje. Quien quiera ver que vea.


    Pocos años después, Nuestra Señora en Guadalupe, confirmará a sus nuevos hijos de las tierras de América. Testimonio milagroso aún vivo de Nuestra Madre de la Misericordia, (como le invoca, también proféticamente, en la figura de una diosa indígena) la mujer india que es llevada como esclava.



    Garra de jaguar, el protagonista de la historia, defiende su familia, su aldea, su tierra, su bosque, su hogar, su mundo. Él dice ante la muerte, en el momento en que va a ser sacrificado, que no es su día para morir. Uno piensa inmediatamente, como nos tiene acostumbrados el cine de aventuras: ¿Qué hará para salvarse de esa situación? ¿Intentará una huida imposible? Pero Gibson no es un realizador más, estilo Hollywood, como muchos insisten en hacernos creer, (pues no soportan que alguien con genio y talento no esté dentro de esos cánones mentales sustentados por la “Meca del cine” y sus dueños). ¿Qué hace entonces el protagonista para escapar a esa situación? ¡Nada!...O, mejor, sí hace algo, algo inesperado para el común de la audiencia domesticada para otras cosas, se abandona a lo que el cielo disponga y solo alza sus ojos hacia él en muda súplica, y de allí le vendrá, real y simbólicamente, su salvación. El eclipse de sol: cuando se enfría la tierra y todo toma el color de la muerte. El eclipse figura una muerte y una resurrección: la salida de un nuevo sol. Pero esta salvación no será gratuita para el héroe, tendrá que sufrir persecución y sangre para salvar a su familia hundida en un profundo pozo, abandonada a toda esperanza, condenada a una muerte segura. Pero su mujer también lucha por ella misma y sus hijos, también cree en el regreso salvador del esposo, también teme por él.


    Garra de jaguar sabe que esta lucha es a muerte y que es mejor morir a bajar los brazos. Sus enemigos son poderosos y cuentan con todas las de ganar. Sin embargo no lucha solo, “algo” le sostiene, le defiende y le guía. No son inverosímiles, como alguien dijo, muchas cosas que suceden en esta historia. Es una historia realista, de ahí su fuerza, capaz de horrorizar a los espíritus flojos. Se habla de las escenas sangrientas del film. Pero no es en modo alguno más “sangrienta” que otras películas que sí se regodean con morbosidad en ellas y de las cuales nadie se escandaliza. Además hay una especie de horror por las violencias físicas de algunas películas pero nadie se escandaliza de las violencias de orden moral y espiritual de otras películas que envenenan hasta a los mismos espectadores. Pero ¿por qué le critican esto a los films de Mel Gibson? Por hipocresía, pues su verdadero interés está en desprestigiar de algún modo las obras de este director. Y ¿por qué? Por su molesto contenido católico. Además…hay que vengarse de alguna manera por haberse atrevido a hacer “La Pasión de Cristo”. Es un director “marcado” por el “establishment” internacional del nuevo orden mundial y la “globalización”, la moderna Babel, la nueva torre que edifica el hombre moderno para llegar al cielo, es decir: para lograr el paraíso en la tierra con sus solas fuerzas.


    Gibson ha realizado una película viril, una película para hombres, como se decía antes. No es una película para mujeres. Es una película en donde las virtudes viriles de los protagonistas son puestas a prueba y llevadas al extremo, incluso en “los malos”. Tampoco es una película romántica, ni frívola, ni de entretenimiento, ni para pasar el tiempo. Es, paradójicamente, una película de “acción” para pensar. ¿Para pensar en qué? En todo lo que el mundo ha perdido de bueno en este estúpido mundo moderno, artificial, perverso, soberbio con soberbia luciferina. Un mundo edificado en la mentira y con mentiras. Un mundo que en su soberbia no le debe nada a nadie, un mundo que promete comenzar de cero renunciando especialmente a la sabiduría de sus mayores, y alcanzar, gracias a la técnica, un mundo mejor, mejor que el recibido, y hecho por sus propias manos. Como se ve también en una escena de la película en donde un anciano, (el sabio – pues es normal y sensato unir años y sabiduría) relata un mito a los jóvenes y a los niños. Un mito que habla de un misterioso vacío o agujero en el hombre el cual espera ser llenado. Un vacío imposible de satisfacer con nada de este mundo. Por eso es misterioso. Está más allá de lo que el hombre puede comprender con su sola razón. Eso constituye la infelicidad y la insatisfacción del hombre en este mundo que, cuando no es orientada por la Verdad produce efectos desastrosos en el hombre mismo y en la sociedad: Búsqueda de placeres sin fin, poder, ambición, avaricia, robo, corrupción, etc.…y todos los etcéteras que quepan en el desequilibrio, la debilidad y la malicia de los hombres, sin olvidarnos del enemigo infernal y sus secuaces.





    Algún mojigato se escandalizó de algunas escenas procaces (más sugeridas que manifiestas) del principio del film mostrando la vida de la pequeña aldea a que pertenecía el protagonista. Y digo yo: ¿Qué esperaban ver? ¿Indios católicos, pero católicos, católicos? El autor, sin embargo, no nos muestra todas las cosas que dicen las crónicas de la época, y los mismos documentos arqueológicos, sobre la vida y costumbres de los aborígenes americanos antes de la llegada de los españoles que, por supuesto nada tenían que ver con el mundo cristiano. Y eso es realidad. Y el film, como dijimos antes, es realista. Tan realista que no se olvida tampoco de lo bueno que también naturalmente poseían como hombres. Tan realista que tampoco se olvida de la esperanza. Pues para muchos el realismo parece consistir en solo lo sórdido, lo bajo lo perverso, lo malo. Tampoco es en esto una película maniquea, como algunos sostienen, en donde hay una neta separación de buenos y malos. Esto también lo muestra Gibson con solo las imágenes, como buen cineasta. Es una película muy rica en imágenes no gratuitas sino llenas de sentido. Hay que prestar atención. Gibson nos invita y nos obliga a eso. Sus películas son para ver más de una vez, a causa, justamente, de su riqueza, lo que no las agota en una sola vista.

    Cuando las futuras víctimas y esclavas son introducidas en la ciudad, si puede decirse así, vemos, en algunos habitantes de la ciudad maya, algunas miradas compadecidas del terrible destino que les espera. El mismo jefe de los captores desaprueba algunas crueldades de uno de sus comandados y muestra afecto paternal por su hijo, de quien aprueba y premia su valentía con un obsequio. Por supuesto, alguno dirá, ¡pero qué obsequio! ¡Un puñal con el que había matado a muchos hombres! Dentro de su mentalidad, sin embargo, está manifestado un afecto, natural al menos, de padre.

    También está recalcado el abuso de poder de los más fuertes sobre los débiles de una manera que hasta alguno les podrá parecer demasiado obvia o pueril, pero no hay que viajar hasta la época de los mayas y los aztecas para comprobar esta realidad cotidiana que vivimos hoy entre los pueblos poderosos y los débiles.


    Claro, los amos y poderosos de hoy no son tan crueles como aquellos porque no usan ya ni hachas, ni lanzas, ni martillos. No son tan crueles porque son más asépticos: matan a distancia y no ven sangre, ni niños desamparados llorando sus padres muertos, etc. Y, los que mandan solo manejan intereses y números, lo demás solo son – como dicen ahora – solo “efectos colaterales”.


    Mel Gibson, solo, como Garra de Jaguar, está haciendo su obra en medio y ante la persecución de los mayas modernos. Dios y la Virgen Santísima le bendigan y fortalezcan.

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