Pongamos las cosas en su sitio. Los abusos contra menores de Irlanda fueron cometidos por la Iglesia modernosa post Vaticano II
Gerald Warner
El principio postulado por Obama de que nunca se debe desaprovechar una crisis se está aplicando evidentemente en el caso de los abusos contra menores cometidos por clerigos irlandeses. A las chocantes revelaciones del informe sobre los actos deshonestos cometidos en la archidiócesis de Dublín se les está imprimiendo un sesgo particular para crear la impresión de que la Iglesia Católica preconciliar estuvo implicada en las fechorías de los pederastas posconciliares. Con ello, se arrastrado por el fango el buen nombre de un santo varón, y todo por motivaciones políticas.
El reverendo John Charles McQuaid, arzobispo de Dublín (1940-1972) fue un gran prelado católico. Mientras ejerció su labor pastoral, el número de sacerdotes y otros religiosos se incrementó en más del 50%. Asimismo, creó más de 60 parroquias y construyó más de 80 iglesias y 350 escuelas. Pero cometió el pecado de mirar con ojos escépticos el Concilio Vaticano II y fue prudente a la hora de poner en práctica las reformas, ajustándose a lo que hoy en día se conoce como hermenéutica de la continuidad. Y así, se convirtió en el terror de los radicales.
Con toda injusticia, se ha enfangado su nombre en este escándalo. El informe de la comisión oficial señala: «Durante el tiempo que es objeto de la investigación, hubo cuatro arzobispos: McQuaid, Ryan, McNamara and Connell». No es cierto. El «tiempo que es objeto de la investigación» se delimita en el informe como «el periodo comprendido entre el 1 de enero de 1975 y el 1 de mayo de 2004». McQuaid se jubiló en 1972. De un modo muy engañoso, el informe afirma que en 1987 McQuaid, Ryan and McNamara habían recibido entre los tres denuncias contra 17 sacerdotes.
Sin embargo, solo uno de ellos, un desconocido «Padre Edmondus», fue sospechoso mientras McQuaid ejerció su cargo, y el mismo informe admite que de las 320 denuncias contra dichos sacerdotes, solo tres se realizaron en tiempos de McQuaid. Es de suponer que contra el «Padre Edmondus» y en una época anterior a la que abarca el informe de la comisión. En base a esa acusación aislada, quieren meter a McQuaid en el mismo saco que a sus negligentes sucesores.
Es sumamente revelador que el informe señale: «Como se indicó en el capítulo 4, da la impresión de que el derecho canónico cayó en desuso y perdió autoridad a mediados del siglo XX.» En efecto. Y todos sabemos por qué. Las anárquicas acusaciones de legalismo y moral sexual opresiva y contra el magisterio en general promovidas por los modernistas. Por lo que se refiere a hacer cumplir el derecho canónico contra los abusadores, el informe reconoce que monseñor McQuaid «inició el proceso pero no lo terminó. [¿Y cómo lo iba a terminar si se murió?] No parece que Ryan y McNamara aplicaran el derecho canónico.»
¿Y quién lo aplicó en los setenta y los ochenta, con tanto modernismo y tanta actitud de «viva la Pepa»? Con toda diligencia de ha difundido la imagen de abusos contra menores cometidos por curas de sotana y bonete, monjes con capucha que murmuran entre dientes ensalmos en latín y monjas de toca almidonada y hábito medieval.
Pues nada de eso. La pesadillesca orgía de implacables pecados mortales que los que da cuenta el informe fue obra de curas modenistas con una tira de celuloide blanco en vez de alzacuello – y eso si se dignaban vestir como sacerdotes ––, los cuales devastaron los santuarios de sus iglesias de forma tan trágica como la vida de los niños que fueron sus víctimas, y que abolieron devociones como la bendición, el rosario, la confesión frecuente o el culto a los santos. Devociones que han sido el sustento de la fe de los irlandeses durante siglos. Un sacerdote reconoció haber abusado de más de un centenar de menores. Eso se le perdonó; pero ay de él si hubiera celebrado la misa tridentina en latín.
LA BBC ha explotado el escándalo de un modo que hace honor a su fama de haber sucedido a Pravda como el mayor órgano difusor de desinformación. Radio 4 presentó ante sus micrófonos a un sacerdote radical que declaró que la culpa era del excesivamente estricto código moral de la Iglesia en material sexual. Asusta pensar qué excesos se habrían cometido de haber sido más laxo el Código.
Uno de los entrevistadores preguntó si la culpa era del celibato. Cómo no iba a serlo. Todo el mundo sabe que lo que necesita un cura que abusa de niños (ante todo es un escándalo homosexual; según el informe, la proporción de víctimas es de 2,3 varones por cada niña) es casarse. Que se lo pregunten a cualquier párroco anglicano de los que llevan generaciones contribuyendo que se ganen el pan los periódicos sensacionalistas.
Pongamos las cosas en su sitio. La asquerosa abominación de marras es un escándalo posconciliar, de la Iglesia de las ventanas abiertas, la del aggionarmiento, la del toque moderno (en muchos casos, nunca mejor dicho lo de toque). Que la reclamen los ecumaniacos, los animadores de la liturgia, los firmantes del documento Easter People, y que dejen de ennegrecer la reputación de un prelado decente e, indirectamente, la Iglesia de siempre que durante siglos de opresión sostuvo a Irlanda.
Let’s get it straight: Irish child abuse was perpetrated by the trendy, modern post-Vatican II Catholic Church – Telegraph Blogs
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