Creo que lo correcto sería declarar la santidad universal por defecto, y que sólo hubiera procesos para des-santificar a los 3 o 4 que no se lo merezcan porque no queda bien, y ya está.
Ahorraríamos muchísimo en incesantes ceremonias de santificación, cosa que en estos tiempos de austeridad sería apreciable.
Si lo de Pablo VI se hace real, habría más papas postconciliares santos que en toda la Edad Media junta.
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