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Tema: Portazo a Dios en la Constitución de 1978

  1. #1
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    Portazo a Dios en la Constitución de 1978

    … Desde que se proyectó la Constitución de 1978 (finales de 1977) ya se sabía que toda referencia a Dios sería omitida en ella. A ningún partido se le pasó por la cabeza ni plantearla. Pero aún había gente que se escandalizaba, no tanto por ello sino por la blandenguería y connivencia episcopal con los políticos responsables (sobre todo con los “católicos” de la UCD de Suárez, que tenían mayoría parlamentaria).

    Lo único que parecía importar a aquellos obispos era el tema de la enseñanza y colegios “católicos” (?) para no perder las subvenciones y retener la mayor parte del consabido dinerito estatal que les afluía a chorros de la “dictadura franquista”. Los ataques y pérdida de la fe del pueblo católico, que ya se atisbaban, sólo les merecían disculpas y, a lo más, alguna condena a título individual, aunque siempre de forma protocolaria y mansurrona.


    Otros hilos relacionados con éste:

    Correcciones a la Constitución de 1978 para hacerla mínimamente aceptable

    Constitución de 1978: España se hunde en el abismo (Testimonios desde el bunker)


    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 570, 10-Dic-1977

    EL VACÍO

    Por D. Elías (sacerdote)

    Con permiso del paciente lector y de algunos hipotéticos lectores no tan pacientes, nos atrevemos a hacer una afirmación atrevida, que desearíamos ver desmentida por los hechos: la nueva y laica Constitución saldrá adelante sin más oposición por parte de la comunidad católica que un gran vacío.

    Las diversas voces sueltas que se oyen y aun las suaves advertencias del Documento de la Conferencia Episcopal (1977), poco van a hacer en esta original democracia que se nos han sacado de la manga nuestros políticos.

    Con todos los respetos posibles, nos hemos ganado el fruto de muchos años de siesta y de unos pocos años de revolución interna. El Derecho natural, dado por la Suma y Eterna regla que es Dios, se ha ido al garete, sin que nadie de verdadera altura lo haya defendido con el calor y la valentía con que los católicos, sobre todo si son eclesiásticos, deben defender las cosas de Dios. Las voces sueltas que se han alzado, o han sido silenciadas o han sido calificadas con títulos y motes que van desde el de “agoreros” a “reaccionarios” pasando por el de “inmovilistas” y “franquistas” es de verdadera indignación.

    ***

    Si alguno nos califica de pesimistas, está errado: no se puede ser más realista. Se ve que los años no nos hacen escarmentar, y una vez más nos tocará hacer el Boabdil, tantas cuantas veces las leyes obliguen a los católicos a no actuar en católico. Para el cáncer que hacía metástasis se han usado los más asépticos paños calientes. Ahora, ciertamente, como en una epidemia general, sólo se salvarán los que tengan salud excepcional, pero no los que estén un poco flojos. Y, sin embargo, el Señor nos enseñó que no es lícito apagar esa caña que aún humea porque aún no está apagada del todo. (…) La actitud de cada uno de los obispos será el mejor respaldo de los curas que están y son con su pueblo. Y no nos vengan ahora con la monserga de que es “meterse en política”; es, sencillamente, defender la Ley de Dios, contra la que no hay derecho a oponer política de ninguna clase, por muchas mayorías de votos, reales o fingidas, que se tengan metidas en la cartera.

    ***
    Aún no es tarde, repetimos. Por una serie de lamentables circunstancias, la Conferencia Episcopal dice muy poco al pueblo cristiano, entre otras cosas porque en ella no se ha visto unanimidad nunca, ni aun siquiera en este asunto.(…) Hay cosas en que la Iglesia no puede pactar, y una de ellas es, precisamente, en que toda ley, para poder tener fuerza de obligar,ha de descansar en última instancia en la Ley de Dios. Si nuestra futura Constitución no se apoya en última instancia en esta Ley Natural de Dios, para los cristianos es papel mojado, y para los políticos, militares y jueces cristianos, un atentado a su conciencia. Ahora es posible que nadie diga “España ha dejado de ser católica”, pero el hecho legal estará ahí con toda su triste vigencia.

    Repetiremos una vez más, con J. Leclercq, que la situación normal de la Iglesia con el Estado es la lucha, ya sea de forma abierta, ya de forma larvada. El “no sois del mundo” de Jesús tiene ahí una de sus manifestaciones, y precisamente por eso hacen tanto daño las ambigüedades. Los hijos de las tinieblas son más hábiles que los hijos de la luz, y si afirmamos que la actitud del cristiano consciente en relación con los políticos profesionales ha de ser de desconfianza, no decimos ninguna herejía ni ningún error.

    ***
    (…) Cuando sinceramente se confía en Dios, no se puede confiar sinceramente en la democracia, pero la realidad nos obliga a aprovechar, aun desconfiando, los pobres medios que esa democracia ofrece como una limosna. Ya es vergonzoso que se saque a votos si Dios ha de ser tenido en cuenta en la Constitución. Pero al menos los que se consideran hijos de Dios deben decir que sin Dios ni cabe Constitución ni cabe nada; que el fundamento de nuestra aceptación de la Ley sólo puede estar en que esa Ley esté de acuerdo con la de Dios, y si no, nos sirve para echar a la papelera, y no para otra cosa.

    No hace falta ser demasiado lince para ver que la farsa ha terminado ya, y vamos en camino de considerar como derechos humanos las cosas que no son sino abusos humanos, en los que los hombres “se pasan” en el uso de su libertad, canonizando la ley y el abuso. El cristiano no puede ser cómplice de eso. Dios no hace a los hombres eco de su autoridad para que los hombres la retuerzan después, diciendo que “así lo quiere la mayoría”. Todo poder legítimo viene de Dios; la mayoría no “da el poder”, sino que elige al que ha de ostentarlo, pero de acuerdo con la Ley de Dios impresa en la naturaleza. Esto es elemental en la doctrina cristiana (…)


    Última edición por ALACRAN; 27/02/2024 a las 14:23
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  2. #2
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    Re: Portazo a Dios en la Constitución de 1978

    Carta abierta al señor Tarancón, cardenal de Madrid

    Ver también:

    http://hispanismo.org/crisis-de-la-iglesia/28387-tarancon-y-su-iglesia-en-la-transicion-al-servicio-de-los-enemigos-del-catolicismo.html?highlight=



    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 570, 10-Dic-1977

    Carta abierta al señor cardenal de Madrid

    Eminencia reverendísima:

    Con la atención y el cuidado que todo fiel debe prestar a las palabras de su Pastor, he leído el discurso que su eminencia pronunció en la apertura de la Asamblea Plenaria del Episcopado Español. Y pluguiese a Dios que no hubiese tenido necesidad de escribir esta carta para mostrar mi extrañeza, triste y dolorida, ante algunas de las afirmaciones sostenidas en aquella oración inaugural.

    Dejando de lado temas que escapan a mi competencia, quiero fijarme en dos que en modo alguno me son ajenos por mi condición de jurista dedicado durante largos años al estudio del Derecho constitucional. Me refiero a la libertad religiosa y a la confesionalidad del Estado.

    Más, antes de seguir adelante, también manifestaré mi sorpresa por el tratamiento general dado a ambos temas sin referencia alguna al grave deber del Estado de rendir culto público a Dios como Autor y Creador de todas las cosas, incluida esa misma comunidad política. Deber que se completa con el de buscar la verdadera religión para profesarla y protegerla. Faltando estas referencias obligadas, no puede extrañar el criterio sentado en tan ardua materia por el señor cardenal.

    Dice su eminencia (Tarancón): “La libertad religiosa constituye un derecho fundamental entre los llamados derechos y libertades democráticas”. Arguyo: esta doctrina ha sido reiteradamente condenada por la Iglesia, a partir, especialmente de Gregorio XVI en su encíclica “Mirari vos”, como derivada del Derecho revolucionario y anticristiano. Es consecuencia directa del indiferentismo y del latitudinarismo, condenados expresamente en las proposiciones 15 y 16 del “Syllabus”. Y no se diga que este documento carece ya de todo valor en nuestros días, porque ello, aparte de ser inexacto, equivaldría a afirmar que el error deja de serlo para convertirse en verdad, y viceversa, según los tiempos y las conciencias de los individuos, con lo cual vendríamos a incurrir en relativismo filosófico o teológico, igualmente condenados por la Iglesia. El “Syllabus”, por referirse a materias de fe y de costumbres, reúne los requisitos precisos para que haya de considerarse dictado con las condiciones de infalibilidad que exigen los teólogos más eminentes.

    La libertad religiosa, según el mismo Concilio Vaticano II, deriva no del derecho democrático, que hoy es y mañana no es, sino de la dignidad del hombre como consecuencia directa de su creación por Dios, que le dotó de libertad para la realización de esa misma dignidad. Con que no tiene aquella libertad otro alcance que el de hacer al hombre inmune a toda coacción en orden al culto que ha de rendir a Dios, mas sin que ello le exima de buscar la verdad, como tampoco equivale a afirmar que todas las religiones son igualmente verdaderas y que lo mismo es profesar cualquiera que no profesar ninguna. Y es que por el camino de la libertad religiosa como nacida del Derecho nuevo, revolucionario y democrático, fácilmente se llega al ateísmo.

    El propio “Syllabus”, en su proposición 77, condena a quienes “sostienen que no conviene ya en nuestra época que la religión católica se mantenga como la única religión del Estado, excluyendo cualesquiera otros cultos”.

    Condena que tira por tierra o al menos deja malparada la afirmación del señor cardenal, según la cual “el Estado no tiene que comprometer ninguna especie de confesionalidad”.

    Yo recordaría aquí las iluminadoras palabras de León XIII en su encíclica “Immortale Dei” sobre la constitución cristiana de los Estados, y en la cual se tratan también puntos de costumbres. En efecto, condena el Pontífice los dictados del Derecho nuevo, revolucionario y anticristiano, Derecho “democrático” según la expresión acuñada por sus defensores: “El Estado no se creerá obligado hacia Dios por ninguna clase de deber; no profesara públicamente ninguna religión, ni deberá buscar cuál es, entre tantas la única verdadera… sino que concederá a todas ellas igualdad de derechos”. He aquí las consecuencias de la no confesionalidad, tan alabada y predicada por su eminencia.

    El señor cardenal ha olvidado, de ello no tengo duda, la Declaración colectiva del Episcopado Español de 8 de diciembre de 1965, en la cual, después de recordar la verdadera naturaleza de la libertad religiosa, afirmaba que esta libertad “no se opone ni a la confesionalidad del Estado ni a la unidad religiosa de una nación”, haciendo especial alusión al caso de nuestra Patria y a la urgencia de conservar en ella la unidad católica. Estimo que la cita es bastante reveladora y que deja las cosas en su lugar.

    No me parecería oportuno ni elegante recordar determinados preceptos del Código de Derecho Canónico -por ejemplo, el canon 1.325- aplicables a quienes profesan o sostienen doctrinas condenadas por el Magisterio de la Iglesia. Estoy cierto de que el señor cardenal los recuerda muy bien.

    Sólo, y para concluir, me queda pedir a mis lectores que eleven oraciones al Espíritu Santo para que mueva a nuestro señor cardenal a rectificar esas afirmaciones sentadas en su discurso y que tanto escandalizan al pueblo fiel, a quien tiene la obligación de apacentar en la doctrina verdadera, y que piensa que si sus obispos profesan tales teorías nada tiene de extraño que los “representantes” del pueblo redacten una Constitución de todo en todo laica.

    Si no rectificase el señor cardenal, estoy cierto de que perderá la confianza de sus feligreses y se verá, incluso, en trance de perder su obediencia, porque más importa ser fiel a Cristo y a su Iglesia que a los fautores de tesis erróneas en materia de fe, como las que quedan apuntadas para aviso de cristianos españoles.

    Respetuosamente.

    José Luis SANTALÓ R. DE VIGURI
    Ex profesor de Derecho Político

    Última edición por ALACRAN; 08/03/2024 a las 12:52
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  3. #3
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    Re: Portazo a Dios en la Constitución de 1978

    "Acuerdos Iglesia-PSOE" que llevaban como condición la aconfesionalidad estatal para que no se "cabreara" el PSOE y volviera a las andadas contra la Iglesia, como en el 31-36


    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 571, 17-Dic-1977

    Acuerdos Iglesia-PSOE

    En “Hoja del Lunes” de Madrid, J. L. Martín Descalzo ha decidido abordar por lo gracioso, como si fuera un chiste, el deseo manifestado por Felipe González de que “los obispos tampoco participen en los trabajos de la Constitución”. ¡Es extraño que un periodista como el padre Martín Descalzo, que a todos acusa de ingenuos, incluso desde sus editoriales, caiga ahora en la ingenuidad de creer que, en algún momento, pueden coincidir en algo práctico la Iglesia y el PSOE! Aduce J. L. Martín Descalzo: “Si Felipe González y Javier Solana, en la inauguración de la Agencia EFE, en vísperas electorales, tuvieron tanto interés en conversar con el cardenal Tarancón y en expresarle los deseos de su partido de no tener ni choques ni fricciones con la Iglesia, ¿por qué niegan ahora a los obispos el derecho a hablar? ¿Las sonrisas con los obispos eran útiles en periodo prelectoral y ya no lo son?”

    ¡Parece mentira que J. L. M. D. no comprenda la táctica socialista y que no conozca por sí mismo la respuesta a su pregunta!

    Lo ha dejado bien patente el secretario general del PSOE, declarando en París: “Creo que no va a haber enfrentamientos y se puede llegar a acuerdos desde el punto de vista de la aconfesionalidad del Estado”. Habrá, pues, acuerdos entre la Iglesia y el PSOE, A CONDICIÓN de que la Iglesia admita la Constitución ACONFESIONAL, es decir, la Constitución liberal que permite llevar España al socialismo marxista, objetivo confesionalmente proclamado por el socialismo español de todos los partidos.

    Más claro: si la Iglesia, ahora, como en vísperas de elecciones, NO pone impedimentos al proselitismo y al triunfo de los socialistas marxistas, el PSOE llegará a cualquier acuerdo con ella.

    Ahora bien, ¿es eso es un acuerdo, imponer a la Iglesia (es decir, a los españoles católicos) una Constitución que facilita la consecución de un Estado marxista y que, desde ahora, es ya una Constitución atea? Eso no es un acuerdo, eso es un dictado. Porque, ¿acaso puede la Iglesia acordar o concordar que el Estado sea ateo en un nación histórica y (aún hoy) mayoritariamente católica?

    El peligro es ése: que por cobardía, por falsa prudencia, por diplomacia o por política, en suma, por el contra- testimonio, el cardenal Tarancón y los obispos que le asisten dejen de proclamar a todos los vientos, hasta que se enteren todos los católicos, en primer lugar, que el PSOE es teórica y prácticamente marxista y que, por eso mismo, ningún católico puede adherirse a él ni darle su voto, porque, como viene diciendo la Iglesia en Italia, el marxismo y el catolicismo son teórica y prácticamente inconciliables.

    Ciertamente, la Iglesia española no es sólo el cardenal Tarancón y no llegaría a acuerdos con la Iglesia el que llegara a acuerdos con el cardenal Tarancón; pero, en cualquier caso, un acuerdo católico-socialista sería una traición, una cobardía, una política atea.

    Eulogio RAMÍREZ


    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Portazo a Dios en la Constitución de 1978

    Alegría y asombro de los anticlericales Azaña, Giner, Cossío, Azcárate si levantaran la cabeza… y vieran a los eclesiásticos de la transición implantar "con todas las bendiciones" sus mismos antiguos ideales secularizadores…


    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 572, 24-Dic-1977

    SI LEVANTARAN LA CABEZA

    ¿Cuál no sería el asombro gozoso de Azaña y demás primates de la República masónico-liberal del 31, si vivieran, ante el hecho del retorno triunfal y el recobro de la influencia todopoderosa de la masonería en España? ¿Otra noticia concomitante: el Ministerio de Educación y Ciencia prepara un proyecto de ley para devolver a la Institución Libre de Enseñanza, ya legalizada, los bienes que le fueron incautados después de la guerra civil. Es bien conocido que en determinadas épocas y por parte de diversos elementos de la Institución no ha habido solución de continuidad entre ella y la masonería. Y no lo es menos toda la obra de distorsión intelectual y colectiva, de fanatismo ideológico, de subversión de valores, erosión agnóstica y habilísima penetración por capilaridad que ha realizado la Institución Libre, aparte del prestigio científico de varios de sus componentes.

    En un artículo publicado en “El Alcázar”, en 1973, señalábamos que el actual progresismo eclesiástico representa la irrupción en nuestra Iglesia de nuestro acerado liberalismo del siglo XIX -el más intolerante de todos, como decía Marañón- con toda su carga de dureza y agnosis, y conduce a una eclesiología laica informada en el sentido y el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza.

    Hemos visto en estos días (1977), en efecto, a la plana mayor de nuestro “neoinstitucionismo” y la del progresismo eclesiástico unidos en la presentación de libro “Las conversaciones de Gredos”, buen exponente ideológico de la desviación progresista. Pues bien, en su artículo “La Iglesia de Giner”, el destacado eclesiástico periodista de EDICA, la Santa Casa, don José María Javierre, lo corrobora y se felicita de que nuestra Iglesia haya evolucionado tanto que está ya inserta y encarna plenamente la ideología del fundador de la Institución Libre.

    Por su parte el jesuita Ferrer Benimelli acaba de publicar un libro, “La Iglesia y la Ilustración”, que bajo la apariencia histórica es una apología declarada de la masonería y de su expansión en España. ¡Hasta este punto ha llegado nuestra crisis eclesiástico-religiosa!

    Pero lo que nunca pudieron sospechar ni Giner de los Ríos ni Cossío ni los dos Barnés ni Azcárate, etc. ni mucho menos Azaña, cuando su afirmación de que España había dejado de ser católica, que para que esto empezara a ser una realidad en España, ha sido necesario que, en la entrega de la Iglesia al espíritu de la Institución Libre y a sus métodos “hábiles” de captación en la tarea frontal de descatolizar a España con el riesgo de la pérdida de la fe y la ateización progresiva en que estamos sumergidos, tuvieran participación activa y con frecuencia la iniciativa y el impulso principal, extensos sectores episcopales y eclesiásticos bajo la rúbrica de “actualización de la Iglesia”. (…)

    Carmelo VIÑAS Y MEY

    Última edición por ALACRAN; 02/04/2024 a las 13:18
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Portazo a Dios en la Constitución de 1978

    El arzobispo Yanes, ignorando a Dios, preconizaba, cínicamente, la (falsa) libertad que cacareaban los partidos político como remedio para los españoles, en su inmensa mayoría católicos. (Y, sólo al final, apelaba a Dios ilógicamente, para salvar las apariencias)


    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 574, 7-Ene-1978

    Cripto-confesionalismo

    Gracias a la revista “Vida Nueva”, pasto del progresismo católico español, hemos podido conocer la conferencia leída por monseñor Yanes, arzobispo de Zaragoza, en el Club Siglo XXI de Madrid, y titulada: “Qué esperaría un cristiano leer en una Constitución democrática?”. (Debe entenderse un “cristiano progresista y secularista”, no un católico que comulgue con la tradición de la Iglesia Católica).

    Si tuviéramos que decir sumariamente y pronto el juicio que nos merece esta conferencia, diríamos que es virtualmente atea, porque en lugar de poner a Dios y su Revelación como premisas de donde el católico saca las conclusiones que ha de llevar a la Constitución civil del Estado nacional, monseñor Yanes parte de unas premisas ateas, racionalistas, secularistas, y sólo saca a Dios ilógicamente en la conclusión de su conferencia.

    Hay en la conferencia del arzobispo de Zaragoza, como en la doctrina política vaticana actual (1978), una especie de giro copernicano en virtud del cual la Constitución, que en el Estado católico debe girar en torno a Dios, pasa a girar absolutamente en torno al hombre desprovisto de Dios. Y, por eso, podría decirse que, como en el discurso diabólico del paraíso terrenal ante el que capituló Adán, lo mismo que ante el discurso marxista que exalta al Prometeo que roba el fuego a los dioses, hay en este discurso de Monseñor Yanes, al menos tácitamente, la misma pretensión de Satán frente a nuestros primeros padres: embaucarlos con el señuelo del “Seréis como dioses”.

    Parece deducirse del cuerpo de la disertación del arzobispo de Zaragoza que si hacemos una Constitución democrático liberal-socialista, como la que él se le ocurre, sin contar con los datos de la fe católica, y con las meras ocurrencias de la razón cartesiana o marxista, podríamos hacer de España un paraíso, sin necesidad de sobreponerle la autoridad soberana y omnímoda de Dios.

    Pero como las lucubraciones puramente racionales llevan, con una lógica implacable, a un Estado en que la Iglesia no pasa de ser una asociación de derecho privado supeditada al Estado, a la escuela única y laica, al divorcio y al aborto -y eso todavía no puede digerirlo el actual Gobierno vaticano del que monseñor Yanes es súbdito irracional-, el arzobispo de Zaragoza se ve forzado, ilógicamente, a sacarse de la manga un Dios relegado y críptico, un “criptoconfesionalismo”, sólo en el cual pueden fundamentarse las libertades o derechos de la Iglesia que él desea ver respetados por la Constitución española en ciernes.

    ***
    Como diría Etienne Borne en “Dios no ha muerto”, en la ideología seudocristiana o criptocristiana de monseñor Yanes, “Dios va a ser el sofisma de justificación de todas las insubordinaciones, el arma revolucionaria mediante la cual será repudiado todo orden político. Al creer en Dios, el hombre proyectaría en un cielo antinatural y antisocial el falso absoluto de una libertad ilusoria”.

    Porque, efectivamente, monseñor Yanes discurre como si erigiendo la libertad de los españoles en lo Absoluto, en el sucedáneo de Dios, aquí se fuera a producir el paraíso terrenal, cuando en realidad estamos experimentando cómo es causante de nuestro infierno actual la libertad desenfrenada de que gozan los españoles frente a un Gobierno (A. Suárez) carente de autoridad.

    De monseñor Yanes podría decirse esto mismo que Borne afirma de Hegel: “El propósito de un Hegel ha sido reformar el Dios cristiano bastante revolucionariamente como para hacerlo políticamente utilizable”.

    ***
    Ignora monseñor Yanes, como parecen ignorar todos los progresistas católicos, sean españoles, sean vaticanos, lo que descubre el mismo E. Borne, filósofo de la democracia cristiana francesa: “Todas las revoluciones desde el siglo XVI son afines; cualquiera que sea su propósito aparente, político o social, todas ellas proceden del mismo antropocentrismo y de la misma rebelión metafísica del hombre que pretende usurpar la plaza de Dios. Y al final sobrevienen la claridad y la justicia: el olvido de Dios es una provocación a la negación de Dios. Al suscitar el comunismo ateo, la fórmula marxista no sería en absoluto inexacta, el mundo liberal y laico ha producido sus propios sepultureros. De este modo se manifestaría a través de la Historia el juicio de Dios”.

    Efectivamente, históricamente, fatalmente, el liberalismo ateo (como el subyacente a nuestra Constitución en ciernes) genera al comunismo ateo, que entierra a las democracias liberales, máxime cuando se da la mediación de los eurosocialismos y eurocomunismos.

    Por eso, por imperativo de la Ley moral, del Derecho natural y de la fe cristiana, los católicos queremos ver en la Constitución explícitamente respetado el honor de Dios, el derecho de Dios, la Constitución de Dios para el hombre y para el mundo, tal como la han explicado entre nosotros monseñor Guerra Campos, en su carta pastoral sobre “La Monarquía católica”, https://hispanismo.org/religion/2224...ra-campos.htmlo monseñor Castán Lacoma, en su conferencia sobre “La Iglesia y la democracia”, pronunciada hace un par de años en Madrid e inspirada en el radio mensaje navideño “Benignitas et Humanitas”, emitido por Pío XII en 1944, cuando la democracia liberal se cernía sobre Europa

    ***
    Hay un fallo garrafal en la conferencia de monseñor Yanes: la inadvertencia de que cuando las Constituciones y los hombres no comienzan por confesar a Dios, más tarde o más temprano acaban destruyendo al hombre, como hace ver no sólo Borne, sino el mismo Domenech, que él cita, en su ensayo sobre “Tombeau de l’humanisme”. El racionalismo con el que discurrieron los liberales y con el que discurre el arzobispo de Zaragoza, en Sartre, en Foucault, en Freud en Althusser, en Levy-Strauss deshacen hasta la noción misma del hombre.

    Eulogio RAMÍREZ

    Última edición por ALACRAN; Hace 3 semanas a las 13:06
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Portazo a Dios en la Constitución de 1978

    "Si los obispos, cumpliendo con su deber, hubieran declarado que ningún católico puede votar por los partidos inspirados en el marxismo y en el liberalismo y advertido de cuáles eran estos, España NO tendría hoy (1978) unas Cortes que elaboraran una Constitución aconfesional atea".


    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 575, 14-Ene-1978

    Dejación episcopal

    So pretexto de que la Iglesia en el Concilio Vaticano II… ha reconocido la autonomía del orden temporal, el cardenal Tarancón, y virtualmente la mayoría gobernante del Episcopado se precia ahora (1978) de que la Jerarquía española… “ ha jugado limpio en el proceso de democratización que ha seguido nuestra patria”. Pero eso es según se mire.

    Si se considera que en ese “proceso de democratización” dicha Jerarquía no ha predicado, como lo hizo Pío XII, las condiciones en que un católico puede aceptar la democracia, hay que decir que la jerarquía no ha jugado limpio, porque ha permitido que se crea que la Iglesia acepta el orden político basado simplemente en el sufragio universal. Ahora bien, como se percibe por el Vaticano II, la Iglesia sólo da por bueno el Estado que se basa en la Verdad, en la Justicia, en la libertad y en la caridad, valores que en modo alguno se logran mediante el sufragio universal.

    Por el contrario, si se observan los principios del liberalismo que consideran como intromisión cualquier intervención de la Jerarquía en el proceso político, hay que reconocer que desde el punto de vista liberalístico, la Jerarquía “ha jugado limpio”. Pero hasta Pablo VI, en la “Octogésima”, advierte que los criterios liberalistas son incompatibles con los católicos. Luego hay que decir que,desde el punto de vista católico, la jerarquía “ha jugado sucio”, se ha pasado al enemigo.

    Ha jugado sucio porque, en virtud de su inhibición ante ese proceso democratizador y causa de la ambigua declaración en vísperas de las elecciones del 15 de junio (1977), muchos católicos españoles dieron su voto no sólo a partidos liberalistas (como UCD y AP), sino a partidos marxistas (como PSOE y PCE).

    Es claro que si los obispos, cumpliendo con su deber, hubieran declarado que ningún católico puede votar por los partidos inspirados en el marxismo y en el liberalismo y la Jerarquía hubiera advertido de cuáles partidos eran estos, España NO tendría hoy (1978) unas Cortes como las que tiene, ni habría en proceso una Constitución aconfesional atea, ni las perspectivas de una escuela laica de las que ahora se lamentan los obispos como consecuencia de que los liberales y los socialistas obren conforme a sus principios.

    ¿No es una dejación y un incumplimiento de sus deberes por parte de esa Jerarquía ese “juego limpio” de que ahora se pavonean? ¿Ha ejercitado la Iglesia su libertad de predicación como debiera?

    Eulogio RAMÍREZ



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    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Portazo a Dios en la Constitución de 1978

    ... con la casi indiferencia de mons. Tarancón y de su Conferencia Episcopal... los "democristianos" prescinden en el proyecto de Constitución por entero de la doctrina católica e, inclusive, del Derecho natural”



    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 575, 14-Ene-1978

    Igual o más que Azaña

    Azaña -sea cual sea el juicio que se tenga sobre su talante político- ha pasado a la historia como modelo de político anticlerical y antirreligioso. Pero cualquiera que observe y compruebe, aunque sólo sea superficialmente, los objetivos que aquel persiguió y las realizaciones que la Segunda República obtuvo al respecto y las compare con las que la actual Monarquía está dispuesta a plasmar en las normas constitucionales y legislación complementaria, ha de registrar necesariamente, con sorpresa (*) o sin ella, que no difieren gran cosa, sino son más avanzadas las que ahora (1978) se tratan de imponer a un pueblo de mayoría aplastante de católicos: Estado aconfesional y carencia de reconocimiento de un orden natural regido por normas que están por encima de la voluntad de la mayoría, admisión del matrimonio civil como única fórmula matrimonial, divorcio vincular…

    Y no es sólo que se prescinda de Dios y de los derechos que se le deben de reconocer por toda nación católica según la doctrina pontificia elaborada y desarrollada desde la bula “Unam Sanctam” y que no ha sido derogada por el Concilio Vaticano II, el cual al aprobar la “Declaración sobre libertad religiosa” advierte expresamente que deja íntegra la doctrina tradicional católica acerca del deber moral de los hombres y de las sociedades para con la verdadera religión y la única Iglesia de Cristo”, sino que se prescinde por entero en la legislación, de la doctrina católica e, inclusive, del Derecho natural.

    Y lo más sorprendente (*) del caso es que a la consecución de esos objetivos, que fueron los de Azaña, cooperan el centrismo de UCD -lleno de democristianos- y la “conservadora” Alianza Popular- recuérdese que uno de los lemas de sus periódicos electorales fue el de “divorcio, sí; aborto, no”-, que no acaba de decirnos que es lo que quiere “conservar”.

    Y, si Dios no lo remedia y las cosas siguen su curso natural y propio de la democracia restaurada, contemplaremos con asombro (*) cómo un miembro conspicuo de la “Santa Casa”, un personaje de la Asociación Católica de Propagandistas, elaborará desde su Ministerio las normas que asesinarán la familia tradicional y cristiana española: divorcio, despenalización del adulterio, investigación de la paternidad en todos los casos, equiparación de toda clase de hijos, matrimonio civil único…, si no le corresponde, en caso de prosperar, dar forma a las propuestas marxistas acerca del aborto y de los anticonceptivos.

    Todo ante la casi indiferencia de mons. Tarancón y de su Conferencia Episcopal, que NO quieren dar la batalla en pro de los derechos de Dios y de los fueros de la Ley Natural, y que se limitan a reivindicar la libertad de enseñanza como si ahí concluyera la doctrina católica.

    No cabe duda de que Azaña, después de muerto, ha conseguido, o mejor está a punto de conseguir (precisamente bajo la Monarquía instaurada por Franco), con la colaboración activa de los epígonos de la CEDA y de quienes tantas veces juraron los Principios del Movimiento (incluido el punto II), el Estado acatólico, el divorcio vincular, el matrimonio civil… Claro que ya vimos antes a uno de los hombres de la Asociación Católica de Propagandistas presidir desde el Ministerio de Información la “apertura” que dio lugar a la inundación del cieno pornográfico que nos invade y a los conservadores de A.P. votar en las Cortes a favor de una “reforma política”, con olvido de lealtades proclamadas y de juramentos prestados solemnemente, que, sin su concurso parlamentario tal vez no habría salido adelante.

    Ramón de Tolosa

    (*) Hablar de “sorpresa” y “asombro” denota caricatura y complicidad…; porque hablar de iniquidad, infamia, locura, se quedaba corto

    .
    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 13:32
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  8. #8
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    Re: Portazo a Dios en la Constitución de 1978

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Basta un mínimo de sentido común para que los católicos que apoyaron ese engendro de Constitución se hayan dado cuenta de hasta qué punto han metido la pata. El bicho de 1978 sólo ha producido malos frutos, en todos los órdenes. No encuentro ahora mismo ninguna consecuencia positiva. España es peor en casi todos los aspectos, y en aquellos en los que ha podido mejorar no ha sido gracias a la Constitución, sino a pesar de ella.
    "La Verdad os hará libres"

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