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Tema: El concilio del papa Juan

  1. #41
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: El concilio del papa Juan

    La gente puede saber en todo momento lo que dice el sacerdote en latín. Basta con seguir la misa en un misal como se hizo siempre. El misal de los fieles está impreso a dos columnas, con la traducción al español o al idioma que sea en la columna paralela a la latina. Y también hay iglesias en que se reparten hojas impresas bilingües con el texto del ordinario y del propio de la misa del día. Así que esa excusa no vale.

  2. #42
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    Re: El concilio del papa Juan

    existen oraciones en la misa que no se escriben en los misales, yo tengo uno Nacar Colunga, y efectivamente como e spara fieles no vienen las oraciones que vienen en el Misal Romano para el día correspondiente, y allí es donde la gente pierde la continuidad los malos sacerdotes hacen improvisaciones. Por otra parte es antilitúrgio que toda la gente ande leyendo el misal completo durante la misa.
    Última edición por Jorge_Carrillo; 18/05/2011 a las 17:56

  3. #43
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: El concilio del papa Juan

    Yo tengo un misal heredado de mi padre, que a su vez lo heredó de mi abuela. Pero más que nada lo uso para el propio de cada domingo y festivo, porque el ordinario termina uno sabiéndoselo de memoria, lo mismo que en el Novus Ordo nadie lleva misal porque ya hace tiempo que se aprendió el guión y sabe lo que tiene que decir. Y hay veces en que tampoco llevo el misal. Pero oigo la misa según el usus antiquor y además entiendo el latín, y nunca me ha pasado que el sacerdote haciendo nada raro. No sé cómo será ese misal Nácar-Colunga que usted dice; el mío es uno de los bilingües de siempre. Pero hoy en día son difíciles de conseguir estos.

  4. #44
    Avatar de CRISTIÁN YÁÑEZ DURÁN
    CRISTIÁN YÁÑEZ DURÁN está desconectado Miembro Respetado
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    Re: El concilio del papa Juan

    "Por otra parte es antilitúrgio que toda la gente ande leyendo el misal completo durante la misa."

    Es un comentario absurdo, la Iglesia siempre ha promovido que los fieles sigan las oraciones del Misal. Si la "misa" es un circo donde participan según el concepto protestante claro que es "antilitúrgico", pero si participan según el concepto metafísico que es el enseñado plurisecularmente por la Iglesia, evidentemente no lo es.

  5. #45
    Jorge_Carrillo está desconectado Proscrito
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    Re: El concilio del papa Juan

    Lo antiliturgico mi estimado no se refiere a que la gnete tenga las manos libres para aplaudir o echar maromas, sino consiste en que no se pone atención a los gesto y ademanes del sacerdote mientras está haciendo los movimientos propios del ritual. porque cada uno de esos movimiento está echo para alabar a Dios y para educara alos hombres, y si uno por seguir la oración en latín en el misal deja de poner atención al ritual visible, pierde parte de la enseñanza.

  6. #46
    Avatar de CRISTIÁN YÁÑEZ DURÁN
    CRISTIÁN YÁÑEZ DURÁN está desconectado Miembro Respetado
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    Re: El concilio del papa Juan

    "Lo antiliturgico mi estimado no se refiere a que la gente tenga las manos libres para aplaudir o echar maromas, sino consiste en que no se pone atención a los gesto y ademanes del sacerdote mientras está haciendo los movimientos propios del ritual. (...) si uno por seguir la oración en latín en el misal deja de poner atención al ritual visible, pierde parte de la enseñanza."

    Es la peor excusa que he conocido contra la Misa de siempre, simplemente ridícula y no respetable por estar en contra del espíritu de la Iglesia que siempre ha promovido vivamente el uso del misal. Nada te impide estar atento a los gestos del sacerdote y seguir el Misal simultáneamente.
    Última edición por CRISTIÁN YÁÑEZ DURÁN; 18/05/2011 a las 23:34

  7. #47
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    Re: El concilio del papa Juan

    Cristián,

    ¿y los analfabetas?

  8. #48
    Avatar de CRISTIÁN YÁÑEZ DURÁN
    CRISTIÁN YÁÑEZ DURÁN está desconectado Miembro Respetado
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    Re: El concilio del papa Juan

    Nadie legisla para las excepciones, sino para la norma. Tanto bárbaros como indígenas analfabetos fueron evangelizados con la Misa de siempre, sus frutos son sobrenaturales no naturales como quiere el activismo (o americanismo) modernista. La sola unción y cada uno de los gestos del Santo Sacrificio bastan para hacer evidente la grandeza del misterio celebrado aún al más zafio, y ahí los sencillos tienen toda la ventaja porque Dios endurece los corazones soberbios.
    Hoy en día, con todo el despliegue mediático "protestantoide" de las jornadas de la juventud, "misiones", etc, los resultados son más que decepcionantes (la cantidad de católicos en todo el mundo no va sino en violenta disminución cada día) y, precisamente lo que más llama la atención a la Santa Sede son los frutos evidentes de la FSSPX y congregaciones afines, contra todo pronóstico y en las peores circunstancias.

  9. #49
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    Re: El concilio del papa Juan

    Cita Iniciado por Jorge_Carrillo Ver mensaje
    Cristián,

    ¿y los analfabetas?
    Eso es una pregunta muy reveladora de lo poco que se medita sobre el tema. El 95% sino más de todos los católicos que han asistido a misa tradicional en la historia han sido analfabetos. Los cristeros que tanto abundaron en tu zona eran casi todos analfabetos. Al parecer no les suponía un problema. A lo mejor el problema está en la comprensión de la misa de los que hacen ese tipo de preguntas.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  10. #50
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    Re: El concilio del papa Juan

    Cita Iniciado por Donoso Ver mensaje
    Eso es una pregunta muy reveladora de lo poco que se medita sobre el tema. El 95% sino más de todos los católicos que han asistido a misa tradicional en la historia han sido analfabetos. Los cristeros que tanto abundaron en tu zona eran casi todos analfabetos. Al parecer no les suponía un problema. A lo mejor el problema está en la comprensión de la misa de los que hacen ese tipo de preguntas.
    Estimado, déle el beneficio de la duda a Carrillo, no veo su objeción como maliciosa, sino como duda sincera, expresión de una inocencia casi infantil.

    Me explico, hoy en día estamos acostumbrados a pensar en todos como alfabetizados, y como una excepción extrañísima al analfabeto. Por costumbre diaria, es razonable que, pensando excesivamente en el hoy y el mañana, alguien -Carrillo en este caso- olvide que la evangelización no es sólo algo a suceder, sino algo que ya ha sucedido, y ahí es donde entra el analfabetismo como condición de normalidad estadística a nivel histórico.

    En cuanto al fondo del asunto, estoy leyendo "En las turbias aguas del Concilio Vaticano II", que aporta más elementos a los mencionados en este hilo. Y sobre la liturgia, es manifiesto como el rito nuevo inspira simplemente a una concentración en lo que se está haciendo externamente. No genera elevación espiritual espontánea, mientras que la misa de siempre tiene algo tan especial que incluso a las personas que he llevado una sóla vez a ésta, detectan algo diferente, más allá de las simples formas.
    Los errores, más que los vicios, son la causa de la decadencia de los pueblos. Éstos, como los pescados, se empiezan a corromper por la cabeza, lo que lleva a que las mentes confundan los vicios con virtudes.

  11. #51
    Avatar de Anorgi
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    Re: El concilio del papa Juan

    En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cieloy de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños» (Mateo 11,25)

    «Todo lo que manda el Rey,
    que va contra lo que Dios manda,
    no tiene valor de Ley,
    ni es Rey quien así se desmanda.»
    (Lope de Vega)

  12. #52
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: El concilio del papa Juan

    EL FESTEJO DE LA DEMOLICIÓN DE LOS BASTIONES DE LA IGLESIA



    Festejando la desdicha de los tiempos.

    «Las desdichas de los fieles, el abandono de las iglesias, la carencia de vocaciones, las malas vocaciones, los escándalos de los sacerdotes, sacerdotes que viven a la manera de los hombres de mundo, una degradación en la historia de la Iglesia sin paralelo, porque además de la moral, ha alcanzado a todos los sectores. Todo ha sido alcanzado, la liturgia, las costumbres, toda la fe. Todo ha sido raído por un verdadero cáncer que evidentemente no comenzó con el Concilio Vaticano II, el cual es más bien un fruto, un resultado, un comienzo. El Concilio Vaticano II, desgraciadamente, ha sido, al menos, un comienzo de esto mismo en la legislación de la Iglesia, ha multiplicado las fuerzas del mal, porque la jerarquía de la Iglesia misma ha asumido esa responsabilidad, cuando los que estaban a la cabeza decidieron asumir una reforma liberal, una revolución dentro de la Iglesia».

    Mons. Lefebvre.

    Ecce Christianus
    ALACRAN dio el Víctor.

  13. #53
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: El concilio del papa Juan

    «Pío IX decía, en tiempos del Concilio Vaticano I, que el concilio lo hacían el Espíritu Santo, los hombres y el diablo… Yo veo (…) en ciertas ambigüedades litúrgica y disciplinares (…), en el pluralismo teológico (…) la prescencia del “inimicus homo”, la obra de Satanás, es decir, de uno de los tres personajes que trabajaron en el Vaticano II»

    padre Gabriele Allegra, Ideo Multum tenemur Ei, cuaderno III, 23 de agosto de 1975.

    Ecce Christianus

  14. #54
    Avatar de Smetana
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    Re: El concilio del papa Juan

    Muchísimas gracias a todos muy queridos hermanos en Cristo, en verdad faltan palabras para expresar mi gratitud cariño y respeto a los activos miembros de ésta comunidad ciber-hispana, Góthico por el trabajo de subir los fragmentos del revelador libro y dar inicio a éste hilo, Donoso mil gracias por el archivo en pdf un gesto invaluable sin duda, Hyeronimus como siempre tus aportes interesantísimos y esclarificadores, siempre rectos, puros y sin necesidad de mayores adornos, y a todos los hermanos que han aportado cosas valiosas a este tema en particular y al foro en general. Espero tengan idea de la labor tan importante y provechosa que están realizando todos ustedes, para tanta y tanta gente de todos los rincones del planeta y especialmente de Hispanoamérica que como yo, hemos permanecido de la mas inmisericorde ignorancia sobre las verdades del concilio, del verdadero ecumenismo, del rito tridentino y en fin tantas y tantas cuestiones que uno ignoraba; mis mas sinceros agradecimientos por esta gran labor hermanos, deseo en verdad que el Señor los siga bendiciendo y guiando como sin duda hasta hoy lo ha estado haciendo, mis bendiciones y oraciones para ustedes defensores incansables de la Hispanidad y la Fe Verdadera, son una inspiración para que la gente como yo siga luchando de éste lado del Atlántico por estos mismos nobles ideales y la Santa Iglesia de Cristo. Paz y bien.
    ALACRAN y Pasiego dieron el Víctor.

  15. #55
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: El concilio del papa Juan

    LA PALABRA DE MONSEÑOR LEFEBVRE

    «He aquí una comparación que expresa bastante bien lo que hizo el Concilio Vaticano II. Imaginen ustedes 2500 médicos del mundo entero, reunidos en un enorme congreso. Como objetivo, quieren demostrar que es del todo inaceptable luchar constantemente contra la enfermedad. ¡No puede seguir así! Hemos combatido las enfermedades por siglos y siglos. Decidamos de una vez que la enfermedad es lo mismo que la salud, que la salud es la enfermedad. En consecuencia vamos a considerar a las personas enfermas como sanas, es lo mismo ¡ya no hay diferencia entre ellos! En consecuencia se acabará con todo, ya no serán necesarias ni las facultades de medicina, ni los médicos, ni los hospitales. La enfermedad es lo mismo que la salud.

    Pues es precisamente lo que hizo el Concilio Vaticano II, pero mucho peor, porque no se trataba de las enfermedades del cuerpo sino de las que afectan al alma. Ahora el error es lo mismo que la verdad, la virtud lo mismo que el vicio, y el vicio lo mismo que la virtud. No más lucha Ya no se debe combatir el error, luchar contra el vicio. Nos llevaremos bien con todo el mundo».

    S. E. R. Mons. Marcel Lefebvre. 14 de abril de 1978

    Ecce Christianus | He aquí el Cristiano. He aquí alguien llamado a batallar
    ALACRAN dio el Víctor.

  16. #56
    Manuel Barros está desconectado Miembro graduado
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    Re: El concilio del papa Juan

    Cita Iniciado por Hyeronimus Ver mensaje
    Pues es precisamente lo que hizo el Concilio Vaticano II, pero mucho peor, porque no se trataba de las enfermedades del cuerpo sino de las que afectan al alma. Ahora el error es lo mismo que la verdad, la virtud lo mismo que el vicio, y el vicio lo mismo que la virtud. No más lucha Ya no se debe combatir el error, luchar contra el vicio. Nos llevaremos bien con todo el mundo».

    S. E. R. Mons. Marcel Lefebvre. 14 de abril de 1978
    Excelentes observaciones sobre el tema. ¿Qué opináis, según lo antedicho, del papado de S.S. Juan XXIII? Michael Davis es bastante generoso en ese sentido.

  17. #57
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: El concilio del papa Juan

    Da qualificação teológica extrínseca do Vaticano II

    29.06.2013 – Na Festa dos Apóstolos S.Pedro e S.Paulo


    Arnaldo Xavier da Silveira


    O mundo gemeu, admirado por ver-se ariano” (São Jerônimo)


    · Para esta avaliação global do Vaticano II, expõem-se os conceitos de qualificação teológica “extrínseca” e de “heretizante”.
    · Os fieis têm obrigação de fugir não só da heresia, mas “mesmo daqueles erros que se aproximam mais ou menos da heresia” (Pio XII, Humani Generis).
    · Pode haver erro doutrinário em documento conciliar que não preencha as condições da infalibilidade definidas pelo Vaticano I.
    1] Nos últimos anos desenvolveram-se amplos estudos sobre o Vaticano II, em comemoração do cinquentenário de sua abertura, mas várias questões a ele relativas, mesmo de fundo, ainda permanecem em aberto. Uma delas é a qualificação teológica de seus documentos, isto é, a fixação dos conceitos técnicos que indicam em que medida eles se aproximam ou se afastam da Tradição católica. Analisando essa questão, em termos exclusivamente pessoais, abordarei também outros aspectos do Concílio que me parecem hoje relevantes.
    2] Na medida do possível, fujo aqui aos padrões acadêmicos, porque estou seguro de que não preciso demonstrar aquilo que está patente aos olhos do leitor a quem especificamente me dirijo, a saber, o católico de formação tradicional que acompanha os debates sobre o Vaticano II. Para os fins muito delimitados ora visados, entrar em filigranas técnicas e pretender provar, com aparato universitário, o que provado já está, seria desviar as atenções para pontos periféricos, abrindo o campo para debates meramente especulativos e de uma erudição supérflua. De toda forma, devem ser referidas as análises doutrinárias do eminente teólogo Mons. Brunero Gherardini, e a monumental obra histórica do professor Roberto de Mattei, especialmente seu livro, que já se tornou clássico, editado nas mais diversas línguas do mundo católico, Concilio Vaticano II – Una storia mai scritta, estudos esses certamente bem conhecidos pelos católicos fieis a quem sobretudo estas anotações são endereçadas.
    3] Nessa perspectiva, num primeiro capítulo se fixam as noções de qualificação teológica “extrínseca” de um texto, bem como de “heretizante”, porque qualquer imprecisão ou flutuação conceitual a esse respeito poderia desvirtuar as considerações que se seguem. Num segundo capítulo, comenta-se artigo recente do Cardeal Kasper, importante para a compreensão do estado atual dos estudos sobre o Vaticano II. Num terceiro capítulo, mostra-se que, apesar das manobras dos condutores do Concílio para fazer frente às arguições doutrinárias dos tradicionalistas, segundo os bons autores permaneceram desvios graves nos textos finais, tudo confluindo para a qualificação teológica extrínseca do Vaticano II como “heretizante”. E, na conclusão, eu me permitirei dirigir ao Papa Francisco um respeitoso e angustiado apelo.


    CAPÍTULO I ― Fixando os conceitos de “extrínseco” e de “heretizante”



    4] Como já referido no item 1 retro, qualifica-se teologicamente uma proposição ou um texto aplicando-lhes os conceitos técnicos que indicam em que medida eles se aproximam ou se afastam das normas da fé. As “notas teológicas” definem positivamente a proximidade de um enunciado com a fé, podendo assim haver uma simples opinião teológica, uma tese provável, ou certa, ou verdade de fé, etc. As “censuras teológicas” apontam o grau e o sentido em que uma proposição se afasta da boa doutrina, podendo ser, por exemplo, escandalosa, temerária, com sabor de heresia, favorecedora da heresia, até o extremo, herética.
    5] A qualificação teológica é “intrínseca” quando diz respeito a uma proposição ou a um texto em si, isto é, quando se consideram estritamente suas palavras e seu sentido literal, atribuindo-lhes com base nisso determinada nota teológica ou determinada censura.
    6] A qualificação teológica é “extrínseca” quando não considera a proposição ou o texto em si mesmos, mas sim em função de elementos outros, externos em relação a sua letra. Assim, por exemplo, hoje não é preciso analisar as palavras com que Leão XIII declarou inválidas as ordenações anglicanas, para saber que essa declaração é de fé eclesiástica, e para qualificá-la extrinsecamente como tal, mas para isso basta verificar que é esse o ensinamento moralmente unânime dos bons doutores há mais de um século. Outro exemplo: ainda que um teólogo, baseado em razões intrínsecas, entenda que os decretos das Congregações Romanas envolvem por si mesmos a infalibilidade, não pode atribuir a essa tese valor maior do que o de seus argumentos e de sua opinião pessoal, porque doutores de peso não a têm como teologicamente certa.
    7] Ao qualificar extrinsecamente uma proposição, um texto, um documento conciliar, ou o Vaticano II em seu conjunto, é necessário fixar com precisão qual o elemento “extrínseco” que está sendo tomado como base para a qualificação. Tal elemento pode ser o que dizem os grandes autores, e esse é o critério aqui adotado. Mas poderia também ser outro, como por exemplo o “evento” que cercou o Concílio. Fique bem claro que, no presente artigo, só se considera a qualificação teológica extrínseca do Vaticano II e de seus documentos, no todo ou em parte, em função do que os autores antimodernistas, em sua maioria, ou em sua quase totalidade, escreveram a respeito.
    8] Dado que o objeto deste estudo é a qualificação extrínseca dos documentos do Vaticano II, eventuais observações sobre a qualificação teológica intrínseca de seus textos, como a que consta no item 34-h, devem ser entendidas como ditas apenas colateralmente à matéria principal, não influindo no que nesta consta.
    9] Como regra geral, descabe ao teólogo pretender que outras pessoas sejam obrigadas a abraçar uma tese que ele tenha como intrinsecamente certa, mas que extrinsecamente não seja tida como tal. Essa regra vale para o padre em relação ao penitente no confessionário, como vale nos debates doutrinários e na prática da vida católica. É essencial, contudo, ter presente que, para a aferição do consenso extrínseco dos autores sobre um ponto doutrinário, não se haverá de considerar os teólogos que notoriamente se distanciam da ortodoxia católica. Assim, as doutrinas da transubstanciação e da virgindade biológica de Nossa Senhora não se tornam extrinsecamente incertas porque um teólogo progressista de realce as haja negado.


    Dos conceitos de herético e de heretizante


    10] Interpretação estrita dos textos heréticos – A propositura de um dogma aos fieis deve ser clara e isenta de dúvidas e imprecisões, deve ser certa e segura, como bem explana o teólogo jesuíta Pe. Sisto Cartechini: "Para que haja uma definição infalível, isto é, um dogma, é necessário que a matéria venha proposta de modo tal que dê absoluta certeza. Sem essa certeza, a definição viria a ter apenas o caráter de probabilidade; as mentes permaneceriam incertas e não poderiam aderir com fé incondicional como se exige no dogma” (Dall’Opinione al Domma, Roma, 1953). Simetricamente, também a acusação de heresia deve ter uma fundamentação estrita, e não larga, analógica ou genérica. Para que uma proposição possa dizer-se formalmente herética, deve contrapor-se de modo preciso e frontal a uma verdade de fé definida pelo Magistério extraordinário papal ou conciliar, ou pelo Magistério ordinário infalível. Se essa contraposição não é estrita, tem-se um texto próximo à heresia, ou com sabor de heresia, ou suspeito de heresia, ou favorecedor da heresia, ou merecedor de outra censura teológica, mas não se tem um texto herético em sentido próprio.
    11] Neologismos com a terminação “izar” - São muitas as palavras com a terminação izar que, sobretudo no último século, se têm introduzido nas línguas ocidentais. No português de hoje, um computador é inicializado; fala-se em política esquerdizante, socializante, liberalizante; um ato pode ser protestantizante ou modernizante; é possível infernizar alguém com críticas indevidas, ou eternizar um problema, ou agilizar um procedimento, ou viabilizar um projeto. Em todas essas expressões, a terminação izar e seus derivados carregam a noção de uma tendência para certo objetivo, de um desenvolvimento das coisas e das ideias em determinada direção, de um caminhar num sentido definido, ainda que não muito explícito. Baste um exemplo: uma medida esquerdizante não traz em si uma carga esquerdista expressa e evidente, não é propriamente esquerdista, mas leva para a esquerda direta ou indiretamente, embora de forma pouco percebida, talvez mesmo subliminar.
    12] O conceito de heretizante compreende todas as censuras teológicas que ficam abaixo da de heresia. Os autores indicam muitas delas, numa relação aberta, isto é, que admite a possibilidade de tipos não enumerados nos manuais. Assim, uma proposição pode ser qualificada como próxima à heresia, favorecedora da heresia, suspeita de heresia, com sabor de heresia, escandalosa, temerária, ofensiva aos ouvidos pios, etc. Nas presentes linhas, como já indicado, não procurarei aplicar a cada passagem do Concílio esta ou aquela censura teológica clássica, mas concentrarei minhas análises na noção genérica de heretizante.
    13] Não só a heresia se opõe à boa doutrina. Fique aqui bem claro que o católico fiel não há de rejeitar unicamente a proposição herética, mas toda aquela que merece alguma censura teológica, ainda que das mais brandas. Todos os graus das censuras teológicas envolvem, em medida maior ou menor, alguma oposição à doutrina católica, e portanto alguma heterodoxia. Como heterodoxo é aquilo que se afasta da boa doutrina, esse termo se aplica a toda a escala dos desvios em matéria de fé. É claro que, quanto mais grave a censura teológica que cabe a um texto, maior é o grau de repúdio com que se deve vê-lo. Mesmo uma proposição ofensiva aos ouvidos pios, por exemplo, não pode ser acolhida em consciência, nem subscrita por um fiel. Assim, os textos merecedores de toda a vasta gama das censuras inferiores à de heresia também não podem ser aceitos, uma vez que são em alguma medida heterodoxos. Como declara Pio XII, “por vezes se ignora, como se não existisse, a obrigação que têm todos os fiéis de fugir mesmo daqueles erros que se aproximam mais ou menos da heresia” (Humani Generis, de 12-8-1950, nº 18).


    CAPÍTULO II ― Artigo recente do Cardeal Kasper


    14] Dentre os estudos e pronunciamentos recentes sobre o Vaticano II, salienta-se aqui um artigo do Cardeal Walter Kasper. Nele ressaltam-se as passagens que têm importância para a qualificação teológica extrínseca dos documentos do Vaticano II. Aquele artigo apresenta ainda outras revelações preciosas sobre o Concílio, nas quais entretanto não me deterei, uma vez que não pretendo dele apresentar uma resenha, mas apenas destacar alguns pontos relevantes para a questão específica de que ora me ocupo.


    Artigo histórico sobre o Vaticano II


    15] L’Osservatore Romano de 12 de abril último publicou artigo do Cardeal Walter Kasper, intitulado “Um concílio ainda em caminho”, sobre a interpretação e recepção do Vaticano II. O autor nasceu em 1933 na Alemanha, onde estudou filosofia e teologia. Foi assistente de Hans Küng. Secretário especial do sínodo extraordinário dos Bispos de 1985, foi membro da Comissão Teológica Internacional. João Paulo II o nomeou Bispo de Rottenburg-Stuttgart em 1989, Cardeal em 2001, e a seguir presidente do Pontifício Conselho para a Promoção da Unidade dos Cristãos, cargo em que foi mantido por Bento XVI, de quem foi colega como professor de teologia. Em 2010 foi aceito seu pedido de renúncia, por limite de idade.
    16] Esse artigo do Cardeal Kasper assevera que a grande maioria dos Padres conciliares abraçou o otimismo do aggiornamento de João XXIII, e “quis acolher as demandas dos movimentos de renovação bíblica, litúrgica, patrística, pastoral e ecumênica, surgidos entre as duas guerras mundiais, começar uma nova página da história com o Judaísmo, carregada de agravos, e entrar em diálogo com a cultura moderna”. Diz: “Foi o projeto de uma modernização, que não queria nem podia ser modernismo”. Observe-se desde já que, extrinsecamente, segundo os estudos a que nos vimos referindo, trata-se, sim, de modernismo. E observe-se também que esses movimentos de entre-guerras são a nouvelle théologie, condenada por Pio XII por pretender “reformar completamente a teologia” e “diminuir o mais possível o significado dos dogmas”, “passando facilmente do desprezo da teologia escolástica ao pouco caso e até mesmo ao desprezo do próprio magistério da Igreja” (Humani Generis, nos 11, 14 e 18).
    17] No entanto, prossegue o artigo, “uma minoria influente opôs obstinada resistência a essa tentativa da maioria. O sucessor de João XXIII, Paulo VI, estava fundamentalmente na parte da maioria, mas tratou de engajar a minoria e, na linha da antiga tradição conciliar, de obter uma aprovação, o mais possível unânime, dos documentos conciliares (...). Conseguiu, mas pagou-se um preço. Em muitos pontos, teve-se de achar fórmulas de compromisso, nas quais, amiúde, as posições da maioria figuram imediatamente ao lado daquelas da minoria, pensadas para delimitá-las. Assim, os textos conciliares têm em si um enorme potencial de conflito, abrem a porta a uma recepção seletiva numa ou noutra direção”. Observe-se desde já a extraordinária importância dessa declaração do “enorme potencial de conflito” dos textos conciliares, em que constam as posições da dita maioria, ao lado das da minoria. No item 32 adiante, são apresentadas algumas observações sobre os conceitos de maioria e minoria segundo o Cardeal Kasper.
    18] A seguir, o artigo refere as tensões, os desentendimentos e a diversidade de interpretações que nasceram dessas “fórmulas de compromisso” dos documentos conciliares. Alude às reações de Mons. Lefèbvre e outros, que se opuseram às novas orientações “em parte por razões teológicas e, em parte também, porque alguns tinham nostalgia da sacralidade e da estética do rito em uso até então” (ver adiante, item 34-d). Diz que “alguns críticos consideram o Vaticano II, no contexto da história da Igreja, como uma desgraça e como a maior calamidade dos tempos recentes”. Mostra como os Papas procuraram ampliar as novas orientações constantes dos documentos conciliares: “a recepção oficial não permaneceu estática, mas, em parte, ultrapassou o Concílio”; “o primeiro passo oficial da recepção foi a reforma litúrgica: foi, sobretudo, a introdução do novo Missal”. E afirma que “tudo isso transformou positivamente, sob muitos aspectos, o rosto da Igreja tanto interna quanto externamente”. Salienta que, “de fato, nas primeiras duas décadas depois do Concílio, teve-se um êxodo de muitos sacerdotes e religiosos, em muitos âmbitos, conheceu-se um decaimento da prática eclesiástica ao lado de movimentos de protesto de sacerdotes, religiosos e leigos. O Papa Paulo VI falou de ‘fumaça de Satanás, entrada por alguma fresta no templo de Deus”.
    19] Saliente-se, pois, que o Cardeal Kasper admite expressamente que prevaleceu no Concílio a orientação no sentido “dos movimentos de renovação (...) surgidos entre as duas guerras mundiais”, e portanto da nouvelle théologie, e o faz com alguns detalhes que impressionam. Numa visão objetiva e desapaixonada, esse artigo, só por si, já permite entrever que o Vaticano II merece censura teológica grave, por constituir um amálgama, de “enorme potencial de conflito” da doutrina tradicional com novidades já condenadas.


    Algumas afirmações do Cardeal não são novas


    20] Não se há de exagerar a novidade do que diz o Cardeal Kasper no referido artigo de L’Osservatore Romano de 12-04-2013. A importância desse texto é marcada pela pessoa do seu autor, pela densidade histórica e doutrinária do conteúdo, pelo órgão que o divulgou. Mas não são poucos os outros trabalhos que têm revelado e comentado fatos que se inserem na mesma linha daquele artigo. Referimos alguns a seguir.
    21] Autor de aprofundados estudos sobre o Vaticano II, o professor Roberto de Mattei, o mais abalizado historiador católico de nosso tempo, declarou: As reivindicações da ala ‘jacobina’ (para exprimir-me em termos da Revolução Francesa) foram rejeitadas pela oposição da minoria conservadora que, aos poucos, foi-se organizando. Os documentos não corresponderam às expectativas dos progressistas mais audazes e foi graças a compromissos obtidos in extremis que é possível ao Papa hoje dizer que os documentos devem ser lidos à luz da Tradição” (Catolicismo, março de 2011, pág. 31).
    22] O jesuíta Pe. João Batista Libanio nasceu em 1932 em Belo Horizonte, tendo estudado no Brasil, na Alemanha e em Roma. Ligado à teologia da libertação, tem numerosos livros e artigos publicados. Em 2005, assim ele escreveu: “Paulo VI optara para que os textos conciliares só fossem aprovados com larga maioria. Não queria, de modo nenhum, dar a entender que havia facções antagônicas e que os documentos significavam a vitória de uma sobre a outra. Deviam manifestar para a Igreja e para o mundo que nasciam de uma comunhão de corações e mentes. Essa opção está na base dos compromissos linguísticos e permite e permitiu que depois do Concílio houvesse interpretações diferenciadas, apoiadas na literalidade do texto” (“Contextualização do Concílio Vaticano II e seu desenvolvimento”, Unisinos 2005, Pe. João Batista Libanio - Contextualização do Concílio Vaticano II e seu desenvolvimento, § “Paulo VI optara ...”).
    23] O Pe. René Laurentin nasceu na França em 1917. Mariologista de renome, professor e conferencista convidado em várias universidades européias e americanas, foi perito do Concílio, sobre o qual publicou vários trabalhos. Em 1966, escreveu que, no Vaticano II, “aqui e acolá se cultivava a ambiguidade como uma escapatória para oposições inextricáveis. Poder-se-ia dar uma longa lista de termos que incluem as tendências opostas, porque podiam ser vistos por ambos os lados, como jogos fotográficos nos quais se veem dois personagens diferentes na mesma imagem, conforme o ângulo em que se olhe. Por essa razão, o Vaticano II suscitou, e continuará suscitando, muitas controvérsias” (“L’enjeu et le bilan du Concile – Bilan de la quatrième session”, Seuil, Paris, 1966, p. 357).


    CAPÍTULO III ― Os textos controversos e o caráter heretizante do conjunto


    24] Há desvios doutrinários nos documentos do Vaticano II? Logo após o Concílio, os antimodernistas se dividiram a esse respeito. Alguns ali viam erros literais, outros não chegavam a tanto, ou hesitavam, ou fugiam à questão, e não poucos aceitavam plenamente os textos conciliares. E, como se explanará melhor no item 40 adiante, havia os que arguiam o princípio falso, mas aceito por certa escola teológica tradicional, de que Papas e Concílios não podem errar em seu magistério, mesmo quando não preenchidas as condições da infalibilidade fixadas pelo Vaticano I; e com base nisso entendiam, a priori e por uma suposta razão de fé, que no Vaticano II nada podia haver de censurável. Até hoje a mesma divisão de posições marca os meios antimodernistas.
    25] O sentido objetivo dos textos - Para quem examina objetivamente os pronunciamentos dos autores antimodernistas sobre os documentos conciliares nos últimos cinquenta anos, torna-se desde logo patente que a apontada variedade de entendimentos não advém de simples diversidade de regras de hermenêutica, mas do fato de que numerosas passagens do Vaticano II se prestam a interpretações diversas, e mesmo opostas entre si. É o que se depreende também do artigo do Cardeal Kasper. A tal ponto, que os próprios modernistas tiram dali o que bem entendem.


    Os quodammodos dos textos conciliares


    26] Por anos, antes, durante e após o Vaticano II, privei com D. Antonio de Castro Mayer (1904-1991), que foi Bispo de Campos, no Estado do Rio de Janeiro, de 1948 até 1981. Passados mais de vinte anos de seu falecimento, presto aqui testemunho, para a História, de algumas de suas posições perante o Concílio, e de sua perplexidade quanto a tomar, em face do modernismo dominante, uma postura inspirada em Santo Atanásio. Não cabe aqui analisar as atitudes extremas que S. Exa. afinal adotou, pois neste artigo busco apenas expor alguns aspectos do Vaticano II.
    27] Os “quodammodos - D. Antonio de Castro Mayer chamava a atenção para as expressões restritivas que acompanhavam sempre as novidades doutrinárias dos textos conciliares. Em todas as passagens que continham ou insinuavam ideias estranhas à doutrina católica, mostrava ele, lá estava uma palavra ou uma expressão que lhe atenuava o sentido literal. Podia ser o advérbio latino quodammodo, em português “de algum modo”, ou um sinônimo, ou uma perífrase equivalente, ou uma figura de linguagem que, da mesma forma, conferia ao texto censurável um quê de imprecisão, de indefinição ou de confusão, que permitiria dizer que naquela passagem não havia, literal e formalmente, um erro ou uma heresia. Podia ser, ao inverso, uma expressão ambígua ou suspeita que restringia o sentido de uma proposição ortodoxa. De toda forma, o que sempre caracteriza esses “quodammodos”, como aqui os denomino, é tornar confusa a doutrina exposta, misturando a verdade com o erro.
    28] Três exemplos simples mostram no que consistia, segundo o então Bispo de Campos, essa manobra semântica:
    a. No número 22 da Gaudium et Spes, lê-se que “por sua Encarnação o Filho do Homem uniu-se de algum modo [quodammodo] a todo homem” onde a expressão “de algum modo” introduz uma nota de imprecisão e indefinição que dificulta a acusação de panteísmo modernista segundo o qual Nosso Senhor se teria unido hipostaticamente a todo homem.
    b. O número 9 da Lumen Gentium diz que a Igreja de Cristo “subsiste na” Igreja Católica, passagem essa em que o “subsistir em” faria as vezes do quodammodo, tornando confuso e ambíguo o dogma de que a Igreja Católica é a única Igreja de Cristo, pois “subsistit in”, “subsiste em”, poderia ser interpretado como “quodammodo est”, “de algum modo é”, ou mesmo como “é”, sem mais.
    c. A Lumen Gentium, com passagem inaceitável sobre a colegialidade episcopal, foi publicada com uma “nota prévia” oficial que restringia de forma insuficiente o sentido heterodoxo do texto, exercendo assim a função de quodammodo.
    29] Em substância, a operação quodammodos já havia sido no passado denunciada por alguns antimodernistas. Em vista das palavras do Cardeal Kasper, fica claro que essa operação foi planejada, como manobra para contornar a “oposição obstinada” da “minoria influente”, isto é, dos defensores da boa doutrina. Não se tratava, de modo algum, de atender às instâncias dos tradicionalistas, como eram então denominados, mas de disfarçadamente ladeá-las, podendo-se por isso falar no engodo dos quodammodos. Não se pretende aqui investigar as intenções dos condutores do Concílio, pois só a Deus cabe julgá-las, mas não se pode deixar de constatar, singela e objetivamente, que esse recurso foi aplicado de maneira sistemática e programada.
    30] Numa apreciação extrínseca da matéria, não se diga que essas manobras redacionais davam àquelas passagens um sentido ortodoxo. Não é isso, de forma alguma. A posição dominante dos autores antimodernistas indica que essas manobras apenas atenuavam ou confundiam o sentido dos textos modernizantes, de modo a dificultar sua qualificação como literal e formalmente heréticos. O Cardeal Kasper agora afirma que Paulo VI conseguiu “engajar” a minoria tradicionalista, mas para tal “pagou-se um preço”, com “fórmulas de compromisso”, em que “as posições da maioria figuram imediatamente ao lado daquelas da minoria, pensadas para delimitá-las”. Torna-se assim manifesto que, sempre numa avaliação extrínseca, essa limitação não tornava ortodoxos os textos controvertidos, mas debilitava seu sentido, afastando ou dificultando as censuras teológicas mais graves, e bloqueando as reações sadias que pudessem surgir.
    31] Prática desonesta e ardilosa – No livro “O Reno se lança no Tibre” (Ed. Permanência, Rio de Janeiro, 2011, pp. 244-245), o Pe. Ralph Wiltgen S.V.D. narra que já durante a segunda sessão do Concílio o Pe. Schillebeeckx dissera a um especialista da Comissão de Teologia que se sentia irritado ao ver que determinado esquema adotava o ponto de vista liberal-moderado, quando ele, pessoalmente, era favorável ao ponto de vista liberal-extremo. O especialista lhe teria respondido: “Nós nos exprimimos de modo diplomático, mas depois do Concílio tiraremos do texto as conclusões que estão nele implícitas”, e o Padre Schillebeeckx teria qualificado essa tática como “desleal”. Parafraseando o dito de Corneille (Polyeucte, act. 1, cena 1)’, “ce qu’il ne peut de force, il l’entreprend de ruse” (“o que não pode pela força, ele busca pelo ardil”), dir-se-ia: o que não conseguiram pela força da argumentação teológica, os modernistas lograram obter, em parte, pela manha.
    32] No artigo do Cardeal Kasper lê-se que a maioria dos Bispos abraçara “o otimismo do aggiornamento”. Essa ideia não exprime a realidade inteira. Grande parte dessa maioria tinha raízes tradicionais profundas, o que fica bem caracterizado em manifestações anteriores à abertura do Concílio e na primeira sessão, por exemplo nas petições pela definição de dogmas marianos e pela condenação do comunismo. Foi notável a atuação do Coetus Internationalis Patrum, cujos Bispos, juntamente com outros, ergueram-se durante o Concílio contra os desvios doutrinários que vinham sendo propostos, provocando a aqui chamada operação quodammodos, como confirma o Cardeal Kasper. Se a reação antiprogressista, então nascente, não se tivesse arrefecido, mas os denominados tradicionalistas houvessem compreendido que permaneciam graves desvios doutrinários nos novos textos propostos, poderia ter tomado corpo uma corrente conservadora com número e prestígio suficientes para barrar o caminho ao modernismo triunfante. Cientes disso, os progressistas preocupavam-se sem dúvida com a oposição da minoria tradicionalista, mas se preocupavam mais ainda em evitar que despertassem, com um zelo pela fé que poderia surpreender, os Bispos conservadores que permaneciam calados, ou na verdade atônitos, na maioria amorfa.
    33] Considerando o que vai aqui enunciado, digo:
    Que numerosos e sólidos estudos antimodernistas do último meio século, bem conhecidos em todo o orbe, especialmente pelos católicos zelosos da fé, provam desvios doutrinários graves em passagens do Vaticano II;
    Que esses desvios são qualificados por poucos como heresias formais, mas apontados por praticamente todos aqueles estudos como ofensivos à fé católica;
    Que são igualmente apontados como confluindo todos para o vórtice modernista;
    Que, assim sendo, considero correto e proponho, in sede doctrinaria, seja o Vaticano II extrinsecamente qualificado como “heretizante”.
    34] Explano mais circunstanciadamente os vários tópicos dessa declaração do item anterior:
    a. Considerando o que vai aqui enunciado ─ O que consta, em forma sintética, nesse item 33, deve ser entendido no sentido de tudo mais que se expõe no presente artigo.
    b. Digo ─ Repito que sustento em nome estritamente pessoal o que a seguir enuncio, mas fique claro que o faço em termos firmes, não como mera impressão subjetiva, e que assumo toda a responsabilidade pelo que aqui digo.
    c. Numerosos e sólidos estudos antimodernistas do último meio século provam desvios doutrinários graves em passagens do Vaticano II ─ Para o fim que ora se tem em vista, não são aqui considerados os trabalhos modernistas, que não podem ser tidos como verdadeiramente católicos.
    d. Tais estudos são bem conhecidos em todo o orbe, especialmente pelos católicos zelosos da fé ─ É dispensável referir esses numerosos e brilhantes estudos, por serem conhecidos à farta, em especial pelos fieis ciosos da Tradição católica. Uma análise intrínseca dos textos conciliares que eu hoje redigisse seria apenas uma a mais, que nada diria, por exemplo, à alta autoridade romana que recentemente instou os lefebvristas a deporem armas, invocando apenas a caridade que une, como se a matéria não envolvesse graves questões de fé. Note-se que essa postura lembra a “nostalgia” (item 18 retro) na qual o Cardeal Kasper parece ver uma razão meramente sentimental que teria levado muitos a não aceitar o Concílio.
    e. Esses tópicos são qualificados por poucos como heresias formais, mas apontados por praticamente todos aqueles estudos como ofensivos à fé católica ─ Nos escritos antimodernistas sérios não é frequente encontrar a acusação literal de heresia aos documentos conciliares. O que em geral ali se lê é a acusação de incompatibilidade do texto conciliar com a doutrina católica, o que cabe também às proposições próximas da heresia, favorecedoras de heresia, e ainda àquelas passíveis de censuras menos graves, caracterizando-se assim a censura genérica de heretizante.
    f. Os mencionados desvios são igualmente apontados como confluindo todos para o vórtice modernista ─ Também isso fica claro, às escâncaras, nos aludidos estudos sobre o Concílio, dispensando-se aqui quaisquer referências acadêmicas a respeito.
    g. Assim sendo, considero correto e proponho, in sede doctrinaria ─ É indispensável e urgente que o Vaticano II seja rotulado com a censura teológica extrínseca que lhe cabe, tendo-se para isso em vista o procedimento descrito pelo Cardeal Kasper, que constitui uma manobra desleal e confusionista a ser desmascarada.
    h. Seja o Vaticano II extrinsecamente qualificado como “heretizante” ─ Embora só trate aqui, ex professo, da qualificação teológica extrínseca do Concílio, não posso deixar de dizer, de passagem, que em análise intrínseca entendo que os quodammodos a tal ponto tornaram escorregadios os textos censuráveis, que não restou nenhum herético, com a clareza necessária para ser assim formalmente qualificado, sobre o que eu talvez escreva em breve.
    35] “Abyssus abyssum invocat” - Os autores antimodernistas veem, nas passagens heretizantes do Vaticano II, abismos que chamam outros abismos. Apontam eles que ao homem moderno, mesmo à maior parte dos católicos, a modernidade atrai, com seu materialismo, com seu laicismo, com sua dessacralização de todas as coisas, com sua perda da noção do pecado, do inferno etc. No campo teórico, as novas doutrinas conciliares convidam o estudioso a abraçar o pensamento moderno, a se inserir no mundo relativista da intelectualidade de nossos dias. No campo prático, as posturas conciliares, o chamado “espírito do Concílio”, o modo como a mídia o apresenta sem efetiva oposição por parte das autoridades eclesiásticas, tudo conspira no sentido de uma nova concepção do mundo e de uma nova moral libertária, incompatíveis com a Revelação. Na linha do que afirmam ditos autores, um exemplo singelo basta: se todas as religiões são boas e salvam, por que se há de aceitar os princípios católicos em matéria sexual, que várias religiões não cristãs ou ditas cristãs julgam superados e negam?
    36] O que há de bom e correto ─ Como é evidente, segundo os mesmos autores antimodernistas nem todas as passagens do Vaticano II são merecedoras de censura teológica, tanto mais quanto são ali reafirmados dogmas definidos anteriormente e um sem-número de princípios de doutrina católica. Ocorre entretanto que, em geral, mesmo essas verdades da Tradição são apontadas como formuladas nos documentos conciliares em termos não escolásticos, mas em linguagem e contextos modernizantes. É particularmente importante sublinhar que aqueles autores indicam como inaceitáveis todas as novidades doutrinárias específicas do chamado aggiornamento do Vaticano II.


    Paralelo com o que ocorre com a Missa nova


    37] Da não aceitação do Ordo de 1969 - Em Considerações sobre o “Ordo Missae de Paulo VI, dado a público em 1970 (ver neste site), abstive-me de indicar a censura teológica que eu atribuiria a cada passagem. Apontar uma censura específica para cada texto pouco esclareceria, podendo pelo contrário suscitar dúvidas e debates sem fim, talvez academicamente válidos mas na prática desgastantes e improfícuos. Por isso afirmei apenas, de forma genérica, que o Ordo de Paulo VI não podia ser aceito pelo católico fiel, como ainda hoje afirmo.
    38] Do sentido dessa não aceitação - Com efeito, escrevi então que “em vista das considerações apresentadas impõe-se a conclusão de que não se pode aceitar a nova Missa. (...) É mister deixar bem claro que as restrições que fazemos aos diversos tópicos da nova Missa não são todas de igual importância. Ao longo do trabalho procuramos sempre exprimir qual o sentido e o alcance exatos de cada observação que fazíamos ao ‘Ordo’ de 1969. Mas, tomadas em seu conjunto, essas observações convergem num sentido único, o que faz com que o todo mereça restrições mais graves do que cada parte passível de reservas. (...) Perguntamo-nos (...) em que medida o (...) princípio da autoridade nos obriga a aceitar ou a rejeitar, segundo a mais pura doutrina católica, a nova liturgia da Missa. E foi com base nesses pressupostos que nos vimos forçados a concluir que, por amor à própria Igreja e à fé recebida de nossos maiores, é necessário dizer non possumus” (Considerações ..., pg. 168).
    39] Hoje, à semelhança do que escrevi sobre a Missa nova, e restringindo-me a uma apreciação extrínseca, digo que o Vaticano II não pode ser aceito pelo católico fiel. E acrescento que aos documentos conciliares, e portanto ao próprio Concílio, cabe a qualificação teológica extrínseca de “heretizantes”.
    40] Da possibilidade de erro em documentos conciliares. - Durante o Vaticano II e logo após, muitos antimodernistas, mesmo Padres conciliares e doutores dos mais acatados, viram-se forçados a indagar se deviam aceitar incondicionalmente os documentos promulgados pelo Concílio. Essa questão de consciência se punha de forma aflitiva, sobretudo em razão de uma concepção inflacionada da infalibilidade da Igreja, defendida por certa escola teológica, segundo a qual um ensinamento papal ou conciliar jamais poderia conter erro, mesmo quando não preenchidas as condições da infalibilidade fixadas no Vaticano I. Ainda hoje há quem defenda essa tese equivocada, que tenho qualificado como da ”infalibilidade monolítica” (ver, neste site, o artigo“Infalibilidade monolítica e divergências entre antimodernistas”). Entre os teólogos fieis à Tradição, no entanto, vem-se firmando cada vez mais a doutrina contrária, com base na resistência de São Paulo a São Pedro, e em argumentos históricos e teológicos de monta.


    CONCLUSÃO ― Apelo filial ao Soberano Pontífice


    41] Falo aqui in sede stricte doctrinaria, propondo e submetendo aos estudiosos da matéria, e sobretudo àsautoridades da Santa Igreja, ideias que julgo hoje necessário proclamar em defesa da Fé. E reitero que falo em nome exclusivamente pessoal, pois para isso não tenho mandato de nenhuma entidade e de nenhum fiel. As considerações que formulo têm apenas a força dos fatos e demais pressupostos em que as baseio, e dos argumentos que aduzo.

    42] Em vista do exposto, dirijo um respeitoso e filial apelo ao Papa Francisco para que compreenda que os verdadeiros antimodernistas são seus seguidores mais fiéis, desejosos de acatar em tudo seus ensinamentos e mandados; mas não permita lhes seja ordenado, como há tempos vem ocorrendo, o que a consciência católica não pode aceitar por se opor à Verdade, à Tradição, à doutrina de sempre. Que não se lhes diga, sem as distinções elaboradas pela escolástica, que fora da Igreja pode haver salvação. Que não se lhes ensine que o protestantismo é uma modalidade diferente e aceitável de viver o Cristianismo. Que não sejam eles equiparados aos fundamentalistas muçulmanos. Que não se tolere que o Cardeal Arcebispo de Havana continue sendo colaboracionista do regime comunista que escraviza Cuba. Prostrado aos pés de Maria, Auxilium Christianorum, peço ao Sucessor de São Pedro que corte os passos à manobra esboçada pelo Prefeito da Congregação para a Doutrina da Fé ao rotular como hereges os antimodernistas que têm fundadas e graves reservas em relação a um Concílio extrinsecamente qualificável como heretizante.

    SPES - Santo Tomás de Aquino: Da qualificação teológica extrínseca do Vaticano II

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    Re: Respuesta: El concilio del papa Juan

    PEQUENO CATECISMO SOBRE O CONCÍLIO VATICANO II

    Por um Noviço do Mosteiro da Santa Cruz
    Primeira Parte

    1 - O QUE FOI O CONCÍLIO VATICANO II?

    O Concílio Vaticano II foi o 21 Concílio Ecumênico da história da Igreja Católica e segundo que se fez no Vaticano, realizado de 1962 a 1965. Foi, em numero de participação, a maior concentração de Padres Conciliares reunidos na Basílica de São Pedro. Mas quantidade não é sinônimo de qualidade, tão pouco de verdade. Pois esse Concílio foi à vitória do Modernismo[1].

    2 - QUEM FEZ A ABERTURA DO CONCÍLIO VATICANO II?

    Quem fez o anuncio da convocação do Concílio Vaticano II, em 25 de janeiro de 1959 no Mosteiro beneditino de São Paulo Extramuros aos 17 Cardeais, três meses depois de assumir o pontificado (já que ele assumiu como pontífice dia 28 de Outubro de 1958), e o inaugurou, ou seja, fez sua abertura, foi o papa João XXIII em 11 de Outubro de 1962, quarto ano de seu pontificado. Oficialmente, a Constituição “Humanae salutis” de 25 de Dezembro de 1961 anunciou a convocação para Outubro de 1962. Assim, o motu próprio “Consilium” de 2 de Fevereiro de 1962 estabeleceu o inicio para 11 de Outubro de 1962. Precisamente, essas são as datas fixas do nascimento do Concílio Vaticano II.

    3 - QUANTAS SESSÕES TEVE O CONCÍLIO VATICANO II?
    O Concílio Vaticano II teve no decorrer de seus quatro anos, quatro sessões:[2]
    A Primeira Sessão – de 11 de Outubro a 8 de Dezembro do ano de 1962
    A Segunda Sessão – de 29 de Setembro a 4 de Dezembro do ano de 1963
    A Terceira Sessão – de 14 de Setembro a 21 de Novembro do ano de 1964
    A Quarta Sessão – de 14 de Setembro a 8 de Dezembro do ano de 1965

    4 - QUEM FEZ O ENCERRAMENTO DO CONCÍLIO VATICANO II?

    Quem fez a celebração do encerramento do Concílio Vaticano II foi o papa Paulo VI em 8 de Dezembro de 1965, sucessor de João XXIII que devido a sua morte em 3 de Junho do ano de 1963, deu continuidade e finalidade ao Concílio.

    5 - QUANTAS PESSOAS PARTICIPARAM DO CONCÍLIO VATICANO II?

    Dos Padres Conciliares, teve mais de dois mil bispos reunidos. Fala-se de 2.400 [3]

    6 - O CONCÍLIO VATICANO II FOI UM CONCÍLIO PASTORAL OU DOGMÁTICO?

    O Concílio Vaticano II foi um concílio meramente pastoral, o próprio papa João XXIII expressou esse desejo na sua alocução de abertura de não querer dogmatiza nada do que nele fosse apresentado, ou seja, não quis usar da infalibilidade nos documentos promulgados, logo, a aplicação de seus ensinamentos não é infalível. Sendo apenas instruções, diretrizes oferecidas ao campo da vida pastoral da Igreja.

    Vejamos o que disse João XXIII no seu discurso de abertura em não querer dogmas no Concílio:

    “A finalidade principal deste Concílio não é, portanto, a discussão de um ou outro tema da doutrina fundamental da Igreja, repetindo e proclamando o ensino dos Padres e dos Teólogos antigos e modernos (...). Para isso não havia necessidade de um Concílio. (...) o espírito cristão, católico e apostólico do mundo inteiro espera um progresso na penetração doutrinal e na formação das consciências, é necessário que esta doutrina certa e imutável (...) seja aprofundada e exposta de forma a responder as exigências do nosso tempo. Uma coisa é a substância do “depositum fidei” (...) e outra é a formulação com que são enunciadas (...). Será preciso atribuir importância a esta forma e, se necessário, insistir com paciência, na sua elaboração (...), cujo caráter é prevalentemente PASTORAL”.[4]

    Recorramos as perguntas do número 26 do livro de Pe. Matthias Gaudron:[5]

    Em que o Vaticano II difere dos Concílios anteriores?

    O Concílio Vaticano II declarou não querer ser mais que um “Concílio pastoral”, que não define as questões de Fé, mas dá diretrizes pastorais para a vida da Igreja. Renunciou á definição de dogmas e assim, á infalibilidade que pertence a um Concílio. Seus documentos não são, portanto, infalíveis.

    Nunca houve, então, outro Concílio “pastoral” antes do Vaticano II?

    Todos os Concílios da Igreja foram pastorais. Mas o foram definindo os dogmas: desmascarando os erros; defendendo a Doutrina Católica; e lutando contra as desordens disciplinares e morais. A originalidade do Vaticano II foi á de querer ser “pastoral” de uma maneira nova, recusando-se a definir dogmas, a condenar os erros, e mesmo a apresentar a Doutrina Católica de modo defensivo.

    O Vaticano II não promulgou documentos dogmáticos?

    O Vaticano II promulgou dezesseis textos: nove decretos, três declarações e quatro constituições. Dentre estas, duas são ditas “Constituições Dogmáticas”: Lumem gentium (sobre a Igreja) e Dei verbum (sobre a Revelação). Isso não significa que tenham proclamado dogmas ou que sejam infalíveis, mas apenas que tratam de uma matéria referente ao dogma. O Vaticano II se recusou a definir o que quer que seja de modo infalível; Paulo VI o sublinhou explicitamente em 12 de Janeiro de 1966, algumas semanas após o seu encerramento:

    “Tendo em vista o caráter pastoral do Concílio, este evitou proclamar de modo extraordinário dogmas dotados da nota de infabilidade”.

    A “pastoralidade” do Vaticano II caracteriza-se pela adaptação da Igreja ao nosso tempo?

    Todos os Concílios adaptaram a Igreja ao seu tempo. Mas o fizeram anatematizando os erros do dia; punindo os desvios morais ou disciplinares da época; armando a Igreja contra seus inimigos. A adaptação não visava a se conformar ao século, mas a melhor resistir-lhe. Não se tratava de agradar ao mundo, mas de o confrontar e de o vencer, para agradar a Deus. João XXIII e Paulo VI procuraram, ao contrario, tornar a Igreja Católica sedutora para o homem moderno.

    João XXIII e Paulo VI exprimiram essa intenção?

    João XXIII declarou em 14 de fevereiro de 1960:

    “O fim primeiro e imediato do Concílio é o de apresentar ao mundo a Igreja de Deus, no seu perpetuo vigor de vida e de Verdade, e com sua legislação adaptada ás circunstâncias presentes, de modo a ser sempre mais conforme á sua divina missão e estar mais pronta as necessidades de hoje e de amanhã. Em seguida, se os irmãos que se separaram e que ainda estão divididos entre si virem se concretizar o comum desejo de unidade, poderemos lhes dizer então, com uma viva emoção: é a vossa casa; a casa daqueles que trazem o sinal de Cristo”.[6]

    O Cardeal Montini, futuro Paulo VI, declara, em abril de 1962:

    “A Igreja se propõe, pelo próximo Concílio, a entrar em contato com o mundo (...) Ela se esforçará para ser (...) amável em sua linguagem e na sua maneira de ser”.

    E, durante o Concílio, Paulo VI, afirmava, na sua encíclica Ecclesiam Suam:

    “A Igreja poderia se propor a realçar os males que podem se encontrar no mundo, a pronunciar anátemas e suscitar cruzadas contra eles (...); parece-nos, ao contrário, que a relação da Igreja com o mundo (...) pode se exprimir melhor sob a forma de um dialogo” (80).

    O Vaticano II se quis, desde o inicio, portanto, como um Concílio de abertura a de diálogo?

    De fato, os membros da Comissão Preparatória estabelecida por João XXIII pensavam dever organizar um Concílio normal. Tiveram um enorme trabalho para esboçar esquemas que pudessem servir de base aos debates conciliares. Mas, durante esse tempo, o Secretário para a Unidade dos Cristãos, igualmente estabelecido por João XXIII (em junho de 1960), trabalhava num outro sentido. Finalmente, a verdadeira intenção de João XXIII prevaleceu: no inicio do concílio, livrara-se dos esquemas preparatórios, julgados demasiado “doutrinais”, e o Concílio se comprometeu com a via preparada pelo Secretariado para a Unidade.

    Que conclusões se pode tirar dessa política de abertura levada a cabo pelo Concílio Vaticano II?

    Percebe-se claramente que o Concílio vaticano II não foi um Concílio como os demais. Os textos que promulgou, fruto de um “diálogo” com o mundo, são mais textos diplomáticos ou “publicitários” (destinados a dar uma boa imagem a Igreja) do que textos magisteriais (ensinando com autoridade e precisão Verdades da Fé). Nenhum dos textos conciliares é, de si, infalível.

    O Vaticano II não foi infalível enquanto órgão do Magistério Ordinario?

    Alguns pretendem que, mesmo que o Vaticano II não tenha produzido atos de Magistério Extraordinário, a infalibilidade pertencer-lhe-ia enquanto órgão do Magistério Ordinário Universal, porque quase todos os bispos do mundo nele se fizeram presentes. Além disso – dizem – o ecumenismo e a liberdade religiosa são ensinados hoje pelos bispos do mundo inteiro, o que equivale também ao exercício do Magistério Ordinário Universal, que é infalível.

    Porém essa argumentação está viciada. O Vaticano II, Concílio “pastoral”, recusou a comprometer sua autoridade para definir o que quer que fosse; não impôs a liberdade religiosa e o ecumenismo como Verdades de Fé, por isso escapando ao Magistério Extraordinário. Mas, de uma cajadada só, escapou também do Magistério Ordinário infalível. Pois não pode haver infalibilidade se os bispos não certificam, com autoridade, que o ensinamento que dispensam pertence ao Depósito da Fé (ou é-lhe necessariamente ligado) e que deve ser tido como imutável e obrigatório.[7]

    As autoridades atuais da Igreja reconhecem a não infalibilidade do Vaticano II?

    O Vaticano II não foi infalível, foi o que afirmou expressamente o Cardeal Ratzinger em 1988, dizendo:

    “A verdade é que o Concílio, ele mesmo, não definiu nenhum dogma e procurou se situar num nível mais modesto, simplesmente como um Concílio pastoral. apesar disso, numerosos são aqueles que o interpretam como se se tratasse de um ‘superdogma’ que sozinho tem a importância”[8]. [9]

    Por que as autoridades se apegam tanto ao Concílio, já que reconhecem que ele não é infalível?

    De fato, o Vaticano II é, desde a origem, objeto de um jogo desonesto. Durante o Concílio, insistiu-se sobre seu caráter pastoral para evitar se exprimir com precisão teológica; mas, depois, deseja-se lhe dar uma autoridade igual ou mesmo superior àquela dos Concílios anteriores. Esse jogo desonesto foi denunciado por um dos participantes do Concílio, Mons. Lefebvre, a partir de 1976:

    “É preciso, então, desmitificar este Concílio, que eles quiseram pastoral em razão de seu horror instintivo pelo dogma e para facilitar a introdução oficial de idéias liberais em um texto eclesiástico. Mas, terminada a operação, dogmatizaram o Concílio, o compararam ao de Nicéia, o pretendem semelhante aos outros, senão superior!”[10]. [11]

    7 – O QUE PODEMOS PRESUMIR?

    Podemos presumir que, se o próprio Concílio não definiu dogmas em matéria de fé e moral, seus documentos não são dogmáticos, não têm caráter dogmático. Isso vale de modo claro, de modo evidente a todas as suas constituições. Ou seja, todos os documentos do Concílio não são infalíveis, são falíveis, podem falhar. Nenhum está inseto de ter erros.

    Segunda Parte

    8 – QUANTOS DOCUMENTOS EXATAMENTE O CONCÍLIO VATICANO II PROMULGOU?

    O Concílio Vaticano II promulgou: 16 documentos – entre eles; 4 constituições, 9 decretos e 3 declarações.

    9 – QUAIS FORAM OS DOCUMENTOS PROMULGADOS PELO CONCÍLIO VATICANO II?

    Os Documentos foram:

    Das Constituições

    1 – Constituição sobre a Sagrada Liturgia “Sacrosanctum Concilium” (SC), 4 de Dezembro de 1963.

    2 – Constituição Dogmática sobre a Igreja “Lumen Gentium” (LG), 21 de Novembro de 1964.

    3 – Constituição Dogmática sobre a Revelação divina “Dei Verbum” (DV), 18 de Novembro de 1965.

    4 – Constituição pastoral sobre a Igreja no mundo contemporâneo “Gaudium Spes” (GS), 7 de Dezembro de 1965.

    Dos Decretos

    1 – Decreto sobre as Igrejas Orientais “Orientalium Ecclesiarum” (OE), 21 de Novembro de 1964.

    2 – Decreto sobre o ecumenismo “Unitatis redintegratio” (UR), 21 de Novembro de 1964.

    3 – Decreto sobre a atividade missionária da Igreja “Ad Gentes” (AG), 7 de Dezembro de 1965.

    4 – Decreto o múnus pastoral dos bispos na Igreja “Christus Dominus” (CD), 28 de Outubro de 1965.

    5 – Decreto sobre o ministério e a vida dos presbíteros “Presbyterorum Ordinis” (PO), 7 de Dezembro de 1965.

    6 – Decreto sobre a atualização dos religiosos “Perfectae Caritatis” (PC), 28 de Outubro de 1965.

    7 – Decreto sobre a formação sacerdotal “Optatam Totius” (OT), 28 de Outubro de 1965.

    8 – Decreto sobre o apostolado dos leigos “Apostolicam Actuositatem” (AA), 18 de Novembro de 1965.

    9 – Decreto sobre os meios de comunicação social “Inter Mirifica” (IM), 4 de Dezembro de 1963.

    Das Declarações

    1 – Declaração sobre as relações da Igreja com as religiões não-cristãs “Nostra Aetate” (NA), 28 de Outubro de 1965.

    2 – Declaração sobre a liberdade religiosa “Dignitatis Humanae” (DH), 7 de Dezembro de 1965.

    3 – Declaração sobre a educação cristã “Gravissimum Educationis” (GE), 28 de Outubro de 1965.

    10 – QUAIS OS PRINCIPAIS DOCUMENTOS QUE CONTRADIZEM A DOUTRINA CATÓLICA E OS ENSINAMENTOS DOS PAPAS ANTERIORES AO CONCÍLIO VATICANO II?

    Praticamente todos os documentos têm um ou outro erro incompatível com a Doutrina Católica. Por que neles se vomita uma noção que não é católica, de um espírito não-católico. Esse espírito é o espírito liberal, modernistas, progressista da Igreja Conciliar, oriunda do Vaticano II. É verificável que nenhum texto do Vaticano II escape de um erro, eles são ambíguos, equivocados, contrários aos ensinamentos tradicionais em muitos pontos. Mas, em evidência, os principais documentos que contradizem os ensinamentos da Doutrina Católica e dos Papas anteriores ao Concílio ( ou seja, Gregório XVI, Pio IX, S. Pio X, Leão XIII, Pio XI, etc.) são: Constituição Dogmática sobre a Igreja “Lumen Gentium”, Constituição pastoral sobre a Igreja no mundo contemporâneo “Gaudium Spes”, Decreto sobre o ecumenismo “Unitatis redintegratio”, Declaração sobre a liberdade religiosa “Dignitatis Humanae”, Declaração sobre as relações da Igreja com as religiões não-cristãs “Nostra Aetate”. Lembremo-nos que esses são apenas alguns focos (os mais ruins, os piores) dos documentos do Concílio, mas tem muitos outros que estão estragados e ainda outros que estão liberalmente podres.

    11 – QUANTAS FORAM E QUAIS FORAM AS PRINCIPÁIS QUESTÕES DISCUTIDAS NO CONCÍLIO VATICANO II, OU SEJA, AS MAIS IMPORTANTES E PROBLEMÁTICAS?

    As principais questões que se discutiram no Concílio Vaticano II, também as que foram mais importantes e problemáticas, foram três – A liberdade religiosa, o ecumenismo e a colegialidade episcopal, sendo as duas primeiras mais nocivas e perigosas a Doutrina Católica.

    12 – O QUE SIGNIFICA CADA UMA DELAS?

    Sobre a liberdade religiosa:

    O que ensina o Vaticano II sobre a liberdade religiosa? A declaração do Vaticano II sobre a liberdade religiosa, Dignitatis Humanae (n. 2), afirma:

    Este Concílio Vaticano declara que a pessoa humana tem direito á liberdade religiosa. Essa liberdade consiste no seguinte: todos os homens devem estar livres de coação, quer por parte dos indivíduos, quer dos grupos ou de qualquer autoridade humana; e de tal modo que, em matéria religiosa, ninguém seja forçado a agir contra a própria consciência, nem impedido de proceder segundo a mesma, em privado e em publico, só ou associado com outros, dentro dos devidos limites.[12]

    Como o Vaticano II justifica a liberdade religiosa?

    O decreto sobre a liberdade religiosa funda-se sobre a dignidade da pessoa humana: “O Concílio declara, além disso, que o direito á liberdade religiosa tem seu fundamento na dignidade da pessoa humana, tal como a fizeram conhecer a Palavra de Deus e a razão mesma".[13] [14]

    Sobre o ecumenismo:

    O que se entende por ecumenismo?

    O nome ecumenismo designa o movimento que teve origem no século XIX entre os não católicos e que tem por objetivo a colaboração e a aproximação das diversas confissões do Conselho Ecumênico de Igrejas.[15]

    O mesmo contorno de espírito conduziu, em seguida, a aproximar-se das religiões não cristãs. É o que se chama diálogo inter-religioso.[16]

    Qual foi a atitude da Igreja para com esse movimento ecumênico?

    No inicio, a Igreja Católica claramente tomou distancia. Só na época do Concílio Vaticano II é que o ecumenismo a integrou oficialmente.[17]

    O Vaticano II tratou do ecumenismo e do diálogo inter-religioso?

    O Vaticano II consagrou ao ecumenismo um decreto especial, intitulado Unitatis redintegratio. Promulgou também a declaração Nostra aetate, que trata das relações da Igreja com as religiões não cristãs.[18]

    Qual julgamento fazer sobre o ecumenismo a partir da Fé Católica?

    A Igreja Católica sendo a única Igreja fundada por Cristo e a única a possuir a plenitude da Verdade, a unidade dos cristãos apenas pode ser restabelecida pela conversão e pelo retorno ao seio dos indivíduos ou das comunidades separadas.

    Tal é o ensinamento de Pio XI em Mortalium animos; “A união dos cristãos não pode ser buscada de outro modo que não seja favorecendo o retorno dos dissidentes á única e verdadeira Igreja de cristo, a qual tiveram, um dia, a infelicidade de abandonar.”[19]

    É tão simplesmente a conseqüência lógica da reivindicação da Igreja de sozinha possuir a Verdade, pois somente pode haver verdadeira unidade religiosa na Verdadeira Fé.[20]

    Qual é a nova concepção de ecumenismo?

    No Vaticano II, a Igreja adotou uma nova atitude, que corresponde a uma nova doutrina. A Igreja Católica não foi mais apresentada como a única sociedade religiosa que leva á salvação. As outras confissões cristãs, e mesmo as religiões não cristãs, foram consideradas também expressões (sem dúvida menor perfeita, mas ainda assim válidas) da religião divina, de caminhos que realmente levam a Deus e á salvação eterna. Não é mais uma questão de conversão dos não católicos á Igreja Católica, mas de diálogo e de pluralismo religioso.[21]

    Sobre a colegialidade episcopal:

    O que é a colegialidade episcopal?

    Segundo a Tradição, cada bispo tem autoridade sobre sua diocese (e somente sobre sua diocese), e o papa sozinho tem jurisdição sobre a Igreja Universal. [22]

    Terceira Parte

    13 – O QUE TEM DE ERRADO NESSES DOCUMENTOS?

    Sobre a liberdade religiosa:

    Quais são as conseqüências da liberdade religiosa?

    A primeira conseqüência da liberdade religiosa pregada pelo Vaticano II foi que os Estados ainda católicos tiveram que mudar sua Constituição. A liberdade religiosa trouxe a laicização do Estado e uma descristianização sempre mais avançada da sociedade. Como se dão os mesmos direitos a todos os erros; a verdadeira Fé desaparece sempre mais. O homem que, por sua natureza decaída, tende geralmente a seguir a via mais fácil, tem necessidade da ajuda das instituições católicas. Numa sociedade marcada pela Fé Católica, muito mais homens salvarão sua alma do que numa sociedade em que a religião é um negócio privado e a verdadeira Igreja deve existir ao lado das inumeráveis seitas, que possuem os mesmos direitos que Ela.[23]

    Sobre o ecumenismo:

    Quais são as conseqüências do ecumenismo?

    As conseqüências do ecumenismo são a indiferença religiosa e a ruína das missões. É hoje uma opinião geralmente difundida entre os meios católicos de que alguém se pode salvar muito bem em qualquer religião. O apostolado missionário não tem mais nenhum sentido, e acontece com freqüência que se recuse receber na Igreja convertidos de outras religiões, que, entretanto, queriam se tornar católicos. A atividade missionária se tornou uma ajuda social. Isso está em flagrante aposição á ordem de Nosso Senhor: “Ide, ensinai a todas as nações, batizando-os em nome do Pai e do Filho e do Espírito Santo.” (Mt. 28,19).[24]

    O ecumenismo não é uma exigência da caridade fraterna?

    O ecumenismo, tal como pregado pelo Concílio Vaticano II, não é uma exigência da caridade fraterna, mas um crime cometido contra esta. O verdadeiro amor exige, com efeito, que se deseje e que se faça o bem ao próximo. Em matéria religiosa, isso que dizer conduzir seu próximo á Verdade. É, pois, um sinal de verdadeiro amor o que davam os missionários, ao abandonar pátria e amigos para pregarem Cristo em país estrangeiro, em meio a perigo e fadigas indizíveis. Muitos deram a própria vida, abatidos por doenças ou pela violência. O ecumenismo, ao contrario, deixa os homens em suas falsas religiões e mesmo nelas os endurece. Abandona-os, pois, ao erro e ao imenso perigo da condenação eterna. Se essa atitude é mais confortável do que o apostolado missionário, não é precisamente um sinal de caridade, mas sim de preguiça, indiferença e respeito humano. Os teólogos ecumênicos agem como os médicos que estimulam uma pessoa gravemente doente em suas ilusões, em vez de adverti-la sobre a gravidade de seu estado e curá-la.[25]

    Sobre a colegialidade episcopal:

    O que é a colegialidade episcopal?

    O principio da colegialidade episcopal lesa o exercício pessoal da autoridade. O papa e os bispos são convidados a dirigir a Igreja em comum, de modo colegiado. Em conseqüência, o bispo só é chefe de sua diocese, na teoria; na pratica, está ligado, ao menos moralmente, ás decisões da Conferencia Episcopal, dos Conselhos Presbiterais e das diferentes assembléias. Até Roma não ousa mais se afirmar diante das Constituições Episcopais; cede freqüentemente ás suas pressões.[26]

    De onde vem essa idéia de colegialidade episcopal?

    O principio da colegialidade episcopal se aproxima do modo como os cismáticos orientais concebem a autoridade na Igreja. Encontra-se também a influencia da idéia de igualdade propagada por Jean-Jacques Rousseau e pela Revolução Francesa. Rousseau negava a existência de uma autoridade desejada por Deus e atribuía todo poder ao povo. Está em oposição ao ensinamento da Sagrada Escritura:

    “Que cada um se submeta ás autoridades instituídas. Pois não há nenhuma autoridade que não venha de Deus. Tanto é assim que aquele que resiste á autoridade rebela-se contra a ordem estabelecida por Deus” (Rom 13, 1-2).[27]

    Quarta Parte

    14 – DE TUDO QUE FOI APRESENTADO SOBRE O CONCÍLIO VATICANO II, O QUE PODEMOS CONCLUIR?

    Podemos concluir as seguintes observações:

    As forças liberais e modernistas, que já minavam a Igreja, conseguiram colocar as mãos sobre o Concílio Vaticano II. Pode-se então dizer, que o Vaticano Ii foi à faísca que deflagrou uma crise que se preparava já de longa data na Igreja.[28]

    Graças ao apoio de João XXIII e Paulo VI, as forças liberais e modernistas introduziram nos textos do Concílio, um grande número de suas idéias. Antes do Concílio, a Comissão Preparatória havia preparado com cuidado, esquemas que eram o eco da Fé da Igreja. É sobre esses esquemas que a discussão e o voto deveriam ter sido feitos; mas eles foram rejeitados na primeira sessão do Concílio e substituídos por novos esquemas preparados pelos liberais.[29]

    Todos os textos do Vaticano II devem ser rejeitados?

    Pode-se dividir os textos do Concílio Vaticano II em três grupos:

    1) Alguns poderiam ser aceitos, pois estão conformes á Doutrina Católica, como, por exemplo, o decreto sobre a formação dos padres;

    2) Outros são equívocos, isto é, podem ser interpretados em sentido errôneo;

    3) Alguns, enfim, não podem ser compreendidos num sentido ortoxodo; na sua atual formulação, não podem ser aceitos. É o caso da Declaração sobre a Liberdade Religiosa.

    Os textos ambíguos podem ser aceitos se forem – segundo a expressão de Mons. Lefebvre – interpretados á luz da Tradição.

    Os textos do terceiro grupo não podem ser aceitos antes de terem sido retificados.[30]

    Mas por quê?

    Por que temos que levar em conta o fato de que, eles (os textos), foram feitos pelas mãos dos liberais e modernistas, que colaboraram nas redações dos documentos sem a mais elementar das virtudes: a honestidade ( como disse Dom Lefebvre), tendo como intenção a aplicação do espírito do Concílio e do Concílio, ele mesmo. Levando isso em consideração, podemos cogitar suspeitas bem fundamentadas a respeito da maioria dos sentidos das palavras nos textos do Concílio. É evidente que muitas das suas termologias sofrem de muita falta de clareza. Alguns textos para serem interpretados com fé e verdade precisam estar ao farol da Tradição e outros são inaceitáveis, devem ser rejeitados, descartados ou convertidos, retificados totalmente. A perversão do léxico do Concílio foi aberta, mundana, praticamente total no modo de expor suas idéias. Sem falar que sua linguagem é um tanto anticatólica. Seus textos são ambíguos e contribuem com a descristianização da sociedade. ( isso também disse Dom Lefebvre)

    De onde vem o caráter ambíguo de alguns textos do Vaticano II?

    Os equívocos foram introduzidos voluntariamente nos textos conciliares para enganar os padres conservadores. Enchia-se-lhes de ilusões, insistindo sobre o fato de que o texto não queria, no fundo, dizer nada diferente do que o que a Igreja havia sempre ensinado. Mas, ma seqüência, foi possível apoiar-se sobre essas passagens para defender teses totalmente heterodoxas.[31]

    Quinta Parte

    15 – O QUE PODEMOS CONCLUIR?

    Podemos concluir que o Concílio Vaticano II não foi obra de Deus, tão pouco foi o Espírito Santo que o inspirou... Esse Concílio foi perverso, desastroso, catastrófico, uma ruína nas colunas sacrossantas da Igreja Católica. Ele (o Concílio) está destruindo, ou pelo menos, contribuindo com a destruição da Doutrina Católica, da Fé de sempre, ele está contribuindo com a autodemolição da Igreja de Cristo, do Cristo Rei. E diante disso, diante dele (do Concílio), nunca calaremos nossas vozes para denunciá-lo como uma obra diabólica, dos piores inimigos da Santa Igreja, tal obra, não veio de outro lugar, se não da cabeça dos liberais e modernistas. A Igreja Conciliar subsiste[32], Ela está ocupada, ocupada por quem? Por eles, os modernistas, os progressistas, mas por quê? Um mistério... Só Deus o sabe. Isso é um fato. Pois, a Igreja de Cristo, não são as reforma conciliar (vindas do Concílio Vaticano II), a Esposa de Cristo é a Igreja Católica, e a Doutrina Católica vem e é de Nosso Senhor Jesus Cristo.

    Peçamos a Deus, a Nosso Senhor, a Maria Santíssima, a São Tomás de Aquino, a Santa Terezinha do Menino Jesus e a São Pio X a força necessária para enfrentarmos, sem desânimo, o grande e constante combate pela Fé Católica nessa crise que assola a Igreja. Pois essa crise é de Fé, é grave, muito grave, e tem por agente causador o Vaticano II. Ele causou e continua a causar a ruína, a demolição, o desaparecimento da fé católica.

    A exemplo de Santa Mônica que rezou com constância e fervor pela conversão de seu filho Agostinho, tenhamos uma firmeza na oração e uma perseverança inabalável na fé, a fim de podermos continuar, com oração e apostolado, defendendo a Sã doutrina em sua integridade e incorrupção.

    U.I.O.G.D.

















    [1] O Reno se Lança no Tibre, Prefácio da Edição Brasileira, pág. 13.

    [2] Aqui levamos em conta o ano, por isso cada ano é contado, mesmo que o Concílio não levou todo esse tempo para realizar cada sessão, mas apenas um pequeno período de tempo.

    [3] O Reno se Lança no Tibre, A PRIMEIRA SESSÃO, Nova et Vetera, pág. 19.

    [4] Discurso do Papa João XXIII na abertura solene do Concílio Vaticano II, I Sessão, 11 de Outubro de 1962 (o destaque do letreiro da palavra: pastoral, é nosso).

    [5] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. IV, O Concílio Vaticano II, págs. 51, 52,53 e55.

    [6] João XXIII, discurso ao Conselho Geral da Ação Católica italiana, em 14 de fevereiro de 1960, pág. 74.

    [7] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. IV, o Concílio Vaticano II, pág. 65.

    [8] Alocução do Cardeal Ratzinger diante da Conferencia Episcopal chilena, em 13 de julho de 1988 (Itinéraires 330, fevereiro, 1989, p. 4).

    [9] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. IV o Concílio Vaticano II, pág. 66.

    [10] Mons. Lefevbre, Acuso o Concílio, pág. 9, Martigny [Suíça], Editions Saint - Gabriel, 1976.

    [11] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. IV, o Concílio Vaticano II, pág. 67.

    [12] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. V, a liberdade religiosa, pág. 80.

    [13] Declaração Dignitatis Humanae

    [14] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. V, a liberdade religiosa, pág. 87.

    [15] Esse Conselho se define como “uma comunidade de igrejas que reconhecem Cristo como Deus e Salvador”. As confissões religiosas que dele fazem parte permanecem independentes. O Conselho não tem nenhuma autoridade sobre elas; podem estas aceitar ou recusar suas decisões como quiserem. Não é nem necessário que cada um dos membros reconheça as outras comunidades como igrejas em sentido estrito. A Igreja Católica não é membro do CEI, apesar de ter dele muito se aproximado.

    [16] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. VI, o ecumenismo, pág. 99

    [17] Ibem

    [18] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. VI, o ecumenismo, pág. 100.

    [19] Mortalium animos, 06 de Janeiro de 1928.

    [20] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. VI, o ecumenismo, pág. 101.

    [21] Ibem

    [22] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. IV, o Concílio Vaticano II, pág. 63.

    [23] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. V, a liberdade religiosa, pág. 96.

    [24] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. VI, o ecumenismo, pág. 129.

    [25] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. VI, o ecumenismo, pág. 131.

    [26] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. IV, o Concílio Vaticano II, pág. 63.

    [27] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. IV, o Concílio Vaticano II, pág. 64.

    [28] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. IV, o Concílio Vaticano Ii, pág. 55.

    [29] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. IV, o Concílio Vaticano II, pág. 56.

    [30] Catecismo Católico da Crise na Igreja, cap. IV, o Concílio Vaticano II, pág. 61.


    [31] Ibem

    [32] Expressão adequada usada por Dom Bernard Tissier de Mallerais, FSSPX, “A Igreja Conciliar subsiste”.

    SPES - Santo Tomás de Aquino: PEQUENO CATECISMO SOBRE O CONCÍLIO VATICANO II

  19. #59
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    Re: Respuesta: El concilio del papa Juan

    Texto emblemático de la devastación litúrgica 4-diciembre: 50 aniversario de la “Sacrosanctum Concilium”

    El 4 de diciembre, se cumplen 50 años de la promulgación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, “Sacrosanctum Concilium”. Se trata de la primera Constitución aprobada por el Vaticano II y, según Benedicto XVI, representa “la más amplia renovación del rito romano que jamás se haya conocido”. En efecto, apenas unos años después, las celebraciones de cualquier Iglesia del mundo serían irreconocibles para cualquiera que las comparase con la liturgia católica vigente hasta entonces.
    Con tal motivo, reproducimos un esclarecedor artículo de Klaus Gamber en el que se da cumplida respuesta a los que pretenden presentar el resultado de las reformas promovidas por el Vaticano II como derivación natural y legitima de la liturgia romana.

    RITUS ROMANUS ET RITUS MODERNUS
    ¿Hubo reforma litúrgica antes de Paulo VI?

    En el articulo “Cuatrocientos años de Misa Tridentina”, publicado en diversas revistas religiosas, el profesor Rennings se aplico a presentar el nuevo misal, o sea el Ritus Modernus, como derivación natural y legitima de la liturgia romana. Según dicho profesor, no habría existido una Misa San Pío V sino únicamente por ciento treinta y cuatro años, es decir, de 1570 a 1704, año en el cual apareció bajo las modificaciones deseadas por el Romano Pontífice de entonces. Continuando con tal modo de proceder, Paulo VI, según Rennings, habría a su vez reformado el Missale romanum para permitir a los fieles entrever algo más de la inconcebible grandeza del don que en la Eucaristía el Señor ha hecho a su Iglesia.
    En su articulo, Rennings se hace fuerte sobre un punto débil de los tradicionalistas: la expresión Misa Tridentina o Missa sancti Pii V. Propiamente hablando una Misa Tridentina o de San Pío V no existió nunca, ya que, siguiendo las instancias del Concilio de Trento, no fue formado un Novus Ordo Missae, dado que el Missale sancti Pii V no es más que el Misal de la Curia Romana, que se fue formando en Roma muchos siglos antes, y difundido especialmente por los franciscanos en numerosas regiones de Occidente. Las modificaciones efectuadas por San Pío V son tan pequeñas, que son perceptibles tan sólo por el ojo de los especialistas.
    Ahora, uno de los expedientes al cual recurre Rennings, consiste en confundir el Ordo Missae con el Proprium de las misas de los diferentes días y de las diferentes fiestas. Los Papas, hasta Paulo VI, no modificaron el Ordo Missae, aun introduciendo nuevos propios para nuevas fiestas. Lo que no destruye la llamada Misa Tridentina más de lo que los agregados al Código Civil destruyen al mismo.
    Por lo tanto, dejando aparte la expresión impropia de Misa Tridentina, hablamos más bien de un Ritus Romanus. El rito romano remonta en sus partes más importantes por lo menos al siglo V, y más precisamente al Papa San Dámaso (366-384). El Canon Missae aparte de algunos retoques efectuados por San Gregorio I (590-604), había alcanzado con San Gelasio I (492-496) la forma que ha conservado hasta ayer. La única cosa sobre la cual los Romanos Pontífices no cesaron de insistir desde el siglo V en adelante, fue la importancia para todos de adoptar el Canon Missae Romanae, dado que dicho canon se remonta nada menos que al mismo Apóstol Pedro.
    Más por lo que concierne a las otras partes del Ordo, como para el Proprium de las varias Misas, respetaron el uso de la Iglesias locales.
    Hasta San Gregorio Magno (590-604) no existió un misal oficial con el Proprium de las varias Misas del año. El Liber Sacramentorum fue redactado por encargo de San Gregorio al principio de su pontificado, para servicio y uso de las Stationes que tenían lugar en Roma, o sea para la liturgia pontifical. San Gregorio no había tenido ninguna intención de imponer el Proprium de dicho misal a todas las Iglesias de Occidente. Si posteriormente dicho misal se convirtió en el armazón mismo del Missale Romanum de San Pío V, se debió a una serie de factores de los cuales no podemos tratar ahora.
    Es interesante notar que cuando se interrogó a San Bonifacio (672-754) que se encontraba en Roma, con respecto a algún detalle litúrgico, como el uso de las señales de cruz a efectuarse durante el canon, éste no se refirió sobre el sacramentaris de San Gregorio, sino sobre aquel que estaba en uso entre los Anglosajones, cuyo canon estaba en todo conforme a aquel de la Iglesia de Roma…
    En el Medioevo, las diócesis y las iglesias que no habían adoptado espontáneamente el Misal en uso en Roma, usaban uno propio y por esto ningún Papa manifestó sorpresa o disgusto…
    Mas cuando la defensa contra el protestantismo hizo necesario un Concilio, el Concilio de Trento encargo al Papa de publicar un misal corregido y uniforme para todos. Ahora, pues, con la mejor voluntad del mundo, yo no llego a encontrar en tal deliberación del Concilio el ecumenismo que ve Rennings.
    ¿Qué hizo San Pío V? Como ya hemos dicho, tomó el misal en uso en Roma y en tantos otros lugares, y lo retocó, tomó, especialmente reduciendo el número de las fiestas de los Santos que contenía. ¿Lo hizo tal vez obligatorio para toda la Iglesia? ¡En absoluto! Respetó hasta las tradiciones locales que pudieran jactarse, por lo menos, de doscientos años de edad. Así propiamente: era suficiente que el misal estuviera en uso, por lo menos, desde doscientos años, para que pudiera quedar en uso a la par y en lugar de aquel publicado por San Pío V. El hecho de que el Missale Romanum se haya difundido tan rápidamente y espontáneamente adoptado también en diócesis que tenían el propio más que bicentenario, se debe a otras causas; no por cierto a presión ejercida sobre ellas por Roma. Roma no ejerció sobre ellas ninguna presión, y esto en una época en la cual, a diferencia de cuanto sucede hoy, no se hablaba de pluralismo, ni de tolerancia.
    El primer Papa que osó innovar el Misal tradicional fue Pío XII, cuando modifico la liturgia de la Semana Santa. Séanos permitido observar, al respecto, que nada impedía de restablecer la Misa del Sábado Santo en el curso de la noche de Pascua, aunque sin modificar el rito.
    Juan XXIII lo siguió por este camino, retocando las rúbricas. Mas ni el uno ni el otro, osaron innovar sobre el Ordo Misae, que quedó invariable. Pero la puerta había sido abierta, y la cruzaron aquellos que querían una sustitución radical de la liturgia tradicional y la obtuvieron. Nosotros, que habíamos asistido con espanto a esta resolución, contemplamos ahora a nuestros pies las ruinas, no tanto de la Misa Tridentina, más bien de la antigua y tradicional Missa Romana, que había ido perfeccionándose a través del curso de los siglos hasta alcanzar su madurez. No era perfecta al punto de no ser ulteriormente perfectible, pero para adaptarla al hombre de hoy no había necesidad de sustituirla: bastaban algunos pequeñísimos retoques, quedando a salvo e inmutable todo el resto.
    Viceversa, se la quiso suprimir y sustituir con una liturgia nueva, preparada con precipitación y, diremos, artificialmente: con el Ritus Modernus. ¡Oh, cómo se ve aparecer en modo siempre más claro y alarmante el oculto fondo teológico de esta reforma! Sí era fácil obtener una más activa participación de los fieles en los santos misterios, según las disposiciones conciliares, sin necesidad de transformar el rito tradicional. Pero la meta de los reformadores no era obtener la mencionada mayor participación activa de los fieles, sino fabricar un rito que interpretara su nueva teología, aquella misma que está en la base de los nuevos catecismos escolares. Ya se ven ahora las consecuencias desastrosas que no se revelarán plenamente sino en el giro de cincuenta años.
    Para llegar a sus fines, los progresistas han sabido explotar muy hábilmente la obediencia a las prescripciones romanas de los sacerdotes y de los fieles más dóciles… La fidelidad y el respeto debido al Padre de la Cristiandad, no llegan hasta exigir una aceptación despojada del debido sentido crítico de todas las novedades introducidas en nombre del Papa.
    ¡La fidelidad a la Fe, ante todo! Ahora, la Fe, me parece que se encuentra en peligro con la nueva liturgia, aunque no me atrevo a declarar inválida la Misa celebrada según el Ritus Modernus.
    ¿Es posible que veamos a la Curia Romana y a ciertos Obispos -aquellos mismos que nos quieren obligar, con sus amenazas, a adoptar el Ritus Modernus -, descuidar su propio deber especifico de defensores de la Fe, permitiendo a ciertos profesores de teología a socavar los dogmas más fundamentales de nuestra Fe y a los discípulos de los mismos propagar dichas opiniones heréticas en periódicos, libros y catecismos?
    El Ritus Romanus permanece como la última escollera en medio de la tempestad. Los innovadores lo saben muy bien. De aquí parte su odio furioso contra el Ritus Romanus, que combaten bajo el pretexto de combatir una nunca existida Misa Tridentina. Conservar el Ritus Romanus no es una cuestión de estética: es, para nuestra Santa Fe, cuestión de vida o muerte.


    Mons. Klaus Gamber
    Director del Instituto Litúrgico de Ratisbona

    4-diciembre: 50 aniversario de la “Sacrosanctum Concilium” | Tradición Digital

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    Re: Respuesta: El concilio del papa Juan

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    ¿Concilio Ecuménico o convocatoria de los Estados Generales?

    Sofronio

    Muchos piensan que un concilio es ecuménico porque lo convoca el papa. Nada más ajeno a la realidad; varios concilios fueron convocados por el emperador: Constantino convocó Nicea; Teodosio el I de Constantinopla…, Irene, madre del emperador, convocó el II de Nicea, por citar sólo unos ejemplos; otros, equivocadamente, piensan que la ecumenicidad del concilio deviene de la presencia del papa, una especie de refrendo, sentado en el concilio. Sin embargo, en muchos no estuvo presente el Vicario de Cristo, sino que fue representado por legados: Nicea, I de Constantinopla, etc.; hay también quienes caen el engaño de señalar la ecumenicidad del concilio, por el hecho de que haya, al menos, representantes enviados por el papa; sin embargo, al I Concilio ecuménico de Constantinopla, El papa Dámaso (366-384) no asistió, ni envió a nadie en su nombre, y ni siquiera asistieron obispos de Occidente. Ergo, ni la convocatoria por el papa, ni la presencia de éste por sí mismo o por legados, es esencial a la ecumenicidad de un concilio. Así es, dirán al unísono algunos sorprendidos, para proseguir afirmando: ‘pero no cabe duda de que de inmediato es aprobado por el papa para gozar de la nota de ecumenicidad’. Pues tampoco; v.g.: el I de Constantinopla donde se condena la doctrina de Pelagio y Celestio y se define la doctrina de la transmisión del pecado de Adán, etc. no fue declarado ecuménico hasta 70 años más tarde, en el 451 por el Concilio de Calcedonia; al igual aconteció en otros. Ni siquiera, para más inri, todas las sesiones de ciertos concilios son consideradas ecuménicas, no gozando por ende de la infalibilidad tales partes. ¿Pero, entonces, cómo se ha determinado que hay 21 concilios ecuménicos? La respuesta es la siguiente: La Iglesia católica nunca ha declarado de manera definitiva el número de concilios generales o ecuménicos. Tampoco hubo al principio una reflexión de los concilios acerca de sí mismos y de su ecumenicidad. Sólo en Nicea II se comenzó a discutir sobre lo que constituía el carácter ecuménico de los concilios anteriores. Y era lo siguiente: 1) concordancia y homogeneidad respecto de concilios previos reconocidos como ecuménicos; 2) la participación de autoridades competentes, de manera particular la Iglesia de Roma. Pero como hemos dicho más arriba, en el I Constantinopla no hubo representación de la Iglesia de Roma, por lo que en lo que atañe a este punto, sólo se puede entender de la siguiente manera: que, incluso con bastante posterioridad, Roma los reciba como divinamente guiados, considerándolos contenedores de la verdadera doctrina. En general, la mayoría de los teólogos han seguido a San Belarmino, y están concordes en cifrar un total de 20 Concilios generales ecuménicos, desde Nicea I al Vaticano I, aunque algunos hay que hablan de 19 y hasta de 22. La razón, en fin, de determinar si un concilio es ecuménico viene urgida porque sus definiciones en materia de fe y de costumbres, son infalibles. Sobre el denominado Concilio Vaticano II, lo primero a distinguir es que el concilio es una institución apostólica, pero no es absolutamente necesaria (1). Porque la doctrina uniforme del cuerpo docente disperso tiene el mismo carácter infalible y hace prescindible el magisterio extraordinario de los obispos. Este fue el argumento esgrimido por el papa para afirmar que no era necesaria la convocatoria de un concilio para condenar la herejía de Pelagio. Sin embargo este método no es inmediato, puesto que requiere la sanción de la Sede de Pedro, que es la única que puede dar testimonio de ese consenso. Por eso los concilios ecuménicos son aconsejables para definir infaliblemente en materia de fe o de costumbres, o para condenar las contrarias o contradictorias a la verdad que envenenan a la grey o para salvar la amenaza de un cisma. Salvo en esas circunstancias, suele ser mayor el riesgo que las ventajas. De ahí que los papas, en general, sean remisos a las convocatorias de concilios generales y se muestren muy prudentes ante tal perspectiva; prudencia que tuvo Pío XII y no pareció seguir Juan XIII. Los Concilios pueden clasificarse en eclesiásticos puros y eclesiásticos políticos o mixtos, a los cuales asisten dignatarios eclesiásticos y civiles, como ocurrió algunas veces en España, Alemania durante la Edad Media. Los eclesiásticos puros se dividen en particulares y generales (universale, plenarium, generale); a los primeros asisten los eclesiásticos de una diócesis, si es un Sínodo diocesano o los obispos de una provincia eclesiástica, de un reino, de un patriarcado, de oriente o de occidente (pueden ser infalibles o no; pero no es este artículo el lugar para el desarrollo de las condiciones de infalibilidad de los mismos). El carácter del concilio general puede ser actione, cuando reúne todos los requisitos por la parte convocante, directa o indirectamente, de suerte que convocado asisten todos los obispos o una mayoría, entendida moralmente. Ex parte celebrationis. Debe haber una participación del papa, ya en persona, bien por representantes, gozando de la completa libertad que corresponde a los que forman parte de la asamblea; ex parte confirmationis, es decir, si habiendo suscrito los obispos las actas, el papa las ha confirmado. Muchos de los primeros concilios fueron, no obstante, ecuménicos acceptatione, porque habiendo faltado una de las dos condiciones, bien en su convocatoria o en la celebración, se legaliza por el consentimiento, incluso tardío, expreso o tácito del Papa y de los obispos. Conclusión I: Respecto a la convocatoria, actione, que reúne todos los requisitos y la participación, y ex parte celebrationis del papa Juan XXIII y Pablo VI y recepción, parte confirmationinis, el Concilio Vaticano II no ofrece ninguna dificultad por esta nota para ser considerado ecuménico. En la autoridad de un Concilio cabe distinguir una parte esencial y otra accidental. Aquélla es inherente al Concilio ecuménico, ésta proviene de la santidad, erudición y cualidades intelectuales de los padres asistentes al concilio. Conclusión II: Respecto a la autoridad esencial el Concilio Vaticano II no debería tener dificultades. El relación a la autoridad accidental existen graves inconvenientes, porque desde finales del siglo XIX :
    • “El “modernismo” ganaba los seminarios donde se organizaba clandestinamente. En 1901, el padre Maignen publicó en La Vérité Française una serie de artículos denunciando una organización oculta “que abarcaba unos cincuenta seminarios y que afiliaba cerca de un millar de alumnos”. Además de las correspondencias confidenciales, se incitaba a los seminaristas a leer los periódicos modernistas: la Justice Sociale y La Voix du Siècle que se les enviaba por un precio irrisorio. Al obispo de Quimper le impresionaron las facilidades dadas para la lectura de estos dos periódicos “funestos para la disciplina eclesiástica” y el padre Naudet ofreció, por toda respuesta, un abono gratuito de tres meses a la Justice Sociale, a cualquier sacerdote que acabase de ser ordenado y que le enviase simplemente su tarjeta haciéndolo constar.” (2)
    • …Se guardó tan bien el secreto que jamás se pudo saber el nombre de la que circulaba en la diócesis de París. Cinco publicaciones diferentes eran difundidas en los Seminarios, divididos en cinco grupos: Le Trait d’Union, impreso en Lyon, comprendía dieciocho Seminarios; Le Lien, redactado en Orléans e impreso en Lyon, comprendía diez Seminarios; La Chaine de Auch, comprendía catorce Seminarios, Caritas para el norte, comprendía cinco. Una caja común era alimentada por los fondos que un misterioso “Nicodemo” traíada de los frecuentes viajes a través de Francia. “A estas pequeñas hojas sociológicas se añadía otra, la más secreta de todas, que circulaba bajo capa, o más bien bajo la sotana”. En ella se encontraban artículos prohibidos como los del padre [apóstata] Loisy.(3)

    Cabe preguntarse, a tenor de este ambiente en los seminarios ya a principios de siglo e incluso antes y luego de 60 años transcurridos desde esta denuncia hasta el comienzo del Concilio Vaticano II ¿Cuántos obispos habían sido influidos por estas ideas desde sus épocas del seminario, y con más libertad después de haber sido ordenados? Por los frutos, es legítimo pensar que muchos padres conciliares estaban ya contaminados de modernismo. Otros estaban claramente en esa línea profresista-liberal: Cardenales Döpfner, Suenens, Cardenal Bea, etc. Al igual ocurría con los teólogos modernistas y/o progresistas, peritos del concilio unos, y otros asentando golpes indirectamente, verdaderos factótum del concilio: Marie-Dominique Chenu, Henric de Lubac, Rhaner, Schillebceckx , Küng, Daniélou, Congar, etc.; todos desviados de la doctrina católica. Conclusión III: La autoridad accidental del Concilio Vaticano II es impugnable porque, por una parte, cierto espíritu modernista había empapado la mentalidad de los padres del concilio, asesorados por una pléyade de teólogos modernistas, algunos condenados en la época de Pío XII, pero luego rehabilitados por Juan XXIII y Pablo VI; no obstante la autoridad esencial no se pone en cuestión. En definitiva, estamos ante un concilio debidamente convocado, cuyas riendas fueron manejadas por la parte más progresista y modernistas de la Iglesia, controlando todas las comisiones con el apoyo de los papas; aspecto sobre el que no cabe ninguna duda y cuyo testimonio más objetivo es la estupenda obra El Rhin desemboca en el Tiber, de Ralph Wiltgen, que recomiendo leer. La calificación de la autoridad del concilio ecuménico es suprema en la Iglesia para asuntos espirituales, de manera que sus definiciones en materia de fe y de costumbres son infalibles. Las condiciones para distinguir el carácter dogmático de las decisiones de un concilio son, según el consenso común de los teólogos y apartando aquello en que divergen: 1) Es infalible y dogmática una decisión de un concilio ecuménico cuando, al exponerla, se condenan como herejes a los defensores de proposiciones contrarias. 2) Cuando se lanza el anatema contras los que se opusieren a dicha definición. 3) Cuando se intima con la excomunión latae sententiae; hay que distinguir que esta pena también se puede proponer por sostener una proposición escandalosa 4) Y por supuesto, cuando se declara como dogma de fe una doctrina para que como tal la acepten y crean los fieles católicos. Es aquí, verdaderamente, donde radica el problema del Concilio vaticano II. Sus documentos no son infalibles porque, aunque el objeto material era dogmático, es decir, las discusiones de los conciliares versaron, en parte, sobre lo que ya era antes del CV2 doctrina infalible, ni el papa que lo convocó, ni quién lo cerró, quisieron que fueran infalibles sus textos, renunciando, expresamente, a hacer definiciones y a condenar errores: Afirmación , repetida por Pablo VI en el discurso de inauguración de la sesión del concilio, el 29 de septiembre de 1963, según la cual la santa Iglesia renuncia a condenar los errores:
    • «Siempre se opuso la Iglesia a estos errores [las opiniones falsas de los hombres; n. de la r.]. Frecuentemente los condenó con la mayor severidad. En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar de la medicina de la misericordia más que de la severidad. Piensa que hay que remediar a los necesitados mostrándoles la validez de su doctrina sagrada más que condenándolos».

    Reafirmación de la renuncia a la infalibilidad del concilio:
    • El Concilio “ha evitado promulgar definiciones dogmáticas solemnes que comprometan la infalibilidad del magisterio eclesiástico”, sino que quiso tener “la autoridad del magisterio ordinario supremo, manifiestamente auténtico” (Pablo VI: discurso de clausura del concilio, 7/12/65, audiencia de 12/01/66).

    Confirmación de no implicación de la infalibilidad en los textos del Concilio:
    • “La verdad es que el mismo Concilio no ha definido ningún dogma, y ha querido conscientemente expresarse en un nivel más modesto, simplemente como un Concilio pastoral” (card. Ratzinger. Prefecto de la C.D.F a la C.E de Chile).

    El propio Secretariado niega la infalibilidad. Los padres conciliares habían remitido la siguiente pregunta al Secretariado General del Concilio:
    • ..Cuál deba ser la calificación teológica de la doctrina expuesta en el esquema de Ecclesia y que se somete a votación”.

    El secretario General del Concilio responde, 16 noviembre 1964, en una notificación que se incorpora a la Constitución Lumen Gentium, formando parte de dicha Constitución sobre la Iglesia, diciendo lo siguiente:
    • “Teniendo en cuenta la costumbre conciliar y el fin pastoral del presente Concilio, este santo sínodo define que deben mantenerse por la Iglesia como materias de fe o de moral solamente aquellas que como tales declare abiertamente.

    Pero el Concilio no declaró ni definió nada en materia de fe o de moral abiertamente. El concilio se quiso degradar a sí mismo, apertis verbis, a «magisterio ordinario sumo y manifiestamente auténtico» (Pablo VI), figura insólita e inadecuada para un concilio ecuménico, que encarna desde siempre un ejercicio extraordinario del magisterio. Por otra parte, El magisterio mere authenticum no es infalible, mientras que sí lo es el “magisterio ordinario infalible”. Esa falibilidad es evidente, como en parte hemos visto, por el discurso de apertura de Juan XXIII, la notificación del Secretariado del Concilio (16 de noviembre de 1964), los actos mismos del Concilio, las repetidas afirmaciones de Pablo VI desde la clausura del Concilio ; el mismo Juan Pablo II, en varios textos que hemos considerado para este artículo, habla solamente de “Magisterio auténtico. La forma “extraordinaria” en la que este acto del Magisterio auténtico se ejerció, a saber la de un sínodo universal, no acrecienta su autoridad, puesto que ésta depende del grado (infalible o “simplemente” auténtico), y no de la forma de ejercicio del Magisterio ni del número de obispos. El Concilio Vaticano segundo es un acto del Magisterio auténtico no infalible, aprobado, por añadidura, por una masa de obispos, probablemente, no eminentes “amore et studio doctrina ab Apostolis traditae ac pari detestatione omnis novitatis”. El número en sí mismo nada significa. Recuerden que Cristo, vida nuestra, perdió las elecciones o si prefieren el plebiscito frente a Barrabás, donde los ‘electores’ deicidas, el pueblo judío, gritó: “¡Crucifícale, crucifícale!”. Exigir para el Concilio Vaticano II, que es un Magisterio auténtico pero no infalible y además lleno de graves errores, el asentimiento ciego que se debe sólo al Magisterio infalible, constituye -hay que decirlo- un abuso al que hay que resistir porque contiene yerros doctrinales gravísimos que conducen a las ovejas por el camino del infierno, si siguen sus directrices; véanse los frutos; significaría atribuir al último Concilio una autoridad que la misma Iglesia no le reconoce y que los mismos hombres de Iglesia no se arriesgaron nunca a reconocerle, apertis verbis. Como ejemplo, véase también la Nota Previa a “Lumen Gentium” que en la misma página del Vaticano aparece al final de la Constitución en vez de al principio como correspondería: previa; en el mismo lugar se coloca en las frecuentes ediciones del concilio. Dicha ‘Nota’ reconoce el error doctrinal de Lumen Gentium sobre la participación ontológica en la consagración de ministerios sagrados, sobre la necesidad de la comunión jerárquica del colegio episcopal con la Cabeza…, y trata de darle una interpretación en sentido recto, pero tales errores doctrinales continúan en el texto tal como fue redactado y aprobado, contradiciendo la doctrina de siempre ¿Será necesario poner en paralelo, v.g., la muchísima doctrina unánime de la Tradición sobre la Libertad religiosa absolutamente contraria a la de la Declaración de la Dignitatis Humanae? Sea suficiente señalar los títulos afectados de la perversa doctrina y los errores en general: Errores concernientes a la noción de tradición y de verdad católica, a la santa Iglesia y a la beatísima Virgen. a la santa Misa y a la Liturgia sagrada, al sacerdocio, a la Encarnación, a la Redención, al concepto del hombre, al Reino de Dios, al matrimonio y a la condición de la mujer, a sectarios, herejes, cismáticos (los denominados “hermanos separados”), a las religiones acristianas, a la política, a la comunidad política, a las relaciones entre la Iglesia y el Estado, a la libertad religiosa y el papel de la conciencia moral y a la interpretación del significado del mundo contemporáneo. Conclusión IV: Que un concilio tenga concordia con las doctrinas de los anteriores ecuménicos es una nota necesaria para su ecumenicidad, ya reconocida desde el I Nicea, (325) . Luego el Concilio Vaticano II no puede gozar de esa nota de ecumenicidad toda vez en él no sólo hay ambigüedades, las más, sino también contradicciones con la doctrina precedente y errores. He aquí una lista más exhaustiva de yerros. El Concilio que goza de la nota de ecumenicidad, necesaria para determinar la infalibilidad de su doctrina respecto a la fe y costumbres, debe condenar los errores contrarios que amenazan a la grey. Esta es una de las características constantes de los 20 Concilios señalados, los cuales han lanzado anatemas sobre las doctrina perniciosas del momento. En aras de la brevedad, consideraremos cómo el Concilio Vaticano II se negó, a pesar de haberlo pedido más de 450 padres conciliares, a condenar el intrínsecamente perverso comunismo. Veamos sólo la historia de una terrible traición. Papa Pío XI de 1937, en su Encíclica Divini Redemptoris, había condenado el comunismo:
    • el comunismo es intrínsecamente perverso; y no se puede admitir que colaboren con él, en ningún terreno, quienes deseen salvar la civilización cristiana.”

    El Pacto de Mezt:
    • “El Concilio se negó a condenar el comunismo, debido al infame Pacto de Metz, la ciudad francesa donde se reunieron en agosto de 1962 (dos meses antes de la apertura del Concilio) el Cardenal Tisserant, enviado por JuanXXIII, y Nikodim, el patriarca ortodoxo de Moscú, un títere del Politburo soviético Allí acordaron que la Unión Soviética permitiría que varios miembros de la Iglesia Ortodoxa Rusa aceptaran la invitación del Papa para asistir como observadores en el Concilio (¡las barbaridades que se cometen en nombre del ecumenismo!), y a cambio el Vaticano se comprometió a que no habría ninguna condena explícita del comunismo. Para que no piense el lector que me adentro en una oscura teoría de la conspiración, debo aclarar que este pacto, lejos de ser un secreto, fue anunciado en conferencia de prensa por el entonces obispo de Metz, Monseñor Schitt; fue detallado en el diario católico francés, La Croix; y ha sido confirmado públicamente por el que era entonces el secretario del Cardenal Tisserant, Monseñor Roche”. (5)
    • “La petición de condena al comunismo, redactada por el Coetus Internationalis Patrum , obtuvo la firma de 454 obispos, representando 86 países. Monseñor Lefebvre entregó personalmente esta petición, dentro del plazo previsto, el 9 de noviembre de 1965, al secretario del Concilio. Monseñor Tissier de Mallerais comenta en detalle cómo el Pacto de Metz fue rigurosamente respetado por Pablo VI. Creo que cualquier católico debería saber esto, por lo que a continuación ofrezco un extracto de lo que ocurrió (6)
    • ¿Qué pasó entonces? El 13 de noviembre, la nueva redacción del esquema no tomó en cuenta los deseos de los solicitantes; el comunismo seguía sin ser mencionado. Por eso, Monseñor Carli protestó el mismo día ante la presidencia del Concilio y presentó un recurso dirigido al tribunal administrativo… El Cardenal Tisserant ordenó una investigación que reveló… que, por desgracia, la petición se había “extraviado” en un cajón. En realidad, lo que pasó fue que Monseñor Achille Glorieux, Secretario de la comisión competente, después de recibir el documento, no lo hizo llegar a la comisión.
    • El “olvido” de Monseñor Glorieux fue objeto de disculpas públicas por parte de Monseñor Garrone, pero, como quiera que sea, el plazo concedido para introducir el párrafo sobre el comunismo ya había caducado. Por otro lado, una condena del comunismo habría discrepado demasiado con la intención del Papa Juan, que había decidido que el Concilio no condenaría ningún error; y además, en su encíclica Pacem in terris, del 11 de abril de 1963, Juan XXIII había evitado toda reprobación del comunismo, y aceptaba incluso que se pudiera “reconocer en él algunos elementos buenos y laudables.”
    • Eso era negar el carácter “intrínsicamente perverso” del comunismo, según el Papa Pio XI y aceptar la colaboración de los católicos con el comunismo…. Como árbitro del debate, pero heredero de Juan XXIII, Pablo VI mantuvo el silencio sobre la palabra “comunismo”, y se contentó con añadir el 2 de diciembre una mención de las “reprobaciones del ateísmo hechas en el pasado”, lo que era falsificar la doctrina de Pio XI, que condenaba el comunismo en cuanto organización y método de acción social perversos (una técnica de esclavitud de masas y una práctica de la dialéctica, en palabras de Jean Madiran), y no sólo en cuanto atea.

    Sobre la carta del card. Bea, que confirma las concesiones en Metz

    Conclusión V: Los obispos reunidos en concilio con el papa ejercen su ministerio de jueces en materia de fe y costumbres, respecto a la materia, si se dan tres conceptos: a) Examinando minuciosamente las decisiones dogmáticas de Concilios anteriores, confirmándolas al propio tiempo- objeto que no quiso asumir el concilio- b) Publicando, después de un maduro examen las verdades de fe cuya declaración ha anunciado. En este sentido, según lo que el Concilio Vaticano I nos dice respecto a la intención: “la sentencia debe ser propuesta para que los fieles la reciban como infaliblemente cierta: con fe divina, si el objeto es Revelado; o excluyendo la posibilidad de error si sólo es materia conexa con el Depósito de la fe. Esta intención debe ser manifiesta, ya por el texto, ya por el contexto”- Sin embargo, el concilio Vaticano II renuncia a esa intención-c) emitir un juicio definitivo que pone de manifiesto los sofismas de la herejía y errores. Pero el Concilio Vaticano II no sólo se niega a condenar y a confirmar la condena de los errores ya juzgados, sino que usa de acuerdos indignos, tal como el pacto de Metz, para evitar anatematizar al comunismo, ideología intrínsecamente perversa, culpable de decenas de millones de asesinatos y perseguidora de la fe con odio implacable. Lo mismo se puede decir de la negativa a condenar la masonería. Ergo, el Concilio Vaticano II no goza de la ecumenicidad, porque es tan sólo una asamblea general que versa sobre asuntos pastorales y disciplinarios. De este tipo de Concilios huían todos los papas y por eso dice San Gregorio Nacianceno “que huye de todas las asambleas de obispos, porque no ha conocido una sola que haya tenido un resultado feliz y satisfactorio”. Alude el Nacianceno a los concilios celebrados en su tiempo en que casi siempre se encontraban en mayoría los arrianos- en nuestro caso los modernistas-, como sucedió en los de Milán, Sirmium, Rímini, Seleúcida, etc.; por cuya razón se excusó de acudir al concilio proyectado por el Emperador, a pesar de las insinuaciones de Procopio. Por el contrario le vemos acudir al de Constantinopla, reconociendo la importancia del de Nicea (7). En fin, repasando los 20 concilios (lista y resumen de los 20 al final de las notas) que, mayoritariamente, se reconocen como ecuménicos, desde I Nicea a I Vaticano, encontramos que en ninguno de ellos se ha renunciado jamás a definir doctrina ni a condenar los sofismas heréticos o a resolver un peligro de cisma, fin principal de un concilio ecuménico, porque el Concilio Ecuménico es el órgano colegial del magisterio extraordinario con autoridad infalible para el objeto de definir la verdadera doctrina, condenar los errores contrarios a la fe y las costumbres y dar leyes para toda la Iglesia Universal (8). Al carecer por deseo expreso de definiciones y condenas y por su intención explicita de renunciar a la infalibilidad del magisterio extraordinario de los obispos, no goza de la infalibilidad de un concilio ecuménico. Luego si no es un Concilio Ecuménico en el sentido dogmático ¿Qué es?:
    CALIFICACIÓN DEL CONCILIO VATICANO II
    Una asamblea general de obispos de carácter pastoral y disciplinario, con expresa renuncia a la infalibilidad intrínseca propia de un Concilio Ecuménico respecto a las definiciones de fe y moral. Acoger las enseñanzas conciliares “con docilidad y sinceridad” propio del magisterio auténtico, pero no infalible, como pidió Pablo VI, sólo sería posible si no hubiera graves errores y ambigüedades, de los cuales sus textos están repletos y son más evidentes a medida que se adhieren nuevos estudiosos a la nobilísima causa de defender la fe católica¿Qué debe hacer, pues, un católico? Resistir a los errores de la Asamblea General de obispos, más conocida como Concilio Vaticano II, porque “No resistir al error es aprobarlo, no defender la verdad, es sofocarla” (San Pío X) Aunque vistas las consecuencias, más que de asamblea hubiera sido mejor declarar al concilio, tal vez, la reunión de los Estados Generales. No parece exagerado, pues algún cardenal progresista, antes que nosotros, ya comparó a este evento eclesial con 1789; las desgracias venidas tras 1789 no son mayores que las sobrevenidas al evento que culminaba 1965.
    Gozosa Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Sofronio (1) Zaccaria. Cfr. Francisco Hettinger. Tratado de Teología fundamental o Apologética. Madrid, 1883 (2) La Iglesia ocupada cap. 17 (3) Ibid. (4) SISINONO, 31 de marzo del 2001, edición italiana, págs. 4 ss (5) Este acontecimiento está también relatado en dos magníficos libros: Iota Unum de Romano Amerio, Angelus Press 1996 (p.65-66), y The Jesuits – The Society of Jesus and the Betrayal of the Roman Catholic Church de Malachi Martin, New York: Simon Schuster, 1987 (p.85-86). (6) La Biografía de Bernard Tissier de Mallerais, sobre Marcel Lefebvre d. Actas, 2012. (7) Tratado de Teología fundamental o Apologética. Madrid, 1883, pag.332 (8) Vizmanos & Riudor; Teología Fundamental
    RESUMEN DELOS CONCILIOS ECUMÉNICOS
    1/I de Nicea: año 325, contra el arrianismo, definió la consubstancialidad del Verbo. El Credo. Anatemas 2/I de Constantinopla: año 381, contra los macedonianos, Pelagio y Celestino. Define la unidad del Espíritu Santo en el seno de Dios, como el Padre y el Hijo. Defendió la transmisión del pecado de Adán a su descendencia. Anatemas. 3/Éfeso: año 431. Contra el nestorianismo. Cristo, Dios-hombre es un sólo sujeto (=Persona); la unión hipostática es substancial, no accidental, física ni moral. Anatemas 4/Calcedonia. Año 451. Contra los monofisistas. Las dos naturalezas en Cristo está unidas (personalmente), no confundidas ni mudadas ni alteradas de ninguna manera. Anatemas 5/II de Constantinopla: año 553. Ratifica el sentido genérico de las definiciones conciliares. Reafirma las definiciones anteriores sobre el trinitarismo y la cristología y define que en Cristo, aun en una sola persona (la del Verbo), hay dos voluntades. Anatemas 6/III de Constantinopla: año 680-681. Contra el monotelismo y condena de Honorio. Anatemas 7/II de Nicea: año 787. Contra los iconoclastas. Regula la querella de los iconoclastas, pronunciándose por el culto de las imágenes, pero distinguiendo cuidadosamente el culto de veneración del culto de adoración, que sólo es debido a Dios. Anatemas 8/IV de Constantinopla: año 869-970. Contra el cisma del emperador Focio. Confirma el culto a las imágenes y afirma el primado romano sobre cualquier otro patriarca. Anatemas 9/I de Letrán: año 1123. Contra las investiduras. Reivindicó el derecho de la Iglesia para la elección y consagración de Obispos, contra la investidura de los laicos. Condenó la simonía y el concubiato de los eclesiásticos. Anatemas 10/II de Letrán: año 1139. Condenó los amaños cismáticos de varios antipapas y los errores de Arnaldo de Crescia y publicó medidas destinadas a que reinara la continencia en el clero. Anatemas 11/III de Letrán: año 1179. Contra los albigenses, cátaros y valdenses. Regularizó la elección del Papa, declarando válidamente elegido al candidato que hubiera obtenido los dos tercios de los votos de los cardenales. Nuevas leyes contra la simonía. Anatemas 12/IV de Letrán: año 1215. Definiciones sobre la fe y la moral. Organizó una cruzada. Revisó y fijó la legislación eclesiástica sobre los impedimentos matrimoniales, impuso a los fieles la obligación de la confesión anual y la comunión pascual. Anatemas 13/I de Lyon: año 1245. Contra el Emperador Federico II y por la reforma del clero. Reguló el proceso de los juicios eclesiásticos. Declaraciones rituales y definiciones doctrinales para los griegos. Anatemas 14/II de Lyon: año 1274. Por la unión de las iglesias. Definición de que El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como de un solo principio. Definición sobre la suerte de las almas después de la muerte. Sobre los siete sacramentos y sobre el Primado del Romano Pontífice. Anatemas 15/De Vienne: año 1311. Decidió la supresión de la Orden de los Templarios. Definición de que el alma es verdadera y esencialmente forma del cuerpo. Anatemas 16/De Constanza: año 1414-1418. Fin del cisma occidental. Se condenan los errores de Wickleff sobre los sacramentos y la constitución de la Iglesia y los de Juan Huss sobre la Iglesia invisible de los predestinados. Anatemas 17/De Ferrara – Florencia: año 1438-1442. Reforma de la Iglesia y nuevo intento de reconciliación con los griegos de Constantinopla. Definiciones para griegos y armenios sobre dogmas. Anatemas 18/V de Letrán: año 1512-1517. Normas para las instituciones religiosas y condenó las herejías contrarias a la inmortalidad del alma. Definiciones sobre el alma humana, que no es única para todos, sino propia de cada hombre, forma del cuerpo e inmortal. Anatemas 19/De Trento: año 1545-1563. Contra los errores del protestantismo y por la disciplina eclesiástica. Defensa de la Sagrada Escritura, doctrina sobre el pecado original, la santificación y la gracia, sobre los sacramentos, especialmente sobre la Eucaristía y la Misa, sobre el culto de las imágenes y las indulgencias. Condenación de los errores de Lutero. Anatemas 20/Vaticano I:año 1869-1870. Contra el racionalismo y el galicanismo. Definió la infalibilidad pontifica como dogma de fe cuando habla “ex-cathedra” (en calidad de pastor y maestro de todos los cristianos). La Iglesia es monarquía de derecho divino y el Papa recibe potestad directamente de Dios. Define el Dogma de la Inmaculada Concepción. Anatemas.

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