Sin entrar en la cuestión de fondo, hay razón de orden práctico que desaconseja vivamente el sedevacantismo: la proliferación bajo su signo de toda clase de herejes, locos y cretinos parangonables a las diversas sectas protestantes (a cada cual más degenerada). Puede haber y hay sedevacantistas serios y respetables pero en la práctica el sedevacantismo es el camino más rápido para bufonadas como El Palmar de Troya o esos que dicen que el verdadero Papa sigue vivo secuestrado por los judíos en un bunker. Una vez que se corta la conexión con raíz las hojas se acaban secando tarde o temprano. Además el sedevacantismo proporciona una asombrosa facilidad para que cualquier iluminado se autonombre Papa y empiece a decir las mayores tonterías que se pueden concebir. En consecuencia, el sedevacantismo acaba resultando nocivo para la Iglesia y para la Religión Católica. Sólo por esa razón se debería desechar ipso facto. El hecho de que la mayoría de sedevacantistas la tengan tomada con los lefebvristas más que con otras corrientes verdaderamente peligrosas confirma todo lo anterior.
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