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Tema: Rusia y España

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  1. #1
    Avatar de Mexispano
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    Re: Rusia y España

    Noticia añeja, pero las palabras de Putin todavía tienen resonancia.



    CENA DE GALA EN EL PALACIO REAL

    Putin ensalza el "patriotismo español" manifestado en "la Reconquista" y las "batallas contra Napoleón"


    El presidente ruso, Vladimir Putin, ensalzó en su discurso en la cena de gala del Palacio Real ofrecida por los Reyes el "verdadero patriotismo" español manifestado en hechos históricos como "los duros tiempos de la Reconquista" o la guerra contra Napoleón. El rey Juan Carlos elogió a Putin en su discurso por un impulsar "un amplio proceso" de cambios en su país. Además, el monarca destacó la voluntad de España y Rusia de "luchar juntos" contra el terrorismo. Este jueves Putin y Zapatero firmarán una Declaración contra el Terrorismo.




    2006-02-08

    L D (Europa Press) Putin dijo dirigiéndose a las autoridades españolas que "los españoles, fuertes en el espíritu y amantes de la libertad, están dotados de un potente sentimiento de dignidad propia y de un verdadero patriotismo. Estas altas cualidades han ayudado a su pueblo a superar con honra las pruebas más dramáticas".

    En concreto, Putin recordó que los españoles han ayudado "a resistir en los duros tiempos de la Reconquista" y en las batallas contra las tropas de Napoleón, quien precisamente en España "chocó por primera vez con la fuerza de una unánime resistencia popular".

    El mandatario ruso destacó la "imagen genuinamente romántica" de la patria de Cervantes, Lope de Vega y Picasso, cuyas obras han inspirado a muchos de sus compatriotas. "Para los ciudadanos rusos, España siempre ha sido y sigue siendo uno de los Estados más respetados y atractivos del planeta. Encontrándose en el punto de encuentro de Europa y de África, históricamente ha sido un lugar de confluencia de religiones, costumbres y tradiciones de varios pueblos, y logro reunir esta diversidad mundial en su cultura única", subrayó.

    Bajo la influencia española se vivió "la época de los grandes descubrimientos geográficos" tras la Edad Media y gracias, en gran medido, "al talento y valentía de los marineros españoles, la Humanidad cruzó los océanos, ampliando los antiguos confines del mundo". Putin hizo hincapié en los "brillantes dones" de los españoles, basados en "la lealtad a los fundamentos y a las tradiciones, en la actitud respetuosa hacia el legado nacional, hacia los valores espirituales y culturales". Pero lo más importante de los españoles, en su opinión, es que existe "prácticamente una identificación casi plena de su destino personal con el destino de su Patria".

    En último término, dijo que los rusos están "orgullosos" por la existencia "de unos vínculos antiguos y sólidos, una colaboración multifacética y exitosa" entre España y Rusia. "Vemos en ustedes a unos socios seguros, abiertos al diálogo y dispuestos a nuevos logros. Confiamos en las perspectivas de nuestra cooperación, en su rico potencial", concluyó.



    Voluntad de "luchar juntos" contra el terrorismo

    Por su parte, el Rey Juan Carlos indicó, en su discurso, que el fenómeno del terrorismo sólo podrá ser derrotado "desde la firmeza y determinación" del Estado de Derecho.

    El monarca recordó que España y Rusia han sufrido "dolorosamente" las "más crueles expresiones" del terrorismo y que la creación el año pasado del grupo interministerial hispano-ruso de lucha antiterrorista, así como la constante colaboración de los dos países en el marco de las Naciones Unidas, demuestran la común voluntad "de luchar juntos contra tan execrable expresión de la barbarie". "El terrorismo sólo podrá ser derrotado desde la firmeza y la determinación del Estado de Derecho, en defensa de los derechos y libertades fundamentales que esta lacra conculca de forma tan cruel e inhumana, provocando el dolor más profundo de las víctimas y de sus familiares, a quienes debemos toda nuestra solidaridad", subrayó en su discurso.

    Don Juan Carlos señaló que la Declaración contra el Terrorismo que Rusia y España suscribirán este jueves es "fiel reflejo del compromiso asumido por ambos países en este campo". Asimismo, elogió a Putin por ser un "verdadero amigo" de España y consideró que su visita de Estado ofrece la oportunidad de dar un nuevo paso "en la sólida amistad hispano-rusa reafirmando y ampliando los lazos que ya nos unen".

    El jefe del Estado constató que el mandatario ruso ha impulsado en su país "un amplio proceso" de cambios dirigidos a la consolidación del Estado y al desarrollo económico y social. "Nada de lo que ocurre en Rusia nos es ajeno. Sentimos una profunda admiración y un hondo respeto por la gran Nación rusa, al tiempo que una especial simpatía por sus ciudadanos, a quienes deseamos el mayor progreso y bienestar. Unos ciudadanos que, por sus virtudes, preparación y capacidad, son sin duda el mayor activo de vuestra Nación", prosiguió.



    Elogios a Putin

    Además, reconoció el esfuerzo de Putin para llevar adelante todas las transformaciones en curso. "Apoyamos la participación del pueblo ruso en el trascendental proceso de construcción de un eficaz sistema de garantías democráticas y de asentamiento del Estado de Derecho, que hará de Rusia un país aún más fuerte, más abierto y más próspero, sustentado en una sociedad dinámica y en una economía competitiva", manifestó.

    El Rey hizo hincapié en que la estabilidad política y el inicio de las reformas económicas han permitido a Rusia "un crecimiento muy significativo de su Producto Interior Bruto" ya que sus vastos recursos la han transformado en "socio energético indispensable" para Europa y para sus vecinos. "Esa extraordinaria riqueza energética supone también una gran responsabilidad. De su gestión depende en buena medida la estabilidad política y económica de la región y de parte del continente europeo", advirtió.

    Ante el hecho de que Rusia es uno de los principales suministradores de España en el sector energético, se mostró convencido de que existen posibilidades de creciente participación de las empresas españolas en el mercado ruso, especialmente en sectores como la energía, las infraestructuras de transporte y el turismo, que permitirían dinamizar los flujos de inversión y equilibrar los intercambios bilaterales. "Con el debido impulso político por ambas partes, seremos capaces de favorecer una mayor presencia de nuestras empresas respectivas en el desarrollo económico y social de nuestros dos países. Nuestros dos pueblos, con una larga y fecunda historia de admiración y simpatía mutuas, respaldan plenamente nuestra común voluntad de fortalecer al máximo el entendimiento hispano-ruso", concluyó.


    Fuente:

    Putin ensalza el "patriotismo español" manifestado en "la Reconquista" y las "batallas contra Napoleón" - Libertad Digital
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

  2. #2
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    Re: Rusia y España

    Aunque el bueno de Putin, parece más bien que estuviera hablando de la España de hace sesenta años, que de el adefesio europeísta que somos ahora; es de reseñar el contraste que supone escuchar el discurso egregio y tradicional del mandatario ruso, recordando emocionadamente las glorias pasadas de España (como se hacía en la antigua Diplomacia), con la infame y repetitiva cantinela institucional española, "buenista" en lo comercial, democrática y plebeyuna, desprovista de la más mínima grandeza patriótica, y más propia de mercachifles masónicos que de monarcas hispánicos.
    Última edición por DOBLE AGUILA; 21/02/2015 a las 14:00

  3. #3
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    Re: Rusia y España

    ¿Sabías qué...

    ...Alfonso XIII intentó salvar al zar Nicolás II?


    Lunes 23 de Febrero, 2015





    España se mantuvo neutral durante la Gran Guerra y este hecho le dejó las manos libres a Alfonso XIII para interceder por ambos bandos. En febrero de 1917, la Revolución Rusa obligó a abdicar a Nicolás II. El destino del zar era incierto y, en un primer momento, fue trasladado a la ciudad de Toblosk, donde se alojó en el palacio del gobernador. El zar siempre confió en que las monarquías europeas le rescataran, tanto a él como a su familia. Sin embargo, Gran Bretaña y Alemania no aceptaron acoger a la familia imperial por miedo a una reacción revolucionaria en sus propios países. La única monarquía del Viejo Continente que inició gestiones para salvar a Nicolás II fue España. Alfonso XIII se entrevistó con el nuevo embajador del gobierno provisional ruso, Nekliudov, pero cuando este cayó meses más tarde y tomaron el poder los bolcheviques, la suerte del emperador se hizo cada vez más precaria. El 30 de abril de 1918 la familia real fue trasladada a Ekaterimburgo y asesinada el 17 de julio. El hecho fue ocultado a la opinión pública y Alfonso XIII, ignorante del fatal desenlace, prosiguió con sus esfuerzos. Tras la negativa de Gran Bretaña y Alemania, se dirigió a las monarquías de Suecia y Noruega, pero tampoco esa tentativa llegó a buen puerto. Hay documentos del ministerio de Exteriores francés que atestiguan que el 2 de agosto de 1918 Alfonso XIII seguía en sus trece, e incluso en septiembre hubo reuniones entre Fernando Gómez Contreras, en representación de España, y un ministro de Lenin, que le hizo creer que estarían dispuestos a entregar al zar a España a cambio de que nuestro país reconociera oficialmente al gobierno soviético, algo que no ocurriría hasta la Segunda República.


    Fuente:

    Alfonso XIII intentó salvar al zar Nicolás II | Historia de Iberia VIeja

  4. #4
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    Re: Rusia y España

    Conocía la historia, y está bien documentada. Muy loable su intento de salvar al Zar y su familia. Lo malo es que no le dio la gana de salvar a España de la República, es más, se la entregó en bandeja. Y desde luego, aunque fuera una buena causa, primero hay que ocuparse de la propia familia antes de ayudar o salvar a la ajena. En fin, ¿qué se puede esperar de la dinastía usurpadora y del que introdujo la pornografía en España?

  5. #5
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    Re: Rusia y España

    No tiene nada que ver Hyeronimus; el comportamiento de Alfonso XIII no sólo con la Familia Imperial Rusa sino con la oficina de desaparecidos y cautivos poniendo dinero de su bolsillo y demás fue irreprochable. Posiblemente es la única ocasión en la que se comportó de acuerdo con sus mejores ancestros y como se espera que lo haga un príncipe cristiano; si está a la derecha del Padre será en gran medida por esto no te quepa duda.

    Justo es reconocerlo como católicos que somos por encima de cualquier otra circunstancia; las ilegitimidades de ésta persona, sus trascendentales errores y sus miserias humanas son muy conocidas aquí, pero la verdad ante todo como hijos de Dios.
    Última edición por Donoso; 14/03/2015 a las 18:09

  6. #6
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    Re: Rusia y España

    Es cierto que se rescató a muchos desaparecidos y cautivos. Lo sé y no lo discuto. Y abundan las anécdotas que dan prueba de su buen corazón. Como tantos otros personajes históricos, tiene sus luces y sus sombras. Dio unas de cal y otras de arena. Yo tiendo a creer que el problema no es que Alfonso XIII fuera malo, sino que era demasiado bueno. Demasiado blando. Tanto que, en vez de aguantar, se fue y abandonó a España a sus enemigos. Si obro de buena fe o no, no lo puedo decir, y en todo caso ya ha comparecido ante Dios para dar cuenta de sus actos y no me corresponde a mí juzgar sus intenciones. Pero sobre sus actos y las consecuencias de éstos se puede opinar libremente. Y sí, espero que salvara su alma, claro.
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

  7. #7
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    Re: Rusia y España

    Fiesta en memoria de la batalla del siglo

    2 de noviembre de 2012

    Pablo León, Rusia Hoy

    Varios actos en la capital de España recuerdan la guerra contra Napoleón y la batalla de Borodinó.



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    Diversos actos en Madrid recuerdan la guerra contra Napoleón y los acontecimientos de Borodinó en su 200º aniversario. Fuente: Pablo León“Una batalla la gana el que no tiene dudas de que va a ganarla”. Por esta razón Rusia perdió la pugna de Austerlitz. Según Tolstói, que utilizó estas palabras en su gran obra Guerra y Paz, en esa confrontación con Francia, a principios del siglo XIX, los soldados y el propio zar luchaban con fines egoístas como la gloria o la fama.

    Eso cambió en Borodinó, el 7 de septiembre de 1812, cuando el pueblo ruso logró agotar a las tropas de Napoleón, que a partir de ese momento decayeron, evitando así la invasión del estratega francés.

    La cita, máximo exponente de la Guerra Patriótica, ha cumplido 200 años y su conmemoración no solo ha recorrido Rusia sino que también ha llegado hasta Madrid.

    La lluvia acompañó el recorrido de una corona de flores el pasado 25 de septiembre. Varios representantes de la política y la cultura rusa depositaron una ofrenda floral junto a la sempiterna llama del Monumento a los Caídos del Dos de Mayo en el madrileño paseo de Recoletos.

    “En 1812, en Rusia, se seguía hablando de los hechos ocurridos en España cuatro años antes. El poder ruso se esforzó en orientar y presentar el paralelismo de la lucha de ambos pueblos contra Napoleón con ideas como la defensa del hogar y la exaltación, la energía o la emoción española”, explica Vera Bokova, doctora en Historia y directora del Museo Histórico Estatal ruso que tras el homenaje dio una charla, acompañada de varios expertos en el Centro Ruso de Cultura y Ciencia.

    El rechazo a Napoleón en ambos países se basó en la repulsa que provocó en el pueblo, que, a través de la guerrilla, se implicó en la lucha. Aunque en España, el levantamiento de Madrid, en 1808, se usa como conmemoración de la Guerra de la Independencia, el conflicto con Napoleón duró hasta 1814.

    La Guerra Patriótica rusa contra Bonaparte ocurrió en medio de esa contienda. En Europa, dominada por Bonaparte, el rechazo español y ruso se vivió como una resistencia al cambio de valores: una pugna entre modernidad y tradición.

    Algo que el historiador Emilio de Diego, presidente de la asociación para el estudio de la Guerra de la Independencia 1808-1814, no comparte del todo. “Es cierto que ambos conflictos compartían tres ideas clave: Dios, patria y monarca (rey o zar, según el caso), consideradas conservadoras”, aclara.

    “Pero, sobre todo, se trató de un movimiento popular que vio su máxima expresión en los grupos ciudadanos o guerrilla. Una imagen que el romanticismo exaltó y asoció a los españoles. Esa idiosincrasia perduró y fue la que luego se utilizó en Moscú”, añade.




    Fuente: Pablo León



    Para ahondar en Boradinó, las guerras napoleónicas o trasladarse al pasado, basta con recorrer la exposición histórico-documental Borodinó, batalla de los gigantes. 1812-2012 en el Centro Ruso (Atocha, 34), que se inauguró durante la conmemoración del bicentenario.

    Aunque no posee piezas originales, las litografías, los óleos, los cuadros, las imágenes o los recortes de periódicos de la época reflejan en profundidad los tejemanejes de la época. Todo ello sin olvidarse del presente: una colección de fotografías ilustra los actos conmemorativos que tuvieron lugar en Rusia hace dos meses, entre ellos una recreación con más de 2.000 actores de la pugna que ocurrió hace dos siglos.

    En Madrid la celebración fue más modesta pero no menos interesante. A continuación de la ofrenda floral, Eduard Sokolov, director del centro Ruso de Cultura y Ciencia, inauguró los actos que se extendieron durante dos días.

    Durante la primera jornada, una veintena de personas escucharon a varios expertos hablar sobre los hechos, que hace doscientos años, unieron a ambos países.

    “Desde 1808 ya se habla en Rusia de la guerra de la Independencia española a través de la prensa, tertulias intelectuales y en el ámbito diplomático. Esa experiencia es inspiradora y empiezan a surgir muestras del mundo de la cultura como oda a la misma. Así, aparecen poemas sobre la victoria y el mismo año del levantamiento en Madrid, se lleva a escena una primera versión del ballet Don Quijote”, cuenta la historiadora Bókova.


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    El ejército de Napoleón vuelve a Rusia

    Napoleón se presentaba como un reformador; una imagen que en ambos países, en los extremos de Europa no caló. La autoconciencia rusa y la profundización de su carácter se vieron animada por la reafirmación nacional española. Así, la prensa y la propaganda en ambos países hablaba de un estrechamiento de las relaciones en base a la lucha común por la independencia.

    Por otro lado, los medio afrancesados obviaban esa información. “La objetividad no siempre primaba en las noticias de la época. A la vez que un conflicto físico, hubo una guerra en prosa y ambas partes manejaban la pluma con el mismo arte que las armas”, explica Fiódor Petrov, doctor en Historia y jefe de investigaciones científicas del departamento de los manuscritos. Como experto en textos realizó una comparación literaria entre ambas contiendas; la española y la rusa contra el enemigo común, Bonaparte.

    El investigador también participó en la segunda jornada de la celebración, que tuvo lugar en la Universidad Carlos III. Allí, el Centro Ruso, en cooperación con el Instituto de Historiografía Julio Caro Baroja, realizó unas charlas monográficas centradas en la victoria rusa de 1812.

    Muchos de los expertos que acudieron a la mesa redonda del primer día, continuaron sus ponencias en esta jornada. “Se pueden extraer muchas analogías en base a los escritos de la época no solo de periodistas, escritores o poetas sino usando también diarios militares de generales o soldados”, aclara Petrov.

    La analogía de Napoleón como hidra peligrosa se repite en ambos países así como el carácter popular de la guerra. “Después de Bailén, España no se puede conquistar porque ya no es una guerra contra un ejército sino contra un pueblo insurrecto”, anunciaban los titulares de la época. Después de Borodinó, Napoleón tampoco pudo ganar la guerra.



    Fuente:

    Fiesta en memoria de la batalla del siglo | Russia Beyond the Headlines

  8. #8
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    Re: Rusia y España

    Aventuras y desventuras de los primeros españoles en San Petersburgo

    16 de junio de 2013
    Carmen Marín, Rusia Hoy

    La ciudad de San Petersburgo, fundada por Pedro el Grande se convirtió en el primer punto de atracción para europeos en Rusia. Diplomáticos, militares, comerciantes e ingenieros se instalaron en la capital de un floreciente Imperio.





    José de Urrutia y de las Casas, caballero Comendador de la Imperial Orden Militar de San Jorge de Rusia en 4º Grado. Fuente: Wikipedia




    Parece ser que el primer personaje que pone los pies en suelo ruso en representación de España es Fitz-James Stuart, duque de Liria y de Jérica, hijo del duque de Berwick, en 1727y con 31 años. Llegó como embajador español a Rusia y su labor era influir en la corte del Zar a favor de España, pues se temía una posible guerra con Inglaterra a causa del bloqueo de Gibraltar y el apoyo al pretendiente Estuardo.

    Con buena disposición de ánimo, este joven embajador pensó que sería una gran idea llevar unos vinos españoles consigo, pues, como él pensaba, “la amistad se celebra con la botella”. Lo que desconocía el duque de Liria, es que en Rusia se bebía en generosas cantidades y gastó ingentes sumas de dinero de su propia fortuna para representar a la Embajada espléndidamente e invitar a beber a los boyardos.

    Los vinos tuvieron gran éxito pero los esfuerzos del duque se frustraron al firmar Inglaterra con Rusia el tratado de Soissons en 1728. Por sus cartas sabemos que su pobreza había llegado al límite y que no tenía ni para pagar a la lavandera. Sin embargo, recordando el dicho de ‘afortunado en el juego, desafortunado en amores’ en el terreno sentimental obtuvo grandes éxitos. Eficiente adúltero, reunió una buena colección de amoríos, incluso hay de rumores de un romance con la emperatriz Anna Ivánovna.

    Carlos III decidió reanudar la representación diplomática en Rusia y nombró al cordobés marqués de Almodóvar ministro plenipotenciario en San Petersburgo, cuya misión sería estrechar relaciones con Rusia y realizar un buen intercambio comercial. Almodóvar pronto envió informes certeros a sus superiores pero su situación empezó a verse cada vez más comprometida, al sucederse la entrada de España en la Guerra de los Siete Años tras la renovación del Pacto de Familia con Francia, y la muerte de la zarina Isabel Petrovna.

    Y a zarina muerta, zarina puesta. Con la coronación de Catalina la Grande, en 1762, se intentó volver a las buenas relaciones comerciales con Rusia, pero todas sus interesantes sugerencias para mejorarlo cayeron en saco roto en España y el comercio ruso siguió en manos de ingleses, holandeses y hamburgueses. Almodóvar dejó Rusia a causa de la quebrantada salud de su esposa debido al despiadado clima ruso.

    José de Ribas y Boyons fue conocido en Rusia como Ósip Mijáilovich Deribás. Fue marino y llegó a almirante de la Armada rusa. Entre sus logros está el de ser fundador de la ciudad de Odessa, actual Ucrania. Su carrera militar en Rusia fue vertiginosa, llegó en 1772, fue presentado a los más cercanos a la emperatriz Catalina la Grande y se casó con la hija ilegítima del ministro de Construcción de la Emperatriz.

    Participó en la batalla naval de Chesme, en la que la flota rusa venció a la otomana. Ascendió a coronel y conoció a Grigori Potemkim, favorito de la zarina, al que ayudó a conquistar para Rusia la península de Crimea y a construir la Flota del mar Negro y su puerto base, Sebastópol.

    Siguió siendo ascendido en el escalafón militar. Participó en diversas intrigas palaciegas, incluso se habla de un hijo ilegítimo con la emperatriz. Tras ser nombrado almirante de la Flota rusa, todo empezó a oscurecerse, se le acusó de malversación de fondos y después de participar en un complot sin resultado contra Pablo I, empezó a enfermar y delirar lo que acabó con muerte por envenenamiento, según dice la leyenda. La calle principal de Odesa, lleva en su honor el nombre de Deribásovskaya.

    José de Urrutia y de las Casas, comisionado por Carlos III, llegó a Rusia en 1784. Recibió la Cruz de la Orden de San Jorge, la Espada del Mérito y el ascenso a mariscal del Imperio, jerarquía que le obligaba a juramento de servir a Rusia durante toda su vida militar y Urrutia declinó agradecido la oferta.

    La representación española en San Petersburgo continuó, sobre todo gracias más bien a las tareas de los vicecónsules al promover el comercio entre ambos países.

    Llovieron guerras acuerdos y desacuerdos, y de nuevo se reanudó el intercambio diplomático entre España y Rusia y como nuevo ministro español llegaba a San Petersburgo en 1802el militar y literato conde de Noroña. Se disfrutó de un periodo de estabilidad que fue favorable para el comercio, pero de nuevo las cosas se torcieron y a fines de 1804 España declaró la guerra a Inglaterra, lo que trajo sus correspondientes consecuencias.

    Y a finales de 1807 las perspectivas de nuestros protagonistas en San Petersburgo eran poco halagüeñas y el conde de Noroña solicitó el traslado. En su diario personal dejaba escrito: “Ya hace cinco años que estoy en este país de clima tan extraordinariamente duro y de carestía tan inmensa que nadie puede formarse una idea exacta de ella”. Meses después empezaba un periodo difícil para España, en el que no obstante, dos compatriotas brillarían con luz propia bajo el tenue sol de San Petersburgo: el ingeniero Agustín de Betancourt y el diplomático Cea Bermúdez.

    El ingeniero e inventor ilustrado, Agustín de Betancourt y Molina llegó a la capital rusa en 1808, obligado a emigrar de España debido a las malas relaciones con el primer ministro de Carlos IV, Manuel Godoy.

    Un mes después de su llegada a San Petersburgo recibió el grado de general mayor e instructor del Cuerpo de Vías y Comunicaciones y como único superior tenía al zar, el cual, por su intensa actividad le otorgó la condecoración de Alexánder Nevski, la segunda del país en importancia. La amistad con el zar le creó envidiosos enemigos en la corte rusa.

    Entre las muchas obras que dejó Betancourt en Rusia destacan los famosos puentes levadizos de San Petersburgo, la reforma de la catedral de San Isaac o la gran sala Manezh en Moscú, uno de los edificios neoclásicos más emblemáticos de la capital rusa. Agustín de Betancourt fue enterrado en San Petersburgo.

    Cea Bermúdez y Buzo, enviado por las Cortes de Cádiz como diplomático a Rusia, negoció el tratado de Amistad, Alianza y Cooperación el 20 de julio de 1812, por el cual el zar Alejandro I, nuevamente en guerra con Napoleón, establecía una alianza con España y reconocía la Constitución de Cádiz. Tuvo también una destacada actuación en la incorporación de España a la Santa Alianza.


    Lea más

    ¿Qué piensan los rusos sobre los españoles?




    No falta en la lista de visitantes un autor de óperas y ballets: el valenciano Vicente Martín y Soler. Después de una fructífera estancia en Viena, en 1788 Catalina la Grande lo invitó como compositor de la corte en San Petersburgo donde compuso nuevas óperas, algunas en ruso y, tras un breve intento de instalarse en Londres donde tuvo un efímero éxito volvió a San Petersburgo donde se dedicó en exclusiva a la enseñanza y abandonó la composición.

    Tras atravesar en trineo estepas nevadas y lagos helados, en 1856, el duque de Osuna, don Mariano Téllez llegó a San Petersburgo en calidad de embajador. Juan Valera, que nos dejó un interesante y divertido libro Cartas desde Rusia, cuenta con su ironía habitual lo que ve en San Petersburgo, y lo que allí le ocurre al duque del Infantado.




    Juan Valera fue un diplomático, político y escritor español. Fuente: wikipedia



    Don Mariano fue famoso por sus gastos fabulosos y su progresivo endeudamiento. Se dice que no había día que repitiera traje y hasta siete veces en un día. La apostura del duque, su riqueza y cuanto representaba, se hizo eco en la capital rusa. Con los zares tenía íntima amistad, y era famosa su galantería. La casa del duque estaba situada a la orilla del río Neva, frente a la isla Vasílievski, al lado del puente Nikolái. Osuna se mantuvo durante seis años, hasta 1862, como embajador en Rusia.

    Y estas son algunas de las experiencias de estos primeros españoles, intrépidos aventureros, por tierras rusas. Y se seguirán repitiendo las mismas para cualquiera que tenga una misión que cumplir en Rusia. Intrigas y amoríos no faltarán, el vino siempre será escaso, si quiere agasajar como es debido, y nadie se librará de vérselas cara a cara con el acerbo clima ruso.



    La opinión del autor no coincide necesariamente con la de RBTH.



    Fuente:

    Aventuras y desventuras de los primeros españoles en San Petersburgo | Russia Beyond the Headlines
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  9. #9
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    Re: Rusia y España

    Un regimiento español en la corte del zar Alejandro I

    23 de noviembre de 2013

    Yolanda Delgado, Rusia Hoy


    El pasado viernes, 22 de noviembre, en la Embajada de la Federación de Rusia de Madrid se celebró un acto entrañable que conmemoró el bicentenario del Regimiento Imperial Alejandro I, un capítulo emocionante, para muchos desconocido, que forma parte de la Historia común de Rusia y España.





    Momento del solemne acto en la Embajada de la Federación de Rusia en Madrid. Fuente: Yolanda Delgado.



    La Asociación Histórico-Cultural "Voluntarios de Madrid 1808-1814", por medio de Jesús Ruiz de Burgos, coordinador general de la conmemoración, hizo entrega al embajador ruso de una réplica exacta de la bandera del Regimiento Imperial Alejandro I al Museo-Panorama Batalla de Borodinó. Lidia Luchenko, conservadora principal de esta institución, viajó expresamente a Madrid para recoger esta insignia que según declaró en su discurso de agradecimiento: "ocupará un lugar privilegiado en el museo de Moscú".

    Para conocer el origen de este curioso regimiento español, creado en el otro extremo del continente, hay que remontarse a la invasión de Rusia en junio de 1812. Cuando Napoleón formó su gran ejército, la "Grande Armée", con soldados franceses pero también con soldados españoles internados en campos de concentración, que habían sido capturados durante la guerra de 1808 contra Bonaparte.

    Después de la cruenta batalla de Borodinó (descrita por Lev Tolstói en su célebre novela: Guerra y Paz) , muchos soldados españoles comenzaron a desertar para pasarse al ejército ruso. "Los españoles llegaron como enemigos y los rusos los acogieron como hermanos. Sin Rusia, Europa nunca hubiera derrotado a Napoleón", nos comenta Gabriel González Pavón, presidente de la Asociación "Voluntarios de Madrid 1808-1814”, uno de los grupos de recreación histórica de mayor tradición en España.




    Jesús Ruiz de Burgos Moreno entrega la bandera al embajador Yuri Korchagin. Fuente: Yolanda Delgado.


    El Regimiento Imperial Alejandro I nació el 2 de mayo de 1813, fecha que conmemoraba el levantamiento de 1808. Fue creado por decreto del zar Alejandro I, quien le dio su nombre. Se integró en la Guardia Imperial rusa y fue destinado a la corte de San Petersburgo como escolta de la emperatriz madre. Un año después, el regimiento español embarcó en la base naval de Kronstadt rumbo a España donde fue recibida con todos los honores y pasó a formar parte del Ejército regular con el apodo de el Moscovita.

    La bandera tiene en el centro la Cruz de San Andrés, símbolo del ejército español hasta 1760; y en las esquinas aparecen cuatro águilas imperiales de Rusia. Se sabe que la tela fue bordada por las emperatrices Isabel Alexséievna y María Feódorovna, esposa y madre del zar. La bandera original forma parte de la colección del Museo del Ejército en Toledo. A partir de ahora, una copia confeccionada por mujeres españolas estará expuesta en el museo monográfico dedicado a la Guerra Patria de 1812 de Moscú.

    El embajador de la Federación Rusa en España, Yuri P. Korchagin y los numerosos invitados al acto, disfrutaron del desfile militar que este grupo de hombres y mujeres de la asociación, vestidos con el uniforme del ejército ruso de la época, protagonizaron en la calle Velázquez delante del edificio de la Embajada. El embajador Korchagin nos comentó : "agradezco este acto tan simpático, una prueba de que los lazos de amistad entre nuestros dos pueblos perdura en el tiempo".




    Fuente:

    Un regimiento español en la corte del zar Alejandro I | Russia Beyond the Headlines

  10. #10
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    Re: Rusia y España

    ¿Cómo veían los rusos a los españoles...hace tres siglos?

    2 de octubre de 2013

    Víctor Colmenarejo, Rusia Hoy

    El Instituto Cervantes de Moscú y la Biblioteca Nacional de Literatura Extranjera publican un libro con testimonios de rusos que visitaron España entre los siglos XVII y XIX





    Fuente: Ullstein / vostock-photo





    Más de un millón de rusos pasó por España en 2012, la mayoría turistas de sol y playa, pero hasta el siglo XX los rusos que visitaban España eran contados y lo hacían en acto de servicio o como viaje existencial.

    “Ya en la primera ciudad española según cruzas la frontera, Irún, no verás nada parecido, ya no a Francia, sino al resto de Europa”, narra el periodista polaco naturalizado ruso, Faddei Bulgarin, sobre su viaje a comienzos del siglo XIX. El primer libro de la colección Rusos en España que publica la Biblioteca Nacional de Literatura Extranjera con el apoyo del Instituto Cervantes de Moscú es un compendio de testimonios de rusos que visitaron España entre los siglos XVII y XIX.

    A través de sus cartas, diarios o incluso poemas se dibuja un boceto de la España de la época vista desde los ojos de sus invitados rusos. Por el momento el libro, de más de 700 páginas y con textos e ilustraciones de 37 autores diferentes, está únicamente disponible en ruso. A finales de 2014 se publicará un segundo número, con la historia de los rusos en España en el siglo XX. La veterana hispanista Valentina Guinkó, colaboradora de la Biblioteca Nacional de Literatura Extranjera, es la autora del prefacio y de la selección de textos, un vasto trabajo bibliográfico.

    ¿Qué impresión causaba España a los rusos entre los siglos XVII y XIX?

    Los viajeros rusos del siglo XIX a menudo se quejaban de los inconvenientes, como la falta de comodidad de los hoteles españoles en comparación con otros países europeos, las malas carreteras, lo desfasado de los vehículos a motor o la escasa puntualidad de los trenes. También les llamaba la atención el gran número de mendigos por las calles, lo mucho que fuman los españoles o la poca cantidad de borrachos.

    Alguno asistió con indignación a una corrida de toros, que calificó como “espectáculo sangriento”. Pero los rusos también veían muchos aspectos positivos, destacaban de España el clima, la fruta, los patios de colores, las catedrales católicas y la arquitectura árabe.

    ¿Y qué impresión causaban los ciudadanos españoles y su carácter?

    En los textos del libro hay muchas palabras amables para los españoles, los rusos destacaban su cortesía, su benevolencia y su corazón sencillo.

    También la igualdad de las relaciones entre personas de diferentes clases sociales, la autoestima inherente a todos los españoles, cualquiera que sea la posición que ocupe. Conviene recordar que la servidumbre en Rusia no se abolió hasta 1861.

    ¿Cómo surge la idea del libro?

    Detecté interés en el tema a través de artículos en revistas literarias, sobre libros de extranjeros que visitaron España, pero no encontré nada sobre rusos, no al menos de forma ordenada y comprensible. La idea era crear una recopilación de artículos, cartas, diarios, etc.

    La documentación del libro supuso mucho tiempo, pero el proceso fue apasionante. Resulta una referencia interesante conocer cómo nos perciben ojos diferentes, una mirada a nosotros mismos desde otra perspectiva.

    ¿Qué tipo de textos se pueden encontrar en el libro?

    Los de los siglos XVII -XVIII son más informativos que literarios, tratan de negocios y diplomacia. Por ejemplo las cartas de Piotr Potemkin, Semión Rumyantsev y Alexander Vorontsov son básicamente informes, con un propósito eminentemente práctico.

    En el siglo XIX llegarán a España viajeros más variopintos y encontramos todo tipo de manuscritos: cartas literarias destinadas a un público general, mensajes privados, textos de carácter general sobre España (clima, carácter de la gente) y otros más específicos, sobre arte o política.

    ¿Cuál es su carta o pasaje preferido del libro?

    Los textos del libro son heterogéneos y todos tienen su interés en algún sentido. Como lector me interesan Glinka, Saltykov , Kachenovski... Tal vez porque en sus cartas hay más descripción y menos literatura. Algunos textos de la época mezclaban realidad con pasajes de ficción algo tediosos. Puestos a elegir, mis textos preferidos del libro serían las notas de Vladímir Romanov cuando se alojó en Cádiz durante 1818 y las cartas del joven diplomático Dmitri Dolgorukov a su hermano desde Madrid en 1826.

    ¿Qué era lo que atraía a los rusos de España por entonces?

    En la primera mitad de siglo XIX España era para un ruso un país lejano, exótico, lleno de leyendas. Un mito al que contribuyó la literatura romántica francesa e inglesa, autores como Washington Irving. Por poner un ejemplo, durante su viaje por mar en 1858, Dmitri Grigorovich escribió: "Estoy en la ciudad de Cádiz, de la que tantas maravillas hemos oído y leído... " .

    Para algunos de los viajeros cuyos textos recoge el libro España era el sueño de su infancia. Por otra parte, el enemigo común, Napoleón, contribuyó a en cierto modo hermanar a ambos países. A partir de 1812 en la prensa rusa comenzaron a leerse historias sobre la heroica resistencia española.

    Una de las primeras y más interesantes cartas del libro es la de Piotr Potemkin, cuéntenos un poco más sobre su historia.

    En mayo de 1667 el zar Alexéi Mijáilovich envió a España y Francia una misión diplomática dirigida por Potemkin. Llevaba consigo unas cartas del Zar para el monarca español que contenían una propuesta de relaciones comerciales y la invitación a Moscú para una delegación diplomática española.

    Por entonces España no tenía mayores disputas con sus vecinos, Portugal y Francia, y Rusia quedaba demasiado lejos de sus intereses y preocupaciones. La reina Mariana de Austria, regente de Carlos II, agradeció formalmente la propuesta del Zar pero no expresó interés en establecer una colaboración regular. En el verano de 1681 el Zar volvió a enviar a Piotr Potemkin a España con una propuesta similar que tuvo la misma acogida que la primera.

    ¿Cuándo se normalizaron finalmente las relaciones diplomáticas entre España y Rusia?

    En 1722, bajo el reinado del zar Pedro I, el príncipe Serguéi Golitsin se convirtió en el primer representante diplomático oficial de Rusia en España. El primer embajador plenipotenciario de España en Rusia fue nombrado por el Duque de Liria cinco años después, en 1727.


    Fuente:

    ¿Cómo veían los rusos a los españoles...hace tres siglos? | Russia Beyond the Headlines

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    Re: Rusia y España


    miércoles, 15 de agosto de 2012


    Toreros rusos

    La Fiesta en sí misma es una caja de sorpresas capaz de acoger en su interior a todo tipo de personajes procedentes de las más diversas naciones: Todos suman. Hace días conocimos los singulares aportes de personas procedentes de Norteamérica. Hoy queremos centrarnos en Rusia, país con menor bagaje tauromáquico pero que no ha dejado el casillero a cero. Su representante más señero ha sido Román Karpoukhine "Finito de Moscú", nacido en Jarkov (Ucrania) en 1967 y residente en Tarrasa (Barcelona).




    "Finito" debutó de luces en la tarde del 16 de abril de 2000, en La Monumental de Barcelona, con reses de Rogelio Martín Albalat junto a Raúl Cuadrado, Omar Guerra, López Díaz, Serafín Marín y Enrique Guillén, sin mucha suerte para el ruso. A partir de ahí la carrera fue corta: Olot, Yecla y poco más, hasta desaparecer del panorama en 2004.
    Tan singular personaje se decidió a ser torero en 1995, tras una estancia en Albacete en casa de la familia del matador Manuel Amador. Este ex-oficial de las Fuerzas Aéreas rusas y luego profesor de bailes de salón, conoció el mundo del toro y aquí se quedó. Se hizo socio de la peña Taurina de Sabadell y alumno de la primera escuela taurina oficial creada en Cataluña. Tras su debut en Barcelona, el responsable del libro de los récords de Rusia viajó hasta la Ciudad Condal para registrarlo como el primer torero ruso, aunque ya en 1952 hubo en Amposta (Tarragona) una novillada en la que lidiaron el español Joselito Alvarez, el boliviano Abel Fernández y el también ruso Igor Sonsonoff, de quien nada se sabe.






    Dentro del exiguo panorama ruso habría que incluir a la rejoneadora Lidia Artamonova, que llegó a actuar en cosos de España, Francia y Portugal y fracasó rotundamente al querer organizar un festejo en Moscú en el año 2001, de la cual apenas tenemos datos de su trayectoria profesional.

    Esto ha sido todo. La fría Rusia no tiene cerca una cálida Méjico y por tanto la influencia del toro no les afecta en demasía, eso es una evidencia.



    Fuente:

    Los toros con Paco Martínez: Toreros rusos

  12. #12
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    Re: Rusia y España


    1. ENIGMAS DE LA HISTORIA 2004-03-05

    ¿Por qué Alfonso XIII no pudo salvar al zar Nicolás II?

    César Vidal




    Durante la Primera guerra mundial, el monarca español Alfonso XIII fue responsable de la salvación de miles de vidas humanas. Sin embargo, fracasó en uno de sus proyectos más queridos, el de salvar la vida del derrocado zar de Rusia y de la familia imperial. ¿Por qué Alfonso XIII no pudo salvar al zar Nicolás II?




    A pesar de que las presiones ejercidas sobre España para que entrara en la Primera guerra mundial fueron numerosas y a pesar de que existían relaciones de parentesco con ambos bandos —la madre del rey estaba emparentada con soberanos de las Potencias centrales y la esposa era pariente de la reina Victoria de Inglaterra— lo cierto es que Alfonso XIII optó por mantener a la nación en una situación de estricta neutralidad. Ni siquiera el comportamiento, completamente contra derecho, de los submarinos alemanes le llevó a cambiar esa posición avanzado ya el conflicto. Sin embargo, la política de neutralidad no fue un equivalente —ni mucho menos— de la indiferencia frente a la guerra.

    Al inicio de la misma, una lavandera francesa escribió a Alfonso XIII para indicarle que su esposo había desaparecido en combate y rogarle que hiciera lo posible para descubrir su paradero. El monarca español atendió las súplicas de la mujer y así logró averiguar que seguía vivo y se encontraba internado en un campo de prisioneros en Alemania. El episodio fue publicado por la prensa francesa y, de manera lógica, llegó hasta las manos de Alfonso XIII un verdadero aluvión de solicitudes de personas que estaban interesadas en conocer el destino de sus seres queridos. La consecuencia inmediata de esta circunstancia fue la creación de una oficina costeada por el presupuesto del rey y compuesta por cuarenta empleados cuya finalidad era localizar a los desaparecidos en el curso del conflicto, hacerles llegar ayuda material e incluso interceder por ellos. La labor llevada a cabo por esta oficina fue realmente extraordinaria —por ello resulta aún más incomprensible el desconocimiento de su labor humanitaria— hasta el punto de que ayudó a repatriar a unos setenta mil civiles y a veintiún mil soldados. Además intervino a favor de 136.000 prisioneros de guerra y llevó a cabo cuatro mil visitas de inspección a campamentos de prisioneros. La mayoría de esos casos fueron de gente anónima pero, ocasionalmente, estuvieron referidos a celebridades como el artista Nizhinsky, que salvó la vida en un campo de concentración gracias a la intervención personal del rey, o a la enfermera Edith Cavell, fusilada finalmente por los alemanes por ayudar a soldados aliados fugitivos. En ese contexto, puede entenderse perfectamente la preocupación que Alfonso XIII manifestó por el zar Nicolás II desde febrero de 1917.

    En esa fecha, una revolución obligó al zar a abdicar quedando el futuro de éste y el de su familia más cercana sujeto a la voluntad de los que parecían nuevos dueños de Rusia. Alfonso XIII había estado a punto de morir varias veces a manos de terroristas de izquierdas —una de ellas el mismo día de su boda— y, quizá por ello, fue consciente desde el principio de los peligros que podían cernirse sobre la familia imperial. En la primavera de 1917, visitó España Nekliudov en representación del nuevo gobierno provisional ruso. En la ceremonia de entrega de credenciales como embajador, Nekliudov agradeció a Alfonso XIII el papel extraordinario que había realizado ocupándose de la suerte de numerosos soldados rusos. Aprovechó esa circunstancia el monarca para, una vez concluida la intervención de Nekliudov, levantarse del trono y acercarse al nuevo embajador. Alfonso XIII le comentó entonces que agradecía la mención a la ayuda que había prestado a los prisioneros de guerra rusos. Ahora deseaba interesarse por otros presos, el zar y su familia, y le rogó que comunicara al nuevo gobierno su petición de que se les pusiera en libertad.

    La solicitud de Alfonso XIII en puridad debía de haber contado con paralelos en otras casas reales europeas pero, lamentablemente, no fue así. De hecho, cuando el monarca español se dirigió a Jorge V de Inglaterra —pariente del zar— para que apoyara una iniciativa encaminada a liberar a los Romanov, sólo recibió una respuesta por vía diplomática —el día de los Tontos de abril, equivalente a nuestros Santos Inocentes— comunicándole que debía perder cuidado. No tardó Alfonso XIII en percatarse de que la seguridad que había intentado transmitirle el embajador británico en España no se sustentaba sobre bases sólidas. Así, en cuanto que el gobierno británico se planteó con seriedad la posibilidad de dar asilo al zar y a su familia, fue el propio Jorge V el que se opuso a ella. A lo largo de dos semanas que resultaron decisivas, Jorge V se esforzó por convencer al gobierno británico de que no era conveniente recibir al zar y a su familia. Las razones fundamentalmente se reducían al deseo de Jorge V de no tener problemas con la opinión pública y, muy especialmente, con el partido laborista. Desde su perspectiva, el pueblo acogería mal que se recibiera a la zarina Alejandra, una princesa alemana a fin de cuentas, en Gran Bretaña. Por añadidura, era posible que los laboristas sintieran veleidades republicanas tras lo sucedido en Rusia. No convenía, por lo tanto, incomodarlos proporcionando refugio al derrocado zar.

    El 13 de abril de 1917, el primer ministro británico se vio obligado a ceder a las presiones regias y se limitó a comentar en una reunión de su gabinete que España sería un lugar mejor para acoger al zar y a su familia. Al cabo de unas horas, el proyecto de solicitar la liberación del zar fue abandonado por el gobierno británico. Para colmo de males, en octubre, los bolcheviques dieron un golpe de Estado derribando al gobierno provisional e implantaron un gobierno que, según palabras del propio Lenin, aplicaría el “terror de masas” para mantenerse en el poder.

    A esas alturas, Alfonso XIII se había percatado sobradamente de lo sucedido en Gran Bretaña y entonces decidió intentar que otras monarquías europeas se sumaran a su proyecto de liberar al zar. Propuso así a los reyes de Suecia y de Noruega el envío de un navío de guerra español a un puerto escandinavo para recoger allí al zar, a la zarina y a sus cinco hijos. Lo único que pedía de las monarquías nórdicas era que mediaran ante el gobierno soviético. Unos meses antes —en junio de 1917— Gustavo de Suecia había intentado salvar al zar pidiendo ayuda para ello al gobierno británico que había rechazado su plan como “rebuscado” e “impracticable”. La solicitud de Alfonso XIII llegaba, por lo tanto, en un momento en que ni Suecia ni Noruega tenían ya esperanzas de salvar a Nicolás II.

    Tampoco cabía esperar nada del káiser. A pesar de su relación de parentesco con Nicolás II, Guillermo II no dio ningún paso efectivo para salvar al zar. Lo más grave es que Alemania había entrado ya en negociaciones con el poder soviético para firmar una paz por separado y contaba con esa baza para presionar sobre los bolcheviques. Sin embargo, no lo hizo. Por el contrario, sí aceptó, por ejemplo, poner en libertad al socialista Liebnekht para complacer a Lenin.

    Ciertamente, a mediados de 1918, las circunstancias no se presentaban en absoluto favorables para lograr la liberación del zar y de su familia. Sin embargo, Alfonso XIII no estaba dispuesto a arrojar la toalla y decidió continuar sus gestiones en solitario ya que no podía contar con el respaldo de otras potencias. Lamentablemente, sus esfuerzos no iban a llegar a buen puerto.

    La próxima semana terminaremos de desvelar el ENIGMA sobre los intentos de Alfonso XIII para salvar al zar Nicolás II.




    Fuente:

    César Vidal - ¿Por qué Alfonso XIII no pudo salvar al zar Nicolás II? - Libertad Digital

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