Escuchando ayer las opiniones de un grupo de contertulios habituales, o sea, siempre los mismos con las mismas caras y permanentes mantras, en uno de los tres programas que, dada la participación mencionada, con ver uno ya se han visto los tres, en esa cadena de televisión, "la 13", que es la COPE, y que pagamos todos los que en la declaración de la renta marcamos el famoso 0'7 con la conocida "X", pude oír como uno de los susodichos, un tal Federico Quevedo, -no sé como será para los amigos-, periodista de formación y empleo, afirmaba más o menos textualmente:

-. "He estado leyendo estos días un libro del 2004 nada menos que en su momento tuvo escasa difusión, pero que trataba de este tema del islamismo."

Al escucharlo, lo primero que se me vino a la mente fue aquello de "Cuidado con Don Estupendo que de día nos viene contando, lo que de noche estuvo leyendo." Así que seguí prestando atención al discurso de Don Federico. Afirmó el hombre con plena convicción personal que estos asesinos no son mahometanos en realidad (sic), ya que el islamismo es otra cosa distinta de la religión del Islam, ¡toma ya! Y era evidente que elaboraba un discurso lleno de contradicciones, tomado por los pelos y buscando justificar lo injustificable.

Para empezar este señor, "presunto periodista" tiene la obligación de informar y para eso de informarse previamente de modo objetivo. Dejarse de cuentos tártaros acerca de la antigüedad de un libro, ¡un libro! como si fuera un dogma, que tiene solamente diez años de edición, vamos de ayer mismo, cuando el problema sobre el que versará dicho libro surgió en el año 610 d.C. o sea, hace sólo 1405 años. Pero, sobretodo, hay que saber de qué se habla, así que veamos en qué se puso a hacer de tuercebotas:

- La doctrina del ISLAM o "sumisión a la voluntad divina" es la predicada por Mahoma que significa "el glorificado", es decir, que por definición toda forma de islamismo, sea de interpretación moderada o de interpretación fundamentalista, son lo mismo.

- Las tres fuentes de la fe del musulman o muslim = creyente, son las que siguen:

a) El Corán o palabra de Dios, dividido en 114 suras o capítulos.

b) La Sunna, que significa camino y que se compone de la tradición de las costumbres y sentencias de Mahoma, que los fieles deben imitar.

c) La Yima, o acuerdo de todos los musulmanes, fuente infalible y de verdad absoluta.

Aunque no sea más que de oírlo a diario, los musulmanes se dividen básicamente en dos corrientes:

a) Sunníes o sunnitas que se consideran los ortodoxos del Islam.

b) Los chiítas o fatimíes, que rechazan la Sunna. Toman a Alí, yerno de Mahoma, como su legítimo sucesor y por tanto componen la facción legitimista dentro del Islam.

Pues bien, todos los fundamentalistas son los sunníes, todos esos individuos de los que oímos que ponen bombas, o que degüellan a occidentales ya sean cristianos o sean ateos. Esos mismos que luego se agrupan en Los Hermanos Musulmanes, o Al-Qaeda, o EI en la actualidad. Y las convicciones y maneras de esta gente son las mismas desde hace 15 siglos. Pero los chiíes tampoco se quedan atrás, pues son los que ahorcan en la vía pública a los homosexuales o lapidan a las adúlteras. Eso sí son algo más "moderados", permiten que a sus mujeres se les vea la cara en lugar de sólo los ojos.

Entonces, cuando uno escucha las razones de alguien como nuestro distinguido periodista, puede hacer lo siguiente: apagar el televisor, dejarlo mudo, cambiar de canal, dejarlo como está y marcharse a hacer otra cosa..., porque la impotencia de no poder contestar las chorradas que soltó el susodicho no es buena para la salud ni mental ni somática. Lo peor de todo esto es que el mismo personaje luego va a otra tertulia en otro canal y suelta el mismo mantra una y otra vez. A eso pongamos la guinda de que la 13 la pagamos entre todos los católicos, tal como apunté más arriba, pero no estamos representados para nada. Y con estos mimbres es como se informa a la gente y se forma la opinión pública, porque por encima de todas las cosas está el derecho de opinión de ellos, no el ajeno, no, el suyo, el de ellos y sólo suyo. ¡Apaga y vámonos!