Bueno, bueno, dejando este recopilatorio, después de leer Boves el urogallo y llevar mucho tiempo tras esta figura histórica, puedo decir lo siguiente:


- No estamos ante un libro que "disculpe" a José Tomás Boves, ni tan siquiera que minimice sus crueldades; al contrario, en más de una ocasión las "exagera". No en vano según dos historiadores colombianos como son Luis Corsi Otálora yPablo Victoria, Boves puede ser el antecedente de los "paracos" (Paramilitares, Autodefensas Unidas de Colombia). Con todo y con eso, sí explica el "por qué de la crueldad" de Boves, que no fue menos cruel que Bolívar, Ribas o Campo Elías. Creo que objetivamente, fue menos cruel, dicho sea de paso; pero eso es otra historia y no deja de ser cosa mía.

Su vida de niño no fue nada fácil, hijo de la hidalguía muy venida a menos, intrépido en la escuela de pilotaje, llegado a América después de pasar el examen en El Ferrol y navegar por el Mediterráneo. La falta de posibles, su juventud y su "pericia" (Esa habilidad que tenemos los hispanos para considerar la picaresca como una mezcolanza entre risa e inteligencia...) lo llevan al contrabando y tras una pequeña imprudencia y un flagrante chivatazo, es condenado al presidio. Gracias a Roscio, la pena se le conmuta por confinamiento en Calabozo, donde Boves se va a fundir en la tierra como pulpero/ganadero. Su mundo va a ser el de los gachupines y el de las "castas", especialmente el de los negros y los pardos. Será rechazado desde primera hora por los mantuanos, la nobleza criolla venezolana, según ellos, los "auténticos blancos"; es decir, los españoles recién llegados, con más o menos recursos, no eran sino como mucho "blancos de segunda" en su orgullo máximo de ser descendientes directos de los conquistadores. Boves no dejaba de ser un pulpero y encima presidiario....Con todo, en un principio fue partidario entusiasta de la la causa republicano-independentista y de hecho ofreció alistarse. Fue acusado injustamente de espiar para el general Monteverde y condenado a muerte en un proceso más que sumario, después de ser azotado. Todo ello por ser de origen asturiano, cuando llevaba media vida en los Llanos, confirmando su adolescencia y su mayoría de edad en tierra ultramarina, y como tal se sentía. Cuando Antoñanzas derriba a los insurgentes y es milagrosamente liberado después del terremoto es cuando decide sumarse a la causa realista, donde aprenderá con este Antoñanzas determinadas técnicas de guerra y confraternizará con Monteverde. Es cuando aprende el "terror" ("Explicado" en buena medida por oficiales peninsulares e isleños que habían vivido terribles guerras contra los berberiscos), terror sufrido en su carnes de mucho antes cuando se le hizo la vida imposible una y otra vez; y más en ese momento, cuando está a punto de conocer la muerte y se le quitan o queman todas sus propiedades, no respetando ni la vida de un niño indio al que crió.

Terror que, por otra parte, fue practidado desde el principio en las filas independentistas, sabedores que en verdad eran más bien minoría, dictando bandos terribles incluso contra todo aquel que osara hacer la más mínima crítica. En esta situación tenemos al León de los Llanos, a Boves en la guerra, al despechado que se reúne con los despechados, en una sed de venganza terrible, con trazas de agobio y de dolor. Dolor por la exclusión. Y es que en los principios de la República se excluyó a los españoles pobres (Ya fueran recién llegados o que llevaran varias décadas allá) tanto como a los negros, los mulatos, los zambos, los mestizos, etcétera. Y los grandes derrotados fueron los indios; muchos que aún esgrimen títulos de la Corona para la propiedad de la tierra que cada vez les está siendo más arrebatada. La guerra de Boves fue una guerra de excluidos, de los que no querían las élites criollas deseosas de obtener el poder absoluto, poder que en buena medida ya ostentaban. Estamos ante el "¡mueran los blancos!" del (rubio...) Boves frente al "mueran españoles y canarios" de Bolívar y la guerra a muerte.



-Es una crítica a la historia de la independencia venezolana. Una crítica constructiva. La crítica de un pariente de Bolívar que considera que su pariente fue un ser humano y no un dios en la tierra por encima del bien y del mal, y que Boves fue otro ser humano muy maltratado en diversas condiciones de su vida, mientras que Bolívar fue un mantuano muy privilegiado en muchos aspectos. Pero con todo y con eso no es un libro "antibolivariano" ni por asomo. Es un libro que nos viene a decir que el endiosamiento no le hace bien a nadie; así de fácil, así de difícil.


-Con Boves, como decimos, van a salir a relucir sentimientos de rencor alucinado. Va a ser el casual conductor de una suerte de Devotio Iberica equinoccial. Vio pronto que Miranda intentó darle la libertad a los esclavos para ques e sumaran a su causa y que fracasó estrepitosamente. Luego Bolívar los va a obligar a combatir en su bando amenazándolos con terribles represalias en caso contrario. Por tanto Boves lo que va a hacer es intentar reconducir el cimarronaje. No en vano, como decía Alejo Carpentier en El siglo de las luces
los negros nunca necesitaron de revoluciones para luchar por su libertad. Vamos a ver auténticos palenques en marcha guerrillera; y en ello evoco a los escritos de Carmen Mena, la que fue mi profesora, sobre las revueltas de esclavos en el Panamá en el siglo XVII. Con más de uno tuvo que capitular la Corona, siendo luego destacados soldados.


-Boves fue víctima tanto de sí mismo como de su tiempo. No supo "administrar la venganza" por llamarlo de algún modo y entró en auténticos grados de psicopatía, tanto como los de Ribas y Campo Elías fusilando españoles masivamente por el hecho de serlo y mandando a improvisadas vestales a bailar sobre la sangre de los ejecutados. Boves fue la alucinación en masa y no respetó ni tan siquiera a las iglesias para las ejecuciones masivas y las violaciones. Todo ello está explicado en un lenguaje muy directo, muchas veces cruento a fuer de real.


-El retrato social es magnífico, en una época convulsa donde la mayoría de la gente no sabía por lo que estaba combatiendo realmente, donde se cambiaba de bando como se cambiaba de chaqueta y donde el desorden imperaba rugiendo mientras que de España venía de todo menos talento. Como se dice, las ricas descripciones en torno a lo social, lo cultural y lo racial son abrumadoras, en un lenguaje vivo, colorista y costumbrista, que va acariciando todos los puntos de vista, sumiéndonos en la geografía del país con bastante precisión. Y por supuesto, desde un punto de vista psicológico, es todo un análisis vital en un periodo comprendido entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, en torno a la vida de Boves, vaya.

No olvidemos que nuestro autor fue un prestigioso psiquiatra (Acendrando sus estudios en la Universidad de Salamanca) y que en su intelecto (Incómodo para muchos de su época) siempre almacenó esa fascinación por su labor.


-Analizando con determinada frialdad, no estoy de acuerdo con aquellos que dicen que los llaneros de Boves pretendían una "revolución". También sería exagerado por otra parte decir que estas huestes, en muchas ocasiones más numerosas y populares que las bolivarianas, tenían una doctrina de férrea adhesión a la monarquía española. Las tropas de Boves fueron por un lado más simples y por otro más complejas. No concuerdo con Francisco Herrera Luque con que, por ejemplo, Boves en el fondo despreciara a las gentes de color y que actuaba en contra de los que se atrevían a ser más soberbios que él, que era el caso mantuano. Boves pidió que se reconociera a los suyos como oficiales y guió a una masa que se veía en la orfandad más absoluta, y ese reclamo ante la oficialidad española creo que quiere decir mucho. A lo mejor no era más que una dosis de "generosidad populista" que ya le acompañaba desde sus tiempos de comerciante, todo puede ser.

Por otra parte, es cierto que el "mueran los blancos" se refería más al "rico propietario" que a "la raza blanca"; aunque en muchas ocasiones se confundiera en una especie de "exterminio racial", de los que, paradójicamente, siempre se sintieron seguros con un jefe militar blanco.