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Tema: Mexico no es bicentenario

  1. #241
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    Re: Mexico no es bicentenario

    En estos documentos Morelos trata de convencer a los americanos que militan en las filas realistas de pasarse a su bando.



    Primera reconvención dirigida por José María Morelos, desde Cuautla, a los criollos que militan en las filas realistas.

    Apróx. 23 de febrero de 1812.


    A LOS CRIOLLOS QUE ANDAN CON LAS TROPAS DE LOS GACHUPINES

    Amados hermanos:

    Nuestra sentencia no es otra sino que los criollos gobiernen al reino y que los gachupines se vayan a su tierra o con su amigo el francés que pretende corromper nuestra religión.

    Nosotros hemos jurado sacrificar nuestras vidas y haciendas en defensa de nuestra religión santa y nuestra patria, hasta restablecer nuestros derechos que tre(s)cientos años ha nos tienen usurpados los gachupines.

    Para el efecto, tenemos por fondo todos los bienes de ellos y los que nos ofrece toda la Nación Americana; ésta es poderosísima en gente y reales, y también tiene no pocas armas que a fuerza de su valor ha quitado a las tropas de los gachupines.

    Con que en todo estamos ventajosos, y aunque los gachupines no quieren irse a su tierra, ya porque su tierra está perdida y ya porque les duele dejar riquezas que no trajeron de su tierra, aquí van acabando a manos de los criollos, pues mucho más merecen por sus iniquidades.

    Y vosotros perecéis con ellos, si os encontramos en ellos; y en caridad os suplico que dejéis a los gachupines y no perezcan los criollos que engañados con excomuniones y mentiras, los traen engañados, poniéndolos de carnaza para que nos maternos unos con otros.

    ¡Abrid los ojos, americanos, que la victoria está por nuestra! Ya hemos matado más de la mitad de los gachupines que había en el reino.

    Pocos nos faltan que matar, pero en guerra justa; no matamos criaturas inocentes, sino gachupines de inaudita malicia.

    Ya no hay España, porque el francés está apoderado de ella. Ya no hay Fernando VII porque o él se quiso ir a su Casa de Borbón a Francia y entonces no estamos obligados a reconocerlo por rey, o lo llevaron a fuerza, y entonces ya no existe.


    Y aunque estuviera, a un reino conquistado le es lícito reconquistarse y a un reino obediente le es lícito no obedecer a su rey, cuando es gravoso en sus leyes, que se hacen insoportables, corno las que de día en día nos iban recargando en este reino los malditos gachupines adbitristas.

    ¡Oh malandrines, destructores del mejor reino!

    Vosotros, americanos, a la vista de estas verdades elegiréis el mejor camino, que será el de apartaros de los gachupines, pues si no pereceréis con ellos sin que os valga disculpa; [así] pues, el campo tenéis libre.

    Dios os ilumine, os guíe, os bendiga y os guarde como lo desea un defensor de la América.


    José María Morelos.

    Es copia.


    Fuente:

    Ernesto Lemoine Villicaña. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México, 1965. p. 195-196.

    Nota de Ernesto Lemoine Villicaña: Archivo General de la Nación (AGN), Operaciones de Guerra, t. 198, ff. 135-6. En carta dirigida al virrey desde Cuautlixco, el 23 de febrero de 1812, informándole del curso de las operaciones en torno de Cuautla, Calleja brinda detalles acerca de la forma en que esta proclama llegó a sus manos: "Sigue el enemigo encerrado en su recinto y esta mañana se halló a la salida del pueblo arcabuceado en cruz a un granadero que desde el día de la acción creíamos extraviado, con los dos papeles adjuntos, uno en cada mano, tan seductores como absurdos y tan absurdos corno ciertos en el egoísmo que atribuyen a los europeos" (mismo legajo, f. 134).




    _______________________________________

    Fuente:

    http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1812_113/Primera_reconvenci_n_dirigida_por_Jos_Mar_a_Morelos_desde_Cuautla_a_los_criollos_que_militan_en_las_filas_realistas.shtml

  2. #242
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Segunda y más enérgica reconvención a los americanos que militan en las filas realistas, dirigida por José María Morelos al campamento de Calleja, durante los días heroicos del sitio de Cuautla.

    Apróx. 23 de marzo de 1812.


    A LOS AMERICANOS ENTUSIASMADOS DE LOS GACHUPINES

    Soldados, todos los que militáis bajo las banderas de Calleja, escuchadme un momento procurando poner libre vuestro entendimiento para poder distinguir las verdades que no conocéis, por el entusiasmo en que os tienen o por la costumbre de obedecer tre(s)cientos años, sin saber siquiera por qué obedecéis.

    ¿Hasta cuándo, hasta cuándo será depuesta vuestra ceguedad?

    ¿Hasta cuándo conoceréis vuestros derechos?

    ¿Hasta cuándo retribuiréis con el reconocimiento a la obligación en que estáis con vuestros legítimos jefes americanos, que se desvelan por vuestra libertad y conservación?

    ¿Decidme, errados hombres, cuál es el rey que defendéis?

    ¿Se os oculta acaso que, prisionero en Francia con toda su real familia, se ha ligado con el estrecho caso de parentesco con Napoleón, casándose con la hija del emperador de Alemania, y que Pepe Botellas es rey de España?

    ¿No habéis oído decir siquiera, que lo mismo fue faltar Fernando VII y su familia de España, que empezar los europeos a formar Juntas para gobernarnos, ya la de Sevilla, ya la Central, ya la de Regencia, queriendo que en cada una de ellas resida la soberanía, que ninguna de ellas tiene legítimamente, y que después todas éstas han ido saliendo traidoras e inicuas, entregando cada una la parte que ha podido al francés?

    Decidme, ¿qué pretendéis con esa obstinada resistencia? Yo os lo diré con sumo dolor de mi corazón. Escuchadme.

    ¿Pretendéis sea presa del francés nuestra querida patria, que se extinga de este precioso reino la sagrada religión, que se conviertan los sagrados templos en casas de prostitución, que sobreviniendo todo aquel cúmulo de males que no podéis dejar de conocer, ni yo me atrevo a prorrumpir sin lágrimas, seais instrumento inmediato de vuestra aniquilación temporal y espiritual?

    ¿Peleais por despojar al Señor Omnipotente de esta preciosa heredad y entregarla a Satanás?

    No comprendo ni alcanzo cómo tenéis valor para coadyuvar a la más bárbara empresa que han visto lo siglos.

    Vosotros, que habéis dado siempre las más irrefragables pruebas de amor a la religión, amor a la patria, ¿por qué (os pregunto), os habéis convertido en tiranos contra Dios, contra la patria, contra vuestros hermanos y contra vosotros mismos?

    ¿Por qué amparáis con tanto entusiasmo a los europeos que son vuestros mismos verdugos?

    ¿Qué no habéis observado acaso cómo se jactan y alegran de ver derramada vuestra sangre en las campañas?

    ¿Cómo se complacen al ver vuestras mujeres e hijos, hermanos y amigos, suspirando y padeciendo en vuestras chozas?

    Todos dicen: contribuye a nuestra felicidad temporal, los criollos salvajes unos con otros se matan, sus familias perecen y mientras más tiempo menos insurgentes.

    Así se explican éstos aun a vista de vosotros mismos. ¿Cuáles serán sus conferencias privadas? Meditadlas si tenéis valor, porque yo me asombro al considerarlas.

    Escuchad las interiores voces de vuestra conciencia, que ella os hará ver con luz más clara que la del día, la maldad más inaudita de que estáis poseídos; y sobre todo, no me podéis negar cuántas veces, cuántas veces hablando con vosotros mismos al impulso de la voz de Dios, habéis dicho:

    ¿Qué es lo que estoy defendiendo? ¿Por qué me afano y expongo mi pecho al frente de las armas de mi amada Nación?

    Y no habéis econtrado otra respuesta en vuestra conciencia que: Por defender a los europeos y sus haberes; y como éstos os tienen embelesados con aquella diabólica política sugerida del común enemigo, de ésta tomáis opinión y proseguís, pero no sin que vuestra conciencia os persuada lo contrario, sino que estéis sordos a las voces de Dios y de la naturaleza que, como pregonera, es fuerza que os hagan aquella impresión que perciben hasta los animales irracionales guiados de su instinto.

    Pregunto a vosotros: ¿Habéis visto animal que busque de intento su aniquilación?; pero para qué es persuadiros, cuando conocéis los males y los bienes, y abusáis de éstos y buscáis aquéllos sin poder yo penetrar la causa que os mueve.

    ¡Oh Americanos, amados compatriotas míos, despertad de ese letargo que os tiene ofuscadas las potencias y seguid, os suplico, escuchando a quien desea el complemento de vuestras felicidades!

    Sabed que la Soberanía, cuando faltan los reyes, sólo reside en la Nación; sabed también que toda Nación es libre y está autorizada para formar la clase de gobierno que le convenga y no ser esclava de otra; sabed igualmente (que bastantes noticias tendréis de ello), que estamos tan lejos de la herejía, que nuestra lid se reduce a defender y proteger en todos sus derechos nuestra santa religión, que es el blanco de nuestras miras, y extender el culto de Nuestra Señora la Virgen María, corno protectora y defensora visible de nuestra expedición; y si queréis ver milagros asombrosos y portentos originales en este reino, venid, venid uno siquiera de vosotros y estoy seguro que quedaréis pasmados al ver los efectos maravillosos que ha hecho vuestro continuo bloqueo en este pequeño pueblo protegido del cielo.

    Lejos de ser vuestro tenaz fuego horrible a sus habitantes, antes se regocijan y complacen en Dios y su Madre Virgen, viendo los efectos, repito, tan al contrario de la naturaleza, que corrobora la fe de sus vecinos y los esfuerza a la continuación de nuestra justa causa; y omitiendo infinitas razones que tengo por patentaron, que es justa y santa, por no alargarme, sólo os diré por último que nuestras armas están pujantes y la América se ha de poner libre, querráis o no querráis vosotros, y que con defender, o mejor diré, ofender a vuestros hermanos de América, sólo conseguiréis se derrame más sangre para conseguirlo. ¿Y qué sangre?

    Decidlo vosotros mismos: la de los americanos, sea de éste o de ese partido, pues los europeos bien saben guardarse, como vosotros lo sabéis; y no sólo guardarse sino alegrarse de vuestra infeliz y desgraciada suerte.


    ¿Cuando os halléis ante el Divino Tribunal, qué descargo daréis de esta porción de sangre derramada por vosotros?

    Temblad amados compatriotas de continuar en estos crímenes tan bárbaros; lavad ese feo borrón, convirtiendo esas bayonetas en esos cuantos europeos amilanados que están a vuestra retaguardia, a quienes no hemos confundido nosotros, no por falta de fuerza, sino que para llegar a ellos es necesario primero derramar vuestra sangre, que tanto amamos, como que está por delante custodiando como cosa sagrada a la soberbia y tiranía.

    ¡Qué vergüenza! ¿Qué entusiasmo tan geno [sic] de un cristiano católico no haría otro tanto un turco o moro?

    Por conclusión, quisiera preguntaros de muchas cosas, pero no quiero sólo de una.

    ¿Cómo tenéis valor, cómo tenéis auxilio en vuestra naturaleza para dirigir vuestros tiros a los sagrados templos de Jesucristo, donde reside sacramentado, donde se ofrece repetidas veces en sacrificio?

    Aquí desfallece mi respiración y se me cae la pluma de horror; vuelvo a tornarla, y os digo con todas las veras de mi corazón que aunque mi ceguedad me tuviese sumergido en ese inicuo partido, como vosotros, estoy cierto que aunque se reuniesen todas las potestades de la tierra y las del cielo (si posible fuera), no serían bastantes a hacerme contener una maldad sobre toda maldad; perdería mil vidas antes que hacer fuego a aquel Señor que fabricó los cielos y la tierra; creería que en el momento de hacer fuego al cañón, me arrojaba a los infiernos.

    ¡Oh, cuánto sufres, Dios Omnipotente!

    Vuelvo a proseguir suplicándoos que meditéis estas verdades y detestando ese partido, retribuyáis a vuestra patria, como debéis; de cuyos dignos jefes seréis no solamente bien recibidos, sino premiados altamente de vuestras acciones, y lo que es sobre todo, agradaréis a Dios, a quien ruego ilumine vuestras potencias, siendo propicio en perdonaros.


    [José María Morelos].

    Es copia [media rúbrica de Calleja].


    Fuente:

    Ernesto Lemoine Villicaña. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México, 1965. p. 197-200.

    Nota de Ernesto Lemoine Villicaña: Archivo General de la Nación (AGN), Operaciones de Guerra, t. 200, ff. 196-7. Esta formidable exhortación de Morelos, arrojada al campamento realista durante los días críticos del sitio de Cuautla, es mencionada por Calleja, en oficio al virrey, de 23 de marzo de 1812 (mismo vol., ff. 188-94), en los siguientes términos: "Incluyo a V.E. copia de uno de los muchos papeles seductores que atados a los cuellos de los caballos nos despacha cada día Morelos. Nuestros soldados le han contestado algunos en su idioma, lo que no me pesa, porque verá por ellos que es el soldado quien habla y lo poco que debe esperar por este camino, sin embargo de que en un mal suceso no tengo demasiada confianza."




    _______________________________________

    Fuente:

    http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1812_113/Segunda_y_m_s_en_rgica_reconvenci_n_a_los_americanos_que_militan_en_las_filas_realistas_dirigida_por_Jos_Mar_a_Morelos_al_campamento_de_Calleja_durante_los_d_as_heroicos_del_sitio_de_Cuautla.shtml

  3. #243
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    Re: Mexico no es bicentenario

    El dos de mayo de 1826, las cámaras de diputados y senadores abolieron los títulos nobiliarios, para eliminar la «dependencia o enlace de esta América con España»; pero el prestigio pervivió por algún tiempo, algunos nobles siguieron firmando con su distinción anteponiéndo el prefijo «ex» al título, aunque muchos regresaron a sus antiguos apellidos.

    La independencia también arruinó matrimonios, don Vicente Gómez de la Cortina, conde consorte de la Cortina, regresó a España para no volver, una vez consumada la independenica, y su esposa, la poseedora del título, Dª María Ana Gómez de la Cortina, condesa de la Cortina, se quedó en México y ostentó el título firmando como «excondesa de la Cortina»; el hijo de ambos, don José María Justo Gómez de la Cortina, solicitó en España el reconocimiento a dicha dignidad y obtuvo el permiso de ambos gobiernos (México y España), para renunciar a la nacionalidad mexicana y adoptar la española, para ser el III Conde de la Cortina.

    Don Felipe Zabalza, marqués consorte de Selva Nevada, vendió todo lo que le fue posible y salió con su familia a España, aunque falleció en el mar; su esposa Dª Soledad, nacida en Nueva España, dejó dos hijas en España y una de ellas fue la que refrendó el título mientras su madre regresaba a México.

    El conde de Alcaraz quería que sus hijos regresasen a España, sus hijos fallecieron en La Habana mientras intentaban cumplir la voluntad de su padre y su hija Dª María Guadalupe Rengel y Fagoaga, se convirtió en la tercer persona en ostentar el título, su esposo, don Bernardo del Castillo, fue diputado a Cortes por Zacatecas en 1820, quien falleció, casándose la condesa con el ministro plenipotenciario de Guatemala en México en 1824. También Dª María Josefa Lópe de Peralta Villamil, consorte del III Conde de Regla, abandonó México después de haber sido dama de la emperatriz Dª Ana María de Iturbide, no sin antes divorciarse de su esposo y dejar a sus hijos, cuyas edades oscilaban entre 2 y 11 años.

    La presión ejercida en las familias nobiliarias era grande, Dª María Ana de Pereda, marquesa de San Clemente, amenazó con desaheredar a su hijo si este se casaba con una mulata, eso en 1785. Lo cierto es que la mayoría de los nobles novohispanos, ocuparon puestos administrativos en México, fueron liberales y organizaron empresas, mantuvieron patrones matrimoniales similares a los del virreinato, pero incorporaron a nuevos grupos de poder, el II conde de Bassoco, don José María Bassoco de los Heros, formó la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; otros como don José Morán y del Villar, esposo de Dª María Loreto de Vivanco, marquesa de Vivanco, fue jefe del estado mayor del ejército.

    La nobleza luchó para los realistas, como el Conde de Casa Rul, que falleció en el sitio de Cuautla; la nobleza luchó para los insurgentes, como don Antonio de Sesma, descendiente del Conde de Sierra Nevada; otros nobles firmaron el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, como el Conde de Regla, el Conde de Casa Heras Soto, el Marqués de San Miguel de Aguayo, el Marqués de San Juan de Rayas, el Marqués de Salinas y el Marqués de Salvatierra.

    A diferencia de lo que se cree, no todos los nobles eran conservadores y retrográdas, v.gr.: don Manuel Romero de Terreros, descendientes del Conde de Regla, no resistió la implantación del Imperio de Maximiliano y abandonó el país, dejando las fachadas de su casa pintadas de negro en señal de luto.

    Fuente: Zárate Toscano V. 2016. El destino de la nobleza novohispana en el siglo XIX: ¿decadencia o adaptación? Historia Mexicana. vol. LXV. pp. 1789-1815







    _______________________________________

    Fuente:


    https://www.facebook.com/gazetamexic...73298076310123

  4. #244
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Morelos frena cualquier tipo de guerra de castas y fija las reglas que habrán de normar las confiscaciones de bienes del enemigo.

    Guadalupe de Tecpan, 13 de octubre de 1811.


    Don José María Morelos, Teniente General de Ejército y General en Jefe de los del Sur, etcétera.

    Por cuanto un grandísimo equívoco que se ha padecido en esta costa, iba a precipitar a todos sus habitantes a la más horrorosa anarquía, o más bien en la más lamentable desolación, provenido este daño de excederse los oficiales de los límites de sus facultades, queriendo proceder el inferior contra el superior, cuya revolución ha entorpecido en gran manera los progresos de nuestras armas; y para cortar de raíz semejantes perturbaciones y desórdenes, he venido en declarar por decreto de este día, los puntos siguientes:

    Que nuestro sistema sólo se encamina a que el gobierno político y militar que reside en los europeos, recaiga en los criollos, quienes guardarán mejor los derechos del Sr. D. Fernando VII; y en consecuencia, de que no haya distinción de calidades, sino que todos generalmente nos nombremos americanos, para que mirándonos como hermanos, vivamos en la santa paz que nuestro Redentor Jesucristo nos dejó cuando hizo su triunfante subida a los Cielos, de que se sigue que todos deben conocerlo, que no hay motivo para que las que se llamaban castas quieran destruirse unos con otros, los blancos contra los negros, o éstos contra los naturales, pues sería el yerro mayor que podían cometer los hombres, cuyo hecho no ha tenido ejemplar en todos los siglos y naciones, y mucho menos debíamos permitirlo en la presente época, porque sería la causa de nuestra total perdición, espiritual y temporal.

    Que siendo los blancos los primeros representantes del Reino, y los que primero tomaron las armas en defensa de los naturales de los pueblos y demás castas, uniformándose con ellos, deben ser los blancos por este mérito el objeto de nuestra gratitud y no del odio que se quiere formar contra ellos.

    Que los oficiales de las tropas, jueces y comisionados, no deben excederse de los términos de las facultades que se conceden a sus empleos, ni menos proceda el inferior contra el superior, si no fuere con especial comisión mía o de la Suprema Junta, por escrito y no de palabra, la que manifestará a la persona contra quien fuere a proceder.

    Que ningún oficial como juez, ni comisionado, ni gente sin autoridad, dé auxilio para proceder el inferior contra el superior, mientras no se le manifieste orden especial mía o de S.M. la Suprema Junta, y se le haga saber por persona fidedigna.

    Que ningún individuo, sea quien fuere, tome la voz de la Nación para estos procedimientos u otros alborotos, pues habiendo superioridad legítima y autorizada, deben ocurrir a ésta en los casos arduos y de traición, y ninguno procederá con autoridad propia.

    Que no siendo como no es nuestro sistema proceder contra los ricos por razón de tales, ni menos contra los ricos criollos, ninguno se atreverá a echar mano de sus bienes, por muy rico que sea, por ser contra todo derecho semejante acción, principalmente contra la ley divina, que nos prohibe hurtar y tomar lo ajeno contra la voluntad de su dueño, y aún el pensamiento de codiciar las cosas ajenas.

    Que aun siendo culpados algunos ricos, europeos o criollos, no se eche mano de sus bienes, sino con orden expresa del superior de la expedición, y con el orden y reglas que debe efectuarse por secuestro o embargo, para que todo tenga el uso debido.

    Que los que se atrevieren a cometer atentados contra lo dispuesto en este Decreto, serán castigados con todo el rigor de las leyes; y la misma pena tendrán los que idearen sediciones y alborotos en otros acontecimientos que aquí no se expresan por indefinidos en los espíritus de malignidad, pero que son opuestos a la ley de Dios, tranquilidad de los habitantes del reino y progreso de nuestras armas.

    Y para que llegue a noticia de todos y nadie alegue ignorancia, mando se publique por bando en esta ciudad y su partido, y en los demás de la comprensión de mi mando, y se fije en los parajes acostumbrados.

    Es fecho en la Ciudad de Nuestra Señora de Guadalupe de Tecpan, a 13 de octubre de 1811.


    Fuente:

    Ernesto Lemoine Villicaña. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México, 1965. p. 181-183.

    (Nota de Ernesto Lemoine Villicaña: Artículo "Morelos y Pabón (D. José María)" en, Apéndice al Diccionario Universal de Historia y de Geografía, México, Imprenta de J. M. Andrade y F. Escalante, 1856, t. II, p. 925-26.)




    _______________________________________

    Fuente:

    http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1811_114/Morelos_frena_cualquier_tipo_de_guerra_de_castas_y_fija_las_reglas_que_habr_n_de_normar_las_confiscaciones_de_bienes_del_enemigo_printer.shtml
    Última edición por Mexispano; 12/05/2020 a las 17:48

  5. #245
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Este curioso documento trata sobre la búsqueda de Guadalupe Victoria hecha por Antonio López de Santa Anna para apresarlo; mencionando además a varios antiguos insurgentes que pidieron el perdón a las autoridades virreinales. Victoria incluso huyendo en calidad de piltrafa, mal alimentado y peor vestido.


    Antonio López de Santa Anna a Pascual de Liñan, informe sobre la persecución contra Victoria.

    San Diego, febrero 23 de 1819.

    Excelentísimo señor:

    Consecuente con lo que tenía participado a vuestra señoría, salí de este punto, el día 12 de la fecha, con 70 caballos, de los nuevos indultados con dirección a la sierra de Masatiopa, en busca del cabecilla Victoria, que las repetidas noticias que tienen de haberse pasado por aquel rumbo buscando el abrigo de los de su partido, Romero y Tinoco.

    Emprendí mi marcha por el rumbo de Soloyapa, Río Blanco y Rincón Papaya, buscando siempre extraviados caminos, hasta que llegué a Masatiopa, la laguna e inmediaciones de aguas de azufre.

    Recorrí todas aquellas serranías abriendo veredas al machete, por los breñales más ásperos, siempre que encontraba con algunos rastros, llegué al fin hasta Chilapa.

    En este punto encontré al teniente del regimiento de Saboya don Mariano Ferrer, que con cien hombres de su cuerpo andaba también recorriendo aquellos puntos, me dijo que aquella sección y otra de igual fuerza, al mando del capitán Pío Gaetorro, que andaba por el rumbo de aguas de azufre, correspondía a la división de Oaxaca, al mando del señor coronel don Patricio Fernández, y que este jefe había quedado expedicionado por el rumbo del Pueblo Nuevo, en la Estanzuela.

    También me dijo que el cabecilla Tinoco y el apostada Gandiaga, que eran de aquel rumbo, le habían pedido el indulto.

    Estas noticias, las positivas con que me hallaba, de no estar Victoria en toda aquella sierra, y ya satisfecho de que los indios de Masatiopa, se habían presentado todos al indulto y aún quedaban reunidos en su pueblo para reformarlo y vivir bajo sus antiguas leyes, me hicieron pensar en perseguir al cabecilla Romero (único que ha quedado en toda la sierra y con sólo unos quince o veinte hombres muy mal armados) y dirigirme por el camino de Acatlán.

    A este malvado lo perseguí, tres días continuados, siguiendo sus huellas por asperísimos caminos, hasta que cerciorado que una corta sección correspondiente a las Villas andaba con sólo el destino de perseguirlo y que mi gente se hallaba ya sin víveres y muy estropeados sus caballos, resolví regresarme para este punto al que acabo de llegar.

    Para cerciorarme del verdadero rumbo en que se hallaba el contumaz Victoria y pasar después de su persecución pasé por Córdoba y supe de facto que el señor Marqués de Vivanco, que otro cabecilla se hallaba en la inmediación del Varejonal, por las barrancas de Santa María, de donde no había salido, que ya anda sólo porque todos lo han abandonado al ver su temeridad en querer subsistir prófugo y hambriento en aquellos bosques, que está bien extenuado y aún con calentura de resultas del poco alimento, pues con sólo cogollos de carbón y papayas asadas se ha mantenido, que casi anda descalzo y hecho una miseria todo su cuerpo, con las espinadas y golpes que ha llevado al huir de las partidas que no han cesado de perseguirlo.

    Que todo se ha sabido por las declaraciones del que se fugó últimamente del lado de Victoria, y prudentemente se opina que tan bárbaro hombre deberá en muy breve terminar con su existencia o caer en manos de los que persiguen.

    Aunque por haber llegado bien enfermo no puedo marchar enseguida en busca de Victoria como tenía dispuesto, he determinado, sin embargo, que esta misma noche salga una partida de 30 hombres de infantería por el rumbo del Varejonal y barrancas de santa María con el fin de rastrear su persona y la de Cleto Casas y Bonilla que son los únicos que han quedado por aquel rumbo y también sólo y errantes por los bosques.

    Debo recomendar a vuestra señoría muy particularmente al capitán de indultados, Félix González, por el nuevo servicio que ha hecho a sus subalternos y a todos los individuos que me acompañaron a una correría tan penosa.

    Ellos todos deseaban con ansia encontrar la ocasión para acreditar con sus brazos su verdadero arrepentimiento y distinguirse en el servicio de su soberano, me daba gusto el notar el empeño que mostraban en buscar al enemigo y el gusto con que sufrían todos los trabajos consiguientes de once días de continuas marchas por caminos que sólo el verlos causaban horror y que para transitarlos fue necesario que con sus machetes y brazos fueran abriéndolos.

    Son por tanto, acreedores a que vuestra señoría se digne elevar este servicio al excelentísimo señor virrey para que su excelencia sea sabedor de las pruebas de arrepentimiento y fidelidad que están dando los indultados de esta demarcación.


    Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

    San Diego, febrero 23 de 1819.

    Antonio López de Santa Anna.

    [Rúbrica]

    Mariscal de campo, Pascual de Liñan, comandante general y gobernador intendente de la provincia de Veracruz.


    Fuente original:

    AGN (Archivo General de la Nación), Operaciones de Guerra, vol. 490, fs. 165-168 v.

    Fuente:

    Carlos Herrejón Peredo y Carmen Saucedo Zarco. Guadalupe Victoria. Documentos. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. Secretaría de Educación Pública. México, 2012. Primera edición. 557 pp.




    _______________________________________

    Fuente:

    http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1819_106/Antonio_L_oacute_pez_de_Santa_Anna_a_Pascual_de_Li_ntilde_an_informe_sobre_la_persecuci_oacute_n_contra_Victoria.shtml

  6. #246
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Manifiesto del señor licenciado don Ignacio Aldama, formado estando preso en la capilla para fusilarlo.

    Monclova, 19 de junio de 1811.


    NÚMERO 232 - Tomo II

    El señor gobernador don Antonio Cordero ha remitido al excelentísimo señor virrey el siguiente oficio con el manifiesto que acompaña.

    Excelentísimo señor.—

    El licenciado don Ignacio Aldama, hallándose en capilla para sufrir el último suplicio, me pidió ayer permiso para formar el adjunto manifiesto; papel de que con el más debido respeto dirijo a vuestra excelencia un testimonio, para los fines que vuestra excelencia tuviese por convenientes.—

    Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

    Monclova, junio 19 de 1811 .—

    Excelentísimo señor.—

    Antonio Cordero.—

    Excelentísimo señor virrey de Nueva España don Francisco Javier Venegas.


    MANIFIESTO

    Nuestro gran Dios y señor de cielos y tierra, que dio a su mismo hijo por salvarnos, y no omite medio alguno para nuestra salvación y felicidad eterna, por los caminos más incógnitos a la penetración humana, se ha dignado abrir los ojos del mayor de los pecadores, que soy yo, por medio del prudente y sabio confesor que le destinó su providencia, y por los auxilios y reflexiones que le ha permitido en sus calabozos y prisiones, para confesar a la faz del mundo, que preocupado mi entendimiento del error, obscurecido hasta el grado de no conocerlo, llegó a creer justa la insurrección que ha ocasionado en el reino tan grandes desgracias, desórdenes y perjuicios al Estado, a nuestros hermanos los europeos, a los mismos criollos y a sus inocentes familias;

    pero verdaderamente arrepentido de todos sus errores y delitos, y deseoso de dar una pública satisfacción en desagravio de nuestro redentor Jesucristo, de mi madre María Santísima de Guadalupe, y de todos mis prójimos y hermanos, no puedo menos en el trance de la muerte en que me hallo, que confesarlos, llorarlos, detestarlos y aborrecerlos; suplicando a todos cuantos por mi causa, directa o indirectamente hubieren recibido algún perjuicio espiritual o temporal;

    a cuantos haya escandalizado y seducido con mi mal ejemplo, con mis persuasiones de palabra, por escrito o en cualquiera otra forma; a cuantos he injuriado y calumniado, tanto europeos como criollos, especialmente a los señores sacerdotes, a los santos y venerables religiosos de la Santa Cruz y Nuestra Señora del Carmen, a los señores arzobispos y obispos del señor, a los señores inquisidores, a los rectos y justos tribunales y magistrados, y a todas las clases del estado, me perdonen por amor de Dios, y que quemen y despedacen cuantos papeles se encuentren míos, y crean que la verdadera felicidad consiste en la paz, y en la obediencia, sumisión y respeto a las legítimas autoridades, y a las justicias establecidas por Dios y por el rey nuestro señor para mantener el buen orden, quietud y seguridad de sus amados vasallos, y que se desengañen, y en mí tienen el evidente ejemplar o desengaño de pobreza, imbecilidad y miseria del humano entendimiento, y de que para humillar mi soberbia y presunción de que algo supiese por ser letrado, se ha dignado castigarme con haber caído en tan crasos errores, que apenas se hacen creíbles, y han ocasionado mi ruina y el justo castigo que voy a sufrir, para satisfacer con mi vida los agravios y ofensas hechas al Señor que me crió y redimió, y en cuyas manos pongo mi pobrecita alma, para que por su preciosa sangre y méritos infinitos de su sacratísima vida, pasión y muerte, y los de su santísima madre, se digne perdonarme y sacarme de este mundo, concediéndome su gracia en la hora de mi muerte.—


    Ciudad de Monclova, 18 de junio de 1811 .—

    Licenciado Ignacio Aldama.


    En el mismo día, mes y año, el señor capitán de milicias provinciales de caballería en la colonia del Nuevo Santander, don Miguel de Arcos, juez fiscal que ha sido en la causa formada al licenciado don Ignacio Aldama, de orden del señor gobernador de esta provincia, coronel don Antonio Cordera, pasó conmigo el presente escribano a la capilla del hospital militar de esta capital, donde se halla el referido licenciado, y teniéndolo presente por ante mí, le interrogó sobre si el papel que se le puso a la vista lo ha trabajado por sí mismo, y si la firma que se halla a su calce es la que ha acostumbrado usar en todos sus negocios, así civiles como criminales, y si es el propio que hizo pasar a la superior vista del citado señor gobernador, para que notariándolo en todos los pueblos, se tenga un público testimonio de la detestación que ha hecho de los errores en que cayó por un efecto de la humana fragilidad; y entendido de todo, dijo: que es cierto todo lo relacionado porque el citado papel lo ha trabajado él mismo;

    lo firmó y dirigió al señor gobernador, con el justo objeto de que publicándose esta sencilla, humilde e ingenua confesión, se venga a desimpresionar de los errores en que han caído, particularmente aquellos a quienes haya persuadido o tratado de persuadir en el tiempo de sus yerros.


    Lo que firmó con el señor juez fiscal y conmigo el presente escribano.—

    José Miguel de Arcos.—

    Licenciado Ignacio de Aldama.—

    Juan Antonio del Moral.—

    Es copia de que certifico.

    Monclova, 19 de junio de 1811 .—

    Antonio Cordero.


    Fuente:

    J. E. Hernández y Dávalos. Historia de la Guerra de Independencia de México. Seis tomos. Primera edición 1877, José M. Sandoval, impresor. Edición facsimilar 1985. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Comisión Nacional para las Celebraciones del 175 Aniversario de la Independencia Nacional y 75 Aniversario de la Revolución Mexicana. Edición 2007. Universidad Nacional Autónoma de México.

    Versión digitalizada por la UNAM: Proyecto Independencia de México


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    _______________________________________

    Fuente:

    Manifiesto del señor licenciado don Ignacio Aldama, formado estando preso en la capilla para fusilarlo.

  7. #247
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    Re: Mexico no es bicentenario

    En este texto se narra la forma en la que fue arrebatada la ciudad de Zacatecas de manos de los insurgentes. Es curiosa la mención constante de los indígenas “tarumares“ (he de suponer que se refiere a los tarahumaras o rarámuris) combatiendo en las filas realistas, dirigidos por un sacerdote llamado José Francisco Álvarez, que según he investigado, era conocido por sus excesos al ajusticiar a los rebeldes lo que le valió el apodo del “cura chicharronero”.



    Carta sobre la reconquista de Zacatecas el 17 de febrero de 1811.

    Zacatecas, 18 de febrero de 1811.


    NÚMERO 205 - Tomo II

    Ilustrísimo señor y mi muy amado y respetado padre.

    Desde el 21 del pasado no había ocurrido en este ejército cosa que mereciera la atención de vuestra señoría ilustrísima y no había yo querido ocuparla con noticias que no tuvieran todo el carácter de ciertas; pero la gloriosa reconquista de Zacatecas, verificada el día de ayer, es sin duda un objeto digno de la consideración de vuestra señoría ilustrísima tanto por la imponderable bizarría con que se hizo, como por las incalculables ventajas que trae a las provincias internas en su completa seguridad, y a todo el reino en su total pacificación.

    Como esto no es un parte militar, sino una humilde carta que dirige a su ilustrísimo prelado el menor de sus súbditos; no me considero obligado a ser conciso, ni se podría detallar en pocas palabras una acción que demanda muchos pliegos y que eternizará la fama de las armas reales de la Nueva Vizcaya.

    Señor ilustrísimo: no sé si el júbilo que transporta mi alma, y la celeridad y precipitación con que pongo este papel me permitirán explicar con orden, claridad y distinción lo ocurrido; temo no atinar con mi objeto, y sólo el amor que debo a vuestra señoría ilustrísima y su natural bondad me animan a hacerle en globo la narración del memorable combate del 17 de febrero, honrosísimo para la Nueva Vizcaya y sus inmortales hijos.

    Una orden condicional del señor intendente de Durango, dirigida al señor comandante de estas armas capitán don José Manuel de Ochoa para atacar a Zacatecas, le hizo emprender a esta ciudad su marcha a pesar de la incertidumbre que se tenía del número de enemigos y fuerzas que la ocupaban.

    La víspera de tomarla, se presentaron en la hacienda del Maguey donde estaba nuestro ejército los reverendos padres fray Antonio Gálvez y fray Rafael Miñón, comisionados y autorizados por este ayuntamiento para tratar asuntos relativos a nuestra entrada en Zacatecas.

    Hicieron los padres sus propuestas que no se admitieron, ni se les permitió volver solos a este lugar antes que nosotros.

    El mismo día 16, a las seis y media de la tarde avanzó nuestro ejército compuesto del escaso número de 600 hombres de caballería, y 300 indios de flecha.

    La fuerza toda venía repartida y destinada de este modo.

    Marchaba delante formando un cuerpo por separado toda la infantería.

    El señor comandante con sus batidores y guardia de prevención, y acompañado de algunos de los sacerdotes que andamos en el ejército y de los dos religiosos comisionados.

    Venía a la cabeza de la vanguardia compuesta de las compañías veteranas 1', 3' y 4' volantes.

    En el centro venía la artillería con la compañía de este real cuerpo guarnecida con la de Sombrerete, de San Lorenzo y Ramos.

    La retaguardia se componía de las otras compañías auxiliares; y el cuerpo de reserva constaba de la 1', 2' y 4' de voluntarios.

    Toda la división de caballería del señor cura de Santa Cruz marchaba por separado para obrar en el lugar que conviniese por la derecha o por la izquierda.

    A las doce y media de la noche estaban coronadas con 80 tarumares cada una de las alturas del Grillo y de la Bufa y lo restante del ejército sobre Quebradilla, esperando que llegara la hora en que se había dispuesto el asalto.

    A las cuatro y media bajó con tres compañías de su división; dos de caballería y una de tarumares el señor cura de Santa Cruz don José Francisco Álvarez a tomar dos baterías que tenían los rebeldes, una de 3 cañones de grueso calibre en la plaza de la alhóndiga, y otra de 5 pedreros en la plaza real.


    Las tomó en efecto este dignísimo caudillo escogido, después de haber opuesto el pecho de bronce a una multitud casi infinita de balas que expedían los cañones y los frascos.

    Esta acción fue muy heroica por las muchas circunstancias que concurrieron.

    La gente era poca para una situación tan ventajosa al enemigo; pero al favor de las tinieblas pudo aparentar el señor cura que tenía gran fuerza, cerrando algunas bocacalles con diez hombres, para que creyera el enemigo, como lo creyó, que eran cabezas de grandes columnas.

    Esto contribuyó mucho al terror del pueblo furiosísimo, pero no impidió que el honor del clero de Durango Álvarez se viera en medio de cuatro fuegos que le hacían a un tiempo por las calles y azoteas.

    El graneado que él hacía y el indecible valor de sus dignos feligreses arredraron la multitud y pudieron contenerla en el atrio de la parroquia hasta que llegó a aquel punto el centro, que se había retardado un algo para no desamparar la artillería que caminaba con mucha lentitud por la incomodidad del terreno y la ignorancia que teníamos todos de las calles.

    Las guías se habían perdido y la columna se había desordenado un poco por el ardor con que cada uno quería volar al mayor riesgo.

    Forzó en fin el centro todas las calles, sufriendo una inmensa lluvia de balas hasta la plaza mayor, donde se colocó la artillería.

    Aquí, señor ilustrísimo, son innumerables los objetos que llaman mi atención; no sé qué diga ni qué deje de decir; no hallo por donde empezar, ni me determino a hacer el elogio de los unos por no defraudar el mérito de los otros.

    Hasta este punto acompañé al héroe de las provincias internas, al modelo de los guerreros, al rayo de Zacatecas, al dignísimo jefe de estas armas el señor don José Manuel de Ochoa; hasta este punto tuve la deliciosa complacencia de escuchar sus prudentísimas disposiciones, presenciar sus sabias medidas, sus atinados proyectos, y admirar con su pericia en la guerra aquel valor y serenidad que materialmente me arrancaron de los ojos algunas lágrimas de ternura.

    Separado ya de aquel grande hombre, me dirigí con un mozo que cuidaba de mi persona a diversos puntos que llamaban mi atención por el vivo fuego que se hacía para dar a mis semejantes el auxilio que podía proporcionarles.

    Serían las siete de la mañana cuando comenzó a serenar la borrasca, y en esta hora se dirigió a Guadalupe con dos compañías de su mando el señor cura Álvarez, con el fin de quitar una gran porción de caballada que tenían por allí los insurgentes, pero éstos la retiraron cuando supieron y sintieron en la madrugada el fuego de los cañones.

    Mientras que duró el combate, fueron tantos los denuncios sobre tesoros ocultos con cabecillas y pertrechos de guerra, y tantos los partes y noticias que en cada momento recibía el comandante, que cualquiera otro se habría atolondrado; pero nada menos que eso, a todo daba vado; todo lo ordenaba y disponía con el mayor acierto, cautela y previsión, como por la grandeza de ánimo que forma su propio y verdadero carácter.

    Cuando la batalla estaba en el mayor calor y la confusión general podía compararse con la del infierno, avisé yo al señor Ochoa (porque había tenido de ello mil denuncios) que Allende y Aldama estaban escondidos en una casa con muchos preparativos de defensa y con un tesoro incalculable, todo en un socavón.

    Mientras premeditó algunos momentos la providencia que debía tomar, vino con la misma noticia el padre Pitaluga que ha padecido mucho, y al instante mandó el jefe que desfilaran cien hombres y puesto a la cabeza de ellos, se dirigió conmigo para aquella casa, formó su gente como convenía, mandó abrir y derribar la puerta, y pidiéndole el sargento Mata la orden, respondió yo mismo la he de ejecutar.

    En efecto, se apeó con sus armas del caballo y entró solo con el capitán don Juan José Zambrano en aquella casa que suponía llena de hombres armados, dejándome afuera cuidadoso y admirando un valor tan singular y extraordinario.

    Por desgracia no se pudieron encontrar los infames que se buscaban, pero aún hay esperanzas de cogerlos.

    No acabaría en mucho tiempo si hubiera de referir todos los hechos particulares de este militar famoso; sólo puedo asegurar a vuestra señoría ilustrísima que no tienen los hombres con que premiar su mérito; es muy limitado el poder humano para recompensar dignamente acciones tan gloriosas.

    La escasez del tiempo y la reflexión que antes hice en punto a esto no me permiten hablar a vuestra señoría ilustrísima en particular de cada soldado; todos eran áspides que sólo con ver mataban, o tigres que con sólo su amago derribaban a los hombres.

    Por más que se esfuerce el entendimiento y se apure la imaginación no se podría concebir entusiasmo, valor ni intrepidez y atrevimientos mayores; tanto era menester para rendir con tan poca gente una ciudad que tenía un muro en cada ventana, en cada azotea un castillo.

    Sin embargo de la pretexta que acabo de hacer de no individualizar a ninguno, quiero tener la satisfacción de hacer saber a vuestra señoría ilustrísima el muy grande valor, y muy acreditado en esta vez, de don Pedro Corral, soldado de la compañía de Fernandinos de Durango, que se expuso a los mayores peligros, castigó suficientemente a los traidores dando muerte a muchos, y vengó completamente los ultrajes de nuestra religión y leyes.

    Tiene este benemérito soldado toda la recomendación del señor cura Álvarez, testigo de muchas de sus hazañas, como también lo fui de su ardor para escarmentar al enemigo.


    A las diez del día se hubo de rendir a viva fuerza Zacatecas.

    Se repicó por largo rato la victoria, se cubrieron de cortinas todos los balcones; respiraron los buenos que estaban pendientes del crédito feliz de nuestras armas; volvió la tranquilidad a los corazones agitados y oprimidos; no se oía por todas partes más que el dulce nombre de FERNANDO VII que pronunciaba alegrísima y orgullosa la triunfante tropa que repetían enternecidos los hombres, las mujeres y los niños de todas calidades y clases; se paseó por las plazas y calles entre las festivas músicas el estandarte con una guardia respetable y el inmortal jefe coronado con su victoria más que con una guirnalda que le regalaron y puso en el sombrero.

    Recibió en la plaza montado en su caballo al clero secular y autoridades que allí mismo fueron a cumplimentarlo; después peroró en la misma plaza y puso en libertad como tres mil prisioneros, que explicaron su agradecimiento con los más alegres vivas arrojando al aire su sombrero y haciendo mil demostraciones de júbilo; era una gloria ver los parabienes que tributaban de los balcones y calles al libertador de Zacatecas.

    El señor cura del Fresnillo subió a un balcón y dijo una hermosa plática; en seguida subí yo al mismo puesto, leí una proclama del comandante y dije otra exhortación al pueblo y tropa.

    Murieron muchísimos rebeldes, aún no se sabe el número, y nuestro quebranto consistió sólo en un tambor y un tarumar heridos.

    Si yo no hubiera visto y hallándome en esta batalla, no fuera tanta la admiración que me causa el no haber muerto ni uno de los nuestros.

    Me parecía imposible que las muchas balas que pasaban por cerca de mi cara y de mi cabeza dejasen de herir a alguno de los muchos que estaban a mi espalda.

    Es necesario recurrir a una providencia especial de Dios para... no me acordaba que hablaba con mi prelado ilustrísimo, para abstenerme de estas reflexiones que vuestra señoría ilustrísima hace tan frecuentemente.

    Mientras duró el combate, se tomaron al enemigo los dichos, 130 frascos de metralla, muchas arrobas de ésta, con otros mil pertrechos de guerra.

    Quedan prisioneros muchos cabecillas de los principales, el padre don Ignacio Pro, con el prior de San Juan de Dios, y otro eclesiástico que no sé su nombre.

    Señor ilustrísimo no me es preciso seguir; ya sale el correo que por un especial favor del señor comandante me ha esperado media hora.

    Disimule por tanto vuestra señoría ilustrísima que deje incompleta mi narración.

    Dios guarde la interesante vida de vuestra señoría ilustrísima muchos años.

    Besa los pies de vuestra señoría ilustrísima su más atento súbdito, agradecido hijo. Seguro servidor y capellán el menor de todos.—


    José Francisco de Gandarilla.


    Fuente:

    J. E. Hernández y Dávalos. Historia de la Guerra de Independencia de México. Seis tomos. Primera edición 1877, José M. Sandoval, impresor. Edición facsimilar 1985. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Comisión Nacional para las Celebraciones del 175 Aniversario de la Independencia Nacional y 75 Aniversario de la Revolución Mexicana. Edición 2007. Universidad Nacional Autónoma de México.

    Versión digitalizada por la UNAM: Proyecto Independencia de México




    _______________________________________

    Fuente:

    http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1811_114/Carta_sobre_la_reconquista_de_Zacatecas_el_17_de_febrero_de_1811.shtml

  8. #248
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Interesantes declaraciones de un cura insurgente que confirma que ellos buscaban la ayuda de los yanquis para continuar la revolución y que se sostenían de las ayudas que tanto criollos como españoles les proporcionaban (si, hubo españoles independentistas)


    Causa de Morelos. Importantes revelaciones acerca del movimiento insurgente, declaradas por el capellán del caudillo, presbítero José María Morales.

    México, noviembre 24 de 1815.


    Recíbase a los presbíteros D. José María Morelos y D. José María Morales, declaración inquisitiva del estado actual de la rebelión, por lo que su noticia pueda conducir al acierto de las providencias sucesivas del Excmo. Sr. Virrey y del Illmo. Sr. Arzobispo electo.

    Así lo proveyeron, mandaron y firmaron los señores de la Jurisdicción Unida, por ante mí, de que doy fe. Batallar. Flores. Luis Calderón [rúbricas].


    DECLARACIÓN DE MORALES.

    En el mismo día, compareció inmediatamente el presbítero preso, D. José María Morales, y para la declaración acordada, sus señorías le recibieron juramento que hizo en forma, como sacerdote, bajo el cual ofreció decir verdad. Y en esta virtud, se le preguntó lo siguiente:

    Preguntado sobre el estado actual de la rebelión y de todo lo que al gobierno secular y eclesiástico le interesa saber, dijo:

    Que los rebeldes no tienen hecho tratado alguno de alianza con los angloamericanos ni con otra potencia, aunque han tratado de negociarla con los primeros, y todo lo que hasta ahora han conseguido ha sido una contestación que el gobernador de la Luisiana le dio a Álvarez de Toledo, reducida a manifestarle que se alegraría de que los insurgentes de esta Nueva España saliesen con su intento para reconocerlos como potencia independiente; cuya contestación la recibió Morelos (a quien Álvarez de Toledo se la dirigió) no original, sino inserta en carta que el mismo le escribió. Y vio y oyó leer el deponente, que Toledo le decía en su carta que había adquirido mucha gloria con sus hazañas, y desearía que lo nombrase por su compañero.

    En otra carta que dirigió al llamado Congreso, le manifestaba a éste lo falto de recursos que se hallaba, de manera que estaba atenido a que un amigo lo mantuviese, y por esto era necesario, para ponerse en estado de que los auxiliase, que le remitieren al menos medio millón de pesos, aunque fuese en cantidades parciales y en libranzas, porque así se facilitaría la cobranza, más bien que en cantidades gruesas; cuyas cartas se recibieron por el mes de mayo de este año.

    Que ha oído decir que se han hecho varias remisiones de dinero a la Nueva Orleans, pero como mienten tanto en esto como en todo lo demás, sólo tiene el deponente por ciertas, quiere decir más probables, dos: una de doce mil pesos que se anduvieron juntando con mucho apuro para comprar armas; y otra que llevó Anaya, el Mariscal, la que decían unos que había sido como cuarenta mil pesos, otros que veinte, y él que no pasó de tres.

    Acerca de lo cual y de las malas cuentas que dio, fue reconvenido en sesión pública, que el deponente presenció, aunque no sabe en lo que por último paró esta dependencia.

    Que todo lo que hasta ahora han recibido los rebeldes, según se decía, aunque el deponente no lo cree, por lo mucho que mienten, son trecientos fusiles que Anaya dijo haber traído y dejado también algún dinero para que se comprasen más.

    Y que en la carta de Toledo, dirigida al Congreso, de que antes ha -hecho mención, recuerda ahora que le pecha le mandase oficiales insurgentes; y va enviado plenipotenciario de ellos, para cuyo cargo al que consideraba más a propósito era a Cos.

    Que, en consecuencia, se le mandaron como cuarenta oficiales, poco más o menos, según lo que dijeron, aunque el exponente dificulta que hubiesen completado este número.

    Se nombró de plenipotenciario al Lic. Herrera, cura que fue de Chautla, y de comandante o director de los barcos corsarios que se trataron de poner al mismo tiempo, a Peredo, el que estuvo en la Inquisición, y a un italianó, de cuyo nombre y apellido no se acuerda.

    Que a Peredo se le habilitó con mil pesos, al plenipotenciario Herrera con seis mil y a los demás no se acuerda con cúanto; y no supo ni entendió tampoco si llevaron algún dinero más para los fines de su comisión.

    Que las fuerzas con que cuentan los rebeldes, no las sabe a punto fijo, ni cree que lo sepa tampoco el mismo Morelos; y sólo puede decir que las divisiones más acreditadas y que corrían y corren por más numerosas, eran la de Bargas, de quien se decía que tenía cinco mil fusiles, aunque él le confesó al declarante que no eran más de quinientos; la de Rosas y Ortiz, que fue derrotada últimamente; y la de Rosales, que no sabe de qué gente se compondrá; la del padre Torres, que podrá tener como quinientos hombres cuando los junte todos, porque no siempre los tiene sobre las anuas, sino sólo cuando se le ofrece alguna expedición; y las de otros dos, de cuyos nombres no se acuerda, de las cuales la una se reputa de consideración y la otra no.

    Que todas éstas operan en lo que llaman Bajío y del lado de la costa del Sur, y no tiene conocimiento de las que andan por este otro lado de la costa del Norte. Advirtiendo que el Bargas de que ha hablado, no es el que anda por Ajusco, sino el que está en el Bajío, y se llama José María, el cual tiene grado de Mariscal.

    Que los recursos que tienen los rebeldes para mantener sus tropas y ocurrir a los demás gastos que se les ofrece, se reducen al producto de las haciendas de europeos y criollos que siguen su partido, de que se han hecho dueños y las tienen en administración, las cuales les producen poco, así por las malas cuentas de los administradores, como porque al acercarse las tropas del Rey tienen que abandonarlas y todo se pierde.

    A las contribuciones que imponen sobre las familias, exigiendo dos reales mensales de cada una, siempre que pueden, es decir, cuando no están protegidas por las tropas del Rey; a un real que daba por el pasaporte el que lo pedía, y a una exacción que hacen a los que piden licencia para venir a comerciar a los pueblos que están por el Rey, la cual es mayor o menor según la importancia del comercio.

    Que todo esto es del lado del Bajío y del Sur, de que el deponente tiene noticia, añadiendo que algunas veces suelen exigir donativos; y cuando tienen alguna bonanza, ocurren asimismo con ella a las necesidades que padecen, que [son] frecuentes.

    Que cree que ni Morelos, ni Rayón ni ninguno de todos los otros cabecillas tienen dinero guardado ni enterrado, por lo que ha visto y observado, pues aunque Morelos sacó mucho de Oaxaca, lo perdió todo en la derrota de Tlacotepec, de manera que uno tuvo que darle una camisa, porque no libertó más que lo que llevaba puesto.

    Que se acordó la traslación de las Corporaciones de la Nueva Constitución Provisional al pueblo de Tehuacán, por haber parecido el más a propósito, tanto por la cercanía de la costa, que facilitaba la correspondencia con los enviados a la Nueva Orleans, como por componer las desavenencias que se habían suscitado entre las divisiones de las provincias de Puebla y Veracruz; y que este era el objeto de la expedición que ha derrotado el señor Concha en Temalaca.

    Que los individuos de las Corporaciones habían pasado ya cuando empezó el ataque, porque iban por delante.

    Que del Congreso Legislativo sólo iban cinco, y eran los dos licenciados Castañeda, el Lic. Alas, Sesma el viejo y el indio González; y aunque ha oído decir que Sesma murió en el ataque, no sabe cómo sucedería, si no es que se atrasó por ir, como en efecto iba, enfermo.

    Y que los otros vocales del Congreso, que por todos son en el día hasta trece, se quedaron por allá, excusándose a venir, por los motivos que cada uno tuvo o pretextó.

    Que del Supremo Tribunal de Justicia venía Ponce, que es el Presidente, Martínez, vocal suplente, y un licenciado de Valladolid, de cuyo nombre y apellido no se acuerda ahora.

    Que la tropa que llevaba Morelos y derrotó el señor Concha, se componía en todo, según lo que vio el deponente, de quinientos hombres: tres[c]ientos de caballería, poco más o menos, y docientos infantes.

    Y que con motivo de esta traslación, dejaron en la provincia de Michoacán tina Junta Gubernativa y dependiente de la Suprema, compuesta de cinco individuos, que no sabe, digo, no tiene presente quiénes, a excepción de uno que se apellida Muñiz, por haber sido este un acuerdo que se hizo en el camino y de que se dio al deponente una ligera noticia, por cuya razón no retiene los nombres.

    Que el gobierno de lo eclesiástico corre a cargo del Poder Ejecutivo o Consejo que llaman de Gobierno, el cual pone curas y vicarios donde le parece; y a los eclesiásticos que merecen alguna demostración o castigo, los juzga el Tribunal Supremo de Justicia, por cuya razón, la del mal tratamiento que se les da y el poco respeto que se les tiene, están todos muy descontentos y en disposición de abandonar aquel partido si hallasen modo de poderlo hacer, a excepción de uno u otro obstinado y perdido que no tenga otro modo de subsistir.

    Que los pueblos están desprovistos de párrocos, de manera que se hallarán cuarenta o más leguas sin encontrarse uno, por cuyo motivo han perecido en la peste de viruelas y de calenturas multitud de gentes sin auxilio alguno espiritual, y en el día sucede lo mismo a los que se mueren de enfermedad natural; no habiendo tampoco quien les diga misa ni les administre legítimamente los demás sacramentos.

    Y que como no reconocen al obispo electo de Valladolid ni a ninguno de los legítimos, por considerarlos sus contrarios, han tomado el expediente de acudir al Legado de Su San- tidad, que dicen o suponen haber en los Estados Unidos, para que provea de remedio; cuyo resultado no ha venido aún, e ignora el deponente lo que se habrá adelantado acerca de esto.

    Que aunque los instruidos, entre quienes circulan los papeles públicos, no deben dudar de la restitución del Rey nuestro señor al trono de España, afectan que lo dudan, y que caso que haya venido o venga, será corrompido por Napoleón, para alucinar así a los ignorantes y mantenerlos en su partido; pero que la masa del pueblo, por lo que el deponente ha visto y observado, está en disposición de que si se deshiciese este engaño y se certificase de que el Rey se hallaba en su trono como antes, depondrían las armas y se pacificarían todos, a excepción de aquellos que en el cambio conocen lo que van a perder, porque sólo en aquel partido pueden dar suelta a sus vicios y pasiones y ser mirados con la consideración que no pueden esperar se les tenga en ninguna otra parte.

    Y, por último, que todo lo que lleva expuesto es la verdad de lo que ha visto y entendido, y que no sabe más porque nunca ha tenido ingerencia en el gobierno ni ejercido empleo que le proporcionase otros conocimientos.

    Y en este estado se concluyó esta diligencia, repitiendo el declarante ser cierto por su juramento, que ratificó y firmó con sus señorías. Doy fe.

    Y de haber añadido, que en el cerro del Atijo hay unos socavones muy estrechos, de que los rebeldes han hecho bartolinas en que meten a los eclesiásticos que quieren castigar, tapando la boca con pared de mampostería y dejando un agujero por donde les meten la comida, que es siempre muy escasa; y que de cuando en cuando suelen abrir la puerta de la entrada, para que se ventile algo el socavón, y vuelven a cerrarla, de manera que están privados de toda comunicación por ser un lugar desierto, y no hay quien lo vea que no se horrorice.

    Que cuando el deponente lo vio, había tres eclesiásticos encerrados, cada uno en su socavón, y eran, uno el padre Ramírez, del Orden de San Agustín, que estaba de capellán en Acapulco cuando Morelos lo tomó, otro el padre Alegre y otro el padre Gotor.

    Bataller.

    Flores.

    José María Morales.

    Luis Calderón [rúbricas].



    Fuente:

    Ernesto Lemoine Villicaña. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México, 1965. p. 609-614.

    Nota de Ernesto Lemoine Villicaña: Archivo General de la Nación (AGN), Causa de Morelos (colocación del Ms. en vitrina especial), ff. 75-81.

    Transcribimos del original, en cuya carátula se lee:

    "Año de 1815. Secretaría del Virreinato. Cuaderno 2° Varios documentos y papeles concernientes a la conducción a esta Capital del reo Morelos, y declaraciones que se le tomaron en ella."

    Bustamante manejó este cuaderno, aunque no lo aprovechó bien; pero nos lo imaginamos vertiendo sentidas lágrimas sobre él, porque agregó en la parte inferior de la carátula, con su clara e inconfundible letra, la siguiente nota:

    "Causa formada por la Capitanía General, con independencia de las que formó la Inquisición y Junta de Seguridad al benemérito ciudadano José Ma. Morelos, honor de la Nación mexicana."

    Agreguemos que el capellán Morales, capturado en Temalaca junto con Morelos, unió su oscuro nombre al del héroe de la independencia, pero no hizo honor a esa accidental situación en que el destino lo puso.

    Merced a delaciones incalificables, a una sistemática secuela de injurias y denuestos para con su ilustre jefe, y a sus hipócritas y lloronas manifestaciones de arrepentimiento por haber servido en las filas de la revolución, pudo salvar la vida.





    _______________________________________

    Fuente:

    Causa de Morelos. Importantes revelaciones acerca del movimiento insurgente, declaradas por el capellán del caudillo, presbítero José María Morales.

  9. #249
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Deconstrucción de la historia oficial, la Independencia fue una guerra civil

    Durante su participación en el XIV Ciclo de Conferencias del Seminario de Historia Mexicana, el doctor Juan Ortiz Escamilla abordó aquellos mitos que existen sobre la Guerra de Independencia de México y cómo la historia oficial no explica del todo la participación de los novohispanos, un aspecto fundamental durante este periodo

    Por

    Radio UdeG Lagos de Moreno

    27 octubre, 2017







    Por Jonatan Gallardo

    En cada periodo de la historia las sociedades demandan una explicación de su pasado. Aunque el hecho histórico no cambia su interpretación, se va modificando con el paso del tiempo. Así como en el siglo XIX fue necesaria la construcción de una historia oficial, que es la que todavía hoy tenemos, que diera sentido de pertenencia a los miembros del naciente estado mexicano, hoy más que nunca necesitamos deconstruirla para volverla a armar pero de una manera que le dé sentido a los jóvenes y a los habitantes del siglo XXI.

    Con esta aseveración Juan Ortiz Escamilla, doctor en Historia por el Colegio de México, comienza la conferencia “Reflexión en torno a la guerra civil de 1810 en la Nueva España”, dentro de XIV Ciclo de Conferencias del Seminario de Historia Mexicana.


    Identidad histórica del mexicano

    Previo a aclarar que la historia oficial mexicana está constituida principalmente por héroes y villanos, el especialista habla sobre tres momentos, durante el siglo XIX, que fueron expuestos por historiadores para sentar lo que ahora nos da identidad como mexicanos:

    «En los últimos 200 años yo identifico tres momentos en que se ha dado una explicación de la historia. Por ejemplo, durante la primera mitad del siglo XIX yo veo en los autores, en los historiadores una explicación moral de la guerra. Ellos se preguntan por qué la guerra, por qué la destrucción, por qué la muerte y porqué el caos. En cambio, para los historiadores de la segunda mitad del siglo XIX ya es un mito, ya no es una guerra civil, la primera mitad explicaba el enfrentamiento de unos novohispanos contra otros novohispanos, que eso la historia oficial no nos lo cuenta; la historia oficial nos ha dicho que es la guerra entre mexicanos y españoles, y los españoles son los malos».


    Héroes y villanos

    En la segunda mitad del siglo XIX a Miguel Hidalgo, José Marías Morelos y prácticamente a todos los héroes insurgentes se les atribuyó un existir mítico, es decir, como santos laicos. Lo que genera creer que la guerra de 1810 fue entre buenos y malos. Por un lado, los insurgentes representan lo que se considera positivo, mientras que los realistas, quienes estaban en contra de la independencia, no serán bien vistos.

    El doctor en Historia explica que la guerra de 1810 no comienza con una proclama por la independencia de México, pues el primer documento público donde se habla de ello data de noviembre de 1813.


    El padre de la patria

    La historia oficial que se escribió en la segunda mitad del siglo XIX, con la que aún permanecemos nos muestra a Miguel Hidalgo como el padre de la patria; sin embargo, existe una confrontación entre estudiosos pues hay quienes aseveran que Agustín de Iturbide es quien debería llevar dicho nombramiento.

    «Porque la lucha por elegir o designar al padre de la patria se va a dar entre Hidalgo e Iturbide. Todavía está esta discusión donde por todos los medios intentan recuperar la figura de Iturbide y denostar a la de Hidalgo. Durante todo el siglo XIX, por lo menos hasta antes el triunfo de la república en 1872, dependiendo de quién estuviera en el poder, celebraban el 16 de septiembre o el 27 de septiembre; cuando estaban los conservadores en el poder la celebración era el 27 de septiembre y cuando estaban los liberales era el 16 de septiembre, y como los liberales ganaron la guerra pues celebramos el 16 de septiembre», afirma el historiador.


    Fue una guerra civil

    Ortiz Escamilla menciona que cuando se analiza la guerra desde el punto de vista mítico, se olvida que en las tropas realistas había más de 30 mil soldados novohispanos y 44 mil milicianos, lo que revela que en realidad la Guerra de Independencia fue una guerra civil, y no precisamente entre españoles y mexicanos.

    Por otro lado, la historia patria se ha construido con base en la teoría de la utilidad, es decir, la historiografía y los historiadores sólo elegían eventos del pasado dignos de recordar por ser buenos, como la virtuosa vida de los héroes, y al mismo tiempo destacar las villanías de los malos. Lo que se buscaba era justificar las acciones de los héroes mártires y dejar en el olvido lo sucesos incómodos como las derrotas o aquello en lo que los mexicanos no hicieron lo que se esperaba de un patriota.


    Criollización de “La Corregidora” y Gertrudis Bocanegra

    La criollización de las principales figuras de la Independencia es otro aspecto que destaca el especialista. Ejemplifica con Josefa Ortiz de Domínguez, cuyas biografías del siglo XIX y XX la asumen criolla, aunque los nuevos estudios revelan que era casta, pues en su acta de nacimiento aparece como tornatrás –así llamaban al tataranieto o tataranieta de una pareja de mestizos cuando había mezcla en las generaciones siguientes.

    Lo mismo pasa con Gertrudis Bocanegra, otra heroína de Pátzcuaro a la que fusilaron por apoyar a los insurgentes. Lo que indica que existió una gran participación popular en todos los niveles, un aspecto que la historia oficial no contempla.




    _______________________________________

    Fuente:

    Deconstrucción de la historia oficial, la Independencia fue una guerra civil - UDG TV

  10. #250
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Agustín de Iturbide, fue fusilado por decreto

    El llamado Dragón de Fierro —apodado así por haber sido en su época militar un magnífico jinete— es el personaje más polémico de la historia del movimiento independentista. Hoy se cumplen 190 años de su ejecución, luego de que se hizo efectivo contra él un decreto que trataba de evitar que retornara a México

    Juan Pablo Reyes

    19/07/2014 05:27









    CIUDAD DE MÉXICO, 19 de julio.- “Iturbide cometió el crimen de ser grande” y seis balas de un pelotón de fusilamiento terminaron con su vida un día como hoy pero de hace 190 años, luego de que se hiciera efectivo “un decreto ad terrorem” que ni el propio Congreso que lo había redactado consideraba que algún día sería aplicado.

    De acuerdo con el historiador Luis Reed, cinco días antes de su asesinato, Agustín de Iturbide arribó al puerto de Soto la Marina, Tamaulipas, proveniente de Europa tras un exilio de poco más de un año, “ignorando por completo el parricida decreto” que los legisladores mexicanos habían promulgado con el fin de evitar que el consumador de la Independencia retornara a territorio nacional.

    El objetivo de Agustín de Iturbide al regresar al país era ofrecer sus servicios a las autoridades mexicanas ante el peligro de una invasión por parte de la Santa Alianza, la cual pretendía reconquistar México.

    A bordo del bergantín inglés Spring y acompañado por su esposa embarazada, sus dos hijos menores, un sobrino y el teniente polaco Beneski, Iturbide regresó a su patria el 14 de julio de 1824. Al enterarse del arribo, en los alrededores del puerto, el comandante militar de la región Felipe de la Garza fue el encargado de custodiarlo e informarle su situación jurídica mientras se decidía cuál sería su futuro.

    Se le comunicó que, de acuerdo con un decreto del Congreso, debía ser pasado por las armas inmediatamente; sin embargo, El Dragón de Fierro convenció a De la Garza de suspender la ejecución y viajar a la localidad de Padilla para dialogar con los legisladores locales.

    De camino a la villa de Padilla el 17 de julio, Iturbide y Felipe de la Garza estuvieron conversando; tras una larga plática, éste lo reconoció como generalísimo, le devolvió su espada y lo dejó al mando de la tropa.

    “El decreto del 28 de abril de 1824 impulsado por el Poder Legislativo y avalado por el Ejecutivo, declaraba traidor y fuera de la Ley a Iturbide, siempre que se presentara bajo cualquier título en algún punto del territorio mexicano; también fue declarado enemigo público del Estado.

    De la Garza hizo notar a sus soldados que Iturbide no estaba en condición de sufrir la pena decretada por una ley que ignoraba, pero el Congreso, sordo a cualquier argumentación, condenó a muerte a don Agustín”, explicó Reed Torres.


    Condena sin sustento jurídico

    Según especialistas en derecho como Silvia Martínez del Campo, el decreto de condena no resiste el menor análisis jurídico, dado que se condicionó la conducta de traición al hecho de que Iturbide se presentase en el país, hecho que de ninguna manera y bajo ningún régimen constitucional puede estimarse por como un acto constitutivo de un delito.

    “Nunca se especificó la pena, en el decreto estaba implícita la de muerte; violentando de esta forma la naturaleza misma del derecho penal que precisamente establece penas para delitos. Así lo interpretarían todos, y principalmente Felipe de la Garza, al darle muerte poco después de haber pisado suelo mexicano, y el Congreso de Tamaulipas al negarse a oírlo y seguirle un juicio. Esta ley fue utilizada para legalizar un asesinato”, consideró Del Campo Rangel en su estudio El proceso contra Agustín de Iturbide.

    El día 18 el Congreso de Tamaulipas, tras ser informado por De la Garza sobre la llegada de Iturbide, se reunió en sesión extraordinaria y concluyó que debía aplicarse de inmediato el decreto de proscripción, violando los derechos de cualquier reo para poder ser escuchado y defendido en juicio.

    A minutos de llegar a Padilla, De la Garza comunicó al exemperador que era mejor que se presentara arrestado ante el Congreso, propuesta que Iturbide aceptó con la plena confianza de que sería escuchado y sin saber que el comandante militar de la región ya conocía el criterio de los legisladores.


    Congreso, “sin valor”

    Martínez del Campo Rangel detalla en su estudio que se realizó una sesión extraordinaria el día 18 de julio y luego se efectuaron otras tres el día 19, “en ninguna de las cuales se quiso oír a Agustín de Iturbide, lo que hubiera podido salvar un poco el honor de un Congreso que no tuvo ni siquiera el valor de escucharlo en juicio, para deliberar y llegar a una sentencia justa”.

    Historiadores consultados por Excélsior aseguran que el temor a la popularidad de Iturbide y a la simpatía que gozaba entre la población mexicana, provocó que no quisieran escucharlo y lo condenaran “a toda prisa” a la pena de muerte para ese mismo 19 de julio de 1824.

    Para el investigador Enrique Sada, la prisa por asesinarlo podría deberse a que el Congreso tamaulipeco quería evitar que la población y sus partidarios tuvieran conocimiento sobre el regreso del militar, buscaran la forma de impedir su muerte y se levantaran en armas.

    El decreto estaba hecho para evitar que Iturbide regresara y que sus partidarios revirtieran el régimen republicano, los propios diputados declararon que fue un decreto hecho estúpidamente y sólo para amedrentar. Sin embargo, los legisladores tamaulipecos, por miedo a un levantamiento popular que liberara a Iturbide y que lo pudiera llevar de Tamaulipas a la Ciudad de México, aceleraron su asesinato”, expuso Sada Sandoval.

    Mientras aguardaba la respuesta del Congreso de Tamaulipas, en su encierro a unos cuantos metros de la plaza principal de Padilla, Iturbide se dedicó a redactar diversas cartas dirigidas a su esposa e hijos con el objetivo de despedirse y también envió una misiva a los legisladores tratando de conocer las razones por las cuales querían matarlo.

    Iturbide escribió el mismo día de su muerte una exposición al Congreso en la que preguntaba cuál crimen o delito había cometido para hacerse acreedor a tan inhumano decreto y luego enumeró sus servicios prestados al país e inquiría por cuál de ellos se le condenaba”, relató por su parte Reed Torres.

    La carta escrita por Iturbide decía lo siguiente: “Mi muerte es ya inevitable, y sería en vano ya manifestar las sanas intenciones que me condujeron a prestar mis pequeños servicios. Nunca he sido traidor. Con asombro he sabido que vuestra soberanía me ha proscrito y declarado fuera de la ley circulando el decreto para los efectos consiguientes. Tal resolución me hace recorrer cuidadosamente mi conducta. No encuentro, señores, cuál o cuáles son los crímenes por los que el soberano Congreso me ha condenado”.

    Una vez finalizada la tercera sesión extraordinaria del 19 de julio y conociendo la sentencia del Congreso, Agustín de Iturbide pidió que se le permitiera escuchar misa y confesarse antes de morir, pero le fueron negados estos deseos y se le informó que sería ejecutado tres horas más tarde mediante fusilamiento y no por decapitación como algunos legisladores habían propuesto previamente.

    El miedo los obligó a actuar rápido, para consumar un acto que a todas luces era falto de toda justicia y juridicidad. La ejecución se quiso legitimar aún más, promulgando al día siguiente un decreto por el que se declaró benemérito del estado a Felipe de la Garza, superando de esta manera cualquier suspicacia que pudiera haber habido por el hecho de haberle entregado el mando de la tropa a Iturbide días atrás”, explica Silvia Martínez.

    A las tres de la tarde del 19 de julio se leyó la sentencia condenatoria aprobada por la mayoría y que establecía: “Reunidos los S.S. diputados en el salón de sesiones, para dar cumplidamente de lleno, al espíritu de la ley de proscripción contra el ex-emperador Don Agustín de Iturbide, por traidor a su patria, se decreta, sin comisión, la pena de muerte. Que se haga efectiva esta suprema ley, dentro de tres horas. Padilla en la Plaza Principal. Dios y Constitución”.

    Minutos antes de las 18:00 horas, Iturbide fue conducido a la plaza principal de Padilla y, al llegar al sitio de la ejecución, entregó al sacerdote que lo acompañaba el reloj y el rosario que portaba y luego repartió unas monedas de oro entre los soldados que iban a fusilarlo.

    Luego se dirigió a las personas que se habían congregado en la plaza y les recomendó mantenerse unidos como mexicanos, amar a la patria, seguir los lineamientos de la religión católica y obedecer los mandatos de las autoridades.

    ¡Mexicanos!, en el acto mismo de mi muerte, os recomiendo el amor a la patria y observancia de nuestra santa religión; ella es quien os ha de conducir a la gloria. Muero por haber venido a ayudaros, y muero gustoso, porque muero entre vosotros: muero con honor, no como traidor: no quedará a mis hijos y su posteridad esta mancha: no soy traidor, no”, exclamó antes de morir.


    Seis balas

    Habían pasado apenas tres horas desde que el Congreso determinó que el consumador de la Independencia debía ser ejecutado. Tras orar unos cuantos segundos, Iturbide se paró frente al pelotón, el comandante dio la orden de fuego y seis balas se introdujeron en el cuerpo de quien en 1821 había redactado el Plan de Iguala para declarar la independencia de nuestro país.

    Tras la muerte de Iturbide, y luego de que la noticia llegara a la capital del país, provocó el luto nacional tanto en la clase política como en la población en general, pues él era considerado no sólo el libertador, sino también era conocido como el Padre de la Patria y autor de la bandera nacional.

    Los mismos diputados que hicieron ese decreto mostraron caras largas e impresión al enterarse del fusilamiento, pues nunca imaginaron que aquel decreto aprobado cuatro meses atrás será hecho efectivo en algún momento, pues la intención sólo era amedrentar a Iturbide y a sus seguidores”, puntualizó Enrique Sada.

    Agustín de Iturbide fue sepultado por los pobladores de Padilla en la iglesia de la localidad y 14 años después, en 1838, el entonces presidente Anastasio Bustamante, ante el clamor popular, trasladó sus restos al altar de San Felipe de Jesús en la Catedral Metropolitana de México, donde se encuentran actualmente.

    En la parte inferior del monumento donde se encuentra la urna se puede leer un epitafio que las autoridades mexicanas colocaron durante la segunda mitad del siglo XIX. Dice lo siguiente: “Agustín de Iturbide, autor de la Independencia mexicana, compatriota, llóralo; pasajero, admíralo. Este monumento guarda las cenizas de un héroe”.

    Quien fuera director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), José Manuel Villalpando, indicó hace dos años que junto con los de Hidalgo, Morelos, Guerrero y otros insurgentes, los restos de Agustín de Iturbide deberán estar también, algún día, en la Columna de la Independencia.

    Destacó que, a pesar de que en México el dolor histórico “todavía nos cala profundamente” y en la actualidad aún existe gente que se enoja porque Colón descubrió América, será necesario, para reconciliar nuestra historia, trasladar los huesos de Iturbide.

    Yo creo que algún día tendrán que estar reunidos, no sé si ya ahorita o no, por esto que comentamos de ser el libertador, para al día siguiente ser el emperador; sin embargo, no hay que desconocer que él es el libertador de esta patria” aseguró Villalpando.

    El historiador reconoció que en 2010, siendo coordinador de los festejos por el bicentenario del inicio de la Independencia, pasó por su mente llevar la urna que contiene los huesos de Iturbide a Palacio Nacional para ser estudiados y posteriormente recibir homenaje como el consumador de la lucha libertaria, pero no se hizo, porque, puntualizó, eso será labor de quienes gobiernen en 2021.

    Cuando trasladaron los restos de los héroes para su examen y estudio, primero al Castillo de Chapultepec y luego al Palacio Nacional también pasó por mi mente llevar a Iturbide, pero no se hizo por una sencilla razón: eso hay que dejárselo al gobierno de 2021, a los que celebren el bicentenario de la Consumación de la Independencia. Se lo dejamos a las autoridades de dentro de dos sexenios para que ellos sean los que conmemoren el bicentenario de la Consumación”, expresó Villalpando.

    También hace cuatro años el exsenador perredista José Luis Máximo García Zalvidea propuso que el nombre de Agustín de Iturbide fuera inscrito con letras de oro en el Muro de Honor del Salón de Sesiones de la Cámara de Diputados. La iniciativa quedó congelada.

    Sobre este tema, el historiador Luis Reed Torres puntualizó que Agustín de Iturbide no es un prócer de facciones o ideologías, pues “debería ser un héroe nacional” y, por lo tanto, merece ser reconocido como tal en nuestro país.

    Se prevé que al mediodía de hoy se celebre una misa en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, con el objetivo de recordar a Iturbide. También se efectuarán diversos homenajes a nivel nacional para honrar la memoria del primer emperador de México.




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.excelsior.com.mx/expresi...4/07/19/971683

  11. #251
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    Re: Mexico no es bicentenario

    La tribu ópata de Sonora (que por cierto, combatió a los independentistas) mencionaba en este pronunciamiento que la época virreinal era más justa y que a partir de la independencia se precarizó su situación.



    Los Ópata se dirigen al presidente para presentarle sus agravios

    2 July 1836

    Region: Sonora

    Place: Arizpe

    Pronunciamiento text


    La tribu ópata se dirige al presidente para presentarle sus agravios, 2 de julio de 1836

    Doy fe, José Antonio del Castillo, Juan Gutierres, Manuel Lagunas, Rafael Romero, Mariano de Gama, Luis Romero y Miguel Romero, síndico; Mariano Popoca, secretario. Juan Isidro Bojorques natural del pueblo de Oposura y de la nación opata en Sonora, por sí, y como enviado de los treinta y seis pueblos de que se compone dicha nación, acerca de nuestro alto gobierno mexicano ante vuestra excelencia con el acatamiento debido me presento y digo que desde el año de mil ochocientos treinta y uno en que se presentaron en esta capital otros comisionados a exponer quejas sobre los adolecimientos en que aquellos se hallaban, se dignó el excelentísimo señor presidente que mandaba entonces en la nación mexicana, don Anastasio Bustamante, oír con atención nuestros clamores, y en consecuencia dio a los enviados, una orden para que el gobernador de Sonora administrara justicia a los pueblos; mas tan luego que aquella se le presentó la vio aquel magistrado con mucho enfado, y en lugar de ministrar justicia trató mal y con palabras ofensivas a los comisionados: así se respetan excelentísimo señor órdenes del alto gobierno: tenga vuestra excelencia la bondad de oír mi pequeño bosquejo de lo que pasa con pueblos de opatas en Sonora: la mayor parte de los pueblos han sido despojados por medios violentos de una parte de tierras y muy recientemente lo ha sido el pueblo de Cunpas, a quien el gobernador del departamento con tropa armada fue a darle posesión de las que le pertenecen, al cura don Julián Moreno, trayendo presos a la capital de Arispe a los opatas, que quemaron los cercos que el expresado cura había puesto a las tierras del pueblo, sin atender el gobierno de Sonora que el mismo cura había quemado primero los cercos del pueblo, y echado dentro de sus siembras sus caballos y mulas con el fin de hacer daño, ¿y por qué sufren tantos atropellamientos y despojos los pueblos de la nación opata? Por dos razones, la primera porque son obedientes a las leyes y al gobierno mexicano, y la segunda porque los usurpadores de nuestras tierras todos son hermanos parientes, compadres, y amigos de los mandatarios, quiero decir, del gobierno que tienen dinero y en esto consiste que el gobierno de allí atiende al poderoso y no al que tiene la justicia. Los que tienen el gobierno en Sonora son Escalantes, Morales, Morenos y Escobosos y como todos son parientes en particular en Oposura por cuyo pueblo represento que por el orden donde se va el gobernador por ese orden se van todos siempre considerando que nosotros los indios como escasos de luz a todo pasamos de suerte que los mandatarios de Sonora son peores que los españoles, y nosotros los indios vivimos en la época de la libertad más oprimidos que cuando estábamos subyugados, ha habido independencia para los Morenos, Escalantes, Morales y Escobosos y no para nosotros, digo esto, porque en aquellos tiempos nunca nos quitaron nuestras propiedades, y hoy se privan de ellas a una comunidad y no se les hace justicia.

    Por todo lo cual llenos de confianza los pueblos de opatas de Sonora me envían a vuestra excelencia para decirle: que vuestra excelencia tome una medida para que se les vuelvan sus tierras a los pueblos que están despojados, haciendo entender a los que mandan en Sonora que vuestra excelencia como supremo jefe de la nación mexicana manda que se nos trate bien, y que no se nos despoje de nuestras propiedades; también quieren los pueblos que vuestra excelencia mande que no se nos cobren derechos de casamiento de bautismos y de entierros sino muy moderados, porque los pueblos está muy pobres y siempre andan ocupados en la campaña contra los gentiles.

    Estas gracias excelentísimo señor presidente que los treinta y seis pueblos de opatas de Sonora piden a vuestra excelencia por mi conducta como su enviado, ya les fueron concedidas por el antecesor de vuestra excelencia, el señor don Anastasio Bustamante. Lo que sucede, que no se han cumplido, y en esto se ha faltado a la obediencia, al alto gobierno: y así, yo suplico a vuestra excelencia se nos libre otra orden igual, y se nombre una persona de toda la confianza del alto gobierno para que pase a Sonora a reconocer los títulos del fundo legal de los pueblos de opatas, para que informando a vuestra excelencia de los despojos que han sufrido, y por cuya causa se están muriendo de hambre y mucho aburridos, se les devuelvan sus tierras: suplicando a vuestra excelencia, se digne dispensar el lenguaje de mi explicación en que no es mi ánimo faltar al respeto de vuestra excelencia como presidente de la república mexicana y como madre soberano de todos sus súbditos.


    Arizpe, julio 2 de 1836.

    Juan Isidro Bojorques


    Context

    This is one of the few Indian-led pronunciamientos held in this database. Not surprisingly, a dispute over land ownership between the Opata tribe and the men who had sold and bought their ancestral land was at the heart of their call for forceful negotiation. The fact that the Opata people opted to pronounce to pressurise the government into addressing their grievances is evidence of the fact that by the mid-1830s the pronunciamiento, as a practice, had been taken up by all kinds of groups of people, including disenfranchised and subaltern sectors of society such as Indian communities. Likewise, it is proof of how the norms and rituals that governed the practice had become so common and widespread that even a group of politically-marginalised Opata Indians such as these knew the form and style a pronunciamiento text should take.

    Also see Representación de los vecinos de Motepori de la tribu opata al presidente of 3 July 1836.

    WF


    Notes

    AGN: Gobernación, 1836, s/s.

    Also in Josefina Zoraida Vázquez (ed.), Planes en la nación mexicana. Libro tres: 1835-1840 (Mexico City: Senado de la República/El Colegio de México, 1987), pp. 86-87.

    Transcribed by Germán Martínez Martínez and Revised by Will Fowler.

    Original document double-checked by Natasha Picôt 8/1/09. COLMEX: J. Z. Vázquez Planes y documentos, Caja 14, Exp. 3, f. 6.




    _______________________________________

    Fuente:

    https://arts.st-andrews.ac.uk/pronun...tpdf.php?id=96
    Última edición por Mexispano; Hace 1 semana a las 19:34

  12. #252
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Resguardar los derechos del Rey Fernando VII en palabras del propio Miguel Hidalgo.

    Una coartada muy usada por los revolucionarios secesionistas americanos.








    https://www.facebook.com/groups/3548...62120/?__cft__
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  13. #253
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    Re: Mexico no es bicentenario

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    1811

    Arrepentimiento de Miguel Hidalgo.

    Chihuahua, 18 de mayo de 1811.



    El Br. Don Miguel Hidalgo, cura de Dolores, á todo el mundo.

    ¡Quién dará agua á mi cabeza, y fuentes de lágrimas a mis ojos!

    ¡Quien pudiera vertir por todos los poros de mi cuerpo la sangre que circula por sus venas, no solo para llorar dia y noche los que han fallecido de mi pueblo, sino para bendecir las interminables misericordias del Señor!

    ¡Mis clamores debian exceder á los que dió Jeremias, instruido por el mismo Dios, para que levantando á manera de clarin sonoro la voz, anunciara al pueblo escojido sus delitos, y con sentimientos tan penetrantes, debia convocar al orbe entero á que vieran si hay dolor que se iguale a mi dolor!

    Mas ¡hay de mi! ¡que no puedo espirar hablando y desengañando al mundo mismo de los errores que cometí!

    Mis dias ¡con que dolor los profiero! pasaron veloces: mis pensamientos se disiparon casi en su nacimiento, y tienen mi corazon en un tormento insoportable.

    La noche de las tinieblas que me cegaba se ha convertido en luminoso dia, y en medio de mis justas prisiones me presenta, como á Antioco, tan perfectamente los males que he ocacionado á la América, que el sueño se ha retirado de mis ojos, y mi arrepentimiento me ha postrado en una cama:

    Aquí veo no muy lejos el aparato de mi sacrificio, exhalo cada momento una porción de mi alma, y me siento morir de dolor de mis excesos, mil veces ántes que poder morir una sola vez: distante no mas que un paso del tribunal Divino, no puedo menos que confesar con los nécios de la Sabiduría;

    Luego erramos y hemos andado por caminos difíciles, que nada nos han aprovechado: veo al Juez Supremo que ha escrito contra mí causa que me llenan de amargura, y que quiere consumirme por solo los pecados de mi juventud.

    ¿Cuál será, pues, mi sorpresa, cuando veo los innumerables que he cometido como cabeza de la insurrección? ¡Ah, América, querida patria mia! ¡Ah, americanos mis compatriotas, europeos mis progenitores! compadeceos, compadeceos de mí.

    Yo veo la destrucción de este suelo, que he ocasionado: las ruinas de los caudales que se han perdido, la infinidad de huérfanos que he dejado, la sangre que con tanta profusión y temeridad se ha vertido, y lo que no puedo decir sin desfallecer, la multitud de almas que por seguirme estarán en los abismos.

    Ya veo que si vosotros, engañados insurgentes, quereis seguir en las perversas máximas de la insurrección, mis reatos se aumentarán, y los daños, no solo para la América sino para vosotros, no tendrán fin.


    La santidad de nuestra religión que nos manda perdonar y hacer bien á quien nos hizo mal, me consuela, porque espero que os compadecereis de mí, perdonándome unos hasta el menor daño que os he inferido, y librándome vosotros, insurgentes, de la responsabilidad horrible de haberos seducido.

    Cierto de las misericordias del Señor, lo que me aflije son estos perjuicios que he originado, y suplico encarecidamente que no sigan: vosotros ya lo sabeis, os habeis de ver ó en un momento súbito que de impoviso os traslade al tribunal de Dios, ó en los que S.M. me concede para mi desengaño:

    Y si entónces habeis de llorar vuestros errores, si entónces habeis de confesar lo que yo os digo, creedme desde este instante, practicad las máximas verdaderas de quien se halla desengañado y convencido: honrad al rey, porque su poder es dimanado del de Dios;

    Obedeced á vuestros prepósitos, constituidos por su soberanía, porque ellos velan sobre vosotros como quienes han de dar cuanta al Señor de vuestras operaciones.

    Sabed que el que resiste á las potestadas legítimas, resiste á las ordenes del Señor: dejad, pues, las armas; echaos á los pies del trono, no temais ni las prisiones ni la muerte; temed, sí, al que tiene poder despues que quita la vida al cuerpo, de arrojar la alma a los infiernos.

    ¡Dichoso yo, felices y venturosos vosotros, si me das este consuelo!

    Exterminada la insurreccion, perdonado de mis excesos, con especialidad de los que haya cometido contra la religion y sus ministros, contra el respeto de sus jefes, pastores é inquisidores, como sumisamente lo suplico, ¿con que satisfacción me hechare sobre los brazos de un Dios, que si como justo debe sentenciar, como padre piadosísimo me llama y me dá tiempo para desengañando al mundo y arrepintiendome, se vea en la suave precision de decidir mi eterna suerte, segun las promesas que nos ha hecho de que en cualquier dia que se convierta el pecador, echará en perpetuo olvido todas sus iniquidades?

    Estas prisiones que me ligan y que beso con reconocimiento, me convencen de que si él no me hubiera ayudado, ya habitara mi alma en los infiernos.

    El horror con que se me presenta la sangre que por mí se ha derramado, y la devastación de este florido reino, no puedo negar son aquellos auxilios conque ponia á la vista de Israel lo malo y amargo que es haberle dejado: no, no son los tormentos del abismo los que me perturban, porque son mayores las culpas con que los merecí.

    Si un Dios, infinito en sus perfecciones, toleró lo que es mas que el mismo infierno, ¿por qué no he de recibir gustoso lo que merezco, en satisfaccion de su justicia, como no me prive de su amor?

    Ni aun estos suplicios me aterran á presencia de sus misericordias: sé que el dia que un pecador se arroja á sus pies, se regocija todo el cielo: se que él es el mismo que á la oveja perdida cuando la encuentra, no la pone al arbitrio de los lobos, sino que amoroso la coloca sobre sus hombros, y que al hijo que habia sido el oprobio de su familia, lo recibe con ternuras tan singulares, que puede causar envidia á sus hijos mas sumisos: toda la falta de mis méritos la suple con superabundacia la sangre que virtió y ofreció por mi. –

    Sed, pues, testigos todos los que habitais el orbe; sedlo todos cuantos habeis cooperados á mis excesos, de que si ingrato y ciego me precipité, injurié al Omnipotente, al soberano, á los europeos y americanos, quisiera deshacer mis yerros con otras tantas vidas, cuantas ha producido, producirá y puede producier el brazo del Señor:

    Quiero morir y muero gustoso porque ofendí á la Magestad Divina, á las humanas y á mis projimos: deseo y pido que mi muerte ceda para gloria de Dios y de su justicia, y para testimonio el mas convincente de que debe cesar al momento la insurrección, concluyendo estas mis últimas y débiles voces con la protesta de que he sido, soy y seré por toda la eternidad, católico cristiano, que como tal creo y confieso cuanto cree y confiesa nuestra Santa Madre Iglesia:

    Que abjuro, detesto y retracto cualquiera cosa que hubiese dicho en contra de ello, y que por último espero que las oraciones de los fieles en todo el mundo, con especialidad de estos dominios, se interpongan para que dándome el Señor y Padre de las misericordias una muerte de amor suyo y dolor de mis pecados, me conceda su beátifica presencia.


    Chihuahua, Real Hospital, y Mayo 18 1811.

    Miguel Hidalgo

    Sr. comandante general D. Nemesio Salcedo.

    El Br. D. Miguel Hidalgo, contenido en el anterior, suplica á V.S. que por un efecto de su bondad, reciba y circule por todas las partes de mi precedente satisfaccion, para descargo de mi conciencia.

    Real Hospital, y Mayo 18 1811.

    Miguel Hidalgo.

    Fuente:

    Wikisource


    http://es.wikisource.org/wiki/Arrepe...Miguel_Hidalgo




    _______________________________________

    Fuente:

    Arrepentimiento de Miguel Hidalgo.

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