Búsqueda avanzada de temas en el foro

Página 2 de 2 PrimerPrimer 12
Resultados 21 al 27 de 27

Tema: La leyenda negra: algo más

  1. #21
    Avatar de Mexispano
    Mexispano está desconectado Miembro Respetado
    Fecha de ingreso
    20 may, 13
    Mensajes
    3,001
    Post Thanks / Like

    Re: La leyenda negra: algo más

    Bunbury y su "Hijo de Cortés"

    Artículo publicado el 23 de agosto de 2018 en Libertad Digital:

    https://www.clublibertaddigital.com/...-cortes-85839/

    Bunbury y su «Hijo de Cortés»


    No me digas hijo de Cortés
    ni de Aguirre ni de Pizarro,
    no somos parientes lejanos
    O, en todo caso, tan emparentados
    como un italiano
    con Calígula o Nerón.


    Con estos versos comienza la canción «Hijo de Cortés», incluida en Palosanto, disco grabado en Los Ángeles en 2013. Su autor, el músico español, ex líder de Héroes del Silencio, Enrique Ortiz de Landázuri Izarduy, vulgo Enrique Bunbury (Zaragoza 1967). Ídolo en México, Bunbury no pudo sustraerse a la tentación de tratar a propósito de Hernán Cortés. Un tratamiento que, tal y como era de prever, se movió dentro de los estrechos márgenes negrolegendarios propios de la industria a la que pertenece el cantante maño. Ello explica el hecho de que Bunbury trate de establecer un artificioso corte histórico que le distancie de Cortés, pero también de Aguirre y de Pizarro, personajes que, en un burdo paralelismo, considera tan lejanos a un español como lo son Nerón y Calígula de un italiano. Más allá de tal pirueta, la elección de los dos emperadores romanos, no parece en absoluto inocente. Equiparar a Hernán Cortés con tan sanguinarios gobernantes, habla a las claras de la visión que de don Hernando tiene don Enrique, quien probablemente ignore que Cortés, con quien más se ha comparado históricamente ha sido con el emperador Julio César. Y es que, en este caso, los paralelismos son más fáciles de establecer, pues ambos narraron sus propias hazañas bélicas. El primero en Las Galias y el segundo en una Nueva España que replicó las instituciones peninsulares, muchas de ellas herederas del Imperio romano. Guste o no, un español, y Bunbury lo es, está mucho más cerca de Hernán Cortés, que un italiano de Calígula o de Nerón.

    El segundo tramo de la canción plantea paralelismos semejantes. En esta ocasión, los invocados, quizá por mirarse en el espejo cortesiano que cree manejar Bunbury, son nada menos que Fujimori y Pinochet. Huelgan las explicaciones del porqué de tales comparaciones:


    No me digas hijo de Cortés,
    ni confundas pueblo y soberano,
    igual que un chileno o peruano
    no tiene por qué ser hermano
    de Fujimori o Pinochet.


    Destaca también en esta estrofa su segundo verso, pues en él, Bunbury nos advierte sobre la diferencia entre «pueblo» y «soberano». El autor de «Hijo de Cortés» salva en ella al «pueblo», sea ello lo que fuere, y concentra el mal en determinadas figuras individuales que, por alguna razón, están desconectadas de ese «pueblo» que abarrota los estadios para ver a los deportistas populares o a los artistas pop que igual brindan con chelas que con pisco, pues tal brindis adereza el tema que andamos analizando.


    No me digas hijo de Cortés
    ni de Isabel “la marrana”
    yo no nací en su cama,
    ni la Malinche me dio de mamar,
    ni tengo por qué ocultar
    que en esta tierra
    tengo mi hogar.


    Así reza la penúltima estrofa, por la que desfilan tanto Isabel la Católica como la Malinche. En el caso de la primera, el calificativo de «marrana» lanzado por Bunbury no parece tener que ver con el hecho de que a los judeoconversos españoles se les llamara «marranos», acusación que pondría en un brete de perfiles antisemitas a nuestro cantante, sino por una cuestión mucho más vulgar y escatológica. Todo parece indicar que el marranismo isabelino está emparentado con esa leyenda según la cual, la reina Isabel prometió no cambiarse la camisa hasta que no conquistase Granada, frase de la que no hay evidencia documental alguna. Muy al contrario, sépalo o no nuestro autor, la reina destacó por su pulcritud, hasta el punto de ser recriminada por ello por su confesor, fray Hernando de Talavera. Pero aún hay más, pues aunque Bunbury reniega de Isabel I de Castilla, lo cierto es que la posibilidad del éxito logrado allende el Atlántico por el artista zaragozano, se debe en gran medida a algunas de sus iniciativas. El mestizaje, tan elogiado por la progresía más rigorista, debe mucho a aquella mujer nacida en Madrigal de las Altas Torres, pues fue ella quien incluyó estas voluntades proteccionistas en su testamento:


    «Y no consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien»


    Fue también Isabel la Católica, la primera persona que se preocupó por los derechos de los indios, al ordenar que estos continuaran siendo propietarios de las tierras que les pertenecían antes de la llegada de los españoles. A ella también se debe un decreto que prohibió la esclavitud de los naturales, dando al traste con el proyecto esclavista de Cristóbal Colón. En cuanto a la incorporación a la letra de la Malinche, es evidente que se trata de otro oportunista guiño a cierto sector del público mexicano, aquel que considera a doña Marina una traidora a un México que, sencillamente, no existía como unidad política cuando la esclava fue entregada por los totonacas a Hernán Cortés. La nación mexicana, pese a quien pese, es más hija de Cortés que de Moctezuma, personaje que desfila también por la canción:


    No me digas hijo de Cortés,
    no digas más palabrotas,
    que Moctezuma jamás se vengó
    de este vuestro hermano sincero o idiota
    enterremos de una vez el rencor
    que es muy mal consejero.


    El broche, de tono conciliador, aparece antes del último brindis con el que se cierra la canción. El rockero insiste, sin embargo, en sacudirse lo que para él es una palabrota. Al cabo, hijo de Cortés parece sonar en sus oídos igual que hijo de puta. Sin embargo, y a pesar de que Bunbury reniega del linaje cortesiano, lo cierto es que su éxito debe mucho a algunos acontecimientos que corrieron paralelos, cuando no fueron protagonizados, por Cortés. Entre ellos cabe destacar que en el trascendental año de 1492, Antonio de Nebrija publicó su Gramática castellana, obra dedicada al idioma en el que se desenvuelve Enrique Bunbury, aclamado en aquellas tierras que un día integraron el Imperio español a cuya ampliación contribuyó más que nadie Hernán Cortés, hombre que puso las bases de lo que no por casualidad se llamó Nueva España.



    ____________________

    Fuente:


    https://ivanvelez.blogspot.com/2018/...de-cortes.html

  2. #22
    Avatar de Mexispano
    Mexispano está desconectado Miembro Respetado
    Fecha de ingreso
    20 may, 13
    Mensajes
    3,001
    Post Thanks / Like

    Re: La leyenda negra: algo más

    ¿A quién beneficia hoy la leyenda negra? Elvira Roca Barea





    https://www.youtube.com/watch?v=V8F0ukpdUzE

  3. #23
    Avatar de Mexispano
    Mexispano está desconectado Miembro Respetado
    Fecha de ingreso
    20 may, 13
    Mensajes
    3,001
    Post Thanks / Like

    Re: La leyenda negra: algo más

    El enojo de Pérez Reverte con los “tontos” que la emprenden contra Cristóbal Colón

    Blanco principal de su crítica es la ciudad de Los Angeles, por suprimir el Columbus Day, pero también se acuerda de Cristina Kirchner, que quitó la estatua en Buenos Aires, y de otros “apóstoles de lo políticamente correcto”


    Por Claudia Peiró

    21 de octubre de 2017

    cpeiro@infobae.com







    “Cristina Kirchner le demolió la estatua de Colón en Buenos Aires”, otros “quieren demolérsela en Barcelona”, dice Pérez Reverte indignado


    "Juntas a un fanático o un malvado con 1.000 tontos y, matemáticamente, obtienes 1.001 hijos de la gran puta", dice sin vueltas.

    El consagrado escritor español Arturo Pérez Reverte denuncia en una columna "la tendencia actual de borrar la parte oscura del pasado, y reinventar éste con la parte buena, o la que cada uno considera como tal", porque así se "está sumiendo al mundo en un caos cultural ajeno a los hechos y razones que lo definen".

    "Ignoramos –escribe Pérez Reverte en XL Semanal– que la historia no es buena ni mala, sino sólo historia, y borrándola creemos corregirla o librarnos de ella, cuando el resultado es justo lo contrario. Sin memoria, sin las claves que nos explican, somos monigotes en manos de oportunistas y sinvergüenzas, o rehenes de los estúpidos apóstoles de lo políticamente correcto".

    El autor de La tabla de Flandes, La Reina del Sur y la saga del capitán Alatriste, entre otras novelas, denuncia la manía muy actual de mirar, juzgar y condenar el pasado con categorías del presente, que lleva a los más absurdos anacronismos. Y a la falsificación, es decir, lo contrario de lo que supuestamente se busca con este tipo de revisionismos.




    La estatua de San Junípero Serra, evangelizador de California, decapitada y cubierta de pintura roja, como revancha indigenista


    Un ejemplo de anacronismo sería, en palabras de Pérez Reverte -y en referencia a los conquistadores españoles de América-, exigirle "a una banda de aventureros hambrientos, duros, ambiciosos y desesperados que se comportaran en el siglo XV con los criterios morales de una ONG del siglo XXI".

    El escritor también les recuerda a los desmemoriados que "todos tuvimos bisabuelos que lucharon en guerras, invasiones, conquistas y reconquistas" y "que mataron y murieron por un plato de comida, por una ambición, por una mala suerte, por una idea".




    Pérez-Reverte se define como “español que asume sin complejos su pasado en lo bueno y lo malo”


    Y sentencia: "Ocultarlos es amputarnos a nosotros mismos. Olvidar que somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos".

    El detonante de su comentario fue la decisión de la ciudad ("hispana por excelencia", dice) de Los Ángeles, California, donde se ha suprimido el Columbus Day o Día de Colón. Pero también destaca la amenaza de la piqueta de demolición que pesa sobre la estatua de Cristóbal Colón en Barcelona, aunque se consuela pensando que "no sólo es España". De ahí el título de su columna: "En compañía de tontos".

    Y recuerda que "Cristina Kirchner le demolió la estatua en Buenos Aires, Ada Colau y la CUP quieren demolérsela en Barcelona"… Colau es la alcaldesa de la ciudad catalana y la CUP un partido de extrema izquierda, la Candidatura de Unidad Popular.




    Pérez Reverte recuerda que CFK retiró la estatua de Colón, como quieren hacer en Barcelona. “Nada hay más tranquilizador que la estupidez compartida”, dice.


    "Las habas de la estupidez y la mala fe se cuecen en todas partes -agrega Pérez Reverte, sin el menor asomo de ternura hacia estos justicieros retroactivos-; y si eso no consuela demasiado, al menos lo hace más llevadero. (…) Nada hay más tranquilizador que la estupidez compartida, global, en un mundo donde, ya desde la más remota antigüedad –y ahí seguimos–, juntas a un fanático o un malvado con 1.000 tontos y, matemáticamente, obtienes 1.001 hijos de la gran puta".

    Al "pobre Colón" hace tiempo se lo tiene en la mira. En su defensa dice: "Él sólo quería descubrir un mundo nuevo al otro lado del Atlántico, y se jugó el tipo para conseguirlo, gracias al apoyo que le dieron los reyes de España –ese país ahora de pronto inexistente– allá por el año 1492", deslizando de paso con ironía su opinión sobre el secesionismo catalán.




    “Él sólo quería descubrir un Nuevo Mundo del otro lado del Atlántico” (Arturo Pérez Reverte)


    Pero su mayor indignación surge del hecho de que Los Ángeles no sólo suprimió el Día de Colón sino que lo sustituyó por el Día de los Indígenas… "Lo cual -dice- estaría muy bien en muchos sitios, sobre todo de México para abajo; pero en Estados Unidos suena a sarcasmo guarro, porque allí precisamente, en la pulcra América anglosajona, y a diferencia de la sucia y grasienta América hispana, los pueblos indígenas fueron sistemáticamente exterminados, y los escasos supervivientes confinados en infames reservas".




    La batalla de los colonizadores estadounidenses contra los indígenas


    Como se evocó en Infobae el pasado 12 de octubre, a raíz de estas tendencias iconoclastas contra los conquistadores españoles, recientemente varios académicos se han pronunciado sobre el exterminio de los indígenas californios por el cual, siglos después, hay activistas que se la toman no sólo con Colón sino con los padres franciscanos que colonizaron y evangelizaron la región, fundando el grueso de sus ciudades, Los Ángeles entre ellas, y también San Diego, San Francisco, Santa Bárbara, Sacramento, etcétera. Hay consenso entre los especialistas de que el gran exterminio de los indígenas, que los redujo al dramático número de 30.000 a fines del siglo XIX, tuvo lugar durante la llamada fiebre del oro, cuando ya California estaba bajo dominio de los Estados Unidos de América y no de España ni de México.

    Por otra parte, tampoco se trata de tener una mirada ingenua sobre aquel proceso. O contrarrestar al leyenda negra con una rosa. Al respecto, pronto se estrenará una película de Agustín Díaz Yanes, llamada Oro, y basada en un relato del propio Pérez Reverte, que allí cuenta su visión de la conquista: "Una sucesión de episodios fascinantes, terribles, épicos a veces y, desde luego, crueles y poco simpáticos".




    “Los indios de la América hispana siguen ahí….”, señala Pérez Reverte.


    "Pero asumiendo cuanto de terrible haya que asumir de la Historia, del horror y de la vida, que en el caso de la Conquista es mucho, el hecho cierto es que los indios de la América hispana siguen ahí, vivitos y coleando, compartiendo una lengua formidable entre quinientos millones de personas. (…) Así que, por mí, como hispano que soy, como español que asume sin complejos su pasado en lo bueno y lo malo, la municipalidad de Los Ángeles puede irse a hacer puñetas".

    No le falta razón a Pérez Reverte cuando dice que "somos monigotes en manos de oportunistas y sinvergüenzas" ya que quienes promueven, sostienen o simplemente habilitan este tipo de campañas, no están hablando del pasado, aunque así lo aparenten. Lo están instrumentando al servicio de causas presentes. Así sucede con el indigenismo actual que, basado en un pretendido respeto a la diversidad, en el fondo acarrea un cuestionamiento a nuestra historia, a nuestra legitimidad como naciones hispanoamericanas y al mestizaje del que somos resultado y del que no deberíamos renegar sino enorgullecernos.


    Trailer del film de Agustín Díaz Yanes sobre historia de Pérez Reverte







    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.infobae.com/cultura/2017...istobal-colon/

  4. #24
    Avatar de Mexispano
    Mexispano está desconectado Miembro Respetado
    Fecha de ingreso
    20 may, 13
    Mensajes
    3,001
    Post Thanks / Like

    Re: La leyenda negra: algo más

    Qué hay detrás de la campaña contra Colón y la obra franciscana en California

    Como todos los años, el segundo lunes de octubre se celebró el Columbus Day en los Estados Unidos. Pero no en Los Ángeles, ciudad fundada por españoles, donde la celebración fue cancelada

    Por Claudia Peiró


    16 de octubre de 2017

    cpeiro@infobae.com




    Estatuas y símbolos relacionados a fray Junípero Serra y Cristóbal Colón fueron blanco de vandalismo en nombre del indigenismo


    Esta cancelación del tradicional desfile del Columbus Day que, como nuestro 12 de octubre, conmemora la llegada de Colón a América se produjo en el marco de una exacerbación del indigenismo que desembocó en ataques a las figuras de Cristóbal Colón y de fray Junípero Serra (1713-1784), el franciscano recientemente canonizado, que evangelizó la región.

    En los últimos meses se produjeron actos de vandalismo contra los monumentos que en California recuerdan la obra misionera de Serra. Y que son muchos, ya que el grueso de las ciudades más importantes de ese estado fueron originalmente misiones franciscanas: Los Angeles, Santa Bárbara, Sacramento, San Diego, San Francisco, etcétera, fueron todas fundaciones españolas, del tiempo en que California estaba todavía bajo dominio hispano.

    El 19 de septiembre pasado, la estatua de San Junípero Serra en la misión Santa Bárbara fue decapitada y bañada en pintura roja. La "acusación" contra el Santo misionero es tan anacrónica y falsa como la que entre nosotros se le hace a Cristóbal Colón: genocida.




    La estatua vandalizada de Junípero Serra. Misión de Santa Bárbara


    En el hall del Capitolio de Estados Unidos, cien estatuas recuerdan a importantes figuras de la historia nacional. Entre ellas, la imagen de Fray Junípero Serra, misionero español del siglo XVIII y evangelizador de lo que es actualmente California, considerado padre fundador de muchas de sus ciudades. Juan Pablo II lo beatificó en septiembre de 1988. Y el Papa Francisco lo canonizó durante su visita a Estados Unidos.

    Hoy, una campaña pide que la estatua de Serra sea retirada.




    El papa Francisco en el Capitolio, frente a la estatua de San Junípero Serra


    La misma iconoclasia promovida en nombre del indigenismo en California es la que en Buenos Aires desplazó el monumento a Cristóbal Colón -donación de la comunidad italiana- del predio de la Casa Rosada, un capricho de la anterior administración que la actual no ha corregido aún.


    Indigenismo de salón, que hace furor en las universidades (Roca Baera)


    "Indigenismo de salón": así llamó, en una entrevista con el diario español El Mundo, la historiadora española María Elvira Roca Barea, autora de Imperiofobia y Leyenda Negra, a esta moda que "hace furor en los departamentos universitarios" y que busca "enemigos destructores de los pueblos nativos a los que agraviar" gratuitamente.




    El Monumento a Colón en Buenos Aires, desguazado


    Como destaca esta historiadora, los blancos de estos ataques son principalmente figuras o símbolos del mundo hispanocatólico, mientras que no sucede lo mismo con los del protestantismo anglosajón que, en el caso de los indígenas de los Estados Unidos, si de juicio retroactivo se trata, tienen mucha más responsabilidad en su triste destino. Por no mencionar la esclavitud africana.

    Sin embargo, de esos mismos sectores proviene la llamada "Leyenda Negra" de la conquista española, que nació en el siglo XVI, en el marco de la sublevación protestante en los Países Bajos –conducida por Guillermo de Orange- contra el dominio español, y desde entonces fue siempre promovida por los competidores coloniales de Madrid.

    Roca Barea contrasta los ataques a las figuras de Cristóbal Colón y San Junípero Serra con la veneración a otros referentes históricos, como Thomas Jefferson (1801-1809), tercer presidente de Estados Unidos, cuya mansión de Monticello (Virginia), rodeada de plantaciones cultivadas por los más de 600 esclavos negros que poseyó, es objeto de culto, y hasta ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad.




    Fray Junípero Serra entre otros próceres de los EEUU en el Capitolio


    En cambio, el concejal Mitch O'Farrell ha pedido y conseguido que el Columbus Day deje de ser fiesta en Los Ángeles en el marco de la promoción de un clima de odio que explica la decapitación y los destrozos sufridos por las estatuas de Cristóbal Colón y de Fray Junípero Serra, además de la profanación de la tumba de éste último.

    La historiadora española evoca las matanzas indígenas por militares "wasp" (white, anglosaxon and protestant), es decir, blancos, anglosajones y protestantes, condecorados en su tiempo y recordados como héroes. Entre ellas, la de los Cheyenne en 1868 en Washita por el general Custer o la de 1890 de mujeres y niños lakotas en Wounden Knee por el 7° de Caballería. Por el contrario, fray Junípero Serra "nunca tuvo esclavos ni mató a nadie", dice Roca Barea. Sin embargo, los españoles fueron y son señalados como chivos expiatorios de la exterminación de los indios.




    Lo notable es que los creadores y promotores de la leyenda negra de la conquista española fueron a su vez conquistadores mucho más salvajes. Pero "a los Países Bajos e Inglaterra les funcionó el tópico de que éramos unos bestias", dice Roca Barea.

    Aunque lo que más enoja a esta historiadora es el hecho de los "propios españoles" hayan terminado "asumiendo los tópicos de la Leyenda Negra".

    Quién fue fray Junípero Serra




    Estampilla conmemorativa del correo estadounidense para Junípero Serra


    Fray Junípero Serra nació en 1713 en Petra, Mallorca, y se ordenó sacerdote en 1737. Era profesor de filosofía. Intelectual pero también hombre de acción, sintió la vocación de ir al Nuevo Mundo a evangelizar. Su primer destino fue Veracruz (México) donde trabajó en la formación de misioneros por varios años.

    Cuando en 1767 Carlos III expulsa de España y de las colonias a los jesuitas, los franciscanos, entre otros, toman la posta de la tarea misionera que realizaba antiguamente la Compañía de Jesús. Junípero Serra es convocado entonces para dirigir una campaña de evangelización en la llamada Alta o Nueva California (la que hoy es estadounidense), zona que los españoles necesitaban reforzar ante el avance de otros colonialistas, los rusos (por Alaska) y los ingleses.
    El mecanismo fue la ocupación del territorio mediante la instalación de presidios y misiones. La palabra presidio no tenía el sentido actual sino que designaba al puesto de avanzada de frontera, por lo general un fuerte.

    Se envía entonces un cuerpo expedicionario militar y un cuerpo misionero de franciscanos, dirigidos por Serra. La campaña se inicia en 1769 y es entonces cuando se fundan las misiones de San Diego, Camino Real, Monterrey, San Francisco Solano –hoy San Francisco, la última en vida de Serra-, San Buenaventura, etcétera. Fray Junípero Serra llega a fundar nueve misiones, que supervisará durante 15 años hasta su muerte, en 1784, pero en total serán veintiuna y el sistema durará 70 años.




    El mapa de las fundaciones franciscanas en California se superpone con el de sus principales ciudades


    Serra, más allá de los cuestionamientos por algunos grupos minoritarios en la actualidad, es considerado en Estados Unidos como uno de los padres fundadores de los estados del Oeste. Sus misiones forman parte del patrimonio arquitectónico y cultural de la región y constituyen un circuito turístico en sí mismas.

    El objetivo fundamental de las misiones era por un lado la evangelización, es decir, la enseñanza de la doctrina cristiana y la práctica de los sacramentos, y por el otro, la "civilización", una vida en común, sedentaria, de trabajo cooperativo en la construcción y en tareas agrícolas y artesanales. En las misiones, la vida estaba muy pautada, todo regulado a golpe de campanas que marcaban las horas de trabajo y descanso. Había normas morales muy rígidas y desconocidas para los aborígenes.

    Pero los indios no eran esclavos allí, aunque no pueda hablarse de trabajo libre. Se castigaba la deserción de las tareas, por ejemplo.




    Misión Santa Bárbara


    Cuestionar el anacronismo con el cual se analizan estos episodios hoy y las segundas intenciones de estas campañas no implica negar el choque cultural que se produjo ni el sufrimiento que la colonización implicó en especial para indígenas que, a diferencia de los de México, no eran sedentarios. Hubo por parte de los franciscanos un intento de aproximación al idioma nativo, pero los indios de California hablaban 135 lenguas diferentes. Por lo tanto la tendencia natural fue enseñarles el español.

    Hubo una lógica hostilidad inicial de los indios y se produjeron varias sublevaciones. En San Diego, en 1775, incendian la misión y matan a uno de los religiosos. Era un amigo de Junípero Serra, pero este se opone a que haya represalias.

    La imposición de una cultura hispano católica no era una tarea sencilla.




    Misión San Juan Capistrano (en San Diego)


    La monogamia, por ejemplo, les era extraña e insoportable a las etnias locales, la rutina era un tormento y los ritos religiosos, incomprensibles. La compasión y el fervor misioneros podían generar afecto pero no hacían menos insoportable el trauma cultural que padecían los indios.

    Ahora bien, de ningún modo las misiones pueden ser asimiladas a plantaciones de esclavos, como sostienen algunos. En el libro Converting California –citado en un artículo de Religión en Libertad-, James A. Sandos señala que las plantaciones francesas del Caribe o de las regiones sureñas de Estados Unidos tenían por finalidad el enriquecimiento de sus dueños a través de la producción de azúcar o algodón para la exportación, mientras que el trabajo y producto de las misiones estaba destinado al sostén de sus propios habitantes.

    Por otra parte, y no es un detalle para nada menor, los esclavos de las plantaciones podían ser comprados y vendidos, algo inconcebible en las misiones hispánicas.

    "El propósito de una misión era organizar una comunidad religiosa aislada que pudiera nutrirse a sí misma física y espiritualmente. El excedente de producción se usaba para alimentar a otras misiones, presidios y pueblos. El ánimo de lucro no se consideraba, al contrario que en las plantaciones, donde era la razón de su existencia", afirma Sandos.




    Misión San Carlos Borromeo, Monterrey


    "Los indios en las misiones – dice Sandos- podían irse 5 ó 6 semanas al año a visitar amigos y parientes y cazar y pescar. No eran libres para ir y venir a su gusto, sin embargo. Al aceptar voluntariamente el bautismo, lo supieran o no en ese momento, rechazaban su libertad a cambio de una nueva vida que la limitaba. Era una vida con exigencias espirituales y laborales, y los neófitos estaban obligadas a ambas".

    Imposición y coerción, sí. Esclavitud y genocidio, ciertamente no.

    Hispanizar a los indios no fue sencillo. El choque cultural entre el viejo y el nuevo mundo era de todos modos inevitable; tarde o temprano iba a ocurrir. Y en condiciones tan o más desparejas como con la llegada de los españoles. Lo que no existen son razones para pensar que potencias como la holandesa o la británica hubieran podido ser más "humanitarias". Al contrario.




    La llegada de Colón a América y los primeros contactos con los aborígenes


    En las misiones, la demografía tendía a estancarse o decaer. Pero, en opinión de John Johnson, antropólogo del Museo de Historia Natural de Santa Bárbara, la principal razón fueron las enfermedades contra las que los indios no tenían inmunidad, al igual que sucedió en toda América, donde la principal causa de muerte fue el choque bacteriológico. Una variable que no guardaba relación alguna con la nacionalidad del colonizador.

    Se calcula que hubo un descenso de población indígena de un tercio durante el período español y mexicano en California. Pero estos números se acrecientan luego. Cuando se descubrió que en California había oro, en 1848, vivían en la región unos 150.000 indios nativos. Doce años después, quedaban 30.000, según cifras que cita Sandos en su libro.

    El verdadero exterminio indígena en California lo produjo la fiebre del oro

    La mayoría de estos sobrevivientes eran los indios de las misiones, porque los que aún vivían al margen de ellas fueron casi todos exterminados.




    Según el libro Murder State: California's Native American Genocide 1846-1873, de Brendan C. Lindsay, en la etapa de la fiebre del oro, la cabellera de indio californiano se pagaba 5 dólares.


    En una conferencia dictada en mayo de 2014, el historiador Carlos Martínez Shaw, catedrático y académico de la Real Academia de la Historia, destacó "la fe y el convencimiento claro de estos misioneros de que el mundo civilizado era el bueno y por lo tanto estaban llevando a aquellas almas por el buen camino: civilización española y religión católica".

    David Weber, historiador de la Southern Methodist University of Texas y uno de los especialistas más reconocidos en el tema, tenía una posición balanceada. Consideraba que se alcanzó un crecimiento económico notable en el área, gran productividad en el mundo agrario, ampliación de las actividades artesanales y comerciales. En cambio, el dominio territorial no fue fuerte, los españoles estuvieron siempre a la defensiva por temor a las revueltas y, en menor medida, a las deserciones.




    Hay una estatua de Junípero Serra en cada una de las misiones que fundó


    David Rex Galindo, historiador madrileño afincado en Estados Unidos, discípulo de Weber, concluye que los indios californios conservaron en secreto durante todo el tiempo de la evangelización muchas de sus costumbres prehispánicas; a la inversa, hubo un éxito del idioma español que se convirtió en lengua de comunicación en toda la región. También, pese a la resistencia, de la religión católica, lo que se tradujo en unos veinte mil indígenas católicos. También fue un gran éxito la urbanización, con algunas de las más importantes ciudades estadounidense como resultado de esa colonización española.

    "No se puede poner en duda la generosidad de la propuesta civilizadora franciscana –dice Martínez Shaw-. Es un mundo de idealistas, de personas convencidas de la doble bondad de la cristianización y de la españolización. Sin duda la resistencia a la culturización en parte es natural y en parte motivada por los abusos de los colonizadores, tanto eclesiásticos como militares. Los indios no los distinguían mucho. Todo eso existió aunque se le quiso poner coto".

    La última conclusión, para nada menor, del profesor Martínez Shaw es que "la hecatombe de los indios californios no se produce ni en el período español ni en el período mexicano, sino cuando se desata la fiebre del oro y California ya está bajo soberanía de los Estados Unidos de América que es cuando esos indios van a ser completamente diezmados y reducidos a muy poca cosa".




    España mantuvo su dominio en estos territorios –California, Arizona, Nuevo México, gran parte de Colorado y de Nevada– hasta la independencia de México y luego México los conservó, en el caso de Texas, hasta 1824, y el resto de los territorios hasta 1847.


    "La trayectoria de Junípero Serra -concluye el citado artículo de Religión en libertad– se enmarca en la historia de una frontera lejanísima y extrema, donde chocaban la Edad de Piedra nómada y cierta utopía de comuna autosuficiente franciscana que nunca acabó de funcionar bien. Con todo, si hoy California es la más poblada y rica de las regiones de Estados Unidos, debe reconocer su origen en Junípero Serra y admitir, como proclama el arzobispo de Los Ángeles, José Gómez, que los verdaderos padres fundadores de Estados Unidos fueron católicos e hispanohablantes".




    San Junípero Serra



    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.infobae.com/sociedad/201...en-california/

  5. #25
    Avatar de Mexispano
    Mexispano está desconectado Miembro Respetado
    Fecha de ingreso
    20 may, 13
    Mensajes
    3,001
    Post Thanks / Like

    Re: La leyenda negra: algo más

    Jesús Laínz

    Se han equivocado de estatua

    La Venezuela de Chávez, la Argentina de Fernández y los Estados Unidos de Trump, unidos en la misma cruzada antieuropea y antiespañola.

    2018-11-16



    Casi parece un mecanismo fisiológico, como el de la sístole y la diástole: tras la sin igual expansión de Europa por todo el planeta desde que los intrépidos navegantes españoles y portugueses se lanzasen en el siglo XV a descubrirlo todo, llegó la contracción acomplejada que seguimos padeciendo hoy. Según ha dictado la conciencia democrática universal, los europeos son los culpables de todos los males y han de pasarse el resto de su existencia –que, por otra parte, no se prevé larga– autoflagelándose.

    La más reciente manifestación de este fenómeno ha sido el derribo de la estatua de Cristóbal Colón por los regidores de Los Ángeles siguiendo la estela de otros muchos lugares de las dos Américas. La Venezuela de Chávez, la Argentina de Fernández y los Estados Unidos de Trump, unidos en la misma cruzada antieuropea y antiespañola. La iniciativa partió de la demócrata Hilda Solís, ex secretaria de Comercio con Obama. Solís, de ascendencia nicaragüense y mexicana, calificó el derribo como un "acto de justicia restauradora". Junto a ella se ha destacado su compañero de filas Mitch O’Farrell, miembro de la tribu Wyandotte e impulsor de la sustitución del día dedicado a Colón por el del recuerdo a los pueblos indígenas. O’Farrell ha legado a la posteridad frases tan jugosas como la de que "está claro que Colón no descubrió América porque aquí ya vivían millones de indígenas". ¿Tan difícil es comprender que descubrir significa conocer y dar a conocer algo cuya existencia se ignoraba? Por eso fueron los españoles los que descubrieron la existencia de los americanos, no los americanos los que descubrieron la de los españoles.

    Al parecer, la única oposición, arrollada por la marea indigenistamente correcta, provino de un concejal de origen italiano, Joe Buscaino. Hecho digno de mención, pues los italianos están demostrando ser los únicos interesados en preservar el recuerdo colombino, a mayor gloria de su nación de origen, lo que dice mucho a su favor y muy poco al de los acomplejados españoles de las últimas décadas (del gobierno actual, mejor ni hablar). Pero esto no elimina la injusticia de la reivindicación italiana, pues inferir una paternidad italiana del descubrimiento de América a partir del probable aunque no probado origen genovés de Colón –de un Colón embarcado en carabelas españolas, con marinos españoles, en un viaje organizado por los reyes españoles con objetivos políticos españoles– implica el mismo disparate que considerar que el país que puso al primer hombre en la luna fue Alemania porque el que dirigió la construcción de los cohetes de la NASA fue Wernher von Braun.

    El caos mental del discurso indigenista e hispanófobo es muy denso, pero sirvan estas pocas líneas para apelar a la cordura de Solís, O’Farrel y otros similares. Tan solo consultando un par de buenos libros de historia salta a la vista que, de todos los imperios que en la historia ha habido, sólo uno se caracterizó por proclamar desde el principio la dignidad de los nativos, inventar el derecho de gentes, germen de los actuales derechos humanos, y limitar el poder de conquistadores y gobernantes.

    Ya desde Isabel la Católica (1503) se estableció por ley la obligación de tratar a los indios "como personas libres y no siervos" y no "consentir que ninguna persona les haga mal ni daño ni otro desaguisado alguno". Carlos I, entre otras medidas (1542), tomó la de encargar a los gobernantes "muy gran atención y especial cuidado sobre todo de la conservación y buen gobierno y tratamiento de los indios", así como que a los se excedieren con ellos se les castigase "con todo rigor conforme a justicia". Y su hijo Felipe II ordenó en 1593 que "castiguéis con mayor rigor a los españoles que injuriaren, ofendieren o maltrataren a los indios, que si los mismos delitos se cometiesen contra los españoles". ¿Qué paralelo puede encontrarse en cualquier otro imperio, anterior o posterior? Como reconoció el historiador Leland D. Baldwin en su The Story of the Americas (1943), "la política española hacia los indios se concibió y llevó a cabo con una humanidad que fue casi totalmente extraña a los pioneros anglosajones".

    Las Leyes de Indias estuvieron inspiradas desde el principio en la necesidad de proteger a los indígenas del maltrato de quienes, por su poder gubernativo y militar, pudieran caer en la tentación de explotarles. Por eso se puso a los indígenas bajo la protección de la Corona. Y por eso se creó la institución del Protector de los Indios, uno de los cuales fue el celebérrimo fray Bartolomé de las Casas, que, lamentablemente, ha pasado a la historia por sus desquiciados escritos, hoy no tomados en serio por nadie que no sea una víctima ignorante de la bienintencionada propaganda escrita hace medio milenio.

    En la España imperial, y por mandato del gobierno, se debatió si se tenía derecho a la posesión de América. Los teólogos y juristas españoles, con Francisco de Vitoria –fundador del Derecho Internacional– a la cabeza, cuestionaron la validez de la donación de América por la Santa Sede por no considerarla dueña de la Tierra, las justas causas para hacer la guerra a los indios y la legitimidad de la conquista de territorios previamente habitados. ¿En qué otro imperio, anterior o posterior, tuvo lugar un debate semejante? ¿En que otro imperio los gobernantes ordenaron a sus ejércitos detenerse para discutir durante años si se tenía derecho o no a continuar avanzando?

    Una de las injusticias más grandes cometidas nunca contra nación alguna ha sido cargar a España con la fama de inhumana a pesar de su extraordinario afán de humanidad. "Hemos purgado el error de haber descubierto América, de haberla colonizado más generosamente de lo que cuentan los historiadores extranjeros con un criterio protestante imbécil, y tan fanático o más que el católico", lamentó hace un siglo Pío Baroja.

    En un artículo publicado en agosto de 2017, el mencionado Mitch O’Farrell afirmó lo siguiente sobre los misioneros españoles:

    "El propósito de las misiones fue someter a los nativos americanos al poder español, convertirlos a la fuerza al cristianismo, arrebatarles sus tierras y esclavizarles para que las trabajasen. Los indígenas californianos carecieron de derechos y se les consideró subhumanos. Actividades salvajes como cazar indios por diversión duraron siglos bajo el dominio de España, México y los Estados Unidos".

    Pasando por alto estos dos últimos Estados, el error sobre el poder español es fácilmente documentable. Limitémonos a dar la palabra a la máxima autoridad sobre las tierras fronterizas anglo-españolas, Herbert E. Bolton, catedrático de la Universidad de Berkeley (The Mission as a frontier institution in the Spanish-American Colonies, 1917):

    "Las misiones funcionaron como agencias fronterizas de España. El primer objetivo de los misioneros fue sembrar la fe. Pero, junto a ello, exploraron las fronteras, promovieron su ocupación y defensa, así como la de los asentamientos, y enseñaron a los indios la lengua española, buenos modales, los rudimentos de la tecnología europea, de la agricultura e incluso del autogobierno. No sólo eso, sino que las misiones se ocuparon de la conservación de los indios, en contraste con su destrucción, tan característica de la frontera angloamericana. En las colonias inglesas los únicos indios buenos fueron los indios muertos. En las colonias españolas se consideró que merecía la pena preparar a los indios para esta vida y para la siguiente".

    Junto a las misiones, no podemos olvidar las universidades. He aquí las palabras al respecto del egregio historiador californiano Philip W. Powell (Tree of hate, 1971):

    "El récord español de unos veintitrés colegios superiores y universidades en América, con sus 150.000 graduados (incluyendo el pobre, el mestizo y algunos negros), hace que la posterior conducta de los holandeses en las Indias Orientales, y por tanto, en tiempos considerados mas avanzados, aparezca, sin duda, con signos de franco oscurantismo. Los portugueses no establecieron ninguna universidad en Brasil ni en ninguna otra posesión de ultramar. El total de las universidades establecidas por Bélgica, Inglaterra, Alemania, Francia e Italia durante periodos más recientes de colonialismo afroasiático, desmerece, sin duda, al confrontarlo imparcialmente con el récord anterior de España".

    Respecto a la esclavización de los indios que mencionó O’Farrel, evidentemente ignorante de las Leyes de Indias, se trata de una letanía cada día más repetida en la otra orilla del Atlántico. Sobre ello acaba de observar Elvira Roca Barea lo siguiente:

    "Vamos a cargar con la esclavitud. Todavía no se está viendo demasiado porque no ha habido mucha producción bibliográfica por parte de las universidades anglosajonas, pero se verá. El imperio español terminará por tener la culpa de la esclavitud".

    Sobre tan jugosa cuestión nos limitaremos a mencionar los datos demográficos que recogió Alexander von Humboldt durante su largo periplo americano entre 1799 y 1804. En primer lugar indicó que, a pesar de haber sido España la potencia hegemónica en América durante tres siglos, y en buena medida la monopolizadora del comercio, los esclavos transportados a sus inmensos territorios representaron el 6% del total. El 94% restante lo aportaron ingleses, holandeses, franceses y portugueses. En segundo, en los territorios españoles los esclavos representaban, en aquellos años iniciales del siglo XIX, el 4% de la población, frente al 16% en los Estados Unidos o el 90% en las Antillas francesas e inglesas. Por otro lado, la cantidad de esclavos manumisos era muy superior en la América española (18% en Cuba, por ejemplo) que en otros territorios (3% en los Estados Unidos). El motivo era la costumbre de los españoles de conceder en su testamento la libertad a sus esclavos. Finalmente, Humboldt subrayó que la legislación negrera española estaba muy lejos del catálogo de tormentos, suplicios y mutilaciones previstos en los códigos de Francia e Inglaterra. Debido a "la paternal suavidad de los códigos españoles aplicados a los negros y la naturaleza patriarcal de la familia española", el arriba citado Leland D. Baldwin señaló que los negros vivieron mucho más satisfechos bajo dominio español que bajo cualquier otro, sin revueltas comparables a las habidas en las colonias británicas, francesas u holandesas y luchando junto con sus amos españoles contra los invasores de otras naciones.

    Y con esto llegamos al cargo principal: el genocidio, crimen supremo. Porque Mitch O’Farrell ha proclamado que Colón comenzó "el genocidio más grande de la historia". Son muy numerosos los estudios realizados sobre las grandes mortandades de amerindios a causa de las enfermedades contra las que carecían de defensas debido a su largo aislamiento del resto de las tierras habitadas, como, por otro lado, constataron no pocos testigos directos. Además, un genocidio, por definición, exige la voluntad de exterminar una población, lo que, en el caso de los españoles, ni por iniciativa privada del más psicópata de todos ellos ni mucho menos aún por orden gubernamental, es sencillamente delirante.

    Comencemos simplemente echando mano del sentido común. Los datos demográficos nos dicen que la América hispana cuenta hoy con 425 millones de habitantes, a los que habría que sumar los 57 millones originarios de ella pero afincados al norte del Río Grande. Éstos son los porcentajes de la suma de habitantes indígenas y mestizos de algunos países: Colombia 63%, Venezuela 57%, Chile 47%, Bolivia 88%, Ecuador 92%, Guatemala 82%, México 85%, Honduras 96%, Nicaragua 83%, Perú 85%, Panamá 90%. La verdad es que, como genocidas, los españoles fueron un desastre. Por su parte, de los 325 millones de estadounidenses, los nativos representan el 1,2%. Significativo contraste. ¿A qué podría deberse? Apuntemos la opinión del catedrático de la Universidad de California, Santa Bárbara, el eminente especialista en temas indios Wilbur R. Jacobs (Dispossesing the American Indian, 1972):

    "La política española parece haber sido mucho más adecuada: desarrollar y explotar la superficie de la tierra y enviar el producto a casa. Los indios debían ser conquistados, convertidos y utilizados. Como en el caso francés, el indio tuvo un sitio en el esquema general del Imperio. La política británica, sin embargo, no dejó sitio para el indio. No fue considerado persona. Los británicos y los colonos tendieron a usar a los indios y después a eliminarlos o apartarlos. Al final no quedó sitio para el indio americano".

    Y ya que más arriba habíamos mencionado la voluntad como elemento esencial de la definición de genocidio, quizá conviniese recordar que el presidente Andrew Jackson afirmó ante el Congreso en 1833 que las tribus de indios "no pueden existir rodeadas de nuestros asentamientos y en contacto con nuestros ciudadanos (…) Establecidos en medio de una raza distinta y superior, no les quedará más remedio que plegarse a la fuerza de las circunstancias y desaparecer". O que influyentes religiosos como el puritano Cotton Mather o el congregacionista Solomon Stoddard apremiaron a sus compatriotas a perseguir a los indios hasta "barrerlos como el polvo por el viento" y solicitaron a los gobernantes que se los cazara con perros, "como se hace con los osos". Aunque también podríamos recordar a Thomas Jefferson sosteniendo que el gobierno debía "perseguir a los indios hasta su exterminio o expulsarlos a lugares más allá de nuestra vista". O incluso a George Washington, quien sostuvo que "la extensión gradual de nuestros asentamientos causará la retirada tanto de los lobos como de los salvajes, ambos bestias de presa aunque difieran en su aspecto".

    Palabras similares jamás salieron de los labios ni fueron escritas por ningún gobernante, eclesiástico ni rey español. "Los únicos indios buenos que he conocido estaban muertos". ¿Pronunció estas palabras un español? ¿O el general Sheridan?

    ¿Será temerario sospechar, pues, que la agitación, pasada y presente, de la leyenda negra antiespañola sirvió y sigue sirviendo para tapar las culpas de otros imperios, otras naciones y otros políticos?

    Gore Vidal recordó hace ya tiempo que la hipocresía es una enfermedad típicamente anglosajona y protestante. No le den la razón, señores regidores de Los Ángeles: no se equivoquen con España y con Colón y reflexionen sobre el país del que son ustedes gobernantes. Y si quieren reivindicar la verdad y la justicia, quizá debieran empezar derribando la estatua de Washington.


    www.jesuslainz.es



    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.libertaddigital.com/opin...uHbigzni5h8yEA

  6. #26
    Avatar de Mexispano
    Mexispano está desconectado Miembro Respetado
    Fecha de ingreso
    20 may, 13
    Mensajes
    3,001
    Post Thanks / Like

    Re: La leyenda negra: algo más

    Vídeo: Las mentiras que forjaron la leyenda negra contra España ABC HISTORIA RECOMIENDA

    De las masacres de indios, a la maldad de Felipe II: las mentiras que forjaron la leyenda negra contra España

    ABC HISTORIA te recomienda las conferencias de Miguel Arenas, un experto capaz de desvelar las falacias históricas que giran en torno a España o de hacer un recorrido por los personajes más destacados del pasado madrileño

    Manuel P. Villatoro

    @ABC_Historia

    Seguir Actualizado: 17/11/2017 08:



    Stanley G. Payne: «Las críticas a este país han venido siempre de los españoles»

    «Hernán Cortés tenía un hijo indio que adoraba, mientras que Jefferson vendió a sus hijos mestizos»

    La radio que combate los mitos


    Los conquistadores españoles asesinaron a millones de indios en América, los corsarios ingleses saquearon hasta la extenuación las flotas de la Monarquía Hispánica que regresaban del Nuevo Mundo y Felipe II conspiró para asesinar al secretario Juan de Escobedo. Estas y otras tantas mentiras (como la de que la Santa Inquisición quemó a cientos de personas en la hoguera) forman parte de la leyenda negra que se ha generalizado sobre España. Falacias creadas dentro y fuera del país desde el siglo XV para denigrar el que, por entonces, era el Imperio más extenso de la Vieja Europa. Pero una serie de enfermizos engaños que, a día de hoy, se creen incluso muchos de los ciudadanos de este país.

    La realidad, por el contrario, es bien diferente. Así lo demuestra el que las enfermedades llevadas desde Europa acabaran con más nativos que las espadas y los arcabuces; que solo el 2% de las flotas hispanas del Atlántico fuesen hundidas por piratas o que -a día de hoy- no se haya demostrado que el monarca fuese responsable de la muerte del mencionado Escobedo.

    ¿Por qué diantres, entonces, estas mentiras siguen narrándose en medio mundo? Según afirma a ABC el historiador Miguel Arenas, por culpa de varios libros llenos de exageraciones, mentiras, y falsedades. Obras como la «Apología» de Guillermo de Orange (un libro en el que el líder rebelde cargaba frontalmente contra la monarquía española sin ningún fundamento) o las «Cartas» de Antonio Pérez (un rencoroso y traicionero secretario real al que solo le preocupó emponzoñar la memoria de aquella primitiva España).

    Contra todas estas falacias, sin embargo, se alzó el pasado martes Arenas en Madrid con una conferencia titulada «La Leyenda Negra hoy: Antiespañolismo interno y externo». Una de las charlas que ofrece en múltiples centro de la capital y en las que está logrando reunir cada vez a más interesados en el mundo de la historia. En la hora y media que se extendió su ponencia, el experto se introdujo en los diferentes libros que -a lo largo de los siglos- han ayudado a generalizar la leyenda negra sobre nuestro país.

    Próximas charlas de Miguel Arenas

    -Centro Deportivo Integrado Arganzuela

    Martes 28 de noviembre (18:30): La inquisición.

    Martes 12 de diciembre (18:30): Pedro I el cruel.


    -Biblioteca Pública Centro Pedro Salinas

    Jueves 30 de noviembre (18:30): Lutero y la reforma.

    Jueves 21 de enero (18:30): China, breve visión.


    -Biblioteca Pública Municipal Iván de Vargas

    Martes 5 de diciembre (19:00): Madrileños notables.


    -Obra social de la Caixa

    Lunes 4 de diciembre (17:00): La recuperación de Europa tras la Segunda Guerra Mundial.



    ¿Qué es la leyenda negra?

    Pero... ¿Qué significa este término tan manido a día de hoy? Uno de los primeros historiadores españoles que lo estudió de forma amplia fue Julián Juderías en su popular obra «La leyenda negra. Estudios acerca de España en el extranjero». Según sus palabras, es un vocablo que evoca mentiras repetidas hasta la extenuación. Falacias que acaban convirtiéndose en una realidad tan falsa como una moneda de madera tras ser escritas en libros sin haber sido contrastadas.

    «Por leyenda negra entendemos el ambiente creado por los fantásticos relatos que acerca de nuestra patria han visto la luz pública en casi todos los países; las descripciones grotescas que se han hecho siempre del carácter de los españoles como individuos y como colectividad […]; la leyenda de la España inquisitorial, ignorante, fanática, incapaz de figurar entre los pueblos cultos lo mismo ahora que antes, dispuesta siempre a las represiones violentas; enemiga del progreso o de las innovaciones; o, en otros términos, la leyenda que habiendo empezado a difundirse en el siglo XVI, a raíz de la Reforma, no ha dejado de utilizarse en contra nuestra desde entonces y más especialmente en momentos críticos de nuestra vida nacional», explica en su libro.


    La leyenda interior

    A pesar de lo que pueda parecer, no fueron temas como el de la Santa Inquisición los que abrieron la veda del odio contra España. Miguel Arenas coincide con el popular hispanista Stanley G. Payne (autor de «En defensa de España» -Espasa, 2017-) en que la leyenda negra nació allá por el siglo XV. Más concretamente, cuando nuestro país era una potencia política y los primigenios tercios empezaban a dominar los campos de batalla de manos del Gran Capitán. «Las primeras críticas a los españoles surgieron en Italia a finales del siglo XV, cuando las fuerzas militares de la monarquía se habían convertido en una entidad más poderosa que la de la antigua Corona de Aragón», señala el autor británico en su obra.

    Por entonces la Corona andaba metida hasta el corvejón en la Conquista de América (llamada «Colonización» por autores como Juan Sánchez Galera). Una aventura que -a la postre- llenó de oro las arcas del país. Pero también una correría mediante la que se forjó la leyenda más negra de nuestra historia.




    Fray Bartolomé de las Casas, el artífice interior de la leyenda negra - ABC


    Y todo, por «culpa» (si es que se puede decir así) de un fraile más sevillano que un botijo: Bartolomé de las Casas. Este religioso pisó el Nuevo Mundo allá por 1502 y, varias décadas después, se dedicó a cargar frontalmente contra los españoles en su «Brevísima relación de la destrucción de las Indias». Obra en la que acusaba a sus compatriotas de maltratar y asesinar a millones de nativos. Todo exageraciones, atendiendo a Payne.

    Los textos de De las Casas fueron aprovechados a nivel internacional por todas aquellas potencias ávidas de atacar a España. Ninguna entró a valorar que realmente fue otro factor el que segó la vida de millones de nativos. «En el Caribe, el primer sitio donde pisaron, hubo una debacle por enfermedades como el sarampión o la gripe. Enfermedades benignas para las que en América no había anticuerpos. Para ellos eran mortales. Por eso los caribes de la zona se redujeron en un 90%», determinaba Arenas en su conferencia.

    El divulgador histórico Juan Eslava Galán es de su misma opinión. Así lo señala en su última obra («Enciclopedia Eslava» -Espasa, 2017-), donde explica que la verdadera arma secreta de los conquistadores españoles fueron las bacterias.

    Arenas, a su vez, es partidario de que -aunque nuestro país cometió tropelías contra los nativos- también fue una región pionera en idear leyes para salvaguardar la integridad de los nativos. «España fue el primer país, y hasta el siglo XX el único, que promovió leyes para protección de los indígenas. Ni Francia, ni Inglaterra, ni Portugal... Estas leyes fueron las primeras que se establecieron para proteger a los indígenas. Los monarcas reunieron en Salamanca un grupo de expertos que llegó a la conclusión de que esas gentes eran seres humanos y que había que educarles y pasarles a la santa religión para que fuesen súbditos de pleno derecho», explicaba en su conferencia.




    Retrato moderno de Francisco Pizarro basado en las descripciones físicas de los textos - ABC


    Con todo, el historiador también es realista y afirma que hubo multitud de españoles que no se comportaron acorde a las normas. «¿Todos los españoles cumplen las leyes ahora? No. Y eso que estamos juntos. Pues lo mismo ocurría a 5.000 kilómetros de distancia», señalaba durante su charla.

    Finalmente, también carga contra aquellos países como Inglaterra. La misma región cuyos colonos convirtieron casi en una deidad al fraile y se dedicaron a extender la leyenda negra de nuestro país afirmando que los conquistadores habían perpetrado todo tipo de crímenes contra los nativos. «Hay que tener cuidado. Bartolomé de las Casas escribió a favor de los indios, pero afirmando que había que cambiarlos por negros. Para Bartolomé de las Casas, si los indios eran súbditos de su majestad, los negros no. Por eso hay que hablar de su humanidad con cautela», añadía.


    El consejero traidor

    En palabras de Arenas, otro de los personajes que logró suscitar el odio contra España fue uno de los políticos más destacados del siglo XVI: Antonio Pérez. Hombre poco de Estado, y mucho -según parece- de la buena vida, el lujo y el maquiavelismo.

    Cuenta el historiador decimonónico Salvador Bermúdez de Castro en su obra « Antonio Pérez, Secretario de Estado del rey Felipe II», que el personaje que nos atañe nació en Zaragoza de la simiente de Gonzalo Pérez. Hombre posteriormente famoso por ser el «secretario único de Estado» y servir durante cuarenta años al Emperador (Carlos I de aquí, y V de allá) y a su hijo. Con ese valedor como padre, a nadie le resultó extraño que nuestro protagonista entrara al servicio de la monarquía en abril de 1566.

    Inteligente y buen conversador (cualidad esta última que adoraba especialmente Felipe II), Antonio Pérez se ganó primero un hueco en la corte y, posteriormente, otro en el lecho de Ana Mendoza y la Cerda -más conocida como la princesa de Éboli-. Mujer que, además de ser viuda de Ruy Gómes (antiguo mentor de nuestro protagonista) destacaba por su carácter astuto y engañoso. «Joven, altiva y espléndida […] era el encanto de la grandeza española y […] dominaba con su belleza y con su lujo toda la sociedad de Madrid», determina Bermúdez. Amantes ambos, siempre intentaron esconder su relación de cara al monarca.




    Felipe II, el objetivo de las críticas de Antonio Pérez - ABC


    Volviendo a la política (pese al interés que general los líos de faldas), Antonio Pérez empezó a cavar su tumba cuando envió a uno de sus ayudantes a espiar a don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II (y mandamás en Flandes). Todo, eso sí, por orden del mismísimo monarca, que no se fiaba ni pelo del pelucón de su familiar.

    A ambos les salió el tiro por la culata del arcabuz, pues el «agente», Juan de Escobedo, no tardó en pasarse al bando contrario. Aquella traición del que, hasta entonces, consideraba un hombre de confianza, hizo que nuestro secretario emponzoñase la mente del monarca. Más por miedo personal (pues el rebelde atesoraba secretos sobre él que podían ser letales) que por fidelidad a la corona, todo sea dicho.

    El 23 de marzo de 1578 Escobedo fue asesinado en una callejuela de Madrid durante uno de sus viajes a la capital y, como cabía esperar, los enemigos políticos de Antonio Pérez le acusaron de ser el instigador. En ese punto empezó el calvario de nuestro protagonista. Y es que Felipe II, sabedor del odio de su consejero a Escobedo, ordenó apresarle en 1579. Por ello, y porque -para entonces- los enemigos de Pérez se habían encargado de sacar todos sus trapos sucios a la luz. «Pronto se supo que él y la princesa de Éboli se habían dedicado a vender secretos reales. Además, parece que estuvieron en relación con Portugal y con Flandes. Con Portugal porque Ana tenía un hijo que quería casar con la hija de la princesa de Braganza (y así hacerlo posible heredero de Portugal); y con Flandes, porque les habían vendido multitud de secretos», explicaba Arenas en su ponencia.

    Nuestro protagonista pasó diez años de prisión antes de escapar y dirigirse como un rayo hacia Aragón donde, en palabras del historiador español, no podía ser juzgado por el monarca. «Como España todavía no era un estado a nivel político, las leyes de Castilla no eran válidas en Aragón. Allí no se le podía perseguir», añadía Arenas.




    Antonio Pérez - ABC


    La solución por parte de la monarquía fue tajante. «Rápidamente se le denuncio a la Inquisicion, que mandaba en todas partes, por hereje. Posteriormente fue capturado y metido en una cárcel de Zaragoza», completaba el ponente. Para desgracia de Felipe II, Antonio Pérez logró escapar y huir hasta Francia, donde se desquitó escribiendo varias obras cargando contra Su Majestad: las «Relaciones» y las «Cartas».

    «Fueron el inicio de la leyenda negra española que llegó desde Francia. En ellas atacó a Felipe II de múltiples formas», determinaba Arenas. La cantidad de mentiras que dejó sobre blanco fueron ingentes.

    En sus obras llegó a señalar (entre otras tantas cosas) que el propio monarca había sido el instigador del asesinato de Escobedo: «Es de saber que el Rey Católico, por causas mayores y forzosas y muy cumplideras a su servicio y Corona, resolvió que el Secretario Juan de Escobedo muriese sin proceder prisión ni juicio ordinario por notorios y evidentes inconvenientes de grandes riesgos de turbación de sus reinos».


    También fuera

    El origen de la tercera obra que ayudó a forjar la leyenda negra de España hay que buscarlo en el siglo XVI. Más concretamente, en 1555, cuando Carlos I abdicó en favor de su hijo, Felipe II. Aquello marcó un antes y un después en la relación entre nuestra patria y los Países Bajos. «Carlos I había nacido en Gante, y allí le apreciaban porque era uno de ellos. Pero Felipe II era de Valladolid y solo hablaba castellano, por lo que no le entendían y generaba animadversión», destacaba Arenas.

    En la región se generaron todo tipo de revueltas contra la Monarquía Hispánica en 1566. Pequeñas rebeliones que el monarca aplastó con mano de hierro enviando hasta la zona a Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, tercer Duque de Alba.

    En poco tiempo los rebeldes estuvieron controlados y sus líderes huidos. Una humillación para nobles como Guillermo de Orange, más conocido por su apodo («Taciturno»). «El más distinguido de los nobles que apoyaban a los rebeldes, el príncipe de Orange y su hermano Luis de Nassau, huyeron a las posesiones de su familia en Alemania, tras vender sus posesiones en los países Bajos, abandonando a sus correligionarios», explica el historiador Federico Gallegos en su dossier « La Guerra de los Países Bajos hasta la tregua de los doce años».

    Guillermo se transformó a partir de entonces en uno de los máximos valedores de la leyenda negra española. Y es que, escribió en 1580 desde Alemania su famosa «Apología». Obra en la que cargaba contra Felipe II y que el hispanista Jean-Frédéric Schaub define en « La Francia española: las raíces hispanas del absolutismo francés» como «un ataque de lesa majestad sin equivalentes» contra la Monarquía Hispánica.




    Guillermo de Orange-Nassau - ABC


    Lo cierto es que solo hay que leer alguno de los pasajes de esta obra para ver el cruel tono de Orange: «Si decimos, pues, que rechazamos el gobierno de semejante rey incestuoso, parricida y asesino de su mujer, ¿quién nos podría acusar justamente? ¿cuántos reyes ha habido expulsados de sus reinos y derribados sin haber cometido crímenes tan horrendos? En cuanto a Don Carlos ¿acaso no debía ser nuestro señor y amo?».

    «En su apología dijo que Felipe II había cometido incesto con su hermana Juana, que había tenido varios hijos antes de casarse (desde que tenía 13 años) y que había asesinado a su esposa, a su hijo Carlos, y a Juan de Escobedo. Además, afirmaba que estaba celoso de su hermanastro Juan de Austria, que solo tenia éxitos allá donde iba, y que era el impulsor principal de los excesos de la Inquisición. Ese libro fue un “best seller”. Se tradujo y se publicó en toda Europa», destaca Arenas.

    En palabras de Arenas, aquella obra fue tomada como referencia principal de todos los autores que, posteriormente, extendieron la leyenda negra de nuestro país por media Europa. Así lo afirma también el periodista Jesús Ávila Granados en su obra « El libro negro de la historia de España»: «No solo trataba de condenar públicamente la conducta del Duque de Alba y de los tercios de Flandes, sino de escarbar en la intimidad de la alcoba de Felipe II y exteriorizar la tormentosa vida del monarca español. Su objetivo no era otro que ridiculizar al monar en particular, y a España en general».



    Miguel Arenas: «La Corona enviaba auditores a América para evitar los maltratos»

    1-¿Qué es la leyenda negra?

    La leyenda negra es pensar, escribir o hablar mal de un país. Pero mal de una manera muy general, basándose en hechos más o menos ciertos, o en otros más o menos inventados. Es igual que el ataque que te hace un enemigo personal, que piensa mal de ti por todo, pero entre países que, por alguna razón, se tienen rabia, recelo o envidia.


    2-¿Cuál es el caso más típico de leyenda negra española?

    El caso más típico es el de la Conquista de América. España no mato millones de personas en América, ni a cientos de miles... mató a miles. Pero por una cuestión de números. Hasta el Nuevo Mundo apenas fueron unos cientos de soldados en principio. Por eso es lógico que no pudieran acabar con a tantos. Sí es cierto que los españoles ganaban todas las batallas porque estaban mucho mejor organizados y tenían mejores armas, pero eso no implica que fueran de masacre en masacre.


    3-¿Se comportaron mal los conquistadores españoles en América?

    Sí, pero no al nivel que afirmaba De las Casas. En las encomiendas, por ejemplo, los españoles solían tratar mal a los nativos. Pero lo hacían saltándose las leyes de la Corona, en la que se les obligaba a ser benévolos. Pero hay que entender que estaban a miles de kilómetros de la Península Ibérica. Con todo, la Corona enviaba periódicamente auditores (oidores) para evitar los maltratos. Estos trajeron a cientos de españoles encadenados por su mal comportamiento con los indígenas. El problema es que el viaje era muy largo.


    «Lo que han hecho los ingleses en Nueva Zelanda hasta el siglo XIX, los españoles lo hacían cuando todo el mundo era un bárbaro»


    4-¿Era este fraile, entonces, un mentiroso?

    Lo que criticó Bartolome de las Casas era en general correcto. Pero podría, con un cierto españolismo, haber lavado los trapos sucios dentro de casa. De todos los libros que han generalizado la leyenda negra, el menos absurdo fue el suyo. Pero no podemos olvidarnos de que en España había leyes contra esas barbaridades. Además, hay que tener en cuenta que, lo que han hecho los ingleses en Nueva Zelanda hasta el siglo XIX, los españoles lo hacían cuando todo el mundo era un bárbaro. El problema es que otros lo han seguido haciendo cuando ya existía la Declaración de los Derechos Humanos.


    5-También se suele afirmar que los españoles que viajaron al Nuevo Mundo eran hombres que no tenían futuro en España...

    Sí Al principio se fueron los que aquí no tenían el futuro claro. Muchos eran hidalgos con muchísima ambición que solo tenían un poco de dinero. El resto era gente desarrapada que no tenía nada que perder. De hecho, las autoridades vigilaban mucho quién se marchaba. Los señores, por ejemplo, no dejaban que se fueran sus siervos para que siguieran haciendo las tareas. Posteriormente, en el siglo XVI, cuando la región estaba organizada en virreinatos, empezaron a viajar funcionarios y las batallas se terminaron.


    6-¿Tienen el resto de países leyenda negra?

    Creo que la leyenda negra tiene final en el antiespañolismo. Todos los países tienen leyenda negra, pero la que más dura es la de España porque la soportamos y regamos los españoles. Los españoles somos los primeros en creer cualquier cosa negativa que se dice de nosotros. El resto han logrado destruirla.


    7-¿Se convirtieron los libros de De las Casas, de Orange y de Pérez en “best sellers?

    Sí. Muchos supuestos historiadores o expertos los glosaron y comentaron posteriormente dandoles un presunto rigor científico. Pero eran todo mentiras y barbaridades.


    8-¿Por qué el español tiende a aceptar su leyenda negra?

    Porque el español en general es ruidoso y vociferante en el bar, pero cuando sale es un pobre diablo. Además, como una buena parte de la sociedad solo se informa por la tele y las redes sociales, es imposible que tengan capacidad para responder a los ataques.


    «Todos los países han tenido leyenda negra, pero la han logrado destruir»


    9-¿Cómo comenzó a dar conferencias sobre historia?

    Estoy jubilado desde el año 2003. Siempre he trabajado de ingeniero industrial, pero dedique 11 años a sacarme por la UNED el titulo de Geografia e Historia como hobby. Cuando me jubilé estuve algún tiempo dando cursos en compañías que me pedían, por mi experiencia en el sector, que aleccionase a sus trabajadores en el campo de las ventas y el márketing. Pero con la crisis de 2007 las empresas dejaron a un lado este tipo de eventos. Entonce empecé a dedicarme a dar conferencias voluntarias en centros de la Comunidad de Madrid. Lo hago desde 2007 aproximadamente. En principio doy las que me piden, pero están funcionando muy bien las relacionadas con la Historia.


    10-¿Es la conferencia sobre la leyenda negra de España una de sus favoritas?

    La he dado ya un par de veces en otros centros. Es una de las que tengo preparadas. Hace ya unos tres años que la impartí por ultima vez, y la he vuelto a recuperar ahora. La verdad es que suele ser bien recibida.


    11-¿Cómo elige los temas para sus conferencias?

    Siempre hago propuestas de muchos temas, incluyendo algunos que no son de historia. Pero me piden mucha historia. También me gusta meter temas técnicos. Tengo algunos como “la generación de electricidad”. Lo hago en tres sesiones y explicó qué es la electricidad, los métodos actuales de producción, la electricidad en España y qué se incluye en el recibo de la electricidad. También tengo otra sobre el agua. Hay que tener en cuenta que el agua potable es un producto industrialista y hay que potabilizarla. Gracias a eso se que España es una potencia en la gestión de agua. Últimamente me están pidiendo que explique el funcionamiento del estado.




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.abc.es/historia/abci-mas...jxSHDq5EPeSXCM

  7. #27
    Avatar de Mexispano
    Mexispano está desconectado Miembro Respetado
    Fecha de ingreso
    20 may, 13
    Mensajes
    3,001
    Post Thanks / Like

    Re: La leyenda negra: algo más

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Pablo Victoria: «La leyenda negra es una mentira monumental»

    Publica «El tercer conquistador», donde narra la toma del actual territorio de Colombia y las hazañas de un héroe español casi desconocido





    Pablo Victoria

    19 de diciembre de 2017. 23:29h


    Para Pablo Victoria, colombiano que alterna su residencia entre Colombia y España, la conquista de la Nueva Granada –actual Colombia–, es uno de los mayores hitos que ha sucedido en la historia de las conquistas y, en especial, la hazaña de Gonzalo Jiménez de Quesada, «una epopeya difícilmente superada». Acaba de publicar «El tercer conquistador: Gonzalo Jiménez de Quesada y la conquista del Nuevo Reyno de Granada» (ACTAS), donde narra estos acontecimientos «incomprensiblemente poco conocidos» y la vida del conquistador, cuya figura ha quedado relegada a la sombra.


    –¿Se conoce en España a Gonzalo Jiménez de Quesada?

    –Muy poco, la verdad. Los protagonistas que casi han monopolizado las conquistas son Cortés y Pizarro. Jiménez de Quesada es uno de los grandes desconocidos, junto a Blas de Lezo, al que tengo el honor de haber publicado «El día que España derrotó a Inglaterra», que, precisamente, contribuyó a dar a conocer su figura.


    –¿Por qué lo llama el tercer conquistador?

    –Porque sus hazañas están a la altura de Pizarro y Cortés. Pretendo que se logre lo mismo que con De Lezo, que se reconozca como el tercer conquistador más importante que dio España, no por estar en tercer lugar, sino por ser «primus inter pares». Fue letrado y guerrero, quizá el único que conquistó una porción de América. Él dio las primeras leyes, ordenanzas y disposiciones en la organización del territorio.


    –¿Cuál fue su gran hazaña?

    –Penetrar en el territorio de la Nueva Granada. Desde Santa Marta a Santa Fe, atravesó marismas, pantanos, ríos impresionantes, durmiendo en los árboles por temor a caimanes y alimañas, 1.200 kilómetros aterradores, en los que fueron picados por mosquitos y atravesados por flechas envenenadas de aborígenes antropófagos. Liberó a muchos pueblos de la opresión y los tributos de sangre que debían a tribus más avanzadas con solamente un puñado de hombres, por eso lo llamo el primer libertador del Nuevo Reino de Granada.


    –Lo tilda de epopeya

    –Salió con 1.200 hombres y llegó a Santa Fe con poco más de cien para fundar una ciudad en Bogotá. Su papel fue doble, conquistó y civilizó, y les dio una lengua.


    –Hace una narración cronológica, pero basada en las crónicas.

    –Sí, los españoles tenían una costumbre muy arraigada, siempre iban acompañados en sus exploraciones de un cura, un escribano y un notario que daba fe de lo que iba viendo, de tal manera, que existen multitud de relatos y crónicas de la conquista.


    –¿Qué lo llevó a América?

    –Un amor frustrado. El pobre tenía que competir con los ricos indianos que volvían de América y las familias de menos alcurnia querían casar a sus hijas con ellos. Esto le pasó a él, que casaron a su novia y lo dejaron, como decimos en Colombia, «viendo para un chispero».


    –Usted ha manifestado ya su desacuerdo con la Leyenda Negra española.

    –Es sumamente injusta. España dio la redondez al mundo y no cometió ni un 10 por ciento de lo que hicieron los franceses, los ingleses y los holandeses. Los ingleses eran muy racistas, pagaban por cortar cabelleras de indios, costumbre introducida en Estados Unidos por los franceses que en sus «Code Noir» no permitían la extremaunción a la población negroa, ni siquiera casarse. Los ingleses torturaban, raspaban las espaldas con garfios y echaban sal en las herudas. Hasta cortaban la punta de la nariz. Esas prácticas nunca las realizaron los españoles. Cuando conquistan Jamaica encuentran las leyes españolas, que respetan por ser benignas con los negros. La Leyenda negra es una mentira monumental inventada por ingleses y holandeses para desacreditar y dividir el imperio español.


    –¿Cómo fueron aquellas leyes españolas?

    –Siempre a favor de los indios, como las de Burgos; no ha habido otras así en la historia de las conquistas. Ningún rey español hizo jamás lo que Enrique VIII. La Leyenda negra es una de las falsedades más grandes de la historia y los españoles se han sentido algo acomplejados por culpas que nunca tuvieron. En su mismo testamento, Isabel ordena que los indios sean bien tratados y respetados sus bienes.


    –También explica que se encontraron con algunas prácticas abominables.

    –Que los escandalizaron, sacrificio de niños, antropofagia, crueldad de los caciques y un sistema esclavista de tribus sometidas a otras. Cortaban el cuello a niñas recién nacidas para echar su sangre en los cimientos de ciertas casas para dar suerte. Una tribu suministraba niños a los caciques al ser entronizados, les abrían el pecho cuando todavía estaban vivos y si el corazón palpitaba era que iba a tener suerte en su reinado y en la guerra y si no, mal augurio. Jiménez de Quesada prohibió esto totalmente.


    –¿Cree que fue quien inspiró a Miguel de Cervantes, que lo tomó como modelo para la construcción de Don Quijote?

    –Hay varias coincidencias. Cervantes estaba casado con Catalina de Salazar, pariente de Jiménez de Quesada. Don Quijote, antes de morir testa a favor de una sobrina y pone de albacea a un cura y a un letrado, lo mismo que él. Tenía varios nombres, Quijada, Quesada, Quijano, Quijote, esta coincidencia también hace sugerente la posibilidad. Cervantes pide al rey permiso para emigrar al reino de Nueva Granada, pero se lo negó. Por último, las coincidencias físicas, pues éste era también flaco, desgarbado, de barba enjuta... Es posible que por la sobrina conociese su vida y hazañas y esto le inspirara su Quijote. Mantengo la sospecha de que pudo ser su modelo, pero no la certeza.



    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.larazon.es/cultura/pablo...SVUyMhmUjF4DXc

Página 2 de 2 PrimerPrimer 12

Información de tema

Usuarios viendo este tema

Actualmente hay 1 usuarios viendo este tema. (0 miembros y 1 visitantes)

Temas similares

  1. La Leyenda Negra de los Almogávares
    Por Lo ferrer en el foro Catalunya
    Respuestas: 1
    Último mensaje: 21/11/2016, 22:41
  2. Necesito ayuda.(Leyenda negra)
    Por mazadelizana en el foro Ayuda y Sugerencias
    Respuestas: 15
    Último mensaje: 02/05/2009, 07:36
  3. La Invención de la Leyenda Negra.
    Por Valmadian en el foro Historia y Antropología
    Respuestas: 3
    Último mensaje: 21/10/2007, 14:47
  4. Contra la propaganda de la “Leyenda Negra”
    Por Hyeronimus en el foro Hispanoamérica
    Respuestas: 0
    Último mensaje: 12/10/2007, 20:14
  5. Leyenda negra y salsa rosa
    Por Cavaleiro en el foro Historia y Antropología
    Respuestas: 0
    Último mensaje: 13/03/2006, 12:30

Permisos de publicación

  • No puedes crear nuevos temas
  • No puedes responder temas
  • No puedes subir archivos adjuntos
  • No puedes editar tus mensajes
  •