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Tema: La gran mentira de la esclavitud y el genocido español en América

  1. #21
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    Re: La gran mentira de la esclavitud y el genocido español en América

    EL MITO DEL “GENOCIDIO ESPAÑOL”

    Comienzo diciendo que el término “genocidio” es anacrónico, así lo evidencia un gran artículo que recomiendo, escrito por César Cervera en la ABC en español[1]. Entre los distintos argumentos presentados, encabeza aquél de las cifras infladas y exageradas de una supuesta matanza masiva por parte de los españoles. Ante este mito histórico, algunos pseudo historiadores gustan de imaginar a Don Juan de Austria (héroe de la batalla de Lepanto) vanagloriándose – supuestamente – del martirio de un grupo de indígenas americanos, cuando en realidad no participó de la Conquista… ¡Es más! Ni siquiera pisó suelo americano. Por otro lado, lo que si arrasó con un grupo considerable de la población indígena, fueron las enfermedades de las cuales los europeos fueron portadores. Ciertamente, estas enfermedades encontraron en los pobladores del Nuevo Mundo a un grupo frágil y aislado, que no tuvo la resistencia biológica para defenderse de dichas enfermedades. Como ejemplo tenemos a la población de Santo Domingo que por una epidemia de viruela acabó con casi toda la población entre 1518 y 1519.

    Por último señores, no nos hagamos aquí de la vista gorda, que detrás de esta Leyenda Negra no hay otra cosa que intereses políticos. Tanto Guillermo de Orange[2] como el resto de holandeses, ingleses y franceses, “padres” de la propaganda negativa del Imperio Español, buscaban sobre todo menoscabar el prestigio de la Monarquía hispánica, y así exageraron de manera grotesca y deplorable la conclusión del libro “Brevísima relación de la Destrucción de las Indias”, escrito por el fraile dominico Bartolomé de las Casas.


    A LOS CATÓLICOS ESCANDALIZADOS

    Finalmente, me parece importante dirigirme a mis hermanos católicos que ignoran el trasfondo histórico de la evangelización de las Américas, y que lloran desconsolados por el “crimen cultural” de la destrucción del sistema religioso azteca. Quisiera presentarles una práctica típica:

    “Cuatro sacerdotes aferraban a la víctima y la arrojaban sobre la piedra de sacrificios. El gran sacerdote le clavaba entonces el cuchillo debajo del pezón izquierdo, le habría la caja torácica y después hurgaba con las manos hasta que conseguía arrancarle el corazón aún palpitante para depositarlo en una copa y ofrecérselo a los dioses. Después, los cuerpos eran lanzados por las escaleras de las pirámides. Al pie, los esperaban otros sacerdotes para practicar en cada cuerpo una incisión desde la nuca a los talones y arrancarles la piel en una sola pieza. El cuerpo despellejado era cargado por un guerrero que se lo llevaba a su casa y lo partía en trozos, después ofrecía a sus amigos, o bien éstos eran invitados a la casa para celebrarlo con la carne de la víctima. Una vez curtidas, las pieles servían de vestimentas a la casta de los sacerdotes.”[3]

    Así mismo, los niños eran lanzados al abismo de Pantilán, las mujeres no vírgenes eran decapitadas, los hombres adultos, desollados vivos y rematados con flechas. Todo esto, porque el principio establecía que la ofrenda de corazones humanos a los dioses debía ser ininterrumpida… sería interesante que esta práctica sea analizada por ciertos ignorantes que expresan que “el cristianismo fue peor”.

    Quisiera recordar a mis hermanos cristianos, que la mismísima Historia Sagrada – sin ánimo de incodarla – nos presenta la realidad del pueblo judío a quien Dios prometió una tierra que no les pertenecía, sino que la arrancaron a la fuerza de sus anteriores habitantes. En otras palabras, ciertos pacifismos utópicos, nos queda claro, no son aplicables a la Historia de la Humanidad.

    Verdaderamente el artículo quedará incompleto pues el tema es extenso, sin embargo he tratado de cubrir las principales posturas absurdas que nacen de un mito sin escrúpulos. Por lo demás, a quienes les interese esclarecer más aún el tema, les recomiendo “Los siete mitos de la Conquista Española” de Matthew Restall.

    Hace un par de días se celebró El Día de la Raza, y como es propio de todos los años, tuve el timeline de mi Twitter lleno de “expertos en historia” comentando sobre el supuesto genocidio cultural que se cometió contra los pobres indios a manos de los malvados españoles que vinieron a arrasar con su cultura precolombina “pacífica y civilizada”. Más aún, es propio de los profesores universitarios y de colegio – los prejuiciados contra la Iglesia sobre todo – enseñar una Leyenda Negra y tortuosa que pinta a los españoles como salvajes mercenarios en busca de oro, cuando la documentación histórica de la época y los frutos de dicha colonización advierten algo muy distinto a lo que ciertos catedráticos de la mentira gustan de enseñar.

    Antes de empezar con este artículo que he querido sea un poco extenso, quisiera aclarar que esta Leyenda Negra nace para poder encubrir los pasteles de la “otra” América, la protestante, que dio (y da) tantas desdeñosas lecciones de moral a la América católica. A partir del siglo XVI las potencias nórdicas reformadas – Gran Bretaña y Holanda, a la cabeza – iniciaron en sus dominios de ultramar una guerra psicológica al inventarse la “leyenda negra” de la barbarie y la opresión practicadas por España…

    Sobre esto, Pierre Chaunu, historiador francés, que fue catedrático de La Sorbona y calvinista (para evitar cualquier sospecha) escribe:

    “La leyenda antihispánica en su versión norteamericana (la europa hace hincapié sobre todo en la Inquisición) ha desempeñado el saludable papel de válvula de escape. La pretendida matanza de los indios por parte de los españoles en el siglo XVI encubrió la matanza norteamericana de la frontera Oeste, que tuvo lugar en el siglo XIX. La América protestante logró librarse de este modo de su crimen lanzándolo de nuevo sobre la América católica.”

    Ya entrando en materia, me parece importantísimo que nos deshagamos de moralismos actuales que son irreales, que a menudo tratan de desconocer que la historia es una señora inquietante, y a menudo terrible. En historia señores, resulta impracticable la edificante exhortación de “que cada uno se quede en su tierra sin invadir la ajena”. Toda civilización es fruto de una mezcla que nunca fue pacífica. En otras palabras, quienes se llevan las manos a la cabeza por los malvados usurpadores de las Américas olvidan, que a su llegada, aquellos europeos se encontraron con otros usurpadores. El imperio de los aztecas y el de los incas se había creado con violencia y se mantenía gracias a la sanguinaria opresión de los pueblos invasores que habían sometido a los nativos a la esclavitud.


    LA REALIDAD DE “LA VICTORIA” DE LOS ESPAÑOLES

    Creo que en esto basta un poco de sentido común… el hecho de pensar que un puñado de españoles contra miles de indígenas obtuvo la victoria gracias a sus arcabuces, sus escasísimos cañones (que por cierto resultaban inútiles en aquellos climas porque la humedad neutralizaba la pólvora) o a su caballos (que en la selva no podían ser lanzados a la carga), me parece sencillamente absurdo.

    La victoria de los españoles se dio sobre todo gracias al apoyo de los indígenas oprimidos por los incas y los aztecas. En otras palabras, más que como salvajes colonizadores, los españoles fueron vistos como liberadores. ¡Por amor a Dios! Que algún historiador nos explique cómo fue posible que en tres siglos de dominio hispánico no se produjesen revueltas contra los nuevos dominadores, a pesar de su número tan reducido… Por lo demás, ninguna de las grandes civilizaciones (egipcia, griega, romana ni judía) se creó sin las correspondientes invasiones y las consiguientes expulsiones de los primeros habitantes. Por lo tanto, al juzgar la conquista europea de las Américas me parece sensato que nos cuidemos de la estúpida utopía moralista a la que le gustaría una historia llena de reverencias, de buenos modales, y de “faltaba más, primero pase usted”.


    EL PROTESTANTISMO Y SUS “JOYITAS” BÍBLICAS

    Hemos de saber que en los Estados Unidos de hoy, la población indígena está prácticamente desaparecida, pero por otro lado – al sur – en la zona mexicana, andina y en muchos territorios brasileños, casi el noventa por ciento de la población o bien desciende directamente de los antiguos habitantes o es fruto de la mezcla entre los indígenas y los nuevos pobladores. Más aún, Estados Unidos no le debe a la india más que alguna palabra, ya que se desarrolló a partir de sus orígenes europeos sin que existiese mayor intercambio con la población autóctona, mientras que en la América hispano-portuguesa, la mezcla no fue sólo demográfica sino que dio origen a una cultura y una sociedad nuevas.

    Sin lugar a dudas, esto se debe a los distintos grados de desarrollo que tienen los pueblos, pero se debe además a un planteamiento religioso. A diferencia de los católicos españoles y portugueses, que no dudaban en casarse con las indias, en las que veían seres humanos iguales a ellos, a los protestantes los movía una especie de “racismo” o al menos, cierto sentido de superioridad, de “estirpe elegida”, cual Israel. A esto se le suma, la pérfida teología de la predestinación y la absurda práctica de la Sola Scriptura que llevaban a considerar a los indios como subdesarrollados, porque estaban predestinados a la condenación, mientras que el blanco era desarrollado como signo de “elección divina”.

    En esto señores, no quiero parecer parcializado, pues aunque por parte de los católicos pudo existir algún abuso o comportamiento condenable, dicho comportamiento, al contrario de lo ocurrido en el caso protestante, iba en contra de la teoría y la práctica católicas. El título de “genocidio” o “exterminio” – por otro lado – sí que puede ser atribuido a esa colonización protestante. Un ejemplo muy concreta es, la práctica de arrancar el cuero cabelludo, conocida tanto por los indios del norte como por los del sur. Pero entre estos últimos desapareció pronto, prohibida por los españoles. En otras palabras, esta práctica horrenda no sólo era desconocida en la América católica sino que, de haber tratado alguien de introducirla, habría provocado la indignación de los religiosos – siempre presentes al lado de los colonizadores – y también de los reyes que tutelaban el derecho a la vida de los indios.


    [1] El mito del «Genocidio español»: las enfermedades acabaron con el 95% de la población

    [2] Holandés, escritor de la “Apología”. Padre de la propaganda contra el Imperio Español.

    [3] Vittorio Messori, Leyendas Negras de la Iglesia. Pág. 42











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    https://www.facebook.com/sepadefende...type=3&theater
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  2. #22
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    Re: La gran mentira de la esclavitud y el genocido español en América

    El genocidio español en América no es un mito, es una mentira




    by Admin
    octubre 14, 2016
    in Hispanidad, Hispanoamérica


    Las enfermedades acabaron con el 95% de la población

    Lejos de lo vertido por la Leyenda Negra contra España, la catástrofe demográfica estuvo causada por las epidemias portadas por los europeos. Los habitantes de América habían permanecido aislados del resto del mundo y pagaron a un alto precio su fragilidad biológica


    César Cervera

    El término anacrónico de «Genocidio Americano» es uno de los puntales de la leyenda negra que vertieron los enemigos del Imperio español para menoscabar su prestigio. En un grabado holandés del siglo XVII aparece Don Juan de Austria, héroe de la batalla de Lepanto, vanagloriándose del martirio de un grupo de indígenas americanos. La mentira es insultantemente estúpida: el hijo bastardo de Carlos I de España jamás participó de la conquista ni siquiera pisó suelo americano. Así, entre mentiras, cifras exageradas y episodios novelados, se gestó el mito que pervive hasta la actualidad de que los españoles perpetraron una matanza masiva y ordenada de la población americana. La verdad detrás de esta controversia histórica muestra que el auténtico genocidio, pese a que los españoles no escatimaron en brutalidad para llevar a cabo sus propósitos, lo causaron las enfermedades portadas por los europeos.

    La catástrofe demográfica que sufrió el continente americano desde 1492 –el año del Descubrimiento de Cristóbal Colón– es un hecho irrefutable. Antes de la llegada de los españoles se ha estimado tradicionalmente que la población del continente se encontraba entre los 40 millones y los 100 millones. No obstante, el hispanista venezolano Ángel Rosenblat argumenta en su estudio «La población de América en 1492: viejos y nuevos cálculos» (1967) que la cifra no pasaría de 13 millones, concentrándose los principales grupos en las actuales regiones de México y de Perú, ocupadas por el Imperio azteca y el Inca respectivamente. Sea una cifra u otra, la disminución demográfica fue dramática: el 95 % de la población total de América murió en los primeros 130 años después de la llegada de Colón, según el investigador estadounidense H. F. Dobyns.

    La sangría demográfica hay que buscarla en dos factores: el traumatismo de la conquista (las bajas causadas por la guerra, el desplome de las actividades económicas y los grandes desplazamientos poblaciones) y sobre todo las enfermedades. Los habitantes de América habían permanecido aislados del resto del mundo y pagaron a un alto precio el choque biológico. Cuando las enfermedades traídas desde Europa, que habían evolucionado durante miles de años de Humanidad, entraron en contacto con el Nuevo Mundo causaron miles de muertes frente a la fragilidad biológica de sus pobladores. Un sencillo catarro nasal resultaba mortal para muchos indígenas. El resultado fue la muerte de un porcentaje estimado del 95% de la población nativa americana existente a la llegada de Colón debido a las enfermedades, según los cálculos del ecólogo Jared Diamond.




    ABC, Retrato de Bartolomé de las Casas


    Fueron las grandes epidemias, sin embargo, las que provocaron el mayor impacto. Una epidemia de viruela que se desató en Santo Domingo entre 1518 y 1519 acabó con prácticamente toda la población local. Esa misma epidemia fue introducida por los hombres de Hernán Cortés en México y, tras arrasar Guatemala, bajo hasta el corazón del Imperio Inca en 1525, donde diezmó a la mitad de la población. Precedido por la viruela, la llegada de Francisco Pizarro a Perú fue el golpe final a un imperio que se encontraba colapsado por las enfermedades. La epidemia de viruela fue seguida por la de sarampión, entre 1530-31; el tifus, en 1546; y la gripe, en 1558. La difteria, las paperas, la sífilis y la peste neumónica también golpearon fuerte en la población.


    El genocidio en la leyenda negra


    «Los españoles han causado una muerte miserable a 20 millones de personas», escribió en su texto «Apología» el holandés Guillermo de Orange, esforzado padre de la propaganda negativa del Imperio español. Con la intención de menoscabar el prestigio de la Monarquía hispánica, dueña absoluta del continente durante casi un siglo, los holandeses, los ingleses y los hugonotes franceses exageraron las conclusiones del libro «Brevísima relación de la destrucción de las Indias», escrito por el fraile dominico Bartolomé de Las Casas. Probablemente, este fraile, que acompañó a Cristóbal Colón en su segundo viaje, no habría jamás imaginado que su texto iba a ser la piedra central de los ataques a España cuando denunció el maltrato que estaban sufriendo los indígenas. Como explica Joseph Pérez, autor de «La Leyenda negra» (GADIR, 2012), Las Casas pretendía «denunciar las contradicciones entre el fin –la evangelización de los indios– y los medios utilizados. Esos medios (la guerra, la conquista, la esclavitud, los malos tratos) no eran dignos de cristianos; el hecho de que los conquistadores fueran españoles era secundario».




    ABC, Grabado de T. De Bry para «la Historia de la destrucción de las Indias»


    Las traducciones y reediciones de la «Brevísima relación de la destrucción de las Indias» se multiplicaron entre 1579 y 1700: de ellas 29 fueron escritas en neerlandés, 13 en francés y seis en inglés. Lo que todos obviaron cuando emplearon a de Las Casas para atacar al Imperio español es que él mismo representaba a un grupo de españoles con el coraje de denunciar la injusticia, la mayoría misioneros, y a una creciente preocupación que con los años atrajo el interés de las autoridades. Este grupo crítico consiguió que en 1542 las Leyes Nuevas confirmaran la prohibición de reducir a los indios a la esclavitud y sancionaron el fin del trabajo forzoso, la encomienda. Asimismo, en la controversia de Valladolid, donde por desgracia se sacaron pocas conclusiones finales, se enfrentaron quienes defendían que los indígenas tenían los mismos derechos que cualquier cristiano contra los que creían que estaba justificado que un pueblo superior impusiera su tutela a pueblos inferiores para permitirles acceder a un grado más elevado de desarrollo.


    Las leyes nuevas sancionaron el fin del trabajo forzoso

    Curiosamente, los enciclopedistas franceses, muy críticos con todo lo referido a España en otras cuestiones, fueron los primeros en ver que las cifras presentadas por de Las Casas –20 millones de muertos causados por los métodos de los conquistadores– eran del todo imprecisas. En «El Ensayo sobre las costumbres» (1756), Voltaire afirma que Las Casas exageró de forma premeditada el número de muertos e idealizó a los indios para llamar la atención sobre lo que consideraba una injusticia. «Sabido es que la voluntad de Isabel, de Fernando, del cardenal Cisneros, de Carlos V, fue constantemente la de tratar con consideración a los indios», expuso en 1777 el escritor francés Jean-François Marmontel en una obra, «Les Incas», que por lo demás está llena de reproches hacia la actitud de los conquistadores. La Revolución francesa y la emancipación de las colonias en América elevaron a de Las Casas a la categoría de benefactor de la Humanidad.


    Los críticos se convierten en los conquistadores

    Más allá del brutal impacto de las enfermedades, es cierto que la violencia de la Conquista de América provocó la muerte directa e indirecta de miles de personas. El que existiera un grupo de personas críticas con los métodos empleados por los conquistadores –un grupo de hombres que perseguían como principal objetivo el hacerse ricos– o que los Reyes españoles plantearan soluciones –aunque fueran incompletas e incluso hipócritas– no exime a España de sus pecados históricos y del daño cometido, pero sí la diferencia de precisamente los países que censuraron una actuación que luego ellos mismos practicaron. Sin entrar a valorar el fangoso proceso llevado a cabo por los anglosajones en Norteamérica, la explotación de caucho en el África negra dejó a sus espaldas 10 millones de muertos en el Congo Belga.

    «La colonización europea de los siglos XIX y XX fue culpable de crímenes semejantes a los cometidos por los conquistadores españoles. La única diferencia es que no encontraron a un de Las Casas para denunciar las injusticias con tanta repercusión», sentencia el hispanista Joseph Pérez en el citado libro.




    ________________________

    Fuente:

    https://eldiariodelamarina.com/el-ge...s-una-mentira/

  3. #23
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    Re: La gran mentira de la esclavitud y el genocido español en América

    «No hubo genocidio en América, 99 de cada 100 nativos murieron por culpa de las enfermedades»

    Borja Cardelús publica «La civilización hispánica», una obra en la que ahonda en las similitudes históricas y sociales que unen a españoles y latinoamericanos




    Manuel P. Villatoro
    @ABC_HistoriaSeguir

    Actualizado:08/05/2018 11:24h
    43


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    Lograr que la verdad histórica una lo que la Leyenda Negra ha conseguido dividir. Este es el principal objetivo que se ha marcado el versado divulgador del legado de España en América, Borja Cardelús, en su nuevo libro: «La civilización hispánica» (Edaf, 2018).


    Pero no es el único, sino que también busca demostrar mediante datos palpables que, a pesar de lo que los enemigos de nuestro país han afirmado durante más de cinco siglos, el genocidio de la mal llamada conquista del Nuevo Mundo (él aboga por denominarla «poblamiento», ya que se llevó a cabo mediante el mestizaje y las escaramuzas fueron mínimas) fue una falsedad forjada con la finalidad de separar a dos pueblos hermanos.






    «Este ensayo pretende poner la primera piedra de un edifico hispánico desmoronado por la Leyenda Negra. Es imprescindible reivindicar lo que hemos construido: una civilización conjunta que cuenta con más de 600 millones de personas», explica el autor a ABC.

    La obra, que será presentada este martes a las 19:00 horas en la Casa de América de Madrid, es además uno de los buques insignias de la fundación «Civilización Hispánica». Una asociación dirigida por el mismo Cardelús que, desde el pasado enero, quiere poner luz sobre una realidad histórica ennegrecida por unos países que vivieron durante siglos a la sombra de nuestro Imperio.

    «Naciones como Holanda o Inglaterra aventaron la Leyenda Negra para separar a los iberoamericanos de los españoles. Debemos darnos cuenta de que hemos sido manipulados y divididos a lo largo de los siglos por intereses espurios y recuperar la unidad que una vez tuvimos», añade Cardelús.


    Grandes falacias

    Como armas contra estas mentiras, el autor usa la historia y la razón. Dos elementos que le permiten hacer añicos falacias tales como que los exploradores españoles se hicieron con el Nuevo Mundo aniquilando sistemáticamente a los americanos. «El saldo final de muertes en las luchas fue minúsculo. De cada 100 nativos muertos que hubo en América, 99 fallecieron por causa de enfermedades como el tifus o la viruela, y solo 1 por los combates», desvela.

    Sin embargo, esta tropelía fue exacerbada hasta la extenuación por Inglaterra, un país que (aunque ha logrado ocultarlo) sí perpetró todo tipo de barbaridades contra los nativos. «Los anglosajones no contaban con los indios, no los querían ni como esclavos. Solo les interesaban sus tierras y, cuando los nativos protestaban, les exterminaban», señala.

    Además, y según se explica en «La civilización hispánica», los ingleses no apostaron por el mestizaje ni por la enriquecedora unión entre civilizaciones. Ellos, por el contrario, cruzaron el océano con sus familias ávidos de riquezas. «Su política era de trasplante, la nuestra de injerto. Los españoles que acudían eran hombres solos que formaron nuevas familias. Y lo revolucionario es que sus leyes alentaban esos matrimonios mixtos», completa.




    Pizarro parte hacia Cajamarca-ABC


    Gracias a este cruce de culturas, hubo un trasvase sumamente beneficioso entre ambos mundos. «Fue algo mutuo, nosotros llevamos hasta allí toda la cultura occidental, pero los médicos y biólogos que fueron a las Indias dejaron también patente la riqueza científica que había allí», destaca Cardelús.

    Con todo, entre las diferentes mentiras que ha extendido la Leyenda Negra hay una especialmente indignante: la que afirma que los españoles trataron a los americanos como esclavos. Algo totalmente falso. «Desde la aprobación de las Leyes de Indias a principios del siglo XVI, los nativos fueron considerados parte de la Corona», señala el autor.

    «Las Leyes de Indias supusieron una auténtica revolución»Estas normas fueron, de hecho, las primeras del mundo en apostar por la igualdad de todos los seres humanos ante la ley. «En ellas se entendía que había que proteger a los nativos. Estipulaban, por ejemplo, que las mujeres locales no debían trabajar y que los hombres debían hacerlo cerca de su casa. Todo ello, para fomentar la vida y la unidad familiar», confirma Cardelús.

    No fueron las únicas ventajas que obtuvieron. Y es que, además, se creó la figura del protector de indios para que los americanos pudieran acudir a él con cualquier reclamación y se estableció (entre otras tantas cosas) que los nativos solo podían trabajar a cambio de un salario digno. «Supusieron una auténtica revolución», finaliza el experto.


    Sabor español

    Para nuestra desgracia, el hombre que construyó los pilares sobre los que se terminó asentado la Leyenda Negra tiene nombre y apellidos castizos: Bartolomé de las Casas.

    Poco después de arribar al Nuevo Mundo, este fraile se encomendó a luchar por los derechos de los nativos. Una noble tarea que llevó a cabo de una forma nada adecuada. «Escribió un libro, la “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”, en el que exageró y falseó las barbaridades cometidas por los españoles para causar revuelo a nivel social», señala Cardelús.




    Bartolomé de las Casas-ABC


    Así pues, Bartolomé de las Casas aireó falacias tales como que, antes de la llegada de los españoles a América, había nada menos que 100 millones de nativos. Y no solo eso, sino que una ingente cantidad de ellos había sido pasada a cuchillo por los exploradores. «Está perfectamente documentado que había entre 13 y 14 millones, lo que hace que la cifra de muertos sea muchísimo menor», destaca el autor.

    Por si fuera poco, se limitó a recoger los testimonios minoritarios de aquellos americanos que habían sufrido abusos por parte de los encomenderos y atribuyó matanzas a sus compatriotas que, realmente, habían sido perpetradas por tribus locales. «Consiguió que le escucharan, pero los países enemigos de España difundieron y ampliaron sus argumentos por motivos políticos, religiosos y económicos. Así forjaron la Leyenda Negra», finaliza.



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    «No hubo genocidio en América, 99 de cada 100 nativos murieron por culpa de las enfermedades»

  4. #24
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    Re: La gran mentira de la esclavitud y el genocido español en América

    NUNCA HUBO UN GENOCIDIO EN AMÉRICA. ¿CÓMO FUE LA CONQUISTA ESPAÑOLA DE AMÉRICA?

    Aun con todos los defectos que se quieran buscar, los conquistadores liberaron y civilizaron Mesoamérica ya que gracias a ellos se dejaron de hacer sacrificios humanos y de practicar el canibalismo, y fundaron infinidad de ciudades, construyeron iglesias, catedrales, universidades, hospitales, puertos, embalses, acueductos, edificios administrativos,... Además de que trajeron el trigo (el pan), el caballo, las vacas (la leche, el queso,...), la gallina (los huevos), las ovejas (la lana), las ocas (el paté), el jabalí, las perdices, el cerdo, la rueda, el alfabeto, el hierro, los libros, la imprenta, la brújula, un idioma común, animales de carga como el burro, la mula o el asno (los aztecas usaban a seres humanos como animales de carga), la vid (el vino), el olivo (el aceite), el vidrio, el azúcar, la miel, muchísimos tipos de frutas (naranjas, limones, peras, manzanas, fresas,...), ... e infinidad de cosas más. Por no hablar del contacto entre productos y culturas precolombinas gracias a los españoles: unos tenían maíz, otros cacao, otros tabaco; pero fue solo el comercio hispánico el que hizo que estos productos americanos se extendieran con eficaz por toda América (patata, cacahuete, aguacate, vainilla, tomate, caucho, etc...). Hace tiempo que está más que demostrado que la mayoría de muertes durante y después de la conquista fue debido a enfermedades traídas, sin saberlo, del viejo mundo (y que de todas formas más tarde o temprano acabarían llegando a América) como lo demuestra que incluso hoy en día en pleno siglo XXI siguen muriendo indígenas en la Amazonia de un simple catarro por eso se los tiene que tener aislados (http://www.bbc.com/mundo/ultimas_noti... ➚), la caída demográfica que hubo en América fue muy parecida a la que sufrió Europa cuando murió entre un tercio y la mitad de toda la población europea por culpa de la peste negra procedente de Asia que trajeron sin saberlo comerciantes venecianos. A pesar de la innegable superioridad tecnológica, es materialmente imposible que tantas personas pudieran morir a manos de un pequeño número de conquistadores con arcabuces, espadas y ballestas, solo una ignorante o un difamador diría lo contrario. Además la propia Corona española creó leyes para tratar de garantizar derechos a los indígenas (Testamento de Isabel la Católica, Leyes de Burgos, Leyes Nuevas,…), y los españoles jamás buscaron exterminar poblaciones sino hacerlas vasallas y cristianizarlas (entre otras cosas para que dejaran de hacer sacrificios humanos y la antropofagia), no se buscó exterminar poblaciones (como si buscaron hacer, no en el siglo XV sino ya en el XIX, algunas naciones “independizadas” en América). ¿Hubo abusos?, si los hubo, como han existido en absolutamente todos las conquistas e Imperios a lo largo de la Historia (imperio azteca incluido), pero lo que diferencia al Imperio Español del resto es que posiblemente no haya habido en la historia ningún caso de un país que conquista a otro y en el que habitantes del propio país conquistador hayan hecho tanta autocrítica y de manera tan exacerbada como fue el caso de España. Y toda esta autocritica desmesurada que hicieron los propios españoles y que intencionalmente magnificaron los rivales de España en el siglo XVI (ingleses, holandeses,…) para difamar a España (creando La Leyenda Negra) es ahora usada por algunos hispanoamericanos para hacer victimismo indigenista recalcitrante y no querer reconocer que, aún con todos los defectos que se quieran buscar, España civilizó a América. SÍ, ESPAÑA CIVILIZÓ AMÉRICA.


    LO QUE A VECES NO SE DICE DE LA CONQUISTA DE AMÉRICA: ENCUENTRO DE DOS MUNDOS (HÉCTOR B. PETROCELLI): http://argentinahistorica.com.ar/intr...

    "No faltaban en América guerras de conquista y de exterminio, venta de esclavos, sacrificios sangrientos, antropofagia, división de clases y en castas, arbitrariedades e injusticias, epidemias y años de hambre y sequía. Cuando Cortés llego a Yucatán encontró gran cantidad de ciudades en guerra entre sí, diezmadas las poblaciones por las luchas, el hambre y la peste" Ricardo Levene (Historia de América, Ed. Jackson, I, p. 269)

    Puede leerse gratuitamente el libro LO QUE A VECES NO SE DICE DE LA CONQUISTA DE AMÉRICA. ENCUENTRO DE DOS MUNDOS (HECTOR B. PETROCELLI) aquí: ::: ARGENTINA HISTÓRICA - la historia argentina :::...





    https://www.youtube.com/watch?v=RTvCmEZvjyA

  5. #25
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    Re: La gran mentira de la esclavitud y el genocido español en América

    Analizando este mapa sobre el porcentaje poblacional de los nativos americanos en el continente podemos ver como en los lugares donde más fuertemente se implementó la sociedad y la cultura española, México y Perú, es precisamente donde ese índice poblacional nativo es mayor. ¿Pero en esos lugares no había habido un genocidio? ¿El colorcito de esas regiones no debería de ser parecido al que hay en el actual Estados Unidos? Según los que se tragan y difunden la leyenda negra debería de ser así... pero no lo es.





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  6. #26
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    Re: La gran mentira de la esclavitud y el genocido español en América

    La Protección Especial a los derechos de los Indígenas en la Nueva España | Columna de Ricardo García López

    julio 3, 2018




    San Luis en su historia


    Los contratos que presentamos a continuación considero que son un botón de muestra de que los indígenas que ocupaban el territorio de la Nueva España, hoy México, no se encontraban totalmente desprotegidos de las leyes como pretenden hacer creer algunos demagogos.

    Siempre los seres más débiles de la Creación necesitan una especial protección por parte de aquellos a quienes la naturaleza o las circunstancias los han dotado de una mayor fuerza física, espiritual, social, política o moral.

    Así lo comprendió Isabel I de Castilla cuando Cristóbal Colón engarzó a su corona la preciosa piedra de América, por ello es que en su testamento, última y final voluntad, pretende brindar toda su protección a los indios del Nuevo Continente puesto que se trata de sus hermanos que la providencia ha puesto bajo su custodia.
    En una de las cláusulas del documento expresa lo siguiente:


    …Cuando nos fueron concedidos por la Santa Sede Apostólica las Islas y Tierra firme del mar océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue al tiempo que lo suplicamos al Papa Alejandro VI de buena memoria; que nos hizo la dicha concesión, de procurar inducir y traer los pueblos de ellas y convertir a nuestra Santa Fe Católica, y enviar a las dichas islas y tierra firme, prelados y religiosos, clérigos y otras personas doctas y temerosas de Dios, para instruir los vecinos y moradores de ellas a la Fe Católica y los doctrinar y enseñar buenas costumbres, y poner en ello la diligencia debida, según más largamente en las letras de la dicha concesión se contiene. Suplico al Rey mi Señor muy afectuosamente, y encargo y mando a la princesa mi hija y al príncipe su marido, que así lo hagan y cumplan y que ese sea su principal fin, y en ello pongan mucha diligencia y no consientan, ni den lugar a que los dichos indios vecinos y moradores de las dichas islas y tierra firme, ganados y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas y bienes: mas manden, que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien y provean de manera, que no exceda cosa alguna lo que por letras Apostólicas de la dicha concesión nos han inyugido (Inyungido, palabra que proviene del verbo latino iniungere y que significa prevenir, mandar o imponer, en este caso como si dijera la frase: que nos fueron impuestos. En: Diccionario de la Lengua Española, edición electrónica, versión 21.2.0 año 1998. y mandado…)


    El cuerpo legislador comprendió que para que tuviera cabal cumplimiento la voluntad de la soberana no bastaba que se conservara como una simple recomendación de un testamento sino que era necesario elevar esas buenas intenciones a preceptos legales por lo que la Recopilación de las Leyes de los Reinos de las Indias establece en su Libro Sexto una gran cantidad de leyes que protegen y amparan a los indios e incluyó en su título diez, Del buen tratamiento a los indios, la cláusula testamentaria transcrita, añadiendo el legislador al final de ella el párrafo siguiente:


    Y nos a imitación de su Católico y piadoso celo ordenamos y mandamos a los virreyes, presidentes, audiencias, gobernadores y justicias reales, encargamos a los arzobispos, obispos y prelados eclesiásticos, que tengan esta cláusula muy presente, y guarden lo dispuesto por las leyes que en orden a la conversión de los naturales y su cristiana y católica doctrina, enseñanza y buen tratamiento están dadas…


    Con esto no queremos afirmar que por tales disposiciones quedaron a salvo los derechos de los indios y que los conquistadores, encomenderos y soldados respetaron y observaron puntualmente las leyes pues esto no fue, no es y no será posible en las sociedades humanas mientras sea el propio hombre el encargado de promulgar las leyes, cumplirlas y hacerlas cumplir, porque en más de una ocasión sus pasiones están, han estado y estarán por encima de la ley; la historia nos da cuenta clara de ello pues recordemos las famosas capitulaciones de “Carbajal” mediante las cuales Luis Carbajal de la Cueva se comprometió con el rey a fundar villas, ranchos y descubrir minas, al norte de la Nueva España, pacificar la región chichimeca y aculturar sus habitantes. Es sabido cómo este hombre lejos de cumplir con el contenido y compromiso a que se obligó en dichas capitulaciones, éstas le sirvieron para transitar libremente en el norte de la entonces Nueva España y hoy México y Tejas en los EE.UU. y de un lugar a otro, con tales documentos, evitaba que los alcaldes mayores o cualquiera otras autoridades le impidieran el paso por los territorios que estaban bajo su jurisdicción o que le exigieran exhibir un salvoconducto especial. Así, lejos de fundar las pretendidas villas, ranchos, descubrir minas y cultivar a los hombres, tomó a éstos cautivos y los vendió como esclavos y a tanto llegó su furor que despertó gran pánico entre los grupos indígenas, de suerte que quienes los integraban optaron por no darse de paz sino antes bien huir a los montes y, llegado el caso, defenderse a sí mismos, a sus familias y territorios con tal denuedo que esa situación dio origen a la sangrienta guerra chichimeca que había de durar siglos enteros y no únicamente medio siglo como afirman algunos historiadores.




    ________________________

    Fuente:


    La Protección Especial a los derechos de los Indígenas en la Nueva España | Columna de*Ricardo García López - La Orquesta

  7. #27
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    Re: La gran mentira de la esclavitud y el genocido español en América

    El pueblo indígena con el que se encontró Colón aún tiene descendientes vivos

    Secuenciando el ADN de un diente de 1.000 años de antigüedad, los investigadores conseguido encontrar coincidencias genéticas entre las poblaciones vivas y antiguas del Caribe. Miércoles, 21 Febrero

    Por Sarah Gibbens - National Geographic




    Taínos de Puerto Rico y Estados Unidos se reúnen para un ritual de diez días de paz espiritual en lugares ceremoniales especiales en Puerto Rico. Esta foto muestra a jóvenes bailarinas taíno.

    foto por Maggie Steber, Redux



    Cuando Cristóbal Colón llegó al Caribe en el siglo XV, las comunidades indígenas conocidas como taínos se vieron gravemente afectadas, tanto que los historiadores dividen la historia de la región en la época anterior y posterior a su llegada.

    Una combinación de enfermedades, matanzas y esclavitud acabó con hasta 3 millones de personas en solo unas pocas generaciones, pero un nuevo estudio sugiere que el genocidio no provocó una extinción completa, como sospechaban algunas personas.

    En un nuevo estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, los investigadores afirman que el ADN de las poblaciones indígenas precolombinas todavía se encuentra en personas vivas.

    «Demuestra que la historia real es de asimilación, sin duda, pero no de extinción total», afirma Jorge Estevez, del Museo Nacional del Indio Americano, en un comunicado. Para Estevez, que trabajó como asesor en el estudio, el resultado es personal. Respalda una idea que para su abuela siempre había sido cierta pero para cuya confirmación nunca habían existido pruebas científicas: la cultura de los taínos todavía está presente.

    En investigaciones previas, Estevez había sugerido que, al tachar de «extinto» al pueblo de la región, apenas se ha investigado para entender las costumbres y el folclore actuales del Caribe. No hemos podido contactar con Estevez para más comentarios al respecto en el momento de la publicación de este artículo.


    Retrocediendo en el tiempo

    «Hay comunidades en el Caribe que siempre han defendido su continuidad, aunque les han dicho que sus ancestros se extinguieron», afirma Hannes Schroeder, autor del estudio que ha llevado a cabo investigaciones en la región durante más de una década.

    Para comprobar si quedaban miembros de las poblaciones de taínos, el equipo rastreó la presencia de material genético previo a la llegada de Colón en poblaciones vivas.

    La extinción de un grupo étnico tiene lugar cuando «todos los miembros de este grupo en particular mueren y son incapaces de transmitir su material genético», explica.


    Restos de 2.500 años ofrecen pistas sobre los primeros americanos


    Otros estudios anteriores sugerían la continuidad, pero el suyo fue el primero en emplear el ADN. Lo obtuvieron a partir de un diente descubierto en un esqueleto femenino de 1.000 años de antigüedad en las Bahamas. Las condiciones tropicales como las del Caribe impiden que los esqueletos se conserven de forma natural tan bien como lo harían en climas áridos y cálidos, por ello descubrir restos físicos que secuenciar es raro. Pero se cree que los restos descubiertos en una isla diminuta llamada Eleuthera, en las Bahamas, pertenecen a una mujer que vivió 500 años antes de la llegada de Colón.

    El equipo comparó la secuencia de su genoma con conjuntos de datos existentes de poblaciones indígenas modernas y descubrió que los orígenes del ADN antiguo eran más similares a los de los grupos hablantes de lenguas arahuacas del norte de Sudamérica. Determinaron que, en las poblaciones actuales, los genes de los taínos son más habituales en Puerto Rico.


    Antiguas migraciones

    Además de descubrir que los taínos habían sobrevivido a la colonización europea, Schroeder también fue capaz de recavar información sobre posibles migraciones antiguas.

    Sus vínculos con Sudamérica sugieren una antigua migración desde allí. El Caribe fue una de las últimas regiones de las Américas donde se establecieron asentamientos, hace unos 8.000 años. Cuando migaron, los pueblos antiguos habrían transportado con ellos sus vínculos sociales.
    «No tenemos pruebas de endogamia», afirma Schroeder, un hallazgo sorprendente en un esqueleto descubierto en una isla tan pequeña como Eleuthera.

    Esto respalda las pruebas arqueológicas de que las culturas indígenas de la región estaban muy interconectadas.

    Si cuentan con mejores capacidades para secuenciar el ADN antiguo, Schroeder dice que los investigadores podrán rastrear otras alegaciones de continuidad de otros grupos indígenas.




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.nationalgeographic.es/hi...ndientes-vivos

  8. #28
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    Re: La gran mentira de la esclavitud y el genocido español en América

    QUITO - 1566

    Cèdula Real del emperador Carlos I de España y V de Alemania Donde se ordena a la Real Audiencia de Quito el tratamiento a los indios como hombres libres y vasallos de su majestad

    Lo que la leyenda negra intenta ocultar.






    https://www.facebook.com/23052595029...732615/?type=3
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  9. #29
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    Re: La gran mentira de la esclavitud y el genocido español en América

    Traducido del castellano antiguo

    Francisco Pacheco, a vos mando que tengáis mucho cuidado de enseñar e instruir a nuestra Santa Fe Católica a los indios naturales de esa tierra y de que sean bien tratados, no consintiendo que los dichos indios vayan a las minas ni trabajen en ellas.

    Carta de la Reina Doña Juana de Castilla al Capitán Francisco Pacheco, Fundador de la Villa de Villa Nueva de Puerto Viejo. (Portoviejo - actual Ecuador)




    https://www.facebook.com/23052595029...type=3&theater
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  10. #30
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    Re: La gran mentira de la esclavitud y el genocido español en América

    LOS FALSOS MITOS

    José Javier Esparza:


    Nunca hubo un genocidio español en América



    Opinión José Javier Esparza / 06 septiembre, 2017

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    El 12 de octubre de 2005, la agencia oficial argentina Télam emitía un texto donde aseguraba que “con la llegada de los conquistadores se inició un exterminio que arrasó con 90 millones de pobladores de la región y quebró el desarrollo cultural de este lado del Atlántico (…) El mayor genocidio de la historia”.

    ¿En qué se basa esta acusación? Se basa en datos que proceden de la propia época. Uno, muy concreto, son los censos de población india realizados por los españoles en el siglo XVI, que reflejan una reducción brutal del número de nativos. Por ejemplo, los taínos de Santo Domingo pasaron de 1.100.000 en 1492 a apenas 10.000 en 1517. Es decir, en un cuarto de siglo había prácticamente desaparecido la población precolombina de Santo Domingo y las Antillas. ¡Un millón noventa mil muertos en sólo veinticinco años! Esas cifras se extrapolaron después al resto del continente. Sorprende que un número exiguo de españoles fuera capaz de matar a tanta gente en tan poco tiempo, pero, al fin y al cabo, hay un testimonio de la época que lo afirma con toda claridad: el del dominico Fray Bartolomé de las Casas, que contrapone la mansedumbre de los indios a la crueldad de los españoles. Los españoles, en una generación, han matado a más de quince millones de indios, dice fray Bartolomé. Unas líneas más adelante, en ese mismo texto, el buen dominico multiplica esa cifra por dos. Irrefutable, ¿no? Pues no.


    El genocidio imposible

    Primero, las cifras del genocidio son imposibles: ¿Noventa millones de muertos en un siglo y pico a manos de sólo 200.000 españoles, que más no fueron los que pasaron a América? Eso cuadra mal. ¿Un millón de muertos en poco más de veinte años, en un solo sitio, las Antillas, y en el siglo XVI, a base de ballesta y arcabuz? Es impracticable, sobre todo si tenemos en cuenta que, al mismo tiempo, los Reyes Católicos habían dado órdenes muy estrictas de tratar bien a los indígenas. Por otro lado, ¿quién hizo el censo? ¿Son fiables esas cifras? Respecto a Las Casas, ¿por qué denuncia tantos crímenes y, sin embargo, nunca dice dónde ni cuándo se produjeron, como tampoco da el nombre del criminal? ¿Y por qué da unas cifras y después, a medida que se va calentando, va subiendo el número de muertos sin temor a la contradicción?

    Y además, si esto pasó en América, ¿por qué no pasó en Filipinas, donde no hay noticia de genocidio alguno (no, al menos, hasta el que perpetraron los norteamericanos a principios del siglo XX)? Aún peor: Las Casas logró su objetivo y en 1547 la Corona prohibió el sistema de encomiendas, que según fray Bartolomé era la causa de las muertes, pero los indios siguieron muriendo. No sólo eso, sino que por dos veces se le autorizó a construir una especie de “república de indios”, que era lo que él reclamaba, y las dos veces sus asentamientos fueron atacados por los propios indios. ¿Por qué? ¿Qué pasa aquí? Nada encaja. Vamos a explicar lo que pasó de verdad.

    Primero, el asunto de la población. Directamente: los censos de la época no valen. Eso lo ha demostrado una norteamericana, Lynne Guitar, de la Universidad de Vanderbilt, que fue a Santo Domingo a estudiar la historia de los taínos y se quedó allí: hoy es profesora del Colegio Americano en Santo Domingo. Y la profesora Guitar descubrió que los censos no es que no sean fiables, sino, más aún, que son inútiles: cuando un indio se convertía al cristianismo y vivía como un español, o más aún si se mestizaba, dejaba de ser censado como indio y era inscrito como español. Y si luego venía otro funcionario con distinto criterio, entonces volvía a ser inscrito como indio, y así hay casos de ingenios de azúcar donde los indios pasan de ser unos pocos cientos a ser 5.000 en sólo dos años, y después la cifra decrece radicalmente para, de repente, volver a aumentar. Para colmo, los encomenderos –los españoles que regentaban tierras y explotaciones- mentían en sus censos, porque preferían trabajar con negros, a los que podían esclavizar, que con indios, cuya esclavitud estaba prohibida por la Corona, de manera que sistemáticamente ocultaban las cifras reales. Es decir que las cifras censales de los indios en América, en el siglo XVI, son papel mojado.

    ¿Cuántos indios había realmente en América? Según los cálculos de Rosemblat, que siguen siendo los más serios, la población total de la América indígena no pasaba de los 13 millones desde el Canadá hasta la Tierra del Fuego. Le recuerdo a usted la nota de la agencia oficial argentina TELAM, hace un par de años: “un genocidio de 90 millones de indios”. Jamás hubo tantos. ¿Mentía entonces fray Bartolomé al hablar de aquel exterminio? Quizá no a conciencia. Las Casas vio graves casos de crueldad. Y vio también muertos, muchos muertos. Era fácil conectar una cosa con otra. Pero hoy sabemos que la gran mayoría de aquellos muertos, que sin duda se contaron por cientos de miles, fueron causados por los virus, algo que ningún español del siglo XVI podía conocer.


    La guerra de los virus

    También sobre esto hay estudios incontestables. Desde muy pronto se pensó en la viruela; se cree que la introdujo en América un esclavo negro de Pánfilo de Narvaéz, hacia 1520, y se sabe que hizo estragos en Tenochtitlán. Cuando Pizarro llegó al Perú, encontró que la población estaba diezmada por la viruela mucho antes de que ningún español hubiera asomado por allí la nariz: el virus había viajado por selvas y cordilleras a través de los animales. Estudios posteriores, como el del doctor Francisco Guerra, señalan sobre todo a la gripe porcina, la llamada “influenza suina”, como causante de la mortandad indígena a principios del XVI. El hecho es que los indígenas americanos, que habían vivido siempre aislados del resto del mundo, recibieron de repente y en muy pocos años el impacto combinado de todos los agentes patógenos difundidos por los buques europeos, sus cargamentos, sus animales, sus pasajeros. Un investigador de la Universidad de Nueva York, Dean Snow, precisa que la gran mortandad no tuvo lugar en el siglo XVI, sino después, cuando empezaron a llegar niños, es decir: tosferina, escarlatina, paperas, sarampión; fue letal. Del mismo modo que los primeros establecimientos españoles en América fueron diezmado por las fiebres, así también los indios, en gigantescas proporciones, fueron diezmados por los virus. Virus que sus cuerpos desconocían y que no pudieron resistir. ¿Recordamos algún caso más reciente? Entre los años 1918 y 1919, la llamada “gripe española” causó la muerte de más de treinta millones de personas en todo el mundo. Lo de América no fue inusual.

    Los estudios de los últimos treinta años son prácticamente unánimes: hubo ciertamente altas cifras de mortandad entre las poblaciones amerindias, pero las cifras se reparten por igual entre los indios aliados de los españoles y entre sus enemigos, y aún más, las cifras de mortandad entre los propios españoles son, proporcionalmente, más elevadas aún que las de los nativos. Es decir que la mortandad es cierta, pero no el genocidio.

    Hoy ningún investigador serio discute que la causa principal de la mortandad entre nativos y entre españoles fueron los virus: los indígenas cayeron a mansalva bajo el efecto de enfermedades que los españoles llevaron consigo y que en aquel mundo eran desconocidas, mientras que los españoles quedaban aniquilados por enfermedades tropicales –malaria, dengue, leishmaniasis, tripanosomiasis, etc.- que no sabían cómo tratar. Ya hemos citado el caso del Perú: cuando llega Pizarro, la población del imperio inca lleva varios años soportando los efectos de una dura epidemia de viruela mucho antes de que ningún español hubiera asomado por allí el morrión. Otro dato: cuando Hernando de Soto se encuentra con la misteriosa Dama de Cofitachequi, en la actual Carolina del Sur, lo que halla a su alrededor es un poblado convertido en necrópolis por el efecto de las enfermedades. La llegada a las Indias de los primeros niños europeos, con su carga de varicelas, sarampiones, paperas y demás, fue más letal que cualquier ejército. Mientras tanto, las expediciones de Bobadilla, Ovando y Pedrarias, por ejemplo, contabilizaban hasta un 50 por ciento de bajas mortales apenas dos meses después de haber desembarcado, los de Pizarro caían fulminados por infecciones, etc. Los avances de la Medicina en el último medio siglo han permitido explicar numerosos episodios de este género. Es asombroso que aún hoy tantos historiadores sigan renuentes a introducir el factor médico en sus narraciones de la conquista.

    De manera que hubo, sí, una mortalidad mayúscula de indios en América, pero no fue un genocidio. Un genocidio requiere que haya voluntad de exterminio. Eso no pasó en la América española. Pasará después en la América anglosajona, que sí ejecutó proyectos de exterminio deliberado de la población indígena. Esa misma América anglosajona que ahora maldice a Colón y los españoles.


    La verdad de la Conquista

    La conquista española de América, la cruzada del océano, fue propiamente una conquista, es decir, una operación de dominio, de poder, y en su crónica surgen inevitablemente los mismos episodios de violencia, depredación y guerra que en cualquier otra conquista de cuantas la Historia conoce. Pero, al mismo tiempo, fue una empresa guiada por un innegable espíritu de misión en el sentido religioso del término: se trataba de convertir a la Cruz a pueblos que vivían al margen de ella, y por eso en la aventura aparecen elementos tan insólitos como la prohibición de la esclavitud, la protección legal de los indígenas, el mestizaje o la multiplicación de catedrales, universidades y hospitales a lo largo de todo el territorio conquistado. El resultado de todo eso fue un mundo nuevo: un mundo que ya no era el de las culturas amerindias, pero que tampoco era propiamente una España ultramarina, porque la América hispana muy pronto tuvo su singular personalidad. El antecedente más parecido que se le puede encontrar a este magno proceso es la construcción del imperio romano: del mismo modo que Roma creó en Europa un mundo sobre la base de su lengua, sus legiones y su derecho, así España creó en América un mundo sobre la base de su religión, su idioma y su ley.

    Enfrente estaban los indios, por supuesto. Pero también sobre este particular hay que hacer infinitas matizaciones y revisar numerosos tópicos. Los excesos románticos de la literatura indigenista nos han vendido la imagen del pérfido depredador español que llega a las Indias para explotar al buen indio, que dormitaba tranquilamente en la puerta de su bohío. Es una imagen ridícula. Primero y ante todo: los indios son tan protagonistas de la conquista como los propios españoles. Colón jamás habría podido instalarse en La Española sin la aquiescencia de una buena parte de los taínos. Cortés jamás habría conquistado México sin los tlaxcaltecas y otros pueblos aliados, como Pizarro jamás habría conquistado el Perú sin los tallanes, los huancas y los chachapoyas, entre otros muchos. Segundo y no menos fundamental: taínos, tlaxcaltecas, tallanes y demás pueblos aliados de los conquistadores se unieron a los españoles porque estaban siendo salvajemente explotados por los caribes, los aztecas y los incas, respectivamente. Esa era la realidad.

    La estampa del indio que dormitaba feliz a la puerta de su bohío es estrictamente falsa. Las comunidades amerindias, prácticamente sin excepción, eran sociedades muy conflictivas, muy violentas, donde unos pueblos aniquilaban a otros sin la menor contemplación, donde la esclavitud era una institución absolutamente convencional, donde las mujeres –en términos generales- eran usadas como objeto de cambio y donde los sacrificios humanos formaban parte de la vida cotidiana. Todo esto no fue un invento de los cronistas para legitimar la hegemonía española; todos los hallazgos arqueológicos lo confirman. Por eso los pueblos más débiles, los que sufrían la violencia de los más fuertes, se unieron a los españoles de muy buen grado: aquellos sujetos barbudos envueltos en hierro eran su única salvación. La conquista no se sustancia, pues, en un simple esquema “europeos contra indios”. La realidad fue muchísimo más compleja. Y así como hubo algunas poblaciones indígenas enteramente aniquiladas, hubo otras –de hecho, la mayoría- que abrieron la puerta a la conquista y contribuyeron a la radical transformación del continente. Las cosas fueron así. Nunca hubo un genocidio español en América.


    _______________________________________

    Fuente:

    https://gaceta.es/opinion/nunca-hubo...20170906-0954/

  11. #31
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    Re: La gran mentira de la esclavitud y el genocido español en América

    Construyendo puentes entre España y América con María Saavedra

    Por
    Academia Play

    11 septiembre, 2018


    María Saavedra ha sido uno de esos descubrimientos fortuitos en los que se va uno a la cama queriendo saber algo más sobre la persona. La encontramos de casualidad buceando en Internet, escribiendo el guion de un vídeo sobre la emancipación de Hispanoamérica. Fue en YouTube (quien quiera puede teclear su nombre). Quedamos inmediatamente embobados con la capacidad que tiene María para conectar con su audiencia. Escuchar a María es todo un deleite, tanto por la forma como por el fondo. Inmediatamente nuestros esfuerzos se centraron en buscar la manera de ponernos en contacto.

    María Saavedra es licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Obtuvo su doctorado en la misma universidad y trabaja como profesora y coordinadora de los grados de Historia e Historia del Arte en la Universidad CEU San Pablo desde el año 2001. En 2012 ganó el Premio a la Investigación Ángel Herrera y en 2017 el Premio de Investigación Rafael Altamira por su trabajo “El alma española en el pensamiento y los escritos de José Enrique Rodó”. Destacan sus publicaciones La forja del Nuevo Mundo: huellas de la Iglesia en la América española e Indigenismo y evangelización: la primera expansión del cristianismo en América (junto con Javier Amate).


    Muchos países hispanoamericanos ya han celebrado su bicentenario como país independiente. Todavía quedan algunos. Por ejemplo, Perú lo celebra en 2021. ¿Qué errores está viendo que se están cometiendo en estas celebraciones?

    Quisiera decir en primer lugar que los bicentenarios son una excelente oportunidad para tratar con rigor histórico algo que sucedió hace dos siglos: el nacimiento de las nuevas repúblicas americanas. Y a mi juicio, el nacimiento de una nación debe ser motivo de celebración, especialmente cuando ya lleva forjándose como tal a lo largo de muchas décadas.

    El error estaría en dos extremos: hacer hincapié en aspectos que retoman viejos resentimientos contra España, negando la realidad de un hondo bagaje construido en los tres siglos del virreinato, y que forma parte de la idiosincrasia de aquellas naciones, junto con los elementos prehispánicos que perduran. El otro extremo igualmente erróneo es el que cometen aquellos que consideran que no hay nada que celebrar, que incluso siguen hablando de “pueblos traidores”, sin tender puentes hacia lo que deben ser nuestras naciones hermanas.

    En resumen, se debería evitar “hacer sangre” de unos aniversarios, y procurar aprovechar la oportunidad para seguir avanzando en el análisis histórico de aquella época, a la vez que se consolidan todos aquellos aspectos que nos unen, que son muchos.


    ¿Qué tenemos en común los españoles y los países hispanoamericanos?

    Ni la América actual se entiende sin el pasado español, ni España sería inteligible sin los tres siglos en que constituía un todo con los territorios ultramarinos. La Monarquía hispánica fue un inmenso espacio por el que circulaba una lengua, una religión, una cultura, que dejó huella a ambos lados del Atlántico.


    ¿Qué errores cometieron los españoles en la conquista de América? ¿Cree que los españoles se deben avergonzar de su pasado?

    Ese genérico “los españoles” impide un análisis riguroso de lo que sucedió a partir de 1492. Ciertamente, el sistema socioeconómico de la encomienda generó abusos por parte de colonos españoles que iban dispuestos a mejorar su situación, y en ocasiones lo hicieron a costa de un excesivo trabajo de los pobladores indígenas que tenían encomendados.

    Por otra parte, nunca faltaron voces españolas que se levantaron contra esos abusos. Y esas críticas fueron asumidas por la Corona, que trataba de mantener el equilibrio entre la protección a los nuevos súbitos americanos, con la lógica ganancia económica que lleva consigo todo proceso de conquista y colonización. Resultado de esa preocupación es uno de los grandes monumentos levantados por la Corona: Las Leyes de Indias.

    En cuanto a avergonzarse de la propia historia, es algo que los españoles parece que llevamos en la sangre. Nadie debería sentir vergüenza por lo que hicieron compatriotas hace ya siglos. La Historia deja una huella de luces y sombras, y solo son responsables de la misma los hombres que tomaron decisiones y actuaron. En cuanto a calibrar las luces y las sombras del descubrimiento, conquista y colonización de América, es donde hay que ser cautos y tratar con honestidad nuestra historia. Hay una cierta mentalidad en al que solo caben héroes y villanos. Y el hombre tiene muchas más facetas, por lo que la historia también ha de verse desde diversos prismas.

    Pocos países tienen en su pasado una reina como Isabel I, que en los últimos momentos de su vida añade a su testamento un texto pidiendo a sus herederos velar por el buen tratamiento de sus súbditos recién incorporados a la Corona. O unos adelantados de los Derechos Humanos como Antonio de Montesinos, Pedro de Córdoba y Bartolomé de las Casas, por citar algunos de los nombres más populares. ¿Y qué decir de Vasco de Quiroga, con sus pueblos–hospitales, en los que invirtió su fortuna personal para construir la Utopía soñada por Tomás Moro en tierras americanas?




    María Saavedra


    Es común en los países hispanoamericanos creer que antes del Descubrimiento se vivía en una especie de “Arcadia Feliz” en armonía, sin guerras y que los españoles llegaron y cercenaron una cultura avanzada en pleno desarrollo. ¿Por qué existe esta creencia? También otro error es hablar de la cultura indígena como si solo existiese una realidad cultural. ¿Cual era la realidad cultural americana cuando arribaron los conquistadores?

    Ciertamente, no es del todo riguroso hablar de “una América” prehispánica. Eran muchas y diversas las culturas que se asentaban en el solar que hoy denominamos América. En el espacio caribeño habitaban pueblos pacíficos, que tenían que defenderse de ataques brutales por parte de vecinos isleños en busca de esclavos y mujeres.

    En lo que hoy es México, numerosos pueblos se hallaban sometidos a la llegada de Cortés al estado mexica, al que debían tributar en especie, trabajo, y hombres para contentar a sus dioses con los sacrificios humanos.

    ¿Podemos entonces “satanizar” a aquellos pueblos prehispánicos? Claro que no. Pero la Arcadia feliz… no deja de ser un mito que nunca se ha hecho realidad.

    La realidad es que en México y parte de Centroamérica los antiguos pobladores levantaron espectaculares ciudades, desarrollaron sistemas de escritura que aún perduran y poseyeron importantes conocimientos de astronomía y matemáticas.

    En la región andina, una sucesión de culturas que culmina con la Inca, se constituye en un gigantesco estado que logra un control férreo sobre todos los habitantes de lo que se llamaba el Tawantinsuyu y hoy está ocupado por parte de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile… Para mi, una de las grandes realizaciones prehispánicas es precisamente el articulado sistema administrativo inca que permitía un férreo control del territorio y sus habitantes desde el Cuzco. Otra cosa es el precio que tuvieron que pagar los pueblos integrados en ese sistema.


    ¿Se ha encontrado alguna vez gente ofendida tras usar la palabra “Descubrimiento”? A nosotros nos ocurre mucho encontrarnos con comentarios del tipo “América no la descubrieron los españoles, América ya existía, ya estaba descubierta” ¿Acaso no supuso un descubrimiento tanto para los europeos como para los americanos evidenciar que existían otras tierras y otros pueblos al otro lado del Atlántico?

    Las discusiones en torno a la conveniencia de utilizar o no el término “descubrimiento” me resultan bizantinas y estériles. América como concepto no existía en 1492, tampoco cincuenta años más tarde. América se va haciendo a media que se integra en un gran proyecto llamado Monarquía Hispánica. Y este proceso dura muchas décadas. Los territorios americanos se convierten en reinos del Estado Moderno que precisamente “re-nacía” con el proyecto de los Reyes Católicos, que en el tiempo coincide con la llegada de Cristóbal Colón al Caribe. Así pues, entre 1479 y 1550, la Unión de Reinos, proyecto que en parte miraba como modelo la estructura de la Corona de Aragón, se fue incrementando con el aporte de Granada, Navarra, Nueva España, Perú…


    ¿Intentaron los conquistadores españoles y los evangelizadores destruir el legado cultural de las culturas precolombinas?

    La inculturación llevada a cabo en América suponía trasladar el cúmulo de conocimientos y culturas que conformaban el legado greco-romano bañado de cristianismo, y que en 1492 se forjaba como Renacimiento. Con la lógica del momento, los españoles quieren que todos los territorios de la Corona compartan un legado levantado a lo largo de los siglos. Si se podían conservar elementos de las culturas anteriores que no chocaran frontalmente con ese legado, se mantenían.

    Añadiría algo más: las lenguas indígenas en algunos lugares se mantuvieron, precisamente, gracias al esfuerzo de las autoridades por ponerlas por escrito, y en el caso de los misioneros, por la obligatoriedad de aprender esas lenguas para poder evangelizar de manera eficaz a las poblaciones autóctonas. Muchos no saben que en las Universidades se implantaron cátedras de lenguas indígenas.




    Retrato anónimo de Hernán Cortés


    ¿Hubo genocidio en América?

    No. Un genocidio busca la desaparición de un grupo, y traza un plan sistemático de exterminio. España nunca lo tuvo. Y no hay más que mirar la población que hoy habita la parte española de aquel continente, para constatar que no existió genocidio, ni como proyecto ni como actuación.

    La realidad humana de esa América es mestiza. Y si te paras un momento a pensar, en seguida llegas a la conclusión de que genocidio y mestizaje son dos procesos incompatibles.

    Obviamente, hay una excepción clara, que es el espacio caribe, en el que prácticamente desapareció la población original en las décadas inmediatas al descubrimiento. Pero tampoco en este caso podemos hablar de genocidio. Hay muy buenos estudios acerca de cómo el trabajo excesivo al que no estaban acostumbrados y, sobre todo, las enfermedades llevadas desde España, fueron mucho más mortíferas que cualquier instrumento bélico.


    La Corona española protegió al indígena, ¿por qué esta parte se desconoce o se omite deliberadamente?

    Quien la desconoce… ha leído poco y, desde luego, no ha entrado jamás en un archivo que conserve documentación de la época. Y quien la omite deliberadamente, simplemente manipula la historia. La explicación es breve, pero así de contundente.


    Gustavo Bueno decía que el Imperio español fue un imperio generador. ¿Fue así?

    Pienso que es acertado, si consideramos que en esa categoría entra, por ejemplo, el Imperio Romano. Posiblemente es la referencia más adecuada para entender —aunque con las diferencias marcadas por el paso de los siglos— lo que España hizo en América. Tenemos muy claro lo que supuso el proceso de “romanización” para los pueblos del Mediterráneo, y a nadie se le ocurre lamentar que los pueblos que habitaban el solar ibérico se integraran en la sociedad, cultura y sistema jurídico romanos. En cambio, hablar de “hispanización” de los territorios americanos… acaba resultando peligroso.


    ¿Cometieron errores los Borbones en el siglo XVIII para que se empezara a barajar la idea de la emancipación?

    El siglo XVIII es demasiado complejo como para buscar exclusivamente en él las causas del posterior devenir de la historia americana. Un cambio de dinastía, una guerra de sucesión y la pérdida de los territorios europeos son demasiadas realidades que cambian a España en poco tiempo.

    La administración centralista borbónica era muy diferente de la Habsburgo. Pero, además, el mundo estaba en proceso de cambio.

    La expulsión de los jesuitas, decretada por Carlos III “por razones que guardaba en su real pecho”, fue sin duda un error, del que todavía se indagan las auténticas razones. Las consecuencias en América de estad decisión fueron devastadoras. Miles de miembros de la Compañía tuvieron que salir de los virreinatos casi a escondidas para evitar protestas generalizadas. La aristocracia perdía a muchos de sus maestros y de sus familiares. La Corona se ganó en un día miles de enemigos entre la élite intelectual.

    La realidad europea tras la Revolución Francesa y el Imperio napoleónico son sucesos demasiado trascendentales como para no dejar consecuencias en América. La invasión francesa, y una España sin cabeza visible y legítima tras las abdicaciones de Bayona, posiblemente adelantaron un proceso independentista que fue terriblemente traumático y violento. La emancipación tenía que llegar, pero las circunstancias la precipitaron y produjeron una ruptura violenta, abriendo muchas heridas que iban a tardar décadas en cerrarse.


    ¿Cómo puede España combatir su Leyenda negra, tratar de conciliar posturas y buscar un hermanamiento con nuestros socios americanos?

    Los españoles deben leer, fiarse de los documentos, generar un pensamiento crítico que para muchos será liberador, pues les quitará el peso de una carga que han asumido sobre sus hombros: la de llevar a cuestas y de por vida todos los errores cometidos por nuestros antepasados, sin mirar más allá y sin darse cuenta de que a lo largo de la Historia de España son muchas las acciones que deben considerarse como aportes muy positivos en el conjunto de la Historia Universal.

    En el caso de América, basta con conocer las cifras de iniciativas llevadas a cabo por España, en las que se invirtieron muchos e importantes recursos: una gigantesca red de hospitales, escuelas, misiones, catedrales, universidades… configuran un paisaje cultural, educativo y social, que constituyen el legado de la presencia española en aquellos territorios durante los siglos virreinales.




    La forja del Nuevo Mundo: huellas de la iglesia en la América española. Libro de María Saavedra Inaraja, editorial Sekotia .


    ¿Nos recomendaría un par de libros? Nosotros también queremos aprovechar para recomendar su libro “La forja del Nuevo Mundo: huellas de la iglesia en la América española”.

    Estoy segura de que muchos de los seguidores de la plataforma Academia Play han leído ya Imperiofobia, de Mª Elvira Roca. Los que no lo han hecho aún, es una asignatura pendiente. Y para tener la visión de alguien “no nacional”, merece la pena leer a Joseph Pérez, La leyenda negra (Gadir, 2012). Es muy sano aprender nuestra propia historia narrada por voces extranjeras, que cuentan con la distancia emocional a veces necesaria.


    Muchas gracias por atender a nuestras preguntas. ¿Algún mensaje positivo que quiera dar a todos nuestros seguidores hispanohablantes para terminar esta entrevista?

    Gracias a vosotros por contar conmigo para tratar de un tema tan apasionante. Y como mensaje, animo a vuestros seguidores a participar y secundar los actos conmemorativos de los bicentenarios, y aprovechar estos aniversarios para conocer más a fondo nuestra historia común. El ejercicio de festejar juntos el nacimiento de las naciones americanas es enormemente liberador, y permite mirar con rigor el pasado y con esperanza el futuro.




    _______________________________________

    Fuente:

    https://academiaplay.es/construyendo...aria-saavedra/

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    Re: La gran mentira de la esclavitud y el genocido español en América

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Los indios tenían un régimen laboral especial de siete horas diarias durante la época española. En Quito, en casi tres siglos de Monarquía Hispánica, hubo más de cincuenta disposiciones sociales de la Corona para precautelar su integridad física y moral en relación a sus trabajos, y casi medio millar, cuatrocientos noventa y siete en todas las Indias, para ser exacto.

    _________________________

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