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Tema: Los fusilamientos de 1942 en zona Nacional

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    Re: Los fusilamientos de 1942 en zona Nacional

    ROMÁN ALONSO URDIALES, EL FALANGISTA QUE LLAMÓ TRAIDOR A FRANCO EN SU PROPIA CARA



    • Año 1960




    Es una historia desconocida para el gran público, silenciada como tantas otras de la que los periódicos de aquella época no publicaron ni una sola línea. Pero lo cierto es que Román Alonso Urdiales es el único español condenado a cumplir una larga pena de cárcel por llamar traidor a Franco en su propia cara (como se diría vulgarmente, con dos bemoles...).

    Entonces Román tenía 22 años y una carrera de Magisterio recién terminada; ocho meses de «mili» y unas profundas convicciones falangistas. Había ingresado en las Falanges Juveniles en el año 1950. El 22 de noviembre de 1960 en el funeral por José Antonio en el Valle de los Caídos, aprovechando el silencio durante la Consagración en la misa, Román Alonso Urdiales, un militante de las Falanges Juveniles que había mandado el hogar San Fernando de la madrileña Plaza de España, gritó a pleno pulmón: «¡Franco, eres un traidor!».

    Todo el templo lo escuchó. Unos policías, vestidos de falangistas, se arrojaron y detuvieron por error a otro camarada. Román desbarató valiente el error confesando ser quien había gritado. Urdiales fue detenido. Arias Navarro preguntó al rebelde el porqué de su grito, y éste le respondió sin miedo: «Porque yo no vivo del Régimen como usted». Los mandos quisieron ocultar la afiliación de Alonso Urdiales, que pertenecía al Distrito de La Latina. Era hijo de un guardia civil, estaba cumpliendo el servicio militar y acababa de terminar la carrera de Magisterio, como digo. Por el grito fue encarcelado en la prisión de Alcalá de Henares y juzgado en Consejo de Guerra, contando con la defensa del capitán Pedro Martín Fernández.

    En el Consejo de Guerra, y ante una sala de los juzgados militares de la calle del Reloj completamente abarrotada, Román explicaría los motivos de su conducta. «Fui al Valle de los Caídos porque para los falangistas todo lo de José Antonio es como un imán; hay que ir. Con mi grito quise protestar ante la Falange oficial, porque no cumple… Están aburguesados y son pancistas. Y por eso se lo dije al Jefe Nacional. Le llamé traidor porque no cumple con lo que la Falange prometía. La Falange está traicionando su doctrina …».

    Para el abogado Martín Fernández, la actuación de Román Alonso Urdiales tenía que verse «desde el ángulo de la Falange». Su defendido no había insultado al Jefe de Estado, sino que elevó una protesta ante el Jefe Nacional de la Falange, en un acto de entraña falangista al que Franco acudió vistiendo el uniforme de la Falange. «Mi patrocinado protestó ante el Jefe Nacional, bajo el tuteo de la Falange: “Franco, eres…”. Franco es trino de cargos: jefe del Estado, Generalísimo y Jefe Nacional de la Falange. Si los hechos se produjeron dentro de la órbita del partido. ¿Por qué va a ser el Ejército o los tribunales civiles quienes juzguen? No. Que sea la Falange quien sancione y castigue.»

    En otro momento de su intervención, el abogado intentó llevar su defensa por otros derroteros, pero Román se lo impidió. «Mi defensor intentó hacer ver que yo no había llamado traidor a Franco, que yo dirigía mis palabras contra aquellos que le rodeaban. Pero yo me levanté y dije que aquello no era así. Creo que el abogado hacía eso para que me rebajaran la pena, pero yo no estaba de acuerdo con esa defensa.»

    Sin embargo, de nada sirvieron todas las alegaciones que la defensa presentó ante el Consejo de Guerra. Según cuentan quienes vivieron aquellos momentos, Franco no podía permitir que un insulto a su persona -y mucho menos en su presencia- quedara impune. El Consejo de Guerra primero y el capitán general de Madrid después, el general Rodriga, dieron por buenas las conclusiones definitivas elevadas por el fiscal. El Juzgado Militar Especial Nacional de Actividades Extremistas le impuso al joven falangista Román Urdiales por esas cuatro palabras una pena de 12 años de prisión mayor e ingreso en una unidad disciplinaria del Ejército, como autor de un delito de «injurias al Jefe del Estado y a un superior militar».

    De la DGS, Román fue trasladado a las cárceles de Carabanchel y Alcalá de Henares. Una centuria de la Escuela Provincial de Mandos de Madrid, honró al falangista preso, desfilando delante de la cárcel, y saludaron ante el ventanuco de la celda que ocupaba Urdiales. Más tarde, fué llevado a un batallón disciplinario en el desierto del Sáhara: Smara, Hausa, Villa Cisneros y El Aaiún.

    «Allí pusieron junto a mí a dos agentes franquistas, miembros del Servicio de Información Militar, que se hicieron pasar por militantes comunistas. Eran dos tipos muy preparados y me engañaron. Quizás ahora me hubiera dado cuenta antes de quiénes eran en realidad. Pero, en aquel momento, me creí que eran lo que decían e, incluso, me hice amigo de ellos. No obstante, un día me percaté de que no eran sino dos policías … Algún día contaré cómo me di cuenta de ello. Luego, estuve dos veces en el pelotón de castigo; por dar la cara. Aquello fue realmente terrible. Porque si ya era duro el batallón disciplinario, aquello era mucho peor aún…».

    A finales de 1965, Román Alonso Urdiales recobraba la libertad. Había cumplido cinco años de condena y, finalmente, había sido uno más de los beneficiados por el llamado «Indulto del Papa». «Cuando recobré la libertad estuve tres años y medio sin encontrar trabajo alguno. Sobre mi se cernió un boicot total. Y los amigos -esos amigos por los que yo hubiera dado la vida- me negaron su ayuda. Fui a visitar a muchos de ellos, algunos directores de grandes empresas. Pero ninguno me echó una mano. Supongo que fue por el miedo, por las presiones de la policía. Pero todos ellos me dieron la espalda».

    Al mismo tiempo, el estigma del condenado político rodeó todos sus movimientos, alargando en la vida cotidiana los horrores de su período de encarcelamiento. «Al volver a mi casa, se presentó la policía y advirtió al portero del edificio que yo había estado detenido y que acababa de salir de la prisión. Y el portero lo fue diciendo piso por piso, previniendo a los vecinos de mi presencia, sin explicar los motivos por los que había sido condenado, y creando una atmósfera hostil en torno a mí, como si yo fuera un delincuente».

    Al final, se vino abajo. Las secuelas de los padecimientos soportados en el batallón disciplinario saharaui y el boicot que tuvo que padecer en su vida profesional le acarrearon serios perjuicios para su salud, que quedó seriamente quebrantada. Y el 16 de enero de 1976 Román Alonso Urdiales fue internado en un psiquiátrico, en donde permaneció durante algún tiempo...


    Última edición por jasarhez; 14/01/2013 a las 23:48
    Pious dio el Víctor.

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