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Tema: Razón de la INQUISICIÓN

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    Razón de la INQUISICIÓN

    Razón de la Inquisición


    Vicente Palacio Atard






    PRÓLOGO:
    No confundamos los términos “dar razón” no significa “dar la razón”, son cosas diferentes correspondientes a dos planos distintos de la actividad intelectual.
    Dar o quitar la razón (a una persona o institución) emite un juicio. El que da razón de algo (sea un acto humano o un mero sujeto físico) no juzga, explica.


    Aquí pretendemos esto último, comprender el hecho histórico de la Inquisición española, institución tan traída y llevada, generalmente denigrada y ultrajada con la torpe cerrazón de la que están provistos los diversos detractores de todos los tiempos.
    Este es un propósito de HISTORIADOR, dar UNA EXPLICACIÓN, breve, de este suceso de la Historia española basado en los informes de la INVESTIGACIÓN HISTÓRICA.


    Abandonaremos el camino sembrado de gamoñería y prejuicios que sólo sirve para incrementar la ignorancia, la desorientación y la discordia que tanto perjudica las inteligencias.
    Como humano el autor está sujeto a emociones fruto de su sensibilidad particular pero consciente de ello le impiden lograr la RAZONABILIDAD del fenómeno histórico, fenómeno que puede comprenderse al margen de las filias o fobias previas.
    La obra no pretende alterar dichas querencias o posiciones afectivas previas sino más bien a ver históricamente con más claridad el tema planteado y lo que inicialmente se consideraba obra de hombres semidemoníacos (o semiangélicos, que de todo hay) parezca sencillamente ahora obra de HOMBRES, a secas, éste es el terreno firme para la Historia.




    EL AMBIENTE DE LA POLÉMICA.
    La Inquisición española, lugar de la Historia donde se citan todas las diatribas, por virulentas o fantasiosas que sean, lugar al que concurren los mayores entusiasmos para denostar o enaltecer el suceso histórico.
    Tanto los que vituperan como los que alaban proclaman que hablan con la voz de la Historia. Pero enseguida se ve qué hay tras su discurso. ¿Historiadores? NO simples propagandistas doctrinarios que movilizan, para adoctrinar, ciertos materiales de la Historia, aprovechándolos parcialmente aún a costa de falsearlos.


    Sabemos que la Historia puede proporcionar para todos los gustos, medias verdades que son las más solemnes de las mentiras, las más peligrosas mentiras, porque se dan falsificadas entre la verdad. Los polemistas con su pasión encendida han sembrado de confusión la Historia para contentarse con verdades a medias.


    A la Inquisición española, buen tema de polémica, no le faltan elementos dramáticos: amores y odios, víctimas y verdugos, buenos y malso, pecado y santidad. ¿Acción?, la acción discurre entre recursos formidables y buena escenografía: las luchas del alma ante los poderes externos que intentan atenazarla, la salud moral de un pueblo, los movimientos de masas, las procesiones, los autos de fe, el vervor y la devoción populares.
    Los personajes entran en escena rebosantes de individualidad: Torquemada, Felipe II; Bartolomé Carranza, Antonio Pérez, Francisco Sánchez de las Brozas, … Es fácil representar la comedia. Los polemistas han alzado el telón y …


    Eso sí, la comedia se repite con títulos y nombers diferentes, es el signo de la propaganda. Voltaire -maestro de propagandistas- sabía que el éxito consiste en decir siempre las mismas cosas, de modo simple, pero de forma diferente.


    Cuando se trata de la Inquisición los autores se plagian, con descaro, unos a otros. Los mismos personajes, idénticos lugares comunes, dichos de mil maneras, pero, cosa rara, a veces los papeles aparecen invertidos. La víctima inocente de una comedia resulta en otra un malhechor vulgar, el déspota ominoso y cruel, sediento de sangre y venganza, se torna, de pronto, en un juez misericordioso y clemente.


    No es la Inquisición española sino la SOMBRA de la Inquisición la que se ha proyectado con artificio de lumintecnia por los polemistas. ¡Qué hábiles manejando las luces! Alargan las sombras, las encogen, las superpoen, inventan toda clase de efectos y ya está el juego hecho. Pero siempre que se trata de fantasmas nos topamos con sombras. El espectador, si ha sido ganado por tanta destreza aplaude ¿Se habrá dado cuenta del truco?




    INQUISICIÓN Y LEYENDA NEGRA.
    Trucos de luces y sombres hábilmente proyectados, con apasionado afán de granjearse adhesiones, al servicio de la propaganda política o religiosa, ésta ha sido la imagen, la sombra, de la Inquisición española durante mucho tiempo, vertida por oradores, literatos, poetas y artistas. Pronto iniciaron su tarea. Ya a mediados del XVI, Rinaldo González Montes, fraile apóstata, huído de España, publicó en Alemania unas Inquisitionis hispanicae artes, tendenciosamente editadas para sembrar el espanto y el odio hacia una religión que admitía la crueldad como nomra, que rebajaba con sus persecuciones la dignidad del hombre.
    También en el XVI escribe Luis del Páramo “De origine et progressu Sanctae Inquisitionis” y el cuadro cambia, lo que para González Montes era la antesala del infierno, Páramo lo transforma en la puerta del Cielo.


    Durante el XVII y XVIII se va tejiendo la Leyenda Negra Antiespañola. En esa época triunfa en Europa un estilo de “modernidad” contra la que España ha luchado. ¡Ay de los vencidos!
    España vencida, debe pagar no sólo con su hacienda desecha, con sus tierras desmembradas, tiene que pagar también con su fama y la Leyenda Negra es la INJURIA que OFICIALMENTE consagrarán sus enemigos para que España pague moralmente el delito de haber propuesto al mundo otro estilo, otra modernidad, otra manera diferente de entender la vida del hombre y el orden de las sociedades europeas.
    Y la Leyenda Negra todo lo ensucia y cubre la Historia. Una de sus partes es la Inquisición. ¡Qué buena pieza para la PROPAGANDA antiespañola! Y además … por entonces, los hombres reprensentativos de la Europa que triunfa son también anticatólicos.


    La Inquisición les proporciona un doble objetivo: atacara a España y a la Iglesia Católica al mismo tiempo.
    Serán Felipe Limborch, Pedor Bayle, Voltaire, sus amigos y corifeos, los que militan en el mismo frente y escribirán en los mismso términos sobre la Inquisición:
    “Tribunal sangriento, monumento afrentoso del poder monacal, arsenal del despotismo y del dolor, antro de la venganza, … “
    Pero ¿es cierto? ¡Qué importa! Nadie se molesta en comprobarlo, basta con conservar las apariencias de verdad para que sirva al torvo objetivo.
    Oyendo estas cosas las gentes abominarán del pasado nefando y se entregarán, esperanzadas, a ese porvenir que se acerca, codiciosas de una felicidad que sólo parecían vedar los hombres del poder monacal y el despotismo monárquico.


    Por supuesto no faltan los que vindican el nombre del Santo Oficio en ese tiempo. Se publica (1788) una “Defensa crítica de la Inquisición contra los rpincipales enemigos que la han perseguido y persiguen injustamente” su autor Rafael Melchor de Macanaz que había topado con la Inquisición en 1714 cuando el Santo Oficio condenó un escrito suyo (“Pidimento de los 55 artículos”), dándose el caso sorprendente (y muy propagandístico) de que el papel de abogado lo ejerza una “víctima” del Tribunal Inquisitorial.





    POLEMISTAS, LIBERALES Y ANTILIBERALES.
    Cuando se abolió el Santo Oficio surge nuevo debate, se escribe mucho y mal. La publicística del tiempo, encubiertos los autores de anonimato y seudónimos, desta una feroz campaña de violencia hostil.
    Antonio Puigblanch, con La Inquisición sin máscara (Cádiz, 1811) proveerá a los detractores de datos y argumentario que tomó de escritores ultrapirenaicos.
    En 1812 verá la luz en Madrid un libelo: Cornelia Bororquia, editado antes en Bayona, es un cúmulo de suciedad y engaños no exento de disparates. Es la tónica libelística corriente en la época.


    Tan burda y escandalosa resultaba que a Juan Antonio Llorente le repugnaba y quiso revestirla de más dignidad y compuso la Memoria histórica sobre cuál ha sido la opinión nacional sobre la Inquisición y los Anales de la Inquisición de España.
    Su propósito no era objetivo, como él mismo confiesa, sino destinado a demostrar la nulidad e insuficiencia de la violencia inquisitorial para extinguir las herejías, su injusticia y contradicción con la doctrina del divino fundador del cristianismo.
    Propósito al que sirvió con fanatismo, fervor y tenacidad echando mano de todos los recursos imaginativos, sin escatimar la ficción, el error o las cuentas amañadas. Llorente no escribió para demostra la verdad, sólo su verdad, la suya particular.


    Y Llorente ha nutrido el conjunto de la literatura de la historia antiquiinsitorial del XIX que abrevaban en su rico venero de improperios y datos espeluznantes, aunque falsos o ficticios.
    Los románticos y liberales saciaron allí su sed de emociones y se espantaron con el número de víctimas, el olor de la chamusquina de las hogueras, con tanta carne quemada y los horrores del despotismo, de la intransigencia, del fanatismo, de los odios y venganzas de los hombres, no falta, obviamente, el cuadro de inocentes acusados y de pobres viudas perseguidas.
    Luego en la época del apogeo positivista había ocasión de meditar sobre los ddatos e los daños de los tiempos obscuros, obscurecidos por el influjo de una religión anticuada y uno se sobrecoge con tanto prejuicio padecido por la ciencia y el saber.
    Fiel representante de esta tendencia y época es Rafael Sabatini con su Torquemada y la Inquisición española. Donde arimaría que en vano fue que la Iglesia se esforzara en reprimir el pensamiento y ahogar la ciencia, que atacando a sus fundamentos revelaba los erroees de las concepciones cósmicas e históricas sobre las que ella fundaba su teología.
    Injuriará al Papa y a la Iglesia y recordará, insidiosamente, con tóna de benévola comprensión, todas las imputaciones que se hacen contra la Iglesia:
    la condena de Galileo,
    la paradoja de la Iglesia del amor que predica la matanza de infieles al creerse poseída de la verdad exclusiva.
    Etc. etc.


    Más ramplonas y con menos éxito fueron otras obras del XIX como la de Julio Melgares: Los Procedimientos de la Inquisición que recogía todos los tópicos liberales y anticlericales. Para muestra un botón: “el clero inquisitorial y frailuno, que alcanzó poder inmenso y riquezas incalculables en España durante los XV-XVIII, fue un clero vicioso y fanático, sensual y avaro; clero incapacitado, por tanto, para practicar el bien y adminsitrar jusitica”.


    No le falta razón al fraile autor del Duelo de la Inquisición (1814) cuando escribía: “a pesar de habese extinguido el Santo Oficio aún se respira contra su memoria, como si estuviese aún ejerciendo sus funciones. Prueba evidente del rencor y odio que se le tenía se funda en otros principios de los que se han alegado”.


    Los datos de Llorente eran artículos de fe, pero afortunadamente no para todos los historiadores de su tiempo, así el padre de la historiografía moderna alemana: Leopoldo von Ranke los criticó y desconfió de ellos. Cuando las tergiversaciones de Llorente se hicieron insostenibles, la polémica anticatólica tomará vigor de nuevo con las aportaciones del publicista norteamericano Henry Charles Lea que rectificará errores de bulto de Llorente, pero con iguales o mayores prejuicios que éste.
    Lea escribe con dos propósitos preconcebidos bien definidos denunciar la intransigencia fanática del catolicismo que no repara en el crimen.
    De sus páginas surge un torrente de sangre inocente, martirizada por un tribunal oprobioso. Al comentar su Historia de la Inquisición de España el conocido historiador protestante alemán, C Haebller dice que “la obra de Lea se encamina a echar en cara a la Inquisición el más voluminoso registro de crímenes que sea posible, pero como ya no podían mantenerse en la forma acostumbrada hasta el presente todos los reproches de crueldad, ansia de persecución y opresión de la inteligencia se acumulan otra serie de pequeñas incidencias para ratificar aquellos puntos de vista … con el objeto de representar la imagen de la Inquisicón de la forma más repugnante posible”.


    Lea estaba convencido de que todos los prejuicios antiisraelitas entre los pueblos civilizados modernos tenían un único responsable: la Iglesia Católica. A denunciar esta responsabilidad dirigió su copiosísima obra, obra gigantesca e inútil para la Historia pero un buen depósito para los discutidores de oficio que respostan noticias y razones en pro de sus prejuicios.


    Tampoco en el XX han faltado los seudohistoriadores quen continúan la línea de Llorente, Sabatini o Lea. Generalmente con menos garbo que los maestros.
    Th Hope publicaba librejos como Torquemada, el azote de los judíos que desconociendo las noticias aportadas por la Historia objetiva de las últimas décadas, repite los ecos, ya tan oídos, de sus mentores.
    La obra de Sabatini aún se reedita y vende en 1927, 1937 …) siempre hay lectores fáciles para los novelones truculentos. Pero la historia de los polemistas sin historia se ha degradado hasta el punto de no servir ya de pasto más que a lectores gustosos de folletines chabacanos.





    DEFENSORES DEL SANTO OFICIO Y LOS QUE QUIEREN IGNORARLO.
    Como todo ataque provoca una reacción, una defensa, la ofensiva liberal generó una no menos tenaz y encendida defensa de la Inquisición española.
    A la publicística antiinquisotorial de las Cortes de Cádiz se oponen las Cartas Críticas del P. Francisco Alvarado (El Filósofo Rancio, 1824) con múltiples elogios a la institución y duelo por su “extinción”, escritos apologéticos de españoles y foráneos como José de Maistre (y sus Cartas a un gentilhombre ruso sobre la Inquisición española).
    Esta actitud defensiva reivindica los ultrajes que se propagan contra el Santo Oficio y no replican a la injuria con la injuria. Tratan de jusfiticar el Tribunal y de abogar por su conservación histórica, identificando Inquisición con Religión.
    El peligro de tal identificación no pasaría desapercibido.
    José Hefele (1844, El Cardenal Cisneros y la Iglesia española del XV) subraya el carácter laico de la institución, no era un tribunal eclesiástico ni un órgano de la Iglesia universal sino una institución estatal en que ni la Iglesia ni la Religión tienen que verse implicadas en las estimaciones históricas que merezca el discutido tribunal. Todos los erroes y defectos se imputarán al Estado español.
    Esta distinción no agrada a muchos apologistas españoles como Ortí y Lara que considera la Inquisición una obra maestra de la sabiduría de los pontífices y reyes, inspirados por el mismo Cielo atribuyendo al Santo Oficio la gloria de todos los éxitos hispanos.


    Menéndez Pelayo pone el punto final a la línea polémica de los católicos y pone las bases para una mejor comprensión de la Historia de la Inquisición.
    Desde Menéndez Pelayo los defensores del Santo Oficio abandonan el terreno de las discusiones bizantinas para ir al DATO OBJETIVO, a la crítica histórica y evidenciar los FRAUDES de los adversarios.


    Es curioso que, aún hoy, muchas diatribas antiinquisitoriales provengan de católicos extranjeros. Quieren desabmarazarse de ella con el pretexto de que el Santo Oficio no es una consecuencia recta y necesaria de los principios que informan el catolicismo sino una invención del obscurantismo español por lo que denuestan al Tribunal.
    Es decir, la Inquisición hace daño a la propaganda católica y es más práctico arrebatar al enemigo ese caballo de batalla declarando que es producto del obscurantismo español. Así defienden la religión pero atacan a España lo que no es mal recibido en medios foráneos.
    Así matan dos pájaros de un tiro, como L. Cristiani para quien la Reforma católica choca, en el XVI, con un principio opuesto la Contrarreforma que pretendió la paralización del pensamiento católico consecutiva al terror a la herejía.


    Evidentemente la Religión no tiene que cargarse con la responsabilidad particular de una institución religiosa, pero mejor que inventarse una Contrarreforma a la medida de la Inquisición, distinta de la verdadera reforma católica sería comprender el Tribunal español en el ambiente espiritual y social de su tiempo.
    Mejor que presentar una página de obscurantismo es más honesto, más serio reconocer los excesos y errores que puedan ocurrir en el desenvolvimiento de ciertas instituciones humanas de esa verdadera Reforma católica del XVI de la que participan tanto la Inquisición Española como el Concilio de Trento, muy celebrado, com debe ser, por Cristiani ya que fue piedra angular de la Reforma católica y que se debió, precisamente, a la participación directa de muchos inquisidores espaloles.
    No se explica porqué Cristiani no coloca a Paulo IV en la misma línea “contrarreformista” al menos que a la Inquisición española ¿Tal vez porque el antiespañolismo de dicho Papa le hace más simpático?

    Hay grandes dificultades para conciliar actitudes de los mismos hombres que llegaran a resultar contradictorias porque se inscriben en ambas tendencias opuestas salvo que la oposición sea una invención a la medida de las conveniencias de los autores del momento.
    Así para encontrar ejemplos de tendencias de “paralización del pensamiento católico en el XVI ” Cristiani no tenía que molestarse en pasar los Pirineos para echar mano, precisamente, de la Inquisición española. Podía haberse quedado en Francia desde donde escribe y recordar las listas prohibitorias de libros de la Soborna, mucho más copiosa e intransigente, aunque menos eficaces que las de la Inquisición. Algo que Cristiani reconoce, de pasada y sin darle importancia en otra página de su obra.


    ¿Hay que insisitir en la poca fiabilidad de los escritos polémicos para comprender la verdad?
    ¿Hay que advertir los peligros de error a que inducen las generalizaciones históricas como la estimación en bloque de la Inquisición?

    ¿Los que atacan, los que defienden, los que quieren desembarazarse de ella, cualquiera que sea su buena o mala intención, no son escamoteadores de la verdad?





    ¿ES POSIBLE COMPRENDER LA INQUISICIÓN SIN POLÉMICAS?
    En el XVIII cuando la institución aún estaba vigente un grupo de hombres se propuso desacreditarla para conseguir abolirla. Como dice un contemporáneo se desató una tempestad seguida de truenos, rayos y centellas contra el tribunal. Pero abolido el Santo Oficio no dejaron en paz su recuerdo.
    Los liberales decimonónicos, herederos de legado de diatribas anteriores continuaron clamando de forma injusta a veces, otra calumniosa, pero pocas veces veraces.


    La Inquisición parece banderín para la propaganda que aún se airea contra España o contra la Iglesia Católica. Los defensores no siempre estuvieron libres de exageraciones, aceptaban la lucha en el terreno que les planteaban los adversarios, sin fijarse en si estaba adecuadamente planteada. La iniciativa correspondía a los atacantes.


    Así la Inquisición fue discutida, zarandeada, pero ¿Qué se sabía de la Inquisición? ¿Qué pruebas documentales había?
    Ciertamente los documentos son numerosos, no escasean los archivos ni las fuentes históricas para estudiarla, al contrario, son abundantísimas y muy completas. Pero tampoco en el XIX se hizo uso de ellas, se remitían a la documentación exhibida por Llorente, varios cientos de documentos.

    Sólo el Archivo Histórico Nacional de Madrid conserva varios miles de legajos. Así pues, se discutía sobre lo que se ignoraba. Únicamente la intención subjetivga al servicio de una doctrina movía el ánimo de los plemistas y discutidores.





    LOS FONDOS DOCUMENTALES TIENEN AHORA LA PALABRA.
    Hastos de tanta palabra huera algunos investigadores, católicos y protestantes principalmente, se dirigieron, por fin, a los archivos. Hay numerosísimos documentos procesales completos, un número casi infiinito de expedientes, memoriales, informaciones, libros de pleitos, cartas, correspondencias oficiales y oficiosas, privadas y públicas. Allí están los nombramientos de los inquisidores y de todos los empleados -laicos o eclesiásticos- de la Inquisición.
    Están los libros de hacienda y de cuentas bien detallados, los informes médicos, las relaciones de los alimentos y medicinas, los informes diplomáticos, …


    Por la riqueza documental que se conserva de la Inquisición española es una de las instituciones históricas que mejor ueden ser conocidas, basta estudiar los fondos archivísticos.
    Además la documentación ofrece una doble ventaja:
    - absoluta sinceridad, son papeles secretos que ahora se muestran en todo su realismo, y
    - gran minuciosidad de detalles que permiten conocer la vida del sujeto histórico en sus más pequeños detalles.


    En vez de discutir sin pruebas o con unos pocos testimonios originales, los historiadores modernos prefieren exhumar los papeles que encierran la huella directa de la Inquisición.





    LOS SENTIMIENTOS PUEDEN ENGAÑAR.
    Hoy se conoce documentalmente la Inquisición, mucho mejor que en el XIX y pese a que todo el testimonio documental está visto, ni siquiera explorado se ha señalado el camio de la investigación y algunos campos acotados se han trabajado bien. Se ha dado un paso primordial para conocer, y por tanto, comprender la Inquisición.


    Pero no es suficiente, si a la documentación extensísima nos acercamos para pedir pruebas que avalen nuestros prejuicios o sentimientos subjetivos, poco bueno podrían obtenerse. Si lo que interesa es condenar, o absolver, al Santo Oficion nada tiene que hacer la Historia en dicho juicio y el que así lo haga será un juez bastante menos sereno que los inquisitiorales de los que se hace cuestión.


    Para comprender la Inquisición hay que deponer el ánimo polémico y percatarse que la insititución no es, en sí misma, ni buena ni mala. No es una institución de derecho divino, sino HUMANA, por tanto, imperfecta.

    Para comprender la Inquisición española no debemos olvidar que los abusos e imperfecciones son propias de toda institución humana, con sus defectos y equivocaciones.


    Aunque hoy no nos agrade, incluso repugne, la Inquisición fue RECLAMADA y ADMITIDA por la sociedad de su tiempo, si a nosotros nos displace que hombres de otras épocas difirieran de los modos actuales de pensamiento y vida pues quedómonos con nuestros gustos, no se trata de hacer estimaciones comparativas.
    Si estamos absolutamente satisfechos de nosotros mismos y de nuestro tiempo, podemos continuar disfrutando de nuestra satisfacción. La Inquisición no nos perturbará.
    ¿Que añoramos ahora las normas de vida de entonces? Conservemos tales añoranzas no obstruyen el examen del pasado.


    Para explicar y entender la Inquisición española basta un poco de Historia y un poco de voluntad, aquélla acercará hsta nosotros la verdad de lo que el pasado fue, ésta nos evitará dejarnos dominar por nuestros sentimientos.





    LOS LUGARES COMUNES.
    Para iniciar el camino pedimos abandonar no las simpatías de cada uno, sino la enojosa carga de los lugares comunes. Lugares comunes que son el abecé de los engaños de que se nutre la credulidad de las gentes.


    Tal vez la mejor introducción por los ámbitos inquisitoriales sea la proporcionada por Alfonso Junco: “lector, el autor te invita, cualquiera que sea tu credo, a no ser crédulo. Te invita, cualquiera que sea la configuración de tu cabeza a no dejarte tomar el pelo”.
    Veámos los tópicos más manidos:
    CONCIENCIAS VIOLENTADAS E INTOLERANCIA.
    La Inquisición forzaba las conciencias obligando a la gente a hacerse católica.

    La verdad histórica es que la jurisdicción del Santo Oficio solo incumbía a los católicos bautizados para que no apostataran. Se perseguía la herejía, la “herética pravedad” es decir la TRAICIÓN a la fe declarada, la apostasía, no la profesión de una fe diferente a la católica.
    Los documentos dicen que se hacía “inquisición (investigación) sobre los delitos de herética pravedad y apostasía.
    No se procedía, no podía procederse, contra los nativos americanos, ni contra protestantes, ni judíos (salvo que hicieran apología de sus credos que arrastraran católicos a la prevaricación).


    Por ejemplo en 1569 al establecerse la Inquisición en América su Instrucción nº 36 dispone: “Item, se os advierte que por virtud de vuestros poderes no habéis de proceder contra los indios de dicho nuestro distrito … es nuestra voluntad que solo uséis dellos contra los cristianos viejos y sus descendientes y las otras personas contra quienes en estos reinos de España se suele proceder; y en los casos que conociéredes iréis con toda templanza y suavidad y con mucha consideración ...”


    Es estatuto de los protestantes extranjeros quedó definitivamente fijado en los capítulos de 1628:
    “los que se halle en tránsito por España no serán molestados bajo ningún pretexto, no dando escándalo”


    De ningún modo se obligaba a los exranjeros a entrar en las iglesias, ni hacer reverencia en la calle al Santísimo Sacramento y se les permitía, para su uso personal, disponer de cualquier libro, aún los que destruyan los fundamentos mismos de la religión católica y promuevan la herejía.


    NO es cierto que el Santo Oficio castigara a judíos y moros, porque su fin erra perseguir FALSOS CONVERSOS, (marranos o moriscos, es decir a Cristianos nuevos que juidaizaban en secreto aunque públicamente lucían como cristianos) respetando a los que conservaban sus tradiciones abiertamente sin falsa conversión.




    INTOLERANCIA RELIGIOSA.

    Los que dicen tal cosa no recuerdan, o no quieren recordar, que la España medieval (hasta el XIV) es un país ejemplar en que conviven tres religiones (católica, judía y musulmana) en la misma sociedad.
    La tolerancia medieval es una CONVIVENCIA con otras religiones, NO una carta blanca para la APOSTASÍA, que en España, com en muchos otros pueblos cristianos era castigada desde el XII.


    Tampoco se quiere recordar que en el XV y gran parte del XVI (cuando se pone en marcha la Inquisición y tiene su apogeo) no hay en NINGÚN PAÍS DE EUROPA tolerancia religiosa de ningún tipo.
    Según Meéndez Pelayo en el XVI “todo el mundo creía y todos eran intolerantes”.
    Católicoos y protestantes son intolerantes (Férrea dictadura de Calvino o Isabel I de Inglaterra) y por la intransigencia generalizada hay guerras de religión, y son esas guerras civiles las que hacen nacer en cada nación cierto espíritu de tolerancia, de convivencia (Francia finales del XVI, Inglaterra mediados del XVII, Alemania, etc.) pero en España NO hubo guerras de religión, en gran parte gracias a la labor eficaz de la Inquisición.


    HORRIBLES TORMENTOS.
    La Inquisicón aplicaba tormentos horribles.


    Cierto, pero también lo es que no eran menos horribles los tormentos que aplicaban los demás tribunales civiles de su tiempo en toda Europa.
    Tortura y muerte en la hoguera eran, desgraciadamente, cotidianos en los sistemas procesales y penales vigentes en la Europa de la época. Pedir que la Inquisición se sustrajera a su tiempo es pedir un anacronismo.
    Los tribunales del XV al XVIII empleaban, en el mundo de Occidente entero, el tomento como medio de prueba. Muchos tribunales civiles tenían en uso tormentos sangrientos (garfios, fuego, etc.)


    La Inquisición aceptó los métodos estándar de sut tiempo pero al ser un nuevo tribunal HUMANIZÓ los mismos pues PROHIBIÓ los que provocaban derramamiento de sangre, producían mutilaciones o daños físicos perdurables.
    Consintió ciertas torturas que causaban dolor agudo pero momentáneo sin secuelas graves.
    Lo que dice la Historia, la documentación de los cientos de procesos investigados, es que la Inquisición usó tres clases de torturas, ni una más:
    - cordel, consistía en orpimir los brazos con anillos (torniquetes) que se apretaban más y más.
    - agua (muy ocasionalmente combinada con potro) al reo sujeto de pies y manos se le vertía agua en un lienzo aplicado a la garganta provocándole una violenta sensación de ahogo.
    - garrucha, aplicada en muy pocos casos. Llamada también izamiento, se suspendía al reo en alto por los brazos y se le dejaba caer de golpe hasta casi el suelo.


    Y hay que precisar:
    - no se le aplicaba tormento a todos los procesados. En los diez primeros años de Inquisición no hay ni un solo caso conocido de tortura.
    - la tortura fue un último recurso de prueba si el examen oral era insuficiente y solamente se usó en contadas excepciones.


    Precisamente por ser un tribunal nuevo pudo no asumir las costumbres de la época y presentó ciertas novedades humanitarias en el uso de la tortura procesal en relación a los coétaneos tribunales civiles, así se prohíbe:
    · la repetición de la prueba aflictiva.
    · se requiere una declaración médica que certifique la salud y tolerancia física del reo a la prueba.
    · se obliga a todos los jueces a presenciar el acto de tortura.


    Sobre el tormento dice la Instrucción 48 de Valdés: “el tomento … por la diversidad de las fuerzas corporales y ánimos de los hombres, los derechos lo reputan por frágil y peligroso, y en que no se rpuede dar regla cierta más de que se debe remitir a la conciencia y arbitrio de los jueces, regulando según derecho, razón y buena conciencia”.


    Y en la Instrucción 49 se manda que: “el reo sea advertido particularmente de las cosas sobre que es puesto a cuestión de tormetno” y “que la asistencia de tormento sea justificada y procediendo legítimos indicios”.


    Con razón el investigador protestante alemán, Schäfer, copara, ventajosamente, en esto del tormento a la Inquisición respecto de los tribunales ordinarios de Alemania en el XVI.


    Th Thorpe (detractor de la Inquisicón) se ve obligado a declara que la crueldad e inhumanidad de los métodos inquisitoriales solamente lo son para la mentalidad de los hombres del XX y que sus condenas a la hoguera, o el uso de tortura, no llaman la atención de ninguna forma en el XV … durante el mismo período, la condena por alta traición
    - en Francia es hervir vivo al acusado,
    - en Inglaterra por igual crimen un hombre es mutilado, colgado, descuartizado por caballos, y su cuerpo, aún vivo, cortado en pedazos, condanas que siguieron imponiéndose aún en pleno XVIII.
    - la última bruja es quemada viva aún en el XIX.


    Juzgar la Inquisición medieval (u otra obra o institución) con normas o criterios del XXI es además de injusto un síntoma de ceguera y estupidez. Podemos pensar que en un futuro nuestro propio sistema penal actual parecerá tan inhumano y bárbaro a los historiadores del futuro como el inquisitorial a nosotros (y no entramos en casos como presos de Guantánamo, o que los humanitarios y tolerantes británicos aún a inicios del XX seguían asesinando a un irlandés por el delito de tener una gallina, eso sí, sólo si era católico).


    CÁRCELES INQUISITORIALES.
    Mucho se ha mentido sobre ello. Hasta el punto que el fabulador y enemigo mortal de la Inquisición Llorente tuvo que rectificar y reconocer que: “eran buenas piezas, altas, sobre bóvedas, co luz, secas y capaces de andar algo”

    Hoy se conocen bien por los estudios monográficos que abarcan el régimen penitencial de la Inquisicón. Había celdas individuales o plurales, los penados tenían cama, sábanas, mantas, almohadas, etc. En las celdas había alguna silla, incluso mesa. Se facilitaba el recado de escribir.
    El médico visitaba regularmente las cárceles.
    En los libros de raciones figuran, minuciosamente anotados, los manjares servidos a los presos y su coste. Los presos podían regular su ración a gusto (si no excedía el coste normal). Ordinariamente tomaban pan, vino, carne y leche. Amigos y familiares podían facilitarles alimenatción extra.
    Hay pruebas fehacientes de que las quejas promovidas por los presos eran atendidas, en ocasiones contra los alcaides que descuidaban la comida de los presos.


    MATANZAS EN MASA.

    Llorente, el enemigo de la Inquisicón presenta cuentas amañadas, sin el más ligero fundamento.
    En un apéndice de sus Anales, para los primeros 25 años de acción inquisitorial da las siguientes cifras: 13.460 quemados en persona, 7.980 en estatua, 141.011 penitenciados.
    En su Historia Crítica … repite y amplía ese cómputo extendiéndolo a toda la exitencia de la Inquisición, más exactamente al período de 348 años (1481 a 1808) con unas cifras totales de: 31.912, 17.759 y 291.450 respectivametne.
    Y es en estas cifras en que se apoya la Leyenda de Sangre con que se ha teñido en el XIX el recuerdo de la Inquisicón. Pero ¿Son ciertas?


    Ante este imaginario cómputo habría que calcular el número real de condenados. Lamentable algo imposible. De las primeras actuaciones (probablemente las más rigurosas) no hay documentación total para hacer el cómputo definitivo. Sólo caben conjeturas.


    El protestante alemán Schäfer califica de ridículos los datos anteriores y calcula que para los protestantes un cómputo adecuado sería: 220 sufrieron pena capital (12 quemados vivos) se conocen algunos casos particulares, no se puede decir más (con base documental, histórica).


    Aunque no podemos dar la cifra real exacta sí podemos desmantelar las triquiñuelas de los cálculos de Llorente (en que se basan la mayoría de detractores de la Inquisición):
    Para computar los primeros 28 años, Llorente dice apoyarse en un texto de Mariana, otro de Bernáldez y en una inscripción de Sevilla.
    Veamos. Junco y otros demostraron que el texto de Mariana está falsificado, igual que el de Bernáldez. Para colmo la inscripción de Sevilla es insegura.
    En el dilatado período de 1524 a 1744 (más de dos siglos abarcando un Imperio en que no se ponía el sol, de Madrid a Singapur, pasando por Filipinas, Cuba, Sudamérica, Norte Europa, Nápoles, Sicilia, etc. etc.) incluye 17.546 condenas a muerte de las que Llorente no aporta prueba alguna.
    En todo momento sus cifras carecen de base, y las únicas que dan son falsificadas.


    Junco y otros investigadores concluyen: “el fraude, la arbitrariedad, el absurdo capricho, presiden toda esta hidrópica contabilidad de víctimas ilusorias. Disponiendo Llorente de copiosísimos archivos inquisitoriales, pudo y DEBIÓ atenerse a los documentos, y debió llenar con suposuciones ÚNICAMENTE las lagunas. Pero hizo lo contrario, obviar la documentación y entregarse a antojos delirantes. Como sacó 31.904 muertos pudo sacar el triple o la décima parte, sus números serían igualmente caprichosos, deleznables y nulos … tomar en cuenta esas cifras, aún con grandes rebajas y como simple referencia estimativa sería ponerse en ridículo”.


    OPRESIÓN DEL PENSAMIENTO:
    La Inquisicón ahogaba el pensamiento.
    Desde que se estableció la Inquisición cesó la producción literaria.


    Afirmaciones como esas se recogen en las Cortes de Cádiz. Tamaños disparates han dado paso a otro sofisma que esgrimen los panageristas cuando aseguran que en el tiempo del Siglo de Oro de la literatura española mal puede hablarse de opresión del pensamiento.


    Conviene distinguir. Si por ahogar el pensamiento se entiende que en España se dejara de escribir, es palmaria la falsedad. En España en la época inquisitorial se escribió más y mejor que en cualquier otra.
    Las alusiones a centenares de sabios perseguidos eran frencuentes en tiempos pasados, es pura quimera.
    La lista de 118 hombres de letras castigados por el Santo Oficio de Llorente es otra fantasía más de las suyas. Llorente cita ente esos sabios a Mariana, Bartolomé de las Casas, doctor Balboa, y a otros que nada tuvieron que ver con la Inquisicón. Cita a Juan de Ávila y fray José de Sigüenza que aunque procesados fueron absueltos enseguida.
    Entre los sabios de Llorente perseguidos alguno hay que murió antes de haber Inquisición como Sánchez Bercial, etc.


    Ahora bien la realidad de una fecunda producción literaria no significa que la vigilancia inquisitorial no cortara las alas de la originalidad y de la ventura del pensamiento. La censura nunca es propicia a la novedad creadora.
    Pero la función de la Inquisicón NO era oprimir el pensamiento, sólo el HETERODOXO como dice Menéndez Pelayo.
    ¿Había peligro de extralimitaciones, exceso de celo que crearía un clima difícil, enrarecido?
    La suspicacia y la pesecución contra los que no seguían las opiniones corrientes, ÚNICAMENTE en materia religiosa o teológica se acumulan desde el XVI.
    Un ejemplo típico es a mediados de ese siglo cuando Martín Martínez de Cantalapiedra se queja de la encarnizada oposición de los toscos y hoscos misoneístas de Salamanca contra el santo espíritu de renovación y crítica bíblica que defendían él, Grajal y fray Luis de León hebraistas acusados de judaísmo por su ascendencia hebrea.


    La aprobación tridentina de la Vulgata no impedía que fueran examinados críticamente los diversos manuscritos del texto de San Jerónimo, ni el Concilio pretendía extinguir la crítica bíblica dentro de la Iglesia según el espíritu científico. Cantalapiedra, Grajal y fray Luis fueron procesados los tres aunque absueltos. Y si añadimos los casos del biblista de Osuna, fray Alonso Gudiel y Francisco Sánchez de las Brozas puede decirse que son todos los casos de hombres de ciencia con los que se enfrentó la Inquisición, aunque lamentables son muy pocos casos y más que la Inquisición es deplorable la bajeza de las pasiones humanas que mezclaron al Santo Oficio en asuntos de vanidad personal-científica.


    Martínez Cantalapiedra poco antes de iniciarse su proceso escribía al obispo de Plasencia: “los tiempos andan peligrosos; cierto sería mejor andar al seguro y sapere ad sobrievtatem” Pero declaraciones de este tipo eran frecuentes en aquel tiempo, y no solo en España.
    Luis Vives en los Países Bajos refiriéndose al ambiente intelectual de Europa también escribió: “vivmos tiempos tan difíciles que no podemos hablar ni callar sin peligro”, era un fenómeno de toda Europa consecuencia del suspicaz recelo derivado de la revolución religiosa del XVI.


    Por tanto no hay que sacar conclusiones precipitadas sino queremos caer en exageración.
    La vigilancia inquisitorial se circunscribía, en el orden intelectual, a los aspectos únicamente religiosos. No siendo obstáculo para la mística pese al pánico que el Santo Oficio tenía por los “alumbrados” pero no impidió ni paralizó la floración mística española de finales del XVI, la flor más delicada, (y vigilada), por el Santo Oficio.
    Cierto que el celo inquisitorial creó alguna pequeña dificultad a la publicación de los escritos de los místicos, generalmente mandando enmendar algún pasaje obscuro para que no se maliterpretase. Y nada más.
    Y el celo inquisitorial no parece injustificado, el afán místico sin sujección a disciplina cae, fácil, en aberración. Algo común en los “alumbrados”. La vigilancia inquisitorial obligó a los místicos a medir con cuidado sus palabras, así el Santo Oficio más que traba fue favorecedor de la jproducción mística española a la que afinó y contribuyó a que alcanzara valor universal.


    PROHIBICIÓN DE LIBROS.
    Esta acusación remitida al Santo Oficio no fue invento suyo, era otra práctica corriente en la época.
    La Universidad parisiense de La Sorbona había ejercitado bien esa función, y el primer índice de libros prohibidos lo preparó la Universidad de Lovaina (1546) y sobre éste creó la Inquisición española el suyo (1551).
    En 1558 se publicó el primer Índice Romano.
    Y no faltaron timoratos que pedían prohibir todos los libros espirituales y comentarios a la Biblia (fray Alonso Girón, 1601) pero la Inquisición no se dejó arrastrar por esas tendencias. Consultó a la Universidad de Salamanca y respondió que los libros espirituales y sermonales no deberían prohibirse, antes convenía que hubiera muchos en romance y se permitieran correr.

    El Índice de Valdés (1559) el más riguroso de los publicados por la Inquisición española fue bastante más benévolo que el romano de Paulo IV, publicado un año antes, o que las prohibiciones de libros de la Sorbona.
    Los Índices prohibitivos no supusieron dificultad alguna para el desarrollo y cultivo intelectual español. Como dice Menéndez Pelayo: “cien veces lo he leído por mis ojos y, sin embargo, no me acabo de convencer de que se acuse a la Inquisición de haber puesto trabas al movimeinto filosófico y habernos aislado de la cultura europea. Abro los Índices y no encuentro en ellos ningún filósofo de la Antigüedad, ninguno de la Edad Media, ni cristiano, ni árabe, ni judío …; llego al XVI y hallo que los españoles podían leer todos los tratados de Pomponazzi, incluso el que escribió contra la inmortalidad del alma, sólo se le prohíbe el De incantationibus, y podían leerse casi íntegros a casi todos los filósofos del Renacimiento italiano: a Marsilio Ficino, a Nizolio, a Campanella, a Telesio, ¿Qué más? Aunque parezca increíble, el nombre de Giordano Bruno no está en ninguno de nuestros Índices, cono no está Galileo (sí en el Romano), ni el de Descartes, ni Leibinitz, ni, lo que es más peregrino, el de Tomás Hobbes, ni Benito Espinosa; y sólo con insignificantes enmiendas Bacon … pues aún es mayor falsedad y calumnia más notoria lo que se dice de las ciencias exactas, físicas y naturales. Ni la Inquisición persiguió a ninguno de sus cultivadores, ni prohibió jamás una sola línea de Copérnico, Galileo o Newton. A los Índices me remito ¿Y qué mucho que así fuera, cuando en 1594 todo un consejero de la Inquisición, que llegó luego inquisidor general, D. Juan de Zúñiga, visitó por comisión regia y apostólica los Estudios de Salamanca, y planteó en ellos toda una Facultad de Ciencias matemáticas, como no la poseái entonces ninguna otra Universidad, ordenando que en Astronomía se leyese como texto el libro de Copérnico?


    En la segunda mitad del XVII, según comprobación de Miguel de la Pinta los títulos mandados recoger por la Inquisición en Aragón son, exactamente, veinte y sus autores no son de primera fila: Zarzosa, fray Antonio Sobrino, torremocha, fray Alonso Ortiz de Zaya, Sabunde, Alvaro de Oca, Lazcano, Mariana … francamente esto nunca ha constituído ni podrá constituir el patrimonio de una cultura y de la espiritualidad de un país”.


    Podemos concluir que la Inquisición no favoreció el libre desarrllo del pensamiento, incluso es admisible que enrareció el ambiente intelectual, initando la adopción de cómodas posturas conformistas, pero es del todo desproporcionado afirmar que el Santo Oficio pretendía obturar la cabeza de los españoles, procurando ahogar en ellos las fuentes del pensamiento o toda curiosidad intelectual.
    El Siglo de Oro no es consecuencia de la Inquisicón pero tampoco lo impidió. Ocurrió al margen de ella.




    CLERIOCRACIA Y ODIO AL PUEBLO.

    La Inquisicón era un invento de los curas para asegurar su dominio.


    Teocracia, clericocracia, etc. son términos polémicos muy posteriores, introducidos por la pugna ideológica del XIX y de los que se ha abusado sin tasa.


    Los que crean que la Inquisición era un arma en beneficio de los curas, de la que se servían para asegurar su poder sobre la sociedad olvidan que eran precisamente los sacerdotes, frailes, religiosos y hombres de Iglesia los que más trabajo dieron al Santo Oficio y los que proporcionaron un mayor número de víctimas. Ahí están los hechos.


    Lloretne tuvo especial empeño en afirmar que “La Inquisicón era odiosa para el pueblo” para ello escribe una memoria y cita opiniones individuales y manifestaciones de las Cortes de Castilla o Aragón.
    Pero hay muchos testimonios literarios, abundantísimos, que dicen lo contrario y totalmente favorables a la institución. Aún a inicios del XIX la Inquisición conservaba bastante popularidad y adhesiones de las masas campesinas españolas.


    La crítica ideológica del XVIII tan contraria a la Inquisición sólo afectó a ciertas minorías intelectuales. Cuando en 1812-3 se debatía en las Cortes de Cádiz el proyecto de su abolición un clamor extenso se alzó contra los abolicionistas que lograron únicamente por 30 votos su propósito.
    Incluso entre gentes revolucionarias, como el famoso cura de Algeciras: Torrero, liberal y republicano, tuvo defensores. Y la propuesta de erigir unos Tribunales protectores de la Fe que hicieron en las Cortes los abolicionistas, no tenían más función que paliar el descontento general de grande sectores de la opinión.


    Tampoco puede afirmarse que tenía una popularidad unánime entre los españoles del XV o XVIII. Sobre el tema cabe decir que: “hay un consenso general entre los hombres de la época al aceptarlo como instrumento eficaz para la defensa de la fe; jpero que esto no impide la oposición circunstancial a las acciones inquisitoriales, como cuando las Cortes de Castilla (1518) se quejan de ciertos excesos, o las aragonesas protestan en materia de bigamia, usura y brujería, etc.





    RAZÓN DE SER DE LA INQUISCIÓN.
    Desmontados los tópicos propagandísticos es hora de anlaizar las ideas básicas en que se apoya, la razón de ser histórica del Santo Oficio.
    Nos agraden o no, sean o no anacrónicas hoy, esas ideas tenían plena vigencia y actualidad, incluso innovación, en su tiempo, ello explica la existencia de la institución.


    Las ideas básicas son tres. Encadenadas en una lógica que no puede ignorarse si se pretnde comprender el suceso. Su desconocimiento es lo que ha enturbiado la visión de este hecho histórico que, independientemente de nuestros afectos, es como tal, una realidad y que alguna razón tendrá para serlo.


    1º.- Delito de Herejía:

    La primera base es considerar la herejía un mal social. Santo Tomás recogía la opinión corriente de su tiempo cuando afirmaba: “es más grave corromper la fe, vida del alma, que alterar el valor de la moneda que provee al sustento del cuerpo”.
    Desde el XII multitud de disposiciones legales (en casi todos los reinos cristianos, europeos) condenan la herejía como un mal social que debe ser reprimido por la autoridad.
    La traición a la Religión supuso desorden de igual forma que hasta hace poco lo era la trición a la Patria. Es posible que dentro de unos siglos en algún mundo internacional o supranacional, parezca monstruoso castigar como crimen la traición a la Patria, pero sería poco inteligente que hombres futuros tuvieran por monstruos a los de ahora, que de acuerdo con la totalidad de sus contemporáneos, castigan dicha traición.


    Según Menéndez Pelayo: “el que admite que la herejía es crimen gravísimo … el que rechaza el principio de la tolerancia dogmática, es decir, de la indiferencia entre la verdad y el error, tiene que aceptar forzosamente la punición espiritual y temporal de los herejes, tiene que aceptar la Inquisición


    La herejía, per se, no tiene que reprimirse con violencia. Así lo declara San Agustín, San León Magno Papa, San Juan Crisóstomo, San Isidoro de Sevilla, y otros Padres de la Iglesia. De acuerdo con ello en toda la Alta Edad Media no se conocen violencias contra los herejes (excepto casos aislados, de carácter popular, criticados por la Iglesia).
    Pero algunos emperadores del Imperio romano introdujeron la doctrina de que la herejía atenta contra el orden social y como corruptora de dicho orden, la autoridad civil debe castigarla.
    Así Valentiniano I, Teodosio I, etc.


    En el XII ocurren dos sucesos que explican esta nueva actitud de las autoridades civiles y eclesiásticas de la Cristiandad ante la herejía: recepción del derecho romano, y el peligro albigense.
    La recepción del derecho romano descubre los antiguos decretos imperiales contra los herejes.
    Los albigenses (cátaros y valdenses) se rebelan contra la Iglesia y gravemente contra el Estado proponían una revolución (comunista con eliminación propiedad privada, asesinato del disidente, etc.) atentando contra el Estado y la sociedad, desconociendo toda autoridad civil, condenando el matrimonio, admitiendo sucidio, … La conducta de los albgenses fue turbulenta y atentatoria contra la familia, honestidad y orden público. La sociedad no se cruzó de brazos ante la revolución subversiva que azotó especialmente el Sur de Francia y los Concilios de Letrán (1179), Verona (1184) admitieron el principio de que la herejía era un daño social que la autoridad civil debía reprimir.


    2º.- El Castigo del Delito:

    Si la herejía es delito es punible. Si además es un mal máximo es lógico imponer las máximas penas para castigarlo. En la época estas eran deslinguación y hoguera, prisión perpetua y confiscación total de bienes, y así se aplican desde fines del XII.


    El Concilio de Letrán admite que los príncipes seculares ataquen la herejía como perturbación del orden público pero prohíbe a los clérigos tomar partwe en castigos sangrientos.
    El Sínodo de 1184 dispone que sea el brazo secular el que castigue a los herejes. Y el Papa Lucio III sienta el principio de que los obispos no deen contentarse con una pasiva recepción de las denuncias, tienen que tomar iniciativa para descubrir la herejía. Es decir, la inquisitio (investigación).


    Uno de los primeros en legilar pena de muerte para los herejes es el conde Ramón V de Toulouse (fines XII), le sigue Pedro II de Aragón (1179) ambos muy próximos a las herejías albigenses.
    Federico II (1220) desencadena en el Imperio una ofensiva exterminadora contra los herejes, y en 1224 impone la hoguera para ellos.
    Alfonso X en Las Partidas traslada igual pena al derecho positivo de Castilla al igual que su coétaneo Luis IX en Francia, el castigo se ha generalizado.


    3º.- ¿Quién Debe Señalar y Quién Debe Castigar el Delito?:

    Reconocida la atoridad civil como competente para castigar la herejía no se le reconoce adecuada para investigarla, esto requiere un tribunal eclesiástico, el único técnicamente capacitado para el delito propuesto.
    El Papa Gregorio IX acepta como un hecho la práctica común en toda la Cristiandad del castigo a la herejía por la autoridad civil pero queda reservada a la Iglesia la facultad de indagar y dicriminar el delito evitando el abuso en que necesariametne caerían los tribunales civiles incompetentes en materia teológica.
    Así la autoridad civil impone castigo tras veredicto culpabilidad del jurado eclesiástico. Inicialmente son los tribunales episcopales los encargados de perseguir la herejía, pero pronto se introdujo la práctica de que funcionaran otros tribunales junto a los episcopales, la Inquisición a cargo de legados especiales del Pontífice y se nombró para desempeñar los puestos de jueces inquisitoriales preferentemente a los dominicos (Orden de Predicadores de Santo Domingo de Gumán) y dos dominicos distinguidos: San Raimundo de Peñafort y Nicolás Eymerich nos deajron los primeros manuales o guías del ejercicio de la Inquisición.


    Así nace un tribunal especial, sigularmente capacitado para proteger a la sociedad contra la herejía, así son los orígenes y fundamento de la Inquisición medieval de la que España recogería los principios fundamentales.




    HACIENDO HISTORIA : EL ESTABLECIMIENTO DE LA INQUISICIÓN.
    La Inquisición española nace en un ambiente enrarecido por la trascendencia social del problema religioso planteado por la diversidad de confesiones en el seno de una comunidad política que estaba a punto de transformarse en una forma moderna de Estado.




    EL PROBLEMA MARRANO.

    Durante el XIV despierta entre los cristianos de Castilla un furioso antihebraísmo que fue un realidad evidente y que exigió la intervención real en repetidas ocasiones para contener los desmanes populares contra los judíos. Eran frecuentes los tumultos y linchamiento de hebreos, para escapar a la persecución muchos gran número de israelitas reciben el bautismo, surgen así los conversos o cristianos nuevos. Generalmente la conversión es fingida y conservan en secreto la fe y ritos judíos.
    Los judíos asediaban a los conversos recientes para judeizarlos nuevamente y dentro de la sociedad y del clero cristiano se forma una quinta columna, cristianos en apariencia que se conjuran para destruir la Iglesia y el orden social.
    Los cristianos viejos y algunos sinceramente convertidos temen el proseletismo israelita.
    En 1459 fray Alosno de Espinosa denuncia el problema judío, que conocía bien pues era de esa ascendencia, en su Fortaleza de la Fe. Y casi todos los cronistas hablan de conversiones masivas en XIV y XV, conversiones violentas y falsas. Era un problema grave y real.
    Enrique IV decreta una inquisición general en Castilla para comprobarlo pero la anarquía impidió culminarla. Pero las matanzas populares de judíos se recrudecen en Toledo 1467, Córdoba 1473, …
    Se acusa a los judíos de crimenes horrendos (robos sacrílegos, asesinatos rituales preferentemente de niños, conventículos secretos, sociedades secretas, …) de esa época son el robo sacrílego de Segovia, crimen de Sepúlveda (1468) cuyo juicio implicó a 16 marranos confesos y convictos de martirizar a un niño cristiano.
    Años después otro sonado crimen ritual, el caso del Niño de la Guardia …
    No podemos dar por error un crimen sólo porque parezca increíble (y recoerdemos que hay ritos satánicos también hoy en día, además de que textos “sagrados” judíos preconizan esos actos también pudieron ser actos de venganza contra progroms cristianos, si hubo intolerancia de un lado también la hubo de otro).


    En resumen, por encima de todo el hecho objetivo e histórico es que estos procesos contra marranos fueron repetidos, públicos y normales, solventados según las normas procesales y jurídicas ordinarias, repercutiendo en el ánimo popular y en el gobierno. TODOS creyeron y dieron por cierto lo que allí se probaba.


    Durante la estancia de la reina Isabel en Sevilla (1477) fray Alondo de Hojeda, apoyado por el nuncio pontificio Nicolás Franco, y el inquisidor siciliano, Felipe Barberi, instó en pro de la creación de un tribunal inquisitorial para afrontar el problema de los marranos.


    El problema marrano no es baladí, implica múltiples factores además del temor general a los efectos disolventes de la quinta columna en la sociedad y clero. Los judíos ejercen el control financiero del país. Los conversos detentan altos cargos en la Iglesia y Estado. Los marranos entroncan con familias de rancio linaje y vieja aristocracia, las familias más poderosas son de marranos, en Castilla y Aragón los Arias Dávila; los Torrero; los Santángel; Caballería; Santa Fe; Santamaría; Cruillas; Cabra, etc.


    Muchos promotores de la Inquisición descendían de marranos: fray Alonso de Espinosa, Torquemada, …
    Nunca hubo fobia racial, la aversión a los judíos era estrictamente RELIGIOSA. J
    La infiltración judía en la sociedad y clero medieval está mal estudiado aún hoy, pero tiene una gran complejidad y no basta una ligera opinión para solventarlo.


    SE INICIA LA INQUISICIÓN.
    Fue el temor a la apostasía de los marranos lo que decide el establecimiento del Santo Oficio en España. Jueves Santo 1478 se descubre, Sevilla, otro conventículo secreto de judaizantes, y los reyes, al fin, recaban al Papa, licencia para instaurar una nueva Inquisición en España.
    Aún tardó más de ocho años en funcionar.


    Los conversos españoles hicieron llegar sus quejas a Roma contra la Inquisición pero los Reyes Católicos se mantuvieron firmes y que no se diera crédito a los conversos que con ardides en Roma trataban de impedirlo.


    Torquemada ha pasado por ser el artífice de la Inquisición española, así lo afirman Llorente, Sabatini, Lea y otros. No hay tal ni hay una sola prueba ni el más ligero indicio de ello. Otra cosa es que una vez llegado a inquisidor general él haya organizado definitivamente la institución, en virtud de la serie de Instrucciones que redactó (1484 a 1498) que fijaron el reglamento de las actuaciones del Santo Oficio.
    Era un hombre riguroso, pero no perseguidor implacable, ferviente, no inhumano, así lo describen sus Instrucciones. Su biografía está por hacerse las que circulan por ahí huelen a sangre de laboratorio con la que han querido teñirle los detractores sin pruebas fehacientes para ello.
    La jurisdicción de Torquemada se extendía a Aragón y allí la introdujo contra grandes resistencias, el poder de los nobles conversos, muy numerosos, era muy fuerte.




    TERRORISMO JUDAIZANTE.

    Los marranos opusieron a los primeros pasos de la Inquisición toda clase de resistencia de la que eran capaces, cubierta y encubierta, directa e indirecta, legal y criminal. Urdieron intrigas en Roma, movilizaron a la nobleza contra la institución, se ampararon en magistrados locales (Teruel), sobornaron con dádivas a los reyes, y con terror.
    La primnera conjuracion terrorista fue descubierta en Sevilla (1481) la dirigía Diego Susán con gente principal (entre ellos dos caballeros veinticuatro de la ciudad, concejales).
    En Toledo se abortó otra conjura que pretendían estallar el 2 de junio 1485 (día del Corpus).
    Pero el suceso más sonado y la víctima más famosa fue el asesinato del inquisidor de Aragón, Pedro de Arbués.
    (14 de septiembre de 1485) que caía asesinado en la catedral de Zaragoza, los promotores huyeron pero los ejecutres materiales fueron ajusticiados.
    La oposición a la Inquisicón, legal, con ardides o terrorismo, aumentó el rigor de ésta aunque una vez asentada su actividad se dulcificó. Ya en 1494 sus procesos son más clementes, trato más dulcificado y menos sentencias que además son menos rigurosas.


    ¿CÓMO FUNCIONABA?
    La organización primitiva quedó perilada por la Asamblea de inquisidores de Sevilla (1484), de allí salieron las primeras Instrucciones. Luego otras Asambleas (1485, 1488 con más Instrucciones, Ávila 1498).
    Deza, sucesor Torquemada, promulga las Instrucciones de Sevilla (1500), Medina Campo (1504), Cisneros (Madrid 1516).
    Los inquisidores generales de Aragón, Enguenza y Mercader dictaron otras tres series, todas recopiladas por orden de Alonso Manrique. Luego Fernando Valdés revisa el reglamento anterior y saca (Toledo, 1561) el estatuo reglamentario que sólo sufrirá alguna corrección parcial.




    ORGANIZACIÓN.

    Al frente estaban el inquisidor general y un Consejo de la Suprema, los cargos de inquisidor general y presidente del Consejo recaen en la misma persona que es nombrada por el rey de hecho (no de derecho). El inquisidor genral reunía facultades canónicas omnímodas, delegadas del Papa.
    El Consejo tenía seis miembros, dos del Consejo de Castilla y uno, necesariamente desginado, enre teólogos de la Orden Santo Domingo.
    Hubo una centralización que terminó en 1647 en que todas las sentencias de los tribunales eran sometidas para su confirmación. Hasta esa fecha sólo conocía Apelaciones.
    Como tribunal eclesiástico el jefe supremo del Santo Oficio era el Papa. Pero sólo en tres ocasiones, una por siglo, el Pontífice recabó para sí la decisión suprema:
    - proceso de Bartolomé de Carranza (XVI),
    - proceso de Jerónimo de Villanueva (XVII), y
    - proceso de José Fernández del Toro (XVIII).


    El carácter mixto (eclesiástico-civil) de la jurisdicción desorienta un poco.
    A Hefele le pareció una institución estatal y los inquisidores simples funiconarios (designados por monarca y pagados por el Estado). Además las disposiciones inquisitoriales se publicaban “en nombre del rey”, literalmente: “mandan sus Altezas”, “Su Majestad Manda ...” etc.
    Pero la autoridad que la crea y en virtud de la que funciona es la pontificia y los asuntos que le competían eran de índole eclesiástica, los nombramientos reales eran en virtud de la jurisdicción delegada recibida del Papa, y las disposiciones inquisitoriales publicadas en nombre del rey afectaban, exclusivamente, al orden civil, sin invadir ni disputar la competencia eclesiástica.


    En resumen era una jurisdicción mixta y un tribunal autónomo. Tribunal eclesiástico (autoridad y competencia), civil (delegación regia y castigos que estaba facultado a imponer).


    Había trece tribunales permanentes: Toledo (procedente de Ciudad Real), Valladolid, Sevilla, Granada (procedente de Jaén), Córdoba, Llerena, Murcia, Cuenca, Santiago Compostela, Logroño (procedente de Calahorra), Zaragoza, Barcelona y Santa Cruz Tenerife.
    En el XVIII se fija en Madrid la sede de otro.
    Fuera de la metrópoli estaban: Méjico, Lima, Plaermo (Sicilia), y Sacer (Cerdeña).
    Cada uno con dos o tres jueces inquisidores, un promotor fiscal, varios escribanos o secretarios, calificadores (peritos ayudantes en las pruebas, especialmente examen de libros y doctrinas), funcionarios auxiliares: capellan, médicos, alguaciles, alcaides, porteros, barberos y receptores (multas y confiscaciones).
    Había tribunales volantes, temporales que se establecían en otras localidades.


    La Inquisición reunía una doble función: judicial y policíaca. No era un tribunal ordinario sino especial pues aspiraba al castigo de la culpa (por el daño social ocasionado) como a procurar la salvación del alma del reo mediante el reconocimiento de su error.
    La función policíaca anexa era indispensable para ser eficaz pues ni el poder eclesiástico, ni el civil, disponían de policía organizada.




    PROCEDIMIENTO.

    La Inquisición reclamaba para sí el derecho a iniciar las investigaciones en los posibles casos de herejía y la española aporta una mejora técnica, la discriminación entre el oficio de acusador y el de juez, así como la defensa profesional con abogados, novedad muy reseñable en la época.


    El procedimiento se basaba en la inquisitio (directa) y en la accusatio (recepción denuncia). Todos los años los inqusidores estaban obligados a girar una visita a su territorio (inquisitio de oficio). Consistía en publicar, por medio del “edicto de fe” un minucioso cuestionario sobre las costumbres ordinarias y ejercicios religiosos para descubrir usos judíos y moros, doctrinas iluministas o protestantes, prácticas de brujería y supersticiones.
    Algunas veces los signos externos anunciados en el acto de fe servían de base a una denuncia y aunque hoy pueden parecer pueriles (dejar de trabajar en sábado, por ejemplo) en otros tiempos tenía su significado. En todo caso no nay ningún indicio de que se incoara expediente por una de tales “peculiaridades” de no haber otras pruebas.


    Todo cristiano estaba capacitado para denunciar y era copelido, en conciencia, a hacerlo. Como gente sencilla o rencorosa podía formular acusaciones no se hacía caso en absoluto de denuncias anónimas (que por cierto eran escasísimas) y el castigo por falso testimonio era el equivalente al aplicable de ser cierta la acusación.
    Sólo cuando se acumulaban varias denuncias distintas y el tribunal tenía indicios ciertos contra el reo, comenzaba su acción.
    Ya las Instrucciones de 1498 (también las anteriores) exigían que no podía detenerse a nadie sin pruebas suficientes (si bien al iniciarse su actividad hubo algún abuso y algún inquisidor fue depuesto por ello, no era ese el espíritu de la institución).


    Tras la acusación aceptada por el tribunal se prendía al reo denunciado y se le sometía a prisión preventiva. Una vez procesado el reo no se le notificaba la índole de la acusación hasta haber sido sometido a interrogatorio e invitarle a confesar espontáneamente.
    No hay razó alguna para denunciar hipocresía en los interrogatorios y el uso de agentes provocadores para obtener declaraciones de los prisioneros, en las cárceles, es normal incluso hoy en día.


    El procedimiento era lento y secreto, secretos los nombres de los delatores y testigos (que no anónimos y bajo penas en caso de falso testimonio).
    La razón del secreto se lee en las Instrucciones de 1484 (nº 16) en que dice: “de la publicidad de los nombres y personas de los testigos que deponen sobre el dicho delito se les podía recrescer graves daños y peligro en sus personas y bienes delos dichos testigos, según que por experiencia ha parescido y paresce que algunos son muertos y feridos y maltratados por parte de los herejes …, por razón del gran daño y peligro, los inquisidores pueden no publicar los nombres y personas de los testigos
    En carta de Cisneros a Carlos V (1516) se cuenta haber sido asesinado un testigo que depuso contra un judío rico.
    si se da lugar a que se publiquen los testigos, no sólo en la soledad (lugar apartado), sino en la misma plaza y aún en la iglesia, darán (los denunciados o sus amigos) muerte a un testigo” y añade: “ninguno querrá delatar con peligro de su vida, con que el tribunal queda perdido y la causa de Dios sin quien la defienda”.
    Este secreto procesal no es novedad inquisitorial alguno pues los tribunales ordinarios lo usaban por iguales razones de seguridad para los testigos si se temían represalias.


    Cuando el fiscal tenía preparadas las pruebas se verificaba la audiencia para dar lectura a la acusación. Inmediatamente comenzaba la actuación de la defensa. El acusado disponía de un abogado (por lo menos) nombrado de oficio pero el reo podía recusarle y pedir se le designara otro.
    Aunque los abogados procedían de oficio los múltiples procesos estudiados muestran, sin excepción, el celo y solicitud e interés de los mismos por sus patrocinados (ejemplo Doctor Navarro en el espinoso caso de Barlolomé Carranza) y la Inquisición trajo la novedad procesal de poder recusar (con causa suficiente) al propio juez y apelar al inquisidor general.
    También se conservan testimonios de numerosas defensas valientes y decididas (pese a ser abogado católico y el reo protestante, judío, moro o hereje).
    La defensa disponía de varios medios:
    · declaraciones orales o escritas del acusado.
    · uno o más abogados.
    · testigos de descargo.
    Si bien había deficiencias técnicas no eran ni de lejos superiores a las de cualquier tribunal ordinario de la época en cualquier país de Europa.


    Escuchada la acusación fiscal y la defensa se pasaba a la pureba oral y ratificación de testigos. En ocasiones la prueba se demoraba meses, salvo algún caso aislado, muy excepcional, no se ha podido comprobar que hubiera intención del tribunal de retener el proceso.
    Para la prueba se recurría, según costumbre de los tribunales de la época, a la tortura pero no en todos lso casos ni mucho menos. El tormento sólo se aplicaba en tres casos:
    - existir contradicciones en la declaración del acusado,
    - negar la intención herética tras reconocer su herejía, y
    - hacer solamente confesión parcial.
    Es decir cuando la prueba no quedaba clara.

    Tras la prueba la sentencia. En ocasiones el hereje reconocía su culap durante el proceso, antes de la sentencia, en esos casos se le admitía a reconciliación con algunas penas o castigos (multas, peregrinaciones, oraciones, o algo más graves, nunca la pena capital. Es decir, ésta, la pena máxima era casi voluntaria para el que no quería reconocer su error).

    La sentencia exigía la unanimidad de los jueces y la aprobación del ordinario de la diócesis o de su delegado en el tribunal.
    Podía ser absolutoria o condenatoria. Además de la absolución plena había una absolución ad cautelam para casos dudosos (herejía no probada por ejemplo).
    En los casos leves la sentencia condenatoria se pronunciaba en privado, en los graves se hacía ceremonia pública del auto de fe, ceremonia civicoreligiosa que publicaba solemnemente las sentencias pero en ellas NO se ejecutaba la sentencia que lo haría luego el brazo secular.
    Es decir, el cliché de autos de fe con sentencias de muerte y hogueras son totalmente falsedades no históricas. Eran las autoridades civiles las que más tarde disponían (normalmente en las afueras) el quemadero donde se hacía la ejecución.


    El auto de fe (de ahí el nombre) era una manifestación pública de fe por parte de todo el pueblo, con ocasión de las sentencias importantes y se celebraban procesiones y sermones.


    Las penas solían ser meras penitencias espirituales o físicas (ayunos, peregrinaciones, destierros, uso sambenito (prenda de ropa distintiva), prisión, arresto domiciliario, etc.).
    Los condenados a muerte eran relajados (entregados al brazo secular) y generalmente confiscados sus bienes.
    Siempre era la autoridad civil la que ejecutaba las sentencias inquisitoriales, los herejes eran quemados por el Estado, no por la Inquisición que tenía la responsabilidad moral de la pena.
    La sentencia de relajación era una CONDENA DE MUERTE y el inquisidor lo sabía sobradamente.


    La relajacion al brazo secular (pena de muerte) se aplicaba en los siguientes casos:
    1º.- herejes contumaces que se negaban al retracto.
    2º.- a los que se negaban a reconocer el error que había sido probado.
    3º.- los reincidentes.
    Sólo los del primer caso eran quemados vivos (muerte por asfixia) los otros eran agarrotados siendo sus cuerpos luego incinerados en la hoguera.


    Enemigos declarados de la Inquisición como el protestante Shäfer que la estudió largamente (especialmente casos de protestantes españoles) dice: “es imposible negar a la Inquisición … el deseo de un proceder formal justo; y la afirmación de que el Santo Oficio era invariablemente injusto con los acusados sólo puede obedecer a ignorancia o al voluntario desconocimiento de los hechos, o al ODIO Y FANATISMO ANTIINQUISITORIAL como ocurre en la mayoría de escritores que han tratado sobre la materia”.


    COMPETENCIA: JUDAIZANTES, MORISCOS, ALUMBRADOS, PROTESTANTES, BRUJERÍA.
    La Inquisición era competente en los delitos contra la fe y en algunos delitos canónicociviles.
    Los delitos contra la fe provenían de falsos conversos (marranos, judaizantes y moriscos) o de la contaminación herética del pueblo (protestantes, desviaciones no ortodoxas, iluminismo, propaganda anticristiana, residuos de paganismo, magias y hechicerías).
    Delitos canónicociviles en que entendía la Inquisición eran: bigamia (error doctrinal sobre matrimonio de influencia musulmana), solicitación en el confesionario.


    La cuestión marrana motivó el establecimiento de la Inquisición. Tras la expulsión de 1492 (similar y posterior a las anteriores del resto de Europa) los israelitas tenían que abandonar el territorio o bautizarse.
    Tras XVI disminuyen mucho las denuncias de judaizantes, el judaísmo había sido extirpado o se había hecho más secreto (que es lo más probable como mostró la Historia posterior).
    Tras 1580 (conquista de Portugal) hay una nueva inmigración judía desde este país cuya inquisición era más rigurosa que la española.
    Por tanto tras el XVI la Inquisición se centra más en problemas de iluminismo, eramsitas y protestantes.
    Los alumbrados (iluminados) carecían de cuerpo doctrinal uniforme era una tendencia de actitud mística, anterior al luteranismo, sin parentesco con las revoluciones religiosas (promovidas por judíos, igual que todas las herejías) que conmovería a Europa sumiéndola en baños de sangre.
    Dentro de los alumbrados la “mística del recogimiento” floreció entre frascincanos reformados y no fue objeto de persecución. En cambio la seudomística del “abandono” con una doctrina de impecabilidad para los “dejados al amor de Dios” implicaba una ética peligrosa rodeada de excesos sexuales e inmoralidades de todo tipo emparentada, en cierta forma, con la ética luterana. En 1524 inició la Inquisicón su persecución especialmente Ciudad Real-Toledo. Los principales inculpados eran religiosos y eclesiásticos (fray Francisco Ortiz, Pedro Ruiz de Alcaraz) algunas beatas, ciertos conventos de monjas y gente importante (obispo Juan de Cazalla) y tenían protección de ciertos aristócratas, prendía rápido entre los conversos recientes. Casi en su totalidad todos los implicados (y nombrados antes) eran de ascendencia hebrea (marranos).
    En el famoso caso de los alumbrados de Toledo que entendió la Inquisición no hubo ninguna relajación ni se impusieron castigos muy graves.
    En el XVI hubo varios procesos notables de alumbrados. Así en 1540 Magadalena de la Cruz, monja que inspiraba gran devoción y había falsificado y simulado en su cuerpo los estigmas de la Pasión del Señor.
    En el XVII en Llerena, población casi exclusiva de cristianos nuevos.
    En el XVIII aún había casos de iluminismo (englobando todos los casos de desviación seudomística).


    Antes de 1525 el erasmismo había tenido gran acogida en España, entre núcleos cortesanos, burguesía de las ciudades, grupos selectos de clérigos en las Universidades (Salamanca, Alcalá, …).
    El Arzobispo de Toledo (Alonso Fonseca) y hasta el inquisidor general (Alonso Manrique) eran erasmistas decididos. Pero tras la publicación (1524) de la publicación en castellano del Enchiridion de Erasmo que tuvo gran difusión surgieron fuertes oposiciones y en 1527 se convoca la conferencia de Valladolid para contener esta marea antierasmista. Carlos V protege a Erasmo y sobre 1530 alcanza el apogeo el erasmismo español. Luego de 1530 empieza el reflujo del erasmismo en toda Europa, combatido en la corte imperial por el nuncio Alejandro, se publica la Deerminatio de la Sorbona y la Universidad de Lovaina se pronuncia también contra él. En España sus adhesiones retroceden pese a la protección del inquisidor Manrique.
    El Índice de 1551 contiene varias de sus obras, pero en 1558 y 1563 ocurren dos hechos que deciden la suerte del erasmismo. Primero la muerte de su protector el Emperador Carlos V, el segundo la clausura del Concilio de Trento, la hora de Erasmo había concluido.
    El Concilio había afirmado el dogma y tomado medidas para una Reforma (esta vez católica) de la Iglesia, el erasmismo ya no era lícito y desaparece porque tras el Concilio su corriente reformadora de la espiritualidad católica carece de objeto.




    Desde 1557 la Inquisición arrecia en defensa de la ortodoxia ante la avalancha de las imprentas calvinistas extranjeras, (Calvino era judío) preferentemente enfocada contra el clero y la aristocracia. En Sevilla se comprometieron 129 entre ellos el doctor Juan Egidio canónigo y obispo electo de Tortosa, el doctro Constantino Ponce de León, también canónigo sevillano y famoso predicador que acompañara al emperador, los jerónimos del monasterio de San Isidro, nobles y gente principal.
    Hay que hacer un castigo ejemplar, tanto mayor cuanto más altos son los comprometidos. Sólo así será eficaz. Y el protestantismo de Sevilla fue liquidado en cuatro autos de fe (1559-62) con 44 relajados, 18 quemados en efigie y muchos castigos menores).
    El grupo de Valladolid que tenía ramificaciones en las comarcas cercanas (Salamanca, Toro, Palencia y Logroño) comprendió 55 encartados, también con personajes destacados (muchos judíos).
    Dos autos de fe (1559) co 25 relajados y 29 castigados eliminaron el problema.

    Esta enérgica réplica inquisitorial atajó e impidió que estos fuertes núcleos protestantes se transformaran en verdaderas comunidades protestantes, como sucedió en Francia con las funestas consecuencas que de ello derivó.




    Los moriscos (tornadizos en Aragón) fueron siempre un problema insoluble a la política del Estado y la Inquisicón. La cuestión era que aquella masa de gentes rústicas era culturalmente inasimilables para la incipiente nación española. El primer capitán genral de la Granada cristiana (conde de Tedilla) y el primer arzobispo de la ex capital mora (fray Hernando de Talavera) propugnaron una política de asimilación basada en los modos suaves (matrimonios mixtos, evangelizació metódica, etc.) pero no hubo resultados positivos tangibles ante ello Cisneros se impacientó e impuso una política violenta (desprestigio mahometanismo, quema libros coránicos, conversiones semiforzosas, …) con resultados nefastos de sublevación armada.
    La sublevación cancelaba las obligaciones contraídas en las capitulaciones de rendición de Granada (1492) y Cisneros obtuvo (1502) edicto de expulsión para todos los musulmanes de Granada y Castilla (para Aragón 1534) para los que no se bautizaran, lo que hicieron pero de forma insincera, pero al tomar aguas bautismales entraban bajo jurisdicción inquisitorial que no llegó a Granada hasta 1526. Una vez establecida nunca tomó medidas graves contra aquellas infelices gentes, que pese a su aparente cristianismo, consevaban íntegra su fe y costumbres antiguas.


    La Inquisición actuó más dulcemente aún en la práctica, su objetivo no era lograr una conversión sino crear el marco propicio para un apostolado cristiano. Así, sabiendo que los moriscos seguían su antigua fe bajo apariencia cristiana, se realizaron sucesivos esfuerzos de catequización, enseñanza, prédicas y convivencia con cristianos viejos y matrimonios mixtos (conducta apoyada por el inquisidor Valdés).


    Todo inútil, las comuniades moriscas eran inasimilables y frecuentaban el trato con piratas berberiscos actuando de espías para ellos que hostigaban las costas del Mediterráneo y participaban en conspiraciones como la de Zaragoza (1581) y se relacionan con potencias extranjeras enemigas declaradas de España (por ejemplo con Laforet a inicios XVI) eran realmente enemigos de la seguridad del Estado.
    Y el problema era de embergadura, trascendió los límite sde la propia Inquisición dejando un único camino: la expulsión (decretada por Felipe III).




    Durante XVI y XVII abundaron los casos de hechicería en que intervino la Inquisición. Hay que reconocerle un tacto prudente y una gestión eficaz.
    Desde el XV había aumentado notablemente la brujería por toda Europa, en España la zona pirenaica estuvo especialmente atacada: País Vasco, Navarra y Logroño se llenaron de brujos. Se decían barbaridades (asesinato niños, chupaban sangre, ritos macabros, …) la Inquisicón nombró una comisión que emitió dictamen en el que declaraba que los supuestos asesinatos no estaban probados ni siquiera parecían probables pero quedó probada la ignorancia de la gente sencilla por lo que se enviaron predicadores y se dictaron instrucciones especiales: erigir una capilla allá donde las brujas se reunían para sus aquelarres, tratar con indulgencia a las hechiceras reconciliándolas con penas leves y castigos pecuniarios.
    El único auto de fe importante por brujería, magia y superstición fue el de Logroño (1610) al descubrise en la región guipuzcoana y Navarra-Rioja una amplia organización que se entregaba a aquelarres oscenos, blasfemos y sacrilegios.
    En el resto de España la brujería no alcanzó cotas significativas. Pero en el resto de Europa (Alemania, Inglaterra y Francia) se condenaron a muerte a miles de brujas y hechiceros entre XVI y XVII, en España la Inquisicón prácticamente sin ningún castigo grave refrenó los actos casi totalmente.
    Según Segastián Cirac Estopiñán (estudioso de los procesos por brujería inquisitoriales de los tribunales de Toledo y Cuenca) cometna: “durante todos los siglos de la Inquisición, en toda Castilla la Nueva no murió ni una sola persona acusada por tal delito en los tribunales del Santo Oficio, y los procesos instruidos fueron tan escasos, y eso por presión de las gentes y otros tribunales, que se llegaría a creer que el buen sentido, desterrado de Europa, se había refugiado en aquellos inquisidores castellanos”.

    ReynoDeGranada y Pious dieron el Víctor.

  2. #2
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    Re: Razón de la INQUISICIÓN

    Rodney Stark dice que no defiende a la Iglesia,
    sino la Historia
    «Las Cruzadas fueron legítimas y la Inquisición no fue sangrienta», dice un historiador no católico
    La verdad histórica es la que es, se tenga o no se tenga fe: Rodney Stark la defiende.


    Rodney Stark
    ha escrito unos cuarenta libros sobre una amplia variedad de temas, incluyendo un cierto número sobre la historia del cristianismo, el monoteismo, el cristianismo en China y las raíces de la modernidad. Tras empezar como reportero en un periódico y pasar un cierto tiempo en el ejército, Stark obtuvo el doctorado por la Universidad de Berkeley (California), en la que trabajó como investigador en el Survey Research Center y en el Center for the Study of Law and Society. Más tarde fue profesor de Sociología y Religión Comparada en la Universidad de Washington. Desde 2004 trabaja en la Baylor University. Stark ha sido presidente de la Society for the Scientific Study of Religion y de la Association for the Sociology of Religion, y ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales por su eminente trabajo. Educado como luterano, se ha identificado como agnóstico pero recientemente se autodenomina "cristiano independiente".



    Su obra más reciente es Bearing False Witness: Debunking Centuries of Anti-Catholic History[Levantando falso testimonio. Desmontando siglos de Historia anticatólica] (Templeton Press, 2016), en la que aborda diez mitos predominantes en la historia de la Iglesia. Stark ha respondido a algunas preguntas planteadas por Carl E. Olson, editor de Catholic World Report.

    -Usted empieza su libro informando sobre su educación como protestante americano y analizando a las "eminencias intolerantes". ¿Qué es una "eminencia intolerante"? ¿Y cómo han influido en el modo como es actualmente considerada y percibida la Iglesia católica por muchos estadounidenses?
    -Con eminencias intolerantes me refiero a esos estudiosos e intelectuales ilustres, claramente antagonistas de la Iglesia católica, que han difundido falsas afirmaciones históricas.

    -¿Cómo ha identificado y seleccionado los diez mitos anticatólicos que usted ridiculiza en el libro? ¿Hasta qué punto estos mitos forman parte de la cultura general (aunque a veces vaga) protestante? ¿Y hasta qué punto son difundidos por una élite cultural más secular?
    -La mayor parte de estos mitos anticatólicos los he encontrado cuando escribía sobre distintos periodos y acontecimientos históricos; descubrí que estos "hechos" tan conocidos eran falsos, por lo que me sentí obligado a profundizarlos. Estos mitos no están limitados a la generalidad de la cultura protestante; de hecho, muchos católicos, incluso algunos muy conocidos, los han apoyado. Demasiado a menudo, y durante mucho tiempo, los historiadores en general han concedido título de verdad a estos mitos. Desde luego, los "secularistas", sobre todo ex-católicos como Karen Armstrong, adoran estos mitos.

    -El primer capítulo trata de los "pecados del anti-semitismo" y es tal vez el tema más divisorio y controvertido de todos los que usted afronta. ¿Cómo ha cambiado su propia opinión sobre este tema y por qué? ¿Por qué cree que sigue habiendo la amplia creencia o impresión de que la Iglesia católica es inherentemente antisemita?
    -Cuando empecé mis investigaciones "todos", incluidos católicos de primera línea, creían que la Iglesia era una de las fuentes principales del antisemitismo. Fue más tarde, cuando trabajaba con material sobre las persecuciones medievales a los judíos, cuando descubrí el papel eficaz que tuvo la Iglesia para oponerse y suprimir dichas persecuciones. Esta verdad es narrada por cronistas judíos medievales y, por lo tanto, sin duda alguna es cierta. ¿Por qué tantos "intelectuales", muchos de los cuales son ex-católicos, siguen aceptando la idea de que el Papa Pío XII fue "el Papa de Hitler" cuando claramente es una mentira despiadada? Sólo puede ser por odio a la Iglesia. Recuerde que son judíos famosos los que defienden al Papa.

    -¿Por qué varios historiadores, como Gibbon, han presentado a los antiguos paganos como benévolos o tolerantes hacia el cristianismo? ¿Cuál era la verdadera relación entre el cristianismo y el paganismo en los primeros siglos de la historia de la Iglesia?
    -En esos días, el modo seguro para atacar la religión era dejar que los lectores asumieran que era sólo un ataque al catolicismo, por lo que eso fue lo que hicieron Edward Gibbon y sus contemporáneos. Sorprende que cuando los paganos ya no fueron capaces de perseguir a los cristianos, fueron ignorados por la Iglesia y los emperadores y desaparecieron lentamente.

    -¿Cómo se desarrolló el mito de los "Años Oscuros"? ¿Cuáles son los principales problemas con este mito?
    -Voltaire y sus compañeros crearon la ficción de los Años Oscuros para poder reivindicar que fueron ellos los que hicieron emerger la Ilustración. Como cualquier historiador competente (e incluso ahora las enciclopedias) defiende, no hubo tales Años Oscuros. Al contrario, fue durante esos siglos cuando Europa hizo el gran salto cultural y tecnológico que la situó a la cabeza del resto del mundo.

    -¿Qué relación hay entre el mito de los Años Oscuros y el mito de la Ilustración? ¿Cuán racional y científica era, efectivamente, la Ilustración?
    -Los "filósofos" de la denominada "Ilustración" no tuvieron ningún papel en el desarrollo de la ciencia, pues los grandes progresos científicos de la época se deben en su mayoría a hombre muy religiosos, muchos de ellos pertenecientes al clero católico.

    -Las Cruzadas y la Inquisición siguen siendo presentadas como una época y unos acontecimientos que son el resultado de la barbarie cristiana y que supusieron el asesinato de millones de personas. ¿Por qué estos mitos son tan populares y están tan extendidos, incluso después de que estudiosos se hayan dedicado durante décadas a corregir y aclarar lo que realmente sucedió (o no sucedió)?
    -Puedo asegurar que las Cruzadas fueron guerras legítimas de defensa y que la Inquisición no fue sangrienta. Pero no puedo explicar por qué la gran cantidad de investigaciones llevadas a cabo para apoyar estas correcciones no han tenido impacto entre los intelectualoides.

    -Al tratar el tema de la "Modernidad Protestante", usted declara rotundamente que la tesis de Max Weber según la cual fue el protestantismo lo que dio lugar al nacimiento del capitalismo y la modernidad es "una sandez". ¿Cuál es el principal problema con la tesis de Weber?
    -El problema es sencillamente que el capitalismo se desarrolló y prosperó en Europa muchos siglos antes de la llegada de la Reforma.

    -Usted afirma categóricamente que como estudioso con un pasado protestante y que trabaja en una universidad baptista no escribe su libro "en defensa de la Iglesia", sino "en defensa de la historia". ¿Por qué es importante esto? Y, por último, ¿piensa usted que actualmente la mayoría de los norteamericanos dan más credibilidad a la historia que a la Iglesia?
    -Pienso que será difícil para las eminencias intolerantes acusarme de querer hacerle la pelota al catolicismo intentando tapar los pecados de la Iglesia. El único interés personal que tengo es que la historia debe ser relatada con honestidad. Respecto a su última pregunta: no creo que la "mayoría de los americanos" llegue a saber que este libro se ha escrito. Lo único que puedo esperar, tal vez, es que influya sobre los intelectuales y los escritores de libros de texto.

    Traducción de Helena Faccia Serrano (diócesis de Alcalá de Henares).

    Fuente: «Las Cruzadas fueron legítimas y la Inquisición no fue sangrienta», dice un historiador no católico - ReL
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  3. #3
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    Re: Razón de la INQUISICIÓN

    Es de portada sensacionalista. Aunque las portadas, tapas de los libros en su afan de no se, supongo llamar mas la atención, cara a ventas. La verdad es que las hacen casi todas malísimas. Entre dibujos y fotos. Deberían invertir más en regalar crítica y texto en las tapas. Para hacerse mejor idea de que te cuenta, en vez de tanto dibujos, retratos..

    El libro yo no lo he leído. Pero como se ha "re moda do" en el foro el mantra eterno, comodín perpetuo, complejo y arma arrojadiza; pues ya vemos como dentro de otras creencias hay indicador, de que la gente no se cree las estupideces de siempre, aunque te las pregunten los periodistas de siempre, con sus preguntas de siempre.


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  4. #4
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    Re: Razón de la INQUISICIÓN

    Yo tampoco he leído el libro. Pero teniendo en cuenta que se titula (traduzco, porque no sé si existe versión castellana y cómo se llamará de haberla) "Dar falso testimonio: desmitificación de siglos de historia anticatólica", los dibujos y fotos no son sino una compilación de falsos testimonios anticatólicos difundidos en diversos momentos de la historia.
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  5. #5
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    Re: Razón de la INQUISICIÓN







    María Tudor. La gran reina desconocida (3ª ed.)



    María Jesús Pérez Esta completa biografía es el resultado de más de veinte años de trabajo acerca de la figura de María Tudor, reina de Inglaterra y segunda esposa de Felipe II.
    La autora muestra su profundo conocimiento de la historia de Inglaterra y España, avalando su estudio con una sólida documentación y una selección de referencias textuales. Nos ofrece, sin embargo, un libro de fácil lectura, dirigido tanto a expertos como a un público general.
    María Jesús Pérez Martín (Barcelona, 1931; Carrión de los Condes, Palencia, 2006), Licenciada en Filosofía y Letras y Doctora en Historia, publicó en 1957 su tesis doctoral sobre Margarita de Austria, reina de España. En 1971 abandonó su cátedra de instituto en Santa Cruz de Tenerife para tomar posesión de la primera cátedra de Lengua y Literatura Inglesa en la Universidad de Valladolid. Su proyecto docente, publicado en 1978 con el título Hacia una integración en las disciplinas de Lengua y Literatura Inglesas, se convertiría en manual de referencia para toda una generación de futuros profesores. Desde entonces y hasta finales de los años noventa concilió la docencia universitaria con una intensa labor investigadora.

    Índice del libro y parte del Prólogo.






    Fuente: https://books.google.es/books?id=1Hh...page&q&f=false


    Es un buen libro que te situa en ese peculiar comportamiento ingles por tomar el poder, algunos crímenes, su perseverante inquina y desprecio, su explicita publicidad contra el Catolicismo y de como con Maria comienza la leyenda negra.

    Sanguinaria la llaman, suena irónico de una Corte donde a base de guerras, asesinatos de niños presuntos pretendientes a la corona, encarcelamientos del clero, nobles, etc....y todo esto no llego con Catalina, a la cual se la retuvo la dote, no, les venía de mucho antes, ahí están la guerra de las Rosas, etc. Lo irónico es que parece que esa Corona está reconocida, admirada y la hacen películas/series alabando los secreros, traiciones, asesinatos. Pero luego cuando toca mirar a los Reyes de las Españas parece que se debe cumplir una oboigación a ser impoluto y aseptico, y que de cualquier acto o defecto, o error hay un ensañamiento. Y no digamos las trolas que se inventan. Y en comparación, aunque sean odiosas siempre, España demostro una forma de conducir sus gobiernos, un comportamiento real...infinitamente superior.
    Imágenes adjuntadas Imágenes adjuntadas
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    Re: Razón de la INQUISICIÓN

    Es un libro sumamente recomendable. Pone las cosas en su sitio. Una gran mujer y una gran reina, y tal vez una gran santa, no sé, a la que la Leyenda Negra pinto como un gran demonio.
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  7. #7
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    Re: Razón de la INQUISICIÓN

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Como su madre: de gran cultura, y mucha virtud. Y como ella humillada, ajada, despreciada por esas costumbres régias, y de otros poderosos en Inglaterra.
    Es una lástima que la gente no se acerque a la más parecida a su abuela: Isabel. Catalina hasta cuido leprosos, era muy querida allí por el pueblo. Ejerció la regencia admirablemente en ausencia de Enrique VIII ( Si no recuerdo mal, cuando marcho a Calais). Tomas Moro, Luis Vives, Erasmo que tanto impregnaron su cultura. Y todas esas virtudes las heredo su hija Maria.

    Sangrienta la dicen, ¡penoso! Llamar así a esta mujer por unos hechos, que frente a otros que se dieron, se daban y se siguieron dando en aquella Inglaterra. Si hasta en cifras la superan.

    La amargaron hasta límites.

    Una forma de descubir si era un "coco", como me escribio en el foro "uno", es este libro.

    Este país necesita entender muchas cosas. Y dejar de juzgar alegremente a su realeza, como si el pueblo fuese el perfecto y todo lo de fuera exótico y apasionante.


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    Último mensaje: 23/01/2015, 12:30
  2. La Inquisición es CosaNostra
    Por Hyeronimus en el foro Nápoles y Sicilia
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    Último mensaje: 11/10/2008, 23:38
  3. Popularidad de la Inquisición
    Por Hyeronimus en el foro Historia y Antropología
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    Último mensaje: 10/03/2008, 16:38
  4. La Inquisición
    Por Miquelet Chaira en el foro Historiografía y Bibliografía
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    Último mensaje: 31/10/2007, 00:22
  5. La Inquisición, por ejemplo
    Por Ordóñez en el foro Religión
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    Último mensaje: 19/05/2007, 13:35

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