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Tema: Historia del Alzamiento del 18 de Julio

  1. #1
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
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    Historia del Alzamiento del 18 de Julio

    Se reproducen, a continuación, una serie de capítulos seguidos del libro de Antonio Lizarza, Memorias de la conspiración, 1931-1936.

    - Todas las notas que aparecen al pie de algunos de los capítulos transcritos del libro de Lizarza son míos, a menos que se indique expresamente lo contrario.

    - Todos los textos entre corchetes que aparecen en algunos de los capítulos transcritos del libro de Lizarza son míos.


    Como complemento, se reproducen también del libro de Tomás Echeverría, Cómo se preparó el Alzamiento, el capítulo 56 (a modo de Introducción General), y los capítulos 25, 31, 32, 33, 42, 43, 52, 53, 54, 55 y 71 (a modo de Apéndices).

    - Todos los textos entre corchetes que aparecen en algunos de los capítulos transcritos del libro de Tomás Echeverría no son míos sino de la obra original, a menos que se indique expresamente lo contrario.


    Por último, todos los subrayados (en cursiva o en negrita) de textos, tanto en la obra de Lizarza como en la de T. Echeverría, no son míos, sino de las obras originales.

  2. #2
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Historia del Alzamiento del 18 de Julio

    INTRODUCCIÓN GENERAL


    Fuente: Cómo se preparó el Alzamiento. El General Mola y los carlistas, Tomás Echeverría, 1985, páginas 184 – 188.


    [CAPÍTULO] 56

    Cómo y cuándo se desarrollaron los contactos entre las representaciones del Ejército y de los carlistas



    […] Creemos oportuno concretar en forma resumida cómo se desarrollaron los contactos entre los representantes del Ejército y de la Comunión Tradicionalista. Y en el siguiente detalle se especifica cuándo, en qué fecha del año 1936, se celebraron las entrevistas correspondientes, y se cruzaron las cartas y notas, y cuáles eran, en cada caso, las finalidades que se perseguían.



    FINES DE MAYO

    – Fal Conde propone a Sanjurjo que designe a Mola como su representante en España para dirigir los trabajos de preparación del Alzamiento. Aceptada la idea, la carta en que se formulaba la propuesta a Mola y le aconsejaba que tomase contacto con las primeras autoridades carlistas, la entregó Sanjurjo al Príncipe Don Javier de Borbón Parma para que éste, por mediación de personas de toda confianza, la hiciese llegar a su destino. Y finalmente quien entregó la carta a Mola fue el Capitán Barrera.


    30 DE MAYO

    – El periodista Director de «Diario de Navarra», de Pamplona, Don Raimundo García (firmaba con los seudónimos «Garcilaso» y «Ameztia»), comunica a Sanjurjo, por encargo de Mola, la aceptación de éste para representar a aquél en la dirección de los trabajos de preparación del Alzamiento.


    5 DE JUNIO

    – Nota impresa del Ejército enumerando sus condiciones para organizar el Alzamiento. Aunque la nota estaba fechada el citado día 5, no fue entregada a Fal Conde hasta diez días después, el 15 del mismo mes.


    8 DE JUNIO

    – Un representante de Mola (parece que fue Don Raimundo García) acude a San Juan de Luz para, en nombre del General, tomar contacto con la Comunión Tradicionalista. Los dirigentes de ésta le indicaron que deseaban que todo se hiciese por escrito.


    11 – 12 DE JUNIO

    – Nota de la Comunión Tradicionalista de 11 de Junio detallando las condiciones para su intervención, con el Ejército, en el Alzamiento. La nota fue aprobada por Don Alfonso Carlos y entregada al día siguiente, 12, por Zamanillo a Mola. Éste la consideró inaceptable.


    15 DE JUNIO

    – Fal Conde y Mola se entrevistan en Irache (Navarra). El General entrega a Don Manuel la nota impresa del Ejército fechada diez días antes, el 5, a la que nos referimos antes. El Jefe Delegado carlista quedó extrañado por el retraso con que se le hizo entrega de dicha nota. No hubo acuerdo entre los dos reunidos.


    FINES DE JUNIO

    – Circular de la Jefatura carlista sobre el grave momento que se atravesaba y con instrucciones en relación con el Alzamiento.


    29 JUNIO – 1 JULIO

    – Entre esas fechas, ¿qué le ocurrió a Mola? Referencias nada claras, muy confusas de los Sres. Maíz y García («Garcilaso» o «Ameztia»).


    1 DE JULIO

    – A petición de Mola debían reunirse éste y Fal Conde en Echauri (Navarra). Pero al no poder desplazarse el Jefe Nacional Carlista, fue sustituido por Zamanillo. Tampoco hubo acuerdo.

    – Informe reservado de Mola «amonestando a los exaltados e impacientes» del Ejército.


    2 – 3 DE JULIO

    – Otra nota de la Comunión Tradicionalista fechada el 2 de Julio, concretando sus condiciones esenciales mínimas, entregada a Mola al día siguiente por Zamanillo.


    5 DE JULIO

    – Visitan a Fal Conde en San Juan de Luz los señores Gil Robles, Herrera (Don Francisco) y el Marqués de Luca de Tena (Don Juan Ignacio), diciéndole que lo hacían por encargo o indicación de Mola.


    6 DE JULIO

    – Ante la falta de acuerdo con Mola y, también, por la visita poco agradable que recibió el día anterior, Fal Conde escribió dos cartas: una dirigida a Mola en la que, además de puntualizar extremos importantes, le aseguraba la movilización, por lo menos, de 15.000 requetés; y la otra, al General Sanjurjo, que residía en Estoril (Portugal), dándole cuenta de las divergencias que existían con Mola.


    7 DE JULIO

    – Carta de Fal Conde al Caudillo carlista Don Alfonso Carlos, enterándole de cómo se desarrollaba lo relacionado con el Alzamiento.

    – Carta-respuesta de Mola a Fal Conde, pidiéndole «urgente contestación». Don Manuel recibió la carta del General a las once de la noche.


    8 DE JULIO

    – Carta-réplica de Fal Conde a Mola, escrita a las nueve de la mañana, y en la que Don Manuel refuta «punto por punto» las alegaciones del General.

    – Fal Conde envía a Don Antonio Lizarza a Estoril (Portugal) para que se entreviste con el General Sanjurjo y le entere de las divergencias con Mola.


    9 DE JULIO

    – Desde Estoril, donde se encontraba, Sanjurjo escribe a Mola y a Fal Conde, efectuando Lizarza la entrega de las cartas a los interesados: el 11 a Fal Conde, y el 12, a primera hora, a Mola.

    – A las cuatro y media de la tarde, procurando no ser vistos, se entrevistaron en los alrededores de Pamplona el General Mola y el Conde de Rodezno.

    – Carta fuerte, violenta, de Mola a Fal Conde, en la que el General prácticamente rompía con la Comunión Tradicionalista.


    11 – 12 DE JULIO

    – Lizarza regresa de Estoril, y entrega las dos cartas escritas por Sanjurjo el día 9: a Fal Conde en San Juan de Luz en la tarde del 11; y a Mola, a primera hora del 12, por medio de su ayudante el señor Fernández Cordón.


    12 DE JULIO

    – Se traslada Lizarza, por la mañana, a San Juan de Luz, para dar cuenta a las autoridades de la Comunión que Mola pone en duda la autenticidad del contenido de la carta de Sanjurjo.

    – Por la tarde, estando todavía Lizarza allí, se presentaron en San Juan de Luz representantes de la Junta Regional Carlista de Navarra, pidiendo autorización al Príncipe Don Javier y a Fal Conde para llevar a cabo lo que, sobre el Alzamiento, habían pactado ellos directamente con Mola.


    13 DE JULIO

    – Vuelve Lizarza a Pamplona en la noche del 12, enterándose que grupos carlistas consideraban segura su colaboración con el Alzamiento, de acuerdo con el pacto entre la Junta Regional y Mola, dando por descontado que dicho acuerdo había sido aprobado por el Rey Don Alfonso Carlos, y a primera hora del día siguiente, 13, regresa a San Juan de Luz para enterar de lo expuesto a las autoridades de la Comunión.

    – Otra vez vuelve Lizarza a Pamplona con la orden de que, en relación con el Alzamiento, los Requetés no secunden más instrucciones que las que reciban por su mediación. Y, en efecto, enterados los Jefes de Requetés de Pamplona y de sus alrededores de lo que ocurría, se comprometieron, mediante juramento, a cumplir dicha orden.

    – El Príncipe Don Javier escribe al Presidente de la Junta Regional Carlista navarra prohibiéndole que pacten directamente con Mola.


    14 DE JULIO

    – Vuelven a presentarse en San Juan de Luz los representantes de la Junta Regional carlista de Navarra, esperando que se les autorizase a que pudiesen ellos pactar directamente con Mola.

    – Lizarza, que se entrevista en Pamplona con Capitanes del Ejército, consigue que éstos convenzan a Mola para que acepte lo que dice Sanjurjo en su carta, y con la aceptación escrita de aquél acude nuevamente a San Juan de Luz, donde se encuentra con los comisionados de la Junta navarra. Nada más llegar Lizarza exclama: «¡Aquí está la conformidad de Mola!», y comenta en su libro: «excuso decir el efecto que esto causó entre los que allí estaban». Los miembros de la Junta navarra regresaron a Pamplona, quedándose Lizarza con el Príncipe y con Fal Conde.

    – El Príncipe Don Javier y Don Manuel Fal Conde, firman en San Juan de Luz, en nombre y representación de la Comunión Tradicionalista, una declaración haciendo constar que la Comunión se adhiere al Movimiento Militar.

    – Vuelve Lizarza a Pamplona con el Teniente Coronel Rada, quien iba a comunicar a Mola la conformidad de la Comunión.


    15 DE JULIO

    – Don Félix Maíz, como enlace de Mola, se desplazó a San Juan de Luz para recoger la nota de la Comunión Tradicionalista anunciando su participación, con el Ejército, en el Alzamiento.

    – Orden de Fal Conde a los carlistas para que se sumasen al Alzamiento.

    – Instrucciones del Inspector Jefe militar de los Requetés navarros, ordenando su movilización para tomar parte en el Alzamiento.


    15 – 16 DE JULIO

    – Nueva carta de Fal Conde a Don Alfonso Carlos, relatándole los acontecimientos que estaban produciéndose.


    17 DE JULIO

    Orden del Inspector Jefe de los Requetés navarros diciéndoles que, cumpliendo la que recibieron fechada el día 15, interviniesen en el Alzamiento.


    25 DE JULIO

    Carta de Don Alfonso Carlos a Fal Conde aprobando toda su actuación, y felicitando a los Requetés, a todos los carlistas.

  3. #3
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Historia del Alzamiento del 18 de Julio

    Fuente: Memorias de la conspiración, 1931-1936, Antonio Lizarza. Contenido en Navarra fue la primera, 1936-1939, Ed. Sahats, 2006, páginas 89 – 114.



    LAS RELACIONES CON MOLA


    En mayo [de 1936] visitó a Mola mi amigo y pariente Ignacio Baleztena, miembro de la Junta Regional Carlista y jefe que había sido del Requeté. El capitán Barrera había sugerido la entrevista en su afán de que el General comprobase el apoyo popular de la conspiración.

    Fue muy inteligente y diplomático el enfoque que Baleztena dio a la visita, tomando como pretexto el asalto a la Diputación de Bengaray y sus esbirros.

    “El frente Popular quiere sustituir nuestra Diputación por una Gestora. Los navarros, que estamos dispuestos a echar los pies por alto, no tememos ni a la Guardia Civil, ni a la chusma. Sólo queremos saber qué hará el Ejército”.

    Mola contestó evasivamente: “Es una pregunta comprometida. Pueden estar seguros, sin embargo, que mientras yo tenga mando no consentiré que el Comunismo se adueñe de España. Si he de serle franco le diré que desconfío de ofrecimientos civiles, sobre todo después de lo ocurrido al General Sanjurjo [el 10 de Agosto de 1932]. Nadie le ofreció un auto para escapar a Portugal”.

    Baleztena contestó rápido: “Nosotros no vamos a ofrecerle un coche para ir a Francia, sino todos los necesarios para marchar sobre Madrid”.

    “¿Con cuántos Requetés se podría contar?”, preguntó Mola más interesado, y que seguramente quería comprobar otras informaciones que le habían llegado.

    “No baje ni uno sólo de cinco mil”. Mola sonrió.

    “¿Y cuántos de Falange?”.

    “No creo lleguen a mil”.

    “¿Nada más?”.

    En el mes de junio fui llamado por el General Mola a Capitanía General, enterado sin duda que estaba organizando los Requetés.

    Me hizo varias preguntas, especialmente sobre el número de que podía disponer en un momento dado.

    Al contestarle que había encuadrados 8.400 Boinas Rojas, organizados en Unidades tácticas, según las órdenes de nuestro Inspector Militar [Teniente Coronel Ricardo de Rada y Peral], me contestó muy satisfecho y contento que le bastarían sólo 4.000.



    MOLA CON ZAMANILLO


    Ya muy interesado el General, se preparó su entrevista con un Representante de la Comunión, con el Delegado Nacional de Requetés, señor Zamanillo, entrevista que se celebró también en el Palacio de Capitanía de Pamplona, el día 11 de junio, donde Zamanillo entregó, por encargo del señor Fal Conde, la nota que transcribo a continuación, donde se indican los puntos bajo los cuales podía irse al Movimiento [1]:

    “1.º Medidas de orden público a juicio del Ejército.

    2.º Derogación de la Constitución, de las Leyes laicas y de las atentatorias de la unidad patria y al orden social.

    3.º Disolución de todos los partidos políticos, incluso de los que hayan cooperado.

    4.º Disolución de todos los Sindicatos y asociaciones sectarias. Incautación de sus fondos y bienes, y expulsión de sus dirigentes.

    5.º Proclamación de una Dictadura de duración temporal, con anuncio de la reconstrucción social orgánica o corporativa, hasta llegar a unas Cortes de esa naturaleza.

    6.º Anuncio de reforma de todos los cuerpos del Estado.

    7.º La suprema dirección política corresponderá a un Directorio, compuesto por un militar y dos Consejeros civiles designados previamente por la Comunión Tradicionalista. El primero será Presidente del Directorio y del Gabinete, y tomará especialmente sobre sí la Seguridad Nacional (Ejército, Marina, Orden Público, Comunicaciones y Transportes). De los otros dos, el uno se encargará del Ministerio del Interior (Ayuntamientos, Diputaciones, Preparación del régimen foral, Corporaciones y Enseñanza profesional), y el otro tomará a su cargo el Ministerio de Educación Nacional (Propaganda y Prensa, Enseñanza General –elemental y segunda– y Relaciones con la Iglesia).

    8.º Desarrollará las direcciones políticas del Directorio y llevará la Administración general del Estado un Gabinete de Ministros técnicos, previamente elegidos de entre las personas más capacitadas, desprovistas de prejuicios partidistas.

    Se da por supuesto que el Movimiento será con la bandera bicolor”. [2]

    El señor Zamanillo aclaró verbalmente al General Mola en esta nota que la Comunión no daba un programa completo, y sí sólo unos puntos de procedimiento; que se estimaba esencial lo puesto en cursiva; y que los cargos del número 7 se referían: el de Presidente, al General Sanjurjo, que se había propuesto a la Comunión, y ésta, complacida, aceptado; y los otros dos cargos serían designados por nosotros, que deseábamos que viniera al de Corporaciones José Antonio Primo de Rivera, a quien se lo habíamos propuesto.

    Debió sorprender al General Mola esta nota, por cuanto en Informe reservado que dio unas fechas más tarde, día 12 ó 13 [3], escribía: “Está por ultimar el acuerdo con los Directivos de una importante fuerza nacional, indispensable para la acción en ciertas provincias, pues la colaboración es ofrecida a cambio de concesiones inadmisibles, que nos harían prisioneros de cierto sector político en el momento de la victoria. El llamado Pacto de San Sebastián está aún muy reciente para que los españoles lo hayan olvidado, así como las dolorosas consecuencias que ha traído a España. Nosotros no podemos en forma alguna hipotecar el porvenir del nuevo Estado”.



    [1] En la carta de Fal Conde al General Sanjurjo, de 6 de Julio, se aclara que la nota está fechada el 11 de Junio, pero que Zamanillo se la entregó a Mola al día siguiente, 12 de Junio. Véase Apéndice 4.

    [2] Véanse los comentarios de Fal Conde a esta nota, publicados en Montejurra, Número 44, Diciembre 1968.

    [3] En realidad el “Informe reservado” del General Mola data del 1 de Julio. Se reproduce posteriormente en Apéndice 2.




    ENTREVISTA EN IRACHE


    Se hizo, pues, necesaria la entrevista de las dos cabezas de la conjuración, para tratar de llegar a un acuerdo, que ambas partes ardientemente deseaban.

    La entrevista de don Manuel Fal Conde con el General Mola se celebró en el Monasterio de Irache, el día 15 de junio.

    Yo traje a Fal desde San Juan de Luz, con los consiguientes apuros al cruzar la frontera.

    En este primer encuentro se pergeñaron, a grandes rasgos, los puntos más esenciales para ir conjuntamente Ejército y Requetés, a una acción de fuerza contra la República, pero sin llegarse a concretar las condiciones, habiendo salido complacidísimos el uno del otro.

    Mientras duró la conversación, que se celebró en la celda del Padre Superior, yo me dediqué a recorrer el Monasterio, acompañado de un buen Padre.

    El General Mola entregó al señor Fal Conde una segunda nota, fechada en Madrid, a día 5 de junio, exponiendo sus puntos de vista, como contestación a la que recibiera de Zamanillo.

    Decía así:


    “El Directorio y su obra inicial.

    Tan pronto tenga éxito el movimiento nacional, se constituirá un Directorio que lo integrarán un Presidente y cuatro vocales militares. Estos últimos se encargarán personalmente de los Ministerios de Guerra, Marina, Gobernación y Comunicaciones.

    El Directorio ejercerá el poder con toda amplitud, tendrá la iniciativa de los decretos-leyes que se dicten, los cuales serán refrendados por todos sus miembros. Dichos decretos-leyes serán revisados en su día por el Parlamento constituyente elegido por sufragio, en la forma que oportunamente se determine. Al frente de los Ministerios no consignados anteriormente, figurarán unos Consejeros técnicos, quienes asumirán las funciones que en la actualidad ejercen los ministros.

    Los Consejos que celebre el Directorio podrán ser ordinarios y plenos. Los primeros lo integrarán el Presidente y los vocales; los segundos, los citados y los Consejeros técnicos.

    Los primeros decretos-leyes que se dicten serán los siguientes:

    a) Suspensión de la Constitución de 1931.

    b) Cese del Presidente de la República y miembros del Gobierno.

    c) Atribuirse todos los poderes del Estado, salvo el judicial, que actuará con arreglo a las Leyes y reglamentos preestablecidos que no sean derogados o modificados por otras disposiciones.

    d) Defensa de la Dictadura Republicana. Las sanciones de carácter dictatorial serán aplicadas por el Directorio sin intervención de los Tribunales de justicia.

    e) Derogación de las Leyes, reglamentos y disposiciones que no estén de acuerdo con el nuevo sistema orgánico del Estado.

    f) Disolución de las actuales Cortes.

    g) Exigencias de responsabilidades por los abusos cometidos desde el poder por los actuales gobernantes y los que les han precedido.

    h) Disolución del Tribunal de Garantías.

    i) Declarar fuera de la Ley todas las sectas y organizaciones políticas o sociales que reciben inspiración del extranjero.

    j) Separación de la Iglesia y el Estado; libertad de cultos y respeto para todas las religiones.

    k) Absorción del paro, y subsidios a los obreros en paro forzoso comprobado.

    l) Extinción del analfabetismo.

    m) Creación del carnet electoral. En principio no tendrán derecho a él los analfabetos y quienes hayan sido condenados por delito contra la propiedad y las personas.

    n) Plan de obras públicas y riegos de carácter remunerador.

    o) Creación de comisiones regionales para la resolución de los problemas de la tierra sobre la base del fomento de la pequeña propiedad y de la explotación colectiva, donde ello no fuera posible.

    p) Saneamiento de la Hacienda.

    q) Ordenación de las industrias de guerra.

    r) Restablecimiento de la pena de muerte en los delitos contra las personas, siempre que produzcan la muerte o lesiones que ocasionen inutilidad para el ejercicio de la profesión, industria o trabajo de las víctimas.

    El Directorio se comprometerá, durante su gestión, a no cambiar en la nación el régimen republicano, mantener en un todo las reivindicaciones obreras legalmente logradas, reformar el prestigio de la autoridad y los órganos de defensa del Estado, dotar convenientemente al Ejército y a la Marina, para que tanto uno como otra sean eficientes, creación de milicias nacionales, organizar la instrucción premilitar desde la escuela y adoptar cuantas medidas se juzguen necesarias para crear un Estado fuerte y disciplinado.

    Madrid, 5 de junio de 1936.– El Director”.


    Como puede fácilmente deducirse de la simple lectura de esta contestación del General Mola, había varios puntos –que he puesto en cursiva– exclusivamente alejados del pensamiento tradicionalista, expuesto a grandes rasgos en aquella nota 1ª.

    Se hizo, pues, necesario un tercer contacto personal.



    ENTREVISTA EN ECHAURI. NO HAY ACUERDO CON MOLA


    Y así, unos días más tarde –día 2 de julio– se celebraba en Echauri, en casa de don Esteban Ezcurra, que a la sazón era Jefe de los Requetés del Valle de Echauri, una nueva entrevista con el General Mola.

    A ella no pudo acudir don Manuel Fal Conde, que continuaba en San Juan de Luz, y, en su lugar y en representación del mismo, traje al señor Zamanillo, a quien acompañé en esta reunión. A raíz de ella se hizo entrega al General de una tercera nota, que a continuación se copia. [1]

    “Nota 3.ª, de 2 de julio de 1936.

    En la primera nota se subrayaron, como esenciales, aquellos que responden a principios inmutables, servidos durante un siglo, sin los que no podemos colaborar, que pueden reducirse a dos: uno de imprescindible previsión política y otro de obligada lealtad a nuestras masas.

    Dicha previsión exige que se garantice que la futura política responda a los dictados de la religión y acometa la reconstrucción política del Estado sobre las bases sociales y orgánicas para acabar con el parlamentarismo y el sufragio liberal.

    Aceptamos la Presidencia del General que nos ha sido propuesto, pero pedimos que con él lleven la dirección política (no la de Gobierno en el sentido estricto de orden público, ni la Administración General), dos consejeros que designemos, a los que se encomiende la obra de la reconstrucción orgánica o corporativa y de educación nacional, sin que nos interesen en absoluto (pues que nada queremos para nosotros, ni para el Partido, llamado, como todos, a disolverse) los ministerios actuales, que se encomendarán a personas técnicas los de la Administración General del Estado, o a militares lo relacionado con el orden público.

    En segundo lugar, el punto relativo a la bandera es de obligada lealtad a nuestras masas. Aunque hubiera derecho a pedir a los dirigentes que se sobrepongan a los símbolos, nunca se podrá hacer entender a las masas otro lenguaje que el simbólico, y mal podrán comprender nuestras masas, en la bandera republicana, obra de gobierno que, sobre los intereses puramente materiales, ponga los altos ideales de la espiritualidad y el honor de España, únicos merecedores del sacrificio de la vida.

    De otra manera no podemos colaborar, no sin dolor, firmemente persuadidos de que el momento requiere una fuerte ponderación de ideales que (a costa de reducir colaboraciones de dudosa eficacia práctica, pero de segura pérdida de altura moral) puede crear una fuerte solidaridad entre la parte sana del Ejército, que es la que representa su honor y su gloria, con las fuerzas sociales ardientes de un sacrificio heroico y empeñadas en el propósito de rendirlo”.

    El propio Zamanillo la narró recientemente así:

    “Asistía a esa entrevista como Delegado Nacional de Requetés y representando a Fal Conde, que no pudo dejar San Juan de Luz. Fue la segunda parte de la que celebraron Mola y Fal en Irache, y salimos disgustados los dos. Llevábamos bastante tiempo en tratos con el General para concretar las bases políticas del Movimiento, y aunque nosotros dejáramos a un lado, por patriotismo, postulados esenciales de nuestro programa, no podíamos aceptar cosas que fueran contra ellos”.

    No hubo acuerdo, ni ya posibilidad de alcanzarlo por el trato directo.

    Don Manuel Fal Conde había fijado en esta tercera nota las condiciones mínimas para la colaboración.

    Ni pretendíamos la Presidencia del Directorio, ni el Gobierno ni sus Ministerios, ni la Administración a formar después de la victoria; sólo pedíamos “la disolución de todos los partidos políticos, incluso de los que hayan cooperado” (véase nota 1ª), y el nuestro, por tanto, si como tal se le consideraba, para convertirnos todos automáticamente en españoles y para que España quedase calmada; pero era de “imprescindible previsión política”, decía la nota tercera, que con el Presidente del Directorio lleven la alta dirección política “de reconstrucción orgánica o corporativa y de educación nacional”, dos consejeros que la Comunión designase. A José Antonio Primo de Rivera se había hecho el ofrecimiento de uno de estos puestos de consejero.

    Nuestra segunda garantía era el punto relativo a la bandera. Como ya hemos dicho, el movimiento iba a consistir en una marcha sobre Madrid de varias columnas militares. Mola requería que Unidades de Boinas Rojas fueran agregadas a ellas, para que adquiriesen seguridad y espíritu.

    Añadía el General que, como quiera que había que aunar voluntades dentro del Ejército, no podía obligarse a que la tropa saliese con la bandera bicolor, sino que cada cual obrase con libertad en este punto.

    Pero la Comunión no podía consentir que un solo Requeté diese su sangre bajo la bandera tricolor, y dado que la misión prevista a los Boinas Rojas era infiltrarse en los Batallones del Ejército, era de temer que bastantes de éstos saliesen con la bandera de la República.

    No hubo forma de llegar a un acuerdo. Ya sólo quedaba como último recurso acudir a Sanjurjo, para someterle la cuestión y para que él la decidiese.

    Así concluyó la entrevista de Echauri, sin obtenerse ningún adelanto, fracasadas las relaciones entre Ejército y Carlismo.

    Cuando bajamos del piso en que se había celebrado la conversación hacia el portal, recuerdo que dijimos al General si quería ver un depósito de pistolas que se tenía instalado en la parte baja de la casa del señor Ezcurra. Pasamos a verlo, y Mola nos dijo muy sonriente que no gastásemos bromas de esa naturaleza, celebrando entrevistas encima de un depósito de armas.



    [1] La entrevista tuvo lugar, según Félix Maíz, el 1 de Julio. Es posible que la confusión de Lizarza tenga que ver con que la nota esté fechada el 2 de Julio. Esta nota le sería entregada a Mola el día 3 de Julio, según se dice en la carta de Fal Conde al General Sanjurjo, de 6 de Julio (véase Apéndice 4).




    DÍAS 6 A 8 DE JULIO: CORRESPONDENCIA ENTRE MOLA Y FAL CONDE


    En aquellas vísperas de la explosión patriótica, Fal y Mola mantuvieron una casi diaria correspondencia, en su afán de limar asperezas y concretar los detalles de la colaboración entre Ejército y Comunión, que ambas partes, animadas del mejor fervor patriótico, consideraban absolutamente imprescindible.

    El día 6, Fal Conde escribió al General: “Ayer he recibido la visita de D. José María Gil Robles [1] acompañado de un correligionario suyo (D. Francisco Herrera), que se titulaba también emisario de V., y al propio tiempo que aquél se declaraba en absoluto acuerdo con V. y con los generales Cabanellas y Queipo de Llano, con quienes el aludido emisario dice que ha tenido entrevistas, me han dicho que la futura política está acordado que sea, después de una breve actuación de los militares, un Gobierno formado por los partidos de derecha que, por lo tanto, habrían de quedar subsistentes. Y por fin la versión autorizada que tengo de Lisboa es de que las condiciones que allá se han llevado de parte del general Cabanellas son de República con Gobierno Miguel Maura”.

    La Comunión, confirma, está dispuesta a hacer todo lo que sea preciso, pero ¿se trata de salvar la Patria o no?, pregunta.

    “Nada que allí [en las notas] no conste ha sido pedido por nosotros, y todo lo en ellas mencionado se reduce a dos puntos, sintetizado en la segunda. Uno, sustantivo de futura gobernación sobre base de antiparlamentarismo, desaparición de toda política de partido y reconstrucción social para la vida política nueva en forma orgánica o corporativa, en que, atendido el problema religioso, se encauce toda la política del Estado a esa transformación y urgente renovación. Y otro, relativo al símbolo. Jamás saldremos en acción militar con la bandera tricolor; mas tampoco sin ninguna bandera, ni aún con la bicolor, si el contenido sustancial ha de ser republicano”. [2]

    Ese mismo día 6 escribe Fal a Sanjurjo explicándole lo que ocurre, cómo Mola había dicho a Zamanillo en Echauri de que no podía aceptar las condiciones carlistas “pues las exigencias y colaboraciones de Cabanellas y Queipo de Llano lo impedían”:

    “Nos enteró de los nombres de los cinco que formarían el Directorio, para los cuales no tenemos más que palabras de respeto, admiración y confianza; pero San Juan (Zamanillo) le hizo notar que ellos, como ajenos a la política, no podrán realizar ni dirigir por sí solos la reconstrucción del país”.

    Continúa informando al marqués del Riff que Francisco Herrera Oria y Luca de Tena le habían visitado acompañando a Gil Robles, siendo el tono de la visita de lo más lamentable. Dijo Gil Robles que estaba de acuerdo con Mola (Quintana en la jerga del momento), lo que se contradice con lo que el día 15 dijo éste, y que estaba al habla con Cabanellas y Queipo de Llano. “No siente escrúpulos por su colaboración ni por sus exigencias, y después de una corta actuación militar se formará un gobierno de partidos de derecha, que se repartirán los gobiernos civiles. De disolución de partidos, ni hablar. Algo verdaderamente repugnante” [3]. Gil Robles ha hecho decir a Mola que la bandera tricolor es una imposición de Cabanellas. [4]

    Mola, en su carta respuesta del día siguiente, festividad de San Fermín, de siete cláusulas numeradas, recaba libertad de acción y reafirma no existir ataduras ni obligaciones partidistas.

    La cláusula 2.ª dice: “El Directorio será antiparlamentario; lo cual no excluye que el día de mañana se recurra a una asamblea nacional elegida en forma distinta a la del actual parlamento”.

    La tercera: “Nosotros no tenemos ninguna concomitancia con el Sr. Maura ni con el Sr. Gil Robles, ni con ningún otro partido”.

    “En cuanto al símbolo, yo prometo solemnemente hacer cuestión de gabinete, tan pronto las circunstancias me lo permitan, y procurar inmediatamente sea restituida la bandera bicolor; pero de momento no puede salirse con ella, por ser impolítico, y nos restaría muchas colaboraciones de orden militar que son imprescindibles para la victoria”.

    “Necesitamos, continúa el General, una contestación inmediata y concreta”.

    “6ª. Comprenda que una actitud de intransigencia podría llevar a la nación a un estado que no tendría remedio”.

    “7ª. Sepa que todo está paralizado precisamente por la actitud adoptada por Vd., pero ciertas cosas están tan avanzadas que no es posible ni el alto ni menos el salto atrás”. [5]



    [1] Véanse los comentarios de Fal Conde sobre esta visita, en sus artículos de 2 y 3 de Mayo de 1968, en ABC.

    [2] Texto completo de la carta de Fal Conde al General Mola de 6 de Julio, en Apéndice 3.

    [3] Texto completo de la carta de Fal Conde al General Sanjurjo de 6 de Julio, en Apéndice 4.

    [4] En esa frase se equivoca Lizarza. Fal Conde, en su carta al General Sanjurjo de 6 de Julio, afirma que fue el propio Mola el que dijo que “la bandera tricolor es una imposición de Cabanellas”, y no que “Gil Robles le hizo de decir a Mola” eso.

    [5] Texto completo de la Carta del General Mola a Fal Conde de 7 de Julio, en Apéndice 4.





    FAL CONDE CONTESTA A MOLA A LAS 9 DE LA MAÑANA DEL DÍA SIGUIENTE, 8 DE JULIO, REITERANDO LOS SIGUIENTES PUNTOS:


    1) Disolución de todos los partidos políticos, incluso los que hubiesen participado en el movimiento;

    2) Preguntaba por las garantías que se daban a la Comunión, por la clase de asamblea nacional a convocar, por el asunto religión, y por sus planes sobre los partidos;

    3) Insistía que la Comunión no constituía obstáculo alguno, y que por vez primera estaba dispuesta a luchar sin mencionar la cuestión del Rey.

    “No me negará Vd. que esa imposición del símbolo republicano por algunos colaboradores es muy sospechosa de que esos mismos exijan, como caso de honor militar, que consecuentemente con el hecho de haber ostentado ese símbolo y triunfado con él, se le deje adoptado, y, lo que es peor, se respeten las esencias que esa bandera representa”. [1]


    [1] Texto completo de la carta de Fal Conde al General Mola de 8 de julio, en Apéndice 6.




    MOLA ROMPE LAS RELACIONES


    El General dirigió el 9 de julio la siguiente carta a Fal Conde:


    “Muy Sr. mío y amigo:

    Al recibir su carta de ayer he adquirido el convencimiento de que estamos perdiendo el tiempo.

    El precio que Vds. ponen para su colaboración, no puede ser aceptado por nosotros. Al Ejército sólo le interesa la salvación de España; nada tiene que ver con la ambición de los partidos.

    Recurrimos a Vdes. porque contamos únicamente en los cuarteles con hombres uniformados, que no pueden llamarse soldados; de haberlos tenido, nos hubiéramos desenvuelto solos.

    El tradicionalismo va a contribuir con su intransigencia de modo tan eficaz como el Frente Popular al desastre español. Allá Vdes. con su responsabilidad histórica.

    De cuantos han actuado en esta aventura, la única víctima voy a ser yo. Será el pago a mi buena fe.

    Quizá tenga que arrepentirse algún día de la actitud de hoy.

    Le saluda atentamente,

    EMILIO MOLA”.



    MI VIAJE A ESTORIL

    Como para nosotros era cuestión capital conjuntar nuestra acción con la del Ejército, y en vista del cariz que iban adquiriendo las relaciones difíciles con Mola, y de los peligrosos acontecimientos que venían ocurriendo en España, fui mandado por Fal Conde a Estoril, con el fin de exponer al General Sanjurjo el estado de la cuestión.

    Pasé con el malogrado General los días 9 y 10, y, regresando el día 11, portador de dos cartas, una para el General Mola, y otra, copia de la misma, para don Manuel Fal Conde.

    Era admirable el febril patriotismo con que se expresaba el General Sanjurjo hablando del próximo Movimiento; ¡Qué en carlista se expresaba!, y ¡qué ansiedad la suya al ver que cada vez estaba más cercana la hora de volver a redimir a España! Le recuerdo bien todavía, con su lenguaje bronco, sus manos en el bolsillo, un poco sordo, lleno de entusiasmo e impaciencia.

    Lloraba y hacía llorar, cuando al entregarme las cartas y despedirme, me decía: “Que se arreglen las cosas, dígaselo al General Mola, porque sin los Requetés no se podrá hacer nada, y vengan a buscarme cuanto antes, que yo quiero presentarme al frente de los míos. Hasta pronto, amigo Lizarza”.

    Presenciaba emocionado esta despedida don Aurelio González de Gregorio, que también estaba desterrado por la República en Portugal.



    INTERVENCIÓN DEL CONDE DE RODEZNO


    Estando yo en Estoril con el General Sanjurjo, ocurrió un hecho de la mayor trascendencia por las consecuencias que acarrearía para toda la Historia ulterior de la Comunión, y fue la entrevista de Rodezno con Mola, que preparara “Garcilaso” [Raimundo García], director del “Diario de Navarra”.

    Como ya he dicho en otra parte, el conde de Rodezno dirigió durante algún tiempo la Junta Suprema que gobernaba el Tradicionalismo.

    Sea por las circunstancias excepcionales por que atravesaba España, sea por las razones que fueren, aquella Junta cesó, y en su lugar fue nombrado el 3 de mayo de 1934, como única autoridad, don Manuel Fal Conde.

    Una nueva política sustituyó a la anterior, y Rodezno se inhibió de la política de acción, preconizada por Fal, sobre todo de la organización militar carlista.

    Pues bien, en aquellos días de julio, el General Mola se hallaba en una difícil postura: comprometido en una conspiración, de la que ya no podía retirarse, no acababa de arreglar las diferencias con la Jerarquía oficial del Carlismo, representada por el señor Fal Conde, y cuyo concurso le era absolutamente necesario para seguir adelante.

    Fue don Raimundo García quien preparó la entrevista del General Mola y Rodezno, que se celebró la primera el día 9, en los alrededores de Pamplona.

    “El resultado más importante de estas conferencias –copiamos de “La Historia de la Cruzada”, pág. 458, volumen dedicado a Navarra–, fue la sugestión de Rodezno, aceptada con júbilo por Mola, de que el General se entendiese para todo lo relacionado con los carlistas de Navarra con la Junta Regional del Partido, que presidía a la sazón don Joaquín Baleztena”.

    Aquella baza era triunfo para Mola y para Rodezno; suponía la posibilidad, la seguridad mejor dicho, de que el General lograría lo que hasta entonces no había conseguido.

    Si se prometiese que los Ayuntamientos de Navarra fueran carlistas… Y si la Junta Regional se alzaba con el poder, Rodezno automáticamente recobraría la posición que perdiera en 1934, porque Navarra era no sólo el eje del Carlismo, sino aun el mismo corazón de España.




    DE ESTORIL A SAN JUAN DE LUZ


    Regresé el día 11 con esas dos cartas; una escondida en el cinturón; la segunda, en el tubo de la pasta de dientes, y sin novedad crucé la frontera.

    Llegado a Pamplona, y sin comer, seguí viaje a San Juan de Luz, a entregar a Fal Conde la suya.

    La leyó y le pareció muy bien su contenido, y me felicitó efusivamente por haber conseguido un documento de tal importancia, de puño y letra del General Sanjurjo, en que dirimía de una vez el pleito –llamémoslo así– entre Mola y la Comunión.




    LA CARTA DE SANJURJO A FAL CONDE


    Copiada literalmente decía:


    “9 de julio de 1936.

    Querido Fal:

    Tengo mucho gusto en transcribir a continuación copia de la carta que con esta fecha escribo a Emilio en los términos siguientes:


    Querido Emilio:

    Enterado de su noble y patriótico trabajo de organización y de unión de pareceres, tanto para la preparación del Movimiento como para la estructuración del país, una vez que hayamos triunfado. Ratos desagradables son éstos, pues siendo varios los que intervenimos, y más siendo españoles, es difícil el empeño de aunar, pero no imposible, dado el patriotismo de todos.

    Mi parecer sobre la bandera debía por lo pronto solucionarse dejando a los tradicionalistas usen la antigua, o sea la española, y que aquellos Cuerpos a los que hayan de incorporarse fuerzas de esta Comunión no lleven ninguna. Esto de la Bandera, como Vd. comprende, es cosa sentimental y simbólica, debido a que con ella dimos muchos nuestra sangre y envuelto en ella fue enterrado lo más florido de nuestro Ejército, y se dio el caso de que en nuestra guerra civil entre carlistas y liberales, unos y otros llevaron la misma enseña. En cambio, la tricolor preside el desastre que está atravesando España. Por eso me parece bien lo que me dicen de que Vd. ha prometido que el primer acto de Gobierno será la sustitución de la misma.

    Ya veo que hay alguno de nuestros compañeros a quienes no agrada esta solución, pero no dudo que han de convencerse, y en todo caso habrán de someterse, teniendo en cuenta esta razón y que la inmensa mayoría de los Oficiales desea este cambio.

    Comprendo desde luego, que en el Ejército debe buscarse el mayor número de adhesiones, pero no quiere esto decir que todos los adheridos tengan el derecho de hacer cambiar la opinión de la mayoría de nosotros, pues Vd. bien sabe que a algunos de ellos se les han hecho indicaciones, no porque el Movimiento dejase de triunfar sin ellos, sino por presentar al Ejército más unido y hasta más disciplinado dentro de sus Jerarquías.

    En la organización del Ejército volverán los Tenientes Generales.

    El Gobierno tiene que constituirse en sentido puramente apolítico por militares, y ha de procurarse que el que lo presida esté asesorado por un Consejo de hombres eminentes, no pudiendo formar parte de él aquéllos que no hubiesen cooperado de una manera decisiva en la acción del Movimiento.

    Desde luego, e inmediatamente, habrá que proceder a la revisión de todo cuanto se ha legislado, especialmente en materia de religión y social, hasta el día, procurando volver a lo que siempre fue España.

    Como ya indico antes, es necesario que cesen las actividades de los partidos políticos para que el país se encalme, tomando para desempeñar los cargos a aquellos señores que sean idóneos y patriotas.

    Ir a la estructuración del país, desechando el actual sistema liberal y parlamentario, que es en definitiva el que ha llevado a la Patria, como a otros países, a los trastornos que hoy lamentamos y tratamos de remediar, adoptando las normas que muchos de aquéllos están siguiendo, para ellos modernas, pero seculares en nuestra Patria.

    La duración del Gabinete Militar ha de ser la necesaria hasta encauzar el país por las normas indicadas.

    Le reitero mi felicitación por lo bien que lleva su cometido, lo que no me extraña nada conociendo su patriotismo y su inteligencia.

    Ya sabe Vd. que iré en cuanto me llame. Un poquito de paciencia, pues tenga la seguridad de que el triunfo será nuestro. Comprendo que no desarrollo toda una política a seguir, pero sí creo que son puntales muy fundamentales para la dirección de ella el día de mañana.

    Parecido a esto escribo al amigo Fal, esperando lleguen a un acuerdo tan necesario y que no debe demorarse.

    Un fuerte abrazo,

    JOSÉ SANJURJO (Rubricado).

    En espera de que estas cartas puedan solventar las diferencias que hasta este momento existían al parecer, le envía un abrazo,

    JOSÉ SANJURJO (Rubricado)”.




    DE SAN JUAN DE LUZ A PAMPLONA


    Este mismo día 11 volví a Pamplona y convine con el Ayudante de Mola que a la mañana siguiente podría ver al General en la Plaza de Toros, durante el encierro, donde, gracias a la aglomeración, pasaría desapercibida nuestra entrevista y entrega del mensaje. Pero fue tanta la aglomeración en la Plaza –era el último día de las Fiestas–, que fue de todo punto imposible acercarme al palco que ocupaba el General.

    A la salida, ya en la Plaza del Castillo, se me acercó el Ayudante, señor Fernández Cordón, a quien entregué la carta de Sanjurjo para Mola, rogándole una rápida contestación. Quedamos que llevaría el resultado a mi casa a las ocho y media de esa misma mañana.




    TROPIEZO CON MOLA
    [1]

    Efectivamente, a esa hora llegó el Ayudante a mi casa, de la calle Calceteros, para decirme lo siguiente:

    Que le había dicho el General que, aunque reconocía que la firma de la carta era del General Sanjurjo, el contenido de la misma no era suyo.

    Me produjeron tal extrañeza y tan dolorosa sorpresa, que hice ver al Ayudante la gravedad de cuanto había dicho, porque se hacía suponer, nada menos, que toda una falsificación, o suplantación; pero el señor Fernández Cordón me replicó diciendo que todo ello se lo había hecho ver al General.

    Sin salir de mi asombro, le hice repetir las palabras, y, al ratificármelas, dada la extrema gravedad del asunto, me trasladé inmediatamente a San Juan de Luz, a dar cuenta de lo que ocurría al Príncipe Javier, a don Manuel Fal Conde y a la Junta Militar.



    [1] Nota de Antonio Lizarza. Desde esa fecha hasta el final, el libro de Maíz [Alzamiento en España, 1952] padece varios errores o deficiencias. Ni recoge la carta de Sanjurjo, ni me cita sino como “un viajero”. Habla de la conformidad de Mola al mensaje el día 11, cuando la verdad es que no existiría hasta el día 14, y que, si se consiguió, fue por motivos ulteriores, hasta hoy inéditos.

    Así se explican los “síntomas de discusión”, a que alude en la página 255, y que “las relaciones –en el día 14–… están en punto muerto”, como dice en la pág. 278. ¿Por qué, de existir la conformidad de Mola como pretende Maíz? La verdad aparece hoy, por vez primera, y esto porque yo fui testigo de primera fila en aquellos decisivos momentos.





    ORDEN DE FAL CONDE


    Al contarles lo sucedido, me fue ordenado “que se diese por terminada toda relación con Mola”, puesto que dudaba de la honorabilidad de la Comunión.

    Se dio inmediatamente la orden de no secundar movimiento que no fuera exclusivamente nuestro. La orden era de Fal Conde y fue dada en la mañana del día 12 de julio.

    Se me mandó continuar y acelerar la labor de introducción de armas, de fabricación de bombas y de preparación del Requeté, dispuestos a hacer nosotros solos el alzamiento, con la seguridad de que, cuando llegase la hora, nos llevaríamos la parte más sana del Ejército.

    Asimismo, se debía estar alerta contra un posible golpe comunista, del que había confidencias fidedignas.

    Consecuencia de todo esto, cayó por tierra el plan primitivo, conjunto de la Comunión y del Ejército, que era que Navarra se levantase el día 12, y el 14 África, pues sabido es que la primera idea asignaba a las fuerzas de Marruecos un papel expectante, como de reserva.

    “Navarra y África fueron el eje de la guerra. Sin Navarra y África, que ofrecieron dos bases compactas y sólidas… en 1936, pudo haber un pronunciamiento militar más” [1]


    [1] Nota de Antonio Lizarza. “Juan de Iturralde”, seudónimo del Padre Juan Usabiaga, El Catolicismo y la Cruzada de Franco, ed. Egui-Indarra, 1955, volumen primero, pág. 447.




    INTERVENCIÓN DE LA JUNTA REGIONAL CARLISTA DE NAVARRA


    La tarde de ese día, estando yo todavía en San Juan de Luz con S. A. el Príncipe y don Manuel Fal Conde, se presentó la Junta Regional de Navarra, compuesta por don Joaquín Baleztena, su hermano Ignacio, don José Martínez Berasain, don Luis Arellano y don Isidro Arraiza, a quienes acompañaba don Fermín Sagüés, para entrevistarse con el Príncipe y con Fal Conde, y suplicarles autorización para movilizar a los Requetés de Navarra, en un movimiento militar que iba a dirigir el General Mola y que, según sus noticias, sería en un plazo de tres o cuatro días.

    El Príncipe les preguntó (aunque yo no estaba presente, él mismo me lo repitió):

    “– ¿Qué condiciones han pedido ustedes al General Mola para ir al Movimiento?

    – Mola nos ha prometido, bajo palabra de honor, que, en cuanto se triunfe, se decretará que la enseña nacional sea la bandera bicolor, y que, desde luego, los Ayuntamientos de Navarra serán carlistas”.

    El Príncipe, completamente asombrado, replicó:

    “– Y, ¿a esto supeditan ustedes todo el historial y todo el futuro de la Comunión Tradicionalista, a que los Ayuntamientos de Navarra sean carlistas?”.

    A pesar de esa respuesta, la Junta volvió a insistir, pidiendo la autorización para apoyar a Mola.

    “– Esto yo no lo puedo autorizar bajo esas condiciones. Pero, no obstante, si mi Tío, el Rey Don Alfonso Carlos, que está en Viena, da su conformidad, Él tiene la última palabra. Yo le escribiré hoy mismo, y supongo que la contestación la tendré dentro de tres días.

    – Pero, ¿y si el movimiento estallase antes de esos tres días? –apuró la Comisión”.

    El Príncipe entonces les dijo:

    “– Si, como ustedes dicen, el movimiento se inicia antes de esa fecha, podrán ustedes ir a él, pero lo mejor será esperar la decisión del Rey.

    – Dentro de tres días vendremos por la contestación, Alteza –contestaron los de la Junta”.




    DE SAN JUAN DE LUZ A PAMPLONA Y VUELTA A SAN JUAN DE LUZ


    La misma tarde del día 12 había regresado yo a Pamplona, encontrándome con la sorpresa de que se daba por descontado que se iba al movimiento en la forma expresada por la Junta Regional. Por lo visto se presuponía la aprobación del Señor.

    En vista de ello, a primera hora de la mañana siguiente, volvía a San Juan de Luz, a dar cuenta de lo que pasaba, volviendo de nuevo a Pamplona con la orden concreta de que los Requetés no secundasen ningún levantamiento sin que el mandato viniese por mi mediación.

    A este efecto, procedí a reunir a todos los Jefes del Requeté de Pamplona y de los alrededores en la sala de Guardia del Círculo, y, habiéndoles explicado lo que sucedía, prestaron juramento de no acatar orden alguna que no llegase por mi conducto.

    Joaquín Baleztena recibió carta del Rey Don Alfonso Carlos, ordenando la abstención de los carlistas en el inminente levantamiento. [1]

    La tarde de este día volví a San Juan de Luz a dar cuenta que la orden estaba cumplida, regresando la misma noche a Pamplona, donde había corrido como un reguero de pólvora la noticia del asesinato de Calvo Sotelo. La gente estaba muy impresionada. [2]



    [1] Aquí se equivoca Antonio Lizarza. La carta en cuestión dirigida a Joaquín Baleztena, no era de Don Alfonso Carlos sino de Don Javier. El entonces Príncipe, efectivamente, había escrito a Don Alfonso Carlos el mismo día 12 de Julio dándole cuenta de su desautorización a la Junta Regional de Navarra de toda negociación con Mola al margen de la Junta Militar de la Comunión con sede en San Juan de Luz. Don Alfonso Carlos le envió inmediatamente carta de contestación, que fue recibida al día siguiente, 13 de Julio, dándole toda la razón a Don Javier frente al acto de indisciplina de la Junta Regional.

    Véase aquí el texto completo de la carta de Don Javier a Joaquín Baleztena, de 13 de Julio.

    [2] Nota de Antonio Lizarza. El asesinato llenó a España de ira, de asco y de vergüenza. El Alzamiento habría estallado sin su muerte, pero dio el espaldarazo definitivo a la justicia y necesidad de la conspiración.




    EN PAMPLONA EL 14 DE JULIO


    El día siguiente, 14 de julio, me encontré en la Plaza del Castillo con tres de los capitanes comprometidos, Barrera, Lorduy y Vázquez, quienes al verme me dijeron muy contentos:

    “Esto ya está en marcha; dentro de dos o tres días nos echamos a la calle, puesto todo está preparado.

    – ¿Nos echamos? u ¿os echáis? –pregunté–. Iréis vosotros, porque nosotros no vamos al movimiento.

    – ¡Qué no vais al movimiento! –me dijeron estupefactos–. ¿Qué es lo que pasa?

    – Pues sencillamente –y les expliqué lo ocurrido–, que he traído una carta de Sanjurjo para Mola con el fin de que éste la suscribiese, y como quiera que se ha negado a ello, hemos roto toda relación con él, y, por tanto, no le secundaremos mientras que, por su parte, no se acepten las condiciones mínimas de aquella carta.

    – Esto hay que arreglarlo, como sea, esto no puede ser. Ahora mismo estaremos con Mola –me dijeron los capitanes.

    – También nosotros quisiéramos un arreglo, porque sería una verdadera pena que, por no llegar a un acuerdo, se malograse vuestro esfuerzo y no consiguiéramos lo que todos queremos, que es salvar a España”.




    ENTREVISTA HISTÓRICA EN MI CASA


    La tarde de ese día 14 se presentaron en mi casa aquellos tres capitanes, para decirme que habían hablado con Mola, el cual les había expuesto el estado de la cuestión.

    “– Hemos visto que las condiciones que ahora tratáis de imponer son inadmisibles, pues queréis aprovecharos de la difícil situación en que se halla Mola ante el Gobierno, ya enterado de sus propósitos, para ponerle el dogal al cuello. Parece mentira que la Comunión Tradicionalista se raje (sic), ahora que ha llegado la hora.

    – ¡Basta! –les atajé–; no tolero que en mi casa se hable así de la Comunión, porque tened presente que, ni se ha rajado nunca, ni se raja, ni se rajará, pase lo que pase. Lo que sucede es que estáis hablando por hablar, porque sin duda no estáis bien enterados del asunto. Lo que nosotros hemos pedido, no son condiciones, sino mínimas garantías. Nosotros no hemos pedido, para secundar el movimiento, otra cosa que lo más indispensable: que se salga con la bandera española, por cuanto no podemos consentir que ningún Requeté derrame una gota de sangre por la bandera tricolor; y que el primer acto de Gobierno, en cuanto se triunfe, sea dictar una ley disolviendo todos los partidos políticos, incluso el nuestro, si se le considera como tal, para convertirnos automáticamente todos en españoles. ¿Se puede ir con más alteza de miras a un alzamiento?.

    – Pero, es que ahora pedís que se proclame el Rey, que se acepte íntegramente vuestro programa –me respondieron”.

    Yo les rebatí enérgicamente diciendo: “No es cierto; del Rey ni se ha hablado siquiera. Vendrá, eso sí, pero vendrá cuando tenga que venir”.

    Como la discusión se prolongaba, y disminuían las esperanzas de entendernos, propuse conciliador:

    “– Dejemos de discutir y vayamos al grano. Como sabéis, nosotros habíamos indicado al General Mola las condiciones para ir al movimiento, pero como él oponía ciertos reparos, he estado con Sanjurjo, supremo director y símbolo de la conjuración, y he traído una carta suya para Mola, carta que éste se niega a aceptar y suscribir, bien sea por lo de la bandera, bien por lo de la disolución de los partidos políticos, bien por la cuestión religiosa. Ahora bien, se me ocurre una idea, que os expongo como Antonio Lizarza, como particular, y que puede llevarnos a una inteligencia. ¿Por qué no conseguís del General Mola una carta donde manifieste su conformidad con las orientaciones que en su carta del 9 indica el General Sanjurjo y con las que en el día de mañana determine el mismo como Jefe de Gobierno? Eso no comprometería al General Mola frente a los demás militares comprometidos; únicamente a aquella carta y a lo que hiciese después el General Sanjurjo.

    – Pues esto ya lo conseguiremos –me respondieron los Capitanes.

    – Conste –les aclaré– que esta propuesta es iniciativa particular mía, y que no tendrá validez sin el consentimiento de las autoridades de la Comunión”.




    LA CONFORMIDAD DE MOLA


    Se marcharon estos buenos amigos, y a la media hora volvieron con un autógrafo del General Mola, que decía:


    “CONFORME CON LAS ORIENTACIONES QUE EN SU CARTA DEL DÍA 9 INDICA EL GENERAL SANJURJO, Y CON LAS QUE EN EL DÍA DE MAÑANA DETERMINE EL MISMO, COMO JEFE DE GOBIERNO.

    Firmado: Emilio Mola”.

    Con este documento marché inmediatamente a San Juan de Luz, encontrándome que estaba allí la Junta Regional de Navarra, esperando la respuesta a la petición elevada al Rey tres días antes, reunida con el Príncipe Javier y con Fal Conde.

    Cuando entré y les dije: “¡Aquí está la conformidad de Mola!”, excuso decir el efecto que esto causó entre los que allí estaban.

    Los miembros de la Junta volvieron a Pamplona, y yo me quedé con el Príncipe y con Fal.

    Asintieron los dos a lo que había hecho, diciendo que “aunque el documento de Mola, en sí, no decía nada, como quiera que teníamos la carta de Sanjurjo, en la que claramente se expresaba su pensamiento, y el General Mola decía estar conforme con sus orientaciones, podíamos admitirlo y, en consecuencia, se podía ir al Movimiento”.

    Ese mismo día 14 volvía a Pamplona, trayendo en mi coche al Teniente Coronel Rada, quien iba a dar cuenta a Mola del acuerdo de la Comunión de participar en el Alzamiento.

    El General Mola quedó muy contento, y al día siguiente, a primera hora, envió a su enlace, don Félix Maíz, a recoger el documento de conformidad de la Comunión.

    Éste decía:


    “La Comunión Tradicionalista se suma con todas sus fuerzas en toda España al Movimiento Militar para la salvación de la Patria, supuesto que el Excmo. Sr. General Director acepta como programa de gobierno el que, en líneas generales, se contiene en la carta dirigida al mismo por el Excmo. Sr. General Sanjurjo, de fecha 9 último. Lo que firmamos con la representación que nos compete. San Juan de Luz, 14 de Julio de 1936. JAVIER DE BORBÓN PARMA. MANUEL FAL CONDE”.

    Como consecuencia de todo esto, quedaba listo el plan definitivo, en el que correspondía a las fuerzas de África iniciar la insurrección el día 17. A Navarra se asignó el domingo, día 19.

    Así se arregló el famoso pleito entre las autoridades de la Comunión y Mola.

    Contra lo que se lee en “La Historia de la Cruzada” y en el libro del señor Maíz [Alzamiento en España, 1952], “las dificultades o discrepancias” –como las llaman– no se solucionaron, ni por la sugerencia del Conde de Rodezno, ni por su hijuela la intervención de la Junta Regional Carlista de Navarra, sino que la solución vino con motivo de la reunión que tuve en mi casa con los capitanes Barrera, Lorduy y Vázquez, los cuales consiguieron de Mola el documento, que he transcrito, con su conformidad, que yo llevé a San Juan de Luz. El mismo General Mola lo comprendió así, al dar a dichos capitanes su autógrafo con la conformidad.

    La Historia de la Cruzada (pág. 459) ha trastocado el orden de estos acontecimientos cuando, después de decir que la Comunión se sumó al Movimiento el día 14, supone que Mola, “desechando sus últimos escrúpulos, responde el día 15 con la siguiente lacónica comunicación: «Me comprometo a seguir las instrucciones que en su día dé, como Presidente del Gobierno, el General Sanjurjo. Emilio Mola»”.

    El señor Maíz, en su libro, por el contrario, hace dar a Mola su conformidad el día 11, inmediatamente después de conocer la carta de Sanjurjo, lo que también es un error, que dejaría sin explicar por qué la Comunión no dio su consentimiento hasta días más tarde.

    Don José María Iribarren, secretario que fue del General, en su interesante libro Mola. Datos para una biografía y para la Historia del Alzamiento Nacional (edic. 1938, págs. 79 y ss.) hace converger a Carlismo y Ejército el día 13, consecuencia de varias conversaciones de la Junta Regional de Navarra con Mola –olvidando las realmente decisivas entrevistas de Capitanía, Irache y Echauri de nuestra Jerarquía Nacional, única a quien competía el asunto–, conversaciones que fueron ratificadas posteriormente por la Junta de San Juan de Luz, a quien Mola acudió por sugerencia del Conde de Rodezno, cuando la verdad es que éste sugirió, precisamente, todo lo contrario.

    “Juan de Iturralde”, que por lo visto no ha entendido el pleito, hace firmar al General Mola dos veces el mismo documento de aceptación de la carta de Sanjurjo.

    Ocurrió así:

    La carta de Sanjurjo la traje el día 11. Mola dio su conformidad el día 14, por medio de los capitanes, a quienes yo había sugerido tal solución. Y, como consecuencia de aquella carta y de esta conformidad, la Comunión, el día 15, dio la orden para el levantamiento general.




    LOS MALOS RATOS DE MOLA


    Si malos ratos pasamos los carlistas, otro tanto podríamos decir de los que pasó Mola.

    Lo sé por diversas fuentes, y el mismo Raimundo García, director de “Diario de Navarra”, tan íntimo de Mola, me lo confirmaría después: “De haber triunfado el movimiento en ocho días, os hubiese pasado por las armas, por lo mucho que le hicisteis rabiar, pero al octavo día no había quien admirase más a los requetés que él”.

    Y es verdad que, con el correr de los sucesos bélicos, y en su contacto estrecho y a campo abierto con los requetés, que llegaron a conmoverle profundamente, los recelos y el fervor republicano del General Mola cambiaron abierta y decididamente de signo.




    LOS ÚLTIMOS PASOS. SE DISPONE MI VIAJE A LISBOA EN AVIÓN


    El día 15 de julio, Utrilla dio las instrucciones correspondientes del levantamiento, que llevaban este colofón: “Esta Orden se cumplimentará en virtud de lo que disponga otra que se comunicará en momento oportuno”. [1]

    La anunciada Orden, que Utrilla firmó el día 17 en Capitanía, sobre la misma mesa de trabajo de Mola, tiene sabor espartano y reciamente castrense: “Cúmplase la orden del día 15. Mañana en Pamplona, a las seis”.

    El día 15 por la tarde, tras haber llevado a mi familia a Leiza, en la creencia de que allí tendrían más seguridad personal –nunca habíamos pensado en la posibilidad del fracaso en Guipúzcoa y en el Norte– marché a San Juan de Luz, donde recogí al General Muslera y al Teniente Coronel Baselga, para llevarlos a San Sebastián, que era su puesto de honor, y que sería su tumba también, pues, traicionados, serían fusilados.

    Ese mismo día fue la policía a mi domicilio para detenerme. No habiendo nadie en el piso, un vecino saltó por la ventana y, haciéndose cargo de la situación, hizo, antes de abrir la puerta a la policía, un rápido repaso por si había algún papel comprometedor. No era correligionario, y, sin embargo, lo hizo. Entonces era todo el pueblo el que estaba contra la República.

    De nuevo fui a San Juan de Luz, el día 16. Durante todo este día nos dedicamos a contratar un avión que, al día siguiente, pudiera llevarme a Lisboa, ya que el que hacía el servicio de la Comunión estaba reparándose. Después de varias conferencias con diversos aeródromos de París y de Burdeos, se contrató uno en Toulouse, que al día siguiente, 17, estaría a las 10 de la mañana en Biarritz para llevarme en vuelo directo hasta Lisboa y regresar la misma tarde.

    El objeto de mi viaje era, en primer lugar, entregar al General Sanjurjo la conformidad de Mola a las condiciones de su carta. Al mismo tiempo, y de acuerdo con los deseos manifestados por el propio Sanjurjo, cuando me despidió, de que se le fuese a buscar cuanto antes, de lo cual, por razones de alta política, se hizo buen cargo Fal Conde, traer al General Sanjurjo a San Juan de Luz, para que el día 19 entrase en Pamplona, acompañado de Fal Conde, para ponerse al frente de los Requetés y dar, así, un carácter especialmente carlista al Alzamiento.

    Y esto a pesar de la contraseña que había dado a Mola, destinada únicamente a evitar un rapto o sabotaje de agentes al servicio de la República. Sanjurjo tenía una ansiedad enorme por venir a Pamplona y encabezar a los Requetés; tenía también gran confianza conmigo, y lo había dicho bastante claramente delante de González de Gregorio.

    Hasta el aeródromo de Biarritz me llevó el Príncipe Javier en su coche; él me acompañó en la larga espera de más de dos horas, una esperando la llegada del avión, y otra hasta que partió éste.

    Llegó el aparato sobre las 11 de la mañana, pilotado por un aviador francés. Durante más de una hora la Policía retuvo al aviador. ¿Qué órdenes se dieron entonces al piloto? Quizás el saberlas explicase lo que pronto iba a ocurrir.

    Se hizo el repostaje necesario, el Príncipe me despidió con un fuerte abrazo, y comencé mi viaje. Era el 17 un día espléndido del mes de julio, aunque con fuerte viento sur, que hizo penoso el paso del Pirineo. Sobrevolamos San Sebastián, Vitoria, y, cuando estábamos acercándonos a Burgos, me vi sorprendido porque el aviador me comunicó la necesidad de aterrizar, ya que, por la difícil travesía, se había consumido más gasolina de la debida, y tenía el temor de no llegar a Lisboa.

    Aterrizamos en Gamonal, nos repostamos, y cuando ya parecía que íbamos a continuar el viaje, llegó una camioneta con una docena de guardias de asalto, que rodearon el aparato. Allí acabó mi viaje y mis esperanzas.

    Sanjurjo ya no vendría a San Juan de Luz, a ponerse al frente de los Requetés; ni siquiera a Burgos, con Ansaldo, a quien enviara Mola. Moriría Sanjurjo, el Alzamiento estallaría espléndido y victorioso, pero yo no lo vería.

    Comenzaba una difícil etapa de mi vida, una espantosa lucha por mi existencia, por no perecer. Todo lo podía perder; Dios había aceptado el ofrecimiento que de mi vida y de mis trabajos había hecho por España y por la Causa del Carlismo.

    Así acabaron mis actividades de conspirador y de organizador de los Requetés navarros, el día 17 de julio de 1936, en el campo de aviación de un Burgos aún no alzado contra la República.



    [1] Texto completo de la Orden del Teniente Coronel Utrilla de 15 Julio, en Apéndice 8.
    Última edición por Martin Ant; 09/12/2018 a las 15:42

  4. #4
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    Re: Historia del Alzamiento del 18 de Julio

    APÉNDICE 1

    Fuente: Cómo se preparó el Alzamiento. El General Mola y los carlistas, Tomás Echeverría, 1985, páginas 92 – 93.


    [CAPÍTULO] 25

    Importante Circular de la Jefatura carlista en relación con el grave momento que se atravesaba


    INSTRUCCIONES SOBRE LOS FINES DEL ALZAMIENTO, CON QUIÉNES DEBÍA PACTARSE Y CON QUIÉNES JAMÁS PODÍAN COLABORAR



    La Comunión Tradicionalista continuaba preparándose intensa e incansablemente. Tenía sus propios proyectos, sus planes militares particulares. Pero convenía, incluso era necesario, que se pusiese de acuerdo con el Ejército. Y sinceramente deseaba hacerlo. Sin embargo, no lograban entenderse. El momento era muy grave, dramático.

    La Jefatura Tradicionalista, para que no faltara la adecuada y obligada unidad de acción entre la familia carlista, para evitar confusiones, conductas equivocadas, interpretaciones erróneas, y sin renunciar, desde luego, a un entendimiento con el Ejército, decidió dirigir a finales de Junio las dos siguientes comunicaciones a destacadas personas de la Comunión:

    «Mi querido amigo y correligionario:

    Cumplo encargo de nuestro querido Jefe Delegado, anunciando a usted una Circular que usted recibirá en breve. Ausente aquél, más que en tiempos normales, de aquí, por las presentes circunstancias, a cambio de una aparente incomunicación con nuestros Jefes ha podido estar más cerca de nuestros Augustos Señores y S. A. R. el Príncipe, que se ocupa activa y acertadamente de nuestros asuntos, dedicándose de lleno a las organizaciones en que tanta esperanza tenemos puesta.

    Suyo affmo.»

    Y la Circular anunciada, conteniendo importantes y muy especiales instrucciones, decía así:

    «Mi querido amigo y correligionario:

    Tras la malhadada esperanza puesta por tantos en la eficacia de las tácticas legalistas, consecuencia del amargo desengaño y fruto de la natural ansiedad en que viven los españoles hoy, la mayor parte no tienen otra esperanza que el clásico golpe de Estado que derribe la actual situación, y mil fantasías entretienen la impaciencia y dan satisfacción a la curiosidad.

    El clásico golpe de Estado, en su proceso y en su finalidad, participa de características de aquellas tácticas posibilistas; a cambio de sumar colaboraciones, sin tamizar cualidades morales, se transige sobre el futuro político hasta fórmulas inadmisibles, ya se las mire en el desastroso porvenir concebido, ya se les mire bajo el sentido moral, al que repugnan ciertas compañías.

    La empresa es obra de abnegación y de pureza, y no cabe fraguarla ni es creíble su consigna; pero lo que sí es cierto [es] que nunca logrará salvar a España, mientras no se sustente sobre bases sólidas, que es seguro no se defienden, ni se implantan, sin el heroísmo que es patrimonio de los altos ideales.

    Ardemos nosotros (en ese deseo nadie nos supera) en ansias de librar a la Patria de la esclavitud que padece, y, como siempre, desprendidos de todo interés personal o de partido, queremos colaborar con cuantos acometan obra de positiva salvación, y, como nos urgía la religión ultrajada, y la sociedad oprimida, y la familia en peligro, y la paz social perdida, y la vida ciudadana acortada, tenemos prisa por hacer, o por que otros hagan siempre que lleven en el corazón el amor a la Patria, aunque puedan estar intelectualmente desorientados o confundidos, no encontrará en nosotros un obstáculo, y si le cabe rectificar el error político en todo aquello que es sustancial, hallará en nosotros el más esforzado colaborador.

    Pero lo que no podemos es dar un paso para consolidar instituciones, causa y raíz de todos los males en sus varios matices, y, en especial, del régimen político imperante…

    Las mismas razones que nos vedaron, por honor de españoles, colaborar con los partidos republicanos, nos impiden ahora hacerlo con la acción que tienda a cambiar esto en lo secundario subsistiendo las causas permanentes.

    Y como es fácil que el deseo excelentísimo de algunos, y su ignorancia en cosas políticas, les hace, a veces, declarar que lo que cada uno concibe o proyecta es una misma cosa y lo mismo que lo nuestro, porque ahora vamos a derribar esto y «después ya veremos», debo prevenirles que no se dejen sorprender y se abstengan de contraer cualquier compromiso sin expresas instrucciones de la Jefatura, seguros como pueden estar de que no autorizará aquélla nada que no asegure aquel mínimo de principios fundamentales que son la razón de nuestra existencia.

    Y mientras llega nuestra hora, aseguremos nuestra fe más que nunca (más que nunca, repetimos) en que hay aquí los mejores elementos, los mayores medios y los más resueltos propósitos para, en breve tiempo, hacer realidad el ideal único.

    Para conseguirlo, vigilen, trabajen, recluten, esperen confiados, y, sobre todo, procuren que se extienda por todas partes una cruzada que recabe asistencias sobrehumanas que hagan eficaces nuestros medios, nuestros trabajos y nuestros sacrificios».

    Se trata de un documento muy importante y de especial interés, pues en el mismo se puntualizan y detallan claramente los fines del Alzamiento, lo que, previamente, con respecto al mismo, debía hacerse, y lo que no podía efectuarse; y se especificaba también quiénes eran los posibles aliados o asociados, y con quiénes, desde luego, jamás podían colaborar.

    Lógicamente, en las conversaciones que se mantuvieron con el General Mola, que representaba al Ejército, se defendió e intentó poner en práctica al pie de la letra, con toda fidelidad, cuanto se recomendaba y señalaba en la Carta-Circular que acabamos de copiar.

  5. #5
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    Re: Historia del Alzamiento del 18 de Julio

    APÉNDICE 2

    Fuente: Cómo se preparó el Alzamiento. El General Mola y los carlistas, Tomás Echeverría, 1985, páginas 109 – 110.


    [CAPÍTULO] 31

    «Mola amonesta a los exaltados e impacientes»


    LO DICE DON JOAQUÍN ARRARÁS EN SU OBRA «HISTORIA DE LA CRUZADA ESPAÑOLA»



    Es el titulillo de una referencia inserta en la página 456 del tomo III, volumen XIII, de la citada obra del Sr. Arrarás. Prólogo de la referencia:

    «No era sólo la mala inteligencia con los carlistas lo que perturbaba el Movimiento sino, además, las impaciencias de los impulsivos, que querían lanzarse sin esperar órdenes; ensayos de tácticas más o menos hábiles, a los que no acompañaba a menudo el éxito, y otros incidentes de diversa índole, que en estos días pusieron a prueba la paciencia de Mola, quien, al fin, se encara con unos y con otros y les amonesta severamente en un informe reservado, de fecha de 1.º de Julio, que dice así:»

    A continuación publica el «Informe reservado» del General, que también aparece en las páginas 223 y 224 del libro «Mola», del señor Maíz. Texto del mismo:

    «La Dirección del Movimiento patriótico estima necesario dirigirse a los compañeros comprometidos en él para ponerlos al corriente, con toda lealtad, de hechos demostrativos de que el entusiasmo por la causa no ha llegado todavía al grado de exaltación necesario para obtener una victoria decisiva, y de que la propaganda no ha alcanzado un resultado completamente halagüeño.

    1.º Está por ultimar el acuerdo con los directivos de una importante fuerza nacional [los carlistas] indispensable para la acción de ciertas provincias, pues la colaboración es ofrecida a cambio de concesiones inadmisibles que nos harían prisioneros de cierto sector político en el momento de la victoria. El llamado Pacto de San Sebastián está aún demasiado reciente para que los españoles lo hayan olvidado, así como las dolorosas consecuencias que ha traído a España. Nosotros no podemos en forma alguna hipotecar el porvenir del nuevo Estado.

    2.º Oficiosidades de ciertos elementos [militares impacientes], sin otra representación que la suya personal, han hecho que haya tenido que dictar el director de cierta fuerza combativa [Falange Española] una orden terminante para que sus afiliados sólo se entiendan con quienes deben entenderse. Hoy, como no podía menos que suceder, la inteligencia es absoluta.

    3.º Se ha intentado provocar una situación de violencia entre dos sectores políticos opuestos para, apoyados en ella, proceder. Pero es el caso que, hasta este momento –no obstante la asistencia prestada por algunos elementos políticos–, no ha podido producirse, porque aún hay insensatos que creen posible la convivencia con los representantes de las masas del Frente Popular.

    4.º Se ha podido apreciar, con notoria contrariedad, que en cierta capital de provincia [Barcelona], en que todos se hallaban unidos y de acuerdo para salvar a la Patria, ha bastado la presencia de una sola persona opuesta a nuestros ideales para que el panorama haya cambiado radicalmente. Esto es prueba de que el ideal no estaba arraigado y de que el entusiasmo era más ficticio que real. El caso es único.

    5.º Se tiene conocimiento también de que determinadas instrucciones han sido conocidas, tan pronto circuladas, por quienes debían ignorarlas, lo que es prueba evidente de que falta discreción o existen traidores. Podríamos ir citando más hechos análogos.

    Hace falta, por tanto, que los exaltados se revistan de paciencia, y que todos se dediquen con el mayor entusiasmo a captar voluntades y a descubrir a los indiscretos o traidores, para que, tanto unos como otros, reciban su merecido.

    También se ha de tener presente que todo está ya en marcha, y que no ha de cundir el desaliento, aunque sean inutilizadas las personas que llevan la Dirección, por importante que sea el papel que tengan o se les atribuya.

    Los que queden, deben proseguir la obra iniciada.

    ¡Viva España!

    Madrid, 1.º de Julio de 1936.– EL DIRECTOR».

  6. #6
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    Re: Historia del Alzamiento del 18 de Julio

    APÉNDICE 3

    Fuente: Cómo se preparó el Alzamiento. El General Mola y los carlistas, Tomás Echeverría, 1985, páginas 111 – 114.


    [CAPÍTULO] 32

    6 de Julio: Fal Conde escribe a Mola asegurándole la movilización, por lo menos, de 15.000 Requetés


    7 DE JULIO: EL GENERAL RECHAZA LO QUE AQUÉL LE PROPONE, LE LLAMA INSTRANSIGENTE Y LE DICE QUE ES NECESARIO ACEPTE URGENTEMENTE SUS CONDICIONES, ¿PORQUE HA ADQUIRIDO YA ALGUNOS COMPROMISOS?



    Ante la negativa, repetida y rotunda, por parte de Mola, de aceptar la petición de los tradicionalistas sobre la disolución de los partidos políticos y el restablecimiento de la bandera bicolor, y, además, habiendo recibido una visita tan inesperada como desagradable, Fal Conde considera necesario escribir dos cartas: una al General Sanjurjo, dándole cuenta de las divergencias existentes, y la otra a Mola, puntualizando adecuadamente extremos importantes. Las dos cartas están fechadas el día 6 de Julio de 1936.

    De la primera nos ocuparemos en uno de los próximos capítulos. La segunda, dirigida al General Mola, decía lo que sigue (a continuación de los nombres y apellidos que en la carta figuran sólo con iniciales, pondremos, entre paréntesis, los nombres y apellidos a los que se refieren):

    «Mi distinguido Sr. y amigo:

    Me han visitado en los dos últimos días varios señores invocando representación de usted; y también a mi amigo D. J. L. Z. [Don José Luis Zamanillo] le han visto otros dos distintos emisarios de usted; y veo, en las referencias que atribuyen a usted, sobre nuestra actitud, tal variedad de interpretaciones, que me creo en la necesidad de consignarla por tercera vez por escrito, y rogarle que dé a las personas discretas que usted elija la versión cierta de nuestras conversaciones, al par que procure frenar iniciativas particulares y actitudes ofensivas adoptadas por algunos oficiales.

    Por otra parte, ayer, he recibido la visita de Don José María G. R. [Gil Robles], acompañado de un correligionario suyo [se trataba de Don Francisco Herrera], que se titulaba también emisario de usted, y, al propio tiempo que aquél se declaraba en absoluto acuerdo con usted, y con los gen. C. y Q. [generales Cabanellas y Queipo de Llano], con quienes el aludido emisario dice que ha tenido entrevistas, me han dicho que la futura política está acordada que sea, después de una breve actuación de los militares, un Gobierno formado por los partidos de derecha, que, por lo tanto, habían de quedar subsistentes.

    Y, por fin, la versión autorizada que tengo desde Lisboa, es la de que las condiciones que allá se han llevado de parte del gen. C. [General Cabanellas] son de República con Gobierno Miguel Maura.

    La manifiesta contradicción que existe entre esos tres proyectos que me han llegado (el de la versión G. R. [Gil Robles], el de la versión de Lisboa y el que consta en la nota que usted me entregó, y cuyo contenido no se me ha dicho que haya sido rectificado en ningún punto), y la notoria falsedad de algunas versiones de sus titulados emisarios de usted antes aludida, reclaman reiterar nuestra invariable y clara actitud.

    Somos de acción, cuidamos como nadie la preparación, y respondemos que, cuando las circunstancias lo impongan, y si entonces el Ejército no actúa, sabremos cumplir nuestro deber, y, si mientras tanto, aquél se decide y nos necesita, estamos a su obediencia, con tal que de que no se nos haga la colaboración imposible, porque pudiera ocurrir que, por desconocimiento político o por imposiciones absurdas de quienes son tenidos por útiles y admisibles, se nos quiera sumar a lo que en verdad no vaya a acometer el remedio en su raíz, sino meramente en sus accidentes.

    Y, si por acaso lo que nosotros pedimos se cree excesivo, queda una opción: o se nos tiene por necesarios, o no; si no lo somos, que se haga sin nosotros, sin demora, sin más esperar, cuanto antes. Y si somos necesarios, ¿cómo se duda en conceder lo que, siendo seguramente lo que conviene a la Patria, es pedido por quienes son precisos y que ofrecen el sacrificio de sus vidas?

    Nuestra actitud consta en dos notas, y de los propósitos de ustedes tenemos la nota escrita de fecha 5 de Junio que me entregó usted el 15, y sus conversaciones perfectamente concordes entre sí y con aquélla. De cuanto directa y personalmente usted nos ha dicho sólo podemos afirmar la mayor claridad y precisión, a la vez que los más generosos propósitos. Antes de nuestra entrevista, y de que yo conociese dicha nota, envié a usted el 12 de Junio la primera mía, resultado de tres conversaciones con D. R. G. [Don Raimundo García, director del periódico «Diario de Navarra», de Pamplona], emisario autorizado de usted, al que aclaré que lo subrayado era lo único que estimábamos esencial, mientras que lo no subrayado era puramente de relleno. Y verbalmente expliqué a usted el número 7.º (que razonablemente le inspiraba una duda) en el sentido de que el presidente no tenía que ser designado por nosotros, sino que aceptábamos el gen. [General] que se nos había propuesto.

    Y después de esa conversación con Z. [Zamanillo], y teniendo ya en consideración la antedicha nota de 5 de Junio, le envié la segunda mía que le fue entregada el 3 del corriente.

    Nada que allí no conste ha sido pedido por nosotros, y todo lo en ellas consignado se reduce a los dos puntos sintetizados en la 2ª. Uno, sustantivo, de futura gobernación sobre base de antiparlamentarismo, desaparición de toda política de partido y reconstrucción social para la vida política nueva en forma orgánica o corporativa en que, atendido el problema religioso, se encauce toda la política del Estado a esa transitoria y urgente reconstrucción.

    Y otro punto relativo al símbolo. Jamás saldremos en acción militar con la bandera tricolor; mas tampoco sin ninguna bandera, ni aun con la bicolor, si el contenido sustancial ha de ser republicano; y en la nota de 5 de Junio de usted, después de varias menciones de Dictadura republicana, se dice: «El Directorio se comprometerá durante su gestión a no cambiar en la Nación el régimen republicano…».

    Damos cuanto somos y tenemos. Renunciamos a toda petición si no movilizamos, cuando menos, 15.000 soldados. Pero queremos seguridad y garantía de que de veras se salva a la Patria, y eso no se conseguirá si no se acaba con los partidos políticos, todos sin excepción, de tal modo que de ahora para siempre consigno que, si por acaso alguna vez se nos ofreciera el Gobierno para gobernar en función de partido (o sea, con la condición de que no aniquiláramos la existencia de los partidos), no accederíamos, o si aceptásemos (es una hipótesis), claudicando de nuestras ideas, no lograríamos nada, fracasaríamos y prolongaríamos la ruina de la Patria. Vea, por eso, cuál es nuestra aversión a los partidos políticos.

    Si lo que se proyecta o planea por partidos políticos al uso es sustituir partidos que en su última síntesis lo que están haciendo es atacar la riqueza, por otros que la defiendan, eso es poco para subordinarles ideales más altos, y no me cansaré de repetir que, con renuncia de esos ideales, ni se triunfa ni, tal vez, se llegue a producir un acto de iniciación del movimiento, porque antes los traidores y espías darán al traste con tan excelentes propósitos de los más.

    Sabe usted que tengo fundados antiguos temores de que todo el proyecto esté de cerca vigilado por el Gobierno, y, no obstante, a la organización de usted hemos entregado nuestro ofrecimiento, sin pararnos en que el espionaje sobre la cosa militar o las indiscreciones puedan perjudicarnos.

    Suyo affmo. amigo q.e.s.m.»


    Mola contesta a Fal Conde.– Lo hace en carta fechada el 7 de Julio, que copiamos a continuación:

    «Muy señor mío y amigo:

    Recibo su carta fecha 6 y, según los poderes que tengo del director J. S. [se refiere al General Don José Sanjurjo], puedo decirle:

    1.º El movimiento es nacional, y no se puede vincular la política del Directorio, durante su actuación, a ningún partido político, y a ninguno se entregará el poder en su día. Por eso se recaba absoluta libertad de acción, y no cabe aceptar lo de los dos consejeros, pues entonces sería dar al que usted pertenece un trato de favor.

    2.º El Directorio será antiparlamentario; lo cual no excluye que el día de mañana se recurra a una Asamblea Nacional elegida en forma muy distinta al del actual Parlamento.

    3.º Nosotros no tenemos ninguna concomitancia con el Sr. Maura, ni con el señor Gil Robles, ni con ningún otro político.

    4.º En cuanto a lo del símbolo, yo prometo solemnemente hacer cuestión de gabinete, tan pronto las circunstancias me lo permitan, y procurar inmediatamente sea restituida la bandera bicolor; pero, de momento, no puede salirse con ella, porque sería impolítico y nos restaría muchas colaboraciones de orden militar, que nos son imprescindibles para la victoria.

    5.º Dada la fecha en que estamos, es precisa una contestación categórica inmediata sobre la actitud de ustedes, pues ya comprenderá sería fatal para la Nación que el movimiento fracasara por la abstención de los tradicionalistas.

    6.º Me es necesaria la presencia del señor Inspector militar de sus fuerzas, para tenerlo todo previsto, pues sería fatal que el Movimiento se produjera y faltase la colaboración de ustedes, ya que el fracaso daría como resultado inmediato la disolución del Ejército actual y la formación de otro sobre la base de las milicias socialistas y comunistas, contra el cual nada podrían hacer ustedes, ni nadie. Comprenda que una actitud de intransigencia podría llevar a la Nación a un estado que no tendría remedio.

    7.º Sepa que todo está paralizado precisamente por la actitud adoptada por usted; pero ciertas cosas están tan avanzadas que no es posible ni el alto, ni menos el salto atrás.

    8.º Suplico por España urgente contestación.»


    Mola dice a Fal Conde que «ciertas cosas están muy avanzadas», por lo que le pide urgente respuesta.

    ¿Se refiere tal vez el General a la seguridad que ha dado, a la promesa que ha hecho a algunos grupos, en el sentido de que el Alzamiento dará comienzo el 15 de Julio, y a que se había alquilado ya el avión que debía trasladar a Franco desde Canarias a Marruecos?

  7. #7
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    Re: Historia del Alzamiento del 18 de Julio

    APÉNDICE 4

    Fuente: Cómo se preparó el Alzamiento. El General Mola y los carlistas, Tomás Echeverría, 1985, páginas 146 – 148.


    [CAPÍTULO] 42

    6 de Julio: Fal Conde escribe a Sanjurjo enterándole de lo que pasaba, en la confianza de que sabría resolver las divergencias



    Al comienzo del Capítulo 31 decimos que el día 6 de Julio «Fal Conde consideró necesario escribir al General Sanjurjo, dándole cuenta de las divergencias» surgidas en las negociaciones con el General Mola, y prometíamos ocuparnos de la misma en uno de los siguientes capítulos.

    Vamos a hacerlo en éste. Advertiremos que exactamente, más que de una carta, se trata de una nota o relación detallando lo que sucedía.

    Ante la difícil situación que se había creado, Fal Conde, como Jefe Delegado de la Comunión Tradicionalista, juzgó oportuno el 6 de Julio de 1936, o sea, el mismo día que escribía su primera carta a Mola (véase la carta en el Capítulo 31), dirigirse al General Sanjurjo, enviándole copia de todas las notas cruzadas con Mola (también de su última carta de la misma fecha, día 6), para que Sanjurjo, enterado de las dos posturas, interviniera y resolviera la cuestión.

    Y le remitió, igualmente, una nota o relación en la que hacía historia de lo que venía pasando, que podía titularse «Relación remitida al General Sanjurjo», y que copiamos a continuación (como figuran nombres escritos en clave, después de cada uno, y en paréntesis, pondremos el nombre verdadero):

    «El día 8 de Junio, y, sin duda, por las quejas que se habían dado de que se prescindía de nosotros, mandó Quintana [General Mola] un emisario autorizado suyo [Don Raimundo García, el de los seudónimos «Ameztia» y «Garcilaso»], que, durante varios días, celebró conferencias con Vázquez [Don Manuel Fal Conde]. Pretendía éste que, tratándose sólo de un enlace, las comunicaciones o proyectos de lo que se iba a hacer se consignaran por escrito, y que las iniciara Quintana [Mola] con una nota sobre sus ideas.

    Aunque luego se ha visto existía consignado por escrito lo que Quintana [Mola] había convenido con otros compañeros, es lo cierto que pidió, sin dar razón de la suya, nota de nuestra idea.

    El día 11, por fin, y previa autorización del Señor [el Caudillo Don Alfonso Carlos], se redactó la nota adjunta número uno [Nota mía. Véase el Capítulo del libro de Lizarza titulado “MOLA CON ZAMANILLO”], que se hizo llegar el 12 a manos de Quintana [Mola]. En ella no se pedía ni la Monarquía ni la dinastía; ni siquiera el Gobierno, en cuanto implicaba ejecución y administración: solamente se pedían garantías prácticas de que la dirección política sería antiparlamentaria y con desaparición de los partidos, a fin de que los partidos no se lanzaran sobre el botín, esterilizándolo todo.

    El 15 se entrevistaron largamente Vázquez [Fal Conde] y Quintana [Mola]. Éste le dio a aquél la nota número dos [contando la de los carlistas] que se adjunta [Nota mía. Véase el Capítulo del libro de Lizarza titulado “ENTREVISTA EN IRACHE”], y, como se ve, está fechada diez días antes. Naturalmente que el proyecto se tuvo por inaceptable.

    Esto, no obstante, la conversación siguió, y en ella se puso de manifiesto que querían salir con la [bandera] tricolor por exigencia de Cab. [el General Cabanellas]. A ello dijo Vázquez [Fal Conde] que no nos podíamos prestar; y sí, todo lo más, a no salir con ninguna [bandera], siempre que se garantizara que el contenido sería esencialmente de reconstrucción y sin partidos políticos ni sufragio universal. Quintana [Mola] dijo que no pensaba contar con los políticos que no aportaran gente de acción, y, por tanto, [que contaría] sólo con Fal [sic] y nosotros.

    En cuanto a nuestra gente, la necesitaba, parte para encuadrarla en las unidades, por no tener confianza en que el soldado luche, y parte para guarnecer ciudades que quedaran sin fuerzas.

    No se llegó a acuerdo alguno, pero la cordialidad fue tal, y tal el interés que le inspiró a Quintana [Mola] la conversación y el conocimiento y estima de nuestro modo de ser, que quedaron ambos al habla y fijados taxativamente los únicos enlaces, que serían Sanjuan [Zamanillo] en lo político, y Ricart [el Teniente Coronel Don Ricardo Rada] en el otro aspecto.

    En la tercera decena de Junio, Quintana [Mola] pidió una nueva entrevista que Vázquez [Fal Conde] aceptó, pero, ante la imposibilidad comprobada de pasar la línea [la frontera], acudió en su lugar Sanjuan [Don José Luis Zamanillo, Delegado Nacional de Requetés] a la hora convenida. Manifestó Quintana [Mola] que no podía acceder a lo nuestro, pues las exigencias y colaboraciones de Cab. [el General Cabanellas] y de Q. de Ll. [el General Queipo de Llano] lo impidieron. Y le dijo que todo lo más sería que las unidades fueran sin enseña [bandera], pero llevaría la tricolor en su coche el Gen. [General] en Jefe.

    Nos enteró de los nombres de los cinco que formarían el Directorio, para los cuales no tenemos más que palabras de respeto, admiración y confianza. Pero Sanjuan [Zamanillo] le hizo notar que ellos, como ajenos a la política, no podían realizar ni dirigir por sí solos la reconstrucción del país.

    Pidió Quintana [Mola] una contestación definitiva por nuestra parte, y este carácter tuvo la nota número tres [segunda de los carlistas; Nota mía. Véase el Capítulo del libro de Lizarza titulado “ENTREVISTA EN ECHAURI. NO HAY ACUERDO CON MOLA”], que se dio a Sanjuan [Zamanillo] en la noche del 2 [de Julio], y que el 3 tuvo Quintana [Mola]. Ni en ella hay nuevas exigencias, ni negativa a actuar, sino sólo señalar que nuestra colaboración se hace imposible por el matiz que se le da.

    Sanjuan [Zamanillo] trae, anteanoche, 4, noticias de visitas de dos distintos emisarios de Quintana [Mola], urgiendo de nuevo, y suponiendo nuestra actitud motivada por otros fundamentos y en otro sentido del expresado en la nota de fecha 2.

    Ayer mañana se presentan aquí el hasta hace poco legalista G. R. [Don José María Gil Robles] con Paco Herr. [Don Francisco Herrera] y con Luca [Don Ignacio Luca de Tena, Marqués de Luca de Tena]. Su visita indignante. Pretenden que vienen de parte de Quintana [Mola], porque éste dice que no participa si no participamos nosotros. Para los visitantes no hacemos ninguna falta, pero como se trata de una exigencia de Quintana [Mola], debemos prestarnos, pasando por todo.

    Indelicadezas, imputaciones que en sus labios eran indignantes, etc., etc. Según G. R. [Gil Robles], hace tiempo que está de acuerdo con Quintana [Mola] –lo que se contradice con lo que el 15 dijo éste–. El mismo G. R. [Gil Robles] está al habla con Cab. [Cabanellas], y Q. [Queipo de Llano]; no siente escrúpulos por su colaboración ni por sus exigencias, y después de una corta actuación militar, se formará un Gobierno con partidos de derechas que se repartirán los Gobiernos Civiles.

    De disolución de partidos políticos, ni hablar. Algo verdaderamente repugnante.

    Por la tarde, se nos trae noticias de lo que diversos Oficiales, y, aún más, diciéndose unos emisarios de Quintana [Mola] y otros enterados por versión dada por él de nuestra actitud, dicen de nosotros, queriendo echarnos la culpa de que no se haga nada.

    Por todo esto, se ha escrito hoy por Vázquez [Fal Conde] a Quintana [Mola] la carta cuya copia se adjunta.

    Dos cosas más hay que advertir. Una, que Quintana [Mola] dijo que la tricolor era exigencia de Cab. [Cabanellas] y era también de la 5.ª D. [División]. Y, sin embargo, el mismo día dice también que si Cab. [Cabanellas] no respondiera, tendría medio de mover la 5.ª D. [División], lo que se contradice con aquello y no justifica el ceder a su exigencia.

    La otra, es que la tricolor no la quieren los Oficiales.»

  8. #8
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    Re: Historia del Alzamiento del 18 de Julio

    APÉNDICE 5

    Fuente: Cómo se preparó el Alzamiento. El General Mola y los carlistas, Tomás Echeverría, 1985, páginas 149 – 150.


    [CAPÍTULO] 43

    7 de Julio: Fal Conde daba cuenta a Don Alfonso Carlos de las incidencias ocurridas



    Con fecha 7 de Julio de 1936 Don Manuel Fal Conde dirigió al Caudillo carlista Don Alfonso Carlos la carta autógrafa que copiamos a continuación:

    «Señor:

    Vivamente deseamos que realizaran el viaje muy bien y que, ya tranquilos de los trabajos y preocupaciones, puedan empezar a descansar.

    Desde que se marcharon los señores, han ocurrido cosas muy interesantes que quiero referirle en los términos convenidos.

    El Sr. Quintana [General Mola] me mandó recado para que fuera a verle y así me lo propuso, pero surgieron tales dificultades de viaje que tuve que desistir y, entonces, habló aquél con mi sobrino Sanjuan [Zamanillo], al que dijo que era necesario que retirara yo mis condiciones, y, en especial, quiso imponer los tres colores [de la bandera] que ya le había dicho que no me gustan, y que Sanjuan [Zamanillo] repitió rotundamente.

    Esto motivó que Quintana [Mola] dijera a sus compañeros de claustro que, si no enviaba yo a mis chicos [los Requetés] él desistía de dar las vacaciones ofrecidas [organización del Alzamiento], y éste trajo en sus alumnos [Jefes y Oficiales del Ejército] el mayor disgusto, y que me culparan a mí del fastidio [del fracaso].

    Con tal motivo ha habido un enorme revuelo que ha determinado que se vean varios interesados [en el Alzamiento] y que yo llame a algunos parientes [Jefes militares y políticos] para exponerles el caso, y todos han coincidido en que no puedo acceder al absurdo, y que es incluso deshonroso [imposible] enviar a los chicos [los Requetés] para que los tomen como cabeza de turco, por lo que he puesto una carta fuerte a Quintana [Mola] poniendo en su punto la verdad –que han tergiversado incluso injuriándome– y ratificando punto por punto las mismas condiciones, y, al mismo tiempo, he enviado copia de los escritos cruzados a Ocaña [General Sanjurjo] para que esté informado, pues se ha dejado sorprender por uno de los profesores [¿se refiere a Don Raimundo García?] que le ha hablado.

    No tengo que decir las preocupaciones y disgustos ocasionados por todo esto, ni la satisfacción enorme que me ha producido ver la completa unanimidad de opinión de todos los parientes [varios Generales] y amigos, que están indignados del proceder tan feo que se sigue.

    Para mayor desdicha, he recibido la visita de Gil [Gil Robles], el desacreditado adhesionista, que está metido en todo, y que trae un enredo de mil demonios. Venía a complicarnos con sus fines particulares, y no hay que decir que salió con las orejas gachas.

    Esto es, en síntesis, el incidente de estos días, y que me ha impedido marchar, como pensaba, a pasar unos días con los niños. Tampoco ahora me atrevo a ir hasta ver cómo marchan las cosas.

    Aquí todos buenos, animados y trabajando sin parar. Don Francisco [el Príncipe Don Javier] vendrá tarde porque va a estar allí alguna temporada. Pero cuando llegue, se encontrará con las cosas muy adelantadas, gracias a Dios.

    Todos me encargan para la Señora sus respetos, y yo quedo, como siempre, a sus pies.

    Firmado: Lorenzo [o sea, Fal Conde].»


    Una nota que existe en el Archivo Carlista de Sevilla, confirmando, incluso ofreciendo detalles concretos, sobre extremos importantes que figuran en la carta cuyo contenido acabamos de ofrecer, dice así:

    «Los Jefes del Ejército que eran tradicionalistas, y que conocían las discrepancias con el General Mola, aconsejaron constantemente que se mantuvieran los puntos sustanciales que afirmaban la opinión carlista.

    Así lo hicieron el Teniente General Fernández Pérez, el General Villegas y el Coronel Varela.

    Más tarde declaró el General Queipo de Llano que él no había impuesto condición alguna para que se mantuviera la bandera tricolor.

    En cuanto al General Cabanellas, sólo podemos decir que, apenas iniciado el Alzamiento Nacional, se tocó públicamente con la boina roja.»

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    Re: Historia del Alzamiento del 18 de Julio

    APÉNDICE 6

    Fuente: Cómo se preparó el Alzamiento. El General Mola y los carlistas, Tomás Echeverría, 1985, páginas 115 – 117.


    [CAPÍTULO] 33

    8 de Julio: Fal Conde contesta «punto por punto» a Mola, razonando la postura de los carlistas que «no pueden colaborar porque se les pone condiciones imposibles»



    Como muy bien señala Don Antonio Lizarza en la página 119 de su repetido libro, «en aquellas vísperas de la explosión patriótica, Fal y Mola mantuvieron una casi diaria correspondencia, en su afán de limar asperezas y concretar los detalles de la colaboración entre Ejército y Comunión, que ambas partes, animadas del fervor patriótico, consideraban absolutamente imprescindible».

    Respuesta, fechada el día 8 de Julio, de Fal Conde al General Mola:

    «Muy señor mío y amigo:

    Contesto a las nueve de la mañana su carta de ayer, recibida anoche, a las once, y, para mayor claridad, punto por punto.

    1.º Conforme en que el movimiento ha de ser Nacional, y no en favor de partidos; pero el único medio de que no suceda esto último, a pesar de las rectas intenciones de ustedes, es la disolución de todos los partidos.

    Y como no pedimos excepción en favor del nuestro, no puede interpretar nuestra petición más que como una garantía, que podrá sustituirse con otra de que ha de irse a una reconstrucción orgánica, terminando con las banderas políticas.

    ¿Qué garantías se nos da, supuesto que no sean esos consejeros, de que el Directorio acometerá con decisión y, sobre todo, con capacidad política, y tecnicismo, una política de auténtica reconstrucción sobre base orgánica y antidemocrática?

    2.º Para que el Directorio sea antiparlamentario, tiene que empezar por disolver los partidos, que sólo en el medio parlamentario tienen vida y razón de ser, y que se acabe con el sufragio liberal inorgánico. Pero, ¿esa «Asamblea Nacional» se fundará en el sufragio inorgánico que alude el «carnet electoral», o en el sufragio orgánico y corporativo?

    Y si fuera corporativo, ¿serán tenidas en cuenta para su regulación la condición que merece gozar en España la religión católica y la de aquellas regiones que tienen derecho foral?

    3.º De corazón nos congratula que no tenga concomitancias con esos políticos, que bien puede ser tengan, más que concomitancias, acuerdo con otros Generales; pero permítame que le diga que, por el natural desconocimiento de la cosa política en que están los militares, fatalmente, y pese a sus propósitos, acabarán entregándose a ellos, si previamente no disuelven los partidos, que haga posible utilizarlos, libres de trabas y compromisos partidistas, si como técnicos pueden servir.

    Por tanto, ¿qué piensan hacer con los partidos políticos?

    4.º No me negará usted que esa imposición del símbolo republicano por algunos colaboradores es muy sospechosa de que esos mismos, después, exijan como caso de honor militar que, consecuentemente con el hecho de haber ostentado ese símbolo y triunfado con él, se le deje adoptado, y, lo que es peor, que se respeten las esencias que esa bandera representa.

    ¿Se sacará, por tanto, la bandera tricolor, aunque no sea nada más que en el coche del General en Jefe o en los edificios públicos?

    Aunque se deje oculta esa bandera, ¿se mantienen los compromisos del Directorio de respetar el régimen republicano?

    5.º Si no podemos colaborar porque se nos ponen condiciones imposibles, no será nuestra culpa, sino de esas condiciones, que son imposibles de aceptar, ya que no por otras razones, por la gravísima de que nos debemos a una tradición de lealtad a unos principios, a una Monarquía y a unos símbolos, servidos durante un siglo y en varias guerras. Vea que, de todos ellos, sólo pedimos que se derribe esto, sin poner en su lugar sus mismas esencias políticas democráticas y liberales.

    6.º No puedo creer que sin nuestra colaboración haya de fracasar el movimiento, contándose con la de los que imponen la forma republicana. Yo ruego a usted que piense dónde está la intransigencia absurda: si en los que, de toda una suma de postulados seculares, sólo piden un mínimo esencial, y que, por primera vez en su historia, están dispuestos a ir a las armas sin llevar consigo a su Rey, o en aquéllos que, no obstante el fracaso de la República y de todos sus hombres y procedimientos, se obstinan en mantener una forma antiespañola por esencia, y odiosa a todo buen español, y, no contentos con esa actitud, todavía creen que debemos nosotros jugarnos la vida en una empresa que, sinceramente, no nos inspira confianza de que vaya a remediar el mal, porque, pese a las rectísimas intenciones y al admirable espíritu de ustedes, por falta de pericia en estas cosas no remediarán otra cosa que el orden externo, y por poco tiempo.

    7.º No paralicen nada en espera de nuestras contestaciones, que nunca ha dejado usted de tenerlas categóricas e inmediatas. No es ésta una actitud mía. Es actitud invariable de un partido monárquico, quiero decir, con una autoridad de la que sólo soy Delegado, y que no resuelve sin antes tomar amplios asesoramientos, que nunca como ahora han sido tan concordes y terminantes.

    No me cansaré de repetirle cuán grande es la tortura de esta discrepancia. Bien veo que no nos conoce, cuando nos cree capaces de miras partidistas; pero, aunque no nos conozca, sí sabe que somos comunidad de españoles de acción y amantes fervorosos del Ejército.

    No nos culpe a nosotros; culpe al proyecto de sumar más de lo necesario y de lo conveniente. La obra es más segura mientras más ideal le anime; y más incierta mientras más gente indeseable tenga en su seno.

    Todavía sería tiempo de rectificar; mas líbrenos Dios de proponerlo. No duden más. Manos a la obra, y, si por acaso hubiera un contratiempo, ya le dije que la retirada la cubrimos nosotros, para luchar sin desmayos, pero con todo nuestro ideal y con todo nuestro simbolismo.

    Suyo siempre affmo., amigo q.e.s.m.– M. FAL.»


    Los carlistas no podían colaborar incondicionalmente con el Ejército, que estaba dividido.– Declaraciones de Don Manuel Fal Conde, recogidas en el número 2 de los meses Julio-Agosto de 1971 de la publicación «Dossier-Mundo»:

    «Hay otra participación del carlismo [en el Alzamiento] desconocida, cuando no menospreciada: la de sus condiciones al Ejército para colaborar como tal fuerza político-militar.

    Habíamos aprendido, en la intentona de Agosto [de 1932], algo muy importante a costa de la sangre de los muertos en el asalto a Correos, Triana y San Miguel, brillantísimos miembros de nuestra Juventud de Madrid. Y en la frustración de Sevilla, algo tan amargo como la sangre de los héroes, como es el cruel desengaño.

    No se podía, pues, colaborar con el Ejército incondicionalmente. Porque estaba dividido. Aun antes de la República, la política militar de Alfonso XIII –alérgico a los partidos políticos, cuyo régimen constitucional había heredado y jurado– mangoneó cuanto pudo en el Ejército, engendrando hondas divisiones.

    Pero, además, como vimos en el manifiesto de Sanjurjo, aquél único día [Agosto del 32] de su «reinado» –cosa que había de confirmarse en los manifiestos de sublevación de varios Generales en Julio del 36–, esos toques de clarín están sobrados de amenazas como faltos de ideas políticas constructivas.

    José Antonio [Primo de Rivera] vivía una desconfianza total: militarada. Nosotros pretendíamos curar la natural desconfianza mediante condiciones. Tales fueron las mínimas que pusimos a Mola, cuyos documentos ya son públicos, y que Sanjurjo aprobó.

    Su última finalidad pueda juzgarla cualquiera: misión del elemento militar, todo lo tocante al orden; y pronta restitución a la sociedad civil de lo que la compete por institución social misma.

    Y, en previsión de posibles frustraciones, aquel magnífico plan de los Tenientes Coroneles Baselga, por los carlistas, y Cuerda, por Sanjurjo, de seguir en guerra de guerrillas en típica y pura carlistada.»

  10. #10
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    Re: Historia del Alzamiento del 18 de Julio

    APÉNDICE 7

    Fuente: Cómo se preparó el Alzamiento. El General Mola y los carlistas, Tomás Echeverría, 1985, página 176.


    [CAPÍTULO] 52

    15 de Julio: orden de Fal Conde a los carlistas para que se sumasen al Alzamiento Nacional


    MEDIANTE CLAVE CURSADA A ZAMANILLO, DELEGADO NACIONAL DE REQUETÉS, Y QUE ÉSTE TRANSMITIÓ A TODA ESPAÑA


    El día 15 de Julio de 1936 Don Manuel Fal Conde, como máximo dirigente nacional, ordenó a los carlistas que se sumasen al Alzamiento Nacional. Lo hizo mediante un comunicado que cursó en clave a Don José Luis Zamanillo, entonces Delegado Nacional de Requetés, para que éste transmitiera a toda España la orden, que decía así:

    «Obtenidas las prudentes garantías posibles sobre el futuro político, se ha acordado nuestra colaboración, por lo que, en plazo brevísimo de contadas horas, dispondrá de todo lo necesario para que prestemos ahí esa colaboración del modo más eficaz, ajustándose a las siguientes normas, y supliendo cuanto sea necesario en cada sitio para el mejor éxito:

    1.º Estamos a la obediencia del Ejército, y aceptaremos cuantos objetivos nos encarguen, allí donde sus unidades inicien o secunden el movimiento.

    2.º Cuando actuemos encuadrados en unidades militares, no se consentirá que vaya otra bandera que la bicolor o ninguna.

    3.º Cuando actuemos separados, en unidades nuestras, llevaremos nuestra bandera, nuestros símbolos, vivas, organización y jerarquía.

    4.º En este caso, cuando ya se esté actuando, se consagrarán al Sagrado Corazón de Jesús, y, según sea posible, se harán aquellos actos de piedad o de práctica de Sacramentos que se pueda.

    5.º La orden de actuar la darán los elementos militares con quienes ya están en relación, y ellos indicarán el movimiento a realizar, y, en el caso de que tarden, procurarán estimularles a que se decidan.

    6.º Si en algún sitio fracasara la empresa, nosotros hemos de quedar actuando, concentrándonos donde y como deben tener prevenido.

    7.º Apenas se triunfe, procurarán permanecer en armas, en actitud expectante para, en lo posible, esperar orden especial para rendirlas todas a la vez solemnemente ante el nuevo Gobierno.»

  11. #11
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    Re: Historia del Alzamiento del 18 de Julio

    APÉNDICE 8

    Fuente: Cómo se preparó el Alzamiento. El General Mola y los carlistas, Tomás Echeverría, 1985, páginas 177 – 178.



    [CAPÍTULO] 53

    15 de Julio: orden de movilización del Inspector Jefe Militar de los Requetés navarros


    EL DÍA 17 DIO LA DE LEVANTAMIENTO


    El Inspector Jefe Militar de los Requetés navarros era el Teniente Coronel Don Alejandro Utrilla, y las instrucciones para la movilización de los requetés de la Provincia fueron éstas:

    «COMUNIÓN TRADICIONALISTA
    REQUETÉS DEL REINO DE NAVARRA
    INSPECTOR JEFE MILITAR.– PAMPLONA

    Sr. Jefe del Requeté de Navascués, don Amadeo Marco.

    La Comunión Tradicionalista, sintiendo el vivo dolor de España, sin renunciar, antes por el contrario, con afirmación de los principios contenidos en el noble cuatrilema de Dios, Patria, Fueros y Rey, secundará con todo entusiasmo estas órdenes para la realización de su compromiso de honor.

    De la discreción de los Jefes de Requetés encargados de recibirlas y ejecutarlas depende el éxito de ellas; el enemigo de la Patria acecha, y cualquier indiscreción pudiera destruir lo que es afán de nuestra vida entera de carlistas. A vuestra lealtad está confiado el triunfo.

    Para ello, se atendrán a las instrucciones siguientes:

    I. Tan luego sea declarado el estado de guerra en el Reino de Navarra y reciba de ello comunicación, ese Requeté marchará a Leiza, destacando un Piquete a Goizueta y otro a Betelu, e incorporándose a su mando dos Requetés de esta zona.

    Misión: impedir que tropas o agrupaciones políticas enemigas de la Patria o individuos que no acrediten su lealtad, penetren en Navarra. Para su cumplimiento se armarán con los elementos que posean y existen en las localidades, previa requisa; e inmediatamente, y en el mismo día, les será entregado el armamento correspondiente.

    II. Previamente a la concentración, los Jefes de Requetés procederán a la detención y sustitución de las autoridades locales no adictas al Movimiento, siendo sustituidas por personas de reconocida lealtad y honorabilidad, e incautándose, al mismo tiempo, de los elementos de transporte necesarios para los desplazamientos que se le ordene a su unidad.

    III. Los Requetés, desde ese momento, vestirán, y en toda ocasión, su uniforme, cuantos lo posean, usando, los que carezcan, un brazal blanco sobre el que se colocará la Cruz Roja de San Andrés, distintivo del Requeté, y procurando llevar todos la boina encarnada.

    Tan luego –hasta entonces discreción– sea declarado el estado de guerra, se debe estimular el celo de todos los carlistas, abrirles los brazos y traerlos a nuestras filas, donde está el camino del honor. Que la vieja lealtad navarra, que es nuestro orgullo, sea digna del triunfo que siempre sigue al que tiene fe en Dios y confianza en los altos destinos de la Patria.

    Vuestro Inspector Jefe,

    A. UTRILLA.»


    Lizarza, en las páginas 139 y 140, de su libro, escribe a este respecto:

    «El día 15 de Julio, Utrilla dio las instrucciones correspondientes del levantamiento, que llevaban este colofón: «Esta Orden se cumplimentará en virtud de lo que disponga otra que se comunicará en momento oportuno».

    La anunciada orden que Utrilla firmó el día 17 en la Capitanía [General de Pamplona], sobre la misma mesa de trabajo de Mola, tiene sabor espartano y reciamente castrense: “Cúmplase la orden del día 15. Mañana en Pamplona, a la seis”.»
    donjaime dio el Víctor.

  12. #12
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    Re: Historia del Alzamiento del 18 de Julio

    APÉNDICE 9

    Fuente: Cómo se preparó el Alzamiento. El General Mola y los carlistas, Tomás Echeverría, 1985, páginas 179 – 181.



    [CAPÍTULO] 54

    16 de Julio: otra carta de Fal Conde a Don Alfonso Carlos


    También autógrafa, y que dice así:

    «San Juan de Luz, 15 Julio 36.

    Señor:

    He recibido la gratísima y bondadosísima carta de V. M. del 10, y en estos días han cambiado radicalmente las cosas después de muchos incidentes.

    Después del rompimiento de relaciones del negocio [con Mola para el Alzamiento], recibí una carta de Ocaña [General Sanjurjo], comprendiendo en su texto copia de la que en el acto ponía a Quintana [Mola], y de la cual mando copia literal aparte.

    Mientras tanto, se estaba formando contra nosotros un ambiente hostil y de difamación, aunque nos manteníamos firmísimos en nuestra posición.

    La carta de Ocaña [Sanjurjo] comprendí que podía dar un cambio radical a nuestro favor, y llamé a Don Francisco [Príncipe Javier], enviándole el coche rápido que, en otra ocasión, le llevó a Lisboa, y vino al punto. También llamé a Don Luis [Zuazola] a Madrid, que vino también con urgencia.

    Por de pronto, envié a Quintana [Mola] el original de la carta dirigida a él [la había traído Lizarza de Lisboa], y encargué a nuestro amigo el emisario [Lizarza] que la había traído de Lisboa, que le dijera que contestaríamos si aceptábamos el proyecto de Ocaña [Sanjurjo]. Efectivamente, así lo hicimos, pero aquél [Mola] contestó que no aceptaba porque dudaba de la autenticidad [de la carta de Sanjurjo] y porque no estaba conforme con el contenido.

    Ante esta actitud, quedamos totalmente distanciados. Pero, mientras eso ocurrió, había venido Don Tomás [Domínguez Arévalo, Conde de Rodezno] y metido tal cizaña, que sacó de sitio a la Junta [Regional Carlista navarra], que vino a verme con los otros compañeros de Don Tomás en la representación de Madrid. Tomás no vino.

    El Presidente de la Junta [Regional Carlista navarra, Don Joaquín Baleztena], que antes estaba tan de acuerdo con nuestra actitud, y que había sido portador de mi última carta a Quintana [Mola], expresó la necesidad en que estaban de actuar fuese como fuese [colaborando con el Ejército en el Alzamiento], sin reparar en símbolos ni más que sacar ventajillas locales [que los Ayuntamientos navarros fuesen carlistas] para el futuro. Los seis que vinieron [Don Joaquín Baleztena, su hermano Ignacio, y los señores José Martínez Berasain, Luis Arellano, Isidro Arraiza y Fermín Sagüés] se comportaron en forma y lenguaje mal minorista, muy desagradable.

    Don Francisco [el Príncipe Don Javier] y yo les contestamos que no podíamos acceder sin orden de V. M., y quedamos en consultar con V. M., pues ellos preguntaron que, si en los tres días inmediatos surgía algo de improviso, si podrían resolver ellos el asunto, y les dijimos que sí, siempre entendiendo que esa facultad no podría ser en contra de la norma general.

    Pero, a la mañana siguiente, llegó providencialmente la carta de V. M., a la vista de la cual Don Francisco [el Príncipe Don Javier] escribió al Presidente de la Junta [Regional Carlista navarra, Don Joaquín Baleztena] una hermosísima carta, diciéndole que nada podrían hacer contra la norma general de toda la Comunidad [Comunión Tradicionalista], y que no tomaran encargo alguno.

    Yo, por mi parte, encargué que se avisara a los alumnos más destacados [Jefes de los Requetés de Pamplona y sus alrededores], de un espíritu excelente, que se comprometiesen a no colaborar en la maniobra.

    Anoche han vuelto los comisionados [de la Junta Regional Carlista navarra, hermanos Baleztena, etc.], diciendo que ya estaban comprometidos con Quintana [Mola] sin condiciones, con su promesa de darles ventajillas futuras a la Provincia [que los Ayuntamientos fuesen carlistas], y cuando estaba en este punto la visita, llegó mi comisionado [ante Sanjurjo y Mola, Don Antonio Lizarza] que, delante de ellos [los de la Junta Carlista navarra], y con la mayor emoción, dio cuenta de que dos subalternos de Quintana [Mola] le habían dado la noticia del acuerdo [de Mola] con la Junta [Regional Carlista navarra]; que él [el comisionado Lizarza] les había dicho que [los carlistas navarros] no obedecerían a la Junta [Regional Carlista navarra] y que, ante esto, y ante la enorme provocación que supone el suceso de Madrid [asesinato de Calvo Sotelo], habían aquéllos [los subalternos de Mola] requerido a Quintana [Mola], y recabado palabra de honor de éste, de someterse a la carta de Ocaña [Sanjurjo], y que si nosotros aceptábamos se firmaría un compromiso por las dos partes.

    Puede comprobarse cuál fue la derrota de los de la Junta [Regional Carlista navarra], y el fracaso de su procedimiento traidor e indisciplinado.

    ¿Qué hacer en tal momento? Se nos dijo que el asunto [el Alzamiento] se realizaría en esta semana, seguramente y posiblemente en sólo horas.

    Hemos mirado mucho el contenido de la carta [de Sanjurjo a Mola y a Fal Conde]. Representa la garantía que esa persona [Sanjurjo] nos merece, puesto que él precisamente será el Presidente. Miramos, además, que el contenido tiene un plan muy hermoso, y, sobre todo, se arroga una misión provisional. Consideramos que Ocaña [Sanjurjo], cuando entregó la carta a nuestro comisionado [Lizarza], le dijo que su propósito era dar paso al Régimen definitivo con todas nuestras esencias, y que, en cuanto a la persona, él jamás consentiría a los romanos [alfonsinos], a cuyo Jefe [Alfonso XIII] detesta, y que para él no había más persona [Rey] en su día que quien fuera nuestro Jefe [Rey], porque así era justo ante el fracaso de los romanos [la Monarquía de Alfonso XIII].

    En una palabra, que, si no hemos de negarnos a ayudar a salir del caos presente, esa carta contiene una fórmula de honor para nuestra comunidad [Comunión Tradicionalista], y que nos permite, como haremos, declarar que colaboraremos sin pérdida de un puesto de nuestra aspiración, y nos concede el derecho de exigir que se cumpla el programa comprometido, al par que salvamos la gravedad del momento.

    Pero, además, nos mandan a decir los amigos de Quintana [Mola] que sólo habrá [para la bandera] los dos colores, para todos y desde el principio. Tanto él [Mola] como Ocaña [Sanjurjo] son antirromanos [antialfonsinos], y si aceptan ese símbolo… a mucho se obligan.

    En síntesis, hemos mandado un documento firmado comprometiendo nuestra colaboración, a condición de que se firme el compromiso de sujetar la futura dirección al programa de la carta.

    Hoy 16.

    En este estado, la carta se quedó sin poner en correo, en espera de la noticia, que no llegó hasta muy de noche, y tan incompleta que hasta hoy no sabemos qué va a pasar, y si se trata de cosa inminente [el Alzamiento], de sólo horas, según dicen.

    La contestación [de Mola] es muy confusa, y no la tengo por suficiente, pero como veo la catástrofe que llega, no veo otro recurso que conseguir que Ocaña [Sanjurjo] firme el compromiso, y tras eso vamos, pues, al efecto, sale uno [enviado] para allá [Lisboa] volando.

    Ahora bien, si el suceso [el Alzamiento] se precipita, no veo posibilidad de dar el paso atrás. La preocupación nos tiene aterrados, aunque creo firmemente que Dios está llevando las cosas, y no me remuerde la conciencia haber aflojado un ápice.

    Como dice Don Luis [Zuazola], el de Madrid, lo más grave es defender el honor de la Comunidad [Comunión Tradicionalista], y eso está muy alto.

    Pero, si la cosa tarda [el Alzamiento] habrá tiempo de hacer las cosas más perfeccionadas.

    ¡Cuánto siento mi malísima letra! Perdóneme. Hasta nuevas noticias, queda, como siempre, a los RR. PP. de V. M.

    Firmado: VAZQUEZ [o sea, Fal Conde].»

  13. #13
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    Re: Historia del Alzamiento del 18 de Julio

    APÉNDICE 10

    Fuente: Cómo se preparó el Alzamiento. El General Mola y los carlistas, Tomás Echeverría, 1985, página 182.


    [CAPÍTULO] 55

    25 de Julio: Carta de Don Alfonso Carlos aprobando la actuación de Fal Conde


    Escrita en la capital de Austria, y dirigida a Fal Conde, decía lo que sigue:

    «Viena, 25 de Julio de 1936

    Mi muy querido Fal Conde:

    Conociendo mi gran cariño para España, podrás figurarte qué grande es mi pena al tener conocimiento de la situación en que se halla nuestra querida Patria.

    Antes de todo debe salvarse la Religión, el País y la Patria. Agradezco en el alma a ti y a nuestros heroicos Requetés por haberse unido a las tropas de España para batir al comunismo y te doy infinitas gracias, querido Fal, por haber, siguiendo mis indicaciones, ordenado en el momento decisivo que nuestros Requetés apoyen el Movimiento Salvador.

    En momentos como los actuales, no debe mirarse a cuestiones personales o de partidos, sino tratar de salvar todos juntos la Religión y la Patria.

    Estoy seguro que, en el día de hoy, el gran Santo peleará a la cabeza de ese Ejército de cruzados al grito de ¡Viva España!

    Nuestra Patria fue siempre el Caudillo de la Religión Católica y de las ideas generosas, y acaba de demostrar, una vez más, su vitalidad y su gran Tradición, levantándose tan admirablemente contra los enemigos de Dios y de España, que la quieren subyugar.

    Felicito a nuestras provincias carlistas, a nuestra Comunión Tradicionalista-Carlista y a nuestro heroicos Requetés, y reconozco los grandes sacrificios de éstos dando su sangre y sus vidas por Dios y por nuestra Patria, y te ruego les hagas saber mi profundo agradecimiento, entusiasmo y admiración.

    Que Dios te guarde, querido Don Manuel Fal Conde, y, con nuestras más cariñosas memorias, quedo de corazón tu afectísimo.

    ALFONSO CARLOS.»

  14. #14
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    Re: Historia del Alzamiento del 18 de Julio

    APÉNDICE 11

    Fuente: Cómo se preparó el Alzamiento. El General Mola y los carlistas, Tomás Echeverría, 1985, páginas 277 – 282.



    [CAPÍTULO] 71

    Testimonio de Zamanillo sobre el General Mola


    EL QUE FUE JEFE NACIONAL DE LOS REQUETÉS SE OCUPA DE LAS ENTREVISTAS QUE MANTUVIERON AMBOS


    Como sabemos, Don José Luis Zamanillo, entonces Jefe Nacional de los Requetés, fue el primero que, en nombre de la Comunión Tradicionalista, se entrevistó con Mola para tratar de la posible intervención de los carlistas en el Alzamiento colaborando con el Ejército.

    Después, sustituyendo a Fal Conde, que no pudo desplazarse desde San Juan de Luz, se reunió nuevamente con el General.

    Y más tarde, iniciado el Alzamiento, volvieron a encontrarse Zamanillo y Mola.

    Pues bien, existe constancia de esas entrevistas, y constancia valiosísima, porque es directa, porque está formulada por uno de los actores, por uno de los que tomaron parte en las mismas. Resulta que Don José Luis Zamanillo –¡persona ejemplar!; una de las mejores que hemos conocido en este pícaro mundo–, accediendo amablemente a nuestro ruego, formalizó una declaración por escrito relatando lo más importante que trató en las principales entrevistas que mantuvo con Mola, cuya declaración está rubricada en todas las hojas y firmada al final por el interesado. La publicamos en fotocopia a continuación:




    MIS ENTREVISTAS CON EL GENERAL MOLA


    Aparte de numerosos encuentros circunstanciales y breves, recuerdo bien tres reuniones con el General, de mayor importancia.



    PRIMERA

    A principios del mes de julio de 1936, el 1 ó el 2, si no recuerdo mal, me reuní con Mola en la casa familiar de Esteban Ezcurra, en Echauri, próximo a Pamplona. Quince días antes, el General se había entrevistado con Fal Conde, en el Monasterio de Irache, para discutir las condiciones de nuestra participación en el Alzamiento proyectado. Sin llegar, ni mucho menos, a un acuerdo, se clarificaron bastante las posiciones de ambos, que se habían adelantado en repetidas y anteriores notas escritas.

    Como Fal residía entonces en San Juan de Luz para huir de la persecución del Gobierno republicano, especialmente de Casares Quiroga, su Jefe, y pasaba la frontera con mucha dificultad y peligro, me encargó le representara en la siguiente entrevista con Mola.

    Acudí a ella animado, pero con pocas esperanzas de éxito. Le entregué una nota, concretando nuestras dos últimas peticiones. La primera era la facultad de designación de dos Consejeros, por la Comunión Tradicionalista, para velar por la recta dirección política del Movimiento. La segunda, verdadero caballo de batalla, se refería al restablecimiento de la bandera bicolor. A esto se oponía Mola con su característica tenacidad y poco simpática firmeza.

    Y no lo hacía, me dijo, porque fuera partidario de la tricolor, sino porque ésta era, entonces, la enseña legal, presente en los cuartos de banderas y estandartes de todos los regimientos del Ejército. Más adelante, decía, triunfante el Alzamiento, se haría el cambio, sin riesgo alguno.

    Le contesté diciendo que comprendía sus razones, pero que comprendiera él, también, las nuestras. Nos habíamos pasado los cinco años de la República combatiendo la bandera tricolor; las mayores ovaciones en nuestros actos públicos se producían al recordar la bicolor. Sobre todo, al citar los versos de Pemán:

    “Yo tenía una bandera
    hecha de sangre y de sol.
    Me dicen que no la quiera.
    Yo ya no soy español,
    soy de una tierra cualquiera”.

    El teatro se venía abajo. ¿Cómo, le dije, vamos a sacar a los requetés con ese trapo?.

    – Ustedes –me replicó– tienen mucho ascendiente sobre su gente.

    – Tenemos ascendiente –concreté– siempre que vayamos, en lo fundamental, por el camino recto; de lo contrario, no. Si usted –añadí– me convenciera en esto, iríamos del brazo, pero detrás de mí no vendría nadie.

    La discusión se fue acalorando. Al final, ya de malhumor, exclamó:

    – La culpa la tengo yo, a estas alturas, por fiarme de los políticos.

    – Está usted equivocado –le contesté–. Se ve que no nos conoce. Nosotros no somos de esos políticos a que usted se refiere. Por lo que a mí hace, no tengo inconveniente en comprometerme, ante notario, a no aceptar ningún cargo, ni de concejal de mi pueblo.

    Así terminó la reunión, con visible disgusto de ambos.

    Como es sabido, se sometió la cuestión a Sanjurjo, que nos dio, por completo, la razón.

    Dos meses después, aún recordaba Mola el mal rato pasado, al despedirse de la siguiente.



    SEGUNDA

    Según iban avanzando las tropas nacionales, Mola, General Jefe del Ejército del Norte, adelantaba su Cuartel General. Primero lo tuvo en Burgos; después en Valladolid, en el Ayuntamiento; y tomado Toledo, lo estableció en Talavera de la Reina.

    A fines de agosto nuestra Junta Nacional nos encargó a Lamamié de Clairac, a Valiente y a mí que fuéramos a ver a Mola, en Valladolid. Allí nos fuimos una tarde de septiembre del 36. El objeto de la visita no era otro que no perder contacto con él, y hablar de temas generales, sin nada concreto.

    Nos recibió de buen talante. Estaba, en aquel atardecer, esperando los partes de las operaciones del día. Tenía ganas de hablar.

    Así surgió, planteado por él, el tema del divorcio. Nos dijo que creía había que implantarlo.

    – Conste –dijo– que me llevo muy bien con mi mujer y no pienso en divorciarme; pero cuando fracasa un matrimonio, etc., etc.

    Todos los consabidos y vulgares argumentos divorcistas.

    Nos opusimos los tres. Especialmente le rebatió Valiente, buen abogado civilista.

    Terminó Mola diciendo:

    – Bueno, está bien, no habrá divorcio.

    Bien claro quedó que todo había sido una conversación intranscendente. Ni él ni nosotros teníamos autoridad, en aquel momento, para decidir nada sobre el tema.

    Nos acompañó hasta la puerta de la escalera. Al despedirse, señalándome, les dijo a Lamamié y a Valiente:

    – Este hombre me puso, hace dos meses, en trance de pegarme un tiro.

    – Bueno, mi general –le repliqué en broma–, pero no se lo pegó usted.

    – No –contestó–, yo no me pego tiros.



    TERCERA

    En el mes de noviembre siguiente, fui a verle en Talavera, para pedirle el destino de varios jefes del Ejército al Requeté.

    Uno de ellos, el Comandante de Artillería Don Hermenegildo Tomé Cabrero, fue designado, poco después, Director de la Academia de Oficiales del Requeté, que se quedó en mero proyecto, como es sabido. Sin embargo, en su hoja de servicios militar figuró dicho destino.

    De la conversación con Mola aquel día, recuerdo bien una frase suya:

    – Zamanillo, esto se alarga, y no hay más remedio que quemar las naves.

    – Mi general –le contesté–, nosotros las quemamos el primer día.

    Encajó bien mi respuesta, dicha con sencillez, sin jactancia alguna. Indudablemente, había cambiado mucho, favorablemente, su concepto de nosotros.

    Conmigo estaba muy amable, dentro de lo que su carácter, más bien hosco, le permitía.

    Poco sociable y bastante introvertido, no daba mucha confianza.

    Desde luego, ni yo ni ninguno de nosotros comimos nunca con él, como reciente y públicamente se ha dicho.


    MADRID, abril de 1980.


    Firmado: JOSÉ LUIS ZAMANILLO GONZÁLEZ-CAMINO

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    Re: Historia del Alzamiento del 18 de Julio

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    ACOTACIONES FINALES


    Me gustaría añadir unas breves aclaraciones con respecto a una de mis anteriores notas, así como en relación a la versión de los hechos acontecidos entre el 14 y el 16 de Julio escrita por Antonio Lizarza, versión que éste mantuvo en las sucesivas ediciones de su libro (la última edición fue de 1969).

    Acerca del primer asunto, quisiera matizar lo que escribí en mi segunda nota a pie del capítulo del libro de Lizarza titulado "DE SAN JUAN DE LUZ A PAMPLONA Y VUELTA A SAN JUAN DE LUZ". En esa nota escribí que Don Javier, tras la reunión con la sedicente e indisciplinada Junta Regional navarra habida el 12 de Julio, escribió ese mismo día a Don Alfonso Carlos y recibió la respuesta al día siguiente. Lo cierto es que no está del todo claro si Don Javier llegó o no a escribir finalmente a Don Alfonso Carlos, pero lo que sí es correcto es que se recibió el 13 Julio una carta de Don Alfonso Carlos, la cual era la contestación a aquélla que Fal Conde le había enviado el 7 de Julio (reproducida en Apéndice 5).

    Esta carta de Don Alfonso Carlos recibida el 13 de Julio decía así (los textos entre corchetes son míos para aclarar el significado de las palabras cifradas en el mensaje):


    Fuente: Don Javier, una vida al servicio de la libertad, María Teresa de Borbón Parma, Josep Carles Clemente y Joaquín Cubero Sánchez, Editorial Plaza & Janés, Barcelona, 1997, página 275.



    Viena, 10 Julio 1936.


    Querido D. Lorenzo Vázquez [Fal Conde]:

    Con el mayor gusto acabo de recibir tu buenísima e interesantísima carta de fecha 7 del presente, que de todo corazón te agradezco.

    Nada me sorprende el resultado del negocio comercial [la negociación para el Alzamiento] con Quintana [General Mola], sabiendo su modo de pensar; más vale así y estar libres de esa compañía de comercio, que no nos hubiera favorecido en nada.

    De ningún modo nuestros alumnos [los Requetés] hubieran podido, ni debido, obedecer a semejante maestro [militar]. Gran consuelo me causa oír que todos los compañeros [dirigentes regionales y provinciales de la Comunión] piensan exactamente como tú y yo en este punto. No se debe ceder ni un ápice.

    Siento que este asunto retrase tu ida a veranear [sublevarse]; pero espero pueda ser en muy pocos días o semanas.

    Me alegro que con esta declaración de Quintana [General Mola] se haya evitado que nuestros chicos [los Requetés] fueran a servir de cabeza de turco: eso jamás; era mi temor.

    Me parece que con este incidente el negocio [la negociación para el Alzamiento] quedará por de pronto suspendido, por ahora.

    Nosotros hicimos feliz viaje, llegando a ésta el jueves a las 8 de la noche; estamos muy contentos de hallarnos en casa.

    Vimos a Blanca, que siente mucho no se hayan publicado sus dos cartas, porque dice que así el público cree que ella aprueba la conducta de los disidentes [1].

    Puede que en Agosto vayamos por 4 semanas a nuestra casa de campo, donde el aire en verano es mucho más agradable que el de ésta.

    Quisiera alargarme, pero me falta tiempo.

    Al llegar aquí supimos acababa de morir una prima hermana de Nieves, una santa, que pasó 14 años en un carrito de manos, por estar paralítica. Una Princesa Löwenstein casada con un Príncipe Starenberg.

    También murió en Esberveyer mi antiguo ayuda de cámara Félix [ilegible], que me sirvió 55 años y estaba con [ilegible].

    Nieves y yo te mandamos los más cariñosos recuerdos, y quedo de corazón querido Fal Conde tu affmo.

    A. C.



    [1] Nota mía. Los “disidentes” a los que se refiere Don Alfonso Carlos son los llamados “octavistas”, partidarios de Don Carlos Pío de Habsburgo, hijo de Doña Blanca de Borbón.


    Como consecuencia de la recepción de esta carta, es por lo que Don Javier escribe, a continuación, la suya a Joaquín Baleztena. (Véase ésta en este otro hilo).


    En segundo lugar, con respecto a la versión de los hechos ocurridos entre los días 14 y 16 Julio, se habrá podido observar en la carta de Fal Conde a Don Alfonso Carlos del día 16 de Julio (reproducida en Apéndice 9) que existen algunas diferencias, al relatar los acontecimientos de esos días, frente a la versión dada por Lizarza.

    Por consiguiente, hemos estado comprobando la Memoria presentada por Fal Conde a la Asamblea de Insúa, así como también las Actas de dicha Asamblea en las que se recogen las intervenciones de los distintos participantes en la solemne reunión: en concreto, las intervenciones correspondientes a Fal Conde y Lamamié de Clairac habidas en la Sesión de la mañana del día 14 de Febrero del ´37 (quien quiera echarles un vistazo, se pueden ver los documentos en el Archivo de Don Javier de Borbón Parma, del Archivo Histórico Nacional, y que recientemente se han puesto de nuevo a disposición del público en el portal digital de PARES).

    Esta versión contenida en las susodichas Memoria y Actas posee cierta divergencia en relación a la que sostuvo Lizarza en las sucesivas ediciones de su libro. Recordemos, primeramente, el resumen de los hechos que da Lizarza al final del capítulo titulado "LA CONFORMIDAD DE MOLA":

    La carta de Sanjurjo la traje el día 11. Mola dio su conformidad el día 14, por medio de los capitanes, a quienes yo había sugerido tal solución. Y, como consecuencia de aquella carta y de esta conformidad, la Comunión, el día 15, dio la orden para el levantamiento general.

    Sin embargo, en la segunda versión que traigo ahora, los hechos ocurridos entre el 14 y el 16 de Julio fueron, de manera resumida, los siguientes:

    1) El 14 de Julio, Antonio Lizarza, a través de su gestión con los capitanes, consigue del General Mola su palabra de honor de suscribir la carta del General Sanjurjo. Por lo tanto, cuando Lizarza llegó al cuartel general de San Juan de Luz (encontrándose con la escena conocida de la reunión entre Don Javier y la rebelde Junta Regional de Navarra), la noticia que entregó fue una promesa verbal del General Mola, y no un documento autógrafo.

    2) Como consecuencia de esta promesa verbal, es por lo que Don Javier y Fal Conde suscriben en la noche del 14 al 15 de Julio el documento que empieza con las palabras: "La Comunión Tradicionalista se suma con todas sus fuerzas...". (Véase su texto en el Capítulo del libro de Lizarza titulado "LA CONFORMIDAD DE MOLA"). Este documento habría de presentársele al General Mola para que también lo suscribiera, de conformidad con su promesa verbal.

    3) El día 15 de Julio, por la mañana, Félix Maíz recoge el documento en cuestión para llevárselo al General Mola.

    4) Ese mismo día 15 de Julio, por la tarde, en el cuartel general de San Juan de Luz se recibe la llamada telefónica en la que se confirma que el General Mola ha suscrito el documento.

    5) En consecuencia, en la noche del 15 de Julio, se da la orden de movilización de los requetés (Documento reproducido en el Apéndice 7).

    6) El día 16 por la mañana se recibe en el cuartel general el documento suscrito por el General Mola, pero éste no es el que envió la Comunión, sino otro que decía así:

    "ME COMPROMETO A SEGUIR LAS INSTRUCCIONES QUE EN SU DÍA DÉ, COMO PRESIDENTE DEL GOBIERNO, EL GENERAL SANJURJO.– EMILIO MOLA".

    7) La Comunión, entonces, decide fletar un avión para que lleve a Antonio Lizarza a Lisboa con el documento que empieza con las palabras: "La Comunión Tradicionalista se suma con todas sus fuerzas...", para que lo suscriba el General Sanjurjo.

    El resto es historia.
    Última edición por Martin Ant; 27/12/2018 a las 11:59

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