LA REPÚBLICA DE 1873
por el Marqués de Lozoya
"No cabe fracaso más rotundo que el de este desdichado ensayo de régimen republicano en España (*). No acertó a resolver un solo problema de los que el Estado español tenía pendientes, y creó otros nuevos y gravísimos, como el cantonalismo y los intentos comunistas en el campo. El desastre de la Hacienda y la ruina de la economía española habían demostrado que la República, aun cuando no requiere la magnificencia de una corte, es la más cara de las formas de gobierno, porque el desorden es siempre más costoso que el lujo. Los elementos universitarios que tanta parte habían tenido en la revolución, se dieron cuenta de que la intrusión de la política en la Universidad no había producido otro efecto que paralizar la labor docente e investigadora. La guerra civil quedaba pujante como nunca.
El fracaso fué tan completo, tan definitivo, que no hay una persona de recto sentir que haya podido añorar nunca aquellos meses en que cada día traía consigo un pavoroso conflicto. Se ha llamado, con notoria injusticia, gloriosa a la Revolución de septiembre (1868), pero ningún historiador solvente se atreverá a aplicar a la primera República española ningún calificativo encomiástico. La pintura más terrible de lo que fué aquel tiempo está en los libros y en los discursos de políticos republicanos: Castelar, Pí y Margall, Roque Barcia, Pérez Galdós. Este período, tan breve, afortunadamente, señala el punto de máxima depresión en la Historia de España.
La prueba más evidente de este fracaso fué el desaliento de los republicanos. Uno de los más exaltados, D. José M. Orense, había dicho que, ante la experiencia efectuada, no quedaba otro camino a los republicanos de buena fe que el suicidio. Ninguno siguió, afortunadamente, este consejo, sino que casi todos fueron pasándose a la Monarquía. Y los que siguieron llamándose tales no pudieron prescindir de cierto oculto temor a la República, que hacía ineficaces sus esfuerzos.
Este miedo a la República en los mismos republicanos es uno de los fenómenos más curiosos de la política de la restauración". (...)
(*) El autor, Juan de Contreras, Marqués de Lozoya (1893-1978), escribe en 1931, cuando los peores excesos de la aun más nefasta II República estaban aun por llegar a su apogeo
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