Aingeru. Ciertamente es imposible que un historiador no refleje o plasme su cosmovisión a la hora de interpretar y dar una explicación a los hechos que recopila (esto lo reconoce honradamente, por ejemplo, Menéndez Pelayo en su introducción a los Heterodoxos, en donde señala claramente que eso de la supuesta "neutralidad" del historiador es un cuento chino). Pero eso no quiere decir que todo criterio que se utilice para dicha interpretación sea tendencioso y, por tanto, falsee necesariamente la explicación que se da de los hechos a la hora de analizarlos. Si esto fuera cierto, caeríamos en un escepticismo absoluto que nos impediría llegar a la verdad que siempre subyace a los hechos históricos y que les da su sentido. Es decir, el hecho de que existan interpretaciones falsas no quita que siempre haya de existir un criterio verdadero o correcto que dé sentido a los acontecimientos historiados.
D. Federico Suárez fue uno de los historiadores pioneros (al cual le han seguido sus pasos muchos otros hasta hoy en día) que inició en la década de los ´40 una revisión de los hechos acontecidos en el período que comprende los reinados de Carlos IV (1788-1808) y de Fernando VII (1808-1833) y la etapa cristina (1833-1840), debido a que estos hechos no encajaban en la interpretación que la historiografía liberal dominante había establecido tras la primera guerra carlista, y que continua hasta hoy en día en la mayoría de libros y publicaciones, como refleja el ensayo que usted escribió o como refleja, por poner otro ejemplo, el libro de texto de Historia con el que yo estudié 2º de Bachillerato en el colegio.
Estos trabajos de D. Federico y de muchos otros historiadores en la misma línea crítica y correctora de la interpretación liberal dominante no han podido ser nunca contestados por los historiadores liberales que, o bien callan o bien se dedican a declarar su supuesta inconsistencia pero sin señalar pruebas de ningún tipo en contra (como por ejemplo Begoña Urigüen que en su libro "Orígenes y evolución de la derecha española: el neo-catolicismo", se limita simplemente a decir que la tesis de D. Federico es insostenible y que ya ha sido contestada por otros historiadores, pero sin dar ninguna explicación ulterior ni aportar ninguna prueba, ya por sí misma, ya citando a esos otros historiadores que supuestamente ya habían contestado a D. Federico).
Lo cierto es que la vía abierta, entre otros, por D. Federico en la década de los ´40 ha estado dando muchos frutos, como él mismo señala al recopilar en la introducción a la 3ª edición de su ya clásico "La crisis del Antiguo Régimen", de 1988, los avances que se han estado haciendo en el estudio del periodo histórico al que me he referido antes (1788-1840), frutos en los que por cierto, hay que reconocer el trabajo realizado por la Universidad de Navarra (y lo dice alguien como yo que no es precisamente entusiasta con el Opus) en forma de publicaciones de ingente cantidad de documentos del periodo susodicho. Huelga decir que en la misma introducción D. Federico, siempre al tanto de las nuevas publicaciones que iban saliendo, subrayaba y constataba que la vía abierta por él, entre otros, no sólo no había sido contestada adecuadamente sino que muchas nuevas publicaciones dirigían sus trabajos por esa misma dirección revisionista y correctora de la visión estándar de los historiadores liberales (Francisco Martí, José Luis Comellas, María del Carmen Pintos, Cristina Diz- Lois, Bullón de Mendoza, Estanislao Cantero -véase el trabajo que antes le cité-, Andrés Gambra y un largo etcétera de catedráticos e historiadores).
Usted si quiere cuelgue su ensayo. Yo en este Foro ni pincho ni corto nada; yo simplemente hacía una crítica a tenor de lo leído en su trabajo. Eso sí, tengo pensado poner otros trabajos alternativos de D. Federico Suárez a modo de contestación. Y luego que los lectores comparen y saquen sus propias conclusiones sobre cuál de las interpretaciones o explicaciones se ajusta más a los hechos acaecidos en el periodo historiado. Creo que es lo más justo, ¿no le parece?
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