No he entrado a valorar el hecho de la unificación, que a priori me parece positivo, siempre que no se haga con ánimo destructivo, es decir para crear una neolengua a base de decreto. Más complejo seria en casos donde se parte de unidades políticas claramente diferenciadas y la lengua tiene intenciones nacionalistas.
Sobre lo del Monasterio de Arantzazu. ¿Era el 68 aperturista? En todo caso al exterior, pero en el interior es cuando más medios se destinan a la lucha antisubversiva y sobre todo cuando más se agrava la lucha contra los etarras y el nacionalismo vasco, con detenciones, ejecuciones y estados de excepciones que no eran tan excepcionales. Por lo tanto el franquismo no vería el euskera como algo tan subversivo. Sino que en el periódico vizcaino "Hierro" (órgano del Movimiento allí) se dedicaba a promocionarlo.
No voy a decir que el franquismo como norma general fuese euskerofilico. Pero tampoco es correcto culpar integramente a ese régimen del retroceso general del euskera. Ni mucho menos se puede decir que haya resurgido gracias al nacionalismo (Sabino no era precisamente un filólogo).
Los bertsos a los que me refería:
Haro.ko bidea hartu du gaur
Santiago eune denez.
Yai eder bat urtero ityen du
Santu haundi honen omenez.
Lehenbizi berakin hitze in du
Meza Santue entzunez.
Da gero bazkari eder hau
Haro.ko ard goxoak eranez.
Ardoan gatik bakarrá ez ga etorri
Haro.ra gaur karlistek.
Aurrerago yarritye dauzku
gore begitako bixtec.
Gu ez gatyo bate re asetzen
Ibarretxek yarri diun alpixtek.
Iñorke ez du onartzen
gorek dien bidek ixtek.
Ezkerrak denak elkar hartu te
erabat dauzku ekaitzen.
Ibarretxek ETAn boto akin
Berriz e seitzendo aintzen.
Denak familli berekoak die
erne zer ote dabiltzen.
Santiago ri eskatzen diot
seizala Españie zaintzen.
Para abundar un poco más: grandes sectores de población vascofona y euskaldun, sobre todo la que se arremolina en torno a las Sociedades Bascongadas (creo que era con "B") de Amigos del País, -los caballeritos de Azkoitia- a partir del siglo XVII empiezan a usar casi en exclusiva el castellano. Sin imposición, sin integración de otros españoles en sus tierras. Además en determinadas zonas de las Vascongadas tradicionalmente el número de vascoparlantes apenas llegaba al 20% (zonas de Álava). Cuando se establece el franquismo el porcentaje de erdaldunes supera el 60% en territorios tradicionalmente vascoparlantes. Y el bilingüísmo es un hecho, con excepciones.
Entre los propios vascos se da un cierto "autodesprecio", muy hispánico por otra parte, de su propia cultura. Y más entre los democratas que luego fueron de salvadores del euskera. Madariaga sienta afirmaciones como éstas: «En puridad no existe el vascuence y, desde luego, no existe literatura vasca» (p. 182). «Porque aquí, en el País Vasco, no hay Ramon Llull, no hay pintores primitivos, no hay historia autónoma, no hay literatura, no hay
más cultura que la española en general, sólo hay de distinto veinticinco lenguas arcaicas, estrechamente emparentadas» (p. 184).
Ahora un relato de Javier Ansuategui-Arteche Suberbiola, "La cultura vasca y el franquismo", publicado en la revista Claves de actualidad política, en 1987. Revista de pensamiento independiente:
"Sobre la Academia de la Lengua Vasca (Euzkaltzaindia) subsistió enteramente durante el franquismo, establecida en Ribera, 6, Bilbao; incluso celebró en 1968 sus bodas de oro. Sobre ella escribió en 1970 Javier María Pascual: Hoy cuenta 53 años. Con sólo cinco presidentes. Bajo tres regímenes políticos sucesivamente antitéticos. Celebró distintos congresos, reeditó el Cancionero Popular Vasco y obras clásicas como Gero, de Axular; Testamentu herriko Kandaira, de Lardizábal, y el Olerkiak, de Arvese-Beitia. En aquella misma fecha y censadas por el propio Pascual (navarro) se publicaban íntegramente en euskera las revistas Zeruko Angia y Goiz-Argi (donostiarras), el suplemento de Príncipe de Viana (navarra), Anaitasuna, Agur y Karmel (vizcaínas) más Aránzazu, Artzaideya, Egan y Euskera, esta última, órgano de la Academia de la Lengua vasca.
Diario de Navarra ofrecía una página quincenal totalmente escritas en vascuence y se publicaron numerosos libros en la misma lengua.
La Euzkaltzaindia convocaba los premios literarios Domingo de Aguirre de novela; Toribio Alzaga de teatro; Lizardi de poesía y Xenpelar de bertsopaperak (hojas volantes de bersolaris).
Existía, además una semántica local, hecha de vocablos de origen tanto euskaro como castellano. Consúltense Emiliano de Arriga (Lexicón bilbaino) y Martín Alonso (Enciclopedia del idioma). Pero, sobre todo, léase el precioso artículo de Indalecio Prieto «Chocholadas-EI lenguaje bilbaíno» en De mi vida, Edics. Oasis, México, 1970, pp. 81 y ss.
El folklore regional no sólo pudo manifestarse libremente, sino que incluso fue potenciado (como el de toda España) por la labor de los Coros y Danzas de la Sección Femenina. Quienes vivimos en las Vascongadas, somos testigos de que sus más ricas tradiciones -en baile, música y deporte- seguían manifestándose públicamente, sin ninguna limitación. y se grabaros discos por Ez Dok Amaira y otros grupos y artistas individuales.
Otro dato importante; fueron autorizadas también las ikastolas, y subvencionadas en las tres provincias vascas y en Navarra. Sólo en esta provincia funcionaban diez, en 1969. En Vizcaya había 43, y en Guipúzcoa, 78.
Al margen de las ikastolas, en 1966 se impartían clases de euskera para adultos, en distintas academias. Con sede en Bilbao (calle Colón de Larreategui, 14), existía también, desde enero de 1968, una Asociación Vizcaína para el Fomento del Vascuence (Euskerazaleak), con más de dos mil socios. Editaba material didáctico (distribuyó cuarenta mil ejemplares de un método de iniciación al estudio del euskera), un catón (Aurtxoa) y el leccionario de cosas Ikasteko. A través de Radio Popular de Bilbao se difundió el método de iniciación al estudio del vascuence, publicado también en los diarios locales El Correo Español-El Pueblo Vasco y Hierro (órgano de la Prensa del Movimiento).
Seguía apareciendo el tradicional calendario Arantzazu´ko Andre Mariaren egutegia, con ediciones en dialecto guipuzcoano (20 000 ejemplares) y vizcaíno (9000). Se lanzaron los cuadernos para niños Lau ta lau y las hojas Idarteko orria y Aditz-jokoa, donde, sobre dibujos del personaje infantil Kili-Kili, se enseñaban gramática, ortografía, geografía e historia vascas.
Como ejemplo definitivo del respeto tenido. a las culturas regionales, merece recordarse que en 1968 la editorial bilbaína Kriselu-2 publicó 14 fábulas del poeta y escritor socialista vasco Tomás Meabe, traducidas para una edición cuatrilingüe (castellano original, catalán, vascuence y gallego) por Ricard Salvat, Xesús Alonso Montero y Gabriel Aresti. Del mismo autor publicó la editorial bilbaína Zero-2 y X, en mayo de 1975, Fábulas del errabundo, con notas de Víctor M. Arbeloa y Miguel de Santiago. Tomás Meabe había sido fundador de las Juventudes Socialistas.
En el orden económico, ¿será preciso recordar (como en el caso de Cataluña) los altos índices de prosperidad alcanzados por las Vascongadas, bajo el franquismo? En cabeza de las provincias con mayor renta per cápita, el desarrollo industrial creciente produjo asimismo una enorme inmigración de mano de obra. Las obras públicas se intensificaron (y ahí están) y el paro no existía. El Festival Internacional de Cine de San Sebastián, iniciado en 1953, alcanzó la máxima categoría (A) en esta clase de certámenes, desarrollándose sin interrupción hasta 1975, mayoritariamente subvencionado por el Ministerio de Información y Turismo. A partir de 1976, reivindicada su organización por organismos locales de carácter independentista, perdió todo el prestigio anteriormente logrado, para perder también su categoría en 1980".
Y otro artículo de otro vasco sobre actualidad y manipulación cultural nacionalista:
CON LA "RECUPERACIÓN DE NUESTRA IDENTIDAD", DESFIGURAN AL PAÍS VASCO
Zortzigarrentzale (10/02/06)
Hace unos días presencié por televisión un partido de pelota y los nombres de dos de los jugadores me trajeron estas reflexiones. Se llamaban Aimar y Oier. Son dos especimenes de la plaga que nos está invadiendo: nombres que dicen que son vascos, pero que nunca se han oído ni leído en estas tierras. Quedo de piedra cuando leo que algunos de llaman “Zigor” (castigo) “Adur” (baba) “Erlantz “colmena”, etc.
En un diario bilbaíno de fecha 28 de enero leemos:
La academia de la Lengua Vasca presentó el pasado miércoles el nuevo nomenclátor de Vizcaya en el que reafirma Bilbo como la denominación oficial eusquérica de la villa.
Hemos subrayado dos palabras. “Nuevo” porque seguramente que contiene modificaciones respecto otro anterior. Esos académicos no descansan con sus reformas. “Oficial” porque muestra un afán de algunos académicos de que sus decisiones pasen de ser consejos o recomendaciones y tengan valor legal.
En efecto: son muchos los ayuntamientos que han decidido que aunque se escriba en castellano se debe usar la denominación de su pueblo en la forma eusquérica. Como si el ayuntamiento de Colonia pretendiera que en castellano tenemos que decir Köln, al referirnos a la histórica capital renana.
En el mismo diario aparecen las opiniones de once personajes. La primera es la del propio Alcalde de la Villa:
Una cosa es la nomenclatura y el valor del nombre que admito puede ser Bilbo pero otra es el conocimiento internacional, cultural y empresarial que se tiene de la palabra Bilbao.
Hay otra opinión parecida a la del Alcalde. Ocho personajes están en contra y solamente un académico de la lengua vasca está a favor.
En la Academia de la Lengua Vasca hay una comisión que se encarga de todos estos cambios. Uno de sus miembros es Xavier Kintana, de quien podemos dar alguna referencia. La primera noticia que tuve de él fue a través de mi hijo mayor. Cuando en el Colegio de Santiago Apóstol de Bilbao comenzaron a dar clases voluntarias de vascuence fuera del horario lectivo le dije a mi hijo que se matriculase. El profesor era el citado Kintana. (Mi segundo apellido es Quintana, palabra que ya se empleaba en latín. Cuando me dirigen escritos y ponen Kintana, como si se tratase de una palabra vasca; me entra un complejo de Kunta Kinte, el protagonista de aquella serie televisiva titulada “Raíces”. No soy racista. Pero prefiero vincular el nombre a la Roma civilizadora, que a una tribu africana)
Kintana aprovechaba las clases para aleccionar a los niños en el nacionalismo. Llegó a decirles que Zumalacárregui desobedeció la orden de D. Carlos de combatir al otro lado del Ebro, alegando que era vasco y sólo defendía estas provincias. Mostré a mi hijo la biografía de Zariategui en la que refería cómo D. Carlos le propuso a su General que fuese pensando en la denominación para el título que pensaba concederle y cómo éste le respondió que dejase eso para cuando conquistasen Cádiz. Mi hijo se lo dijo al profesor. Y éste le contestó que eso era una frase sin importancia. Gracias a ello mi hijo se convenció de la falsedad de los planteamientos nacionalistas.
Luego he leído algunas apariciones de Kintana en la prensa. Siempre defendiendo los cambios. En ninguna de ellas he encontrado un adarme de sentido común.
El académico que en esta ocasión muestra su opinión es Gorka Knörr. Es otro miembro de la comisión que cambia los nombres. Es nieto de un bávaro que llegó a Vitoria, parece que por no querer servir al Kaiser, a principios del siglo pasado y montó una fábrica de cerveza, se casó con una vitoriana y arraigó en la capital de Álava. Posiblemente tuviera alguna influencia el patriotismo bávaro del padre en que alguno de los hijos se hiciera fervoroso nacionalista. Un nieto suyo, Álvaro Bazán Knörr, perteneció a la AET de la Escuela de Ingenieros de Bilbao y murió en la Cruzada.
Gorka Knörr, como el citado Kintana ha llegado al vascuence por vía de estudio. No lo ha “mamado”. En ambos pesa más el papel que la vida. Y piensan que desde el papel se puede regular la vida: la lengua viva. Veamos un resumen de las razones que da para el cambio:
Es conocido que los textos antiguos presentan la forma “Bilbao” Por lo que toca al euskera un ejemplo es el proverbio citado por Garibay, el cronista de Felipe II: “Bilbao, han bere dongeak bidao” (Bilbao, allí también el malvado blasfema). Ahora bien, cabria preguntarse si ese”Bilbao” no está forzado por la rima con “bidao”. Y por otra parte hay que decir que tenemos la pista de la palabra “bilbo” (empleada por Shakespeare) que el inglés tomó sin duda del euskera, lo que quiere decir que la gente vasca decía “Bilbo”.
Que los lectores juzguen sobre la absurda forma de razonar que emplea el académico.
Se trata de cambiar por cambiar. De establecer diferencias con el pasado. De fundar una personalidad nueva que sirva de disfraz al proyecto separatista. Pero si lo que hacen es nuevo, ¿a qué viene eso de “la recuperación de la personalidad”? ¿Cuándo hemos tenido esa personalidad que nos están imponiendo? Esa personalidad que arraiga primordialmente en personas y familias que carecen de raíces vascas.
Muchos más ejemplos podríamos aducir que demuestran la arbitrariedad con que actúan los impulsores del cambio. Knörr dice que “Bilbo” es lo moderno y por eso rechaza Bilbao que es arcaico. Pero en otra ocasión deciden que Orduña debe ser Urduña porque dicen que así aparece en los documentos de hace mil años, y que en Orozco (el pueblo más próximo vascoparlante, a 20 km) dicen Urduña. He consultado con algunos amigos de Orozco y me dicen que ellos siempre dicen Orduña tanto en vascuence como en castellano.
Así están adulterando el verdadero ser vasco. Porque tienen medios para ello. Porque en el País Vasco hay mucha ignorancia sobre el idioma y la historia y somos muy pocos los que resistimos a sus imposiciones. Porque viven de la ilusión y las mentiras que ellos mismos forjan.
Discrepancia, ¿donde está el invento?
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