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Tema: Muere Blas Piñar

  1. #21
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Muere Blas Piñar

    Blas Piñar y el Ángel de España

    Antonio Caponnetto
    “Juro a Dios y ante mi Ángel Custodio, servir perpetua y lealmente al de España” (Eugenio D’Ors)
    En la madrugada del pasado 28 de enero, se nos ha muerto Blas Piñar.
    De cuanto pudiéramos decir en su homenaje, hoy nos lo impide el llanto y la congoja. Postergaremos, pues, las palabras propias. Hablarán las oraciones, que elevamos al Dios de los Ejércitos.
    De cuanto debiéramos proferir en honor a su trayectoria límpida, hoy nos lo impiden estos labios sellados por la sensibilidad lacerada y herida. Hablarán los cánticos litúrgicos en la Santa Misa.
    De cuanto estamos obligados a narrar, en testimonio de su catolicidad impar, de su amor singular a la Hispanidad Eterna, de su varonía probada, de su elocuencia magnífica, hoy nos lo impiden estas manos nuestras, crispadas aún por la noticia, y que han tomado el gesto de un nudo elevado hacia el altar. Hablarán los recuerdos, que se encabalgan solos por el alma.
    Pero hay algo que nos urge decir y no callar. Entre las cualidades admirables de Blas, que fueron muchas y esplendentes, siempre nos llamó la atención que,a diferencia de otros “políticos católicos”, o de católicos dedicados a la política, él no omitiera hacer profesión pública y apologética de esos temas que, aún entre los hombres de Fe, suelen ser omitidos, para que no se los tome por exagerados, fanáticos o alucinados.
    Me explicaré mejor, si acaso no se entiende. Es común que un “político católico” defienda la llamada cultura de la vida, con todos los méritos que ello comporta. Es todavía común que tal clase de hombres públicos se atrevan a decir que reciben de vez en vez los sacramentos, asisten a ciertas ceremonias cultuales, o comunican a los suyos salutaciones de fin de año,con la reglamentaria mención a Dios.
    Pero Blas iba muchísimo más lejos en su quijotismo político. Blas estudiaba mariología y daba lecciones sobre la Señora que justificaban el proverbial nunquam satis. Las daba cuando “hacía política”, aunque fuera mejor decir que uno de sus modos de “hacer política”, era recordar que sin María Santísima no seremos libres, ni soberanos, ni apóstoles recios ni buenos patriotas. Locura para el mundo,claro. ¿Pero es que acaso importa ser cuerdo para el Siglo?
    Blas meditaba sobre hagiografía, y en sus discursos, arengas o proclamas se hacían presentes el Aquinate y el de Hipona, Teresa la Grande y San Juan de la Cruz. Se hacían presentes convocados, no por el docto en un claustro –cosa que también supo ser- sino por el político que arremolinaba las plazas, convirtiéndolas en un tremolar de banderas, de camisas azules, de yugos y flechas entrelazados tras los acordes del Cara al sol. ¿No era demasiado, ya? ¿No era cosa demencial “mezclar” de este modo el quehacer político con el testimonio religioso? Blas no hablaba ni existía para ser aprobado en los exámenes del tiempo. Hablaba y vivía para aprobar el examen del amor en la tarde de la vida. Su calendario político lo marcaba antes el sentido parusíaco de la historia que los llamados a sufragar falsas derechas.
    Blas conocía como pocos la doctrina de la Realeza Social de Jesucristo. Y como en muy pocos, tal doctrina halló en él al orador excelso. Pero no predicaba esta Principalía de Nuestro Señor en clases, tertulias, o conferencias tan solo. La hizo programa de su conducta política; norte de su empresa, culmen de sus sueños, anhelo explícito del orden que se proponía recuperar para España. Ya era excesivamente “imperdonable” para quienes querían ser políticamente correctos y eclesiológicamente mitigados. Y sin embargo, allí estaba una y mil veces el político Blas, brazo en alto, palma al cielo, la roja y gualda al viento sobre sus hombros, vivando a Cristo Rey al final de cada convocatoria. Desmesura para católicos timoratos, recolectores de votos y encuestadores de consensos.
    Pero faltaba el colmo, el exceso mayor e imperdonable, la exageración y el desborde más a contracorriente de cuanto se estila en estos tiempos políticos. Blas Piñar,hombre del 18 de julio, del 20 de noviembre y de las fechas inmóviles y perennes; Blas Piñar, hombre de Toledo, pero también de Castilla o de Andalucía, o de todas las geografías que bautizó la Madre Hispania, amaba a los ángeles, meditaba sobre angelología con verba exacta, pluma erudita y talante poético. También en tanto político, porque ser piedra de escándalo para el fariseísmo, lo tenía sin cuidado.
    Y sí, por supuesto, angelólogo de ley, creía fervorosamente, como cuadra, en el Angel de España.
    A él le dedicó –entre tantas- unas páginas bellisimas en su libro Tiempo de Ángeles, que se editara en Madrid, hacia 1987. Terminado el encomio del guardián celeste de la patria terrena, recuerda Blas unos versos del Padre Eusebio Rey, que hablan de este modo:
    Tal vez será alucinación de mis oídos
    ese son de campanas.
    El Angelus ha muerto.
    Quebró sus blancas alas
    el viento de la estepa.
    Y después los comenta Blas a su manera, antes de mostrarnos el final de los mismos: “Pero no sólo el viento de la estepa marxista –viento helado del odio-, sino también el viento cálido y burgués del liberalismo escéptico, comodón y autosuficiente. Pero no importa, le dice al poeta su interlocutor imaginario;y con él nosotros, movidos por la fe y la esperanza:
    Tal vez no sea ilusión de tus oídos
    ese son de campanas.
    Aún hay dulzura mística en la tarde.
    La tarde está soñando hoy en voz alta.
    Y ese son es el eco milenario
    del ángel nuestro y de España.
    Nos permitimos considerar que Blas ya está de fiel y valiente vasallo del Angel de España. Sirviéndolo ahora, cara a cara, próximo al Padre, junto a todos aquellos que hicieron de su vida una Cruzada.
    Y que, saliéndole al encuentro –vertical y espada en mano, como diría José Antonio- el Angel de España le dio la bienvenida diciéndole señero:
    Por tí no pudo el viento de la estepa
    llagar de frío o calcinar de tedio
    a las almas cautivas de un asedio
    que atenaza y engrilla, repta y trepa.
    Por ti la herencia de la raza increpa
    al invasor de nuestro antiguo predio,
    y por ti la palabra fue remedio
    como el gajo a la vid, cuando se encepa.
    Ahora todo es tañido de campanas,
    todo tiempo del Angelus, del Coro:
    era verdad que al cielo se lo asalta.
    Escucha Blas, las españolas dianas,
    aquí el aire es silente y es sonoro.
    La tarde está soñando hoy en voz alta.



    Blas Piñar y el Ángel de España | Tradición Digital
    Pious dio el Víctor.

  2. #22
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    Re: Muere Blas Piñar

    En la muerte de D. Blas Piñar, por D. José Utrera Molina

    Ha muerto Blas Piñar. Estoy seguro que para muchos españoles habrá muerto también el resto de ilusiones que él mantuvo por encima de cualquier dificultad, haciendo frente a ataques injustos y a críticas demoledoras.

    Ahora, caliente aún su cadáver, muy cerca de él y de los suyos, proclamo aunque mi voz sea siempre un grito solitario, que Blas Piñar no fue uno de los mejores españoles de nuestro tiempo, sino el mejor.

    Reunía una serie de cualidades excepcionales: la primera, el valor, la segunda, la increíble resistencia al cambio ventajoso y acomodaticio. Su corazón latió siempre con el nombre de España. No hubo para él ningún descanso, ningún silencio y por supuesto, ninguna cobardía. Amó a España hasta la extenuación viviendo su sacrificio personal alentado siempre por la alegría de servir permanentemente a su nación y a su patria. Hubo un tiempo en que hasta el mismo ABC le prestó en muchas ocasiones su Tercera. Sí, eran otros tiempos, pero Blas había levantado una bandera que no estaba dispuesto a arriar a pesar de dificultades, ataques, agravios e insultos.

    Latía en su pecho un delirante amor a su patria. Nada podía suplirlo, nadie podía adelgazarlo. La verdad entera de España la guardaba en su alma de patriota ejemplarísimo. Pienso que frente a la dignidad suprema de este personaje, pocos hay que recibieran como él en vida la vil expresión que le alejaba de la nómina de los españoles de bien. Conocí a Blas cuando yo tenía 20 años. Un primo hermano mío, Ángel Molina -que firmó mi carta de afiliación a la Falange Española de las JONS y cuyo padre fue vilmente asesinado en Albacete-, me dio sus primeros consejos que estaban ya ungidos por su firme carácter de Alférez Provisional. Le recuerdo ahora que escribo estas líneas con dolor pues era plena su identificación con quien representaba un cúmulo de virtudes, de razones, de emociones, todo en torno a la España que ambos habían soñado y servido.

    Me figuro la perplejidad de algunos que dirán: “ya se fue el fascista Blas Piñar” y posiblemente, en su desvío emocional y en su odio recalcitrante, serán incapaces de ver y conocer todo lo que representó la figura de Blas Piñar en la historia de España. Blas no fue nunca fascista, se comportó siempre como un soldado enamorado y ajeno a galas innecesarias.

    Yo le conocí a fondo y sabía de sus afectos y fervores hacia mí, que por supuesto, yo no merecía en absoluto. En ocasiones critiqué algunas de sus posturas radicales; ahora entiendo mejor la radicalidad de su amor y de su actitud de permanente lealtad a la esencia de España que él soñaba.

    Jamás dobló su espalda ante nadie, ni ante el mismo Franco Caudillo de España, al que sirvió con lealtad crítica e incomprendida y quien le alabó ante mí en más de una ocasión. Él, que no entendía de desvíos ni de alteración de circunstancias marcadas por un interés político, representó como ninguno la fidelidad a la egregia figura del Capitán de nuestra juventud, Francisco Franco, para deshonra de tantos aduladores provisionales que pronto le habrían de mirar con desprecio desde las poltronas del poder. Nadie, absolutamente nadie ofreció jamás un testimonio tan conmovedor, tan delirante en la lealtad a Franco y al movimiento nacional. Y no conozco a ninguna persona que haya sufrido con tanta entereza los viles ataques de sus enemigos. Yo le veía siempre en mis sueños como defensor del Alcázar, al que él amó de forma infinita y estremecida.

    No era orgulloso, no presumía de ninguna clase de monopolio. Estaba radicalmente solo y aguantó la soledad como un héroe clásico. Jamás le vi con la mirada enturbiada por el rencor, jamás le vi cercano a cualquier clase de odio. El amor que sentía por España invadía todo su ser y hacía imposible una beligerancia hacia nadie. Sólo España era el rosario permanente de sus oraciones y la verdad estremecida de su esperanza. A ella consagró su vida, sin ayudas, sin prestaciones, sin limosnas que él rechazaba siempre con una suprema caballerosidad. Pero aceptó la soledad como un grado de dignidad y de honor y como una obligación que él sentía como la del más erecto soldado de España.

    Nadie podía decirme que iba a ser yo quien trazara esas líneas necrológicas ungidas por la pasión y el dolor de su pérdida, pero él sabrá, allá donde los luceros nos alumbran, que su fiel camarada estuvo al pie de su cadáver con postura militar y ánimo de soldado saludando a quien había sido el mejor artífice de la lealtad de vida a un Capitán hoy maltratado.

    Sé que todavía la ponzoña con que se le atacó tendrá sus grados de recuerdo, pero mi voz que está ya, sino cansada, avejentada por el paso de los años, estará siempre en pié junto a su recuerdo, firme ante el ejemplo que dio en su vida, alta mi frente para mirarle a los ojos sin que pudiera bajarlos en ninguna ocasión. Blas era el prototipo de una España ya desconocida que pasó a la historia, pero que un día volverá con resplandores, con canciones y con himnos a alegrar un poco nuestro corazón entumecido.

    Te prometo Blas seguir tu ejemplo. Bendito sea tu patriotismo, bendita sea tu lealtad, bendita sea la entereza de tu ánimo y bendita la firmeza de tus convicciones y la elegante manera de tratar a los que eran tus enemigos. Tu amor a España lo invadía todo e invadirá las maderas de tu féretro hoy tendido. De él se desprenderá el amor que le profesaste, tú no puedes morir del todo porque eres la encarnación de la España moribunda, pero no muerta, y desde mi dolor, desde mi tristeza, grito en el umbral de tu muerte aquel grito que nos unió en vida y que nos abraza en la muerte:

    ¡¡¡ Arriba España!!!


    En la muerte de D. Blas Piñar, por D. José Utrera Molina - Producciones Armada
    Vainilla y Pious dieron el Víctor.

  3. #23
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    Re: Muere Blas Piñar

    Aquella Fuerza Nueva, que casi nadie quiso. Y el tren pasó. Errores que tuvimos.
    Si hoy día pasase de nuevo, cuantas personas subirían al tren.

    Entonces tenían, supongo, la perspectiva de libertad, que modernos vamos a ser, como Europa, esta retrógrada España.
    Probablemente les tacharían de violentos. Y Blas Piñar fue un hombre muy religioso, se les pasaría ese gran detalle.
    La españa lista, vaya.
    Pious dio el Víctor.


    Tándem Aquila Vincit
    ———————————



    Salve, llena de gracia; el Señor es contigo..
    Bendita tú eres entre todas las mujeres que fueron, son y serán; Reina Virginal, Madre Santísima, Virgen Pura..El Espíritu Santo vendra sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá; por eso el santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios.

    Y el Oriente, Luz Verdadera vino al mundo e ilumina a todo hombre y toda mujer como Sol de justicia.

    TÚ DIOS mío solo ayúdanos, que nosotros haremos para Su camino.

  4. #24
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    Re: Muere Blas Piñar

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Aquí don Blas Piñar, en el lado que un español de bien debe estar, no donde algunos creían se podía encontrar y promover una supuesta paz y Libertad duradera, que o era una gran farsa o un montón de inútiles que se creían listos, o ambas con intereses sucios cargados.

    https://m.youtube.com/watch?v=LyEOSZlGE4A
    Trifón y Pious dieron el Víctor.


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