INTRODUCCIÓN.
Una gran parte de las personas sólo conocen la "Sábana Santa" de Turín a través de los medios de comunicación y, por eso mismo, tiene completamente desdibujado el estado de la cuestión sobre la Sábana santa.

En los últimos treinta años no he encontrado nunca un reportaje periodístico que recoja sencilla, fiel y objetivamente qué es la Sábana Santa o Síndone.
En el mejor de los casos el comunicador manifiesta un punto de vista personal sobre el tema —a favor o en contra, según sus prejuicios religiosos— y tiende a la simplificación, muchas veces eliminando el verdadero problema que plantea en el mundo científico —porque, efectivamente, lo plantea—.
En consecuencia, el destinatario del reportaje no entiende por qué alguien dedica tiempo y espacio a un tema que se presenta en los mass media como “resuelto”

En la mayor parte de los casos la Síndone se ha estudiado y se estudia por profesionales de diversas ciencias, y éstos le siguen dedicando tiempo porque no consideran que sea un tema cerrado en absoluto.

Al margen de su consideración como objeto religioso —que aquí no se plantea—, el interés científico sobre la Síndone se inició cuando, al realizarse la primera fotografía del lienzo, se descubrió en él una característica inesperada: Que sólo se puede entender correctamente la imagen que allí aparece, en el negativo fotográfico.

Como ocurriría en cualquier otro caso —al menos dentro de la cultura occidental—, ante un fenómeno que requiere una explicación, lo normal es buscar una explicación racional. No entiendo por qué tendría que ser distinto tratándose de la Síndone y, desde luego, su estudio no puede darse por concluido mientras se siguen encontrando aspectos nuevos que despiertan interés y exigen respuestas.

Se conocen muchas copias de la “Sábana Santa” de Turín pero, en ningún caso, se ha planteado que sean algo más que simples pinturas. Ninguna de ellas ha suscitado el más mínimo interés científico, a diferencia de lo que ocurre con la tela original.

Al ser una reliquia muchos fieles querían tener una reproducción de la misma y encargaban a pintores profesionales una reproducción, algo lógico cuando aún se desconocía la fotografía. Pero ninguna de las reproducciones catalogadas tiene las características únicas de la Sábana turinesa.

Los estudios que se desarrollaron durante el siglo XX en torno a la Síndone —inicialmente de forma individual y después de forma colectiva y multidisciplinar— colocaron en el centro de la investigación sobre el lienzo el análisis de la impronta que contiene pero también se realizaron estudios relativos a otros aspectos totalmente diferentes.

El punto culminante de la investigación científica se produjo a raíz de la actuación de un grupo de científicos norteamericanos (el STURP) que llevó a cabo una investigación directa y multidisciplinar de alto nivel entre los años 1978 y 1981.
A pesar de dedicar a la tela una de las investigaciones más extensas que se ha realizado nunca a un objeto arqueológico y realizar en ese tiempo 27 publicaciones en revistas científicas donde expusieron sus conclusiones manifestaron no haber encontrado ninguna explicación satisfactoria para la impronta, por lo que ese aspecto sigue abierto.

Desafortunadamente, ese “punto álgido” de la investigación supuso también un “pico de popularidad” que no tuvo únicamente consecuencias positivas: por una parte favoreció que nuevos investigadores se interesasen por el tema, pero también propició, en todo el mundo, la aparición de libros de divulgación —o con puro afán sensacionalista— escritos por personas que pretenden ser investigadores sin serlo.

Durante los años posteriores a 1.981, el STURP planificó una batería de nuevos análisis que tenían un doble propósito:
- por un lado profundizar aún más sobre la naturaleza de la imagen, y
- por otro conocer los niveles de contaminación del tejido, con vistas a realizar una datación del mismo que tuviera garantía de fiabilidad.

Materialmente la Síndone (usaremos el término Síndone, “lienzo” en griego que es el usado en las publicaciones y en los congresos especializados y, en la práctica, hace las veces de nombre propio para el Lienzo de Turín) es una tela con unas características muy concretas.

La restauración del año 2.002 ha permitido conocer en su integridad el lienzo, liberándole de gran cantidad de añadidos, y en el que destacan una serie de marcas (especialmente debidas a un incendio) que los avatares históricos han dejado sobre su superficie.

La existencia de una doble imagen “impresa" sobre el lienzo, se trata desde el punto de vista de la ciencia empírica.
En la descripción de esta imagen nos limitaremos sólo a los dos aspectos imprescindibles; la existencia de la “impronta”, y la “negatividad” visual de la misma. Pero hay que aclarar dos puntos:
• El término impronta se ajusta muy bien a la imagen de la Síndone pues, como veremos, no está sobre la tela sino en la tela.
• La “negatividad” es una característica insólita de la Sábana de Turín: la imagen se entiende visualmente sólo cuando se realiza su “inversión óptica”

Por una parte habrá que determinar cómo se ha realizado —o cómo se ha formado— la impronta de la Síndone y, por otra, ver si podemos asegurar que las huellas que contiene no son posteriores al siglo VI.

Primero mencionaremos las más importantes investigaciones directas que se han realizado sobre la imagen y, en especial, las dos investigaciones multidisciplinares del siglo XX:
- La de la comisión de expertos italianos de 1.969 a 1.973, (que no llegó a grandes resultados) y
- La del equipo STURP (siglas en inglés de “Proyecto de Investigación sobre la Sábana de Turín”), formado por tres decenas de investigadores de distintas entidades norteamericanas, que se materializó en 27 publicaciones en revistas científicas de impacto en los siguientes tres años.

Weis-Liebersdorf, al tratar de las similitudes entre el rostro de la Sábana Santa y el de Cristo —y, por ende el de sus apóstoles—, mantuvo que ellas eran la prueba de la creación medieval de la Síndone. Pero, como no se conocían aún las características físico-químicas de la impronta sindónica, pudo obviar el problema del origen de las huellas dando por supuesto que se habría producido con un relieve de madera y que las supuestas manchas de sangre debían ser pintura.
Más de un siglo después, esta opción no ha sido validada por los estudios científicos realizados pero, a pesar de ello, algunos autores aún mantienen que la Síndone no puede ser sino una obra artística medieval.

Entre ellos, podemos citar al historiador turinés Gian Maria Zaccone, quien afirma que la Tela representa “un punto de llegada de la tradición de las aquiropitas que ya no podía llevarse más lejos” y que viene a ser la imagen definitiva que recoge “los éxitos de toda una tradición preexistente”.

Sin embargo, esta posición teórica tiene una dificultad insalvable de orden empírico: tras más de un siglo de investigaciones nadie ha sido capaz de obtener una huella idéntica, y mucho menos con procedimientos artísticos conocidos en la antigüedad.
Bastaría citar, como más reciente, el intento del profesor de química orgánica Luigi Garlaschelli de la Universidad de Pavia (Italia) apoyado curiosamente por una entidad italiana autodenominada “Comité para la Inspección de Afirmaciones de lo Paranormal”.

Al menos esta tentativa de 2.009, es mejor que
- la copia que en su tiempo hizo McCrone (basado en una pintura de óxido de hierro) o
- la penosa tentativa de Joe Nickell; o
- la de Picknett-Prince y su supuesta fotografía medieval de Leonardo Da Vinci; o
- la fantasiosa fotografía-experimental del sudafricano Nicholas Allen…

Es cierto que, con los procedimientos informáticos actuales no hay dificultad para copiar —o mejor, escanear — e imprimir la huella de la Síndone sobre una tela, pero este resultado no tiene ningún valor porque aunque la reproducción obtenida puede ser visualmente parecida carece totalmente de la naturaleza físico-química del original. Aunque “se parezca visualmente”, no es igual ni comparable en sus características.

Hasta ahora, nadie ha podido defender un origen artificial para la impronta de la Síndone con apoyo científico: Mientras no sea posible presentar otra imagen con idénticas características, nadie puede ir más allá de la mera especulación.

Impresionado por las placas fotográficas obtenidas por Secondo Pía, Vignon descartó que las improntas pudieran ser algún tipo de obra artística y elaboró la “teoría vaporigráfica” para intentar explicar un posible origen natural de las huellas. Según esta teoría, las huellas procedían de los vapores amoniacales que habrían surgido del cuerpo, -tras haber sido preparado para la sepultura- una vez colocada la mirra y el áloe.
Para demostrarlo, ideó y realizó los correspondientes experimentos en el propio laboratorio de Delage con la colaboración de éste y del comandante René Colson pero, desafortunadamente para él, los resultados obtenidos no se acercaron ni de lejos a lo esperado.

No podemos olvidar que la Síndone no es un concepto —algo teórico y de existencia discutible— sino un objeto real, con una historia concreta que puede —y debe— estudiarse necesariamente si se quiere indagar sobre misterios y fenómenos no conocidos.

La Síndone de Turín es, materialmente, una sábana estrecha y larga cuyas medidas, según la medición realizada en 2002, pueden establecerse en 442,5 x 113 centímetros.
Es frecuente ver que algunas publicaciones “redondean” las medidas a 440 x 110 cm., lo que se explica por la dificultad de determinar las medidas de un rectángulo de tela que presenta actualmente grandes deformaciones en las esquinas. Por otro lado, se ha destacado por varios investigadores que, estas medidas, dadas en centímetros, parecen extrañas pero resultan significativas si las pasamos a codos siríacos. Son prácticamente coincidentes con 2 x 8 codos,
unas cifras exactas, sencillas y fáciles de entender, y que son compatibles con una posible procedencia oriental.

Según la tradición cristiana, sería la mortaja usada en el entierro de Jesús de Nazaret. El tamaño del Lienzo lo hace hábil para amortajar un hombre y, si atendemos a las marcas y manchas que presenta en su superficie, parece aparentemente que se le ha dado ese uso.

Lo más destacable de la tela es que contiene impresa, por un procedimiento actualmente desconocido, la imagen frontal y dorsal, de quien parece haber sufrido todas las heridas de la Pasión de Cristo.
Un hombre muerto por crucifixión –clavado por manos y pies—, al que previamente se le habría infringido una flagelación al estilo romano y que fue alanceado a la altura del corazón.

El cuerpo tendría que haber sido depositado decúbito supino sobre la mitad de la tela, mientras la otra mitad, retornada sobre la cabeza, cubría la parte frontal del cuerpo, lo que explica que una misma superficie del lienzo haya estado en contacto con las partes frontal y dorsal.


A.- DESCRIPCIÓN TEXTIL DEL LIENZO.
El estudio más completo que conocemos sobre los aspectos textiles de la Síndone fue presentado en FLURY-LEMBERG, Mechthild, 2000, p. 21-43.

El tejido en sí es una “sarga de cuatro”, en espiga, de lino puro hilado a mano, con torsión “en Z”. El lino es su única materia constitutiva, pero se han encontrado fibras de algodón al menos en las muestras tomadas de la llamada “esquina superior izquierda”.
El primero que detectó estas fibras fue el Profesor Gilbert Raes, en las preparaciones microscópicas que examinó en 1973. Las caracterizó como de la variedad "Gossipium herbaceum", que ya se cultivaba en Oriente Medio en tiempos evangélicos, sin embargo, en un estudio del año 2.005, se ha apuntado que este material extraño podría haberse añadido en una reparación del tejido realizada siglos después de la confección de la tela.

Aunque hablamos siempre de la Síndone como una única tela, para ser exactos deberíamos decir que en realidad el Lienzo está formado por dos piezas, de tamaño muy desigual.
Una pieza principal, que es donde se aprecian las marcas casi en su totalidad, y
una banda de unos 8 cms. cosida en el costado superior de la pieza principal a la que le faltan varios decímetros en sus dos extremos. La longitud de esta banda o franja lateral, algo inferior a la pieza principal (380 cms) se explica por haberse cortado de la misma varios fragmentos, posiblemente con la finalidad de ofrecerlos a algún personaje o institución importante.

Se han formulado diversas hipótesis para explicar la existencia de este “añadido”, pero lo cierto es que no sabemos por qué se cosió. Lo que ha quedado demostrado es que el tejido de las dos porciones no sólo es idéntico, sino que pertenece a la misma pieza textil. Esto se puede saber con seguridad, dado que estamos ante un tejido hilado a mano, con hilos de grosor muy variable, y se ha comprobado la perfecta correspondencia del grosor de los hilos de ambas partes de la tela a lo largo de toda la extensión de la costura.
La única conclusión posible es que inicialmente fue una única pieza textil y, por razones desconocidas, una tira de tela se cortó y, posteriormente, se volvió a coser, en el mismo sitio.
Por otra parte, sabemos que el tipo de cosido utilizado para la franja lateral, llamado “dobladillo falso”, existía por lo menos en el siglo I, pues es idéntico a otro hallado en las excavaciones arqueológicas de Masada, en Palestina, datado antes del año 75 d.C. No obstante, según los especialistas, este no es un detalle que sea especialmente significativo, porque este tipo de dobladillo se ha usado durante siglos.


B.- DESPERFECTOS Y REPARACIONES.
Aunque desconozcamos parte de su historia, sabemos con certeza que el Lienzo ha viajado mucho y sufrido todo tipo de vicisitudes, por lo que no es extraño que se puedan apreciar evidentes desperfectos. Los más visibles proceden de un incendio que afectó a la Síndone la noche del 3 al 4 de diciembre de 1.532, mientras se custodiaba en la capilla del castillo de Chambéry —Capital, entonces, del Ducado de Saboya—.
En aquel tiempo se guardaba dentro de una arqueta de plata, plegada en 48 capas, por lo que las quemaduras se reprodujeron en varias de ellas. En total, podemos apreciar 24 agujeros triangulares de gran tamaño y otros más reducidos.
Las chamuscaduras y los agujeros, así como unos cercos de agua, bien notorios, hacen en ocasiones difícil la visibilidad de las huellas del cuerpo. No obstante, salvo las partes que se corresponden con la zonas superiores de los brazos y los hombros (destruidos por las quemaduras), la doble Imagen del crucificado está prácticamente intacta y ha permanecido indeleble a pesar de que el citado incendio la sometiera a bruscos cambios de temperatura y humedad.

Los cercos de agua tradicionalmente se han considerado producidos por el agua usada para apagar el fuego de 1.532, pero una reconstrucción detallada de los pliegues que tenía el lienzo, cuando se quemó y cuando se mojó, demuestran que las marcas de humedad se produjeron en un momento distinto —no documentado, pero necesariamente anterior al incendio—, estando la tela doblada “en acordeón”. Un tipo de plegado conocido desde la antigüedad.

Por último, en cuanto se refiere a los desperfectos, es necesario hacer mención a una serie muy característica de orificios que se suelen denominar en inglés “poker holes” o en lengua española “orificios en L”.
Hasta hace pocos años se consideraban también parte de las quemaduras de 1.532, pero esto ha quedado ya totalmente descartado pues aparecen pintados en copias de la Síndone anteriores a dicho incendio, Por ejemplo en la copia de Lieja, de 1.516, que se atribuye a Durero. que se corresponden con una forma de doblado de la tela diferente a las dos que acabamos de mencionar y que, según afirma la Dra. Flury-Lemberg en su informe, no son fruto de ningún incendio sino que se trata de quemaduras químicas.

A este respecto concreta Flury-Lemberg que, para que se produzcan unos orificios así, se necesita que pasen, al menos, 50 años desde que el reactivo químico impregna la tela hasta que se produce el agujero.
Son especialmente interesantes estas marcas, porque, como se verá, algunos autores las consideran una prueba indudable de que la Síndone existía, al menos, en el siglo XII.
Tras el incendio, la Síndone fue restaurada pacientemente, por las monjas clarisas de Chambéry, en 1.534. Durante aquellas jornadas la superiora del convento redactó una memoria de los trabajos de restauración que pasa por ser la primera descripción minuciosa de la Sábana de Turín.

Para reforzar el lienzo original le cosieron, a modo de forro posterior, una "batista" de lino o "tela de holanda" y le colocaron parches de tela para tapar los agujeros quemados.
Años después, otras manos añadieron otros dos forros más, de seda negra y roja, con la loable intención de proteger más el lienzo primitivo, pero no resultó una idea afortunada, dado que la sábana pasó a ser conservada enrollada sobre un cilindro de madera de pequeño diámetro. Las diferentes telas cosidas (lienzo, batista, remiendos y forros de seda) proporcionaban tensiones desiguales y originaron arrugas estables y desperfectos varios.

Los forros se suprimieron definitivamente en 1.998 —cuando se tomó la decisión de mantener el lienzo extendido—, pero la restauración que transformó radicalmente la apariencia tradicional del Lienzo se realizó durante el verano del año 2.002: Se eliminaron los parches, se “sanearon” las zonas quemadas, se sustituyó la tela de soporte y se estiró el tejido para hacer desaparecer algunas de las arrugas.
Para saber más sobre la restauración del Lienzo ver: FLURY-LEMBERG, Mechthild, 2002, no. 17-18.
Que sepa el autor, sólo existe un artículo en español de la misma autora sobre la misma materia, ver: FLURY-LEMBERG, Mechthild, 2009, p. 4-10.

A pesar de las fuertes críticas que suscitó en ambientes especializados la intervención de 2.002, es cierto que las condiciones de conservación de la Síndone son ahora mucho mejores que en 1.997, y que la urna que la custodia dotada de las mejores condiciones que la tecnología actual puede aportar a la conservación de tejidos— permitirá prolongar en lo posible la existencia del Lienzo.

Aunque hoy puedan confundirse los términos, en aquel tiempo (siglo I) se diferenciaban perfectamente una síndone y un sudarión, pues éste era una tela más pequeña y de uso diferente. El soudarion era una tela del tamaño de un pañuelo grande y que podía tener diversos usos. Uno de ellos era cubrir la cabeza del ajusticiado una vez muerto. Después, en el entierro definitivo, se retiraba del rostro, pero si tenía sangre post mortem debía dejarse junto al cadáver. Eso es lo que el evangelista da a entender que hicieron con el sudario de Jesús. Al entrar en el sepulcro lo encontraron «en su sitio, aparte».
En Asturias existe un lienzo que se corresponde con lo que sería el sudario de Jesús y que ha sido objeto de un estudio muy profundo durante más de dos décadas. Tampoco nos vamos a referir a él en este momento. Para quien quiera saber más sobre la investigación llevada a cabo por el EDICES sobre el Lienzo asturiano me remitimo a RODRÍGUEZ ALMENAR, Jorge-Manuel, 2000.

Interesa constatar es que no existe oposición bíblica ni contradicción material alguna entre el lienzo de Turín y las referencias evangélicas.

D.- LA “IMPRONTA” DE LA SÍNDONE REVELADA POR LA FOTOGRAFÍA.
Lo que hace única a la Síndone de Turín es la figura que contiene la “impronta”.
No existe en la historia del Arte ninguna imagen con sus características: No es un dibujo o pintura, carece de contornos definidos, no hay en ella líneas y es completamente monocroma; el autor pudo examinar directamente el lienzo, el 21 de septiembre de 2.002, detenidamente y a muy corta distancia, sólo se distinguen, por ser radicalmente diferentes, lo que parecen manchas de sangre.

Estas extrañas características han reforzado durante siglos la creencia popular —manifestada ininterrumpidamente— de que, efectivamente, la Sábana era la mortaja de Cristo y, aunque nada se sabía sobre cómo podía haberse formado la impronta, esto no importaba en absoluto. Los fieles veían en el Lienzo a Cristo Crucificado y no se necesitaba más: debía tratarse de una imagen “milagrosa”.

La mentalidad religiosa de los siglos pasados no exigía una investigación científica y tampoco había medios técnicos que la permitieran. Sin embargo, el desarrollo de la técnica y la ciencia han hecho posible que, desde finales del siglo XIX, la Síndone haya sido estudiada exhaustivamente. Ese cambio radical de mentalidad se produjo en un momento preciso: a partir de realizarse la primera fotografía de la Sábana.

La fotografía se había descubierto en el primer cuarto del siglo XIX, pero no fue hasta 1.898 —estando ya bastante desarrollada la técnica—, cuando se tuvo la oportunidad de hacer una fotografía de la Sábana de Turín. La ocasión se presentó durante una ostensión con motivo de la boda del que luego llegaría a ser el rey Víctor Manuel III de Saboya. Los Saboya eran propietarios de la tela desde el siglo XV y, cuando se convirtieron en reyes de Italia, la Sábana pasó a ser el Palladium de la monarquía italiana, y por eso la exponían con ocasión de bodas reales u otros acontecimientos familiares o religiosos significativos.

Secondo Pía, abogado turinés, y presidente de la asociación local de fotografos amateurs, pidió permiso a Humberto I —rey de Italia y por tanto propietario de la tela— para plasmar la «Sacra Síndone». Tuvo que superar algunos inconvenientes inesperados, pero, a pesar de contar con los rudimentarios aparatos de entonces, tomó algunas buenas fotografías. El relato del propio fotógrafo se publicó en LOTH, Arthur, 1907. En el libro se reproduce íntegramente la «Mémoire sur la reproduction photographique du Saint Suaire de Turin» que Pía le envió al autor. Posteriormente se publicó en SINDON (Revista del Centro Internacional de Sindonología. Cuaderno número 5) Turín, 1961.

En español puede consultarse un amplio resumen de todos estos hechos, por ejemplo, en el capítulo correspondiente de SOLÉ, MANUEL, 1984.

En aquella época, como en todo tiempo anterior a la fotografía digital, era necesario para obtener una fotografía un largo proceso que incluía el revelado y la obtención previa del “negativo fotográfico” a partir de la placa de cristal —convertida en fotosensible por procedimientos químicos— colocada, durante la toma, en el fondo de la cámara fotográfica.
Sólo después de obtener el negativo del negativo, —repitiendo el mismo procedimiento— aparecía ante los ojos del fotógrafo el “positivo óptico”, esto es, una imagen semejante al objeto fotografiado.

Pero en el caso que nos ocupa ocurrió algo verdaderamente extraño. Como dice el mismo Pía:
Encerrado en mi cuarto oscuro, concentrado totalmente en mi trabajo, experimenté una intensa emoción cuando, durante el revelado, vi por primera vez aparecer el Santo Rostro en la placa, con tal claridad que me quedé helado”.

Y es que, las difusas huellas del lienzo original, al ser invertidas en el negativo fotográfico no contenían —como sería lo normal— una imagen invertida e incomprensible a nuestros ojos, sino que mostraban, con desconcertante exactitud, la apariencia real del rostro impreso en la tela.
Esto es algo insólito, e implica que la impronta del lienzo es, prácticamente, la imagen en negativo del cuerpo que contuvo, de tal forma que el cliché —al contener el negativo de la impronta—, se corresponde directamente con un “positivo visual”.
Ni Pía, ni nadie podía esperar algo así: Las sombras rosáceas o pardo-amarillas que esbozan el cuerpo, son tan tenues que no hacían sospechar siquiera que apareciera en el negativo fotográfico una huella visible, y muchísimo menos que apareciera un positivo visual del cuerpo.

Sin embargo fueron muy pocos los que se dieron cuenta de la verdadera dimensión que tenía tal descubrimiento. Hubo que esperar hasta la obtención de una nueva fotografía de la Sábana para que se aceptara por todos como algo extraordinario.

Fue Giuseppe Enrie, redactor jefe de la «Rivista Fotografica Italiana», el encargado de obtener las nuevas placas de la Síndone en la ostensión de 1931 y quien, dos años más tarde, publicó un libro titulado La Santa Sindone rivelata dalla fotografia, en el que narra todos los detalles técnicos de su trabajo.
En esta ocasión, el fenómeno tuvo bastante más resonancia en el mundo científico y cultural, dando lugar a multitud de estudios de toda índole.

En los años 30, la fotografía había avanzado muchísimo y la técnica del blanco y negro había llegado a su perfección. De hecho las fotos tomadas en aquella ocasión están consideradas por muchos especialistas como las mejores que se han hecho nunca, porque el negativo en blanco y negro tiene mayor contraste que las posteriores fotos en color y la precisión de los detalles es muy grande.
Sin entrar todavía en el problema que plantea el mecanismo de formación de la imagen sindónica y sus características, quiero subrayar que también desde el punto de vista fotográfico, es una imagen única.

Por eso es pertinente reproducir literalmente lo que el propio Giuseppe Enrie, un verdadero experto, escribió en su citado libro al observar la Síndone con detenimiento. Se trasluce su entusiasmo:
1. “La impresión del cuerpo sobre la Sábana Santa, excluidas tan sólo las huellas de sangre, es un perfecto negativo y no es de hechura humana.
2. La ampliación confirma de manera clara que han de excluirse en la misma tanto rasgos de pintura o pinceladas como dibujos o bosquejos antepuestos.
3. Las manchas de sangre están bien marcadas y tienen las características de improntas por contacto: su color es intenso y su diseño más visible y marcado.
4. Las impresiones presentan proporciones anatómicas perfectas y dicen claramente de qué clase de persona se trata y a que raza pertenecía; no aparecen desfiguradas apenas, a pesar de la hinchazón del hueso nasal.
5. En las sombras de la impronta, o sea, en la mayor parte de la superficie de la Sábana Santa, el tejido está intacto.“…


Se ha dicho, empezando por Enrie, que la impronta es un verdadero negativo —y, efectivamente, es comparable en muchos aspectos con un cliché— e incluso se ha llegado a afirmar que es la primera proto-fotografía de la Historia. Hay que matizar semejante afirmación, subrayando que es algo más complejo:
El Lienzo actúa a la manera de un cliché, pero no es un cliché.

Hay por lo menos dos aspectos, fácilmente comprobables por cualquiera, en los que la imagen sindónica difiere de una imagen fotográfica:
1. El carácter totalmente diferente de las huellas de sangre y las de la impronta. La sangre ha pasado al lienzo por absorción directa y en la tela tiene su color natural —por lo que en el negativo se ve en negativo, como es normal— pero, por el contrario, la impronta tiene el claroscuro invertido en el lienzo, por lo que en el negativo fotográfico se ve en “positivo óptico”.
2. Las sombras de la figura no están distribuidas de forma natural. Nos sería imposible determinar donde estaría el hipotético foco de luz que iluminaba el cuerpo al hacer la fotografía. Precisamente, uno de los elementos que da ese aspecto extraño a la figura es que las sombras están «repartidas» a ambos lados del cuerpo.
Parece como si estuviera iluminado “desde dentro”.

En definitiva, lo que reveló el negativo fotográfico parecía difícil de comprender, así que durante años hubo quien prefirió negar la negatividad de la impronta, considerando el descubrimiento como un truco. Esta actitud perduró en muchas personas hasta casi nuestros días, pero quedó desmentida definitivamente cuando miles de cámaras privadas pudieron captar directamente la imagen de la Síndone en la Ostensión de 1.978; la comprobación pasó a estar al alcance de cualquiera, simplemente revisando el cliché obtenido con la foto.

En los años setenta se tomaron las primeras fotografías en color de la Sábana y el mundo conoció el verdadero aspecto pardo-amarillo de la impronta —mucho más sutil de lo que la película ortocromática reflejaba— y los tonos azules del negativo fotográfico que, como era de esperar, nos muestra la inversión de los colores originales por sus complementarios.
La fotografía científica y de alta calidad aplicada a la Sábana, y sobre todo los escaneados a los que se ha sometido en los años 2.000 y 2.002 han elevado el conocimiento de detalle de la imagen a niveles nunca sospechados anteriormente.

Hoy ya no cabe dudar de la existencia de dos tipos diferentes de huellas:
- por una parte las de contacto (heridas, regueros de sangre, hemorragias posmortales,...) y
- por otra la impresión del cuerpo, que se diferencian no sólo por su naturaleza sino también por su coloración, y sabemos que, aunque la impronta es monocroma, tiene una gran variedad de tonos.

Los estudios sobre la imagen han revelado que la densidad de la huella, en cada punto de la impronta, está relacionada matemáticamente con el relieve que, en ese mismo punto, tendría un hipotético cuerpo de tres dimensiones, —que hubiera estado envuelto en la tela—.
La razón de ser de esta relación es algo que tampoco se ha podido explicar satisfactoriamente, pero justifica la variedad de tonos.

Por fin, con el acceso universal a la fotografía digital y al tratamiento de imagen por ordenador, ya no es necesario siquiera acudir al negativo fotográfico para comprobar la negatividad de la imagen. Todo aquel que tenga una imagen original de calidad digital y un programa informático de tratamiento de imagen tipo “photoshop” puede comprobar personalmente en la pantalla de su ordenador esta característica de la imagen.

Lo interesante es que, a pesar de los avances científicos y de los muchos ensayos realizados, seguimos sin poder explicar la existencia y la naturaleza de la impronta. Un reto que no se ha podido resolver en más de cien años.


LA SÍNDONE NO ES UN ARTEFACTO MEDIEVAL.

Visión General De La Investigación Sobre Las Huellas .
El punto de vista sobre la Síndone cambió en 1.898, como consecuencia de la realización y difusión de la primera fotografía de la Sábana de Turín y del descubrimiento de la inesperada “negatividad” de su impronta.
Fue el inicio de los estudios sobre la Síndone, pero también el detonante de las discusiones interminables sobre la misma, especialmente con la publicación, en 1.902, del libro de Paul Vignon, Le Linceul du Christ. Étude scientifique y la presentación que se realizó del mismo, en la Academia de Ciencias de París. A partir de aquel momento, la Síndone dejó de ser simplemente una reliquia más (un objeto de devoción) para convertirse, también, en un objeto que debía ser estudiado.

El problema actual es, precisamente, la proliferación de publicaciones y discusiones y la necesidad de separar los estudios “serios”, de aquellos otros que, con mejor o peor intención, confunden los datos con opiniones personales. Por eso, se pretende en estas páginas hablar del “estado de la cuestión” sobre la antigüedad del lienzo y sobre la naturaleza de sus huellas, bordearemos las opiniones, para referirnos exclusivamente a lo publicado por investigadores directos del lienzo.

Con las segundas fotos oficiales de la Síndone, realizadas por Giuseppe Enrie en 1.931surgió una segunda tanda de estudios y, entre ellos, la investigación de Pierre Barbet: Barbet era doctor en medicina, cirujano jefe del Hospital de S. José de París y había adquirido mucha experiencia, como cirujano militar, en las trincheras del Marne durante la IGM. Fue el primer estudioso que usó la denominación “sindonología”, que acabó imponiéndose.

El primer cirujano que se plantea la Síndone desde el punto de vista médico. Su acercamiento al tema se produjo al reconocer como heridas reales las que aparecen en la Síndone, subrayando que existía un abismo entre ellas y las que han plasmado los artistas de todos los tiempos al intentar representar la Pasión de Cristo. Mientras que estas últimas eran claramente incompatibles con su experiencia profesional, en la impronta de la Síndone no se apreciaban “errores médicos”. Eran marcas de auténticas heridas.
Pierre Barbet hizo estudios experimentales con cadáveres y recogió sus conclusiones en varios libros:
Las cinco llagas de Cristo (París. 1932),
La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, según un cirujano (París. 1936) y, por último, la versión italiana del libro anterior, con algunas mejoras: La Pasión según un cirujano. (Padua,1965).

En los años inmediatamente posteriores muchos otros autores (Romanese, Judica Cordiglia, Rodante, Infringilio, Moroni y otros…) intentaron llevar a la práctica, perfeccionándola, la teoría vaporigráfica de Vignon. Que sugería que eran los vapores amoniacales del cadáver los que, reaccionando con el sudor y los ungüentos, habían producido la impronta.

Pero en todos los casos ocurrió lo mismo: la sutileza de los rasgos que tiene la impronta sindónica, se encuentra muy distante de los “manchurrones" que se obtienen a base de procedimientos químicos; la diferencia es insalvable.

El origen de la impronta parecía —y sigue pareciendo— inexplicable, pero como todo misterio se convierte en la mente de un investigador en un reto científico, fue en aumento el número de investigadores que intentaron resolverlo.

En 1.939 ya había tantos estudios realizados, que sobraba material como para organizar un congreso y esa fue la base del I Congreso Nacional (italiano) de Estudios sobre la Santa Síndone, que se celebró en Turín.
Tuvo un gran éxito, pero el entusiasmo que suscitó en muchos estudiosos tuvo que interrumpirse, necesariamente, por la II GM.
Sólo cinco años después del fin de la guerra, en 1.950, se celebró ya el I Congreso Internacional de Sindonología, que tuvo dos sedes: Roma y Turín. Como ponen de manifiesto las actas de estos primeros congresos (1.939 y 1.950) —que se publicaron conjuntamente— el estudio científico de la Síndone iba despegando poco a poco, en la medida en que se iba conociendo el objeto.

El I Congreso Internacional de Sindonología reveló de forma palmaria la necesidad de crear alguna entidad formada por hombres de ciencia que recogiera e hiciera accesible a otros investigadores los estudios realizados. Con este espíritu se creó, en la misma Turín, el “Centro Internacional de Sindonología”, inaugurado el 18 de Diciembre de 1959. Diez años después, parecía que ya era posible plantearse un estudio científico directo del Lienzo, y se puso en marcha. Desafortunadamente, los resultados fueron muy pobres.

A.- La Comisión de Expertos de 1.969-1.973.
Tras la II GM, el arzobispo de Turín —el Cardenal Pellegrino— ya había considerado necesario que una “Comisión de Expertos” comprobara que el Lienzo permanecía en buenas condiciones, pues no se había vuelto a ver desde la última ostensión de 1.933, pero no fue hasta 1.969 que no se constituyó el primer grupo de científicos que tuvo
la oportunidad de estudiar directamente la Síndone.

Trabajaron sobre ella los días 16 y 17 de junio de 1.969, el 4 de octubre de 1973 y el 4 de noviembre de 1973, y las conclusiones de sus estudios se hicieron públicas en 1.976 siendo bastante decepcionantes. Inicialmente se publicó la noticia en el suplemento de la Rivista Diocesana Torinese de enero de 1976, y, posteriormente, en Osservazioni alle perizie ufficiali sulla Santa Sindone 1.969-1.976, publicado por el Centro Internacional de Sindonología

La “Comisión” quedó, desafortunadamente, en “un buen intento” frustrado, pero no podemos decir que fuera inútil. Al menos sirvió para que, en diversas partes del mundo, otras personas se interesaran por el tema.

Otra de las consecuencias positivas de la existencia de la comisión fue que, por primera vez, se hicieron fotografías del Lienzo en color. El encargado de hacerlas fue Giovanni-Battista Judica-Crodiglia, hijo del Dr. Achile Judica-Cordiglia que era un eminente miembro del equipo científico.

El reconocimiento de 1.969 se prolongó hasta 1.973 pues, en ese año, coincidiendo con la ostensión televisiva de la Síndone para Eurovisión, se autorizó una toma de muestras a dos científicos: el Dr. Max Frei y el Dr. Gilbert Raes. El Dr. Raes, del Instituto de Tecnología Textil de Gante, en Bélgica, tomo una pequeña muestra del tejido, confirmando que era de lino puro, aunque también encontró algunas fibras de algodón, pero se atribuyeron a algún tipo de contaminación.

Max Frei era perito de la Interpol, y fue designado por la ONU para investigar la misteriosa desaparición de su Secretario General Dag Hammarskjöld, por lo que en los años 70 era uno de los criminólogos más famosos. Fue fundador y Director del Laboratorio científico de la Policía criminalista de Neufchâtel (Suiza) y del de la alemana de Hiltrup. Trabajó en la de Zurich treinta años. Había sido llamado a Turín únicamente para acreditar que no se había manipulado el negativo de las fotografías a color, tomadas el año 69, pero no se conformó con ello sino que quiso implicarse en el estudio directo de la reliquia.
Obtenido el permiso pertinente, la noche del 23 de Noviembre de 1.973, tomó algunas muestras del polvo presente en la superficie de la tela —en concreto de algunas zonas que no tenían imagen—.
Los resultados de sus estudios sobre los granos de polen que encontró fueron publicados en el cuaderno 23 de la revista Sindon correspondiente a abril de 1.976, y en las Actas del II Congreso Internacional de sindonología de 1.978.


B.- El Equipo STURP (1976-1981).
El equipo STURP (Shroud of Turin Research Project), es decir: “Proyecto de Investigación sobre la Sábana de Turín”— se creó en 1.976, en Estados Unidos, y fue el grupo que terminó realizando el estudio científico multidisciplinar que se necesitaba. En realidad sus componentes nunca se plantearon hacer un estudio completo de la Síndone, sino —únicamente— conocer la naturaleza de la impronta pero, aún así, los estudios y las publicaciones científicas que realizaron son esenciales para entender qué es la Síndone y por qué plantea un problema científico.

A) EL NACIMIENTO DEL EQUIPO STURP.
El origen remoto de ese grupo fue la publicación —a mediados de los años 70— de varios artículos, en revistas especializadas de Estados Unidos, sobre los estudios médicos realizados a la Síndone. Un verdadero hito de aquellas publicaciones fue un informe muy completo realizado por el Dr. Robert Bucklin, en concordancia con el Dr. Joseph Gambescia.
El Dr. Robert Bucklin era un conocido médico forense y patólogo del condado de Los Ángeles (California) y el Dr. Joseph Gambescia patólogo del condado de Pennsylvania.

Bucklin decía sobre la Síndone: “Independientemente de cómo se formaron las imágenes, disponemos de información suficiente para afirmar que son anatómicamente correctas. Sus características patológicas y fisiológicas son claras y reflejan unos conocimientos médicos ignorados hace 150 años”.

El informe de Bucklin hacía un recorrido por cada una de las huellas del lino y, admitiendo que se correspondían con verdaderas heridas, realizaba la “autopsia” del cadáver, definiendo los objetos que podían haberlas causado.
El Dr. John Jackson, es de familia católica y conocía desde niño la existencia de la Sábana Santa. Según afirma, siempre pensó que le gustaría hacer una investigación sobre el Lienzo, a pesar de que en Estados Unidos no había nadie que pudiera dirigírsela, por eso estaba predispuesto a implicarse en la investigación en cuanto surgió una oportunidad.
En cuanto a su formación intelectual, obtuvo un doctorado en física por la Escuela de Postgrado Naval de los Estados Unidos en 1.972 y una licenciatura (B.A.) en Estudios Religiosos de la Universidad de Santa Fe, en 1.976. Ha sido profesor universitario en la Academia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y en la Universidad de Colorado, en Colorado Springs. Fue científico en el Laboratorio de Armamento de la Fuerza Aérea (Air Force Weapons Laboratory) en Albuquerque, nuevo México. En los años 80 fundó el Turin Shroud Center (TSC) de Colorado, que dirige, y en el momento de redactar este trabajo es profesor Honorario a tiempo parcial de la Universidad de Colorado y asesor de la NASA.
De sus 78 publicaciones científicas, 21 se refieren a la Sábana Santa de Turín. Como profesor de física de la Academia de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos, fue quien consiguió reunir al grupo de investigadores, especializados en diversas ramas de la Ciencia, y pertenecientes a grandes organismos estatales norteamericanos: NASA (Jet Propulsion Laboratory de Pasel), adena, SANDYA , el Laboratorio Nacional de los Álamos, etc,...

El interés por la Sábana de ese grupo de científicos —más de 30— se despertó al descubrir otra característica insólita en las imágenes de las fotografías de la Síndone, —se suele denominar “tridimensionalidad”— al aplicarles el analizador de imagen VP-8.
La razón por la que la imagen de la Síndone se sometió a un análisis de imagen con el VP-8 es que John Jackson había leído que Vignon, al observar la imagen del negativo fotográfico de la Sábana, manifestó que daba la sensación de que la figura tuviera relieve, como si se tratara de un hombre que saliera a la luz desde una oquedad oscura. Esta idea indujo a Jackson a someter la fotografía de la Sábana al VP-8 para ver si era algo más que una sensación, y podía cuantificarse objetivamente.

Barrie Schwortz, —fotógrafo científico, documentalista del STURP— en su página web “www.shroud.com”, Que es una de las más visitadas del mundo sobre el tema de la Síndone, SCHWORTZ, Barrie “The 1978 Scientific Examination: The VP-8 Image Analyzer” En: <http://www.shroud.com/78strp10.htm> (1-VI-2014) explica cómo funcionaba el VP-
Diseñado en la década de 1.960 para la creación de mapas en relieve a partir de fotografías lunares y para otros fines con imágenes topográficas, el Analizador de Imagen VP-8 (VP-8 Image Analyzer) es un dispositivo analógico que convierte la densidad de la imagen (claroscuro) en relieve vertical. Cuando se aplica a las fotografías hechas específicamente para este tipo de análisis, el resultado es una imagen topográfica precisa y que muestra las características correctas del relieve natural de los objetos. Se dice, frecuentemente, que el resultado es una imagen “tridimensional”. En 1.976, un grupo de científicos que trabajaban en varios proyectos en “Los Alamos National Laboratories
Hay que valorar que “Los Alamos National Laboratories” son un centro de referencia en Estados Unidos. Allí se había inventado la bomba atómica hacía unos años, y los científicos de los Álamos pasaban por ser de los mejores en su género.

Cuando se puso una fotografía de la Sábana Santa de Turín tomada por Enrie en 1.931 en el VP-8 se descubrió la existencia de estas mismas propiedades tridimensionales en la imagen de la Síndone.
“Esto dejó particularmente intrigados a dos de los investigadores presentes en la prueba, el Dr. Eric Jumper y el Dr. John Jackson.
Estimulados por su asombroso descubrimiento, decidieron formar un equipo de investigación para investigar qué podría haber originado la imagen sobre la tela y en unos pocos meses nació el STURP (Shroud of Turin Research Project).
Dos años más tarde, ese mismo equipo llevaría a cabo el primer examen científico, a fondo, de la Sábana Santa
de Turín”.

“Cuando se coloca una fotografía normal en el VP-8, no se traduce en una imagen tridimensional correcta, sino en un revoltijo de "formas" de diversas alturas según su luminosidad”. El analizador le atribuye un relieve a cada punto según su densidad, pero el relieve que aparece es el de una imagen completamente deformada, prácticamente irreconocible.
“Esto se debe a que las luces y sombras en una fotografía normal dependen únicamente de la cantidad de luz reflejada sobre la película por cada parte del sujeto. Las densidades de la imagen no dependen de la distancia a la película”.
Por el contrario, de la imagen de la Sábana Santa de Turín se obtiene un relieve tridimensional muy preciso de un cuerpo humano”.
“Hay que concluir que (en la Sábana) la densidad de la impronta es —en cada punto— directamente proporcional a la distancia existente entre el cuerpo y la tela que lo cubrió. En esencia, cuanto más cerca de la tela estuvo esa parte del cuerpo —la punta de la nariz, pómulos, etc—, más oscura era la imagen y cuanto más lejos — cuencas de los ojos, el cuello, etc—, más débil era la imagen”.
Barrie Schwortz, fotógrafo documentalista del STURP en su página web “www.shroud.com”. SCHWORTZ, Barrie “The 1978 Scientific Examination: The VP-8 Image Analyzer” En: <http://www.shroud.com/78strp10.htm> (1-VI-2014)

Como es lógico, el VP-8, al dar relieve a una foto de la Síndone tomada con luz visible, no podía distinguir entre quemaduras, remiendos, arrugas y la impronta del cuerpo, pero si omitimos este ruido, y nos fijamos en las improntas frontal y dorsal, vemos que el relieve atribuido es coherente con el de un cuerpo humano. La razón es que se puede establecer una relación matemática exacta entre el relieve de cada parte del supuesto cadáver y la intensidad de la huella existente en la tela en la parte correspondiente.
Es algo insólito, porque es tanto como decir que la imagen tiene “codificada” la información del relieve de un cuerpo humano.

Deduce correctamente Barrie Schwortz en su web:
La codificación de datos de distancia en la imagen elimina como posible mecanismo para su creación a la fotografía o la pintura y nos permite concluir que la imagen se formó mientras la tela recubría un cuerpo humano real. Así que el VP-8, no sólo reveló una característica de la imagen de la Síndone muy importante y desconocida hasta ese momento, sino que también proporcionó la motivación histórica real para formar el equipo que en última instancia fue a investigarla”.

Durante estos análisis también descubrieron que en las huellas del cuerpo, no hay “direccionalidad”, es decir, se han plasmado perpendicularmente al lienzo. Este dato es incompatible con una realización manual de las imágenes, ya que un artista, distribuye el pigmento siguiendo siempre un mismo patrón de dirección.
Lo más lógico sería pensar que las huellas son consecuencia del contacto con un cadáver, —ya que los estudios forenses hablan de heridas reales— y que las improntas frontal y dorsal se deben haber producido por una reacción química sobre la tela, al entrar en contacto con el sudor y los ungüentos. Sin embargo esta hipótesis no explica las huellas que existen en la Síndone:
Cuando se coloca un lienzo sobre un cadáver, la sábana únicamente toca el cuerpo en los salientes de la “orografía corporal”, pero no en los entrantes. Si fuera una huella por contacto, sólo existiría imagen en las zonas en las que el lienzo habría tocado el cadáver. En la Síndone, por el contrario, tanto en la impronta frontal como dorsal, toda la superficie del cuerpo tiene imagen. La tela tendría que haber estado en contacto con cada punto del cadáver, —cosa que es imposible en la práctica— pero, si eso hubiera ocurrido, las manchas tendrían en todos los puntos una densidad semejante, y no es así.
Es más, la densidad de la imagen en cada punto mantiene una relación matemática con el relieve corporal, —por eso el VP-8, puede “reconstruir” el relieve en base a esas distintas densidades—. Esto es a lo que se referían los investigadores del STURP cuando establecieron como característica de la imagen la “tridimensionalidad”. Una característica única, que no se da en dibujos, pinturas o fotografías.

Es frecuente encontrar en publicaciones de “divulgación” sobre la Síndone referencias a la tridimensionalidad de la imagen que evidencian que el autor no ha entendido en absoluto lo que dijeron los investigadores.

Los datos que tenían en su poder, originaron numerosas preguntas en los científicos, que vieron la necesidad de poner en común los resultados que iban obteniendo y plantear posibles análisis que solventaran las dudas suscitadas.
Esa voluntad se materializó en un congreso que tuvo lugar, el 23 y 24 de marzo de 1.977, en Albuquerque, Estados Unidos, donde se evidenció que era imprescindible analizar directamente el lienzo y realizar fotografías científicas específicas.

B) LAS “JORNADAS DE OBSERVACIÓN DIRECTA” EN TURÍN: DEL 8 AL 13 DE OCTUBRE DE 1.978.
El equipo STURP se preparó intensamente para realizar una batería de análisis sobre el Lienzo. Habían elaborado un protocolo absolutamente detallado, que preveía diversas posibilidades, según el tiempo que les concedieran. Y, afortunadamente, no sólo consiguieron todos los permisos necesarios para realizarlo sino que se les concedió el tiempo máximo solicitado: 120 horas seguidas.
Un estudio exhaustivo que exigió trasladar, desde EEUU hasta la “Sala de la Biblioteca” del Palacio real de Turín, 8 toneladas de material, incluida una especie de mesa basculante realizada por la “Nuclear Tecnology, Inc.” que permitía ver la Síndone en horizontal o en vertical, para hacer los análisis cómodamente.
Los norteamericanos publicaron en 1.981 que, a partir de los datos obtenidos en las “Jornadas de observación directa” de 1.978, le habían dedicado a la Síndone más de 150.000 horas de estudio.

En el “Anexo 1” puede consultarse la lista completa de los miembros del equipo STURP: son 33 investigadores, expertos en los campos que se iban a investigar, pertenecientes a diversas corporaciones o entidades norteamericanas, algunas muy conocidas. Sin entrar en detalles, sí quisiera destacar que en la lista se relacionan nueve científicos del Laboratorio Nacional de Los Álamos, que en aquellos años pasaba por ser un laboratorio de referencia especialmente cualificado. En este laboratorio se había inventado hacía unos años la bomba atómica, y los físicos que allí trabajaban se consideraban de alta cualificación.

En cuanto a sus actuaciones, para dar una idea general de su trabajo, enumeraremos algunas:
• Se tomaron las imágenes necesarias para realizar diversas pruebas de espectrografía y espectrofotometría —con toda la gama de longitudes de onda, es decir, infrarrojo, luz visible, ultravioleta y Rayos X— con el fin de conocer muchos detalles, no visibles a simple vista, y la composición de las improntas.
• Se fotografió la tela con luz transversal (al trasluz) Esto permitió ratificar que en donde hay sangre la tela es opaca a la luz trasversal, pero, en cambio, la huella del cuerpo es transparente a dicha luz, lo que indica que la impronta no está formada por material opaco añadido al lino.
· se fotagrafió con luz rasante, para conocer con detalle las arrugas del lienzo.
• Se tomaron macrofotografías de zonas con restos de tierra o con marcas de agua; de zonas donde existe imagen pero no hay sangre —donde simplemente se ve que algunas fibras han cambiado de color—, de zonas chamuscadas, etc.
• Y se extrajeron hilos y fibras sin imagen y con imagen, aplicando a las segundas distintos tipos de decolorantes para ver si se podía eliminar el color.

C) HALLAZGOS DEL STURP SOBRE LA NATURALEZA DE LAS HUELLAS DE LA SÍNDONE.
Como sabemos, en la Síndone se constatan dos tipos de huellas:
•Unas, —supuestamente de sangre— estarían producidas por el contacto con las heridas reales infringidas a ese hombre,
•Y las otras, misteriosas y difíciles de identificar, que constituyen la impronta frontal y dorsal del cuerpo.

Consecuentemente, —al plantearse el origen de las huellas— el equipo STURP debía contestar dos preguntas:
- Si hay sangre en la Síndone, y
- cómo se ha producido la impronta.

1ª : La “SANGRE” Es Sangre.
Viendo la Síndone, lo primero que salta a la vista es la existencia de supuestas manchas de sangre de un tono llamativamente rojizo. La “comisión de expertos italianos” de 1.969-1.973, había dicho que no podían constatar que fuera sangre, —“la respuesta negativa a las investigaciones llevadas a cabo no permite un juicio absoluto sobre la naturaleza hemática del material examinado”—. Por eso el STURP tenía verdadero interés en clarificar este punto.

Si no se encontraban trazas de sangre no podrían afirmar que la sábana era una mortaja.
No fue fácil llegar a una conclusión, pues inicialmente se suscitó una polémica, que trascendió a la prensa, y que es necesario abordar aquí Sobre todo, porque periódicamente se alude a ella en medios “escépticos”, normalmente sin aclarar las circunstancias en que se dio tal polémica, y sin mencionar algunos datos determinantes.

Los protagonistas fueron,
por una parte el Dr. Walter C. McCrone, Jr. nació en 1916. Doctorado en Química Orgánica en 1942 en la Universidad de Cornell, aceptó en ella la dirección del Departamento de Ingeniería Química. En 1956, dejó la Universidad para convertirse en consultor independiente y fundó McCrone Associates, Inc., de Chicago (Illinois). Cuatro años más tarde constituyó el McCrone Research Institute (MCRI) también en Chicago, una organización sin fines de lucro dedicada a la enseñanza y la investigación en microscopía electrónica.
Fue director y editor de The Microscope, una revista internacional dedicada a la promoción de todas las formas de microscopía para el biólogo, el mineralogista, el científico forense, y el químico.

y por otra
los Dres. John H. Heller biofísico del New England Institute, Connecticut, EE.UU., se licenció por la Universidad de Yale e hizo estudios de postgrado tanto en Yale como en la universidad de Cornell.
Se doctoró en medicina en la Case Western Reserve University y fue profesor de medicina interna y la física médica en la Universidad de Yale. Fue miembro de la American Physiological Society, la Biophysical Society y la Bioelectromagnetic Society. Escribió extensamente en sus campos profesionales y fue galardonado con cuatro medallas nacionales e internacionales.
En 1.954, Heller fundó la Reticuloendothelial Society, y fue autor del manual “Reticuloendothelial Structure and Function”, de 1.960, sobre las funciones que actúan en la generación y la destrucción de los glóbulos rojos. Heller se centró en la toma de mediciones físicas y químicas de este sistema para detectar la presencia de sangre en casos de pena de muerte, tanto para la acusación como para la defensa, con especial preocupación sobre las pruebas de trazas de sangre antigua.
y Alan D. Adler , nació en 1931, obtuvo su título de licenciatura en Química por la Universidad de Rochester, (Nueva York) en 1.953, y se doctoró en Química por la Universidad de Pennsylvania, (PA) en 1.960, especializándose en porfirinas y química sanguínea.
Enseñó biología en la Universidad de Pennsylvania, como profesor asistente de 1.960 a 1.967. Ese año dejó la enseñanza y se trasladó a Redding, Connecticut, para trabajar como profesor asociado en el New England Institute for Medical Research en Ridgefield, Connecticut. Desde 1.973, se unió al Departamento de química de la Western Connecticut State University.
Publicó varios artículos sobre la Síndone en la New York Academy of Sciences y otras revistas científicas, incluyendo ”A Chemical Investigation of the Shroud of Turin”, "Concerning the side strip on the Shroud of Turin”, con Alan y Mary Wanger, y “Conservation of the Shroud of Turin" con Larry A. Schwalbe.

McCrone, era fundador y director del McCrone Research Institute (MCRI) un prestigioso laboratorio de investigación en microscopía electrónica. Había participado en el congreso de Albuquerque, pero nunca llegó a ser miembro del STURP. No vio la Sábana en 1.978, como tampoco los doctores Heller y Adler, pero Heller le remitió algunos portaobjetos con fibras de la tela, manchadas de rojo, para que diera su opinión sobre si eran manchas de sangre.

McCrone contestó que no había encontrado sangre, pero sí óxido de hierro, y también partículas de bermellón y otros pigmentos usados por artistas, por lo que se aventuró a asegurar que la Síndone era algún tipo de pintura medieval.

La polémica surgió porque, simultáneamente, Heller y Adler habían llegado a la conclusión contraria, al constatar que en las muestras sí existía sangre. Una sangre, lógicamente degradada, pero real.

Un pico distintivo en el gráfico producido por el microespectrofotómetro indicó claramente la presencia de hemoglobina desnaturalizada a metahemoglobina ácida, como corresponde a la sangre antigua. Además identificaron los elementos inorgánicos de la sangre y determinaron la existencia de hemoglobina y otros componentes sanguíneos.
De otras pruebas, que resultaron indicaciones positivas de la existencia de sangre, como la presencia de proteínas, albúmina, etc, Heller y Adler llegaron a la conclusión de que 'manchas de sangre' de la Sábana Santa son realmente de sangre humana.
Los trabajos científicos clave en los que conjuntamente presentaron sus hallazgos son: HELLER, John.; ADLER, Alan, 1980, p. 2742-2744; y HELLER, John.; ADLER, Alan. 1981, p.81-103.

Toda la polémica y las circunstancias en las que se dio están recogidas minuciosamente, pero en términos entendibles para no especialistas, en el libro de Heller “Report on the Should of Turin”.

Para el equipo STURP, los datos que estaban arrojando sus pruebas espectrográficas no permitían pensar que la impronta fuera una pintura, así que lo que decía McCrone les parecía carente de sentido.
Heller y Adler entendían que ese óxido de hierro era consecuencia de la existencia de hierro en la hemoglobina de la sangre, que con el paso del tiempo se oxida.
Más aún, el óxido de hierro encontrado era de tamaño submicrón, es decir, menor que una micra (milésima parte del milímetro). Crear una imagen — como sugería McCrone— con polvo de óxido de hierro de esas dimensiones presenta una dificultad insalvable. Además, con un procedimiento o técnica medieval, no es posible obtener un polvo tan fino.
Además no sólo habían encontrado hierro, había encontrado otros componentes de la sangre. Y es importante destacar que Heller y Adler, utilizaron pruebas químicas múltiples para diagnosticar la presencia de sangre, “cualquiera de las cuales —afirmó Heller — es una prueba de la presencia de sangre, y es aceptable en un tribunal de justicia”.
Pero, además de las pruebas químicas, también realizaron los pertinentes estudios inmunológicos que confirmaron los resultados anteriores.

Como afirma Wilson:
McCrone se pronunció sólo sobre la base de criterios ópticos. Pero el único camino verdadero para comprender la naturaleza de la impronta del cuerpo y la sangre de la Sábana Santa es estudiar sus reacciones químicas bajo una variedad de tratamientos químicos”.

Heller y Adler, también encontraron partículas de bermellón y pigmentos, pero demostraron que ninguno de estos materiales era responsable de las imágenes del “cuerpo” o de la “sangre” de la Síndone. Los pigmentos no se encontraban en mayor medida en las áreas de la imagen que en las áreas sin imagen.

Su presencia se explicaría como simples trazas dejadas en la superficie de la Sábana por la práctica, del siglo XVI y XVII, de presionar sobre el Lienzo las copias recién pintadas para convertirlas en reliquias de contacto. Esta práctica está sobradamente documentada en las inscripciones de muchas de las copias de la Síndone. Es el caso, por ejemplo, de una de las dos copias —que es prácticamente de tamaño natural— que se conservan en el Monasterio de Guadalupe (Cáceres) y que atestigua: “...Esta imagen se realizó tan de cerca como fue posible a la preciosa reliquia que reposa en la Santa Capilla del Castillo de Chambéry y se colocó sobre ella en junio de 1.568”.

Por último, también afirmaba McCrone que un artista habría realizado la imagen mezclando pintura al temple con ciertas sustancias animales, sin embargo cuando Heller y Adler aplicaron las pruebas de proteínas no encontraron ninguna evidencia de tales proteínas animales.

El Dr. Baima Bollone desde Italia, confirmó igualmente la presencia de sangre humana. Así lo afirmó — recordando sus análisis de los años 80— en un Simposium de expertos reunido entre el 2 y el 6 de marzo del 2.000 a petición del Cardenal Poletto:
Bajo el microscopio de fluorescencia, y utilizando el método Dotzauer y Keding en dichas muestras, demostré la presencia de hemo/porfirinas. En el mismo material obtuve cristales de Teichmann o clorhidrato de hematina con los procedimientos habituales”.

En años siguientes, Baima Bollone extendería sus resultados químicos mediante una serie de experimentos inmunológicos, los cuales dieron positivo a la presencia de marcadores de componentes sanguíneos.
"En efecto, las investigaciones diagnósticas hematológicas cotidianas nos han permitido determinar, en la Sábana Santa, la presencia indiscutible de la sangre humana, con todas sus características. Todo esto demuestra y confirma que en la Síndone hay efectivamente reales y completas manchas de sangre, conservada en sus diversos componentes”.

Con todo esto, quedó demostrado que la Síndone es realmente una mortaja, no sólo porque exista sangre, sino también porque se encontraron, por ejemplo, restos de tejido epitelial humano, (en concreto de varón) o de tejido muscular en la zona correspondiente a la impronta de la espalda.

2ª: La Naturaleza De La IMPRONTA.
La segunda pregunta que quiso responder el equipo STURP era sobre la naturaleza del otro tipo de marcas, las que forman las improntas frontal y dorsal del Hombre de la Síndone.

Del conjunto de las publicaciones del STURP se infiere que la impronta de la Síndone tiene una serie de características que excluyen, una a una, las diferentes alternativas que se han ido barajando como origen de dichas huellas.
Son estas:

1.- Estabilidad Térmica:
El incendio de 1.532 originó una combustión parcial de la tela en el interior de la caja de madera recubierta de plata. Sin embargo el cambio de temperatura que sufrió la tela no alteró el color de la impronta. No se produjeron cambios ni distintas tonalidades en las zonas más cercanas o más lejanas al foco de calor.

2.- Estabilidad Hidrológica:
Las marcas de agua son muy visibles en la Sábana, pero la imagen no aparece emborronada en ningún punto. Si el pigmento fuera soluble al agua, se habría producido una dispersión de color.

3.- Ausencia de Pigmento:
En las fotografías de detalle observaron que las fibras del lino que constituyen la impronta tienen un color ligeramente más oscuro, pero no se ve material sobre la tela.

Al colocar la Síndone al trasluz no se ve la imagen. La impronta no está hecha con material añadido sobre los hilos, como sería cualquier tipo de colorante o pintura. En la práctica totalidad de los procedimientos pictóricos anteriores a la época contemporánea, es decir, dibujos, acuarelas, óleos, etc. el color se añade al lienzo, precisamente, colocando una materia sobre el mismo. Por eso, como es natural, en todas las copias pintadas de la Síndone, colocada la tela al trasluz, sí se ve la materia que constituye la figura.

4.- Superficialidad:
Al hacer las fotografías del reverso del lienzo, se comprobó que la sangre ha calado, atravesado los intersticios de las fibras, desde el anverso. Sin embargo, la huella del cuerpo sólo se encuentra en el anverso y es extremadamente superficial, sólo afecta a algunas de las fibrillas de los hilos.
Pero ademas, como recoge Heller en su libro, hay otro dato sobre las huellas que no suele citarse, siendo como es de extraordinaria importancia:
“Después de retirar los restos de sangre de las fibras, Adler vio que eran blancas, no amarillas, como el resto de las fibras del Lienzo, lo que implica que las manchas de sangre han llegado a la Síndone antes de que se formara la imagen, y que no hay imagen en el área de las manchas de sangre. La sangre de alguna manera impidió la formación de la imagen, protegiendo la Sábana durante su el proceso de creación de ésta”.
Esto es, primero llegó la sangre a la tela y después se produjo la impronta del cuerpo.
¿Cómo sería posible colocar sangre en el lugar de las heridas antes de conocer la impronta?
Además, mientras que en las manchas de sangre sí hay capilaridad, es decir, líquido que se filtra por entre las fibras de los hilos, la impronta del cuerpo, sólo afecta de manera muy selectiva a algunas de las fibrillas de los hilos: hay fibrillas que tienen color y otras muy próximas que no tienen nada de color. Esto excluye que la huella se haya producido por ningún tipo de líquido o de gas.

5.- Estabilidad Química:
Se utilizaron centenares de disolventes intentando eliminar el color pardo-amarillo de los hilos que forman la impronta, sin lograrlo. Lo que el STURP publica es que lo que forma el color de la imagen es una degradación de la celulosa del lino.
En 2.005 Ray Rogers afirmó que, estudiando fibras de la Síndone tomadas en 1.978, había encontrado una sustancia —no presente en la naturaleza de forma natural— que disolvía la huella.
Eso supondría que la degradación de la celulosa sería de carácter químico y no físico, pero no cambia el hecho de que la imagen no se puede explicar por el simple contacto con el cuerpo ni aclara en absoluto el origen de la impronta. En todo caso este dato está pendiente de una corroboración futura.

Resumen Wilson y Schwortz:
Según el análisis de Heller y de Adler, y en consonancia con las observaciones "in situ", las fibras de la Sábana Santa, que representan la imagen del “cuerpo” no tienen añadida a ellas ninguna sustancia identificada que pudiera ser responsable de la imagen.
Es como si, simplemente, se han degradado, o “envejecido", en aquellos lugares en los que aparece la huella, de la misma manera que un periódico se vuelve amarillo cuando se expone a la luz solar intensa, sólo que el “amarillamiento” se ha producido de forma selectiva, con una intensidad relacionada con la distancia (teórica) del cuerpo a la tela, en cada punto
”.

6.- Ausencia de Direccionalidad:
Esta característica supone que la imagen se “proyectó” perpendicularmente al lienzo que lo estaba cubriendo y descarta la posibilidad de que alguien manufacturase esa imagen porque, como sabemos, todo pintor da una cierta direccionalidad al color.

7.- Negatividad:
Quiere decirse con esta expresión que, cuando se entiende la imagen y se ve lo que representa, es al invertir el claroscuro. Así ocurre en un negativo fotográfico —sea de blanco y negro o de color—, donde se produce no sólo la inversión de los colores sino también de la lateralidad espacial.

8.- Información Tridimensional:
Como ya he explicado la “densidad” de la imagen de la impronta en cada punto, mantiene una relación matemática con el relieve del cuerpo.

9.- Pormenorización:
Aunque el color de las fibras degradadas es el mismo en todas, la mayor o menor concentración de las mismas le otorga visualmente a la imagen distintas tonalidades.

Los norteamericanos llegaron a decir que la densidad de la huella de la parte interna del labio es distinta a la de la parte externa. Esto significa que es una imagen con un detalle muy fino. Si comparamos la imagen de la Síndone con algunos intentos de aproximación que se han hecho, a base de reacciones químicas de sudor o diversas sustancias que pudieran estar sobre el cadáver, lo que se ve en estos casos son manchurrones, mientras que en la Síndone el detalle es muy sutil.

De acuerdo con el método empírico, si lo que se quiere es descubrir cómo se ha formado la imagen, sólo podemos aceptar como hipótesis de formación de la imagen aquellas en las que el resultado contenga todas y cada una de estas características simultáneamente. Ese es el único criterio objetivo que tenemos para poder afirmar que se sabe cómo se ha formado la impronta de la Sábana.
Lo demás son meras especulaciones sin valor científico alguno.


En definitiva: hasta ahora no se ha encontrado ninguna hipótesis que explique TODAS las características de la imagen. Esa es la situación al día de hoy.

Esto se resume muy bien en las conclusiones que publicó el STURP:


CONCLUSIONES DEL STURP:

“No se han encontrado en las fibras ni pigmentos, ni pinturas, tintes o manchas”.

“La radiografía, la fluorescencia y la microquímica de las fibras confirman que no es posible que la imagen fuera realizada con pintura. La evaluación con ultravioleta e infrarrojos confirma estos estudios”

“Los aumentos de imagen en el ordenador y el análisis mediante un aparato Analizador de imágenes conocido como el VP-8 demuestran que la imagen es única y contiene codificada información tridimensional”.

“La evaluación microquímica no ha descubierto ni especias, ni aceites, ni otras sustancias bioquímicas que produce el cuerpo, o bien en vida, o bien después de la muerte”.

“Es evidente que hubo un contacto directo de la Síndone con un cuerpo”.

“Sin embargo, aunque este tipo de contacto puede explicar algunas características del torso, es absolutamente incapaz de explicar la imagen del rostro con la alta resolución que ha sido ampliamente demostrada por la fotografía”.

“Podemos concluir, por ahora, que la imagen de la Síndone es una imagen de un verdadero humano, un hombre flagelado y crucificado. No es producto de un artista”

“El problema, desde el punto de vista científico, es que algunas explicaciones que podrían ser válidas desde el punto de vista de la química, son imposibles en la física.
Por el contrario, ciertas explicaciones físicas que podrían resultar atractivas, son imposibles de sostener por la química”.
“Para llegar a una explicación adecuada de la imagen de la Síndone, la explicación debe ser aceptable científicamente desde el punto de vista de la física, la química, la biología y la medicina”.

“El consenso científico es que la imagen es el resultado de algo que provocó la oxidación, la deshidratación y la conjugación de la estructura de los polisacáridos de las microfibras del lino mismo”(...) “No se conocen métodos químicos o físicos que puedan explicar la totalidad de la imagen. Tampoco puede explicar la imagen, de forma adecuada, ninguna combinación de circunstancias físicas, químicas, biológicas o médicas”

“Como consecuencia de esto, el problema de cómo se produjo la imagen, o qué la produjo, sigue siendo ahora, como antes, un misterio.”

Puede verse el texto original en inglés en la web de Barrie Schwortz (miembro del STURP). SCHWORTZ, Barrie. “The 1978 Scientific Examination: Summary of STURP's Conclusions” En: http://www.shroud.com/78strp10.htm> (1-VI-2014)

Para terminar este punto, creo necesario dejar claro que el hecho de que no se haya podido determinar cómo se ha formado la imagen no significa que no se sepa como NO se ha formado.

El STURP, con los medios aplicados, obtuvo los datos suficientes como para poder descartar no solamente todas las teorías que se habían propuesto en 1.981, sino las que se han propuesto después.
Los datos que obtuvieron siguen siendo válidos en el siglo XXI y a los efectos que nos interesan para este trabajo —en el que no pretendemos determinar cómo está formada la imagen, y tampoco si es auténtica mortaja de Jesús o no—, son suficientes para poder afirmar que la Síndone no se puede relacionar con ningún procedimiento pictórico conocido. Como sí se puede hacer con más de un centenar de copias catalogadas.