Son jóvenes, guapos, cachas y se mueven a pesar de su estatura -muy superior a la de la media local- como gráciles bailarinas a lo largo y ancho de la cancha, pero que bien pudiera ser un estanque para cisnes. No me estoy refiriendo a ninguna compañía de bailadores star-sistem que tanto proliferan en este país de Zerolos y Boris. Son los jugadores de la selección nacional de baloncesto que tras ganar con apuros a sus hermanos argentinos se las verán en la final con los siempre marrulleros helenos.
Son la nueva imágen de la España del consenso y la posmodernidad. Los niños ya no queieren ser toreros, boxeadores, ni curas. Emulando a Gasol y compañía pedirán a impostor Nöel aparatosas zapatillas yanquis y una canasta que colocar en el comedor-cocina-toilet-dormitorio de los micropisos de treinta metros cuadrados y euribor imposible.
La notícia esconde sin embargo, una triste realidad: el consumo cada vez más extendido de todo tipo de drogas por parte de adolescentes y jóvenes y el incremento exponencial de las conductas sedentarias de una imensa mayoría de la población.
El sistema, siempre atento a colgarse medallas ajenas -acuérdense del ministro Bono- pretende vender los triunfos del deporte para tapar los excesos de una sociedad enfermiza. Cada vez gastamos más en prevención de riesgos de sustancias neurotóxicas y el gasto sanitario se incrementa anualmente sin que las autoridades incompetentes puedan hacer nada por evitarlo.
Mientras tanto, los eco-estalinistas del buen yantar, los colgados de chiruca y rasta del 68 y los progres del corrupsoe insisten -con la boca pequeña y el esfinter ancho- en la legalización de las drogas porque electoralmente, como otras tanta cosas estúpidas, les permite estar en la cresta de la ola.
Menudo tsunami nos espera.
PD: entre el oro de Tokio y el del Perú me quedo con el segundo. Sin duda, en aquellos tiempos, si nos jugábamos cosas trascendentes. Lo del próximo domingo es pura morralla.
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