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Tema: Blas Piñar contra la “retrocesión” española de Ifni a Marruecos (1969)

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    Blas Piñar contra la “retrocesión” española de Ifni a Marruecos (1969)

    Blas Piñar contra la “retrocesión” por España de Ifni a Marruecos (1969)


    Relacionado con Blas Piñar, contra la independencia a Guinea Ecuatorial dada por España (1968)


    Revista FUERZA NUEVA, nº 106, 18-1-1969

    “RETROCESIÓN”

    por Blas Piñar

    No cabe duda que hay ocasiones en que es preciso hurgar en el diccionario para buscar palabras que encubran la realidad. Así, cuando se nos dijo, todavía no hace mucho tiempo, que se establecía la nueva paridad de la peseta, lo que se nos decía, de verdad, es que se había devaluado, que eran precisas más pesetas para comprar otras divisas y en especial los dólares norteamericanos. Del mismo modo, cuando en los partes de guerra se hablaba de rectificaciones en el frente, lo que trataba de decírsenos era que las fuerzas enemigas habían ocupado parte de nuestro terreno. En fin, cuando se comunica en notas oficiales que se reajustan los precios, lo que pasa, en definitiva, es que los precios han subido.

    Ahora (1969), también, para explicarnos el abandono de nuestra soberanía en Ifni, se ha buscado cuidadosamente una palabra que disimule la entrega de una provincia española. Esa palabra, que convendrá no olvidemos, se llama “retrocesión”. Si la idea de la retrocesión, que significa retroceso, vuelta hacia atrás, devolución de lo adquirido con pacto de restitución, figurase en el Tratado de Tetuán de 25 de mayo de 1860, o en el de 1912, que sirven de apoyo a la ocupación de Ifni por España, poco tendríamos que objetar al Convenio de 4 de enero de 1969, firmado en Fez por nuestra embajador en Rabat y por la representación del Gobierno marroquí.

    Pero la verdad es que ni siquiera la “visión ruin y miserable de la política de aquella España decadente” -como dicen los autores de un famoso libro titulado “Reivindicaciones de España” (Instituto de Estudios Políticos. Madrid, 1941, pág. 554) pudo presumir que la inserción de una palabreja semejante hubiera librado a la Administración española actual de enojosas explicaciones para justificar ante nuestro pueblo porqué entregamos el “enclave de Ifni”. “Enclave que, como dicen los autores del libro mencionado (significa), en este caso concreto… enclave de soberanía” que hizo posible que Ifni, al igual que la Guinea insular y continental y que el Sáhara, fuesen declaradas, con todas sus consecuencias, provincias españolas.

    Una política de afirmación nacional -verdadero paréntesis en “un régimen abyecto” (ob. cit. pág. 598)- permitió que el 6 de abril de 1934, el coronel Capaz, con muy escasos hombres, ocupara aquello que nos pertenecía. “Cuesta trabajo -escriben los autores de “Reivindicaciones de España”- consignar el hecho de que necesitásemos dejar transcurrir un poco más de cincuenta años, a fin de conseguir tuviera cumplimiento el contenido (de la nota de 20 de octubre de 1883 entregado por sid Mohamed Vargas, ministro de Asuntos Exteriores del sultán, a nuestro plenipotenciario en Tánger), que consagra una colosal torpeza de la política española de servidumbre” (pág. 557).

    En la “Historia de la segunda República española”, el ilustre escritor don Joaquín Arrarás recoge el debate de las Cortes del 19 de abril de 1934, en las que el jefe de Gobierno, don Alejandro Lerroux, dio cuenta de la ocupación. Es curioso leer la reacción de los distintos grupos políticos. Mientras el señor Goicoechea felicitaba al Gobierno por la ocupación de Ifni, y el diputado tradicionalista señor Lamamié de Clairac decía: “esperamos que dicha ocupación se hará en beneficio de la soberanía de España”, los socialistas y comunistas se declaraban muy intranquilos por las consecuencias que pudieran derivarse de la ocupación. “No podemos contener nuestra alarma -escribía “El Socialista”- por lo que pueda sobrevenir de la operación de Ifni”. Por su parte, el diputado comunista Bolívar pedía desde el Parlamento a obreros y soldados:“negaos a disparar. Impedid el envío de armamentos. Negaos a ir a Ifni. Formad en el frente único contra el imperialismo” (ob. cit. T. II, págs. 332 y 333. Editora Nacional). ¡No sabían los opositores con qué extraña facilidad habrían de disiparse, treinta y cinco años después, sus dudas y alarmas!

    Yo no sé cómo hubieran reaccionado las fuerzas políticas de signo nacional si esta política de entrega, en que hoy (1969) consiste en parte nuestra política exterior, hubiera sido realizada por la República. Supongo que habrían surgido voces de protesta, manifestaciones de hostilidad, requerimiento de explicaciones, demandas al poder para ratificar con un referéndum lo que supone una amputación de la Patria, en tanto que Ifni sea, como lo es, una provincia española. Sin embargo, en lo que no se nos alcanza -aparte del escrito de un grupo de procuradores-, todo ha quedado reducido a un lamento sentimental y al alegato de que Ifni era costoso para España.

    Permítaseme decir, con argumentos en contra, que si era antieconómica la ocupación, no debiéramos haber realizado en aquella zona las inversiones costosísimas que han gravado a los contribuyentes españoles sin ninguna utilidad; que, como proclamaban los autores del libro tantas veces citado, el “apoyo de España en África no supone primordialmente una penetración económica, una búsqueda de recursos, un buen negocio, en suma ya que, (como decía Ganivet), nuestra acción principal no será nunca económica, pues por ella sólo seríamos imitadores serviles (pág. 604); que tenemos la impresión de que con la “retrocesión” de Ifni, nuestra política exterior, ya que no tiene otro norte y objetivo que dar satisfacción constante a los caprichos de París (pág. 597), sí está dirigida a obedecer sin graves reparos las resoluciones que nos dañan de la Organización de las Naciones Unidas, y, por último, que cuando la Armada soviética se mueve sin dificultades por océanos que le estaban vedados, creemos que la entrega de Ifni constituye, en el “orden estratégico” una amenaza grave a la seguridad del archipiélago canario” (página 603).

    El Tratado de Fez de 4 de enero de 1969 habrá de ser aprobado o rechazado por las Cortes Españolas. La Comisión de Asuntos Exteriores de la misma pudo escuchar, a puerta cerrada, un valioso informe del titular de la Cartera. Pero son las Cortes las que, en definitiva, han de decidir.

    Es muy posible que las circunstancias obliguen a nuestro país a una amputación semejante. Pero, ¿acaso esta amputación no se había producido de hecho, y parte de Ifni no estaba ya en poder del Gobierno marroquí?
    ¿Por qué razón se ha ocultado que la tierra salpicada por la sangre del teniente Ortiz de Zárate había sido abandonada?
    ¿Cuáles son las garantías que el Gobierno marroquí ofrece a España, con relación a la seguridad del archipiélago canario y a la no utilización de su puerto y de su infraestructura, por naciones enemigas de nuestro país en caso de guerra?
    ¿Con qué cantidad se nos indemniza por las obras y trabajos de toda índole que allí hemos realizado y que es uno de los requisitos consustanciales a la “retrocesión”? ¿Qué límites se han fijado a la entrega?
    ¿Qué sucederá con la provincia del Sahara?
    ¿No será la intervención de Mauritania, más que nuestra propia voluntad, lo que detenga nuestra inquebrantable decisión “descolonizadora”?
    ¿Qué se ha convenido sobre Ceuta y Melilla?
    ¿Qué renuncias se han logrado?
    ¿Qué concesiones se han obtenido en justa reciprocidad del Gobierno marroquí, a este respecto?
    ¿A cambio de qué, en suma, abandonamos, mejor dicho, “retrocedemos” Ifni?

    No espero que se dé satisfacción completa a las preguntas formuladas, y mientras tales respuestas satisfactorias no existan, habrá, a lo menos, un voto en contra de la ratificación del Tratado de Fez por las Cortes españolas.

    Y que conste que no hay en este punto de vista una falta de respeto para el Gobierno marroquí, sino al contrario, un tributo de admiración a su diplomacia, que ha cosechado éxitos que hasta la fecha no ha sabido conseguir la española con relación a Gibraltar.

    Ocurra lo que ocurra en las Cortes -la Historia juzgará la conducta de quienes asumen la representación de nuestro pueblo en una hora tan decisiva-, no quisiera que nuestro semanario dejara de recordar con la emoción más intensa al coronel Capaz y al teniente Ortiz de Zárate. Al coronel Capaz, que izó en Ifni la bandera española, y luego, con el grado de general, fue asesinado por los rojos. Al teniente Ortiz de Zárate, que por mantenerla en su lugar, murió como un héroe combatiendo a los que querían arrancarla.

    Hoy (1969), cuando parece que nosotros mismos queremos arriar la enseña bicolor de aquella provincia, elevamos una oración al cielo para que los héroes disculpen nuestra debilidad y encuentren alguna explicación honorable al olvido de lo que ellos soñaron para España.

    Como homenaje a los que allí lucharon y murieron, quiero reproducir la oración que un chaval de los centros de vanguardia de la Juventud de Acción Católica acostumbraba a rezar durante nuestra guerra, y que fue encontrada en la cartera del teniente Ortiz de Zárate -porque él la copió y la rezaba también-, muerto en la campaña de Ifni:

    “¡Oh!, Dios, Señor de los que dominan; Guía suprema que tienes en tus manos las riendas de la vida y de la muerte, escucha:
    Haz, Señor, que mi alma no vacile en el combate y mi cuerpo no sienta el temblor del miedo. Haz que yo te sea en la guerra como no te lo fui en la paz.
    Haz que el silbido agudo de los proyectiles alegre mi corazón.
    Haz que la sed y el hambre, el cansancio y la fatiga, no lo sienta mi espíritu, aunque lo sienta en mi cuerpo y en mis huesos.
    Haz que mi alma, Señor, esté siempre tensa, pronta al sacrificio y al dolor. Que no rehuya, ni en la imaginación siquiera, el primer puesto en el combate, la guardia más dura en la trinchera, la misión más difícil en el avance. Pon destreza en mi mano para que mi tiro sea certero. Pon caridad en mi corazón para que mi tiro sea sin odio. Haz por fe que yo sea capaz de cumplir lo imposible. Que desee vivir y morir a un tiempo. Morir como tus santos apóstoles, como tus viejos profetas, para llegar a Ti. Vivir como tus abnegados misioneros, como tus antiguos cruzados, para luchar por Ti. Te pido, Señor, que mi cuerpo sepa sufrir con la sonrisa en los labios. ¡Como murieron tus mártires, Señor!

    Concédeme, ¡oh, Rey de las Victorias!, el perdón de mi soberbia. Quise ser el soldado más valiente de mi ejército, el español más amante de mi Patria. Perdona mi orgullo, Señor. Te lo ruego por mis horas en vela, el fusil y el oído atento a los ruidos de la noche. Te lo pido por mi guardia constante en el amanecer de cada día. Por mis jornadas de sed y de hambre, de fatigas y de dolor. Si lo alcanzo, ya mi sangre puede correr con júbilo por los campos de mi Patria, y mi alma puede subir tranquila a gozarte en el tiempo sin tiempo de la eternidad”.


    ¡General Capaz! ¡Teniente Ortiz de Zárate! Todavía hay españoles que sienten como vosotros sentíais, y que al invocar vuestros nombres, en posición militar, contestan con bravura: ¡presentes!

    B. P.



    Última edición por ALACRAN; 06/03/2024 a las 19:27
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

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