Suscribo totalmente lo que dice Cristián. Lo que hay que hacer cada mañana es encomendarle el día a Dios y pedirle que nos ilumine y dirija nuestros actos, dedicarle lo que podamos hacer de bueno dentro de nuestras humanas limitaciones. Y al final del día darle gracias y encomendarnos a Él. Y más que pedirle deseos, encomendarle nuestras necesidades y las de los demás, y cualquier situación que lo amerite, pero Dios no es el genio de la lámpara de Aladino para que le pidamos deseos. Más bien somos nosotros los que debemos hacer su voluntad.
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