La palabra eutanasia está compuesta de dos vocablos griegos: εὖ (eú) que significa “bien” y θάνατος (zánatos) que indica muerte, es decir buena muerte, o muerte misericordiosa.
Yo creo que todos los seres humanos somos partidarios de la eutanasia en su sentido etimológico, o sea, de tener una muerte buena, sin dolor, sin sufrimiento, sin angustias, sin padecimientos innecesarios. Pienso que todos, somos muchos los que lo expresamos, desearíamos acostarnos y no ver la luz del día siguiente, sin habernos enterado siquiera de que abandonábamos este mundo.
Dado que el hecho de que todos hemos de morir es incuestionable e incontrovertible, considero que si le preguntásemos a cualquier ser humano cómo le gustaría que fuese su muerte, indubitablemente nos contestaría que buena, es decir, preferiría una eutanasia.
Y así, los cristianos le pedimos a S. José que nos de una buena muerte, o sea, una eutanasia. Precisamente él es el más apropiado para ello, porque según la tradición, a la hora de su fallecimiento estuvo asistido nada más y nada menos que por la Segunda persona de la Trinidad, hecha hombre, es decir, Jesucristo y por María, su esposa y a la vez madre de Jesús.
Pero hoy día ese prístino significado de dicha palabra ha perdido su valor y se considera que la eutanasia es la acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él.
Yo soy el primero en estar en contra de ella. Jamás, mientras esté consiente, toleraré que, llegado el momento, nadie, ni por acción, ni por omisión, acelere mi fallecimiento, es más, posiblemente lo haré constar por escrito
La Iglesia Católica, de igual manera, se opone a ella, pero hay muchos movimientos políticos e intereses, unos confesables, otros no, que son partidarios de suprimir el aliento vital al que está ya en trance de muerte, porque consideran que la situación es irreversible y que lo mejor que se puede hacer por ese ser es privarlo de lo que le reste de vida. Soy totalmente opuesto a ello. Sí, ya se que hay Gobiernos que lo permiten y en nuestra misma España se han aprobado leyes muy cercanas a esta eutanasia activa o también omisiva.
Pero menos mal que hay otras corrientes muy fuertes en contra de la privación de la vida a ningún ser humano, por medio de una “compasiva” y para mí malhadada y rechazable misericordiosa eutanasia.
Ahora bien, existe un caso en el que estoy con todas mis fuerzas a favor de la eutanasia, a ser posible mientras más pronto mejor. No es una muerte piadosa para ningún ser humano. Se trata de un ente jurídico.
Conozco una nación en la que su Gobierno ha llegado a tal degradación física, política, social, moral y desgaste de todo tipo que ya está en la UCI, pues su mismo Presidente ha sido desahuciado primero por él mismo, ya que ha manifestado que no volverá a optar a la reelección, y también ha sido sentenciado en las urnas de las últimas votaciones, cosas ambas que hacen pedir a gritos una eutanasia política activa.
Es más su deterioro es tal que nadie espera ni confía en que este Gobierno llegue a recuperarse. Algunos de los mismos correligionarios del Presidente le piden que no prolongue más este estado inútil de agonía y que, ya que él es un cadáver político, se retire de la escena, haga mutis por el foro y desaparezca para siempre, convocando unas nuevas elecciones en las que, a no dudar, como ha pasado en las del veintidós de mayo le despojarán de las deterioradas, gastadas y quebradizas riendas con las que tozudamente quiere seguir gobernando su Patria.
Esa es la eutanasia que deseo para el Gobierno de España y para su Presidente. Una buena muerte, no física, sino política definitiva, aunque creo que le será algo dolorosa; pero una buena muerte que se manifieste en unas inaplazables elecciones que finalicen con la patética y atormentada vida pública de este señor y del Gobierno que comanda, por cuya eutanasia política estamos clamando la mayoría de los españoles.
Por ello digo ¿Eutanasia política? ¡¡Ya!!
Manuel Villegas Ruiz
Dr. En Filosofía y Letras (Gª e Hª)
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