Re: Apaga y vámonos
Desde luego, yo suelo explorar bastante por la Red. Me detengo en sitios que me parecen "provocadores", obviamente no me registro, y no puedo evitar un sentimiento de horror. La televisión es nefasta en muchos aspectos, en efecto, anula o adormece voluntades, pero lo de las redes sociales es un terreno diabólico. He llegado a la convicción de que es el instrumento de Satanás: llega a todo el globo; la mayor parte de la gente está totalmente idiotizada; en efecto, la mayoría cree que sabe algo y no sabe ab-so-lu-ta-men-te de nada y, al respecto, no es difícil comprobar como cualquier indocumentado le discute al arquitecto, al médico, al ingeniero, al astrofísico, al abogado... y no digamos nada si el replicado es un profesor, un sociólogo, un fotógrafo profesional o un mecánico de coches. Da igual, no les importa el ridículo, primero porque no saben que lo están haciendo, en segundo lugar, porque se amparan en un anonimato que hace salir todas sus lacras y deficiencias sin que nadie se las pueda asociar.
Además, hay otra gente, mucho más perversa, que se está aprovechando del caos que ya hay para difundir más caos todavía. Hay una clara intencionalidad en todo ello, y esto, es la antesala del Infierno.
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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