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Tema: Soborno británico a generales españoles para evitar entrada en IIGM

  1. #1
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    Soborno británico a generales españoles para evitar entrada en IIGM

    El soborno británico a España que cambió la historia mundial

    ABC accede a la lista de pagos que el MI6 realizó a Nicolás Franco, hermano del dictador, y otros siete generales para que España no apoyase a Hitler

    rafael moreno izquierdo / madrid

    Día 27/05/2013 - 08.51h

    Veinticuatro de junio de 1940. Un triunfante Hitler se fotografía sonriente delante de la Torre Eiffel. La perfecta maquinaria militar alemana ha triturado al Ejército francés y tomado París sin disparar un tiro. Los soldados del III Reich parecen invencibles. Cuarenta y ocho horas después, el primer ministro británico, Winston Churchill, tiene en su mesa una propuesta de su embajador en Madrid, Samuel Hoare. Descabellada, insensata, pero factible. A falta de otras ideas mejores, sólo hay espacio para la audacia.

    Veterano diplomático con experiencia en operaciones secretas durante la Gran Guerra, Hoare está convencido de que España se encuentra al borde de entrar en la contienda mundial a favor del Führer. «Este ardid quizá nos salve del desastre», sostiene. Su análisis de la situación es revelador: «Franco desea permanecer neutral pero está aterrorizado por Alemania; (Serrano) Suñer, (el general) Yagüe y el ala izquierdista de la Falange favorece la intervención (en la guerra); el ala derechista (requetés, carlistas, empresarios, la mayoría del Ejército y los campesinos) a favor de la neutralidad».

    Por tanto, no hay otra salida que reforzar y organizar el «ala derechista». «Cualquier potencia que ataque a España será “el enemigo” y nosotros debemos esperar su resistencia activa y pasiva». El razonamiento está incluido en un documento británico que ha permanecido secreto durante 73 años y que acaba de ser desclasificado por los Archivos Nacionales británicos al que ha tenido acceso ABC. Por primera vez, se revela quiénes participaron en esa operación secreta del MI6 y cómo se llevó a cabo.

    «Los caballeros»


    Denis Symith, un prestigioso profesor de Historia de la Universidad de Toronto, publicó en 1991 un documentado artículo titulado «Los caballeros de San Jorge: Gran Bretaña y la corrupción de los generales españoles (1940-1942)» en el que explicaba, por primer vez, las líneas maestras de la operación secreta.

    Consistía en lograr la colaboración de una treintena de destacados generales y altos oficiales cercanos a Franco para influir sobre el Caudillo y evitar que entrara en la guerra. Para incentivar esta «colaboración», Hoare, con la ayuda del capitán Alan Hillgarth, agregado naval en Madrid entre 1939 y 1943, ideó un sistema de sobornos a través del financiero español Juan March que había iniciado la colaboración con Londres como «doble agente» durante la I Guerra Mundial.

    Se denominaron «caballeros de San Jorge» en referencia a las guineas de oro que Inglaterra había utilizado en el pasado para subvencionar a sus aliados continentales en las guerras europeas. En una de las caras de esas monedas aparecía San Jorge, símbolo de Gran Bretaña, a caballo haciendo frente al dragón.

    Sin embargo, y a pesar de sus esfuerzos y conjeturas, Symith nunca pudo confirmar quiénes eran los beneficiarios. «Algún día saldrán a luz porque sus nombres están escritos en los documentos que se guardan en Kew», vaticinó la última vez que hablé con él hace años en referencia a la localidad cercana a Londres donde residen los archivos británicos. Y así ha sido.

    El documento desclasificado detalla el funcionamiento de la trama. Constaba de un «núcleo duro» formado por Nicolás Franco, hermano del Generalísimo y entonces embajador en Lisboa; el general Varela, ministro del Ejército; el salvador de Oviedo, general Aranda; el general Gallarza -ministro del Interior- y, por último, el general Kindelán, entonces capitán general de Cataluña, región básica para cualquier operación militar.

    Un segundo círculo de conspiradores estaba constituido por los generales Queipo de Llano, Orgaz, Moreno, Alongo, Solchaga, Asensio y Muñoz Grandes -antes de dirigir la División Azul-, todos ellos al mando de capitanías o territorios claves como Marruecos o Sevilla.

    Ingeniería financiera

    La documentación desclasificada señala que Churchill autorizó un total de 20 millones de dólares de la época (unos 331 millones al cambio actual) para sobornos que se fueron concediendo por periodos de seis meses hasta finales de 1942, pues a partir de entonces el régimen franquista ya había girado hacia los Aliados.

    Según la documentación británica, Nicolás Franco y los generales Varela y Aranda eran los que más cobraban -dos millones de dólares- seguidos de Gallarza y Kindelán -un millón cada uno-. También hay constancia de que recibieron dinero Queipo de Llano, Orgaz y Asensio, aunque no está claro cuánto exactamente.

    March propuso que el dinero fuera ingresado en la banca suiza en Ginebra y después depositado en una sucursal en Nueva York. Las cantidades fueron transferidas en cuentas separadas conjuntas bajo los nombres de March y de los respectivos beneficiarios. Estos aceptaron cobrar la mitad al principio de cada periodo de seis meses y el resto al final. Sólo una cuarta parte sería en pesetas para no levantar sospechas.

    El esquema funcionó perfectamente durante el primer año pero en septiembre de 1941 surgieron complicaciones cuando Estados Unidos bloqueó las cuentas financieras de March por considerarle sospechoso de trabajar para el enemigo. El problema fue tan serio que requirió la intervención personal de Churchill para desbloquearlas.

    Además de su influencia política, el servicio secreto británico MI6 utilizó a estos generales para montar una organización clandestina que pudiera dar un golpe de estado si Hitler invadía España o era necesario «liquidar» a Serrano Suñer o Yagüe, pero sin derrocar a Franco.

    ¿Un dinero bien invertido?

    Un interrogante justificado se refiere a si, al final, mereció la pena. Algunos piensan que quizá exageraron los peligros para seguir cobrando aunque los telegramas del Foreign Office no ponen en duda su contribución al objetivo final.

    Por ejemplo, llega a considerar como uno de sus resultados más importantes la dimisión a finales de julio de 1940 del entonces ministro del Aire Yagüe. «Los planes están teniendo efecto. El general Yagüe, el protagonista de la entrada de España en la guerra, ha sido destituido. Parece que recientemente dijo a Franco que la guerra terminaría en pocas semanas y que España debía entrar en la guerra ya.

    El ministro de la Guerra que estaba presente en la entrevista se opuso firmemente a este planteamiento y Franco le apoyó de forma igualmente firme». España no entró finalmente en la Segunda Guerra Mundial pero, lo que sí es cierto, es que en el camino algunos políticos y generales mejoraron su situación económica a costa, en este caso, de los contribuyentes ingleses.

    FUENTE: El soborno britnico a Espaa que cambi la historia mundial - ABC.es
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    «Eso de Alemania no solamente no es fascismo sino que es antifascismo; es la contrafigura del fascismo. El hitlerismo es la última consecuencia de la democracia. Una expresión turbulenta del romanticismo alemán; en cambio, Mussolini es el clasicismo, con sus jerarquías, sus escuelas y, por encima de todo, la razón.»
    José Antonio, Diario La Rambla, 13 de agosto de 1934.

  2. #2
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    Re: Soborno británico a generales españoles para evitar entrada en IIGM


    ¿Por qué España no entró en la II Guerra Mundial?


    _______________________________________________________
    Una 'nueva versión' mas que añadir a la larga lista de las supuestas razones por las que España no entró en la II Guerra Mundial al lado del Eje. Con esta última versión, ya conozco unas cuatro; todas diferentes. Hay otra que dice que Franco deseaba fervientemente entrar en la guerra a cambio de ocupar las posiciones francesas en Marruecos, y que Hitler se negó a pagar este precio para no perjudicar sus relaciones con el régimen de Vichy. Interesante versión también ésta en la que Franco sí quería entrar en guerra, pero Hitler no...

    Naturalmente, existe otra versión distinta que afirma justamente lo contrario; que Hitler presionó a Franco para que España entrase en la guerra, pero que Franco se negó tajantemente argumentando que España no estaba en condiciones de entrar de nuevo en otra guerra, y que Hitler se quedó, así.. tan tranquilo. Le dijo adios, levantó el brazo derecho en señal de saludo y se regresó de nuevo a Alemania para llegar puntualmente a Berlín, en el horario inicialmente previsto, siempre con precisión germánica.

    Y luego, claro... existiría otra versión, un poco entre medias de las dos anteriores enfrentadas, bastante similar a esta nueva que publica el ABC del supuesto soborno inglés, en la que también se dice que había en el entorno de Franco dos posturas enfrentadas, una... la de los falangistas, que deseaban entrar en la guerra al lado de las potencias del Eje, y otra la de los católicos y militares profesionales, que deseaban la neutralidad. Pero en esta versión un poco mas antigua, aún no se les había ocurrido añadirle la pimienta del 'soborno inglés', lo que la hacía menos atractiva para la prensa...

    Y en medio de toda esta maraña de versiones, está quizás la mas tradicional, o si no... la mas extendida entre el populacho, según la cual Franco exigiría a Hitler unas condiciones draconianas para acceder a la entrada de España en la guerra. Unas condiciones que Franco sabía que eran prácticamente imposibles de cumplir y que, además, luego se atrevió a preguntarle (con un poco de sorna gallega) si Alemania estaba en condiciones de enviarle a España unas 100.000 toneladas de trigo, o si debido a la escasez de suministros que padecía Alemania, no era capaz de enviar esta ayuda, lo que incomodó tremendamente al Führer. Amén de realizar luego, una larguísima lista de peticiones que irritaron a Hitler hasta tal punto que alguien le oyó decir que "preferiría, antes que repetir la entrevista de nuevo, que le sacaran tres o cuatro muelas...". Ésta también es divertidísima.

    ______________
    En fin, que... con esta del supuesto soborno británico, ya existe una versión mas que poder añadir a esa larga lista... La cuestión es que, digan lo que digan unos u otros, España no entró en la segunda gran guerra y eso nos vino a los españoles de maravilla (se positivamente que ahora aparecerán algunos que mantendrán un punto de vista completamente opuesto al mío argumentando que hubieran deseado ver a Franco perder la guerra al lado de Hitler, para verle compartir luego su misma suerte, al igual que le pasó a Mussolini). Sin embargo, para desgracia de los enemigos del Caudillo, gracias a Dios, la Divina Providencia nos preservó de todo mal a nuestro invicto Caudillo. Permitiéndonos gozar de este modo de unos años de paz y de prosperidad como España jamás hubiere antes conocido, hasta el fatídico día en que el Caudillo murió de viejo en la cama de un Hospital Público de la Seguridad Social. Una Seguridad Social que él mismo creara para desconsuelo y rabia de algunos y satisfacción compartida de todos los trabajadores españoles.

    ______________
    Lo que sí, todas las versiones parecen confluir es en afirmar que Franco llegó tarde a su cita en Hendaya. En eso sí parece existir 'consenso'... Creo que el amigo Valderrábano, achacará esta crucial circunstancia a la normal ineficacia de la política autárquica del Caudillo y a la ineptitud habitual del funcionariado y el material obsoleto de la casi ya soviética RENFE, aunque ésta (...por tan solo un año) aún no hubiere sido creada. Pero que ya estaba en la mente del Caudillo, y de ahí tan pésimos rendimientos. No en vano el humor popular rebautizó a la popular RENFE de esta otra forma: "Rogamos Empujen Nuestros Ferrocarriles Estropeados" o... "Retraso Enorme. Necesitamos Fuerza: ¡Empujen!"...


    ____________________________
    Ahora también recuerdo otra versión sobre estos mismos hechos ocurridos en un vagón de tren aparcado en la estación de Hendaya, que, en forma de chiste, recorrió España durante algún tiempo. Según ella se cuenta cómo, en un momento dado de la entrevista, Hitler amenaza a Franco diciéndole: "Si no entras en la guerra a mi lado inmediatamente, mis tanques pueden ocupar España en dos semanas", a lo que Franco le responde sin pensarlo: "¿En dos semanas?... ¡De eso nada!, no sabes tú como están de baches las carreteras españolas". Y a mi que esta última versión, la del chiste, hasta me parece la mas creíble de todas... Esos baches los hemos soportado todos los españoles, domingo tras domingo, cuando íbamos con el 600 a pasar el día en la sierra, hasta bien entrados los ochenta (para que luego algunos digan que yo no soy crítico con el franquismo...).
    Última edición por jasarhez; 27/05/2013 a las 23:06
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  3. #3
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    Re: Soborno británico a generales españoles para evitar entrada en IIGM

    jasarhez, el artículo no trata de Franco ni de la oportunidad de haber entrado en la II Guerra Mundial, sino del soborno que, al parecer, recibieron algunos generales españoles, que no Franco. Esto ya se había comentado hace mucho tiempo y creo recordar que siempre se habló de Kindelán y de Aranda, pero ahora se da una lista completa de supuestos sobornados, en la que incluso habría estado algún general falangista.

    Al pegar este artículo no tengo como propósito atacar a Franco, ya que en el artículo no se le culpa de nada; y, por otra parte, me parece perfecto que España no entrase en la II Guerra Mundial si la decisión obedecía a razones altruistas.
    «Eso de Alemania no solamente no es fascismo sino que es antifascismo; es la contrafigura del fascismo. El hitlerismo es la última consecuencia de la democracia. Una expresión turbulenta del romanticismo alemán; en cambio, Mussolini es el clasicismo, con sus jerarquías, sus escuelas y, por encima de todo, la razón.»
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  4. #4
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    Re: Soborno británico a generales españoles para evitar entrada en IIGM

    Parte del documento original:

    1370105485_283805_1370106073_sumario_grande.jpg

    Insisto en que esto no va de criticar a Franco, sino del constante mangoneo de los ingleses en la política española. Uno de los generales más citados es Varela, pero no vean en esto los amigos carlistas un ataque; en la lista también sale, por ejemplo, Muñoz Grandes, que era falangista.

    Pego el artículo que acompaña a la imagen:

    “General Varela (2 millones)” | Cultura | EL PAÍS

    El 4 de junio de 1940, el embajador británico en Madrid, sir Samuel Hoare, envió un mensaje cifrado de la máxima urgencia, secreto y “personal” al secretario del Foreign Office, el vizconde Halifax, según los más de 400 documentos hasta ahora secretos que acaban de ser desclasificados por los Archivos Nacionales británicos. “Hay indicios de que está cogiendo impulso la idea de abandonar la neutralidad y tengo la impresión de que ha llegado el momento de actuar de forma inmediata para verificarlo”, arrancaba el texto. El embajador cree tener “una forma segura” de acceder a los ministros mejor colocados.

    Esa forma de “influir de forma decisiva y asegurar la neutralidad de España” en la II Guerra Mundial no es otra que el pago de sobornos, para lo cual necesita de “un máximo de medio millón de libras” y exige de forma “urgente” la autorización. Y ruega que “si hay alguna duda, se consulte con el primer ministro”, Winston Churchill. Al final, los británicos se gastarían 13,5 millones de dólares en sobornos (hoy 222 millones, 170 de euros). Los pagos se harían a través del banquero mallorquín Juan March y los sobornados no sabrían que el dinero procedía del Gobierno británico. El mayor problema no fue encontrar candidatos a ser sobornados, sino que March pudiera hacerse con el dinero sin levantar sospechas. La fórmula elegida, una cuenta en Nueva York de un banco suizo, levantó las suspicacias del Tesoro de EE UU, que bloqueó la cuenta durante meses.


    El embajador Hoare recibió luz verde con el visto bueno directo de Winston Churchill y el canciller del Exchequer y ministro del Tesoro, sir Kingsley Woody. El 9 de junio confirmaba en un nuevo telegrama que las negociaciones “se desarrollan de forma satisfactoria” pero advertía que serían necesarias “cantidades más amplias” que el medio millón de libras estimado al principio. El Foreign Office cuestiona el 14 de junio la posibilidad de autorizar un gasto superior, pide detalles de la operación y avisa al embajador que si las ofertas de sobornos son rechazadas y se llega a conocer la implicación británica la consecuencia sería “un daño infinito”. “Tengo dudas de enviar ningún nombre, ni siquiera en un mensaje cifrado”, responde al día siguiente el embajador. “Tienen que aceptar mi palabra de que las personas son de la mayor importancia”, asegura, y lanza una advertencia definitiva: “Puede muy bien ocurrir que la entrada de España en guerra dependa de la rapidez de nuestra actuación. La situación es crítica”. El 21 de junio, el Foreign Office confirma que “el dinero ha sido depositado según lo acordado en el Swiss Bank Geneva en Nueva York”.


    Un informe firmado por el comandante Furse el 26 de junio y dirigido a Churchill y sir Kingsley sintetiza la operación desde el punto de vista de la legación en Madrid. “La Embajada opina que España está a punto de entrar en guerra y solo la adopción de esta estrategia puede evitarlo”, describe. “Franco desea seguir siendo neutral pero está aterrorizado con Alemania; Suner [Suñer] Yague [Yagüe] y el ala izquierda de la Falange están a favor de la intervención; el ala derecha (Requetés, Carlistas, empresarios, la mayoría del Ejército y los campesinos) están por la neutralidad”, prosigue el militar.

    Documento desclasificado en el que se muestra una lista de los generales sobornados.




    “El objetivo de sir S. Hoare es dar al ala derecha la fuerza necesaria para que se puedan organizar. Esa organización sería pro-España y anti-extranjera (por ejemplo, tanto anti italiana como anti inglesa) pero no reclamaría Gibraltar hasta después de la guerra”, continúa. Y explica que “la oposición a Suñer se está organizando a través de Juan March, con el que el agregado Naval está en contacto directo”. “March actuó como un agente doble para nosotros y para los alemanes en la última guerra y está de nuevo en contacto con nosotros”, recuerda.


    March se encargó de contactar con ministros y militares (a menudo eran ambas cosas), pero no por amor al arte: no solo se acabaría embolsando cinco millones de dólares, sino que a juicio de los británicos, March quiere que fracasen las políticas de Ramón Serrano Suñer como ministro de Exteriores “para salvar sus inversiones e incrementar su poder”. El documento de Furse detalla a continuación los pagos comprometidos y el grado de compromiso de los implicados en la operación, también el dinero prometido a cada uno y el calendario de los pagos. Documentos posteriores especifican además que de los 13,5 millones de dólares a pagar, 3,5 se abonarían al final de la guerra. De los otros 10 millones, dos ya se habían pagado cuando Furse envía su informe, tres se deben entregar de inmediato y de una vez y los otros cinco (la comisión de March), al cabo de seis meses.


    Luego cita a los implicados y lo que recibe cada uno en dólares: Nicholas \[sic\] Franco (2 millones); general Varela (2); general Aranda (2); el secretario general de la Falange, Gallardo (1); general Kindelán (500.000 dólares), del que añade entre paréntesis: “Es un chorizo”. Todos reciben el dinero directamente de March. Siete más están en la operación pero solo tres, los generales Queipo de Llano, Orgaz y Asensio, reciben pagos, sin que se detalle la cantidad. Los otros cuatro son los generales Llana, Moreno, Alonso y Solchaga y el ex secretario general de la Falange, Muñoz Grandes. Un telegrama del embajador Hoare del 28 de junio explica: “Los planes están dando resultados. El general Yagüe, protagonista de la entrada de España en la guerra, ha sido despedido”.
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  5. #5
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    Re: Soborno británico a generales españoles para evitar entrada en IIGM

    La Neutralidad de Franco.

    25 JULIO, 2017 / LA OBRA DEL RÉGIMEN DE FRANCO.

    El Franquismo y la Neutralidad de España en la 2ª Guerra Mundial.


    Los errores historiográficos de interpretación pueden producirse cuando se considera a un personaje o ideología como algo monolítico.
    Desde mi percepción Hitler contó con los católicos para alcanzar el poder e incluso hizo todo lo posible por buscar su voto a pesar de que los principios de su partido nacionalsocialista eran contrarios a la religión. Además no cabe la menor duda que ayudó a España militarmente. Pero es que estaba estratégicamente obligado a evitar que Rusia se instaláse en la Península y pensaba que Franco podía ser un “aliado” más, pese a cobrarse la totalidad de esa ayuda en minerales metálicos como el Wolframio (lo que no ocasionó ningún perjuicio a nuestra minería, siendo ahora explotados por empresas australianas, canadienses, eeuu etc..).
    Pero el bando Nacional recibió también ayudas vitales, en forma de combustible, de Texaco y de los católicos norteamericanos.
    Franco, que respetaba al Vaticano y obedecía al Papa en lo posible, intentaba contentar a los alemanes con concesiones, como pueda ser el sistema de localización de submarinos (primitivo GPS) instalado en Galicia o la División Azul de voluntarios, para mantener su neutralidad. Cosa que consiguió y es uno de sus numerosos logros.
    Para hacerse una idea bastante completa sobre este importante tema, de gran transcendencia política, basta con la magnífica conferencia de Fernando Paz, que recomendamos vívamente porque merece la pena.
    Y por eso la hacemos constar a continuación:

    Pero la izquierda comercial no para en su intento por continuar viviendo a costa de Franco y del Franquismo rebuscando en cada mínima anécdota para desvirtuarla.
    Afortunadamente hay historiadores que no se muerden la lengua y saben responder, como es el caso de Fernando Paz entre otros muchos.
    El primer ministro británico, Winston Churchill, y el jefe del Estado español, el general Francisco Franco

    Franco, Hitler y la guerra mundial.

    CREADO EL 23 OCTUBRE, 2017POR PÍO MOA
    Sobre la permanencia de España al margen de la II Guerra Mundial deben hacerse varias consideraciones esquemáticas de entrada:

    1. Fue un hecho sumamente improbable en una Europa en llamas, con presiones de todas partes y variaciones extremas y rápidas de la contienda. Más improbable por la posición geoestratégica del país, entre Europa y África y entre el Mediterráneo y el Atlántico, escenarios los cuatros de la enorme confrontación de potencias. Solo hubo un hecho que pudo alterar la neutralidad, y fue el envío de la División Azul a Rusia, pero que no lo hizo por el modo como se planteó la operación.
    2. Para entender mejor la cuestión conviene señalar que muchas razones pesaban a favor de la entrada de España a favor de Alemania e Italia, dado que estas habían ayudado en la guerra al bando nacional, tenían cierta afinidad ideológica –aunque no debe ser exagerada—con el régimen de Franco y no existían agravios históricos con ambas potencias. En cambio sí existían serios agravios con Francia, Inglaterra y Usa. Con Inglaterra pesaba (y pesa) especialmente su invasión de una porción estratégica del territorio español en Gibraltar. Debe recodarse, además, que el Hitler que ha pasado a la historia como uno de los mayores genocidas de la historia, es el Hitler de la guerra mundial desde 1942, no el anterior. Mientras que el carácter genocida de Stalin estaba ya sobradamente acreditado de mucho antes.
    3. Para España, la neutralidad tuvo las siguientes consecuencias:a) Libró al país de las devastaciones, bombardeos y deportaciones, etc., que sufrió el resto del continente;b) No la libró de cierta hambre, menor que en la mayor parte de Europa pero bastante aguda durante dos años, debida tanto a la herencia desastrosa de la zona roja como al semibloqueo inglés;
      c) Evitó a España la enorme carga moral que supusieron las atrocidades y crímenes de guerra cometidos, en distinto grado, por todos los bandos en pugna.
    4. En el plano internacional, las consecuencias fueron:a) Ahorró a Inglaterra un revés desastroso, al tener abierta durante toda la guerra la salida occidental del Mediterráneo;b) Hizo posible la Operación Torch de los aliados anglosajones en el norte de África.
      c) Facilitó a alemanes e italianos algunas ventajas tácticas menores, muy inferiores desde el punto de vista estratégico a las recibidas por los anglosajones. (Sobre esto se ha afirmado con fotos que existió en galicia una instalación con las antenas del “GPS” alemán que controlaba todos los submarinos alemanes. Lo que no sería una ayuda menor. Pero ignoro la credibilidad que D. Pío Moa otorga a esta noticia que podría ser falsa).

    Estas breves consideraciones pueden servir para enmarcar la situación y la actitud de los gobiernos españoles por entonces.
    Sería un error creer que la neutralidad –el período de “no beligerancia” no la alteró en la práctica—fue una decisión mantenida sistemáticamente y como un principio por España, y más concretamente por Franco. Decisiones de ese enorme alcance y con tan enormes riesgos casi nunca se toman sin vacilaciones y cálculos contradictorios. La decisión inglesa de no aceptar la paz con Hitler, muy firme en Churchill, no lo era tanto en otros dignatarios ingleses, y no estuvo lejos de ser impedida, como ha explicado el historiador useño John Lukacs.
    Los documentos que vamos a tratar tienen un gran valor para explicar precisamente cómo tomó Franco sus decisiones y en virtud de qué cálculos según avanzaba y cambiaba el cariz de la guerra. Son una serie de cartas, algunas manuscritas y otras pasadas a máquina, intercambiadas con Serrano Súñer, con Hitler y Mussolini.
    Debe tenerse en cuenta que al Caudillo no le gustaba en absoluto, de principio, la perspectiva de una guerra europea. Así, ya con motivo de la crisis de Munich, en septiembre de 1938 y durante la batalla del Ebro, crisis que estuvo cerca de provocar la guerra, Franco declaró que en tal caso España permanecería neutral. El posterior pacto entre Hitler y Stalin le llenó sin duda de estupefacción, y en septiembre de 1939, el ataque a Polonia, un país católico con régimen autoritario, le llevó a extremar su desagrado, pidiendo a todos la limitación del conflicto. Poco antes, en mayo, había advertido en Medina del Campo que la guerra estallaría pronto e iba a ser
    “más terrible de lo que la imaginación alcanza”.
    Y había advertido al embajador italiano que no contase con una alianza militar, dado que España iba a dedicarse a la reconstrucción interna.
    Las razones de Franco son fácilmente discernibles: la anterior guerra europea había dado como resultado una revolución comunista y movimientos revolucionarios por todo el continente, uno de los cuales acababa de derrotar él, precisamente en España. No parecía pensable que una confrontación entre las potencias fascistas y las democracias, por poco que le gustasen estas últimas, terminase en otra cosa que un continente arruinado donde el comunismo encontrarían su mejor oportunidad para imponerse. Por otra parte, en la I Guerra Mundial, España, permaneciendo neutral había hecho grandes negocios vendiendo diversos materiales a los aliados, y quizá podría volver a hacerlos con los dos bandos. No es probable que esto último pesara en el ánimo de Franco pero no dejaba de ser una experiencia conocida.
    Sin embargo, la guerra en el oeste, en 1940, había resultado increíblemente fácil y poco destructiva para Alemania, que en pocas semanas barrió a los ejércitos inglés y francés –este último considerado generalmente el mejor del mundo en tierra— Relativamente pocos muertos y pocas devastaciones, ningún caldo de cultivo para nuevas revoluciones comunistas. El propio Stalin felicitó entusiásticamente a Hitler. Se percibía el triunfo de un Nuevo Orden en Europa.
    Eso cambiaba radicalmente las perspectivas, y a España le convenía entrar en el Nuevo Orden en las mejores condiciones posibles. El único obstáculo parecía el rechazo de Inglaterra a aceptar la paz que le ofrecía Hitler; e Inglaterra era mucho más que Inglaterra: era el inmenso Imperio inglés, con recursos en principio inagotables. Aun así, de momento no parecía un gran problema, pues las posibilidades inglesas de invadir el continente eran nulas. El 3 de junio, Franco expresóa a Hitler su deseo de
    “no permanecer ajeno a sus preocupaciones” y de rendirle “los servicios que Vd. considere más valiosos”.
    La carta ha solido interpretarse como un deseo de entrar en guerra, pero para entonces esta parecía ganada, de modo que probablemente estaba pensada con vistas al Nuevo Orden. En aquel momento, Hitler no creía tener la menor necesidad de España, por lo que la carta no dio ningún resultado práctico. Y, dato importante, faltaba todavía un mes para que comenzase la batalla de Inglaterra.
    La prolongación de esta batalla, que duraría tres meses y medio hizo que Hitler empezase a valorar seriamente la colaboración española, y que Franco, cuyo interés principal estaba en la reconstrucción del país, se mostrase cada vez más escéptico bajo palabras de apariencia entusiasta. Serrano Súñer fue a Alemania a preparar la entrevista entre Franco y Hitler, en la que debería decidirse la beligerancia española. Para ello expone unas condiciones que sabe son muy difícilmente cumplibles para Hitler: expansión en África a costa de Francia y grandes cantidades de víveres y armamento. Pero lo esencial es la instrucción que da a Serrano Súñer:
    Si nos garantizan una guerra corta, no hay más que completar los preparativos. Pero si la guerra es larga, no nos pueden arrastrar sin tener resueltos los problemas en forma soportable para nuestro pueblo”.
    Importa mucho la fecha de esta carta: 24 de septiembre, cuando la batalla de Inglaterra está ya perdida para Alemania, con Franco muy consciente de que la estrategia inglesa consiste en aguantar hasta que Usa entre en guerra (por el momento se mantenía neutral, pero ayudando a Inglaterra y provocando a Alemania). En esta carta de concentra toda la política que iba a seguir Franco hasta el final: la guerra será, por tanto, larga y él con las divisiones alemanas en la frontera, no podía dar una negativa abierta a Hitler, por lo que seguirá una política evidentísimamente dilatoria. No quería engañar a Hitler, a quien estaba agradecido, pero tenía en cuenta, por encima de todo, los intereses españoles. Y para él esos intereses consistían en la reconstrucción del país después de la guerra civil.
    Siempre me asombra que en sus interminables discusiones bizantinas sobre la política de Franco, nadie, que yo recuerde, haya dado a esta carta el valor decisivo y demostrativo que tiene.



    Fernando Paz: “No hay indicios de que los militares cobraran de Londres por la neutralidad de Franco”


    El historiador autor de “La neutralidad de Franco”, sostiene en contra de las tesis más extendidas últimamente que Franco evitó que España participara en una guerra para la que no estaba preparada. Y señala que no hay indicios de que el dinero que Londres destinó a influir en la neutralidad española llegara a los generales.
    La neutralidad española en la Segunda Guerra Mundial sigue siendo un tema de continuo debate para la historiografía. El encuentro en Hendaya entre Hitler y Franco en 1940 ha sido interpretado -especialmente en las últimas décadas- como la constatación de que si España no participó en el conflicto fue porque el Fürher alemán no lo permitió al no ceder antes las altas exigencias del Generalísimo.
    En este punto difiere de manera notable la historiografía española de la extranjera. El motivo, sostiene Fernando Paz, autor de La neutralidad de Franco (Ediciones Encuentro), es de carácter ideológico y por la perspectiva más certera sobre Franco que, a su juicio, tienen los historiadores foráneos.
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    “Los análisis más negativos hacia Franco que, en general, se han producido desde España se deben a razones ideológicas. La historiografía extranjera suele demostrar una perspectiva más amplia que la española, la ideologización es menor y en consecuencia se puede hacer una valoración más neutra de la figura de Franco”, asegura a Actuall.
    En su opinión el jefe del Estado español hizo todo lo posible por evitar que España participara en una guerra para la que no estaba preparada.
    Para llegar a esa conclusión Paz ha acudido a documentación británica, norteamericana, francesa, italiana, alemana y española.
    Encuentro entre Adolf Hitler y Francisco Franco en HendayaEn los últimos tiempos incluso se ha especulado (el historiador Ángel Viñas en su libro Sobornos) con la posibilidad de que varios generales españoles fueran sobornados por el Reino Unido a cambio de influir en Franco para que España no entrara en la guerra del lado alemán.
    La catadura moral de Juan March

    ¿Qué hay de verdad en todo ello? Es verdad que los britanicos realizaron pagos para consolidar la neutralidad de España, cantidades muy importantes para la época, pero no hay documento o persona que acredite que algún general cobró, así lo dice el propio Viñas.
    “Los britanicos pagaron para llevar a cabo una operación que frustrara la entrada de España en la guerra al lado de Alemania. Y pagaron bien. Es el dato esencial”, señala Paz.
    El historiador madrileño (autor también de “Europa bajo los escombros”, “El fracaso de una utopía” o “Núremberg: juicio al nazismo”, entre otras obras), recuerda que esta operación fue cocinada en la embajada británica en Madrid por el secretario naval, Alan Hillgarth.
    “El dinero pasaba por él y por un personaje tan sospechoso como el millonario balear Juan March, se suponía que ellos tenían que hacer llegar el dinero a un par de decenas de generales españoles”.
    “Es muy probable que ni siquiera Hillgarth, March ni nadie se dirigiera a los militares, no hay ningún documento que lo acredite. Además estos dos sujetos son altamente sospechosos”
    La pregunta es evidente: ¿por qué no llegó ese dinero?
    “Se envió un dinero a estos dos hombres con el fin de ‘convencer’ a los generales españoles de que ese dinero procedía de empresarios españoles que querían evitar la entrada de España en la guerra. Se hizo así porque de esta manera los militares no estarían cometiendo un acto de traición, pero sí de soborno”.
    El banquero balear Juan MarchEs decir, que Londres sí pagó, ese dinero llegó a la embajada británica en Madrid, los documentos existen, pero…
    “todo hace apuntar a que los militares nunca cobraron”,
    dice una y otra vez Fernando Paz.
    ¿Acaso los generales no tuvieron constancia de que querían ser comprados por el Reino Unido?
    Esposas con grandes fortunas

    “Es muy probable que ni siquiera Hillgarth, March ni nadie se dirigiera a los militares, no hay ningún documento que lo acredite. Estos dos sujetos son altamente sospechosos. March era mundialmente conocido por ser un verdadero pirata, no hay mucho que decir acerca de su catadura moral. En cuanto a Hillgarth…”
    ¿Qué pasa con Hillgarth? ¿Acaso un miembro de la embajada se la jugaba a su propio gobierno?
    “Hillgarth era muy sospechoso en el manejo de fondos, porque hacía tiempo que le sacaba dinero al gobierno inglés alegando que tenía que pagar a sus intermediarios para obtener información”.
    “Hillgarth obtenía la información sin la necesidad de pagar nada, así que se estaba lucrando de su propio Gobierno. Es un indicio evidente de que Hillgarth tenía un afán desmesurado por sacarle dinero a los suyos”
    En realidad, nada nuevo en el escabroso mundo del espionaje.
    Kim Philby, jefe de la contrainformación de la OTAN que en teoría tenía que espiar a los soviéticos… ¡estaba al servicio de Moscú!
    Pero volvamos a Hillgarth, el secretario naval británico.
    “En realidad obtenía la información sin la necesidad de pagar nada, así que se estaba lucrando de su propio gobierno. Es un indicio evidente de que Hillgarth tenía un afán desmesurado por sacarle dinero a su gobierno. No sabemos si el embajador inglés Samuel Hoare estaba compinchado o directamente no sabía nada de la operación”.
    El secretario naval de la embajada británica en España, Alan HillgarthEntonces, ¿qué hay de la obra de Ángel Viñas titulada Sobornos? En ella el historiador cita a algunos generales españoles que vivían por encima de sus posibilidades.
    “Eso es una trampa porque algunos de esos generales se habían casado con mujeres con importantes fortunas, otros directamente el dinero les venía de su propia familia”,
    sostiene Fernando Paz.
    A las órdenes del generalísimo

    Se habla, entre otros, del general Antonio Aranda.
    “Es un disparate, Aranda murió prácticamente en la pobreza. Viñas insinúa que los generales tienen el dinero porque lo han cobrado de los ingleses, lo cual está muy lejos de haber sido demostrado”.
    Hay otro punto, sin embargo, que parece importante no pasar por alto. La información que la propia embajada británica tenía sobre la política exterior española. ¿Acaso cualquier movimiento de España no lo decidía el generalísimo?
    “No tiene sentido lo de comprar generales cuando la propia embajada británica sabía que en política exterior todo lo decidía Franco”
    “El embajador inglés sabía que el único que decidía en política exterior era Franco e incluso los ministros de Exteriores españoles reconocían que acataban las órdenes de Franco. Es absurdo desde todos los puntos de vista creer que la embajada en Madrid pidiera a Londres esos dinerales, ya que sabían que no podían influir de facto en la política española”.
    Para finalizar, Paz sostiene que incluso el propio Viñas dice al final de su libro que lamentablemente no dispone de la lista concreta de los generales españoles.
    “¡Es que muy probablemente no existen tales documentos!”
    Entrevista de Actuall realizada a: Fernando Paz.


    El día que Hitler quiso el Peñón y Franco se hizo el sueco

    En un intento de desestabilizar a Churchill, Hitler planificó la conquista del Peñón.



    Gibraltar, la llave del Mediterráneo, ha sido, es y será objeto de deseo, debido a su importancia estratégica. El peñón es un punto vital para Reino Unido, que junto con Malta y el canal de Suez, forma el trípode que sostiene una ruta comercial de trascendental peso en la economía británica.
    La Operación Félix fue el nombre dado al plan hispano-germano elaborado durante la Segunda Guerra Mundial (IIGM) con la intención de arrebatar Gibraltar a los ingleses.
    Fue programado para el 10 de enero de 1941, pero nunca llegó a ejecutarse.
    El plan de Adolf Hitler consistía en lanzar una ofensiva conjunta contra el Peñón, Malta y el Puerto de Alejandría con el fin de desestabilizar a Churchill y obligarle a firmar una paz conjunta, ya que, según sostienen algunos historiadores, Hitler siempre soñó en un mundo gobernado entre las dos potencias, Alemania e Inglaterra.
    El oficial nazi que ideó el plan fue el General del Alto Mando de la Wehrmacht Alfred Jodl. El nombre de la operación lo sacó de las antiguas legiones romanas formadas por hispanos que habían luchado en Germania, las cuales eran conocidas por “Félix”.
    En junio de 1940, la Alemania nazi de Hitler era dueña y señora de Europa. Mediante la llamada “Guerra Relámpago” arrasó en Bélgica, Holanda y Francia, firmando esta última un armisticio que dio lugar a la llamada Francia de Vichy.
    España, ante el avance de Hitler hasta la frontera, cambia su posición en la Guerra de “neutral” a “no beligerante”.
    El Estado Mayor advierte a Franco que tarde o temprano los choques entre las potencias europeas terminarían afectando al Mediterráneo, y con ello a España debido a su posición estratégica. Ante esto, Franco fortifica y refuerza las zonas consideradas especialmente sensibles a ser atacadas como eran el Protectorado marroquí, la zona limítrofe con Gibraltar y las islas Baleares.
    Durante el verano de 1940, el Estado Mayor alemán aconsejó a Hitler la toma de Gibraltar, ya que consideraba que significaría la rendición de Reino Unido al no poder aguantar mucho tiempo sin su principal red de comercio y suministros. En el caso de que Churchill se hiciera fuerte y decidiera seguir con la ayuda de EEUU, los alemanes tenían planificada una invasión a Gran Bretaña, que finalmente fue la conocida “Operación León Marino”que significó una victoria decisiva para el bando Aliado, configurándose ésta como la mayor batalla aérea de la historia.
    Churchill blinda Gibraltar

    Tras la caída de Francia, Inglaterra era consciente del peligro y convirtió a Gibraltar en una auténtica fortaleza. Todas las zonas de entrada se llenaron de minas, se reforzaron las guarniciones, se llenó literalmente el Peñón de cañones antiaéreos y, lo más importante, se excavaron 48 kilómetros de túneles, además de convertir su antiguo aeródromo de emergencia en una base aérea.
    El General Jodl sabía que de nada servía planificar una operación sin el apoyo de España. Franco debía de dar su visto bueno para que las tropas alemanas atravesasen la península para poder llevar a cabo el asalto.
    El III Reich envió a España una unidad de Inteligencia (OKW) al mando del Almirante Canaris. Realizaron observaciones en la zona colindante al Peñón, especialmente en la zona de la Línea de la Concepción.
    A finales del verano de 1940 el III Reich mandó a su ministro de Exteriores reunirse con Franco para conocer las exigencias de éste por permitir entrar a la Wehrmacht para realizar la operación.
    Mientras, Franco no llegaba a aceptar el trato de manera formal.
    Dentro de su ejecutivo existían dos corrientes contrapuestas, aquellos que estaban a favor de unirse a Alemania, como el Serrano Súñer, y otra vertiente favorable a los Aliados, que desaconsejaba entrar en el conflicto debido al estado lamentable del país después de una Guerra Civil.
    España pedía para llevar a cabo la invasión el apoyo de los alemanes para defender las Islas Canarias de una posible ofensiva inglesa, numerosas posesiones en África de los franceses y la comida, el combustible y las materias primas que necesitara el Ejército español.
    Todas estas exigencias eran inadmisibles para Hitler, principalmente, porque estaba en plenas negociaciones con el mariscal francés Petain, quien no iba a permitir semejante robo. Muchos historiadores alegan que fue una estrategia lanzada por Franco para quitarse de en medio las presiones de Hitler, ya que el Ejército español no tenía entidad suficiente para hacerse cargo de todo lo que había pedido.
    Aún así los alemanes confiaban cerrar de forma fructífera la operación en una futura reunión bilateral con la dictadura española. Tras contactos entre Serrano Suñer y Berlín, llegó el famoso encuentro entre Hitler y Franco en Hendaya el 23 de octubre de 1940. Dicho encuentro no sirvió para mucho.
    Urge el ataque

    En noviembre de 1940 Hitler piso el acelerador y empezó con los preparativos de la operación. Se seleccionó una División de Asalto formada por 16.000 hombres a la vez que se planificó un ataque conjunto por tierra, mar y aire. Además, otra División se desplegaría cubriendo la frontera con Portugal para evitar una posible reacción británica. El 15 de noviembre Serrano Súñer es convocado por Hitler en su residencia de Baviera para ultimar los preparativos.
    El almirante Canaris fue clave en la decisión final que toma Franco de no intervenir. Canaris no era un oficial más del III Reich. Él, que no era miembro del partido nacionalsocialista, quedo horrorizado por la campaña desempeñada por las SS en Polonia. Organizó varias conspiraciones internas contra Hitler, siendo descubierto en la famosa Operación Valquiria, arrestado por las SS y ahorcado en un campo de concentración.
    Franco no se atrevía a dar el paso, ya que no confiaba que Reino Unido caería una vez conquistada Gibraltar. Además, Canaris en contra de lo que el III Reich le pidió, desaconsejó a Franco seguir con la operación, advirtiéndole que la guerra sería larga y que el Eje no tenía todas las de ganar.
    Finalmente Hitler, ante la falta de decisión por parte de España de llevarla a cabo, desestimó la operación.
    Los preparativos de la ansiada Operación “Barbarroja” soñada por Hitler en su Mein Kampf fue el límite temporal establecido por el III Reich para llevar a cabo la conquista del Peñón. La planificación militar ultimada en la Operación Félix nunca fue realmente desestimada por el régimen franquista, al pensar éste que era factible poder llevarla a cabo con éxito.



    Santiago Orduña. libertad Digital.

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    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.» - Ramiro Ledesma Ramos

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    Re: Soborno británico a generales españoles para evitar entrada en IIGM

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