Pues creo que ahí hay cosas interesantes, aunque no coincido con todo. Si tengo algo de tiempo intentaré entrar algo más en materia un día de éstos.
Pues creo que ahí hay cosas interesantes, aunque no coincido con todo. Si tengo algo de tiempo intentaré entrar algo más en materia un día de éstos.
Conjugables perfectamente.
Se cede en ambos lados Y se gana unidad Nacional...... Sueños!! Porque la falange que tenemos ahora de partido cada día nos defrauda más desde hace años.
La pega del Carlismo es tanto afrancesado sucesor. No tememos un rey, pero no nos fiamos del origen que venga de Francia, ustedes discúlpenme, sin ofender. No nos gusta. Nos gusta quien nazca, crezca, se reproduzca y muera aquí: En España. O al menos que cumpla casi todas las etapas citadas y/o sienta España como sagrada Patria.
Pero sí sería posible. La cuestión es cómo ante tamaña dificultad.
Tándem Aquila Vincit
———————————
Salve, llena de gracia; el Señor es contigo..
Bendita tú eres entre todas las mujeres que fueron, son y serán; Reina Virginal, Madre Santísima, Virgen Pura..El Espíritu Santo vendra sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá; por eso el santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios.
Y el Oriente, Luz Verdadera vino al mundo e ilumina a todo hombre y toda mujer como Sol de justicia.
TÚ DIOS mío solo ayúdanos, que nosotros haremos para Su camino.
Raolbo, el Carlismo TAMBIÉN cree en el Estado (Tradicional) que no en el Estado Liberal y Revolucionario. Antes de Fernando VII España YA TENÍA ESTADO, que era el que defendían los primeros carlistas (los de Carlos María Isidro). Jovellanos, que veía con buenos ojos algunos aspectos importantes de la Ilustración, decía que España no necesitaba Constitución, porque ya la tenía (sus Leyes Fundamentales). La llamada Constitución Histórica.
Estados como los de los Reyes Católicos (considerado por la Historiagrafía y la ciencia Política como primer Estado Moderno) o el de los Austrias Mayores, y los primeros Borbones, eran Estados MUY FUERTES (en lo militar, lo naval, lo comercial, lo jurídico etc) y siempre han sido referentes del Carlismo; eso sí, RESPETANDO las particularidades jurídicas e Instituciones ancestrales de los Antiguos Reinos, expresados en los Fueros. Pero, tampoco el Carlismo es acrítico con determinados aspectos de los Fueros, que se revelaron contraproducentes (porque las leyes humanas NUNCA son perfectas, y también pueden mejorarse).
Así que, lógicamente, un Estado Carlista también puede ser fuerte, sin que sea "centralista".
Última edición por DOBLE AGUILA; 05/02/2017 a las 00:37
José Antonio ¿Contrarrevolucionario?
Con motivo del LXXX aniversario del asesinato de José Antonio Primo de Rivera (1903-1936), y con el objeto de repensar, conocer y difundir la obra y doctrina del fundador de Falange Española, desde el Foro Historia en Libertad hemos pedido su colaboración a una serie de filósofos, historiadores, periodistas, profesores… En días sucesivos publicaremos estas aportaciones cuya calidad no dudamos estará a la altura del homenaje merecido por el hombre que las ha suscitado.JOSÉ MARÍA PERMUY REY. Fue militante y mando provincial y territorial de FFJJE, FE de las JONS, FEI, FE-La Falange y AES. Ha publicado artículos de contenido político y religioso en varias revistas y participado como orador y comunicante en mítines, conferencias y congresos en diversos lugares de España.¿Puede José Antonio Primo de Rivera ser considerado un pensador contrarrevolucionario?
Antes de responder a esa pregunta, conviene aclarar qué se entiende por contrarrevolución.
Contrarrevolución es lo contrario de la Revolución, es decir, la oposición a la Revolución con el fin de instaurar y restaurar el orden social vigente antes de la Revolución.
Cuando hablamos de Revolución (con R mayúscula) no nos referimos a cualquier revuelta, insurrección o transformación social, sino concretamente al proceso de destrucción de la Cristiandad iniciado con la reforma luterana y continuado por la revolución francesa y la revolución soviética (en la actualidad, por los agentes del Nuevo Orden Mundial, relativista, totalitario y sincretista) por medio de la difusión e imposición de sus erróneas y perversas teorías teológicas, filosóficas, políticas y económicas (protestantismo, liberalismo, democracia, socialismo, capitalismo, comunismo, ideología de género, etc).
Cuando hablamos del orden social imperante en Europa antes de la Revolución, nos referimos a la Cristiandad, que consistía en una sociedad de comunidades políticas organizadas a la manera de un cuerpo místico, en el que individuos y cuerpos intermedios (familia, clases o estamentos, gremios, municipios, etc.) estaban orgánica, jerárquicamente y libremente armonizados y unidos sobre el fundamento de la ley eterna (natural y revelada) y la verdad católica, asumiendo cuanto de bueno heredaron de las civilizaciones romana y griega.
Cuando hablamos de restauración, no queremos decir que haya que copiar exactamente todas las leyes e instituciones existentes en aquella coyuntura (tampoco que haya que dar por caducas o inútiles todas ellas), sino volver a fundamentar el orden social (jurídico, político, económico) sobre las mismas bases religiosas y filosóficas que dieron lugar a la Cristiandad.
Así pues, si José Antonio apreciaba el orden social cristiano prerrevolucionario y lo consideraba un referente o modelo a seguir; si rechazaba y condenaba el proceso de subversión de ese orden social, sus causas y sus efectos, en todas su fases y manifestaciones y elogiaba los esfuerzos por ponerle freno, combatirlo y revertir la situación; si proponía la sustitución de los regímenes políticos hijos de la Revolución, por un orden social asentado sobre los mismos principios fundamentales de la vieja Cristiandad; creo que José Antonio podría ser considerado un político contrarrevolucionario.
Para demostrar que así es, nada mejor que reproducir textos del propio José Antonio.
La Cristiandad como modelo social para José Antonio
“Del siglo XIII al XVI, el mundo vivió una vida fuerte, sólida, en una armonía total; el mundo giraba alrededor de un eje”. (Conferencia pronunciada en el Círculo Mercantil de Madrid. 9 de abril de 1935)José Antonio rechaza y condena la Reforma protestante y la Revolución francesa
“La unidad católica: sentido total de la vida religiosa en la Edad media, es decir, ni sacrificio del individuo a la colectividad ni disolución de la colectividad en individuos, sino síntesis del destino individual y el colectivo en una armonía superior, a la que uno y otro sirven”. (Cuaderno de notas de un estudiante europeo. Septiembre de 1936)
“En esta época la idea de todos es la “unidad” metafísica, la unidad en Dios; cuando se tienen estas verdades absolutas todo se explica, y el mundo entero, que en este caso es Europa, funciona según la más perfecta economía de los siglos. Las Universidades de París y de Salamanca razonan sobre los mismos temas en el mismo latín. El mundo se ha encontrado a sí mismo. Pronto se realizará el Imperio español, que es la unidad histórica, física, espiritual y teológica”. (Conferencia pronunciada en el Teatro Calderón de Valladolid. 3 de marzo de 1935)
“El siglo XIII es probablemente el comienzo de la última edad clásica, a cuya liquidación estamos asistiendo, y ya podemos contemplar las fuerzas que la disuelven. Han operado sobre ella la Reforma y la Revolución francesa”. (Conferencia pronunciada en Zaragoza, en el cinema Alhambra. 17 de febrero de 1935)José Antonio critica y rechaza el liberalismo
“Todo proceso histórico es, en el fondo, un proceso religioso. Sin descubrir el substratum religioso no se entiende nada. La presente situación del mundo es, ni más ni menos, la última consecuencia de la Reforma”. “En el protestantismo están ya en germen: la civilización mecánica; la interpretación económica de la vida (el éxito en los negocios humanos, señal de predestinación; idea calvinista); el capitalismo (por oposición a la función feudal de la propiedad); el optimismo (los calvinistas creen que no todos los hombres son llamados a la gracia, pero ellos se sienten todos llamados a la gracia).
La Reforma: Lutero (la fe sin las obras); Calvino (la gracia inamisible). Luego: ni esfuerzos por ganar el Cielo, ni preocupación por el Infierno. La energía se encauza hacia lo humano. Hay como un desbordamiento de alegría. Y, al lado, la irrupción de los nuevos ricos, compradores de los bienes eclesiásticos. ¿Libertad de creencias? Nada de eso; ese es ya un fenómeno del siglo XIX. La Reforma se manifiesta como una guerra santa contra lo que llama el papismo idólatra; guerra implacable y durísima: (Ginebra, Inglaterra, con los Cecil y Cromwell; Gustavo Adolfo…). En el protestantismo están ya en germen: la civilización mecánica; la interpretación económica de la vida (el éxito en los negocios humanos, señal de predestinación; idea calvinista); el capitalismo (por oposición a la función feudal de la propiedad); el optimismo (los calvinistas creen que no todos los hombres son llamados a la gracia, pero ellos se sienten todos llamados a la gracia). “El optimismo filosófico. Rousseau; el hombre es nativamente bueno. Abolengo protestante del optimismo filosófico (la gracia concedida de balde. ¿Quizá sobra el pecado original? El protestantismo sostiene que la Redención bastó para devolvernos a todos la gracia (a los elegidos, claro), sin necesidad de obras ni Sacramentos; es decir, nos reintegró del estado de penitencia (católico) al estado de inocencia) — Abolengo protestante de la “declaración de los derechos del hombre” . Las “declaraciones” exceden del pensamiento de Rousseau (el individuo no se reserva nada, según él); pero la sustancia está en el optimismo; Rousseau lo es a machamartillo, el ser colectivo siempre quiere ser bien. (Cuaderno de notas de un estudiante europeo. Septiembre de 1936)
“El liberalismo es, por una parte, el régimen sin fe: el régimen que entrega todo, hasta las cosas esenciales del destino patrio, a la libre discusión. Para el liberalismo nada es absolutamente verdad ni mentira. La verdad es, en cada caso, lo que dice el mayor número de votos. Así, al liberalismo no le importa que un pueblo acuerde el suicidio con tal que el propósito de suicidarse se tramite con arreglo a la ley electoral.José Antonio critica y rechaza el socialismo
Y como para que funcione la ley electoral tiene que estimularse existencia de bandos y azuzarse la lucha entre ellos, el sistema liberal es el sistema de la perpetua desunión, de la perpetua ausencia de una fe popular en la comunión profunda de destino.
Por otra parte, el liberalismo es la burla de los infortunados: declara maravillosos derechos: la libertad de pensamiento, la libertad de propaganda, la libertad de trabajo… Pero esos derechos son meros lujos para los favorecidos por la fortuna. A los pobres, en régimen liberal, no se les hará trabajar a palos, pero se los sitia por hambre. El obrero aislado, titular de todos los derechos en el papel, tiene que optar entre morirse de hambre o aceptar las condiciones que le ofrezca el capitalista, por duras que sean. Bajo el régimen liberal se asistió al cruel sarcasmo de hombres y mujeres que trabajan hasta la extenuación, durante doce horas al día, por un jornal mísero y a quienes, sin embargo, declaraba la ley hombres y mujeres “libres”. (Luz nueva en España. Artículo escrito en mayo de 1934, para el semanario España Sindicalista)
“Las últimas consecuencias del liberalismo político: pulverización de los partidos; duración efímera de los gobiernos; ferocidad en las luchas políticas; la injuria, método polémico: la Prensa insolvente; las bibliotecas nocturnas (fábricas de obreritos pedantes, que se creen cultos porque conocen un manualito tendencioso de cualquier disciplina); el hundimiento de toda jerarquía, la insolidaridad; el nacionalismo…
Las últimas consecuencias del liberalismo económico: superindustrialización (artículos de primer establecimiento fabricados al ritmo de los artículos de consumo; saturación de los mercados). Industrialización de todos los países. Concentración de capitales — Proletarización del artesanado (y, en cierto modo, de la clase media, ya, en su mayor parte, asalariada; la diferencia de salario es meramente cuantitativa pero no cualitativa; la clase media ya no tiene casa, patrimonio familiar; vive suspendida de la existencia material del jefe que la sostiene con su sueldo) — Las profecías de Carlos Marx — Las grandes crisis — El paro”. (Cuaderno de notas de un estudiante europeo. Septiembre de 1936)
“El socialismo vio esa injusticia y se alzó, con razón, contra ella. Pero al deshumanizarse el socialismo en la mente inhospitalaria de Marx, fue convertido en una feroz, helada doctrina de lucha. Desde entonces no aspira a la justicia social: aspira a sustanciar una vieja deuda de rencor, imponiendo a la tiranía de ayer –la burguesía– una dictadura del proletariado.José Antonio critica el fascismo y el nacionalsocialismo
Para llegar ahí, además, el socialismo extirpa en los obreros casi todo lo espiritual, porque teme que, dejándolo vivo, tal vez los proletarios se ablanden al influjo de los vapores espirituales burgueses. Y así se aniquila en los obreros la religión el amor a la Patria.. ; en los ejemplos extremos, como el de Rusia, hasta la ternura familiar.
El liberalismo nos divide y agita por las ideas; el socialismo taja entre nosotros la sima, aún más feroz, de la lucha económica”. (Luz nueva en España. Artículo escrito por José Antonio, en mayo de 1934, para el semanario España Sindicalista, que no llegó a publicarse, en Zaragoza)
“Si la revolución socialista no fuera otra cosa que la implantación de un nuevo orden en lo económico, no nos asustaríamos. Lo que pasa es que la revolución socialista es algo mucho más profundo. Es el triunfo de un sentido materialista de la vida y de la historia; es la sustitución violenta de la Religión por la irreligiosidad; la sustitución de la Patria por la clase cerrada y rencorosa; la agrupación de los hombres por clases, y no la agrupación de los hombres de todas las clases dentro de la Patria común a todos ellos; es la sustitución de la libertad individual por la sujeción férrea de un Estado que no sólo regula nuestro trabajo, como un hormiguero, sino que regula también implacablemente nuestro descanso. Es todo esto. Es la venida impetuosa de un orden destructor de la civilización occidental y cristiana; es la señal de clausura de una civilización que nosotros, educados en sus valores esenciales, nos resistimos a dar por caducada.” (La Falange ante las elecciones de 1936. Discurso pronunciado en el Cinema Europa, de madrid, el día 2 de febrero de 1936).
“Fascismo: pretende resolver la inarmonía entre el hombre y su contorno absorbiendo al individuo en la colectividad. El fascismo es fundamentalmente falso: acierta al barruntar que se trata de un fenómeno religioso, pero quiere sustituir la religión por una idolatría. Falso además en lo económico, porque no se remueve la verdadera base: el capitalismo. Eso del sistema corporativo es una frase: conserva la dualidad: patrono-obrero, aunque agigantada en los sindicatos. Es decir, persiste el esquema bilateral de la relación de trabajo y, atenuada o no, la mecánica capitalista de la plus-valía”. (José Antonio. Cuaderno de notas de un estudiante europeo. Septiembre de 1936)José Antonio rechaza el absolutismo y el totalitarismo estatales
“Ejemplo de los que se llama Estado totalitario son Alemania e Italia, y notad que no sólo no son similares, sino que son opuestos radicalmente entre sí; arrancan de puntos opuestos. El de Alemania arranca de la capacidad de fe de un pueblo en su instinto racial. El pueblo alemán está en el paroxismo de sí mismo; Alemania vive una superdemocracia.
El movimiento alemán es de tipo romántico; su rumbo, el de siempre; de allí partió la Reforma e incluso la Revolución francesa, pues la declaración de los derechos del hombre es copia calcada de las Constituciones norteamericanas, hijas del pensamiento protestante alemán” (España y la barbarie. Conferencia pronunciada en el Teatro Calderon, de Valladolid. 3 de marzo de 1935).
“Mañana, pasado, dentro de cien años, nos seguirán diciendo los idiotas: queréis desmontarlo [el Estado liberal] para sustituirlo por otro Estado absorbente, anulador de la individualidad. Para sacar esta consecuencia, ¿íbamos nosotros a tomar el trabajo de perseguir los últimos efectos del capitalismo y del marxismo hasta la anulación del hombre? (Discurso sobre la revolución española. Cine Madrid. Madrid, 19 de mayo de 1935).José Antonio ensalza la labor de España frente a la Revolución
“La divinización del Estado es cabalmente lo contrario de lo que nosotros apetecemos. Nosotros consideramos que el Estado no justifica en cada momento su conducta, como no la justifica un individuo, ni la justifica una clase, sino en tanto se amolda en cada instante a una norma permanente. Mientras que diviniza al Estado la idea rousseauniana de que el Estado, o los portadores de la voluntad que es obligatoria para el Estado, tiene siempre razón; lo que diviniza al Estado es la creencia en que la voluntad del Estado, que una vez manifestaron los reyes absolutos, y que ahora manifiestan los sufragios populares, tiene siempre razón. Los reyes absolutos podían equivocarse; el sufragio popular puede equivocarse; porque nunca es la verdad ni es el bien una cosa que se manifieste ni se profese por la voluntad. El bien y la verdad son categorías permanentes de razón, y para saber si se tiene razón no basta preguntar al rey –cuya voluntad para los partidarios de la soberanía absoluta era siempre justa–, ni basta preguntar al pueblo –cuya voluntad, para los rousseaunianos es siempre acertada–, sino que hay que ver en cada instante si nuestros actos y nuestros pensamientos están de acuerdo con una aspiración permanente. Por eso es divinizar al Estado lo contrario de lo que nosotros queremos. Nosotros queremos que el Estado sea siempre instrumento al servicio de un destino histórico, al servicio de una misión histórica de unidad” (Discurso pronunciado en el Parlamento el 19 de diciembre de 1933)
“La idea del destino justificador de la existencia de una construcción (Estado o sistema), llenó la época más alta que ha gozado Europa: el siglo XIII, el siglo de Santo Tomás. Y nació en mentes de frailes. Los frailes se encararon con el poder de los reyes y les negaron ese poder en tanto no estuviera justificado por el cumplimiento de un gran fin: el bien de los súbditos.
Aceptada esta definición del ser –portador de una misión, unidad cumplidora de un destino–, florece la noble, grande y robusta concepción del “servicio”. Si nadie existe sino como ejecutor de una tarea, se alcanza precisamente la personalidad, la unidad y la libertad propias “sirviendo” en la armonía total” (Estado, individuo y libertad. Conferencia pronunciada en el curso de formacion organizado por FE de las JONS, el dia 28 de marzo de 1935)
“Es preciso configurar un nuevo orden, y éste es el Destino de España en nuestros días. Tenemos que afanarnos por salvar a España y al mundo entero. El Orden nuevo tiene que arrancar de la propia existencia del hombre, del reconocimiento de su libertad y dignidad. “La libertad del hombre y la dignidad humana son valores eternos e intangibles. El orden nuevo ha de arrancar de la existencia del hombre como portador de valores eternos. No participamos pues del panteísmo estatal””. “España podrá rehacer su vida por este camino, en el que se encuentran los valores cristianos y occidentales de nuestra civilización” (Conferencia pronunciada en el Cinema Alhambra de Zaragoza. 17 de febrero de 1935)
“Falange Española aspira a potenciar el valor nacional de España, no con el criterio de idolatría de las entidades naturales que informan a los partidos nacionalistas sino con el criterio que aspira a perpetuar en España la representación histórica de un sentido universal de la vida”. (Conclusiones definitivas de José Antonio en el proceso de Alicante, 17 de noviembre de 1936)
“España contestó siempre con la afirmación católica. Por su sentido de CATOLICIDAD, de UNIVERSALIDAD, ganó España al mar y a la barbarie continentes desconocidos. Los ganó para incorporar a quienes los habitaban a una empresa universal de salvación”. (Puntos Iniciales de Falange Española. F.E., núm. 1, 7 de diciembre de 1933)José Antonio propone el retorno a la unidad religiosa de Europa y de España
“El destino de España: la incorporación de un mundo a la cultura, a la católica. España estaba exactamente a punto (en forma) cuando el mundo presentó aquella coyuntura. España entonces asumió resueltamente la causa de la unidad católica: bula de Alejandro VI, Trento, Lepanto, Valtelina, Guerra de los 30 años…”. (Cuaderno de notas de un estudiante europeo. Septiembre de 1936)
“España supo ser fuerte, sobria, austera y supo sacrificarse por lo espiritual, sabiendo ser heroica sobre todas las cosas y hacer morir a los suyos cuando hizo falta. España no tuvo banderías mientras no perdió su fuerza. Y sin banderías y sin partidos políticos luchó gloriosamente, teniendo por escenario toda la faz de la tierra y por enemigo nada menos que a Satanás”. (Discurso pronunciado en Cáceres. 4 de febrero de 1934)
“España en el siglo XVI es el brazo ejecutor de Dios” (Conferencia pronunciada en el Ateneo de Santander. 14 de agosto de 1934)
“Es triste y angustioso ver cómo los españoles consumen sus energías en luchar unos contra otros, pensando sólo en solventar entre sí odios y rencores, con olvido de España, a la que tratan de rendir y aniquilar.
Por fortuna, esto no es posible lograrlo en usa nación de muchos siglos de existencia, y cuyo sentido de unidad ha perdurado siempre, aun en épocas de fragmentación territorial, en las cabezas de nuestros reyes, santos y pensadores, ni con una nación de tal contextura espiritual que, al descubrir para la Humanidad un nuevo continente, lejos de abusar de su poderío y explotar a los indígenas, empieza por declararlos iguales a los españoles.
Mas España comienza a perder su propio estilo y personalidad cuando por obra de las doctrinas rousseanianas y de la Revolución francesa, surgen las divisiones en territorios y regiones; cuando, por no mirarse de frente a España, abarcándola total y absolutamente, sino desde un punto de vista particular de clase o de interés, nacen los partidos políticos; esto es, cuando se niega la existencia de ciertas verdades permanentes, se admite la teoría absurda de que las sociedades políticas son consecuencia de un pacto expresado mediante sufragio” (Discurso pronunciado en Callosa de Segura. 22 de julio de 1934)
“Solución religiosa: el recobro de la armonía del hombre y su contorno en vista de un fin trascendente. Este fin no es la patria ni la raza, que no pueden ser fines en sí mismos: tienen que ser un fin de unificación del mundo, a cuyo servicio puede ser la patria un instrumento; es decir, un fin religioso. — ¿Católico? Desde luego, de sentido cristiano”.José Antonio propone reconstruir España sobre la base de la religión católica, que el Estado debe reconocer como única verdadera, inspirándose en ella y reconociendo sus deberes para con la Iglesia
Y así acaso un día vuelva a encenderse sobre Europa unificada la alegría católica”.
“Alemania: llegará a ser un sistema profundo y estable si alcanzase sus últimas consecuencias: la vuelta a la unidad religiosa de Europa; es decir, si se aparta de la tradición nacionalista y romántica de las Alemanias y reasume el destino imperial de la casa de Austria”. (Cuaderno de notas de un estudiante europeo. Septiembre de 1936)
“Falange Española de las J.O.N.S. contempla al pueblo en su integridad y quiere vitalizarlo del todo: de una parte, implantando una justicia económica que reparta entre todos los sacrificios, que suprima intermediarios inútiles y que asegure a millares de familias paupérrimas una vida digna y humana. Y, de otra parte, compaginando esa preocupación económica con la alegría y el orgullo de la grandeza histórica de España, de su sentido religioso, católico, universal, de sus logros magníficos, que pertenecen por igual a los españoles de todas clases”. (Discurso pronunciado en Pamplona en un Centro local de Falange. 15 de agosto de 1934)
“La interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera “. (Puntos Iniciales de Falange Española. F.E., núm. 1, 7 de diciembre de 1933)José Antonio propone la reconstrucción de una sociedad orgánica y jerárquica respetuosa del hombre concreto y de la autoridad de los cuerpos intermedios
“Así, pues, toda reconstrucción de España ha de tener un sentido católico”. (Puntos Iniciales de Falange Española. F.E., núm. 1, 7 de diciembre de 1933)
“Nuestro Movimiento incorpora el sentido católico –de gloriosa tradición y predominante en España- a la reconstrucción nacional” (Norma Programática de Falange Española de las J.O.N.S. Noviembre de 1934)
“El Estado nuevo se inspirará en el espíritu religioso católico tradicional en España y concordará con la Iglesia las consideraciones y el amparo que le son debidos”. (Puntos Iniciales de Falange Española. F.E., núm. 1, 7 de diciembre de 1933)
“La construcción de un orden nuevo la tenemos que empezar por el hombre, por el individuo, como occidentales, como españoles y como cristianos; tenemos que empezar por el hombre y pasar por sus unidades orgánicas, y así subiremos del hombre a la familia, y de la familia al Municipio y, por otra parte, al Sindicato, y culminaremos en el Estado, que será la armonía de todo” (Discurso sobre la revolución española. Madrid, 19 de mayo de 1935).José Antonio propone revitalizar las instituciones, leyes, fueros y costumbres de la España prerrevolucionaria
“El individuo, como portador de un alma, como titular de un patrimonio; la familia, como célula social; el Municipio, como unidad de vida, restaurado otra vez en su riqueza comunal y en su tradición; los Sindicatos, como unidad de la existencia profesional y depositarios de la autoridad económica que se necesita para cada una de las ramas de la producción. Cuando tengamos todo esto, cuando se nos integre otra vez en un Estado servidor el destino patrio, cuando nuestras familias y nuestros Municipios, y nuestros Sindicatos, y nosotros, seamos, no unidades estadísticas, sino enteras unidades humanas, entonces, aunque no formemos cola a las puertas de los colegios para echar los papelitos que acaso nos obligaron a echar nuestros usureros o nuestros amos, entonces sí podremos decir que somos hombres libres” (Discurso pronunciado en el Frontón Betis. Sevilla, 22 de diciembre de 1935).
“Así, el nuevo Estado habrá de reconocer la integridad de la familia, como unidad social; la autonomía del Municipio, como unidad territorial, y el sindicato, el gremio, la corporación, como bases auténticas de la organización total del Estado” (FE, núm.1, 7 de diciembre de 1933). “Interviene, pues, el individuo en el Estado como cumplidor de una función, y no por medio de los partidos políticos; no como representante de una falsa soberanía, sino por tener un oficio, una familia, por pertenecer a un municipio. Se es así, a la vez que laborioso operario, depositario del poder. Los sindicatos son cofradías profesionales, hermandades de trabajadores, pero a la vez órganos verticales en la integridad del Estado. Y al cumplir el humilde quehacer cotidiano y particular se tiene la seguridad de que se es órgano vivo e imprescindible en el cuerpo de la Patria. Se descarga así el Estado de mil menesteres que ahora innecesariamente desempeña. Sólo se reserva los de su misión ante el mundo, ante la Historia. Ya el Estado, síntesis de tantas actividades fecundas, cuida de su destino universal. Y como el jefe es el que tiene encomendada la tarea más alta, es él el que más sirve. Coordinador de los múltiples destinos particulares, rector del rumbo de la gran nave de la Patria, es el primer servidor; es como quien encarna la más alta magistratura de la tierra, “siervo de los siervos de Dios”. (Estado, individuo y libertad. Conferencia pronunciada en el curso de formacion organizado por FE de las JONS, el dia 28 de marzo de 1935)
“España, aunque no sea ni mejor ni peor que las demás naciones, desde luego es distinta. Tiene características muy acusadas, que es preciso respetar, si no se quiere ir al fracaso, porque sería necio el luchar contra la Naturaleza. Por otra parte, la tradición española es demasiado fuerte y rica, y nosotros no vamos a cometer el desatino de desaprovechar esas existencias y lecciones de la tradición. Nuestro país ha vivido anteriormente muchas experiencias sociales, políticas y económicas que hoy en el mundo empiezan a reivindicarse. Tenemos en nuestra Historia ejemplos de legislación agraria y ganadera que puede hoy mismo aplicarse con feliz eficacia; así como la organización por gremios y oficios, y los fueros municipales, y los montes y bienes comunales, y la “mesta”, y tantas otras costumbres que nacieron y prosperaron a impulso de la necesidad propia y característica de la raza” (El Pueblo Vasco, de San Sebastián, 9 de enero de 1935)
“La Falange sabe muy bien que España es varia, y eso no le importa. Justamente por eso ha tenido España, desde sus orígenes, vocación de Imperio. España es varia y es plural, pero sus pueblos varios, con sus lenguas, con sus usos, con sus características, están unidos irrevocablemente en una unidad de destino en lo universal. No importa nada que se aflojen los lazos administrativos, mas con una condición: con la de que aquella tierra a la que se dé más holgura tenga tan afianzada en su alma la conciencia de la unidad de destino, que no vaya a usar jamás de esa holgura para conspirar contra ella” (Discurso sobre la revolución española. Madrid, 19 de mayo de 1935) “Entendida España así, no puede haber roce entre el amor a la tierra nativa, con todas sus particularidades, y el amor a la Patria común, con lo que tiene de unidad de destino. Ni esta unidad habrá de descender a abolir caracteres locales, como ser, tradiciones, lenguas, derecho consuetudinario, ni para amar estas características locales habrá que volverse de espaldas –como hacen los nacionalistas- a las glorias del destino común” (Discurso pronunciado en el Centro local de Falange. Pamplona, 15 de agosto de 1934).Hasta aquí algunos textos del fundador de la Falange que demuestran, en definitiva, que, sea por casualidad o por causalidad, si comparamos el pensamiento de José Antonio con el pensamiento contrarrevolucionario de su época (carlismo, Acción Española…), no existen diferencias en lo esencial, sino coincidencias.
Deseo aclarar que para realizar esta comparativa he tenido en cuento los escritos de diversos pensadores tradicionalistas (carlistas y no carlistas), tales como Aparisi y Guijarro, Donoso Cortés, Jaime Balmes, los Nocedal (padre e hijo), Vázquez de Mella, Ramiro de Maeztu y Vázquez Pradera, entre otros. Pero no he tenido en cuenta los escritos de otros políticos falangistas, sino sólo los de José Antonio.
Es una aclaración importante, porque para comparar bien y llegar a una conclusión correcta es necesario conocer bien todas las partes comparadas. En este caso, el pensamiento contrarrevolucionario y el pensamiento de José Antonio.
Creo que uno de los motivos por los que muchos admiradores de José Antonio y muchos seguidores de la Tradición coinciden en considerar incompatibles ambos pensamientos es que no conocen bien el pensamiento del otro y, a veces, tampoco el propio.
Y a ello contribuye el hecho de que, tanto en torno al pensamiento joseantoniano como en torno al pensamiento tradicionalista, ha habido y hay muy diversas interpretaciones subjetivas distantes de la realidad.
Si un carlista, por ejemplo, confunde el pensamiento de José Antonio con lo que atribuyen a José Antonio “falangistas” liberales o “falangistas” socialistas (es decir, visiones sesgadas, parciales. incompletas, descontextualizadas, de José Antonio) es lógico que considere al fundador de la Falange un personaje ajeno a la Tradición.
Lo mismo ocurre cuando un falangista confunde el pensamiento tradicionalista español con el absolutismo o el conservadurismo político, o, por otro lado, con el carloshuguismo, que poco o nada tienen que ver con la Tradición española.
Otra consideración relevante es que, en algunos temas, José Antonio fue cambiando de parecer. Así, por ejemplo, su valoración del fascismo no es la misma al principio de la fundación de Falange que al final de su vida. Lo mismo se podría decir de su opinión sobre el corporativismo o el uso del término totalitario aplicado al Estado.
Obviamente, es su posicionamiento final lo que definitivamente define el pensamiento joseantoniano.
Teniendo en cuenta las anteriores puntualizaciones, si existen diferencias entre José Antonio y otros tradicionalistas, son de forma, no de fondo. Más que nada, de táctica política.
Una de esas diferencias entre el pensamiento joseantoniano y el de otros tradicionalistas y contrarrevolucionarios tiene que ver con la gente a la que va dirigido su mensaje. Los carlistas tratan de captar o conservar, sobre todo, a aquellos compatriotas preocupados por la situación religiosa de España, a los partidarios de la monarquía, a quienes desean conservar o restaurar los fueros.
José Antonio, que cree inminente la invasión de los bárbaros (el comunismo) y tarea prioritaria evitarla, intenta atraer a los españoles cuya principal preocupación no es el tema religioso sino la injusticia social y los abusos capitalistas, para sustraerlos al influjo y manipulación de los partidos y sindicatos marxistas.
Ello no implica que los carlistas no tuvieran un mensaje social y económico partidario de la justicia y contrario al capitalismo liberal, ni tampoco que José Antonio (como hemos leído en los textos reproducidos anteriormente) no tuviera como meta última la supremacía de lo espiritual.
Otras dos diferencias son la falta de concreción y desarrollo de que adolece el pensamiento joseantoniano en algunas cuestiones, si se lo compara con el tratamiento de esas cuestiones que hacen otros autores tradicionalistas, así como el distinto énfasis puesto en determinados temas.
En lo que respecta al desarrollo de los postulados políticos, si leemos, por ejemplo, el libro El Estado Nuevo, del carlista Víctor Pradera, comprobamos que el autor aborda la cuestión de la construcción de un nuevo Estado de principio a fin, entrando en todo tipo de detalles y de un modo íntegro y sistemático. Algo parecido podemos decir del Tratado de Derecho Político de Enrique Gil Robles.
Por el contrario, José Antonio no escribió un tratado o un libro exponiendo pormenorizadamente en qué consistía su idea del nuevo orden social que deseaba implantar en España.
Las obras completas de José Antonio se componen de breves artículos, transcripciones de conferencias y discursos (en muchas ocasiones resúmenes), intervenciones parlamentarias, entrevistas periodísticas…
Todo ello dicho o escrito con la precipitación a que le abocaba el ritmo trepidante de la política de su tiempo y la urgencia de tratar de detener el triunfo, que parecía inminente, del marxismo.
José Antonio no fue un filósofo dedicado exclusivamente a reflejar su pensamiento con tiempo, con calma y sin apremios; sino un hombre de acción; el jefe de un movimiento político, obligado a actuar bajo la presión de las circunstancias en las que tuvo que desenvolver su vida pública. Unas circunstancias (viajes por toda España y por el extranjero con fines electorales y propagandísticos, reuniones políticas, etc.) que le robaban, más que le brindaban, el tiempo necesario para plasmar con densidad y exactitud su pensamiento. Ni tan siquiera tuvo la oportunidad que tuvo un Vázquez de Mella de contar con una vida dilatada para ir desgranando sus ideas y desarrollándolas a lo largo de los años.
Todo ello no quiere decir que no le preocupasen el rigor doctrinal y lo que él llamaba constante vigilancia del pensamiento sobre la acción.
Pero sería injusto esperar de José Antonio un compendio de teoría política tan amplio y preciso como los que otros tradicionalistas y contrarrevolucionarios lograron redactar.
Ahora bien, tampoco es justo que quienes deseen profundizar en el pensamiento de José Antonio -que no surge de la nada, sino que es heredero y deudor del de otros anteriores, contemporáneos y posteriores a él-, no tomen en consideración las aportaciones de esos otros pensadores que forman parte de la escuela tradicionalista y contrarrevolucionaria española.
Lamentablemente, así como algunos tradicionalistas han menospreciado y malinterpretado a José Antonio por no no comprender la diferencia entre lo esencial de su pensamiento. lo accesorio y el modo de expresarlo en la coyuntura que le tocó vivir, algunos falangistas y joseantonianos han idolatrado a José Antonio, considerándolo una especie de nuevo mesias inaugurador de una nueva era y predicador de un nuevo mensaje político absolutamente original y superior al de cualquier otro.
Nada más lejos de la realidad.
No trato aquí de juzgar si José Antonio fue mejor o peor que otros teóricos del pensamiento tradicional español, pero sí que, para entender la fundamentación teológica, filosófica y política de su pensamiento, y aun para ayudar a desarrollar y concretar muchas de sus propuestas temporales, es bueno, útil y conveniente recurrir a los escritos de otros autores tradicionalistas.
Nadie que admire a José Antonio y comulgue con su ideario puede querer a José Antonio encumbrado en el altar de la divinidad, sino a José Antonio encaramado sobre el faro de la Tradición católica y española que debe iluminar el pensamiento político y social.
Un José Antonio que despunta con estilo propio en su modo muy peculiar de comunicar las grandes verdades y los grandes principios, deducir sus últimas consecuencias y divulgarlos haciendo su comprensión asequible a personas de toda condición.
__________
(Para profundizar en el tema tratado en este artículo recomiendo la lectura de los siguientes textos:
- José Antonio y la Tradición. Conferencias pronunciadas por José María Permuy Rey el 19 de abril de 2004 en Gerona, en la Sede de la Comunión Tradicionalista (invitado por la Asociación Gerona Inmortal) y el 20 de abril de 2004 en Barcelona en la Sede de la Asociación de Estudios Sociales (ADES)
- José Antonio, la Falange y la Ciudad Católica. Artículo de José María Permuy. publicado en el número 37 de La Gaceta del Centenario, el 14 de marzo de 2002.
- La interpretación católica de la vida en el pensamiento falangista. Conferencia pronunciada por José María Permuy Rey, Jefe Provincial de FE-La Falange de La Coruña, en el Aula de Cultura de Fuerza Nueva, en Madrid, el 21 de noviembre de 2002.
- Las relaciones Iglesia-Estado en el pensamiento de José Antonio. Conferencia pronunciada por José María Permuy en la Sede Nacional de Falange Española Independiente. Madrid, 5 de junio de 1999.
- José Antonio visto a derechas. Luis María Sandoval Pinillos. Actas. 1998. ISBN: 84-87863-66-3
- La Tradición en José Antonio y el sindicalismo en Mella. José María Codón Fuerza Nueva. 1978. ISBN: 9788473780179
- Catolicismo y política. La interpretación católica de la vida en José Antonio. Francisco Torres García.
- El último José Antonio Francisco Torres García. Editorial Barbarroja. 2013. ISBN: 9788487446818
- Sobre el pretendido “influjo directo de Marx en José Antonio”. Sigfredo Hillers de Luque. Artículo publicado en Historia en Libertad. 18 de julio de 2015.
- Falange y Teología Católica. Sigfredo Hillers de Luque. Artículo publicado en Historia en Libertad. 19 de octubre de 2016
- José Antonio y la Religión. Ángel David Martín Rubio Artículo publicado en Historia en Libertad. 20 de noviembre 2015.
- Entre lo espontáneo y lo difícil (Apuntes para una revisión de lo ético en el pensamiento de José Antonio Primo de Rivera). Miguel Argaya Roca. Oviedo, TARFE, 1996. ISBN 84-921050-6-2
- Los fundamentos de la Falange. Miguel Argaya Roca. Falange Española de las JONS. 2000.
__________
Todos los artículos de la serie:
Desde Mi Campanario | Archivo de eiquetas | Artículos LXXX Aniversario José Antonio
Comparte esto:
- Haz clic para compartir en Pocket (Se abre en una ventana nueva)
- Haz clic para compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva)
- Haz clic para compartir en Twitter (Se abre en una ventana nueva)
- Compartir en Skype (Se abre en una ventana nueva)
- Haz clic para compartir en Reddit (Se abre en una ventana nueva)
- Haz clic para compartir en Google+ (Se abre en una ventana nueva)
- Haz clic para compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva)
33Haz clic para compartir en Facebook (Se abre en una ventana nueva)33- Haz clic para enviar por correo electrónico a un amigo (Se abre en una ventana nueva)
- Haz clic para imprimir (Se abre en una ventana nueva)
Me gusta:
RelacionadoEl José Antonio en el que cada cual cree
15 noviembre, 2016
En "Pensamiento Hispánico"
José Antonio o el discurso de la unidad
21 noviembre, 2016
En "Opinión"
José Antonio o el discurso de la unidad
1 octubre, 2017
En "Opinión"
Deja un comentario
Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *
Comentario
CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
- DesdeMiCampanario.es declina toda la responsabilidad sobre las opiniones vertidas por los lectores en los comentarios.
- Serán eliminados todos los comentarios que contengan insultos, blasfemias, inmoralidades, errores doctrinales o teológicos, proselitismo y/o apología de las falsas religiones e ideologías, etc...
- Serán eliminados los 'comentarios basura', los enlaces publicitarios y los que infrinjan la ley.
- Serán eliminados los comentarios que claramente tengan intención de sabotaje.
- DesdeMiCampanario.es se reserva el derecho de corregir la ortografía y gramática de los comentarios.
ETIQUETAS HTML
Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>
Nombre *
Correo electrónico *
Web
Recibir un email con los siguientes comentarios a esta entrada.
Recibir un email con cada nueva entrada.
Lo último
TeologíaFiesta de Todos los Santos: 1-noviembre-2017
OpiniónBlanquerna, prueba y prenda del Pacto Madrid-Barcelona
Opinión29-O: las consignas de la manifestación de Barcelona
OpiniónLacitos amarillos
TeologíaFiesta de Cristo Rey: 29-octubre-2017
Historia en LibertadDesvelado el plan del general Yagüe para conspirar contra Franco
OpiniónMarujas con “estelada”
OpiniónLas puertas del Cielo
Comentarios
- Francisco Herrera: La doble vara de medir que existe en España, es infernal. Me considero español…
Blanquerna, prueba y prenda del Pacto Madrid-Barcelona- Francisco Herrera: Hermosas palabras llenas de luz y esperanza. "Mi alma espera al Señor más que el…
Fiesta de Todos los Santos: 1-noviembre-2017- Costa Astur: Ha sido suprimida la partícula "nunc". Ver http://www.meramo.net/AmigosdeMeramo...ristorey17.mp3
Fiesta de Cristo Rey: 29-octubre-2017- Joaquim Maria Cymbron: ¿Qué más podría esperarse del texto, que acabo de leer, cuando va inserto en…
Agua que no se encauza, se desparrama- Paula De Vildosola: Buenas noches José Luis, soy sobrina nieta de Pedro Miro de Mesa. Y tataranieta…
Pedro Miró, el jesuita asesinado un 20 de noviembre en…- Rosario Miró: Gracias José Luís, le hablaré a mi padre de ti y que nos has…
Pedro Miró, el jesuita asesinado un 20 de noviembre en…Tradición Digital: Todo apunta a que el gobierno, junto a oposición y golpistas, mas oscuros grupos…
Revista de comisario- Saturnino: Siendo una acción mas que consumada y radiada a los cuatro vientos, mi pregunta…
Revista de comisario
«M. Proudhon ha escrito en sus Confesiones de un revolucionario estas notables palabras: "Es cosa que admira el ver de qué manera en todas nuestras cuestiones políticas tropezamos siempre con la teología". Nada hay aquí que pueda causar sorpresa, sino la sorpresa de M. Proudhon. La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas»
Donoso Cortés
http://desdemicampanario.es/2016/11/...evolucionario/
Última edición por ReynoDeGranada; 04/11/2017 a las 15:58
«¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
𝕽𝖆𝖒𝖎𝖗𝖔 𝕷𝖊𝖉𝖊𝖘𝖒𝖆 𝕽𝖆𝖒𝖔𝖘
Falange y el Tradicionalismo Español.
FALANGE Y TRADICIÓN.
"Entre una y otra de esas actitudes se nos ocurrió a algunos pensar si no sería posible lograr una síntesis de las dos cosas: de la revolución –no como pretexto para echarlo todo a rodar, sino como ocasión quirúrgica para volver a trazar todo con un pulso firme al servicio de una norma –y de la tradición– no como remedio, sino como sustancia; no con ánimo de copia de lo que hicieron los grandes antiguos, sino con ánimo de adivinación de lo que harían en nuestras circunstancias–. Fruto de esta inquietud de unos cuantos nació la Falange."
José Antonio: La Tradición y la Revolución. Prólogo al libro ¡Arriba España! de Pérez de Cabo.
Comprender el Tradicionalismo es comprender gran parte de las razones por las que Falange es un movimiento político con un espíritu propio y diferenciado de los "partidos". Es algo tan consustancial a la Falange que sin este concepto resultaría incomprensible y se caería en la desviación fascistizante.
Poniendo el ejemplo, prosaico pero muy de actualidad, de una tradición folclórica tan enraizada en nuestra cultura como es la Fiesta de los Toros, el tradicionalismo no se identificaría con la supresión de algo que forma parte de nuestra identidad nacional, pero tampoco se identifica necesariamente con la continuidad inmovilista de esta tradición festiva. Sino más bien con una continuidad evolutiva, reformadora y adaptativa a las nuevas realidades, a los cambios en la sensibilidad del pueblo. Esto es una continuidad perfectible.
Es solo un pequeño ejemplo con la intención de hacer sencillo lo complejo.
La mística tradicionalista de José Antonio aparece pulcra y nítida en una de sus frases más afortunadas que constituye la más acertada síntesis de cuanto de noble hay en el concepto español de tradición:
"El hombre es portador de valores eternos"
Asumiendo de esta manera el núcleo profundo sobre el que se construye todo el pensamiento tradicionalista español.
Hay que prevenir a quien lea la siguiente obra de José María Codón que se debe diferenciar entre la tradición como concepto gremial, descentralizador e incluso espiritual y el Carlismo como legitimismo monárquico. A este último le dedicó José Antonio duras palabras:
"El viejo carlismo intransigente, cerril, antipático"
"Hay un grupo, que es el tradicionalista, que tiene positiva savia española y una tradición guerrera auténtica, pero en cambio le falta una cierta sensibilidad y técnica moderna, y probablemente, una adaptación a lo social. Su visión de lo social no es la de nuestros días, aunque tiene muy buena solera gremial. Creo, por tanto, que no sería fuerza suficiente para detener una revolución, a pesar de ser la fuerza de derecha que tiene más espíritu".
Aunque no debemos olvidar que muchos fundadores de Falange y JONS, entre otros muchos Onésimo Redondo y el propio José Antonio, provenían del monarquismo militante; lo cierto es que su planteamiento del Estado evolucionó hacia una forma de República Nacional y Sindicalista.
Cabe destacar la acertadísima postura de Onésimo Redondo sobre la monarquía y la república en sus inicios políticos, cuando definía su visión acerca del "nacionalismo español":
«El nacionalismo no es monárquico ni antimonárquico. Tampoco es confesional, pero de ningún modo antirreligioso.»
Vamos a concretarnos, por hoy, a explicar la primera de esas dos características, que a tantos parecerá incongruente.
¿Es posible que haya quien sinceramente no sea monárquico ni republicano?
La opinión española, el ambiente todo de lucha política que conmueve y perturba el ser nacional, está dominado por convencionalismos vacuos, por problemas de artificio y por palabras que no aprovechan, a no ser a los políticos que precisamente de la confusión viven.
Uno de los convencionalismo s o mitos más absurdos y perjudiciales es el de dividir por fuerza a los españoles en republicanos y monárquicos, haciendo irreconciliables a los unos con los otros, sometiendo por necesidad y ante todo al pueblo, a la pugna ruinosa de esas dos tendencias.
Si el nacionalismo, que es un pensamiento esencialmente renovador, revolucionario, quiere limpiar su camino, y el camino de la nueva política española, de todo lo que traba la marcha del resurgimiento nacional, debe prescindir austeramente, brutalmente, de la mitología monárquica y de la mitología republicana.
Para el nacionalismo verdadero no hay más numen que España, ni más venero de consulta que el hondo latir de los deseos del pueblo verdadero.
Cuando este pueblo, libre y claramente, mediante una voz de pujante sinceridad hispana diga que es monárquico, la monarquía sea: la forma del nacionalismo.
Y mientras la República sea consentida por el pueblo, lo mismo que si auténticamente es elegida por la voz histórica -que bien puede ser distinta que la voz electoral- de la nación hispana, respétese la República como forma del nacionalismo.
La «consubstancialidad» monárquica de ayer, lo mismo que el salvaje fanatismo republicano de hoy, son posturas perturbadoras y antipatrióticas."
En consecuencia hay unas cuestiones que todo falangista debe tener presente:
1º Son los marxistas los que odian la monarquía como institución, no nosotros.
"Santo Tomás prefiere la Monarquía, no por razones dogmáticas, sino porque entiende que la unidad de mando es favorable para el bien común".
"Si volvieran Fernando e Isabel, en este mismo momento me declaraba monárquico.
José Antonio
2º Consideramos la monarquía gloriosamente fenecida, no por ser monarquía, sino precisamente por haber dejado de serlo.
"El 14 de abril de 1931 –hay que reconocerlo, en verdad– no fue derribada la Monarquía española. La Monarquía española había sido el instrumento histórico de ejecución de uno de los más grandes sentidos universales. Había fundado y sostenido un Imperio, y lo había fundado y sostenido, cabalmente, por lo que constituía su fundamental virtud; por representar la unidad de mando. Sin la unidad de mando no se va a parte alguna. Pero la Monarquía dejó de ser unidad de mando hacía bastante tiempo: en Felipe III, el rey ya no mandaba; el rey seguía siendo el signo aparente, mas el ejercicio del Poder decayó en manos de validos, en manos de ministros: de Lerma, de Olivares, de Aranda, de Godoy. Cuando llega Carlos VI la Monarquía ya no es más que un simulacro sin sustancia. La Monarquía, que empezó en los campamentos, se ha recluido en las Cortes; el pueblo español es implacablemente realista; el pueblo español, que exige a sus santos patronos que le traigan la lluvia cuando hace falta, y si no se la traen los vuelve de espaldas en el altar; el pueblo español, repito, no entendía este simulacro de la Monarquía sin Poder; por eso el 14 de abril de 1931 aquel simulacro cayó de su sitio sin que entrase en lucha siquiera un piquete de alabarderos."
La opinión personal del autor del blog coincide completamente con la de Onésimo Redondo en lo que se refiere a la monarquía como forma de gobierno en este mundo: Me da igual.
Por otro lado el concepto de Revolución en el tradicionalismo (re-volver o volver a) solo me parece compatible parcialmente con la revolución del nacional-sindicalismo. Esta última pretende un cambio contundente en la estructura de la sociedad y de la propiedad.
Aunque el sindicato vertical pueda ser entendido como una restitución perfectible de los gremios, el tradicionalismo respeta más el concepto de la propiedad y los fueros o privilegios históricos adquiridos.
La Confesionalidad del Estado es un concepto ambiguamente rechazado por la propia Iglesia Católica y no asumido por Falange que tan solo acepta un acuerdo o concordato.
Además hay que recordar que mientras el tradicionalismo europeo es centralizador y absolutista, el español es descentralizador y legalista en dirección hacia un organicismo social o democracia orgánica. Es en esto donde ambas ideologías coinciden plenamente.
La Tradición en José Antonio y el Sindicalismo en Mella.
I. PREÁMBULO
El condominio ideológico del Carlismo y la Falange.
Desde que aparecieron en España los grupos políticos jonsista y falangista, se puso de manifiesto su coincidencia ideológica con el Carlismo español y su similitud en las actitudes y en los símbolos.
Apenas amanece la fuerza joven de las JONS en el panorama nacional, consigna este juicio crítico, lleno de justicia, en su naciente revista, acerca del Carlismo:
"El partido tradicionalista ha sido sólo él quien se mostraba sensible ante los valores españoles en peligro, tocando a rebato tenaz y heroicamente, en presencia de los atropellos y desviaciones traidoras que se consumaban. Ha sido a lo largo de un siglo de vida española el único para quien las voces nacionales, el clamor histórico de España y nuestro gran pleito con las culturas, pueblos y naciones extranjeras, constituían la realidad más honda".
Era tan rigurosamente cierta esta visión que quizá desde los tiempos de Aparisi y Guijarro, que definió al Carlismo como una gran cuestión europea, religiosa y social, no se había dicho una verdad tan afortunada como la que proclamó la revista de las JONS:
La realidad honda del Carlismo es la de ser una interpretación total de los valores de la cultura española.
La afinidad o solidaridad objetiva entre ambas fuerzas se acentuaría con el paso del tiempo. Tan pronto publicó José Antonio su célebre "Bandera que se alza" y se produjo el conocido análisis de Víctor Pradera, el Fundador de la Falange fue acentuando su juicio netamente favorable al Carlismo, a medida que iba conociendo su interioridad. En la entrevista que concedió al diario "Ahora", él, tan sincero e implacable en la crítica de las agrupaciones políticas del momento, afirmó:
"El grupo tradicionalista tiene una positiva savia española y una auténtica tradición guerrera. Es la fuerza de derechas que tiene más espíritu."
En la sesión necrológica dedicada al diputado carlista Oreja, había definido su ideal tradicionalista como uno de los "más hondos de los más completos y de los más difíciles."
Cuando derechas e izquierdas, expresiones enfermizas de la patología política, pusieron de manifiesto la imposibilidad de la convivencia en la arena republicana española, pisoteada por las internacionales y la infiltración de los frentes populares, el 16 de junio de 1935, en vísperas de la reunión de la Junta Política en Gredos, José Antonio, enjuiciando certeramente la situación, dijo:
"Hoy no hay más fuerza nueva y sana que nosotros y los carlistas."
![]()
A nadie puede extrañar la salvadora alianza, que en la conspiración y en la guerra se forjó, como fruto de esa comprensión mutua.
Dediquémonos a estudiarla. ¡Demasiado poco hemos airado los testimonios de la unidad procedentes de ambos campos!
Surgió el Alzamiento. Y todas aquellas afinidades se convirtieron en realidad luminosa. En la sublevación y en los frentes de julio no se veían más que uniformes caquis, camisas azules y boinas rojas. Era la hora de la verdad.
El mismo día 24 de julio llegaron a salvar Zaragoza mil doscientos requetés —dos tercios— que consolidaron decisivamente la situación. La Falange zaragozana les dedicó el siguiente saludo, que en este mes de abril, mes de la unidad, cobra nueva y emocional significación:
"En este amanecer de la Patria, iluminado otra vez por aquel sol de oro que no se ponía en todas las tierras universas de España, levantemos primero, en vuestro homenaje, nuestro brazo robusto y nuestro corazón de aragoneses.
Sois los mismos de ayer, con la misma sangre eterna de caballeros, de soldados y de héroes que os pusieron en las venas vuestros padres, los invencibles guerreros de Dios, la Patria y el Rey.
Y ahora, en estos días que se salen de la historia ruin, sucia y materialista de nuestro siglo XX, en estos días ungidos religiosamente de tradición, de hidalguía y de valentía, volvéis a la lucha con la mirada segura, el corazón generoso y el brazo vigilante, bajo la gracia y la ira gentil de vuestra boina sagrada. ¡Requetés, Presentes! Os saluda la Falange de las JONS!
¡Con vosotros en la lucha, hacia la Victoria!"
Al poco tiempo, un periódico extranjero, "La Croix", interrogaba a José Luis Zamanillo, uno de los carlistas más representativos por la autoridad de su jefatura nacional y por sus incontables sacrificios, sobre cuáles habían sido las condiciones que habían impuesto los requetés para su participación en el Alzamiento:
"Ninguna —dijo—. Su único deseo y su único programa es salvar a España. Eso es lo que ha hecho posible la unión con las otras organizaciones que colaboran en el Movimiento Nacional... Particularmente con Falange estamos unidos por una serie de coincidencias de ideal; por ejemplo, la lucha contra el parlamentarismo y el liberalismo".
Pero falangistas y carlistas no eran solamente hombres de lucha, sino españoles que se dejaban matar por sus ideas, y el ideal era el verdadero aglutinante. Si en su actitud había un señorío natural, en su doctrina alentaba un fondo común.
Pronto trascendió el fenómeno a la esfera de los pensadores, de los intelectuales. Y hubo un Catedrático de Salamanca, don Wenceslao González Oliveros, que lanzó en 1936 el grito de alarma para que la unidad fuese más estrecha y orgánica después del triunfo. Dedicó a ello su libro "Falange y Requeté orgánicamente solidarios". Era un libro de combate, con afirmaciones valientes en cuanto a los hombres y certeras en cuanto a las ideologías. Insertó en la portada un símbolo fusionado de los emblemas de ambas fuerzas y apremió en dos subtítulos la perentoriedad de la unión orgánica:
"Para no perder la Paz, para no frustrar la Victoria."
Tras de estudiar los nexos de ambas organizaciones representados en la tradición imperial hispánica, el sentido religioso, la concepción nacional del Estado, el afán mutuo de españolizar España y el inequívoco antiliberalismo de ambas fuerzas, insertaba una frase, sencillamente estupenda:
"El condominio ideológico de Falange y el Requeté constituye un ciclo absoluto de cultura."
Requetés y falangistas no eran simples compañeros de armas, aliados de trinchera, sino depositarios de un patrimonio cultural que es de todos los españoles. Nunca será suficiente el estudio que los partícipes del proindiviso ideológico hagamos de nuestro fondo espiritual.
A ello tiende este ensayo: "La Tradición en José Antonio y el Sindicalismo en Mella", síntesis que se ofrece como una antorcha del nuevo horizonte español. Tiende a demostrar la unidad de pensamiento — dentro de una riqueza de matices— de los dos grupos políticos que cargaron con el pesado esfuerzo de España en la guerra y en la paz, en ese ciclo absoluto de cultura, que revela la existencia de un "Tanto Monta" doctrinal en el pensamiento de las dos fuerzas políticas del 18 de Julio.
II. TRADICIÓN.
2. LA TRADICIÓN, EN JOSÉ ANTONIO
Abril, que nos trajo hace veintitrés años una nueva primavera política, es el mes de la unidad de la victoria y de la victoria de la unidad. Incita a calar en la entraña de la solidaridad española para enfrentarnos valientemente con la cuestión de si aquella unidad nació con una duración limitada al período de la contienda, o es un bien raíz, con hondura de coincidencias fundamentales y de ensamblajes permanentes; de si el maridaje de las ideas, fundidas a temperatura bélica, fue un matrimonio de conveniencia o una auténtica unión sacral de las que no admiten el divorcio.
El centenario de Vázquez de Mella nos ha deparado la ocasión de redescubrir su credo social y sindicalista. El cuarto de centenario de la muerte de José Antonio, correlativamente, la oportunidad de escrutar su hondo sentido tradicional. El parangón de ambas doctrinas proporciona bastantes gratas sorpresas; José Antonio murió sólo ocho años después que Mella. Son figuras cercanas entre sí y respecto a nosotros, en el tiempo. ¿Están próximas también en el ideario?
Veámoslo. Tan pronto se "alzó la bandera" en el teatro de la Comedia, Víctor Pradera, "discípulo de Mella", como él gustaba llamarse, tremoló otra bandera fraterna, dotada de solera, aunque joven siempre, y estableció la semejanza de ambas en cuanto a ideario, estructuras orgánicas y hasta estilo.
Hoy, que al cabo de los años gozamos de suficiente perspectiva, las vemos flamear aún, como fieles centinelas ágiles, cruzadas de símbolos —aspas y flechas que tienen prosapia de siglos— junto a la inmortal bandera de la Patria. Es éste un hecho que deja su marcada huella sociológica. El transcurso del tiempo, que sirve para probar el punto de madurez de las instituciones, nos pone delante de los ojos la realidad de que las dos banderas siguen juntas, clavadas con firmeza, y que la alianza no ha sido flor de un día.
Mas no sería político detenerse en la superficie de las cosas, sin descender al fondo. Tomemos un concepto clave: el de Tradición. Y una exploración de profundidad en ambas ideologías acredita la deseada convergencia.
José Antonio postulaba un concepto exacto de la Tradición: en su prosa, de corte clásico y formulación sobria, puede leerse una definición perfecta:
"La tradición no es un estado, es un proceso."
Esta expresión, concisa en los términos, vasta en la idea, recuerda las de los grandes maestros carlistas, para los cuales la Tradición es:
"Herencia a beneficio de inventario" (Aparisi);
"un todo sucesivo" (Mella);
"la continuidad misma de la vida social" (Enrique Gil Robles);
"el pasado que sobrevive para hacerse futuro" (Pradera).
La moderna literatura ibérica está esmaltada de frases antológicas sobre la Tradición:
"La Tradición es soplo de vida", según Cavestany;
"vida del pueblo, no arqueología del pueblo" (Teófilo Braga);
"sustancia del presente" (Unamuno);
"transmisión del estilo" (García Morente);
"lección de las edades y memoria de los pueblos" (Manuel Machado);
"un vivo fluir ininterrumpido" (Leopoldo Panero).
Finalmente, veamos los juicios de Eugenio d'Ors: "lo que no es tradición, es plagio", y
Menéndez Pidal: "La tradicionalidad es la única manera de vivir con personalidad fuerte."
Magníficas definiciones todas. Pero es muy sugestiva la de José Antonio porque solamente en dos palabras —"como si fuera un estado y no un proceso"— muestra lo que no es y lo que es la Tradición: no es la estática, sino la dinámica, el desenvolvimiento de ese proceso peculiar de todos los seres que viven y se desarrollan en el tiempo.
La Tradición es innovación y evolución —¡que nadie se alarme!— porque lo mismo pensaba Mella en el siguiente pasaje:
"La Tradición es semejante al organismo humano, que está regido por la ley de renovación constante..., pero permaneciendo el alma espiritual, revelada por la perpetuidad del recuerdo y la unidad de la conciencia."
José Antonio pulió sus ideas acerca del tema en otros ensayos. En su intervención parlamentaria de 3 de julio de 1934 ya había exaltado "la vena de un sentido tradicional profundo", de "un tuétano tradicional español que tal vez" no resida donde piensan muchos y que es necesario a toda costa rejuvenecer".
Con ocasión de su discurso en el cine Madrid, el 19 de mayo de 1935, defendió la necesidad de "empalmar con la España exacta, difícil y eterna, que esconde la vena de la verdadera tradición española".
La Tradición no muere porque está ínsita en la España imperecedera. En la alocución al pueblo de Quintanar del Rey, de 29 de septiembre de 1935, el Fundador de Falange se declaró divorciado de las izquierdas, porque
"las izquierdas rompen con la Tradición de España y con el orgullo de haberla servido como la sirvieron nuestros antepasados".
Cuando la Tradición se "vierte" hacia la política, se "convierte" en tradicionalismo. También José Antonio valoró exactamente el credo tradicionalista. En la sesión necrológica que las Cortes dedicaron, en 9 de noviembre de 1934, al ingeniero y diputado tradicionalista Marcelino Oreja Elósegui, protomártir de octubre, José Antonio, como hemos recordado, describía así su ideario:
"Un ideal de los más hondos, de los más completos y de los más difíciles."
La tradición es un proceso, un proceso de perfectibilidad. Cada una de sus fases tiene relación íntima con la anterior y origina no un inmovilismo, sino al revés, un autodesenvolvimiento del ser político, un tránsito hacia nuevas formas, regido por un impulso creciente de estructurabilidad.
La ciencia misma es tradición, decía por aquellas calendas un filósofo paradójico e inconformista, en muchos aspectos. Y es verdad. Hasta en el progreso técnico el invento de hoy es consecuencia de las investigaciones del ayer y será antecedente de los prodigios del mañana. Pero los fenómenos del proceso se coordinan por leyes que no cambian y relaciones inderogables. La metamorfosis social no se produce a saltos, ni con destrucción de los precedentes, porque tal desintegración equivaldría a la muerte.
José Antonio percibió este claro sentido dinámico, esta energética evolutiva de la Tradición, que permite a ésta vencer y superar a los tres fragmentos del tiempo: ayer, hoy y mañana. El tiempo pasa y se va.
La Tradición no es el pasado, es precisamente lo que no pasa y se queda, se desenvuelve, palpitante siempre, y se transmite.
La Tradición es una fluencia viva, en tanto que el tiempo es una fluencia hacia la muerte.
La Tradición expulsa lo caduco, es la hilandera de la existencia, siempre al servicio de la posteridad, en un misterioso papel de transmisión de valores y continuidad vital que ninguna parca consigue cortar. Imagen de la eternidad en el tiempo la consideró Vasconcelos, el filósofo "cósmico". Proceso y no estado, José Antonio.
He aquí, en un punto clave, la conformidad absoluta de "las dos banderas".
3. LA TRADICIÓN PARA JOSÉ ANTONIO, SUSTANCIA Y NO REMEDO.
La oportuna y valiosa aclaración de Julián Pemartín ha completado el pensamiento de José Antonio sobre la tradición que esbocé en precedente estudio. Una vez salvado el quiebro de la errata resulta claro que José Antonio concibe a la Tradición,
"no como remedo, sino como sustancia; no con ánimo de copia, sino con ánimo de adivinación",
invitándonos a considerarla norma y brújula de quehaceres actuales y no mera imitación de los hechos de nuestros antepasados.
Así es: Tradición no quiere decir mimetismo. Por el contrario, es originalidad, y para ser original en el cumplimiento de un destino es preciso acudir al origen, al borbotón de agua pura de la primera fuente.
Sólo es tradicional el que, con arreglo a unos cánones eternos, innova, crea, aporta y mejora. Y es más tradicionalista quien más acrecienta y más entrega a la comunidad, según Mella. Por ejemplo, el pintor que se limite a copiar un cuadro clásico no puede ser llamado pintor tradicional, ni siquiera merece el nombre de artista.
Ortega y Gasset, repetidor incansable de aquel pensamiento suyo favorito que dice: "La estructura de la vida como futurición ha sido el "leit motiv" de mis escritos", hubo de reconocer la sencilla verdad de que la tradición no es plagio o remedo, confesando que
"romper la continuidad con el pasado es querer comenzar de nuevo, es descender y plagiar al orangután".
Este, como el resto de los animales, no inventa porque no conserva nada en la memoria, y repite invariable su instintiva monada. De aquí que quien desecha la tradición, continuidad del progreso social, pierde la capacidad creadora y adquiere la facilidad de plagio de los simios. José Antonio nos previene con su afortunada discriminación que desconfiemos de las imitaciones y no plagiemos al imitador por excelencia: al mono. Como escribió Benavente: "¡Qué monótono es el hombre-mono!"
Los remedos que pugnan con el concepto de tradición son de muchas clases: la imitación multitudinaria (la efímera moda social, la vulgaridad política), el mimetismo doctrinario vergonzante (escamoteo ideológico de muchos plagiarios políticos), la imitación servil de las ideas extrañas (extranjeriza-ción), el calco de ciertas formas de vida de los propios antepasados (anacronismo) o de métodos y tácticas trasnochados (rutina histórica).
Fijémonos en dos de estos plagios antitradicionales. Evadirse de la cultura nacional para adoptar fórmulas exóticas es un género de servidumbre intelectual, es una rendición al espíritu ajeno —una enajenación del alma —, es reconocer untriste complejo de inferioridad y adoptar, de paso, una pésima receta. Los sistemas políticos traídos con permiso de importación, por muy buenos que sean en su país de origen, no se aclimatan nunca en estas tierras del sol de mediodía. Además, como observaba Mella, "las mercancías que vienen de lejos pierden mucho con el transporte".
Cuando un pueblo se entrega al remedo, la unidad de su ser se tambalea. Precisamente la unidad es la continuidad en el espacio, como la continuidad es la unidad en el tiempo. Ambas son las coordenadas de la vida política que suministra la Tradición. Y si salir fuera de nuestro espacio, al mercado exterior, a comprar "novedades" o simplemente a copiar en deslumbrantes exposiciones maquetas exóticas equivale a desunirnos, enfocar nuestro pantógrafo hacia el calco de paisajes del ayer es descoyuntar también la tradición por la vía del plagio.
José Antonio rechazó explícitamente todo mimetismo y el remedo preterítista, con insistencia. Los muertos ejemplifican, pero no son oráculos del quietismo, sino todo lo contrario; tienen valor de guías para los vivos, pero no "por ser vos quien sois", sino solamente en cuanto se entregaron a ideas y misiones que el orden natural, la Revelación y la razón humana nos dicen muy alto y muy claro que permanecerán siempre vigentes. Lo que no muere en los muertos son los altos principios, el ejemplo y el estilo.
Tras de exponer José Antonio lo que no es la tradición — remedo—, precisa lo que es: sustancia; esto es, filosóficamente, algo que está destinado a existir en sí, a subsistir. Con ello confiere a la tradición una mística de supervivencia, una clara intención de futuro y, aun empleada la palabra sustancia en sentido vulgar, da a la tradición la enjundia de un artículo popular de primera necesidad. Las tradiciones serán así las "subsistencias" del organismo político, y la Tradición el jugo nutricio, la savia secularmente renovada, la médula de las mismas vértebras patrias.
Unamuno, en uno de sus buenos momentos, había escrito también:
"La tradición vive en el fondo del presente: en su sustancia. La tradición es la sustancia de la historia. La historia es la forma de la Tradición como el tiempo lo es de la eternidad".
La tradición es sustancia de naturaleza racional, alma colectiva. Alma informante, para Mella; alma subsistente, para José Antonio. En ambas matizaciones, espíritu que dota a los pueblos de las tres facultades nobles que determinan la completa actividad psicológica:
la memoria, que se corresponde al pasado;
la atención, al presente, y la
previsión, al futuro.
Ideólogos maurrasianos han creído que perder la tradición es solamente caer en amnesia, como si aquélla fuera sólo pasado, memoria, grabación de impresiones pretéritas. Este es un concepto muy deficitario para José Antonio, que al concebir la tradición "con ánimo de adivinación" como luz del futuro o previsión, le superó, identificándose plenamente con la escuela tradicionalista española, que siempre pensó que la Tradición es irreversible y no conoce la marcha atrásni la actitud cangrejil.
Una bella muestra: Hace cincuenta y tres años, un pensador tradicionalista, heredero de Mella y Pradera, Esteban Bilbao, sintetizaba así esta fecunda idea:
"La tradición no es una fuerza de retroceso, sino la maravillosa convivencia de todos los tiempos de la historia: el pasado, el presente y el porvenir, con vitalidad tan poderosa que tiene el empuje de todos los siglos pasados y la atracción de todos los siglos venideros".
Con la atinada observación de Pemartín, el concepto de José Antonio queda nítido e impecable: proceso y no estado, sustancia y no remedo, con ánimo de adivinación de rumbos, eso es la Tradición, síntesis que asocia el saber de la vejez y el poder de la juventud.
III. SINDICALISMO.
1. EL SINDICALISMO EN MELLA.
El I Congreso Sindical convocado en la capital de España coincidió con el aniversario de la muerte y con el año centenario del nacimiento de un gran sindicalista español: Juan Vázquez de Mella.
¿Vázquez de Mella sindicalista?
Se le conoce como el más destacado precursor español de la Encíclica "Rerum Novarum". Ha llamado poderosamente la atención de los sociólogos, desde Severino Aznar al padre García Nieto, en los aspectos del pensamiento y la polémica social.
Su espléndida concepción sociedalista está contenida en cientos de artículos y discursos y no sólo en los consabidos tomos XXIV y XXV de sus Obras Completas.
"Esquemáticamente el Sociedalismo afirmaba que:
1. Que el poder reside en el grupo, no en el individuo.
2. Que la autoridad supone conceptualmente y de hecho una distinción entre quien manda (gobierno, sujeto activo) y quien obedece (pueblo, sujeto pasivo); y que es filosóficamente falsa la pretensión pactista de identificar soberano-súbdito, a través del sufragio. La propia entidad de la autoridad y el cumplimiento del fin para el que nace, exigen para aquella una íntima facultad independiente de la voluntad del grupo (legitimidad).
3. Que el poder procede de Dios, como depositario de la naturaleza de la cosa, la asociación, para que su finalidad sea posible. Si le priváramos de este superior origen no habría manera de resolver el conflicto nacido de la innata igualdad entre los hombres; la autoridad sería el resultado de una mera fuerza, personal o de facción (mayoritaria o no), no a la ascendencia moral, que es su esencia. La autoridad vendría a ser así, contraria a la dignidad humana.
4. El poder, no es substancialmente de la distinta naturaleza en las sociedades inferiores y en el Estado.
La soberanía social corresponde a la que representan las asociaciones inferiores al estado, o cuerpos intermedios(entre aquel y la persona) de carácter institucional o territorial, que gozan de un derecho propio (autarquía o fuero) para la realización de sus fines privados, a los que es ajeno y no puede inmiscuirse el Estado. El poder político tiene una esfera de actuación específica: en este orden, solo puede dirigir o suplir, nunca sustituir (subsidiariedad).
En esta concepción de la soberanía social es en donde encuentra su fundamento la libertad personal y la participación del ciudadano en la cosa pública, preocupación general de todos y no en exclusividad del gobierno.
Los derechos personales solo pueden ser ejercitados con efectividad a través de las asociaciones para cuya realización se agrupa espontáneamente el hombre (matrimonio y paternidad, por la familia; residencia, por el municipio; trabajo, por el sindicato; cultura, por las asociaciones; religioso, por la Iglesia; etc.). Y de aquí, que solo el respeto por parte del Estado a aquellas asociaciones, el reconocimiento de su autarquía, constituye la verdadera garantía de libertad."
Pero alguien le ha regateado la parcela de la acción social, afirmando que no traspasó las fronteras especulativas, y, sobre todo, que no se asomó demasiado al balcón sindical. Y eso no es exacto.
Excelente observador de la realidad, certero en el diagnóstico, valiente en la aplicación de las terapéuticas más enérgicas, si eran necesarias, Vázquez de Mella bajó a la arena activa en todas las cruentas luchas sociales de fin y principios de siglo y madrugó en la profesión de fe sindicalista, al repetir: "Somos partidarios de la sindicación".
Ya en 1897 había colaborado en el Acta de Loredán —cuajada de problemática social— insertando las más atrevidas soluciones modernas, y entre ellas, "el Sindicato, la Cooperación, los Pósitos y Cajas Rurales". Y en 1909 trabajó en Frohsdorf en la fundación de un sindicato, para lo que pidió a Severino Aznar que le mandase "mapas del desarrollo de los Sindicatos..., folletos sobre Sindicatos".
Su brillante síntesis sociedalista, aparte de reconocerse por las airosas tracerías de una esbelta arquitectura, ofrece el espectáculo vital de la sociedad organizada, la fisonomía del cuerpo social y al mismo tiempo la visión radiográfica y dinámica de las estructuras. Su distinción fundamental entre la soberanía política y la soberanía social otorga ejecutoria de nobleza a las agrupaciones intermedias, dotándolas de personalidad y proclamando su autarquía, en la esfera de sus fines propios e inmediatos, buscando un orden y un equilibrio estable entre ambas soberanías.
El verbo de Mella restalló largos años a diestro y siniestro.
Rechazó, en primer lugar, el conservatismo de su tiempo, amigo de poner diques al torrente de lo social con abstenciones y vedas. Demostró la inanidad de aquella colección de reliquias doctrinarias de museo, conservadas entre naftalina, lejos de los aires campesinos y de las entrañas populares, con símbolos que se trocaban en palabras vacías y en ideas sin potencialidad. Denunció la miopía de las clases rectoras y atronó los oídos de aquellos poderes he-mipléjicos a quienes acusaba de "jugar a derechas e izquierdas todos los días", deplorando que "al sindicalismo revolucionario de abajo corresponda un sindicato de ciegos arriba".
En segundo término, atacó con agilidad de gladiador al sindicalismo revolucionario marxista, "orden siniestro del ejército del desorden", instrumento de dominación
"donde el trabajador pierde la libertad y gime bajo una tiranía anónima, enorme dictadura que manda y juzga sin apelación, que cobra y administra sin inspección, que ordena huelgas cuando quiere y las suprime cuando le da la gana".
El genial pensador postulaba un sindicalismo auténtico, proselitista y atrayente, no un mero antibiótico del germen comunista:
"El sindicalismo —decía— es más lógico y radical que el colectivismo, lucha con él y le vence y absorbe, como el colectivismo venció al socialismo individualista que le había dado las premisas, deduciendo sus consecuencias".
Un sindicalismo de inspiración cristiana, "porque nada puede hacerse en materia social sin la cruz o contra la cruz". Un sindicalismo jerárquico "con una jerarquía formada por una lazada de deberes, intereses y amores", porque así se salva la dignidad del hombre en el seno de la asociación. Pensando en el ayer histórico del corporativismo, presentía Mella un mañana de plenitud con "nuevos Sindicatos, libres de toda traba, para agrupar en una vasta jerarquía fuerzas que hoy gravitan hacia el comunismo y el anarquismo".
Es más, las ideas de jerarquía y sindicación llevaban a Mella a infundir en lo sindical los postulados federativos, no para que el Estado sea sustituido "por el triunfo de la federación", estribillo ya caduco en los tiempos del insigne tribuno, sino para restablecer la armonía entre ambos.
¡Sindicato y Estado! ¡He aquí la cuestión! Mella la resuelve estableciendo una verdadera identidad sustancial entre Sindicato y corporación —términos muy contrapuestos en otras latitudes— y precisando la concepción del Estado corporativo.
Por eso entendía la sindicación
"como la forma corporativa en que las asociaciones cristianas organizan sus fuerzas sociales, motivadas por una unidad moral que las abraza a todas".
El término corporativismo, en política, posee corto alcance. Decir, a secas, "Estado corporativo" es sobrevalorar uno de los aspectos de la organización social y minimizar el papel de los demás órganos, tanto como si se dijera "Estado familiar", "Estado municipal", etc. En la misma línea matizaría José Antonio, con garbo, que el Estado corporativo es un buñuelo de viento, revelando una vez más las sustanciales coincidencias de ambos pensadores.
En las Obras Completas de Mella hay un epígrafe muy actual y sugestivo:
"El Sindicato integral. Su apremiante necesidad".
También este punto es reflejo de su teoría del trabajo integral, que es la fecunda actividad de todo el mundo laboral: capitalistas, directores, técnicos, obreros especializados y sin calificar...
En fin: En la mente de Mella el Sindicato no es un simple procedimiento de apremio para conseguir la efectividad de los derechos, ni una mera función intestinal, ni una oficina de elaboración de precios: Es una estructura que responde a necesidades sociales y a fenómenos económicos permanentes, y, por lo mismo, connatural al hombre que vive en comunidad, con la unidad necesaria como idea ejemplar, la libertad como medio, el bien común como fin y la eficacia como meta.
El sindicalismo español tiene originalidad y solera. Como lo está demostrando por la madurez de su diálogo.
2. VÁZQUEZ DE MELLA VIVE.
A los ciento un años de su nacimiento y treinta y cuatro de su muerte, Juan Vázquez de Mella permanece vivo en la mente de los españoles. No es el creador de la doctrina tradicionalista, ni su último expositor. Es el autor de sus grandes síntesis. Recibió y ordenó el caudaloso torrente de ideas, que, procediendo de más remotas fuentes, brota en el cardenal Inguanzo, en Alvarado, Mataflorida, Eróles, Donoso, Balmes, Morales, La Hoz, Vildósola, Tejado, Aparisi, Herrero y Navarro Villoslada, y se continúa después con una serie de fecundos pensadores, sin solución de continuidad, hasta nuestros días.
Sin embargo, Mella es el eslabón de diamante de esa cadena, el extraordinario heraldo de un mensaje cristiano y español, patriótico y social, cuyo secreto está en que, como dijo Pradera, supo hacer suya y emplear a fondo esa herramienta popular maravillosa que es la Tradición, que con tan potente amplificador encontró un eco sostenido entre multitudes incontables, digno auditorio para su singular valía.
Por eso Mella es inmortal. Los verdaderos "inmortales" son esos pocos sembradores de idearios inteligibles para el gran público, que dejan hondos surcos en la memoria de las gentes y predican no cualquier novedad, sino una buena nueva que hace vibrar a distancia, incluso a quienes no pudieron oírles en vida.
Este es el caso. A Mella, en 1962, no se le evoca, se le sigue por intelectuales y pueblo. Dor minorías y masas. No puede extrañarnos que hombres que le conocieron retengan aún sus cálidos ecos. Lo estupendo es que obreros o universitarios nacidos mucho después de su muerte le lean, mediten y hasta reciten con espontaneidad y emoción pasajes de sus discursos, como sucedió hace unos meses en determinado acto cultural.
¿Quién vibra hoy ante un discurso de Castelar o una frase de Romero Robledo? Como observaba García Sanchiz, ¿qué trozo de los debates parlamentarios en que fue glorificado Maura se ha exhumado y reeditado?
Por contraste, a Mella se le exalta en el centenario de su nacimiento por todo un pueblo y su vigencia se manifiesta en la cultura hispánica. No basta para explicar el fenómeno su sustanciosa oratoria, ni la perfección de su forma, ni sus impares dotes. A Mella se le valora, más que por sí mismo, por sus ideas y ejecutoria. ¿Qué faceta de tal personalidad, qué cara de ese diamante deslumbrador es superior ai la otra?
Polígrafo y orador universal y también hombre de acción, brilló como filósofo, jurista, poeta, historiador, sociólogo, académico, periodista, maestro de oradores, precursor de encíclicas, sindicalista, conspirador carlista y "Verbo de Tradición", como le apellidó el pueblo, pudiendo hacer suya la frase de Leibnitz: "Me gusta la variedad, pero reducida a la unidad".
Nació en Cangas de Onís, en la entraña de las Asturias de Oviedo, y era oriundo de Galicia. La casa solariega de Mella radica en Arzúa, tierra de la que salieron muchos de sus antepasados tras las banderas tremolantes de los Reyes de León y de Castilla. Tenía sangre de la estirpe de aquel recio cardenal de Sigüenza, Juan de Mella, que brilló en tiempos de Juan II, y de caballeros de Santiago y guardias marinas. Su propio padre era militar, como el de José Antonio. Un ejemplo más que revela cómo en los hogares de los hombres de armas de España se han forjado siempre descendientes que han honrado a la Patria como juristas rectos o políticos de altura.
Vida austera la de Mella. En cierta coyuntura se le dijo por un político de la situación que su mejor discurso era la modestia de su casa y de su vida. Obsérvese el espíritu ascético que ello supone en un hombre que poseía en la magia de su palabra todas las escalas sociales del triunfo personal.
Su noble linaje corría pareja con sus obras. A propósito de nobleza, he investigado una desconocida referencia a su rango aristocrático. Aquel gran valedor de todas las clases sociales, particularmente de las humildes, que fue amortajado con el hábito de San Francisco, había sido creado conde de Monterroso por Carlos VII, que así destacó la valía de la empresa propagandística del tribuno, conquistador triunfal de todos los públicos de España. Don Juan jamás usó tal título, ni llevó en sus famosas campañas otra corona que la boina roja, ese tocado del cual dijo un poeta que "permitía mirar de frente con la cabeza cubierta", esa prenda que flamea y late como si cada español que la lleva se hubiese puesto por montera el corazón, yelmo de guerreros en Zumalacárregui, halo de santos en sor Joaquina Vedruna, y corona de Monarcas en Carlos VII y que hoy se honra ciñendo la noble frente del Caudillo de España.
Mella fue un magnífico producto de la estirpe hispánica, al que descifra con una anticipación de cinco siglos el escudo de su casa solar. He aquí la simbología, verdaderamente profética: Sobre la campiña del blasón, un águila volante y gigantesca "con el pico de oro" cruzada por tres fajas de sinople y festoneando el escudo "ocho leones rojos". Aun sin excedernos en la imaginación, parece como si el fundador de la casa de Mella, al adoptar el emblema, hubiera querido simbolizar las hazañas intelectuales de su famoso y remoto descendiente. Porque Mella es, en realidad, un águila caudal que señorea el cielo de la Patria, remontándose audaz hasta bañarse en los resplandores de la luz increada, rodeado de los ocho cachorros de león de las regiones todas de España que él supo subyugar con su palabra, volando contra el viento de los tiempos, y surcando la corriente de una época triste y desmantelada.
A un hombre así, cualquier cultura, clásica o moderna, le hubiera otorgado el mismo mote simbólico: Crisóstomos, "os aureum", boca de oro.
España le debía un homenaje. Fue la luz de España, fue el profeta de España, fue la voz de España. Ninguna palabra suya se perdió en el desierto. Gobernó "desde fuera". Los treinta tomos de sus Obras Completas, las diez mil páginas, los tres millones de I palabras recogidos en ellas son precisamente, después de tantas tempestades ocurridas en su vida y tras de su muerte, "lo que el viento no se llevó".
Sigamos meditando en este primer centenario en el nombre, en el hombre y en el credo de Mella. Y continuemos sus rumbos. Porque formuló los dogmas nacionales. Porque predijo no sólo los acontecimientos que se cumplieron, sino los remedios heroicos que se aplicaron. Porque libró a las madres españolas con el discurso de la Zarzuela del horror de ver a sus hijos convertidos en cipayos, proclamando y consiguiendo la neutralidad de España en una contienda indiferente.
Mella acertó en todo. Uno de sus famosos vaticinios fue el ver antes que nadie en la figura del Caudillo, nada menos que en 1927, al futuro capitán de España, como dijo en carta escrita al médico militar Herrer: