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Tema: Carrero Blanco: crónica de un asesinato anunciado y consentido

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  1. #1
    Martin Ant está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Carrero Blanco: crónica de un asesinato anunciado y consentido

    El libro titulado Operación Ogro, al que se hace referencia en el texto que se reproduce a continuación, se puede leer aquí: Operación Ogro (Julen Agirre, 1974).pdf.


    -------------------------------------

    Fuente: Terrorismo Internacional, Luis M. González Mata, Librería Editorial Argos, Barcelona, Mayo 1978, páginas 335 – 343.



    APÉNDICE

    PREGUNTAS SIN RESPUESTA. LAS CONTRADICCIONES DE LA ETA



    Si para mí –y espero que tras la lectura del presente libro también para el lector– la protección de que gozó el comando que mató a Carrero Blanco es evidente, una serie de contradicciones, de falsedades en las declaraciones de ETA enturbian su credibilidad hasta el punto de forzarnos a preguntar: ¿la Operación Ogro fue planeada y dirigida ab initio por el Estado Mayor de la ETA, o fue la obra exclusiva de un comando incontrolado y la organización se atribuyó a posteriori sus frutos?

    En posesión [1] de la mayor parte de los atestados y los interrogatorios efectuados en los locales de la DGS a los detenidos acusados de participar en el atentado contra Carrero Blanco, no he querido emplearlos para este análisis. Conociendo los métodos, el crédito que se les puede prestar es relativo.

    No obstante, con el fin de que algún día pueda escribirse la historia de forma correcta, estimo necesario poner de relieve las incoherencias que aparecen en los documentos provenientes de manera exclusiva de ETA y en las declaraciones «oficiales» de sus dirigentes.

    Quiero limitarme en este análisis al aspecto meramente técnico. No me ocuparé, por consiguiente, de las razones políticas en juego. Sólo que me resulta imposible pasar por alto mi desconcierto al leer en la página 19 del libro Operación Ogro:

    «Naturalmente lo que nosotros íbamos a pedir era la libertad de todos los presos políticos (vascos o no) con penas o peticiones fiscales superiores a diez años…».

    ¿Cómo entender esto? ¿Es que para la ETA sólo los condenados a penas superiores a diez años merecían ser liberados? ¿Es que los demás no valían la pena? ¿O se consideraban justas sus condenas?

    Pero vamos ya a algunos de los aspectos técnicos de la cuestión:


    a) Transporte de los explosivos

    La teoría enunciada en la página 105 de Operación Ogro, aparte de ser absolutamente errónea, viene más tarde contradicha por los propios autores:

    1) La función del detonador no consiste en originar calor, sino en provocar una deflagración potente.

    2) El transporte de cargas y detonadores en receptáculos separados no elimina los riesgos de accidente, ya que la explosión se puede comunicar por simpatía.

    3) Nada prueba que la colocación de varios detonadores juntos aumente la potencia de la explosión.

    4) Los detonadores «eléctricos y los normales» difieren únicamente en la manera de provocar la ignición del detonador (eléctrica o por mecha combustible).

    5) La principal característica del detonador estriba precisamente, al contrario que en la carga, en su posibilidad de detonar por ignición.


    b) Cantidades de explosivos y cargas

    1) El explosivo, ya pasado, había perdido la mitad de su eficacia (pág. 108).

    2) El explosivo recibido se elevaba a la cantidad de ochenta kilos (pág. 105). De ellos, sólo cincuenta eran de Goma 2. El resto pertenecía a otro tipo (pág. 106).

    3) En el gráfico que figura en la página 113, leemos: «Tres cargas explosivas de veinticinco kilos de Goma 2». «… meter una cantidad de explosivo» en el coche Morris 1300 (pág. 126).

    4) Tres cargas de dinamita de unos veinte kilos (página 106).

    O sea, de acuerdo con lo anterior, la carga introducida en el coche era no sabemos si de veinticinco o de veinte kilos. La diferencia no es pequeña. Pero es que, además, en la conferencia de prensa concedida por el comando en Francia el 28 de Diciembre de 1973 y cuya grabación se conserva en varias redacciones, se declaró: las tres cargas subterráneas eran de quince kilos; la ocultada en el Morris 1300, de veinticinco.

    Y en el documento exclusivo publicado en anexo a Operación Ogro y que, según ETA, procede de los archivos de la PIDE (hablaremos de él un poco más adelante), se afirma que la carga introducida en el coche era de nueve kilos.

    ¡Sin comentarios!


    c) El sistema de encendido

    1) «… tenía que ser un cable un poco grueso, para exterior […] compramos ciento cincuenta metros» (pág. 118).

    2) «… se hallaba sujeto a un cable eléctrico doble de 2,50 mm de sección» (pág. 167).

    3) «Las pilas eran de 1,5 voltios, pero unimos dos» (página 129).

    4) Cada vez que en el libro se habla de provocar la explosión se utiliza el verbo «apretar»: «apretaba» (pág. 107), «para apretar» (pág. 126), «cuando éste apretó» […], «habría apretado» […]. «Cuando apreté no vi nada» (pág. 133).

    5) «Dentro se unían los tres cordones detonadores, los tres cabos del cordón detonador y, en medio, se ponía un detonador eléctrico y para que hiciera más fuerza otros normales…» (pág. 107).

    En las últimas páginas dedicadas al terrorismo de Estado, escribimos: «El equipo de Robert había cumplido fielmente su misión. De no haber sido así, la Operación Ogro hubiera fracasado». La lectura de la descripción que los etarras hacen de sus preparativos permite sospechar que, o bien quienes hablan no los llevaron a cabo, o, si fueron ellos, no sabían por dónde se andaban. Efectivamente:

    1) Es fácil demostrar que la corriente producida por dos pilas de 1,5 voltios, con un doble conductor eléctrico de 2,5 mm de sección y varias decenas de metros de longitud (de 70 a 80, según las estimaciones), pierde en su recorrido la casi totalidad de su intensidad. Dicho de otra manera, si los detonadores necesitaban una intensidad de tres voltios (las pilas, según los etarras, estaban conectadas en serie) nunca recibirían tal intensidad a través de un conductor doble de 70 metros de longitud por 2,5 mm de sección.

    2) El empleo reiterado del verbo «apretar» indica, sin lugar a dudas, que el interruptor elegido para la ignición de los detonadores era de los llamados de presión (tipo timbre). La información queda invalidada por el documento publicado en el anexo del libro (pág. 167): «un interruptor normal de los empleados en las instalaciones domésticas». Esto es, un interruptor que hay que hacer girar para establecer el contacto.

    3) Colocar «en medio de los tres cabos (mecha eléctrica) del cordón detonador los detonadores» no es una técnica recomendable. Los detonadores deben ser introducidos en el interior de la carga.


    d) La galería

    1) «Comenzamos el túnel el 28 de Noviembre» (conferencia de prensa del 28 de Diciembre de 1973). «El trabajo comenzó el 7 de Diciembre» (pág. 95 de Operación Ogro).

    2) «Y queríamos dar las medidas exactas». «… compramos un metro» (pág. 102). «[…] unos cuarenta centímetros de alto» (pág. 96). «7,40 x 6,40 x 0,6 metros» (gráfico de la pág. 112). «Una galería de 6 metros con una sección rectangular de 0,8 metros por 0,6 metros de alta» (pág. 166). «El túnel tenía cuarenta centímetros de anchura y otros tantos de altura» (conferencia de prensa del 28 de Diciembre).

    Puede que los etarras se hayan comprado un metro, pero es obvio que no sabían usarlo. Cada vez que se habla de la galería o túnel se dan unas medidas diferentes.


    e) Boletín informativo 7/74

    Los autores del relato de Operación Ogro se apoyan como principal documento en un boletín informativo que, según afirman, fue redactado por los servicios españoles de policía en Bilbao –¿por qué en Bilbao?– «a la intención de la PIDE (policía política portuguesa» (sic).

    En las páginas 95 y 96 de Operación Ogro puede leerse: «El borde de la ventana marcaba el nivel del suelo de la calle […] un metro setenta o así de profundidad. Empezamos a picar a ras del suelo […] pero luego tuvimos que bajar».

    Debemos, pues, considerar que el túnel tenía una profundidad de metro y medio (o así) bajo el nivel de la calle. 1,70 metros menos 10 centímetros son 1,60 metros como nivel de la base inferior del túnel. Añadamos los 40 centímetros de altura indicados por los etarras y tengamos en cuenta que luego se tuvo que bajar…

    Ahora bien, el boletín informativo de la DGS a la PIDE dice en la página 164 del libro: «… un enorme socavón de unos 12 metros de diámetro y varios de profundidad…». Y más adelante, en la página 166: «… un cráter de forma elíptica, cuyos ejes superior e inferior son de 19 y 9 metros respectivamente, con una profundidad, apreciada en el centro, de 2,50 metros».

    Dejando aparte las enormes diferencias de apreciación respecto a las dimensiones del cráter, de esto se deduce que las cargas explosivas, además de hacer saltar en el aire un pesado coche blindado, lo que indica que la explosión tuvo un efecto ascendente, fueron capaces de hundir el terreno en una profundidad de un metro. «O así».

    En cuanto al documento en sí, «conseguido en los archivos secretos de la PIDE» y «redactado por la policía española a su intención», todo patentiza que se trata de una falsificación. Aun admitiendo el absurdo de un contacto directo entre la policía de Bilbao –pero, ¿por qué la de Bilbao?– y la PIDE, el boletín no presenta ninguna característica que lo identifique como oficial. La forma, redacción, espacios, fines de línea no corresponden en absoluto a los comunes en los servicios españoles. «Informe oficial», es decir, redactado por un especialista, presenta un sinfín de errores, términos no correctos, etc., que, al compararlos con los de cientos de documentos verdaderamente oficiales relacionados con el caso o con otros similares, demuestran que es obra de un aficionado no miembro de los servicios, desconocedor en absoluto de la terminología de la profesión. He aquí algunos ejemplos:

    1) «… por terroristas de ETA V Asamblea». Ni en ninguna de las notas informativas de la DGS ni en la prensa se hace ninguna alusión a la V Asamblea.

    2) «… su confluencia con la de Maldonado». La calle de Claudio Coello no confluye con la de Maldonado, sino que la cruza.

    3) «… lesiones de diversa consideración». En la jerga oficial, las lesiones se califican de pronósticos…, no de consideración.

    4) «… los del coche de escolta». Debiera ser los ocupantes del coche de escolta.

    5) «… cadáver… el señor Carrero Blanco». ¡Nada de Excelencia!

    6) «… cables de conducción eléctrica». Y no conductores eléctricos.

    7) «Para no errar el golpe…».

    8) «… una llave de la que venía provisto…».

    9) «… según aseveró el esposo…».

    10) «… material de artificios…».

    11) «… cable eléctrico doble», por conductor eléctrico bipolar.

    12) «… empalmado el sistema iniciador…».

    13) «… enlazadas en serie», en lugar de conectadas.

    14) «… sobre quicios de puertas…».

    15) «… escalera ligera», por escalera de mano o portátil.

    16) «… el encendido de la carga», cuando debiera decir la ignición de la carga.

    17) «… no se ha podido sacar en consecuencia el tipo de explosivo empleado…».

    18) «… consecuencias obtenidas», por conclusiones.

    19) «… se han obtenido las conclusiones siguientes», en lugar de «se ha llegado a…».

    20) «… al objeto de obtener una seguridad en los resultados…».

    21) «… con lo que se puede asegurar fue estudiada la circulación…».

    22) «Con fines exclusivamente orientativos, se precisan…».

    23) «… pilas como medio de dar fuego […] lo precario de dicho sistema…».

    24) «Lo habían colocado en forma de carga hueca…».

    25) «Análisis pertinentes…».

    Podría continuarse todavía. Pero, en resumen, nada, absolutamente nada, permite pensar que se trate de un documento oficial.


    f) El 1300

    En su conferencia de prensa del 28 de Diciembre, los etarras aseguraron que fue la ETA quien, «con el fin de evitar víctimas inocentes», denunció la presencia de explosivos en el maletero de dicho automóvil. Su matrícula, dijeron, comienza por un ocho y termina por otro. El dato fue facilitado como prueba… Una telefoto de la Agencia Internacional de Prensa, difundida el 21 de Diciembre, muestra un Austin 1300. El número de matrícula puede leerse perfectamente.

    Por otra parte, la foto pone de manifiesto una contradicción más en el relato de los etarras. En la página 135 de Operación Ogro se dice: «… Austin 1300 en doble fila. Servirá…» Y en el gráfico incluido en la misma página, a cuya leyenda pertenece el texto citado, aparece, en efecto, que el Austin fue colocado en doble fila al lado derecho de la calzada, en el sentido de la circulación. En la fotografía, así como en docenas de ellas sacadas después de la explosión, el Austin 1300 se encuentra al lado izquierdo del cráter causado por la explosión.


    Terminemos este anexo señalando que, según informe policial, el sello de la ETA que autentifica el comunicado número 1 de dicha organización y del que llegaron fotocopias a los distintos órganos de prensa, está realizado manualmente, es decir, mediante letras adhesivas y no, como podría creerse, mediante un normal sello de caucho.

    Quizá la ETA se resuelva algún día, por su propio bien, a aclarar estas y otras mil anomalías. En mi carta al Rey del 2 de Enero de 1977 (certificado de Correos número 915), escribía yo respecto a la Operación Ogro:

    «Si bien el problema de los extremismos (que sirven objetivamente intereses no nacionales) quedará reducido a su mínima expresión gracias al juego democrático de todas las fuerzas nacionales, la existencia de detenidos y condenados por razones políticas, al contrario, merece una rápida y personal intervención de V. M.

    »Sería paradójico, Majestad, que, mientras que aquéllos que utilizaron o manipularon ciertas organizaciones antifranquistas (sin que tal utilización significara complicidad consciente y voluntaria por su parte) gozan de la más absoluta impunidad, sus instrumentos sean mantenidos en prisión.

    »Esperando el momento en que los comanditarios y beneficiarios del terrorismo sean eliminados de la escena nacional, una medida real debería poner fin a las detenciones de todos los presos políticos, sin excepción, de manera que puedan participar activamente en la democratización de su país.

    »Especialmente, Majestad, un grupo numeroso (militantes, simpatizantes o amigos) de ETA permanece en prisión (o en exilio) acusados de participación en los atentados de las calles Claudio Coello y del Correo.

    »Detenidos y acusados, Majestad, cuya culpabilidad relativa (insisto sobre la relatividad de su culpa) sólo podría establecerse en seis únicos casos. El resto, una simple consecuencia de la táctica “provocación-represión” utilizada durante decenios por el aparato franquista.

    »Sólo seis “culpables”… Culpables, Majestad, sobre todo de haber gozado de una impunidad que les hace, más que autores, instrumentos… ¿Y cómo poder castigar a los instrumentos y dejar impunes a aquéllos que, pese haber seguido paso a paso todas las etapas de preparación de los atentados y haber podido intervenir en todo momento, permitieron los trágicos sucesos?

    »Majestad, desde siempre las organizaciones extremistas han estado infiltradas y manipuladas por los servicios (¡y no sólo los servicios españoles!). En el caso concreto de ETA, en cada uno de los “períodos” sucesivos de escisión y transformación, varios agentes españoles (¡por no hablar más que de ellos!) se han encontrado siempre bien situados, a nivel de responsabilidad, para conocer y evitar, si se hubiera querido, la mayoría de los sucesos trágicos. Esta penetración, Majestad, explica las repetidas “desarticulaciones” de ETA, tras cada una de sus sucesivas reestructuraciones…

    »En los casos específicos a los que hago alusión, ¿cómo, Majestad, pretender castigar a aquéllos que, creyendo servir a España, sirvieron la causa de sus enemigos, los enemigos de la España que hoy deseamos construir?

    »¿Cómo, Majestad, mantenerlos en prisión y, al mismo tiempo, no castigar a aquéllos que, por razones menos patrióticas, permitieron las acciones que se pretende hoy castigar…?».





    [1]
    Los poseo de verdad, aunque por razones obvias no los guardo en Francia. Poseo también los referentes a la destrucción de la cafetería Rolando, en la calle del Correo, y otros varios en los cuales las contradicciones son todavía mayores. Todos ellos serán puestos a disposición de los organismos oficiales competentes tan pronto como se abra una verdadera investigación.

  2. #2
    Avatar de juan vergara
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    Re: Carrero Blanco: crónica de un asesinato anunciado y consentido

    Estimado Martín Ant; este tema esta tratado -y se vincula- con otro hilo del foro, bajo el titulo de: "Moscu acusa a la CIA del atentado de Carrero Blanco".
    Sería bueno que se viera la posibilidad de que estos aportes -que se agradecen- se agregaran a los otros, a fin de que quedaran todos juntos.
    Quizá esto lo pueda hacer Donoso.
    Cordiales saludos.
    Última edición por juan vergara; 27/12/2018 a las 19:51

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