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Tema: Declive y final del “Estado Novo” bajo Marcelo Caetano (1968-1974)

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    Declive y final del “Estado Novo” bajo Marcelo Caetano (1968-1974)

    Caetano llegó al poder en octubre de 1968, tras la enfermedad del prof. Oliveira Salazar, inolvidable estadista, en pleno acoso y conjura internacional contra el Régimen, atacado especialmente por la subversión terrorista en los territorios africanos.


    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 88, 14-Sep-1968

    OLIVEIRA SALAZAR, EJEMPLO DE ESTADISTAS

    El ilustre político portugués ha tenido que ser intervenido quirúrgicamente en el transcurso de la semana. Pese a su edad, el curso operatorio y la intervención en si han dado pie a unos boletines médicos altamente satisfactorios. Quien expresó en primer lugar sus deseos de un inmediato y completo restablecimiento, en nombre de todos los españoles, al gran hombre de Estado, fue el Generalísimo. FUERZA NUEVA, publicando el presente trabajo, subraya su actitud de admiración profunda a la figuras y obra de Oliveira Salazar.

    Hace ya más de cuarenta años. No ha habido descanso ni paréntesis. Ni siquiera ha encontrado en la política el pretexto para la deserción universitaria. Vocación enteriza, servicio, entrega total. Nunca la mala conciencia rasgó los velos de su personalidad y nunca la grandeza de su obra le ha inducido a ceder ante la soberbia. Quien ha conocido y tratado a ese gran estadista que es Antonio Oliveira Salazar tiene por el mayor privilegio haberle encontrado tan humilde como su aureola popular dice que es. Directo, franco siempre lúcido y prendido de aquellos problemas cuyo correcto planteamiento dicta las indispensables soluciones.

    “Nuestra patria es multirracial. Los colores no nos dividen, sino que nos juntan”. Palabras de Salazar que han dado la vuelta al mundo. Su mayor orgullo actual es, precisamente, la voluntad de permanecer en Angola. Porque esa presencia portuguesa en el África negra es el empecinamiento en un sentimiento nacional y misional “europeo e ibérico” del que sólo es posible apartarse cuando los pueblos dejan de creer en la superioridad de sus principios civilizadores.

    Con cabezonería heroica y tranquila, Salazar ha proclamado la naturaleza definitivamente portuguesa de las tierras de sus islas de Cabo Verde, de su Guinea, de su Mozambique y de su Angola. No importa la conjura internacional de la subversión que intenta legitimar el terrorismo desencadenándolo en aquellos lugares en que surge la resistencia a los falsos nacionalismos con la “bendición” del progresismo clerical. Esas nacionalidades postizas, nacidas de la ignorancia del futuro, entregadas inmediatamente al caos, volviendo luego implorantes, pero ya impotentes sus ojos a los blancos de quienes todo lo recibían, pidiendo socorro y auxilios que solo es lícito dispensar dentro de la unidad nacional.

    Salazar, el hombre que está dando al mundo apocado y temeroso ante la acción del terrorismo la lección de hacer saber y entender que Portugal es un país europeo “y de ultramar” por lo que puede permanecer indefinidamente en África, cumplirá pronto ochenta años. Habita en una casa de dos pisos, detrás del palacio de la Asamblea Nacional. Montan guardia dos soldados y el edificio está rodeado por un bello parque jardín. Salazar pasea habitualmente y reflexiona sus temas de profesor y de hombre público.

    Ha sentido como en carne propia las garras de un ambiente internacional contra Portugal, contra la grandeza portuguesa. “No vale que pretendan esconder su acción tras imputaciones personales de fascismo”. Salazar ha dirigido personalmente las líneas maestras de la actuación oficial ante el bandidaje en sus posesiones. Nunca, mientras he sido posible, se ha matado a un terrorista. Está Portugal en Portugal. Aquellas tierras lo son y no hay conciencia de estar de paso o por algún tiempo. Interesa recuperar al terrorista para la sociedad futura, reeducarlo y reinstalarlo junto a su familia con normalidad, libre de los tóxicos disolventes recibidos por inspiración marxista con la complacencia de la mala conciencia de las conciencias culpables.

    La acción portuguesa a fines del siglo XV, cuando el navegante Diego Cao recorrió el litoral de Angola, fue una acción valedera de una vez por todas. Fue una acción de la que surgió una integración civilizadora y esa acción entraña unas responsabilidades que no tienen caducidad posible. Caducan en la derrota o en la rendición y, aun así, no mueren.

    Salazar ha dicho que Angola es una de las últimas posibilidades de Europa.

    La conjura internacional ha hecho escribir el mismo día a periódicos de todos los continentes que Salazar es “fascista”, que Portugal “mantiene la esclavitud y masacra a los indígenas”. Pero la información internacional que ha acudido, en proporción mínima y nunca bien intencionada a percibir la realidad sobre el terreno, ha tenido que programar otras realidades bien diferentes.

    Salazar ha sido recibido hace poco con entusiasmo incontenible en aquellas tierras que ven acercarse juntos, portugueses blancos y negros, a los cristianos cuando desde el altar se les dispensa el sacramento eucarístico.

    Cuando los blancos de Angola oyen el latiguillo monótono de “África para los africanos” han aprendido antes a sentirse africanos, a sentirse portugueses de África y africanos de Portugal, han aprendido -porque han sido enseñados- a que nadie les confunda y a recordar que algunas de las familias llevan allí quinientos años.

    Luego de semejante estadía, ¿a qué blanco puede negarse el derecho a sentirse africano? Las bases morales de un orden social y cristiano están abiertas a que los seres se fundan y convivan. Cuando esos principios se adulteran es para que los seres se confundan y se maten.

    El estado mayor que pretende administrar los intereses y recursos negros viene dirigiendo el terrorismo y la subversión en África desde 1961. Las naciones saben quién preparó desde Congo-Leopoldville y desde Congo-Brazzaville, las matanzas angoleñas del año 1961.

    Salazar ha dicho: “Con dos y hasta con tres colores, lo mejor que puede hacerse es una bandera”.

    Estas líneas no valen ni cuentan como biográficas. El doctor Oliveira Salazar es hombre que rebosa con su vida el valor de uno de sus rasgos. Pero la actualidad del tema hace periodístico pensar y escribir acerca de su figura y su política en la dirección administrativa de Portugal, muy en relación con su lema de “realidad” ultramarina de la hermana nación.

    A veces, los gestos y los rasgos de los grandes hombres son difíciles de entender, como resultado de intoxicaciones masivas. El “anticolonialismo” a secas puede, como todo, ser puro tópico. Solo una Europa, quizá fatigado por haber llevado durante mucho tiempo el peso del mundo, claudicante, podía sentir vergüenza de sus gestas pasadas. Incluso en el interior de las iglesias en Portugal se han estado repartiendo y vendiendo publicaciones en las que, personalizando en Salazar, se acusaba a Portugal de “métodos fascistas”.

    Donde más se exacerba la presencia definitiva de Portugal es, sin duda, en Angola. Ello se comprenderá fácilmente pensando que Angola, dejando de mencionar el capítulo de sus riquezas, es por su dimensión física un cuadrilátero impresionante cuya superficie es tres veces la de España, con una modesta balconada litoral al Atlántico de 1.600 kilómetros.

    Se ha querido montar el “show” del racismo contra el blanco. Muchos intereses internacionales se han sentido halagados por la posibilidad de recortar las dimensiones físicas de Portugal-Portugal. Son los intereses políticos unos, económicos otros, de quienes desean resultar “contratistas” de las naciones resultantes para la riqueza o para la demagogia.

    Portugal, gracias a Salazar, ha obsequiado a la ONU con palabras tan aleccionadoras y dignas cómo estas: “Hubo un tiempo en el que ciertas normas de conducta calificaban a los Estados y que hasta cierto punto eran condiciones puestas a su normal presencia en la comunidad civilizada. Estaba permitido proporcionar asilo a los políticos en desgracia, pero estaba prohibido organizar bandas de guerrilleros para actuar en el territorio de otros pueblos, estaba prohibido elaborar campañas de difamación, estaba prohibido financiar la sublevación de colectividades pacíficas, estaba prohibido proporcionar armas, estaba prohibido preparar científicamente revolucionarios profesionales. Todo eso se hace hoy y se hace tan ostensiblemente como si con ello se sirvieran nobles causas. Pero es que se hace al mismo tiempo que se proclaman como principios sagrados la buena vecindad y la no intervención en los negocios internos de los demás países. Lo que ocurre, sencillamente, es que se abusa de la hipocresía y del cinismo. Y así es como desaparece de la sociedad internacional el mínimo indispensable de confianza mutua, precisa para la convivencia”.

    Quiera Dios conservar por muchos años todavía este ibero extraordinario, espejo de estadistas.



    Última edición por ALACRAN; 22/09/2021 a las 20:02
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

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