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Tema: El presidente Arias Navarro (1974-76), liquidador del Estado del 18 de Julio

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    El presidente Arias Navarro (1974-76), liquidador del Estado del 18 de Julio

    El mediocre presidente Arias, elegido sorpresivamente por Franco tras el asesinato de Carrero Blanco, pasaría a la Historia como pseudo-reformador o reformador frustrado del Régimen del 18 de Julio. Fue el último presidente de Franco y primero de Juan Carlos, sirviendo de nexo entre el acérrimo franquista (traducido: hombre de bien y de honor) Carrero Blanco y el decidido reformista (traducido: vulgar traidorzuelo) Adolfo Suárez. Así pues su categoría moral podría calificarse como intermedia entre ambos.

    Carlos Arias Navarro (1908-1989) dio, por acción y omisión, carpetazo al legado de Carrero Blanco (1974), bajo Franco y, definitivamente, al Régimen del 18 de Julio bajo Juan Carlos, liquidando el Movimiento y tolerando de facto la subversión izquierdista-separatista durante 1976 hasta que fue cesado. Pues, una vez comprobado que se anunciaban elecciones por sufragio universal, que el Movimiento agonizaba sin valedores, y que la subversión estaba cada vez más envalentonada, Juan Carlos lo tuvo fácil para que Suárez decididamente rematara la faena...

    Podríamos decir que Arias Navarro fue una bala de fogueo usada por Juan Carlos para calibrar las posibilidades de reforma del Régimen de Franco; si se encontrasen obstáculos o límites, disimularía y haría valer el franquismo de Arias Navarro; pero, caso de no darse mayores obstáculos (como sucedió) quitar de en medio a Arias y lanzarse a tumba abierta hacia la reforma radical (nombramiento de Suárez).
    Última edición por ALACRAN; 08/09/2019 a las 16:56
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  2. #2
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    Re: El presidente Arias Navarro (1974-76), liquidador del Estado del 18 de Julio

    Aquí, un resumen de la actuación del presidente Arias desde su nombramiento por Franco (Enero 1974), con su tímido discurso aperturista del “12 de Febrero” en las Cortes, hasta su decidido discurso “democratizador” en 28-enero-1976, dos años después, bajo Juan Carlos. Etapa de la que dificilísimamente se encuentra algo publicado, tras el velo de ignorancia, tópicos y calumnias sobre lo referente a esa época:


    Revista FUERZA NUEVA nº 474, 7- Feb- 1976


    “MÁS ESPÍRITUS

    Informe político entre el «12 de Febrero» y la última intervención del presidente Arias

    [1974]

    Casi tocando el mes de febrero de 1976 el presidente del Gobierno Carlos Arias Navarro, aparece de nuevo ante la opinión pública española, utilizando la tribuna legal, las Cortes. Son casi dos años exactos de aquel otro discurso del 12 de febrero de 1974, que marcó como una especie de baliza para el despegue de ciertos dogmas fundamentales del Régimen.

    Entonces, montando sobre cuatro potros sin doma (Asociaciones, Régimen Local, Incompatibilidades y reforma sindical), el lenguaje del presidente sonó disonante en las esferas leales al Estado del 18 de Julio, que de alguna manera veían una recalada dialéctica en los fundamentos ideológicos harto peligrosa.

    No obstante, no hay que olvidar que Carlos Arias Navarro llegaba a la presidencia del Consejo porque contaba con dos certezas a la hora de ser elegido: su historial político de servicio al Régimen de Franco y su credencial de carácter personal, ante quienes influyeron en la decisión del que fuera Jefe del Estado. No importó para ello que viniese de un cargo político anterior (la cartera de Gobernación) que se empañase ante el asesinato de don Luis Carrero Blanco; ni tampoco restó empuje a la determinación de Francisco Franco la pujanza dialéctica de una izquierda con memoria que no olvidaba su paso por la Dirección General de Seguridad en una época que no necesitaba leyes supletorias o adicionales para hacer entrar por el aro a la oposición, fuese del signo que fuese.

    A tope de inflación opositora

    Así las cosas, el presidente invocó, desde el primer instante de su gobierno, una política que había sufrido su primera contradicción en los elegidos para ese mismo gabinete. No hay que olvidar que don Luis Carrero Blanco era asesinado el mismo día que se juzgaba a los implicados en el proceso 1.001, aunque por grupos terroristas ajenos a las Comisiones Obreras. Es decir, la política española, en ese instante, estaba a tope de inflación opositora, suavizada paulatinamente a medida que ese primer Gobierno Arias aflojaba las bridas a aquellos cuatro potros sin doma.

    El ministro Pío Cabanillas Gallas puso en marcha, desde el espíritu de la barretina [abril, 1974] una especie de descorche ideológico que no atacase a la firmeza del cimiento, pero sí que interesase a la práctica política. El ministro sabía que con Franco en El Pardo las opciones de reforma constitucional serían siempre quiméricas, para lo cual ensayó los pasos sobre determinados aspectos de la información política nacional y el “destape” erótico-periodístico. Los periódicos diarios mostraban un talente permisivo, y los semanarios no se recataban en acariciar el lomo de otro potro que, aunque no estaba entre los folios del 12 de febrero, a partir de ese momento se uniría a la remonta.

    Entre El Pardo y Arias no hay sintonía

    Luis Apostua hacía el 4 de enero pasado [1976], una especie de repaso político de los dos años Arias. Identificaba el “gironazo” (1) y el “piñarazo” (2) como dos cuñas de «los dos más conspicuos representantes del “bunker”…, para evitar un más amplio movimiento reformista». No es exactamente así, ya que el móvil del primero no tocaba problemas políticos de base, sino de praxis, y siempre con los dos ojos puestos en Portugal y en su clavel reventado; el segundo, muy al contrario, era directo, anunciador y crítico (desde la fidelidad a las ideas) y exigente. El primero no combatía los presuntos excesos del 12 de febrero; analizaba, eso sí, una situación vecina –sin nombrarla- y alertaba a los responsables, principalmente a los que habían abandonado las garitas de la guardia. El segundo, por el contrario, criticaba constitucionalmente palabras y actitudes que habían dejado con estruendo la baliza de despegue desde el instante preciso del 12 de febrero de 1974. Es decir, la avería política quedaba localizada.

    Las emisoras extranjeras ven con agudeza el panorama. Y Radio Francia Internacional de París, medio del Estado francés, habla claramente de falta de sintonía entre El Pardo y Castellana, 3 [Presidencia del Gobierno]. El enfrentamiento de los ministros Cabanillas y Utrera Molina pone la estabilidad del gabinete al rojo vivo, y los coletazos llegan al Pardo. La primera paradoja se manifiesta en ese preciso momento, al verificarse una segunda inflación política promovida por la actitud –inconsecuente con la ley fundamental- del reponsable de la Información en España [ministro Cabanillas], que consume todas las posibilidades de apertura dentro de un Ministerio que nadie (de los leales al 18 de Julio) se imaginó nunca cómo pudo ser suyo desde el primer instante.

    Es notorio que Carlos Arias Navarro hacía escarceos para ahormar sus piezas, suavizando enconos. Pero también es verdad que la querella no se hacía personal, sino ideológica. Las informaciones extranjeras seguían hablando de un gabinete partido en dos, cuya solución iba a venir, una vez más, de manos de Francisco Franco en forma de cese [24- oct- 74]. Cabanillas se iba, casi a las puertas de un pleno del Consejo nacional que conmemoraba un aniversario más del discurso de La Comedia [José Antonio, 1933]. Y con dicho cese vendría una dimisión: la de Antonio Barrera de Irimo. Franco no se apura. Sabe sobradamente que cuenta con recursos para enderezar rumbos, y con lealtades al dogma, dentro y fuera de su Gobierno. Pero las cosas no estaban concebidas tal y como las había previsto el Caudillo.

    [1975]

    Llega Fraga

    En enero de 1975 llega Fraga [era embajador en Londres] a Madrid. Anteriormente Carlos Arias, en unas declaraciones a Tico Medina, en «ABC», no descartaba las grandes posibilidades que tenía Fraga con vistas al futuro. Por eso le recibió, con la mayor parte de su Gobierno, en un almuerzo de trabajo. El entonces embajador en Londres traía en la valija diplomática un cargamento de franquicia constitucional, aunque, paradójicamente, profundamente anticonstitucional. Arias y Fraga conciertan futuros encuentros; de momento, el enmarque político no está maduro. (Al mismo tiempo que el presidente del Gobierno habla con su embajador en Londres, ingresan en la cárcel dos presuntos miembros de la ilegal Junta Democrática, el doctor Fuejo y el periodista Rodríguez Aragón. Es curioso que, según las notas de prensa, las declaraciones de ambos, que llevan un perfil programático, coinciden casi al pie de la letra con las que anuncia Fraga al mismo tiempo: sufragio universal, declaración de los derechos del hombre, huelga…) No obstante, no hay acuerdo.

    Arias –con la sanción del Jefe de Estado- legaliza la huelga. Las Asociaciones se ponen en marcha. El proyecto de ley de Régimen Local, aun con cientos de enmiendas, sale a la calle. Las Incompatibilidades saltan a los escaños… El 12 de Febrero es una criatura que va cumpliendo sus etapas, tímidamente, con paso quedo, pero que anda. Mientras, la prensa, sin notar para nada el cambio ministerial, cubre sus etapas a ritmo vivo, tal vez algo agudizado en el sentido político y ralentizado en el erótico. Fraga, desde Londres, habla de volver en fecha determinada, y los periódicos anuncian posibles alianzas del diplomático con Areilza y con Silva Muñoz. Esta última fracasa de la cruz a la raya.

    El terrorismo, entre tanto, escala cotas impensadas. El ministro de la Gobernación, García Hernández, combate con arrojo el problema. Cuenta para ello con unas fuerzas de Orden Público disciplinadas y bien pertrechadas. Y el acontecer nacional se ve constreñido entre el dolor que producen las víctimas asesinadas, y el paso quedo, intermitente, monótono, pero siempre adelante –con más o menos inconvenientes a su paso-, del espíritu del 12 de Febrero.

    La prórroga de las Cortes y Helsinki

    Las emisoras oficiales extranjeras siguen alabando la postura liberalizadora de Carlos Arias. Es la nueva faz del Régimen ante una Europa libre, que tiene absolutamente todos los resortes de la información en manos trotskistas. Las pruebas de ello se verifican en la extracción partidista que muestran los directores, asesores y responsables de la difusión de noticias en dichos países... Y Franco, no hay que olvidarlo, por muchos derechos de huelga que regularice, sigue siendo –para esa Europa- el monigote grotesco y cruel de los dibujos de Picasso.


    El mundo pacta en Helsinki [30 jul-1 ago]. Los gobiernos ven con buenos ojos el proyecto de la política Breznev, que se afianza, incluso por encima de los sueños de Lenin y del mismo Stalin… El mundo occidental asiste a la Conferencia confiado, a remolque de un Kissinger que tira de él ofreciéndole y asegurándole un poderío militar y estratégico –el de la OTAN- que objetivamente deja muchas incógnitas sin despejar frente al no menor contingente bélico del pacto de Varsovia. La batalla en el mar, Occidente la tiene perdida. Y la guerra ideológica la tiene en su misma entraña, con síntomas inequívocos de tumor maligno.

    España no es miembro de la OTAN…, con la URSS no tiene relaciones desde 1939. Pero España asiste a Helsinki representada por el presidente de su Consejo de Ministros.

    Carlos Arias vuelve de la capital de Finlandia. No va –hasta pasado un buen tiempo- a dar cuenta de lo que hizo allí al Jefe del Estado. Y las emisoras extranjeras, sin recato, aseguran que “es una devolución de afrenta motivada por la prolongación que dispuso Franco de la legislatura de las Cortes”. Es notorio que los vientos no soplan igual por el Pazo de Meirás que por La Toja; pero Franco no fue amigo nunca de desautorizar a los que previamente había hecho depositarios de su confianza. Por eso Arias fue su huésped durante el último verano. Para Francisco Franco, es evidente, los pelillos fueron a la mar: “… el supremo jefe –Franco-, según Apostua- nunca aceptaría una pública minusvalorización del principio de autoridad ni que fuese arrastrado políticamente su propio presidente”. Resulta clarísimo, eso sí, que Arias jamás llevó a Helsinki el principio político cuidado y mantenido siempre por Franco respecto al contencioso que allí se proponía y firmaba.

    Dimisión de Licinio de la Fuente. Cese de Utrera Molina

    Anterior a la canícula, en marzo de 1975, la regulación del derecho de huelga da lugar a nuevos desasosiegos en el Consejo de Ministros. Licinio de la Fuente deja, a petición propia, la cartera de Trabajo. El problema, en forma de crisis es recibido por Franco con calma. De la Fuente es hombre leal al 18 de Julio, pero fue norma de vida para el Generalísimo que a rey muerto, rey puesto. Los duendes se filtran de matute en la resolución de dicha crisis, y apuestan por que la intención del Caudillo va, exclusivamente, por la sustitución del titular de Trabajo. No.

    Los retoques intentan ir más allá, y, además, avalados por una buena documentación que porta el presidente del Gobierno, cuando le propone al Jefe del Estado la sustitución de Utrera Molina. Este es hombre de los campamentos de Juventudes, formado a la sombra de las tiendas en contextura joseantoniana y franquista –por qué no-. Representa –como lógica derivada de su educación- un ariete de ideas franquistas, asumidas por él bajo el mando del Caudillo. Es hombre –en suma- de aquello que de alguna manera representa Franco. Y se le sustituye. ¿Qué pensó o qué dijo el Jefe del Estado cuando dio su visto bueno a este cambio ministerial? Es algo que la historia del franquismo –si alguien nos la revela con honestidad- tendrá que reflejar con especial enjundia analítica y expositiva (3).

    Ejecución de terroristas.

    Arias cuenta ahora con un equipo de trabajo transformado, y en cualquier caso restaurado a su gusto. La Policía, por otra parte, junto con las demás fuerzas y la Guardia Civil, trabajan con fe, ya que sus bajas se inscriben por docenas en tan sólo diez meses. El resultado no se deja esperar, y capturan a los responsables más comprometidos con el aparato terrorista. Y los capturan vivos.

    Carlos Arias es un presidente que sabe lo que va a ocurrir en los consiguientes consejos de Guerra. La campaña internacional se desparrama, con clamores vandálicos. Los gritos llevan toda clase de matices, desde amanerados hasta estéticos, desde groseros hasta apocalípticos. La Europa que así se expresa cuenta con una delación en su conducta: la de haber perdido, en el nombre de la civilización, todo atisbo de credencial civilizadora ante el mundo sensato.

    Carlos Arias, con su gabinete, ve el terreno. Su gobierno “se entera” de cinco sentencias de muerte, y se apresta a dejar claras las cosas del orden público; también las del 12 de febrero. Una cosa –dice el Gobierno- no tiene nada que ver con la otra. Y el presidente asume la responsabilidad de estar al frente del equipo ministerial más liberalizado políticamente y más cruel y tiránico a los ojos de Europa. Una mañana de los días finales de septiembre las aceras aparecen cubiertas de octavillas convocando a los españoles. El madrileño las recoge del suelo y las hace suyas, ya que interpretan su sentir. El Gobierno calla. Los rumores de una manifestación monstruo llegan a El Pardo. Y éste dice que sí. Pero la convocatoria no la encabeza –cosa rara- el presidente del Consejo de ministros, sino el alcalde de Madrid, autoridad política, sí, aunque mucho más, autoridad administrativa.

    ¿Qué ha ocurrido de nuevo entre la jefatura de Estado y la presidencia del Gobierno? La agencia «Europa Press» se asombra de que una concentración de un millón de almas pueda ser convocada en veinticuatro horas. No. Lo había sido en más de una semana; el espejismo resultó, únicamente, del silencio del gabinete. Y, jurídicamente, cuando de recursos se trata, el silencio de la Administración equivale a una negativa.

    ¿A quién descalificaba el presidente Arias?

    Carlos Arias, por fin, rompe el silencio asomándose a las pantallas de la Televisión la víspera del 1 de octubre. Condena las feas y sucias maniobras de Europa contra España y pone especial énfasis en otro silencio imperdonable: el de aquellos que, estando comprometidos con el Régimen, optan por callarse. ¿Quiénes son? ¿Serán los miembros de una pujante sociedad anónima bautizada con el nombre de FEDISA (M. Fraga)? Las Asociaciones políticas – hablaba el presidente de hombres comprometidos con el Régimen- ya habían demostrado su apoyo; los excombatientes, también; las asociaciones de carácter patriótico, también; igualmente FUERZA NUEVA publicaba una nota de apoyo incondicional a la ley en aquellos momentos. Entonces, ¿quiénes son? Ellos –los de FEDISA- habían sido ministros con Franco, y, por aquellas fechas, algunos embajadores.

    De cualquier forma, caso de ser éstos, más tarde los iba a tener Carlos Arias muy cerca, en su propio Gabinete [Dic. 1975]. Tan solo había mediado un hecho: la desaparición de Francisco Franco. ¿Qué factores pudieron influir más tarde poderosamente en el presidente para pastorear, en el mismo campo vallado, con los hombres cuya actitud condenaba tan sólo dos meses antes con palabras tan decididas, enfáticas y subrayadas?

    Gigantesca manifestación a favor de Franco

    El pueblo de Madrid vitorea y aclama a Francisco Franco en la plaza de Oriente. “¡Y el Príncipe también!”, dice unánimemente tras el nombre del Caudillo. Antes, el Jefe del Estado había pronunciado un discurso de línea clásica en él (mucho más endurecido que en anteriores ocasiones de adhesión multitudinaria), que tenía muy poco que ver con el talante de todo su Gobierno. Los periódicos silencian sus palabras del balcón de Palacio. Se confirma, a fin de cuentas, que la sintonía entre El Pardo y Castellana, 3 [Presidencia del Gobierno] es nula. Se mantienen las formas por razón de Estado, pero nada más. El pueblo, al ponerse plebiscitariamente a favor de El Pardo se desengancha de la política gubernamental, que queda reducida –es un hecho incuestionable- a servir los apetitos de una cierta intelectualidad recluida en las redacciones de muchos periódicos.

    Tras la muerte de Francisco Franco

    ¿Qué hubiese ocurrido de haber contado el Generalísimo con unos años más de vida política? Su comprobación de que el pueblo estaba al lado de quien lo defendía, no con su carisma (como se viene aireando), sino con su conducta, es obvio que habría planteado retoques gubernamentales. Franco pudo tener, la mañana del 1 de octubre, la certeza de que España era víctima de una conspiración que no se fraguaba sólo en los contubernios de fuera. Por ello resulta imprevisible hallar el resultado del desenlace.

    Sí es cierto, por otra parte, que Carlos Arias jamás se hubiese atrevido a declarar a «Newsweek» -de haber vivido Franco- que los partidos políticos volverían a España en un futuro próximo, ya que el Caudillo no hubiese permitido jamás que su jefe de Gobierno tocase de lleno un principio básico de la primera Ley Fundamental.

    En otra área de influencia política, nadie supo, en ese instante –el de las declaraciones- a qué carta quedarse. La confusión, en los hombres que manejaban la cosa pública, fue mayúscula; el jefe del Gobierno, primera autoridad de la nación con poderes recibidos directamente de la Corona, yugula sin miramientos, desde plataforma extranjera, un apartado sustantivo de la médula nacional. Es decir, la jefatura nacional del Movimiento revienta un punto de la apoyatura legislativa sin contar con el pueblo que tres meses antes había aclamado a su antecesor en dicha jefatura nacional [Franco], y cuyo testamento había leído sentidamente con lágrimas en los ojos.

    En el mismo tiempo y espacio que el presidente contestaba así a las preguntas de la revista norteamericana [enero -76], España. es palpable, se quedaba sin ley, en terreno yermo, hasta que otro proyecto legislativo viniese a sucederla. Y se ayunaba de ley, porque los tribunales competentes y responsables, ante esas declaraciones del primer defensor –detrás del Rey- de la Constitución española [Leyes Fundamentales], no reaccionaban eléctricamente. En ese preciso pasaje histórico –pudo decir el Consejo Local del Movimiento de Madrid-, Revista ‘Fuerza Nueva’: de la muerte de Franco a la Constitución (1975-78) había sido “ignorado el imperio de la ley” …


    Luis F. Villamea

    (1) “Gironazo”: ataque de José Antonio Girón en «Arriba» contra el aperturismo de ministros del gobierno Arias Navarro (28 abril 1974)

    (2) “Piñarazo”: editorial crítico publicado por Blas Piñar en el número 403 de «Fuerza Nueva», de 28 de septiembre de 1974, titulado Señor Presidente.

    (3) El episodio vendrá detallado por el propio Utrera Molina en sus memorias como ministro («Sin cambiar de bandera», Edit. Planeta, 1989)
    Última edición por ALACRAN; 08/09/2019 a las 16:56
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  3. #3
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    Re: El presidente Arias Navarro (1974-76), liquidador del Estado del 18 de Julio

    Una curiosidad prácticamente desconocida y de la que es dificilísimo hallar algo.

    Se trata del urgente “estatuto de asociaciones”, base de la demolición moderada del franquismo que pretendía el presidente Arias (a fines de abril de 1976), ignorando éste que sería cesado por Juan Carlos dos meses después. Quedó dicho proyecto en nada y resultó sobrepasado en exceso con el nombramiento por el rey de Adolfo Suárez.

    Esta despiadada crítica a dicho Estatuto de Asociaciones (eufemismo para partidos políticos) de Arias Navarro sirve de interesante estudio de las razones formales y filosófico-políticas del régimen del 18 de julio frente a la irracionalidad de fondo y desmanes de forma para su auto-aniquilamiento.

    Revista FUERZA NUEVA, nº 488, 15-May-1976

    La dictadura de los demócratas

    De todos los programados por el primer Gobierno de la Monarquía, acaso el proyecto de Ley de Asociaciones Políticas es el más relevante. Lo ha publicado el “Boletín de las Cortes Españolas” del 24 de marzo último.

    A pesar de mediar la Semana Santa, se han presentado, según mis noticias cuatro enmiendas a la totalidad y unas 300 formalmente al articulado; pero éstas tocan varios puntos del proyecto, por lo que fácilmente pueden acercarse a 1.000.

    … Fácilmente se podría llegar a alargar muchos meses la discusión parlamentaria, lo que tiene precedentes en los más auténticos parlamentos liberales o democráticos de nuestra nación…

    Cómo al parecer, el Gobierno no puede tolerar esto, quien sea se ha sacado de la manga, por vía de reforma del Reglamento de las Cortes, el llamado procedimiento de urgencia que pretende democráticamente “guillotinar” la discusión parlamentaria. O sea que una vez más queda confirmado eso de que el tan importante, para los liberales, principio de división de poderes del Estado que imaginara Montesquieu viene a parar en el encadenamiento al poder ejecutivo de los otros dos, aquí el legislativo. Y que la democracia consiste en la dictadura de los que se llaman demócratas, hoy con toda propiedad “maximalistas de centro”…

    Sólo a partir… del tan traído y llevado 12 de febrero de 1974, el presidente Arias lanzó la idea del Estatuto de Asociaciones Políticas, que al fin cristalizó en el Decreto-Ley de 23 de diciembre de 1974.

    Este Estatuto no es otra cosa que la derogación por norma jurídica posterior, del Decreto de unificación de 1937. Así lo comentó el conde de Barcelona y en este punto estoy conforme con su parecer.

    El proyecto que ahora se presenta

    … la proyectada Ley de Asociaciones mandada a las Cortes no puede ser más recusable… con violación de nuestras leyes constitucionales, y en especial de la Ley de Principios, del revés y por sorpresa con pretendido apoyo en el artículo 16 del Fuero de los Españoles, a estos efectos inodoro, incoloro e insípido.

    Este artículo dice: “Los españoles podrán reunirse y asociarse libremente para fines lícitos y de acuerdo con lo establecido por las leyes”… (Ahora bien) si está claro que los españoles pueden formar casinos y círculos de recreo, clubs de fútbol… no lo está que puedan fundar partidos políticos, que el párrafo segundo reserva al Estado, por lo menos como causa remota. Y me parece indisputable que de ninguna manera se pueden crear partidos políticos (hablemos claro) sin trabas ni cortapisas… para todas las doctrinas existentes, incluidas las que violan los principios de derecho natural y defensa de la familia, del derecho de propiedad y de la libertad individual al trabajo, ni los de derecho histórico de la unidad de España y su libertad soberana para regir sus propios destinos sin intromisiones extranjeras ni mimetismos europeizantes.

    Hay que recordar que, aunque su eficacia penal haya desaparecido, la Ley de Responsabilidades Políticas de 9 de febrero de 1939 declaró ilegales todos los partidos y agrupaciones que desde la convocatoria de las elecciones de febrero de 1936 han integrado el llamado Frente Popular, sus aliados y adheridos, organizaciones separatistas y todas aquellas que se opusieron al Movimiento Nacional.

    Por consiguiente, no puede el Estado nacido el 18 de Julio de 1936 ir contra sus propios actos, al menos mientras no reniegue de su origen. Por eso es de una lógica aplastante la postura de los contrarios que pretenden romper con la legalidad vigente… El proyecto es recusable sin excepción, no ya por su forma sino por su fondo…

    La exposición de motivos

    … Se olvida de los Principios Fundamentales del Movimiento, cuya ley en su artículo 1º, los declara “por su propia naturaleza permanentes e inalterables”. De ello se deduce la clara inconstitucionalidad de lo que se pretende.

    Quiere apoyarse en artículo 16 del Fuero de los Españoles, norma jurídica apta para fundar casinos, clubs de fútbol y grupos de excursionistas, pero no para crear partidos políticos… materia regida por normas especiales que dejan sin efecto el artículo 16 del citado Fuero de acuerdo con el apotegma “specialia generalibus derogant”.

    Pretende una extensa participación de todos los grupos políticos, aspiraciones y creencias… es decir: todo vale. Aquí no ha pasado anda, y vuelta a empezar.

    Habla de la adecuada libertad entre libertad y eficacia. Y no de la oposición entre libertad y autoridad, como se comenta sin mucho éxito en las cátedras de Derecho Político…

    El problema de la libertad ya es otro… con decir que, filosóficamente hablando, la libertad del cristianismo se parece a la libertad de la Revolución francesa como un huevo a una castaña. No menciona para nada la autoridad, elemento necesario para la existencia de cualquier Estado.

    Por lo tanto, los principios filosóficos del proyecto son eminentemente falsos, aparte de su inconstitucionalidad total, al ponerse en conexión con el punto VIII de la Ley de Principios Fundamentales y el antecedente histórico de la Ley de Responsabilidades Políticas.

    Todo viene dictado por la nunca bien execrada “homologación” con la decadente y arruinada Europa libre de nuestros días. La palabreja, poco usada en castellano significa, jurídicamente, la aprobación, dada por un tribunal o autoridad a lo convenido por las partes. Aquí la autoridad o tribunal es el resto de Europa y las partes, necesariamente, hemos de ser los españoles, incluido Santiago Carrillo, el de Paracuellos, para el señor Areilza “un español como otro cualquiera”. He de advertir que, salvo la Edad Antigua y algunos episodios de la Media, nuestra relación con Europa no nos ha proporcionado más que “duelos y quebrantos”.

    Insiste en el equivocado punto del famoso discurso del 12 de febrero de 1974 de la autoexclusión de asociaciones que utilicen medios violentos o antidemocráticos.

    Ya salió también esa sandez de “No a la violencia venga de donde venga”, lo que no impide la actividad de ETA ni de FRAP. Y desde luego, cuando vengan los rusos no servirá recibirlos a lo Gandhi…

    Se trata en otros términos de aquella desdichada frase del señor Arias Navarro que recusó “los maximalismos de uno y otro signo”. Como si dando palos a FUERZA NUEVA se fueran a aguantar los comunistas con los que les tocaran…

    El articulado

    Corresponde a las directrices de la exposición de motivos, siendo digno de comentarse especialmente el artículo 1º apartados 3 y 4.

    El 3 obliga a los partidos políticos a aceptar… la Declaración Universal de Derechos Humanos”, aprobada por la ONU el 9 de diciembre de 1948. De cómo se cumple dan muestra las represiones rusas en Alemania Oriental, Polonia y Hungría y la invasión de Checoslovaquia…

    Ya dije hace algún tiempo que más importantes que los derechos eran los deberes del hombre; se contienen en el Decálogo, de autor de quien puede uno fiarse, mientras que la Declaración “onusiana” proviene de unos quídams sin patria y sin historia

    En el párrafo 4 están las recusaciones: la primera, la de los partidos que se propongan implantar un régimen totalitario. Esto tiene miga… pues todos han hecho en España sus “pinitos” totalitarios…

    Atribuir al ministro de la Gobernación la facultad de dar el “navicert” para la botadura y la singladura de los partidos, aunque se disfrace como propuesta de aquél al Consejo de Ministros, es cosa que no se hubiera atrevido a pedir ni siquiera el célebre Romero Robledo…

    Finalmente, prohibir la existencia de sociedades (mercantiles) que, según el parecer del Gobierno, sirvan para encubrir a asociaciones políticas, es hacer cálculos artilleros para cañonear a FUERZA NUEVA. Lo malo, para los autores de la idea, es que en el mismo objetivo están Prensa Española, la Editorial Católica, la que edita “Cambio 16” y hasta la célebre FEDISA.

    La situación no deja de ser pintoresca…

    José ESTEPA
    Última edición por ALACRAN; 18/02/2020 a las 18:34
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  4. #4
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    Re: El presidente Arias Navarro (1974-76), liquidador del Estado del 18 de Julio

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    Lo anterior es relativo al Arias Navarro totalmente volcado en la apertura bajo Juan Carlos, 1976.

    Sin embargo, Arias también había hecho gala de aperturismo, aunque mucho más cauto, moderado y disimulado bajo los dos últimos años de Franco (1974-75), sobre todo con las, entonces escandalosas para muchísimos, "asociaciones políticas", así como con la aprobación (sin previo aviso y por la puerta de atrás), del derecho de huelga, que conculcaba el espíritu y la letra del Fuero del Trabajo y las Leyes Fundamentales del 18 de Julio.

    A continuación, una crítica al "Estatuto de asociaciones políticas" (preludio de los partidos políticos, entonces prohibidos) y cómo los presagios catastrofistas se cumplieron, multiplicados sólo un año después. Obsérvese, de paso, cómo el lenguaje y la situación política de la época de entonces son hoy prácticamente ininteligibles para el ciudadano medio "democráticamente adoctrinado".

    Revista FUERZA NUEVA, nº 438, 9-Ago-1975

    LAS “ASOCIACIONES”: CONTRA LA UNIDAD DE LOS HOMBRES DE ESPAÑA

    Mantenemos la tesis de que los artífices y partidarios, en general, de la implantación en España del asociacionismo político de carácter inorgánico (como el que resulta de la promulgación del Estatuto asociativo) guardan para buena ocasión los argumentos con que pretenden desvirtuar la oposición de los “nostálgicos”, o sea, de aquellos que propugnan la continuidad del Régimen (siempre con los convenientes perfeccionamientos), lo que quiere decir: de aquellos que se oponen, al igual que Franco, y al igual que la ley vigente, a la infracción de los permanentes e inalterables Principios del Movimiento Nacional.

    A nadie se le oculta ya que, desde hace años, se están produciendo fuertes presiones tendentes a que, en todos los órdenes estamentales, se produzcan los “presupuestos” necesarios para que el derribo y finiquito de nuestro Régimen político se convierta en una realidad tangible y concordante con los deseos de esos elementos de presión que, dicho sea de paso, nada tienen que ver con los intereses de nuestra Patria.

    Todos estábamos -y estamos- convencidos de que la unidad entre los hombres y las tierras de España abarca ambos conceptos, o sea, a los hombres y a las tierras.

    Vamos a dejar, por ahora, lo que se refiere a las tierras, entre otras razones porque la división de España, en este sentido, requiere como presupuesto “sine qua non” la previa división entre los hombres. Y esta división entre los hombres, promocionada por las susodichas fuerzas de presión, se traduce hoy en los partidos políticos que, por primera vez en la historia del Régimen, y en manifiesta contradicción con los principios que lo informan, se han regulado ya a través del meditado Estatuto de las asociaciones políticas.

    Naturalmente que no admitimos la refutación que consistiría en afirmar que las asociaciones no son partidos, porque, quien quiera que sea el refutante, jamás podrá explicar qué diferencia hay entre ambos conceptos (a tenor del Estatuto a que aludimos): imposibilidad que es una consecuencia directa de que entre ellos no hay más diferencia que el nombre. En resumen: en España, y en virtud de un decreto nulo (en razón a la apuntada contradicción), se han admitido y se han regulado, con todas sus consecuencias, los partidos políticos, base histórica de nuestra degradación, descomposición, decadencia y servidumbre a los intereses internacionales.

    No creemos que en época de Franco -ni en las anteriores- se hayan producido como ahora, en España, por parte de un presidente de Gobierno, tantas y tantas declaraciones, tantas y tantas reiteraciones conceptuales, ni tantos ni tan elogiosos comentarios a las mismas por parte de elementos que -nadie lo duda, y pese a sus fingidas posturas “ortodoxas”- son intrínsecamente enemigos del Sistema.

    Nos creemos con derecho a opinar que tal abundancia presidencial en especificaciones concernientes a un mismo programa tiene un fondo de justificación y excusa, una base pretendidamente profunda con que inculcar en la mente de los españoles que, a pesar de lo que pueda parecer, no existe indicio de resquebrajadura del Régimen: del Régimen que nos ha dado más prosperidad, más bienestar y más moralidad (todo hay que decirlo) en los últimos siglos.

    Poner en peligro al Régimen

    Recordemos, a este respecto, que el presidente Arias, en sus declaraciones políticas del 15 de junio de 1974, en Barcelona, alzó la voz para advertir que emplearía “todo su poder” en evitar que el cuadro constitucional fuera rebasado a consecuencia de la futura vigencia del asociacionismo político.

    Nosotros nos creemos también con derecho a opinar que el presidente, en aquella ocasión, vino a decir que el asociacionismo que se iba a regular pondría ciertamente en peligro la pervivencia de nuestro Régimen político por la sencilla razón de que, si no fuera así, no hubiera habido necesidad de formular aquella advertencia, que nunca en nuestra historia moderna se adivinó pudiera, por paradójica, producirse desde tan alta tribuna.

    Y, por lo mismo, también opinamos que si para desarrollar el Régimen la primera providencia que se adopta consiste en ponerlo en peligro, la actividad política que a tal situación conduce jamás podrá calificarse de desarrollo (idea pareja a la de fortalecimiento), sino, por el contrario, de acercamiento y asimilación a lo que es su antítesis, o sea, su enemigo.

    Nos hemos fijado también en que el presidente Arias, en sus declaraciones de 24 de junio de 1975, y refiriéndose al Principio IV del Movimiento, según el cual “la unidad entre los hombres y las tierras de España es intangible”, concreta y especifica su decidida oposición a la desunión de las tierras, sin emplear las mismas concreciones en lo que concierne a los hombres. Y relacionamos esto con la declaración ya aludida de Barcelona, en la que repudiaba la situación anterior a 1936, “roturada de discordias y partidismo”. Y recordamos también cómo a partir de entonces se dio buen carpetazo a esta declaración en Cataluña, así como que ciertos periódicos coincidieron en la “errata” de poner en la transcripción la palabra “fatidismo” en lugar de “partidismo”, que era lo que el presidente había dicho, según consta y resulta de su declaración grabada.

    Y recordamos también cómo el cese del anterior ministro de Justicia, señor Ruiz-Jarabo, se produjo poco tiempo después de que éste formulara la declaración pública -a la que también, ipso facto, se dio buen carpetazo y ocultamiento- de que nuestro Régimen político “no iba a implantar ideologías importadas”.

    Cómo y por qué

    Después de todo lo que antecede, y guardando para la reserva otras anécdotas, conviene ahora decir cómo y por qué ha resultado posible que se haya decidido la aprobación de un Estatuto asociativo que implanta en España el sufragio inorgánico o universal, así como la asimilación futura de las Cortes a los clásicos y nefastos parlamentos, en los que se tiende -o se tenderá- a agrupar a los procuradores en campos ideológicos distintos, conseguidos a través de las oportunas “federaciones” asociativas, cada una de ellas con sus candidatos elegidos a propuesta de las mismas y aglutinados en núcleos divergentes, definidores, respectivamente, de una política, y sometidos a un mandato y a una disciplina extraños a nuestro Sistema.

    La presión internacional, al parecer, ha decretado una sui géneris interpretación de ciertos principios del Movimiento, interpretación ésta que no se ha dado a conocer públicamente, aun cuando suponemos que existe, puesto que no de otra manera puede haberse estructurado una concepción inorgánica -que equivale a decir prohibida- dentro del Estatuto de las asociaciones políticas.

    Según el Principio VI, la familia, el municipio y el sindicato gozan de las siguientes características: en primer lugar, son entidades naturales, y en segundo, son estructuras básicas de la comunidad nacional.

    De la misma manera que el Principio V dice que la comunidad nacional se funda en el hombre -como portador de valores eternos- y en la familia, el aludido Principio VI establece, a su vez, tres fundamentos de base estructural. Pero el que la comunidad nacional tenga a dichas tres entidades naturales como sustento de ella, no puede llevar a afirmar, de ningún modo, que la participación de los españoles que no se lleve a cabo directamente a través de las mismas haya de denominarse “complementaria” en vez de “básica” (supuesto del Estatuto asociativo). Y el hecho de que el mismo Principio VI se refiera a instituciones y corporaciones “de otro carácter”, no lleva tampoco a afirmar que “el otro carácter” se identifica con la concepción de “no naturales”, entre otras razones por que hay muchas entidades naturales en España que no son precisamente la familia, el municipio y el sindicato, y que no están excluidas de su posibilidad de participación.

    Claro que, en su día -no lo dudamos-, y desde luego bajo el mandato de otro presidente (que será cuando verdaderamente se produzca el “cambio”, cuyas bases elabora el actual Gobierno), se llegará a decir con claridad que la participación asociativa es puramente “complementaria”, en razón a que no se lleva a término directamente a través de las tres estructuras básicas a que nos referimos.

    La “división entre los hombres” se traduce hoy en los partidos políticos que, por primera vez en la historia del Régimen, se han regulado ya, a través del nuevo Estatuto de Asociaciones


    Sin embargo, la participación, a estos efectos, no debe ser denominada de ninguna manera, puesto que el Principio VI sólo incide en el señalamiento de bases de la comunidad, con abstracción esta vez de toda idea referente al proceso participativo.

    Y la interpretación definitiva, maquiavélica, improcedente y no confesable en público por ahora, consiste nada menos que en afirmar que el sistema representativo español, el sistema representativo del 18 de julio, permite que cualquier grupo político, principalmente los no naturales, goce de poder participativo, siempre y cuando su vocero ante el Poder lo sea también de alguna estructura básica.

    Equívocos

    De manera que el sistema orgánico del 18 de Julio se diferencia, políticamente, de los sistemas liberales que fueron abrogados con el sacrificio de centenares de miles de españoles en el pequeño detalle de que, esta vez, los titulares representantes de los grupos liberales lo serán también de las estructuras básicas. Y ello quiere decir, con toda simpleza, que ambos sistemas no se diferencian en nada, salvo en una pequeña formalidad de procedimiento a la hora de participar...

    Por eso nos permitimos decir que el presidente Arias, en sus últimas declaraciones, ha demostrado ser hombre del Régimen únicamente en lo que se refiere al énfasis proyectado sobre la unidad de las tierras de España (no de los hombres, puesto que en otro caso no estaría permitida la existencia de partidos políticos, como el Estatuto asociativo la permite), así como por su personal anuncio de una ley especial contra el comunismo (*), aun cuando suena de modo extraño el apuntado anuncio de ley, teniendo en cuenta que ésta existe ya (**), y también que el proyecto y pregón se formula desde la alta tribuna poco después de haber sido regulado por su Gobierno el “derecho” a la huelga (***), derecho cuya implantación en España ha sido dictada, ordenada y promocionada por el Partido Comunista.

    He aquí, por tanto, que el Régimen sigue circulando por el mismo camino, por el carril de siempre. Pero notamos que las agujas han sido cambiadas por donde el tren ha de pasar dentro de ciertos kilómetros de recorrido; y será entonces cuando se produzca la desviación.

    Será entonces cuando se recoja el fruto de haber despreciado la posición de las Cortes -cuyos miembros han jurado por Dios cumplir estrictamente con los principios del Régimen-, y será entonces, también, cuando se recojan los frutos de haber aniquilado moralmente muchas posiciones leales al Régimen y contrarias al Gobierno Arias, ante la evidente “ortodoxia” presidencial puesta de manifiesto, una vez más, y en una declaración más, a todo el pueblo español, por muy sinceros y por muy leales que sean sus componentes -incluidos los legisladores- al Régimen que surgió un 18 de julio y que, a costa de centenares de miles de vidas, pudo eliminar todo lo negativo que para España ha significado siempre el sufragio inorgánico o universal, recientemente restaurado en nuestra orgánica democracia

    Juan RÍOS DE LA ROSA

    (*) Ley que nunca se aprobó
    (**) Ley de Represión de la Masonería y del Comunismo (1940)
    (***) Decreto-Ley 5/75 de 22 mayo
    Última edición por ALACRAN; Hace 1 semana a las 17:54
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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