El lagarto gigante de La Gomera
(Gallotia bravoana)
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Introducción
Gallotia bravoana es uno de los vertebrados más amenazados del Planeta, ya que en la actualidad sólo se conocen unos pocos individuos localizados en el Risco de la Mérica y sus alrededores.
El lagarto gigante de La Gomera es un Lacértido incluido en el género Gallotia, un grupo endémico de las Islas Canarias. Las especies de este género presentan características inusuales o raras en el continente como una dieta preferentemente herbívora, una dentición y un aparato digestivo especializados y cierta tendencia al gigantismo. También pueden emitir sonidos, una capacidad que comparten con las lagartijas ibero-magrebíes del género Psammodromus, con las que además están emparentadas.
El lagarto gigante de La Gomera se distingue a simple vista de otros lagartos gigantes canarios por el intenso blanco que presentan en la garganta y en la región peribucal los individuos adultos. La presencia de una escama extra entre las placas parietales es desconocida en otras especies de la familia. Su coloración dorsal es parda y en los laterales se suceden pequeñas manchas azules. Actualmente los individuos de mayor tamaño apenas sobrepasan los 55 cm de longitud total y 300 g de peso. Sin embargo, y como podrá comprobarse más adelante, podrían alcanzar tamaños muy superiores.
Historia del lagarto gigante gomero
y de sus difíciles relaciones con los humanos
Algunos topónimos gomeros sugieren que en la antigüedad los contactos entre hombres y lagartos debieron ser menos ocasionales que en la actualidad, y que nombres tales como andén del Legarto o Cerco del Legarto, no son más que los restos de una memoria perdida y de los que nadie conoce ya su origen. Pero dejando a un lado estas referencias indirectas, hasta nosotros han llegado algunas pistas escritas sobre la presencia pasada de grandes saurios en la isla, sobre su distribución o sobre su aspecto.
La primera descripción escrita conocida de los grandes lagartos gomeros la hizo el médico teldense Tomás Marín de Cubas en 1694. Al final del capítulo 20 de su primer libro de la Historia de las siete islas de Canaria, titulado De Gomeros y Herreños: naturaleza y costumbres Marín de Cubas escribe:
“Los lagartos son muy grandes, que se crían sólo en esta Isla á la parte Norte y Noroeste, costa del mar ... donde llaman Los Órganos, por ciertos riscos así semejantes: el cuerpo es tamaño de un mastinillo de ocho meses, los brazuelos de más de gente gruesos del modo de un dedo pulgar, son pardos, como todos los de las Islas, del tamaño éstos á los de España, diferentes en ser verderones y amarillos; estos son grandes como los que dice Estrabón que hay en la Mauritania de dos codos; son atrevidos y matan una cabra y se la comen, y miran á un hombre para embestirle: haylos muy grandes, muchos y prietos, atrevidos, y venenosos en las Islas Salvajes, Alegranza etc., y en Canaria en partes remotas, mas ninguno de esta magnitud.”
La descripción de Marín de Cubas resulta extraordinaria, ya que habla de lagartos de casi un metro de largo (1 codo = 45-50 cm) en una zona muy apropiada para la especie, pero de la que finalmente parece haberse extinguido. No sería este, sin embargo, el único lugar de la isla en el que la especie ha desaparecido en los últimos tiempos ya que actualmente sabemos por dataciones con 14C que hace menos de quinientos años se podían encontrar aún lagartos gigantes en los barrancos próximos a la localidad de Playa Santiago.
Habría que esperar casi dos siglos desde los libros de Marín de Cubas para encontrar una nueva referencia escrita sobre estos lagartos. En 1863 el noble y naturalista alemán Carl von Fritsch realizó una visita a La Gomera, y unos años más tarde dejó escrito que en la isla podían encontrarse todavía lagartos más grandes, robustos y torpes que los abundantísimos tizones. Von Fritsch no se llevó consigo más que algunos restos óseos de lagarto encontrados en los alrededores de Agulo, que más tarde serían estudiados por especialistas como Oscar Boettger (1875) o Robert Mertens (1942).
Otros biólogos y paleontólogos estudiarían en el transcurso del siglo XX otros huesos de lagartos gigantes procedentes de yacimientos gomeros. Sin embargo, habría que esperar hasta 1985 para que finalmente el alemán Rainer Hutterer les pusiera nombre latino. Sería en las actas del histórico Simposio Herpetologia Canariensis, celebrado en Bonn (Alemania) en noviembre de 1984, donde se usarían por primera vez las combinaciones Gallotia simonyi gomerana y Gallotia goliath bravoana para designar a lagartos de mediano y gran tamaño que vivieron en La Gomera, y que supuestamente estaban extinguidos.
En 1998 el biólogo alemán Wolfgang Bischoff revisaría nuevamente el material estudiado por Hutterer llegando a la conclusión que ambos nombres latinos designaban a un único taxón, para el que propuso la combinación Gallotia simonyi bravoana.
Es probable que durante siglos los encuentros ocasionales entre gente de campo y lagartos mantuvieran viva la memoria colectiva, como ocurrió a mediados del siglo pasado con Manuel Gámez, un vecino de La Playa (Valle Gran Rey) que llegó a capturar algunos ejemplares de lagarto gigante, tal y como recogen Juan Carlos Rando, Alfredo Valido, Manuel Nogales y Aurelio Martín en la monografía publicada en 1999.
Sin embargo, y a diferencia de lo ocurrido en la isla de El Hierro donde las encuestas realizadas por Alfredo Salvador en 1971 sacaron a la luz la supervivencia de lagartos gigantes en el risco de Tibataje, esta información no traspasaría nunca el umbral popular. El descubrimiento para la ciencia y para el resto del mundo del lagarto de La Gomera tendría lugar en el transcurso de un proyecto financiado por la Consejería de Política Territorial y Medio Ambiente del Gobierno de Canarias y llevado a cabo por biólogos del Departamento de Biología Animal de la Universidad de La Laguna. Este proyecto tenía entre sus principales objetivos el estudio del entonces recién descubierto lagarto de Teno y la búsqueda de lagartos gigantes en las islas de La Gomera y de La Palma.
El 9 de junio de 1999 los biólogos Juan Carlos Rando, Alfredo Valido, Manuel Nogales y Aurelio Martín capturaron con una trampa de caída el primer ejemplar de lagarto gigante en Quiebracanillas, el pie de monte de la Mérica. En los meses que siguieron, y con la ayuda de otros naturalistas y biólogos canarios, llegaron a coger otros cinco individuos adultos que fueron progresivamente trasladados a Tenerife para ser estudiados.
Por diversas razones, entre las que se cuentan la ausencia de un plan concreto para devolver en breve los lagartos a La Gomera, las relaciones entre el equipo de biólogos descubridores del lagarto y la administración se complicaron. Estas complicaciones se tradujeron en agrios debates en los medios y en la creación de la Plataforma para la Defensa del Lagarto Gigante de La Gomera, una agrupación de asociaciones que reunía a un amplio sector de la población gomera preocupado por el tema.
En abril de 2000 se dieron los primeros síntomas de distensión, tras la construcción por parte del Cabildo Insular de La Gomera de unas instalaciones provisionales en el término municipal de Alajeró y el inmediato traslado de los seis individuos. En estas instalaciones nacerían un año y medio después las primeras crías obtenidas en cautividad, y se conocería la noticia de la concesión de un proyecto europeo LIFE, que debe servir de base para un sólido plan de recuperación a desarrollar en las nuevas instalaciones construidas en Valle Gran Rey.
http://www.vierayclavijo.org/html/pa...g_0406_16.html
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