La Virgen María ha estado con nosotros desde hace mucho tiempo, brindándonos su cuidado por medio del infinito amor de madre que vierte generosamente sobre todos sus hijos; y reconfortándonos muy en especial durante aquellas situaciones adversas...sí, esas a las que todos nos enfrentamos inevitablemente en algún momento a lo largo de nuestras vidas.
Y al decir 'nosotros', no me refiero nada más a los habitantes de México o de América (digamos en el caso de la advocación de la Virgen de Guadalupe) sino en términos generales, a toda la humanidad pues ella, nuestra madre celestial, vela por todos. En reciprocidad sus hijos devotos (de todos lugares y épocas a lo largo del tiempo), le han agradecido y alabado de muy diversas formas.
El siguiente escrito, concebido en algún momento durante el período virreinal novohispano, es muestra de ello:
Tocotín de «El gozo mexicano», contenido en la obra «Los sirgueros de la Virgen» del bachiller Francisco Bramón (Nueva España, siglo XVII).
Bailad, mexicanos;
suene el Tocotín,
pues triunfa María
con dicha feliz.
Coged frescas flores
del rostro de abril;
hacedle guirnaldas
de blanco jazmín.
Mirad que es la Madre
del fuerte David,
hermosa y más linda
que fue Abigaíl.
El alma endiosada
le venga a servir,
pues triunfa María
con dicha feliz.
Sacad ricas joyas
con oro de Ofir;
de vuestras riquezas
el suelo vestid.
En dicha sagrada
podéis recibir
el triunfo divino
que vemos aquí.
Cantad aleluyas
a Dios que es sin fin,
pues triunfa María
con dicha feliz.
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