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Tema: Siete excelencias de la sotana

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  1. #1
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    Re: Siete excelencias de la sotana

    Cita Iniciado por Litus Ver mensaje
    La finalidad de la sotana o el habito son simplemente las de servir a Dios. No tienen otro sentido, ni finalidad. El sacerdote no la tiene que llevar por que él quiera o no, no la tiene que llevar por, ni para sus fieles, sino simplemente por Dios.
    Cito simplemente porque me parece exquisita la frase, si la menos la mitad de las cosas que hacemos las hiciéramos "simplemente por Dios" estaríamos a un paso de la santidad (a la que estamos llamados), la otra mitad posiblemente mas que hacerlas por Dios habría que dejar de hacerlas y ya jajaja. Me encantó Hyeronimus tu aportación muchísimas gracias hermano creo que nunca había reparado realmente en la importancia del hábito sacerdotal pero ahora la tengo muy presente.
    ¡Viva la Nueva España! ¡Viva la madre patria Española! ¡Viva la santísima virgen de Guadalupe!

  2. #2
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    Re: Siete excelencias de la sotana


    ¡Viva la Sotana! (Vídeo Completo)




    NOTA DE ADELANTE LA FE: Agradecemos al Padre Juan Manuel y a Agnus Dei el habernos dado la oportunidad única de ofrecer el mismo íntegramente. Es de alabar al magnífico trabajo que realizan con sus vídeos, de impecable realización técnica, por la difusión de la Fe. Aunque el vídeo se ofrece aquí íntegro, pues la intención de los autores es netamente apostólica, pueden solicitarse copias en DVD a los autores. Rogamos a quien pueda lo adquiera para favorecer su difusión y apoyar la elaboración de nuevos documentales. Puede pedirse a
    Tf: 619 413 401 ó 690 272 548.
    agnusdeiprod@gmail.com


    ¡Viva la sotana! Es un documental que quiere poner de actualidad la prenda por excelencia del sacerdote católico. Lo es por su gran sentido espiritual, por su forma, por su color y porque han sido generaciones de sacerdotes quienes la han llevado.

    La sotana le recuerda al sacerdote que lo es para Jesucristo y de Él para los demás. La sotana ayuda al fiel a encontrar a Cristo en el sacerdote y no al amigo, pues el fiel busca la santidad del sacerdote antes que su simpatía.


    La sotana es tan actual ahora como ayer y como mañana, y lo es porque no depende de la moda, como así depende la camisa con alzacuellos y el pantalón. La moda pasa y la sotana queda inalterable, como inalterable es el sacerdocio de Cristo visible en la sotana.


    La sotana no puede ocultarse como se oculta la camisa y el alzacuello, por esta razón el sacerdocio es siempre visible para el mundo. La sotana es testigo constante de la presencia de la Iglesia en la sociedad.


    La sotana imprime carácter en el seminarista y en el sacerdote, afirma su personalidad, robustece la fe, le une a los mártires y confesores de la fe, y le une especialmente a la Cruz de Nuestro Señor al verse sometido a las injurias del mundo que rechaza la Luz. La sotana es escuela de hombres.


    Dios quiera que este documental ayude y estimule a seminaristas y sacerdotes a llevar la sotana y a los fieles les haga comprender la importancia de este hábito eclesiástico tanto para el sacerdote como para ellos.


    Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa



    ¡Viva la Sotana! (Vídeo Completo) | Adelante la Fe

  3. #3
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    Re: Siete excelencias de la sotana


    Por su vestimenta, ¿Lo reconocerán?

    Me encontraba el otro día leyendo un titular de prensa, en el cual destacaba la presencia de un Párroco en un evento deportivo, con retrato a color, incluido en el reportaje. Después de mirar detenidamente durante un rato la fotografía, me preguntaba, cual de los cuatro podía ser el cura. Todos iban de traje, así que primero aposté por los que llevaban la corbata más sobria, pero cuando leí el pie de foto, comprobé que me había equivocado. De traje, corbata de color, copa en mano, y brindando… ese, era el Sacerdote. ¿Es esa la presencia que tiene el clero hoy en día, en nuestra sociedad? ¿Dónde está la congruencia entre un titular que destaca una condición Sacerdotal y un hombre que la oculta, o se mofa de ella?


    Se habla de lo que supone para el Sacerdote llevar Clerygman o Sotana, pero, ¿A los Laicos nos aporta algo, verlos así, o nos resulta indiferente como se vistan? ¿Puede ser una importante catequesis para todos nosotros, el ver a un Presbítero llevando con orgullo el distintivo Sacerdotal?


    Igualdad
    , pregonaban los precursores del Concilio Vaticano II y cual ministros del gobierno español de los años 80, lanzaban la tirilla del cuello por los aires y se ponían la chaqueta de pana. ¡Relación horizontal con las ovejas!


    No encuentro nada recriminable en que los Sacerdotes acudan a eventos públicos, tales como el teatro, el cine, el fútbol…De hecho, recuerdo un gran Abad, que era uno de los hombres más destacados en los eventos deportivos, pero, siempre llevaba visible, su condición Sacerdotal, dando testimonio de su entrega a Dios. ¿No es posible combinar ambas facetas? Desde luego, lo normal no es estar de fiesta en fiesta y mostrando una vida frívola, en disonancia con la austeridad propia del Ministerio, pero en caso de tener que acudir a algún evento, ¿Por qué ocultar algo tan hermoso y puro, como es la vocación que llevan impresa en su alma? Que contrariedad, que se nos insista todos los días a los Laicos, en que demos testimonio con nuestra presencia en los distintos ambientes de nuestra sociedad y que justamente, sean, los que nos lo dicen, los que renieguen de ello. ¿Ejemplo o contraejemplo?


    El otro día, comentando con una amiga las fotos de un cura en las redes sociales, en bañador y en una piscina pública, ella, me decía que le parecía bien, que tenían que ser como nosotros, normales…como si lo cotidiano fuera pasarse el día en traje de baño y mostrarse al mundo en ropas menores… ¿A qué le llamamos normalidad? ¿Es que acaso, lo anormal, hoy en día, es lo normal? ¿Es que lo habitual y común, es poner fotos íntimas y de mal gusto, en un perfil público de Internet? ¿Qué ejemplo da un Presbítero en tamaña situación? Lo lógico y recomendable, sería, que se vistieran con la sotana y dieran testimonio de una vida acorde al Evangelio. ¿Se puede llamar gravedad Sacerdotal, a lucir cuerpo en una web pública, cual si fueran Greg Lugannis en un concurso mundial de saltos de trampolín? Menos piscina y más Sagrario, ese es el ejemplo que necesita el Pueblo de Dios. Eso debería ser la normalidad, la vida de oración y recogimiento


    La semana pasada, en un hospital, cuando salió el médico a llamar al paciente, me llamó la atención, estaba completamente de negro y pensé para mi, “parece un cura” y a la persona que estaba conmigo le dije, “el mundo del revés”. Y es así, se supone que el médico ejerce una profesión y hasta la fecha, llevaban la bata blanca que los diferenciaba del resto de los mortales y ¿Para qué, esa diferenciación? Sencillamente porque el paciente necesita saber o sentir que está ante un médico, queremos tener la seguridad, aunque la ropa no sea prueba fiable de nada, de que la persona que nos está atendiendo, es un profesional de la medicina y con su bata blanca nos hace pensar, en lo que deseamos lograr: la sanación del cuerpo. ¡Cuánto más importante será ese distintivo, si pensamos en la curación del alma!


    El Sacerdote, no ejerce una profesión, lleva implícita una vocación que ha elegido libremente y por ello, su vida, no debe de estar dividida en dos facetas, la pública y la privada. Ahora me pongo la Casulla para oficiar, ahora me pongo en pantalón corto para la excursión de la Parroquia y ahora la camisa de cuadros para atender el despacho parroquial ¡Cuánta estupidez! ¿Se trata de representar distintos papeles? ¿Es acaso la función Sacerdotal, una función teatral?


    ¿Qué nos supone o qué nos deja de suponer a los Laicos, ver a un Sacerdote con Clerygman o Sotana?
    Primeramente una referencia, un hombre que vive entregado a Dios y a sus ovejas. Hace poco en una Iglesia, una señora le preguntaba al Párroco, por el Párroco, parece un juego de palabras, pero así es, ella, NO lo diferenció del resto de las personas que estaban allí. En el polo opuesto, observaba a alguien que le besaba la mano a un Laico, al confundirlo con un Sacerdote. ¡Así está el patio! Curas que parecen laicos y laicos que se confunden con curas.


    Mientras miles de Presbíteros están siendo asesinados en el mundo, por dar un testimonio público de su condición de Cristianos, en nuestros países, que el único peligro que corren es el mismo que cualquier mortal, que nos insulten por la calle, ocultan su condición y desobedecen a la Iglesia, incumpliendo las normas prescritas. La historia de la Iglesia nos demuestra que no siempre el traje talar o el clerygman fueron las prendas utilizadas, sino que hubo una evolución, pero, lo que es seguro, es que siempre se diferenció la condición Sacerdotal y a día de hoy, está recogido en el Código de derecho Canónico, con lo cual, su incumplimiento, sólo nos hace pensar en una falta de amor a la Iglesia y un mal ejemplo para nosotros, que deberíamos ver en los Sacerdotes, un modelo a seguir, en nuestro camino a la Santidad. ¿Cómo podemos rezar para que haya vocaciones, si ni siquiera hay un referente visual para los jóvenes? ¿Cómo nos hablarán de Dios, si reniegan de Él, en detalles tan pequeños? Como diría mi compañero, el Padre Juan Manuel, ¡Viva la Sotana!




    Por su vestimenta, ¿Lo reconocerán? | Adelante la Fe

  4. #4
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    Re: Siete excelencias de la sotana



    La Sotana y el maligno


    Queridos hermanos:
    El uso de la sotana por parte del sacerdote no es algo trivial que quede a gusto del propio sacerdote. Aunque así es en realidad, la caída en desuso de la sotana es una pérdida para la santidad del sacerdote, de la Iglesia y de los fieles; y un grandísimo éxito del enemigo infernal de la Santa Iglesia.


    Quiero mostrarles una pequeña experiencia personal de la reacción del demonio ante la sotana. Es significativa. Me limito a transcribir las palabras oídas en una posesión, no todas por la dificultad de hacerlo, pero suficientes para caer en la cuenta de la importancia tan grande que tiene el hábito talar en la indumentaria del sacerdote.


    El demonio al ver al sacerdote con sotana ve al Sumo y Eterno Sacerdote, el Señor. Por esta razón el enemigo quiere destrozar el rostro del sacerdote son sotana.


    “Quemaría la sotana. Me revienta su nombre. Es algo insoportable. No la puedo mirar. Me queman los ojos. Es repugnante. Me queman los ojos ver dentro a un hombre
    (no puede decir la palabra sacerdote). Me entran ganas de vomitar, de escupirla. Si pudiera golpearlo en la cara lo haría (no en la sotana, no la puede tocar).


    Lo quemaba, lo torturaba, lo lapidaría, lo flagelaría. Empezaría por el rostro, para que no quedara nada, empezaría por los ojos
    (el poder de la mirada. Una mirada puede salvar o condenar),


    No me importa que lleven pantalones
    (no puede decir sacerdotes).”


    El maligno blasfema contra el único Señor, Jesucristo, al ver la sotana. No repara en el sacerdote con pantalones. Si comprendiéramos los sacerdotes la enseñanza que el Maestro nos da, no habría tela en España para hacer sotanas.


    Todo lo que dice el enemigo a través de la persona poseída está siempre bajo control del Padre Eterno, de lo contrario sería imposible seguir oyendo lo que la posesa dice. La ira y el desprecio es a tal punto que si puede mata al sacerdote.


    Curiosamente al sublime desprecio de la sotana y de su color negro, se une el deprecio a la estola y al bonete. Desprecio a lo tradicional del sacerdote y de la Iglesia. Y aún le repugna más cuando el sacerdote lleva con orgullo la sotana.


    Con la sotana, el maligno ve únicamente al sacerdote; pero cuando lo ve con pantalones sólo ve al sacerdote a medias, lo ve en el mundo. Por eso la reacción del maligno no es igual.


    Por experiencia, al ir con sotana por la calle y al pasar cerca de ciertas personas, el maligno que llevan dentro se manifiesta, no pudiendo callar, haciendo espavientos con gestos o pronunciando palabras ofensivas. La sotana provoca como una “levantera” que saca de su escondite al maligno agazapado. Todo se resume como un “vómito”, que es lo que expulsa con los insultos.


    ¡Viva la sotana!


    Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

    La Sotana y el maligno | Adelante la Fe

  5. #5
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    Re: Siete excelencias de la sotana


    A los Sacerdotes indecisos en el uso de la Sotana

    Querido hermano en el sacerdocio,


    Me dirijo a ti que te gusta la sotana, que la valoras, que quieres llevarla pero no te decides. Te revistes con ella en ocasiones, posiblemente en algunas fiestas de tu parroquia, eso sí, dentro de ella; quizá la lleves en tiempo de la Semana Santa. En definitiva, la usas muy ocasionalmente.
    Pesa mucho sobre ti “el qué dirán”, o “el qué dirá” tu párroco, o a lo mejor tu Sr. Obispo.


    Sabes que el Magisterio establece el uso del hábito talar, es decir, la sotana. Pero también sabes que, desgraciadamente, la autoridad del Magisterio está en entredicha; y que la autoridad queda reducida a la opinión personal de tu párroco o a la del Sr. Obispo. Por tanto, no quieres que te señalen, en definitiva no quieres tener “problemas”. Quizá termines pensando que no vale la pena crear una “conflicto” por una simple sotana. Entonces pregúntate, ¿a quién quieres servir? Es el Señor es quién te ha escogido personalmente, ¿por qué te cuesta servirle?


    Querido hermano sacerdote, el uso de la sotana no es un tema marginal, ni circunstancial en tu ministerio. Si deseas llevarla y no te decides a ello por “temor” a los respetos humanos, esta debilidad te pasará factura en tu ministerio. Sin querer, sin ser consciente posiblemente, tu firmeza sacerdotal estará debilitada, y en muchas ocasiones te faltará la firmeza y seguridad que te faltó en la decisión para ponerte la sotana de forma habitual.


    La sotana afirma tu carácter sacerdotal y tu identidad sacerdotal. Su color negro, no color de luto, es para recordarte que has de estar “muerto” al mundo, en cuanto a sus placeres y vanidades, porque eres el elegido de Dios, el consagrado de Dios, exclusivo de Dios. Siendo únicamente de Dios podrás entonces darte al mundo, sin riesgo de que tu corazón quede atrapado en sus efímeros atractivos.


    La sotana te cubre desde el cuello a los talones para recordarte que el hombre que eras antes ya ha desaparecido, que tus gustos y aficiones han de ser las de Dios; que eres un hombre “transfigurado” en Cristo, es decir, un sacerdote de Cristo.


    La sotana sólo te ayuda, recordándote lo que eres, protegiéndote de las tentaciones del mundo, advirtiéndote de ellas, reafirmándote en tu vocación e ilusiones primeras; te mantiene la “juventud” de tu corazón aunque tu rostro indique el paso de los años. La sotana es un bien para tu sacerdocio. La sotana es para el sacerdote exclusivamente, nadie más la puede llevar.


    Tu sotana es tu identidad sacerdotal, y su “cicatrices” serán el recuerdo de tu vida, de tus trabajos y fatigas, de tus alegrías y tristezas, de tus soledades… de tu vida sacerdotal. Tu sotana quedará como testigo fiel y “notario” de tu consagración a Dios.

    Si deseas llevarla, querido hermano sacerdote, póntela hoy mismo. No lo dudes un instante. Y ya no te la quites. La quiere tu Madre la Iglesia y la quieres tú.


    ¡Viva la sotana!, hermano sacerdote.


    Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

    A los Sacerdotes indecisos en el uso de la Sotana | Adelante la Fe

  6. #6
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    Re: Siete excelencias de la sotana



    La sotana es estigma

    Los estigmas que Dios Padre permite en personas elegidas, en almas de elevada vida espiritual y experiencia contemplativa, causan la admiración de quien las contempla, y hace que el mundo se pare y diga, ¿por qué? Cada uno dará su versión. La persona estigmatizada es de Dios, es testimonio de la realidad y poder de Dios, de su presencia entre nosotros, y de sus inescrutables designios. Pero la persona con los estigmas del Señor también será difamada y criticada, lo sabemos por la vida del Padre Pío. Si el Señor, su Santa Cruz, sigue siendo signo de contradicción, también lo son sus manifestaciones.


    La sotana es como un estigma en el sacerdote. Basta comprobar lo que ha de sufrir en silencio ante la incomprensión, indiferencia y desprecio manifiesto por parte de quienes más tendrían que valorarla y apreciarla, o al menos respetarla. Digámoslos claramente: quien en la Iglesia desprecia la sotana tiene su alma ennegrecida.


    El Señor propone y el Padre Eterno dispone. El Señor ha propuesto la sotana a su Iglesia, al sacerdote, porque así lo ha dispuesto el Padre. La sotana es por excelencia, y siempre lo será, el hábito eclesiástico del sacerdote católico, sin merma que la Iglesia con su autoridad disponga otra prenda eclesiástica. Pero siempre la sotana será la excelencia.


    La sotana es estigma. Ofender a un sacerdote con sotana es ofender a un consagrado de Dios, por tanto es ofender al mismo Dios. Otros no ofenden directamente, pero por cobardía se separan de quien lleva sotana, como si se estuviera ante un “apestado”; éstos, no hacen más que escudarse en su mediocridad y falta de hombría, son anónimos que deambulan sin criterio propio.


    La sotana levanta “ampollas” sin que ella tenga “culpa” de nada. La sotana es únicamente para ayuda del sacerdote, es signo hermosísimo de identificación con Cristo, es estímulo para quien la lleva, es constante recordatorio de “quien es” quien la lleva.


    La sotana no es “responsable” de que quien la lleva, en ocasiones no es digno de ella, de su significado. Y si esto ocurre, en nada afecta a la santa sotana, ni merma en lo más mínimo su utilidad y eficacia, su sentido religioso y sacerdotal.


    La sotana obliga a bien llevarla, con humildad y gallardía, con orgullo y valentía, con alegría espiritual y sacerdotal, y desprecio a las vanidades del mundo.


    La sotana al ser un estigma, lo es porque así Dios lo ha dispuesto. ¿Cómo rechazar algo venido de Dios? Bendito estigma es mi sotana.


    Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa



    La sotana es estigma | Adelante la Fe

  7. #7
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    Re: Siete excelencias de la sotana

    San Benito os lo ordena: volved a vestir hábito, monjes y monjas





    • En la sociedad de la imagen el hábito es esencial.
    • ¿Y si hace calor? Os fastidiáis.
    • Pobreza, castidad y obediencia: los dos primeros votos son facilones.
    • La soberbia muere 24 horas después del fallecimiento del laico.
    • En el caso del monje son 48.


    Fue el lunes. Festividad de San Benito, el tipo que inventó el monacato occidental, con su famosa regla, que apenas ha variado en 1.500 años. Rezar y trabajar que viene a ser lo mismo. En silencio, que Dios no gusta de las almas charlatanas (Santa Faustina) y que si la música es el ruido que menos molesta, la oración es la música más elevada.


    Por demás, patrón de Europa, porque Europa no se entiende sin sus raíces cristianas y el cristianismo no se entiende sin la vida regular, apartada del mundo… como no se entendería sin cristianos abriéndose paso, en ocasiones a codazos, en medio del mundo.


    Y todo esto es bello e instructivo, pero lo cierto es que en 2016 el clero regular, el de la regla, está para sacarle con una criba al sol. En contra de lo que dicta la historia, la crisis de las órdenes religiosas ha sido más violenta que la del clero secular, aunque el futuro nunca está escrito.


    Las reglas femeninas cayeron el día que se quitaron el uniforme. Recuerdo al papa Francisco (lo que tiene que aguantar un papa) recibiendo a las generalas de las congregaciones: la mitad portaba hábito, la otra mitad no. Y eran las generalas…


    El hábito no hace al monje pero sí a la monja
    . ¿Machismo? No, me atengo a Santa Faustina cuando, gran defensora de la religiosidad femenina y en general de la mujer, propugnaba la supresión en los monasterios de “esas pequeñas cosas a las que las mujeres nos apegamos tanto”. Por ejemplo, la vestimenta.


    Y los frailes varones lo mismo: relajación de la regla, como si el amor de Dios no fuera exigente. Y abandono del hábito, claro, que es algo más que un símbolo, es tu uniforme y tu primer instrumento de evangelización.


    ¿Qué el uniforme es algo formal? Y un jamón de mono: en la sociedad de la imagen el hábito es esencial.


    ¡Si San Benito reviviera gritaría a sus monjes de hoy, así como a las monjas de sus hermanas, Santa Escolástica: ¡Volved a vestir el hábito, pedazo de macarras!


    Luego está lo importante claro. Pobreza, castidad y obediencia. La crisis actual de las órdenes religiosas no viene por las dos cuestiones primeras. No, viene por la tercera, por la obediencia, el voto más difícil, el contrapeso del primer pecado capital. No olvidemos que si para el común de los mortales, la soberbia muere 24 horas después del fallecimiento, en el caso de las almas consagradas el peligro es que muera a las 48 horas, haciendo honor a lo que los diablos de Clive

    Lewis calificaban como el vicio más exquisito de la humanidad: el orgullo espiritual.


    Pero empecemos por el hábito: que os enfundéis el talar de nuevo, puñetas. Como su mismo nombre indica: hasta los talones.


    ¿Y si hace calor? Os fastidiáis.


    Eulogio López

    San Benito os lo ordena: volved a vestir hábito, monjes y monjas
    ALACRAN dio el Víctor.

  8. #8
    Gallego está desconectado Miembro graduado
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    Re: Siete excelencias de la sotana

    En un todo de acuerdo. En mi país, salvo muy honrosas excepciones, para encontrar un sacerdote de sotana es necesarios recurrir a una licitación pública. In Xto.
    Gallego.

  9. #9
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    Re: Siete excelencias de la sotana

    Charles Pope explica por qué cada vez más sacerdotes están recuperando esta prenda
    Un sacerdote da cuatro razones prácticas y una espiritual para utilizar la sotana en el día a día


    Cada vez más jóvenes deciden utilizar la sotana habitualmente

    J. Lozano / ReL
    8 julio 2017
    Hasta hace no mucho era prácticamente imposible encontrar a un sacerdote joven vistiendo con sotana. Y aunque aún es bastante infrecuente, son cada vez más los que se deciden por esta prenda. También es cierto que la mayoría de los nuevos sacerdotes visten con clerygman y que tras una generación en la que gran parte de los religiosos decidieron vestir de calle sin identificarse como tales, la situación se está revirtiendo haciendo mucho más presente a la Iglesia.
    Volviendo a la cuestión de la sotana, incluso es considerada como elemento para la evangelización. Así lo atestiguaba un sacerdote que decidió hacer el Camino de Santiago así vestido. Se convirtió en un imán y cientos de personas se le acercaron durante la peregrinación. Aprendió de esa experiencia y ahora evangeliza por las calles de Estados Unidos haciendo presente a la Iglesia en la calle vestido con sotana y su éxito es indudable.

    ¿Por qué ahora se está volviendo a usar sotana y no sólo el clerygman? Esta pregunta que se hacen mucho y que realizan precisamente a los jóvenes sacerdotes que deciden vestir con el traje tradicional.

    "Te define y es un buen recordatorio"
    Monseñor Charles Pope, sacerdote de la Archidiócesis de Washington y habitual columnista en diversos medios de comunicación norteamericanos, responde a esta pregunta desde su propia experiencia en un artículo en National Catholic Register.

    “Me encanta la sotana. Es práctica, cómoda, te define y es un buen recordatorio para sacerdotes y laicos”, asegura este sacerdote.


    Charles Pope reconoce que utiliza habitualmente la sotana pero que también hace uso del clerygman

    Pope recuerda su interés por esta prenda cuando estaba recién ordenado. “Un sacerdote anciano en quien confiaba se dio cuenta de que consideraba la sotana como práctica y sacerdotal. Él se divirtió con la ‘redención’ de lo que su generación creía que era una túnica poco elegante”. Y le explicó por qué una generación entera había roto con la tradición mandando la sotana al fondo del armario.

    “A pesar de que no me reprendió por mi interés por ella, e incluso me animó, también me explicó por qué sus compañeros habían hecho eso. Dijo que en los días en los que estaba en el seminario prácticamente estaban pegados a sus sotanas. Lejos de ser elegante, una sotana pronto apestaba a sudor, le faltaban botones y estaba salpicada por manchas de comida. Los seminaristas fueron enseñados para usarla incluso cuando jugaban al baloncesto. Se duchaban y volvían a ponérsela todavía húmeda cambiándose sólo la ropa interior”.

    Con esa explicación al menos, Charles Pope, dejó de estar “enfadado” con la generación anterior, pero él sigue siendo un defensor de la sotana tanto en el ámbito práctico como simbólico.

    "Distintivo y eminentemente sacerdotal"
    “Para mí la sotana es a la vez distintivo y eminentemente sacerdotal. Nadie más viste nada igual, salvo los estudiantes en su graduación o un juez de vez en cuando”, afirma este sacerdote, que considera que “un atuendo de sacerdote destaca en lugar de mezclarse. Él es diferente, sí, ‘raro’, y representa algo no sólo antiguo sino tan nuevo como para ser eterno”.

    De este modo, Pope reconoce que lo que él llama ‘traje de negocios’ más común usado por los sacerdotes de hoy puede lograr esa identidad de “testigo” pero “es similar a la del traje utilizado por cualquier hombre que trabaja en una oficina, sólo que vestido entero de negro y con un cuello inusual”. “El color y el alzacuellos dicen ‘cura’ pero para mí el traje me dice ‘oficina’”, afirma después de asegurar que “tiene demasiadas concesiones a la modernidad”. Y por ello llega a la conclusión de que en su opinión “el traje habla más del mundo de los negocios que de la fe y la vocación”.

    En su defensa de la sotana, este monseñor también admite que “hay momentos en los que es más práctico usar el ‘traje de oficina’ y lo hago en esas ocasiones, pero a medida en que la ropa ayuda a hacer al hombre, me siento más sacerdotal cuando utilizo la sotana”.



    “La gente a menudo me da las gracias por llevar la sotana, pero nunca nadie me las ha dado por llevar el traje. Esto me dice que la sotana significa algo especial para el pueblo de Dios”, defiende.

    Y más allá del aspecto simbólico y religioso, Charles Pope habla de las razones prácticas por la cuales su uso es para él una “bendición”:

    1. Más fresca
    Cuenta que “sorprende a muchas personas cuando les digo que mi sotana es más fresca que el traje de oficina habitual. Sin proporcionar demasiada información, basta con decir que no tengo que usar un conjunto completo de ropa bajo la sotana”. Y asegura que la que utiliza es de “un material ligero, transpirable, y es deliciosamente fresca en comparación con el traje”.

    2. Es holgada
    “Nunca he sido fan de la ropa ajustada que está de moda hoy en día. La sotana, cuando se usa sin fajín, cuelga libremente en el cuerpo”, afirma este sacerdote.

    3. Bolsillos grandes
    Pope explica que “la mayoría de las sotanas tienen bolsillos profundos y anchos. Son casi como pequeñas alforjas y como la sotana es holgada los bolsillos llenos no son un problema”.

    4. Poner y salir
    El tiempo y la facilidad para vestirse es también un elemento a su favor, según este sacerdote estadounidense. “No se necesita mucho tiempo para ponerse la sotana. No hay necesidad de ponerse una camisa de vestir, pantalones, cinturón, el clerygman, y buscar una chaqueta”. Con la sotana simplemente hay que subir los brazos y la gravedad hace el resto.

    Un sacerdote da cuatro razones prácticas y una espiritual para utilizar la sotana en el día a día - ReL
    Última edición por Hyeronimus; 23/08/2017 a las 00:47

  10. #10
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    Re: Siete excelencias de la sotana

    Los de mi generación que íbamos a colegios religiosos estábamos acostumbrados que los sacerdotes y frailes que nos enseñaban jugaran con nosotros en el recreo al fútbol o al baloncesto en sotana sin ningún problema.



    ¿Un cura esquiando con sotana? “El testimonio que uno puede dar es inmenso”

    Que No Te La Cuenten
    Sep 2

    POR WALTER SÁNCHEZ SILVA | ACI Prensa

    El P. Javier Olivera Ravasi, director del proyecto de apologética católica Que no te la cuenten (QNTLC), publicó varios videos en los que se le ve esquiando con su sotana, algo que realiza cada cierto tiempo con un grupo de alumnos en Argentina.

    A la pregunta sobre si un cura puede hacer deporte con sotana, el sacerdote dijo a ACI Prensa que “primero, para hacer deporte con sotana, hace falta tener una ¡Je!”.

    Desde San Martín de Los Andes, en donde está en excursión con un grupo de estudiantes del colegio donde enseña, el sacerdote indicó que la sotana “es un signo que se ha perdido, pero también entiendo que es un distintivo que a uno lo identifica como consagrado".

    Además, "permite a los laicos, católicos o no, ver la presencia de Dios en el mundo porque uno con sotana no pasa desapercibido”, resaltó.

    Tras comentar que cada año van a las montañas de San Martín de los Andes a esquiar, gracias a uno de los papás que consigue pases y esquíes gratis para todos, el P. Olivera dijo que vestido con su sotana “el testimonio que uno puede dar es inmenso”.



    “Desde una bendición hasta una confesión en la nieve, porque la gente no solo ‘ve’ que hay un cura, sino que también percibe que uno puede divertirse sanamente como toda persona normal”, subrayó.“Ahora, claro que, hay deportes y deportes para hacer con sotana; si debiese hacer natación no podría, ¡je!”, bromeó el P. Olivera.Los sacerdotes y el deporte

    A la pregunta sobre si es importante el deporte para los sacerdotes, el P. Olivera respondió categóricamente: “¡Claro que sí! Los romanos decían que ‘mens sana in corpore sano’, es decir, un alma sana en un cuerpo sano”.En ese sentido, el presbítero argentino dijo a ACI Prensa que “el sacerdote, a pesar de ser un consagrado por Dios para confeccionar los sacramentos, es también un ser humano”.

    “Y el deporte es, especialmente en los tiempos sedentarios que corren, un modo no solo de recrearse sanamente, sino también de hacer penitencia para tener ‘a raya’ nuestras pasiones”.

    En tiempos antiguos, continuó el sacerdote, “la misma vida exigía que uno caminase, sembrase, cosechase, se moviese, etc. Hoy, dado que todo es ‘pasivo’ necesitamos –sin llegar a hacer un culto del cuerpo o del deporte– de una sana actividad para suplir todo eso”.

    Pero hay algo más, concluyó el P. Olivera, “el sacerdote debe ser un guerrero de Dios y los guerreros también entrenan”.


    https://www.quenotelacuenten.org/202...ar-es-inmenso/


  11. #11
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    Re: Siete excelencias de la sotana

    Sobre curas ensotanados y desensotanados


    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 577, 28-Ene-1978

    Los “quemados”

    Por D. Elías (sacerdote)

    Me encontré a mi viejo amigo en la calle de San Bernardo (Madrid), ensotanado hasta arriba, pero sin alzacuellos, según su costumbre. Mi viejo amigo, allá por los años 40 y 50, se desensotanaba de vez en cuando, y hacía buenas partidas de tute con sus feligreses, cuando no corría con una moto por las carreteras de Chinchón.

    -Pero hombre, ¿ahora, te ensotanas tú, que antes “americanizabas”? ¿Te entiendo o no?

    -Porque ahora (1978) se trata de llevar la contraria. Me siento cura por encima de todo. Y me basta con conocer a los tres “ex” que viven en mi barrio, para llevarla siempre puesta. Vamos a ser serios, aunque algunos tengamos fama de brutos.

    Y mi amigo siguió por San Bernardo adelante, haldeando con su sotana, más bien vieja y recosida, camino de la glorieta de Quevedo.

    ***
    Mi viejo amigo dijo muchas cosas en pocas palabras, y sobre todo me dio una lección de entender el sacerdocio. Una cosa cierta sé de él: no ha perdido la chaveta, y con todos los defectos que pueda tener personalmente, ama su sacerdocio por encima de todo, y lo saca a luz en todas partes, sin complejos de ningún género.

    Es verdad que en su barrio viven tres “ex”… sacerdotes. Y digo “ex” sacerdotes porque aunque la realidad de su sacerdocio no ha desaparecido de su persona, ha desaparecido su ejercicio. La realidad de su sacerdocio está dentro de ellos, aunque inactivo en su mayor parte. Dentro de su alma el sacerdocio late como una tremenda realidad, semejante a ese principio jurídico: “res clamat ad dominum”, que bien podríamos traducir por “cada cosa reclama sin cesar a su dueño”.

    Estos hombres han sido quemados, como sacerdotes y como hombres. Estos hombres abrazaron un día el sacerdocio llenos de ilusión, y la “revolución del cambio” (Vaticano II) los quemó, los trituró, los redujo a cenizas. Y, sin embargo, “res clamat ad dominum”. Su sacerdocio no está callado, y, mucho menos, muerto. Su sacerdocio está allí, como un testigo de cargo contra alguien y contra algo.

    Mi viejo amigo no es un santo, y él lo sabe bien; pero mi viejo amigo ha visto en sus compañeros “ex” un clamor muy serio en favor de su ministerio, y se ha ceñido la sotana de modo inexorable: “semper et pro semper”, se ha dicho como un juramento: siempre y en todo momento lo soy. (…)

    ***
    Pero al mismo tiempo siento un gran amor por mis otros amigos, los “quemados”. Yo no sé lo que pasó en su conciencia, porque la tengo un tremendo respeto, y debo no violentar el misterio de su íntimo yo. El proceso seguido por su yo en la evolución hacia el “ex” merecería un largo estudio para enseñanza de quienes pudieron salvarlo y no lo salvaron. De hecho, mi viejo amigo conoce alguno de esos procesos, y desde entonces ama más profundamente su sacerdocio ministerial. Aunque ese sacerdocio esté en un vaso de barro, y, precisamente por eso, su amor se ha duplicado. Ha visto que ese vaso de barro puede romperse y ha cuidado seriamente que no se rompa.

    ¡Qué bien suenan las palabras de San Pablo “escogido entre los hombres, colocado en favor de los hombres”, y qué penosamente suena el “dejó de ser escogido para ser uno más entre los hombres”!

    ***
    Es posible que no todos los sacerdotes entiendan este lenguaje, pero algunos, seguro que si lo entendéis. Y más en las aldeas, en las ciudades, en parroquias o en capellanías, sin complejos ni crisis de identidad, aquellos olvidados, marginados o sin olvidar ni marginar, siempre pobres y fieles a vuestro breviario, entendéis perfectamente este lenguaje; como lo entenderían seguramente los sacerdotes tras el Telón de Acero fieles a Roma contra viento y marea, ajenos a la farsa progresista de la vieja pseudo-Europa y parte de la no tan vieja América.

    Vosotros no os quemáis. Vosotros, en todo caso, os dejáis martirizar o encarcelar como Pedro y Pablo, como Santiago y Mateo, al frente y en medio de vuestro pueblo “hasta romper el cerco”. (…)

    A vosotros, los “quemados”, una voz de aliento. No os consideramos lejanos, sino muy cercanos. Dios jugará su baza en su momento y vuestro corazón volverá a latir fuerte, a pesar de todo, y volverá la luz.

    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

  12. #12
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    Re: Siete excelencias de la sotana

    "UNA DIOCESIS ESTRENA "CLERCHI” (Sobre curas que abandonaban la sotana para pasarse al traje clergyman)





    Revista ¿QUÉ PASA? núm 150, 11-Dic-1966

    UNA DIOCESIS ESTRENA "CLERCHI” (*)

    (Primeras impresiones al efecto)

    Por SAULO

    Nuestra diócesis—aquella en que residimos—acaba de estrenar «clerchi». Retrasada anduvo la autorización, pero es que había circunstancias especiales que impidieron que la cosa se hiciese con más premura. Pero, en fin, a mediados de octubre, los anhelos se vieron colmados y cesaron las impaciencias de ese 30 por 100 de sacerdotes diocesanos—según los cálculos más optimistas—que se cree que vestirán el «clerchi» a partir de ahora.

    Uno está siempre con los oídos atentos para ver cómo «caen» ciertas cosas entre el público o, si se quiere, entre el pueblo fiel. Y en esta ocasión, apenas ha salido a la calle el primer cura vestido de «clerchi», nos hemos dispuesto a recoger impresiones, comentarios y pareceres. A continuación estampamos algunas de estas impresiones, con la recta intención de que si alguno de los interesados se ve reflejado en ellas y cree oportuno hacer alguna rectificación, lo haga de inmediato. Tiene, ¡cómo no!, nuestra autorización y hasta incluso, si cabe nuestro aplauso. Siempre se dijo que es propio de sabios el rectificar.




    ***
    Primera impresión. En cierto acreditado centro instructivo de jóvenes hay dos curas capellanes, uno con mayor y más acusada personalidad que el otro. Escasos días más tarde de que se hiciera pública la autorización del prelado para que los sacerdotes pudieran vestir el «clerchi»—lo cual demuestra que el interesado lo tenía con antelación encargado al sastre—, el sacerdote de personalidad menos acusada aparece vestido de «clerchi» gris. El otro continúa vistiendo la sotana tradicional distintiva del sacerdocio.
    Un seglar, que tiene ocasión de hablar con dichos capellanes estando los dos juntos, dice al que viste el flamante «clerchi»:
    —Lo siento, padre, pero aquí su compañero, vistiendo de sotana, me causa mucho más respeto que usted, que viste casi como yo. Me agradaría poder decirle lo contrario, pero es así...
    Al sacerdote que vestía sotana debieron darle mucha pena estas palabras. A él le hubiera gustado posiblemente repartir con su compañero, a partes iguales, la dosis de respeto que a aquel seglar merecían ambas formas sacerdotales de vestir, el «clerchi» y la sotana. Pero aquél volcó la cantidad total de su respeto sólo sobre el ensotanado.
    Simplemente, un síntoma y una toma de posición.

    ***
    Segunda impresión.

    —Oye, papá...
    —¿Qué, hija mía?
    —Que si en lo sucesivo veo por la calle a un sacerdote vestido «de paisano»...
    —No, hija. De paisano, no; de «clerchi»...
    —Bueno, de... «eso»..., y me confundo y le beso la mano creyendo que es un sacerdote católico y resulta luego que es protestante, sería una coladura, ¿no? Yo no sé qué hacer, papá. Yo creo que lo mejor es no besarle la mano a ninguno de los dos, para no equivocarme, ¿no te parece? Con la sotana no había confusión, pero así…
    —Tienes razón, hija mía. No es lo mismo besar la mano a un sacerdote católico, porque a ella baja Jesucristo todos los días, que besársela a un hermano separado, aunque vista traje oscuro y alzacuello. En esa mano no está a diario Jesucristo.
    —Por eso digo, papaíto, por eso digo…


    ***
    Tercer tema de comentario.

    No es el hombre muy practicante ni muy piadoso, desde luego. Viejo militar, hoy retirado, sí que lo es. Va a misa los domingos y cumple con la Iglesia una vez al año. Pero de ahí no pasa. Le gusta al hombre la buena vida y hace burla de muchas cosas. No obstante, cuando se habla de que ya en la diócesis los sacerdotes pueden vestir el «clerchi», nuestro hombre se indigna y precedida del correspondiente «taco», dice esta frase casi lapidaria:
    —¿Cómo es posible que un cura no vista de sotana, y la abandone por vestir de esa forma nueva? Yo, si fuera cura, no dejaría de llevar ese vestido, que me distinguiría de los demás hombres. ¡Qué poco aprecio por la «profesión»! ¡Cualquier día yo, en mis tiempos de militar en activo, dejaba de salir a la calle sin mi pantalón caqui y mi guerrera! ¡Poco orgullo que sentía de poder demostrar en todas partes que yo no era un hombre corriente, sino un militar de cuerpo entero! Pero es que ahora, desde el punto de vista clerical, parece que hay un desenfrenado interés en no diferenciarse de los demás hombres…

    ***
    Los sacerdotes entusiastas del «clerchi», que tanto jalean y exaltan al llorado Juan XXIII, llamándole «el Papa del Concilio», «el Papa de la renovación de la Iglesia», etc., etc., ¿conocen la circunstancia de que el santo Pontífice llamaba a la sotana sacerdotal «la túnica de Jesucristo»?
    —Pero entonces, oiga: ¿cómo es posible que, sobre todo algunos sacerdotes jóvenes, en vez de vestir la túnica que les acerca a Jesucristo, se afanan por vestir un traje que les acerca al mundo?
    —No me lo explico, se lo aseguro. No me lo explico…

    ***
    —Oiga usted: Esto de que los sacerdotes puedan vestir el «clerchi» lo habrá dispuesto el Concilio, ¿no?
    —Creo que no. El Concilio no se ha ocupado específicamente de tal cosa.
    — Y el que sean pocos los que llevan la mandada tonsura en su cabeza, ¿es también cosa conciliar?
    —¡Qué va! Se trata de una disposición del Derecho Canónico vigente, que de ninguna forma ha sido derogada.
    —Entonces, ¿por qué se desobedece tal disposición?
    —Eso digo yo: ¿por qué se desobedece?

    ***
    —Que el Señor me perdone si con esto le ofendo, aunque creo que no. Yo, para confesarme, entre un sacerdote que vista la sotana y otro que vista el «clerchi», lo haré con aquél y no con éste. Me parece más sacerdote-sacerdote el primero que el segundo. ¿No lo cree usted así?
    —Tenga en cuenta que el hábito no hace al monje...
    —No le hace, pero le honra y le distingue. Sobre todo esto último: le distingue. Un sacerdote que use de ordinario la sotana, y lo con dignidad, como lo hacen, gracias a Dios, tantos, me figuro que está más cerca de Dios y más distante de ese mundo que anatematizó Jesucristo, que ese otro que viste el aseglarado «clerchi». Yo preferiré siempre al sacerdote-sacerdote, dentro y fuera del confesonario, por supuesto.

    ***
    —Oiga, ¿no cree usted que España, con esta forma nueva de vestir los sacerdotes, ya se diferenciará menos del extranjero? ¿No cree usted que nos estamos europeizando y americanizando a pasos de gigante?
    —Así lo creo. Eso tan entrañable que antes decíamos, «España es diferente», está pasando a la historia, por desdicha.
    —Añada usted que con gran regocijo por parte de los enemigos de la Iglesia y de los amigos de la revolución a escala internacional.

    ***
    Aquel sacerdote frisaba en el medio siglo. Decía así:
    —Tengo la impresión de que esta autorización que han dado los señores obispos para que los sacerdotes podamos, si nos place, no vestir la sotana, es para evitar mayores males y para que no caigan en falta, si no la visten, un grupo reducido de clérigos jóvenes. Creo que no me equivoco si pienso que esta autorización la han debido dar los prelados con dolor y como-a regañadientes... Yo, por eso, seguiré vistiendo mi sotana, pues, aparte de que no quiero desprenderme de ella, sé que con ello complazco a mi prelado, al que gustaría, sin duda, que ningún sacerdote diocesano hiciera uso de la autorización concedida. ¿No lo cree usted así?
    —Efectivamente. Así lo creo, señor cura.

    ***
    Punto final.
    «Vox populi...» Al pueblo español, al pueblo sano, sencillo y piadoso, le gustaría seguir viendo a sus sacerdotes vestidos de sotana y no de «clerchi» Esta prenda le huele a extranjerismo, a algo así como a dominación extranjera, a persecución religiosa. La razón pastoral del uso de nueva, el «clerchi», créannos los señores obispos, no la vemos por ninguna parte. Palabra.


    (*) "clerchi": es decir, "clergyman", traje oscuro de chaqueta con camisa negra o gris perla y alzacuellos (que era propio de pastores protestantes)
    Última edición por ALACRAN; Hace 3 semanas a las 14:30
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
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