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Tema: Lutero, no y no

  1. #81
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    Re: Lutero, no y no

    El protestantismo como desvinculador de la sociedad natural.

    El fenómeno de la mal llamada Reforma protestante constituyó una bomba de relojería en la sociedad del s. XVI. Con ello no me refiero a un fenómeno desestabilizador de una sociedad concreta, sino a un destructor de la misma que al mismo tiempo sienta las bases de una nueva “sociedad”. Es por ello que el protestantismo es un acontecimiento muy complejo que no puede ser estudiado desde una única óptica. La Revolución protestante debe analizarse desde sus bases teológicas, filosóficas, políticas… No con una intención de individualizar cada uno de los ámbitos, sino que entendiendo la relación que guardan entre sí, poder comprender correctamente el fenómeno. Quisiera centrarme en este momento en el aspecto político protestante, pues lo considero de gran interés para poseer una correcta visión de acontecimientos que hoy ocurren e incluso, del propio fondo donde se desarrollan dichos acontecimientos.

    1. El hombre, social por naturaleza

    Continuando la línea iniciada por Aristóteles, santo Tomás lleva el principio de la sociabilidad del hombre natural a su plenitud. La finalidad meramente social aristotélica queda superada por la beatitud tomista. Por tanto, el hombre es social por naturaleza y la sociedad debe estar subordinada a Dios, el Bien absoluto.

    Al referirnos al hombre como social por naturaleza, precisaremos qué entendemos por esta tendencia. Esto es, el hombre lleva inscrito en sí mismo su integración en la comunidad para actualizar plenamente sus potencias. Pero la naturaleza es jerárquica, es decir, encontramos un orden en la misma. Dicha jerarquización se entiende formalmente como una ordenación para el bien común promulgada por quien tiene el cuidado de la comunidad (1).

    Y es posible que nos formulemos la siguiente pregunta: ¿cómo queda integrado el hombre en la comunidad? La respuesta es mediante la vinculación. El hombre mediante el libre albedrío escoge los entes a los cuales se vincula y a ellos queda enlazado. La libertad, por tanto, juega un papel de identificación del bien en lo teórico y de ejecución en lo práctico, por ello la contraposición entre libertad y vinculación en el pensamiento político tradicional es inexistente. Encontraremos vinculaciones involuntarias (dependencia para con Dios como criaturas) y vinculaciones voluntarias (como la elección del cónyuge con quien contraer matrimonio). En el ámbito de la comunidad, el hombre tiene unas dependencias necesarias para con el rey, o con el municipio o con la comunidad de vecinos… En otras palabras, la naturaleza del hombre lo lleva a integrarse en la jerarquía social.

    2. Lutero y la pseudosociedad moderna

    Toda la matriz escolástica que descubrió el funcionamiento de la realidad creada vino a recibir un gran ataque con la irrupción del fraile agustino Martín Lutero. Lutero vino a crear una nueva religión que no desarrollaremos aquí por cuestiones de extensión, pero quiero focalizar el estudio en un punto importante: la libertad del hombre.

    Frente a la relación inseparable bien-libertad clásica, Lutero desarrolla una nueva libertad. La libertad moderna se defeniría como las pulsiones interiores del individuo, es decir, aquello que ‘en conciencia’ quiero hacer. Como vemos, la matriz antropocéntrica es tal que la libertad queda desligada de todo bien y ser libre es por tanto, responder a esas pulsiones.

    A este elemento le sumamos otro que vendría a ser la contraposición al principio de relación naturaleza-gracia tomista (la gracia no suprime la naturaleza, sino que la perfecciona(2)) mediante la proclamación de la independencia del orden natural y el sobrenatural.

    Esto tiene consecuencias muy trascendentes en la política puesto que lo que antes respondía a la naturaleza del hombre (vinculación) es ahora un ataque a la libertad, es decir, la libertad moderna entiende que toda vinculación merma la libertad puesto que no responde a pulsiones interiores sino a un ente externo y ajeno. Por tanto, se ponen las bases para una nueva sociedad, en la que la libertad ya no depende del bien sino que es absoluta en sí, pues depende del individuo. Pese a las contradicciones que posteriormente llevará a cabo Lutero de su propio principio (como la vinculación al poder secular, causando la Guerra de los campesinos de 1524-1525), este concepto de libertad desligada será muy operativo en la Modernidad. Es por ello que la introducción de la libertad moderna constituyó la ruina de la civilización medieval, sociedad jerarquizada en torno al Papado y al Imperio.

    3. La restauración de la libertad humana

    Pese a toda ideología, el hombre es incapaz de ir contra sí mismo, es decir, contra su naturaleza. Puede hacer teatro y creer que está por encima de ella, pero no se corresponde con la realidad pues sólo el Creador crea, no la criatura.

    Por ello, es nuestro deber combatir todo tipo de ideas ancladas en la llamada libertad moderna. Puesto que si verdaderamente la desvinculación otorgase libertad, nadie sería libre pues toda persona se debe a directrices de otras (familiares, laborales, religiosas…).

    En base a esto, es preciso vivir conforme a las vinculaciones a las que estamos sometidos libremente, en todos los ámbitos de nuestra vida. Desde los deberes para con el cónyuge hasta la obligación con la Patria. Pero entre estas dos sociedades (familia y Patria), existen multitud de sociedades intermedias que es preciso reconducir de acuerdo con el principio de autoridad, generando así una restauración orgánica desarrollada de forma celular que aspiara a conquistar las copas más altas de la sociedad.

    Francisco Sandoval
    (1) TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, Ia-Iia, q. 90, art.4.
    (2) TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, Ia, 1, 8 ad 2.


  2. #82
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    Re: Lutero, no y no

    Martín Lutero y la ruptura protestante





    https://www.youtube.com/watch?v=dtwGi-fs4SY

  3. #83
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    Re: Lutero, no y no

    He creado tema con este mismo asunto, pero creo que es oportuno incluir este enlace también aquí:

    https://www.youtube.com/watch?v=QGRJ...Qk9jsfD8fTczVw
    Smetana dio el Víctor.
    "La Verdad os hará libres"

  4. #84
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    Re: Lutero, no y no

    ¿Que decía Martín Lutero sobre la Virgen María?





    https://www.youtube.com/watch?v=ePciLZ3peO8
    Smetana dio el Víctor.

  5. #85
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    Re: Lutero, no y no

    LUTERO: ENEMIGO DE LA FE CRISTIANA por Alberto Bárcena

    Magistral conferencia del profesor D. Alberto Bárcena quien sitúa a Lutero en su justo y verdadero lugar en la historia de los hechos dados y protagonizado por este hereje, que tuvo la desgracia de romper y de dinamitar la Cristiandad.

    LUTERO no sólo arremetió contra las INDULGENCIAS de su tiempo, sino que basó su vida en demoler fundamentalmente la SANTA MISA y los Sacramentos, arrasando con dogmas de fe y vida cristiana.

    Lutero no fue inspirado por el ESPIRITU SANTO sino por el espíritu del mal para configurar su herejía. No quiso favorecer a la Iglesia Católica sino destruirla a la cual (y al Papa) calificaba con adjetivos de lo más perverso.





    https://www.youtube.com/watch?v=4TM6...zee9Nsdn0Gxmu8
    Smetana dio el Víctor.

  6. #86
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Lutero, no y no


    FILÓSOFA CATÓLICA ALEMANA, RECIENTEMENTE FALLECIDA

    Alma von Stockhausen: «La teología de Lutero es la autojustificación de sus pasiones pecaminosas»

    El pasado 4 de mayo falleció Alma von Stockhausen, destacada filósofa católica, fundadora de la Gustav-Siewerth-Akademie. El historiador alemán Michael Hesemann la entrevistó en algunas oportunidades. Kath.net publicó, con motivo de su muerte, una de sus más destacadas entrevistas.
    25/05/20 5:14 PM


    (InfoCatólica) Alma Luise Elisabeth von Stockhausen nació el 30 de septiembre de 1927 en el Nesselroder Hof de Münster (Westfalia). Era hija del abogado e historiador Franz Eduard von Stockhausen (1903-1952) de la familia noble westfaliana Stockhausen y de la condesa Elisabeth von Bernstorff (1899-1994).
    Estudió filosofía, teología católica e historia en la Westfälische Wilhelms-Universität de Münster, en la Georg-August-Universität de Göttingen y en la Albert-Ludwigs-Universität de Friburgo. En 1988 fundó la Academia Gustav Siewerth con el apoyo de Joseph Ratzinger.

    Dicha academia tenía como objetivo contrarrestar el marxismo y la hostilidad anti-iglesia del movimiento de 1968. También abordó la oposición entre la escolástica católica «lógica» y la «escolástica protestante». Alma advirtió que la Iglesia de esta època está asumiendo las tesis protestantes.

    Su último lugar de residencia fue el santuario mariano de Heroldsbach, donde uno de sus hermanos ejerce como sacerdote. Allí murió el 4 mayo de 2020 a la edad de 92 años, a consecuencia de un cáncer.

    Esta fue una de las entrevistas más sustanciosas que concedió hace unos años y que ahora ha publicado el portal austriaco Kath.net:

    Señora von Stockhausen, el papa Benedicto volvió recientemente a manifestar que la crisis de la Iglesia es una crisis de fe. ¿Qué papel jugó Lutero al respecto?


    ¡Un papel decisivo! La crisis de la actual teología se debe a la filosofía, tal como lo dijo también el cardenal Ratzinger, antes de llegar a ser papa Benedicto. En la base de la teología hay una falsa filosofía. ¿Y cuál es esa falsa filosofía? La filosofía alemana. Y la filosofía alemana no solo está influenciada por Lutero, sino que tiene su origen en él. El mismo Heiddeger lo dice: Yo no hago más que conceptualizar a Lutero. Hegel también se entiende así.

    La tesis fundamental de su nuevo libro (La sola fe: la teología de Lutero, una biografía, Gustav Siewerth Akademie, Weilheim-Bierbronnen, 2016) es que la teología de Lutero es un derivado de su biografía. Pero yo quisiera comenzar con su propia biografía. ¿Cómo fue que usted comenzó a interesarse por Lutero?


    De niños, escuchamos de nuestra madre que nuestra abuela se había vuelto católica, a pesar de que su familia, los condes de Bernsdorff, eran marcadamente evangélicos. Mi abuelo hacía política para el rey de Hannover, un protestante convencido. Un día mi abuela dijo: «Ahora sí que quiero conocer a nuestro padre en la fe». Y lo hizo. Y entonces dijo a su esposo: «¿Qué clase de locura es esta en que creemos? Tengo que volverme católica inmediatamente». El abuelo respondió: «Entonces me divorcio. Si la religión no es lo que nos une, cómo será posible, pues, una vida en común?». La abuela respondió: «La verdad es la verdad, me voy a volver católica». El abuelo no se divorció y la abuela se volvió católica.

    ¿Qué fue lo que en aquel entonces convenció a su abuela para que se convirtiera a la fe católica?


    Ciertamente, lo decisivo fue lo de que Dios tenía que ser malo. Lutero le adjudica el mal a Dios. Y eso, naturalmente, es la locura de la cual hablaba mi abuela.

    ¿Qué fue lo que a usted le abrió los ojos respecto a Lutero?


    Yo no solo me ocupé de Lutero por razón de mi ascendencia familiar, sino sobre todo porque la filosofía alemana se remite una y otra vez a Lutero. Mi maestro más importante fue inicialmente Heiddeger, que siempre se remitió a Lutero, y decía: En mi filosofía, no he dado un solo paso sin Martín Lutero. Heiddeger era hijo de un sacristán católico, y posteriormente se volvió protestante.

    ¿Fue Lutero la razón para que usted estudiara filosofía?


    Mis padres eran ambos filósofos. MI madre siempre me decía que mi clase de filosofía había comenzado con mi padre cuando yo tenía dos años. Así, pues, el estudio estaba prácticamente pre-programado.

    Usted estudió en Münster, Munich, Göttingen y Freiburg. En Freiburg no solo conoció la revuelta estudiantil de izquierda de los años setenta, sino que también tuvo experiencias con ella.


    Cuando fui profesora en Friburgo, lo más importante para mí era refutar a Karl Marx. Eso hice, y entonces ocurrió lo siguiente: en el auditorio había 300 estudiantes. Todos debían cursar filosofía, que también eran candidatos a la licenciatura en pedagogía. Todos los futuros profesores de bachillerato debían aprobar las asignaturas de filosofía. Yo, entonces, refutaba a Marx con base en sus escritos, pero a los estudiantes no les gustaba. Lo primero que hicieron fue pisotear mi micrófono y luego me arrastraron con un lazo. Ellos gritaban: «¡Hay que hacerle lo mismo que a Buback!». Buback era el fiscal general de la Repúplica Federal Alemana, que por aquel entonces fue asesinado por la «Fracción del Ejercito Rojo», una célula terrorista de izquierda. Mi asistente se puso a mi lado con el paraguas y mantuvo el lazo lejos de mi cuello. Entonces me arrastraron hasta donde el rector y el rector no estuvo dispuesto a defenderme. Por suerte, no llegaron a ejecutarme; me dejaron ir, pero no pude volver a dictar clase, eso estaba descartado. Entonces, lo único que pude hacer fue fundar una universidad privada, y así fue como fundé la Academia Gustav Siewerth en mis casas de la Selva Negra. Allí conocí a los grandes estudiosos de Lutero: Dietrich Emme y Theobald Beer, cuyos trabajos me abrieron los ojos. Comprendí que la teología de Lutero no era más que una respuesta a su biografía: su intento de achacarle a Dios su vida anterior y sus fatales pasiones.

    Una clave para comprender la doctrina luterana fue su correspondencia epistolar con el humanista Erasmo de Rotterdam. ¿De qué hablaban en ella?


    De la voluntad esclava. Lutero le escribió: «Tú, Erasmo, fuiste el único en comprenderme acertadamente. A mí no me importa lo del comercio con las indulgencias, ni lo del purgatorio y el papado, sino única y principalmente el asunto de la voluntad esclava. No es el hombre el que es culpable, sino el Dios injusto». Y Lutero continúa: «Dios dejó que Adán cayera, Dios determinó que Judas fuera un traidor, Dios es malo y nos creó por aseidad [atributo de Dios, por el cual existe por sí mismo o por necesidad de su propia naturaleza] del mal. Dios tiene que volverse primero diablo antes de poder volverse Dios», es decir, él tiene que deponer su maldad, hacerla diablo, y entonces puede volverse Dios.

    ¿Es decir, que no es el hombre el que es malo, sino Dios?


    Lutero dijo: No es el pobre hombre el que es culpable, sino el Dios injusto. Dios es cruel y malo. Él primero descargó su maldad en Cristo y luego sobre nosotros, de manera que nuestro único nombre –como Lutero dice– es el pecado. En cierto sentido, nos hemos convertido en las bestias de carga de Dios, tenemos que ser malos. Yo entiendo que Lutero quiere siempre demostrar que él es inocentemente malo. Él personalmente no puede hacer nada en contra, él tiene que llevar la carga de la maldad de Dios y por eso «fornicar y asesinar» permanentemente, como él mismo dice. Literalmente: «Incluso si fornico mil veces al día y mil veces asesino, eso no puede apartarme de Cristo. La sola fe me salva». Somos redimidos por la muerte y resurrección de Cristo. Para Lutero, Él también tiene la función de redimir al mundo del mal.

    ¿Para Lutero, qué papel juega Satanás, el Adversario?


    Un papel totalmente central. Él dice que somos los esclavos del diablo y tenemos que hacer siempre lo que él nos dice. En sus escritos, el diablo aparece mencionado miles de veces, y en ellos siempre se remite una y otra vez al diablo.

    ¿Cuáles son las consecuencias si el hombre no tiene libre albedrío?


    Este el punto decisivo de la teología luterana. Con mi libre albedrío me puedo decidir por o en contra de Dios. Pero si, como Lutero, creo que no tengo libertad, entonces el mal en el mundo tiene que venir de Dios, entonces estoy predestinado para el mal. Para Lutero, Dios sería un ídolo si nos diese la libertad, pues entonces no podría determinar todo él solo con sabia previsión, sino que tendría que respetar nuestras decisiones.

    ¿Entonces, qué papel juega el mal si el hombre no puede decidirse ni por el mal ni contra el mal?


    El mal es la cualidad de Dios, dice Lutero. Y eso es consecuente si se quiere exonerar de su propia culpa. Aquí es donde aparece el aspecto biográfico. Siendo estudiante, Lutero apuñaló –seguramente sin intención– a un compañero, y en seguida huyó a un convento. Cuando quiere decir que él es inocente, entonces tiene que decir que el mal ocurre por predestinación, por Dios. Dios predestina al mal. Lutero repite esto con frecuencia.

    ¿Entonces, cómo son posibles el arrepentimiento, el perdón y la gracia?


    Según Lutero, son innecesarios, completamente innecesarios. Arrepentimiento y perdón son insinuaciones del demonio que no tienen ningún sentido. Pues la sola fe, y no nuestras obras, es lo que, según Lutero, nos asemeja a Cristo y nos da la vida eterna. No importa qué hagamos, si asesinamos, o fornicamos, o maldecimos sin cesar: nada podrá separarnos de Cristo, esto es lo que afirma Lutero.

    ¿Si el hombre no posee libre albedrío, y por eso tampoco es responsable de sus pecados, entonces, según Lutero, para qué murió Cristo en la Cruz?


    Por el pecado del Padre. Lutero lo dice así: el Padre es malo, él no es nuestro Padre, él no solo es nuestro adversario, sino también el adversario de Cristo, pues él mató una primera vez a Cristo en el cielo, y luego otra vez delante de todo el mundo en el Gólgota.

    ¿Si solo basta la fe en Cristo y el hombre no posee libre albedrío, no significa esto, como última consecuencia, que un asesino creyente llega primero al cielo que un samaritano que duda, y que a un creyente le está permitido practicamente todo?


    Lutero cree que la prostituta llega antes al cielo que un santo, pues la prostituta no es hipócrita. Para él, los santos solo son hipócritas. Lutero creía que el hombre no puede hacer otra cosa que fornicar, pues es su naturaleza. Debe hacerlo; Dios lo obliga a hacerlo.

    ¡Al parecer, tuvo más experiencias con prostitutas que con santos!


    El dice que fornicaría diariamente mil veces de pensamiento. Y también dice: Junto a mi Cata [la mujer de Lutero se llamaba Catalina] tengo a tres más en los brazos. Y si la «señora» no quiere hoy, entonces agarro a la criada.

    Lutero enseñó la justificación «solo por la fe» (sola fide) y con ello solapa los sacramentos. Para él, estos ya no son necesarios para la redención. ¿No implicaría esto que la Iglesia, como dispensadora de los sacramentos, es superflua?


    ¡Por supuesto! Para Lutero, el papa es el mayor Anticristo.

    ¡Pero entonces la iglesia evangélica también es superflua!


    ¡Por supuesto! Solo hay el sacerdocio común. Lutero enseñó que «todos salimos reptando del bautismo como hombre, mujer, sacerdote, obispo, cardinal y papa». Entonces solo se necesita a la iglesia para transmitir la fe, pero ya no para los sacramentos.

    En el fondo, él solo quería una iglesia meramente teológica y no una sacramental.


    Para Lutero ya no hay más una Iglesia sacramental y tampoco la Iglesia estructurada jerárquicamente. En el fondo, solo hay laicos, el sacerdocio común, como él lo llama. Entonces, todos pueden reunirse y perdonarse mutuamente los pecados. Para Lutero, la misa era «el mayor de los horrores». Con la abolición de la misa, Lutero también abolió el papado. Según él, «el horror de la misa» es la causa de que exista el papado, que supervisa, que dispone la ordenación sacerdotal, etc., pero él no necesita nada de eso. Lutero propagó la total disolución de la jerarquía eclesiástica y el sacerdocio eclesiástico.

    ¿No es la renuncia a la Iglesia sacramental la clave para entender la actual crisis de la teología, de la pérdida de la cultura y la moral, de la disolución de la familia como pilares de la sociedad?


    Sí, con toda seguridad, pues para Lutero el matrimonio es una «cosa mundana», que no se contrae delante de Dios. Lutero se casó intercambiando los anillos durante una cena, y dijo a sus amigos: Con esto me caso con Catalina de Bora. Desde ahora estoy preso, atado a mi Cata. Pero si la «señora» no quiere, que venga la criada, dijo para consolarse.

    ¿Qué consecuencias tiene para una sociedad si el pecado es declarado como algo inevitable?


    La disolución de la familia y, con ello, la ruina de la sociedad.

    ¿Cómo siguió desarrollando Hegel las ideas de Lutero y cómo marcó Lutero la filosofía hegeliana?


    Hegel dice: «Si los teólogos llegan a la desesperación de ver en Dios el mal mismo, entonces solo queda refugiarse en la filosofía». Lutero ve en Dios mismo el mal. Hegel, entonces, quiere mostrar filosóficamente que el mal en Dios es solo el «supuesto mal»; Dios es en sí bueno. Si Dios, como ser abarcador supremo, tiene que ser malo, entonces el no-ser es la manera como hay que determinar el mal. El mal es siempre lo destructor, lo no bueno. Así, pues, Dios ya no es más la simplicidad del ser indiviso, sino tiene que ser presentado como como una totalidad de partes. Pero si Dios es una totalidad de partes, entonces Dios mismo debe ver cómo conoce esas sus partes. ¿Y cómo lo hace? Al poner delante de él sus partes, evoluciona. Dios pone delante de él sus partes y al siguiente paso las vuelve a suprimir. Así, pues, mediante la negación de la negación se llega a la posición, es decir: evolución.

    ¿Hasta qué punto Hegel influyó en Darwin y en su teoría de la evolución?


    Nietzsche reflexionó al respecto, y dijo: «Sin Hegel no hay Darwin», ¡y con toda razón! Nietzsche dijo además: «Pero el viejo Moisés dijo que no puedes matar. Pero Darwin dijo: debes matar». Esto es lo que Hegel piensa con su «mediante la negación de la negación a la posición». A este respecto, Nietzsche comenta lo siguiente: «El secreto de la historia es la guerra» Hitler se inspiró en Nietzsche cuando desató la Segunda guerra mundial. Karl Marx saca de la evolución superior mediante selección la última consecuencia de la historia. Si la evolución es la manera como se desarrolla lo divino, entonces eso significa que la naturaleza devendrá espíritu. Y cuando la naturaleza devenga espíritu con el hombre como eslabón último del desarrollo, entonces el hombre podrá consumar la reproducción de la evolución.

    ¿Pero no se sobrevalora con esto la influencia de Lutero? Parece como si esta interpretación hiciera de Lutero un genio fatal, el padre de la modernidad.


    Él es con seguridad el padre de la modernidad. Él no es un genio, pero sí es el que adjudicó el mal a Dios, y de esta manera realiza la reiteración potenciadora de la culpa original: «querían ponerse en el lugar de Dios». Con la teoría de la evolución nos hemos puesto en el lugar de Dios. ¿Encontrará aún fe el Hijo del hombre cuando vuelva? Esta es realmente nuestra situación.
    ¿Cómo podemos detener este funesto desarrollo? ¿Cómo puede ser superado Lutero en la teología y la filosofía?
    Hay que mostrar que la teología de Lutero no es más que su autobiografía, la autojustificación de sus pasiones pecaminosas al achacarle el mal a Dios.


    Traducido por LCH para InfoCatólica

    Original en Kath.net



    https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=37753


  7. #87
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    Re: Lutero, no y no

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    500 aniversario

    Las consecuencias filosóficas y políticas de la Reforma de Lutero

    Julio Llorente

    Civilización Julio Llorente / 05 noviembre, 2017





    Lutero elimina la mediación de la Iglesia y torna la conciencia humana en soberana para ordenar su vida religiosa e interpretar los textos bíblicos


    El 31 de octubre de 1517, Martín Lutero publicó sus celebérrimas 95 tesis, ese documento en el que se desacredita la doctrina papal sobre las indulgencias y que constituiría la génesis de ingentes cambios políticos y filosóficos posteriores. Es por ello por lo que en las postrimerías del mes de octubre – y en los albores de noviembre – de este año 2017 han proliferado los festejos y conmemoraciones.

    Unas celebraciones a las que – paradójicamente y como consecuencia del contexto de constante exaltación del ecumenismo que vivimos – no ha permanecido ajena la Iglesia católica. No en vano, después de haberle motejado el pasado año de ‘testigo del Evangelio’, el Vaticano anunciaba hace días la emisión de un sello postal de 1 euro en el que se representa al heresiarca Lutero al pie de la Cruz.

    Ante estos hechos, hemos de preguntarnos si la Iglesia desatiende las perniciosas consecuencias filosóficas y políticas que la Reforma protestante ha entrañado para la civilización; consecuencias que vamos a tratar de sintetizar en este texto.


    El pesimismo antropológico y la salvación por medio de la fe

    El gran pilar del pensamiento de Lutero es la llamada doctrina de la justificación por la sola fe; es decir, la creencia de que el hombre, con su naturaleza devastada por la Caída, no puede sobreponerse al pecado y, por tanto, es exclusivamente salvado por la fe y por los méritos de Jesucristo en la cruz (no por sus propias obras, ya que el pecado original le ha incapacitado para hacer el bien).

    Esta creencia deriva ineluctablemente en un pesimismo antropológico que rechaza la libertad humana: si el hombre no puede escapar del pecado y hacer el bien, no es verdaderamente libre. De hecho, tampoco puede aspirar a la plenitud vital, a la felicidad, pues sólo quien obra rectamente – consigo mismo y con el prójimo – puede ser feliz.


    La libre interpretación y el libre examen: subjetivismo

    Lutero, además, elimina la mediación de la Iglesia y torna la conciencia humana, iluminada por el Espíritu Santo, en soberana para ordenar su vida religiosa e interpretar los textos bíblicos. Como escribió Castellani, ‘desde que Lutero aseguró a cada lector de la Biblia la asistencia del Espíritu Santo, esta persona de la Trinidad empezó a decir unas macanas espantosas’.

    Todo ello implica el rechazo de la existencia de una interpretación verdadera y legítima de los textos bíblicos y la afirmación del subjetivismo, esa corriente filosófica por la cual cada uno tiene ‘su verdad’ y, en consecuencia, el individuo es criterio de ésta. Afirmar que cada uno puede extraer el mensaje que guste de las Sagradas Escrituras es negar que las Sagradas Escrituras contengan un mensaje concreto.


    Escepticismo filosófico y moral

    El heresiarca Lutero fue discípulo de los nominalistas Wesel y Biel, lo que se ve reflejado en su rechazo del realismo filosófico (una doctrina que se basa en la capacidad del hombre para aprehender la verdad, que está en las cosas y no en sí mismo). De este modo, juzga que la razón, atrofiada por el pecado original, es incapaz de abstraer lo universal y, en consecuencia, de discernir un orden moral objetivo.

    Esta creencia lleva al hombre a olvidar la búsqueda de la verdad y el bien (si no se pueden encontrar, no tiene sentido buscarlos), a centrarse en los saberes prácticos y a cuestionar toda institución establecida. Como sostiene Belloc en Europa y la fe, ‘al negarse la realidad y hasta el ser, se crean sistemas que se mueven en un vacío atroz, para asentarse finalmente en una negación y desafío universal contra toda institución y todo postulado’.


    La monarquía absoluta y la democracia despótica

    Si el ser humano es incapaz de alcanzar la verdad, tampoco puede aprehender la ley natural, que es universal e inmutable y que en el Medievo limitaba el poder del monarca impidiéndole promulgar leyes positivas injustas (en palabras de San Isidoro: ‘Rey eres si gobiernas justamente’). Sin ley natural – o siendo ésta incognoscible –, el principio de autoridad queda enterrado y el poder del soberano se torna absoluto e incuestionable. Al no someter la ley positiva a una norma superior, universal, se abre la puerta a la arbitrariedad.

    En la Reforma protestante se halla la semilla del absolutismo monárquico, por mucho que éste también se diese en países católicos.

    En cualquier caso y precisamente por el mismo motivo, el pensamiento de Lutero también constituye la génesis de la voluntad general rousseauniana y de la teoría de la democracia. Igual que en el caso de la monarquía absoluta, no hay orden moral objetivo que constriña el poder del pueblo, que decide por mayoría lo que está bien y lo que está mal, lo que es justo e injusto.


    Calvino, la predestinación y el determinismo moderno.

    Alentado por la rebelión de Lutero, el clérigo Juan Calvino desarrollaría su pensamiento, que estriba en la negación del libre albedrío y en una concepción sobremanera pesimista de la naturaleza. De esta forma, Calvino plantearía la doctrina de la predestinación; según la cual el hombre nada puede hacer para salvarse, pues su destino ya ha sido determinado por Dios.
    Lo más pernicioso del planteamiento del clérigo es la sentencia de que el hombre puede conocer anticipadamente su sino: la prosperidad material y económica es muestra del favor de Dios. Ello derivaría en la idolatría del dinero, que dejó de ser un medio para convertirse en un fin. Además, la doctrina de la predestinación ampararía el florecimiento del determinismo moderno – presente en ideologías como el marxismo – y, en cierto modo, del darwinismo social, que propugna la vigencia de la selección natural en las comunidades humanas.



    _______________________________________

    Fuente:

    https://gaceta.es/civilizacion/las-c...20171105-1440/

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    Por Ordóñez en el foro Política y Sociedad
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