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Tema: Mensaje de S.S. Benedicto XVI - Cuaresma 2009

  1. #1
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    Mensaje de S.S. Benedicto XVI - Cuaresma 2009

    MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA DEL 2009



    - Extraído de Carlismo Catalán


    Publicado por Requeté Català en 12:44 Etiquetas: S. S. BENEDICTO VXI


    Mensaje del Papa. Cuaresma 2009




    MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2009


    "Jesús, después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre" (Mt 4,2)



    ¡Queridos hermanos y hermanas!

    Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna— para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual). En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno. En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos en el Evangelio: “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre” (Mt 4,1-2). Al igual que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R 19,8), Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador.




    Podemos preguntarnos qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento. Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar. Ya en las primeras páginas de la Sagrada Escritura el Señor impone al hombre que se abstenga de consumir el fruto prohibido: “De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio” (Gn 2, 16-17). Comentando la orden divina, San Basilio observa que “el ayuno ya existía en el paraíso”, y “la primera orden en este sentido fue dada a Adán”. Por lo tanto, concluye: “El ‘no debes comer’ es, pues, la ley del ayuno y de la abstinencia” (cfr. Sermo de jejunio: PG 31, 163, 98). Puesto que el pecado y sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor. Es lo que hizo Esdras antes de su viaje de vuelta desde el exilio a la Tierra Prometida, invitando al pueblo reunido a ayunar “para humillarnos —dijo— delante de nuestro Dios” (8,21). El Todopoderoso escuchó su oración y aseguró su favor y su protección. Lo mismo hicieron los habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno diciendo: “A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos” (3,9). También en esa ocasión Dios vio sus obras y les perdonó.



    En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que “ve en lo secreto y te recompensará” (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el “alimento verdadero”, que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de “no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”, con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia.



    La práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana (cfr. Hch 13,3; 14,22; 27,21; 2Co 6,5). También los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del “viejo Adán” y abrir en el corazón del creyente el camino hacia Dios. El ayuno es, además, una práctica recurrente y recomendada por los santos de todas las épocas. Escribe San Pedro Crisólogo: “El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica” (Sermo 43: PL 52, 320, 332).


    En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios. En la Constitución apostólica Pænitemini de 1966, el Siervo de Dios Pablo VI identificaba la necesidad de colocar el ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no “vivir para sí mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también para los hermanos” (cfr. Cap. I). La Cuaresma podría ser una buena ocasión para retomar las normas contenidas en la citada Constitución apostólica, valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio (cfr. Mt 22,34-40).




    La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas y las definía “retorcidísima y enredadísima complicación de nudos” (Confesiones, II, 10.18), en su tratado La utilidad del ayuno, escribía: “Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura” (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708). Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.



    Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos. En su Primera carta San Juan nos pone en guardia: “Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (3,17). Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre (cfr. Enc. Deus caritas est, 15). Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. Precisamente para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos, animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales (cfr. 2Co 8-9; Rm 15, 25-27), y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido (cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). También hoy hay que redescubrir esta práctica y promoverla, especialmente durante el tiempo litúrgico cuaresmal.



    Lo que he dicho muestra con gran claridad que el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno litúrgico cuaresmal exhorta: “Utamur ergo parcius, / verbis, cibis et potibus, / somno, iocis et arctius / perstemus in custodia – Usemos de manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención”.




    Queridos hermanos y hermanas, bien mirado el ayuno tiene como último fin ayudarnos a cada uno de nosotros, como escribía el Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II, a hacer don total de uno mismo a Dios (cfr. Enc. Veritatis Splendor, 21). Por lo tanto, que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical. Con esta disposición interior entremos en el clima penitencial de la Cuaresma. Que nos acompañe la Beata Virgen María, Causa nostræ laetitiæ, y nos sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en “tabernáculo viviente de Dios”. Con este deseo, asegurando mis oraciones para que cada creyente y cada comunidad eclesial recorra un provechoso itinerario cuaresmal, os imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.





    Vaticano, 11 de diciembre de 2008 BENEDICTUS PP. XVI

  2. #2
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    Otra desobediencia e instado a ignorar a SS por parte del clero conciliar. Por aquí, en mi ciudad, los sacerdotes dicen que los católicos podemos cambiar el ayuno ( es decir no ayunar) por una obra de caridad. Ésta puede ser llevar algún alimento no perecedero a la iglesia, ayudar a alguien, regalar ropas que ya no usen, etc. Ninguno dijo que se pueden y se DEBEN hacer ambas cosas.
    Como si con Dios se pudieran hacer tratos: dono tal cosa, pero exeptúame de ayunar. Ya veré cuál de las dos hago, en una de esas me invitan a un asado, así que optaré por donar algo y así poder comer como loco hoy viernes.

  3. #3
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    Cita Iniciado por Godofredo de Bouillo Ver mensaje
    Otra desobediencia e instado a ignorar a SS por parte del clero conciliar. Por aquí, en mi ciudad, los sacerdotes dicen que los católicos podemos cambiar el ayuno ( es decir no ayunar) por una obra de caridad. Ésta puede ser llevar algún alimento no perecedero a la iglesia, ayudar a alguien, regalar ropas que ya no usen, etc. Ninguno dijo que se pueden y se DEBEN hacer ambas cosas.
    Como si con Dios se pudieran hacer tratos: dono tal cosa, pero exeptúame de ayunar. Ya veré cuál de las dos hago, en una de esas me invitan a un asado, así que optaré por donar algo y así poder comer como loco hoy viernes.

    Para que veas que esta bastante mal la cosa: el año pasado se celebro el "bocata solidario" en viernes de Cuaresma y para mas inri la mayoria de los bocadillos eran de chorizo. Hasta aqui todo normal, pero cuando te dicen que el colegio que lo hizo eran religiosos y encima maristas...yo me agencie un bocata de tortilla y ya esta pero...

  4. #4
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    Ayunemos los 40 dias, acompañando a Nuestro Señor!
    ".... mi pecho siente sed infinita,
    mi mente agita gran ideal.
    ¿Y qué IDEAL?
    Por Tí, Rey mío, la sangre dar...."


  5. #5
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    Respuesta: Mensaje de S.S. Benedicto XVI - Cuaresma 2009

    Aprovechando, que es Cuaresma: Por el donuts a la conversión!!!

    Frente por frente a la fachada de mi parroquia hay un cartelón publicitario que reza: "DEJA QUE DIOS TE ECHE UNA MANO" . Representa una mano tendida, en escorzo directo desde el cartel al espectador. La gente que viene a la Iglesia lo ve y lo lee, no sé con qué impacto/efecto. Lo que no lee la gente (la mayoría, porque siempre hay un par de curiosos que lo leen todo) es la letra pequeña del cartelón publicitario que dice no se qué de una "iglesia" evangelista de no se cuántos quienes.

    A mí, de entrada, me revuelve las tripas que en mi Sevilla de mi alma que quemaba gustosa y rumbosa a todo hereje que pillaba y olé, se vean ahora propagandas protestantes. Si tuvieran bemoles...¿A que no ponían el cartelón cuando Don Fernando de Valdés que gloria haya? Ah, ah, ah! Ahí les hubiera querido ver, con riesgo de chamusquina, ahí, ahí, a ver, a ver...

    Total y puesto que no hay quemaderos funcionando (de herejes, que de muertos sí hay y son un bollante negocio), la urgencia ante el desafío se ingenia y remedia. Y resulta que mi cura se planta - los Domingos mayormente - en la puerta de la iglesia y aprovecha el cartel de los protestantes para estímulo católico. Y a uno le dice y a otro le comenta y al de más allá le recuerda y a otro que pasa le espeta lo del cartel de marras: "Deja que Dios te eche una mano, hombre!" (lo que mi cura lleva en mente y sugiere a cada quisque es, ni más ni menos que Confesión y Comunión, la mano que no echa Dios. Ita!).

    Pues a eso voy y hago lo mismo a propósito de esta post-moderna propaganda fidei:

    Un donut para la convesión, que es Cuaresma

    ¿Han leído el articulete? Está simpático, ¿no? (obviando las heterodoxias irrverentes, claro). Porque lo del donut para "catequizar" es publicidad protestante, caca, caca, eso no se toca, eso no se lee. A la basura! Casi como el donut, que es repostería basura con relleno de colesterol.

    Pero háganse una traducción en católico, y aprovechen los recursos del adversario hereje-sectario-cismático para reafirmarse en católico, más católico. Sin miedo: Ultra-Católico!!! Bien, bien, bien!!!

    Porque es verdad: Nuestro mundo sinvergüenza que inculca a los inocentes que todo hay que probarlo para saber de todo (y es - piénsenlo Uds. bien - la misma argucia de la serpiente tentadora a nuestros Primeros Padres en el Edén --> Gn 3, 1-7 y ss. ) pone todos los obstáculos (consciente e inconscientemente) para que el hombre no "pruebe" a Dios.

    Claro que advierto que "probar" a Dios crea "dependencia"--> "...los que me comen tendrán más hambre, los que me beben tendrán más sed" Ecclo 24, 21 . Es la gracia, la gracia santa, que crea hábito y "engancha" para la virtud.

    ¿Y qué se come, que se bebe? Ah, hermanos mios, comensales invitados al más exquisito rectorio, la más alta mesa, el mejor de los banquetes: No el pan que comieron nuestros padres y murieron, no. Comemos y bebemos el Pan y el Vino de la Vida, que es su Cuerpo inmolado, que es su Sangre derramada.

    El cap. VI del Evangelio de San Juan, que hay que leer y meditar con frecuencia, cuanta más mejor, como una aperitivo instructivo para apetecer la dieta de los Ángeles, el alimento de los viatores, los caminantes.

    Bien. Pues ya está neutralizado el adversario y vuelto católico, que es la verdad de la Verdad.

    Amén.

    http://exorbe.blogspot.com/index.html

  6. #6
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    Respuesta: Mensaje de S.S. Benedicto XVI - Cuaresma 2009

    Rotos del alma

    El sermón de mi cura ha sido de Cuaresma total, mi cura es muy castizo. Ha empezado con una glosa del "...perdona a tu pueblo" Jl 2, 12-18, tremenda; y ha seguido con 2 Cor 5,20-6,2 "...no echar en saco roto la gracia de Dios". Y el alma.

    Dice que se nos rompe el alma como los bolsillos cuando nos metemos sin cuidado las llaves y otros trastos. Un bolsillo roto es un peligro porque se te va por la pierna abajo lo que sea, sin darte cuenta, centimitos o medios euros o 1€ entero y hasta 2. Y si el bosillo es de chaqueta o abrigo, lo mismo. Mi cura decía en el sermón que con el alma pasa por el estilo: Nos metemos cosas, dejamos que entren cosas, que agujerean el alma o le descosen el fondo. Y la gracia que Dios nos manda se nos escapa.

    La Gracia es fina, muy sutil. En la Biblia se la compara al rocío, al orvallo, una humedad suave casi imperceptible, pero que empapa la tierra y la ablanda. También la limpia. Y hay gracia para cada cosa y cada momento. Y si el alma tiene rotos, si está con descosidos...

    Y así el sermón. Muy positivo porque decía también que los rotos se remiendan y los descosidos se zurcen. Se cosen con hilo y aguja de Cuaresma: Oración, limosna y ayuno. Y ya pueden venir gracias que no se perderán, que de eso no hay que dudar: Dios manda gracia y la Cuaresma es tiempo de gracias muy especiales y más abundantes. No porque Dios esté sujeto al tiempo y las fechas, sino porque la Iglesia sí que tiene sus tiempos, y Dios atiende los "tiempos de clamor".

    Lo que me pasa - lo confieso - es que a mí la Cuaresma se me queda corta, y las cinco-seis semanas se me van volando. Y más en Sevilla, con el azahar a punto, y las cornetas y tambores ensayando para Semana Santa, que aquí es fiesta mayor, de tronío. Este año el nuevo Arzobispo (coadjutor) ha llamado la atención sobre el ayuno, porque el Sr. Cardenal lo dispensaba los dias que obliga, Miércoles de Ceniza, que es hoy, y Viernes Santo; una (mala) costumbre de tiempos del Cardenal Bueno Monreal, él sabría por qué, que yo no atino a explicármelo.

    Por lo que pueda ser, un servidor ha procurado hacer el ayuno, tan católico. Prefiero no almorzar y cenar, que me da más resistencia, un poco como los moros en ramadán (que el Señor nos libre), pero more católico.

    Así que me retiro a cenar de cuaresma, de vigilia, de abstinencia...y de ayuno. Aunque ahora, precisamente ahora, me acuerdo de un dicho, de un refrancillo que dice que "Hambre que espera hartura, no es hambre ninguna". Y es que los refranes se te vienen a la cabeza en el momento más indiscreto. En fin.

    http://exorbe.blogspot.com/2009/02/rotos-del-alma.html

  7. #7
    Gothico está desconectado Miembro Respetado
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    Cita Iniciado por Godofredo de Bouillo Ver mensaje
    Otra desobediencia e instado a ignorar a SS por parte del clero conciliar. Por aquí, en mi ciudad, los sacerdotes dicen que los católicos podemos cambiar el ayuno ( es decir no ayunar) por una obra de caridad. Ésta puede ser llevar algún alimento no perecedero a la iglesia, ayudar a alguien, regalar ropas que ya no usen, etc. Ninguno dijo que se pueden y se DEBEN hacer ambas cosas.
    Como si con Dios se pudieran hacer tratos: dono tal cosa, pero exeptúame de ayunar. Ya veré cuál de las dos hago, en una de esas me invitan a un asado, así que optaré por donar algo y así poder comer como loco hoy viernes.
    Tras el aflojamiento de los ayunos tras el Vaticano II los curas y demás religiosos, papa, obispos etc. pudieron ya hacer comidas normales durante la cuaresma, incluyendo comer carne; tanto diálogo ecuménico se ve que cansaba mucho y había que tener fuerzas para viajes y congresos y abrirse al mundo, en general.
    Por supuesto, aflojando y suprimiendo la tradicional prohibición de comer carne a los feligreses, ...ninguno puede ya reprochar a los curas que coman carne durante la Cuaresma.

    El fin de la Cuaresma es interno, de sometimiento del cuerpo al espíritu, y esto se logra primordialmente ayunando y orando. Las obras de caridad (que a saber a qué llaman ya eso) deben ser para todo el año, y como dice Godofredo independientemente del ayuno.

    En fin, precisamente ahora más que en ninguna otra época, gracias a la sobrealimentación del resto del año y la variedad de alimentos sería mas llevadero que nunca el ayuno de Cuaresma para los católicos. Pero ni por esas.

    No se olvide que en otros tiempos el ayuno de los católicos duraba 40 días, y no solo 2 como desde entonces.
    Última edición por Gothico; 28/02/2009 a las 22:19

  8. #8
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    Respuesta: Mensaje de S.S. Benedicto XVI - Cuaresma 2009

    Es verdad, amigo Gothico: el aflojamiento es tal, que ya ni siquiera los curitas u obispos viejos, de quienes pudiera esperarse hubieran guardado las formas de antaño, atinan a recordar a los feligreses la importancia del ayuno. Solo alguna tibia rememoración (como diciendo: si queréis, si no os trastoca los planes que tenéis para el fin de semana, ayunad) echada al voleo antes de la misa o al terminar ésta.
    Algunos salen con burradas casi heréticas te diría, tales como: bueno, si no quieres ayunar, pues prívate de algo que te guste mucho, por ejemplo, no fumes en este día. No comas helados.
    Lo más patético de todo esto es que luego de hacer lo que se les da la gana con la misa, con su vida sin ejemplos para los que pudieran tener vocación o para los que estuvieran volviendo a la iglesia despues de un tiempo, al final de la misa exhortan a rezar por que el Señor mande obreros, orar para que mande vocaciones!!.

  9. #9
    Avatar de Hyeronimus
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    Las Tentaciones

    Los que rezan el Breviario saben que durante toda la Cuaresma, hasta el Jueves Santo, la antífona del Invitatorio dice: "Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió". Es una oración-exhortación que sintetiza en una confesión/proclamación cristocéntrica el sentido de la Cuaresma.
    .
    Conviene que se aprecie cómo la tentación está integrada en el Misterio de Cristo, que es uno de los "pasos" de su Vita, y es por eso parte del Misterium Salutis. Cuando enseñó a rezar el Padrenuestro, Él mismo incluirá la petición última como un eco a posteriori de esta escena, que es el Evangelio de cada 1er. Domingo de Cuaresma.

    Este año (ciclo B del Leccionario Dominical) la secuencia es la más breve, de San Marcos Mc 1, 12 ss. (los paralelos en Mt. 4, 1-11 y Lc. 4, 1-13). Sin explicitar la forma o el contenido de las tentaciones diabólicas, destaca la soledad del Señor durante los 40 días y el ministerio de los Ángeles. Siempre se debiera recordar que es un Evangelio especial, el único que no ocurre ante testigos humanos, y que sólo el Señor pudo contar a los Apóstoles, de ahí su singular valor.

    De muchas maneras se puede glosar, pero hay que destacar la victoria-poder de Cristo sobre el tentador. En un escenario y condiciones adversas, desde la primera tentación de los padres en el Edén, un hombre se enfrenta personalmente al diablo y le pone en fuga. Es el comienzo del fin del imperio de la tentación y la caída.

    Pero el Cristo del desierto y las tentaciones es todo lo contrario a la imagen de potencia y fuerza que se podría esperar. En vez de un dominante coloso, Jesús es un orante y ayunante, humilde y sólo, macilento por la penitencia y el rigor de una cuarentena de extremada ascética.

    El Verbo se ha hecho hombre con todas las consecuencias y, aunque es Dios encarnado, somete a su cuerpo y lo sujeta a la privación. Sin embargo la debilidad de una naturaleza necesitada no le deja inerme ante la tentación, porque la voluntad del alma humana está unida sustancialmente a la Voluntad del Omnipotente, Uno y el mismo en Cristo. Es una constante en todo el Misterio, pautado desde la Encarnación: La fuerza de Dios se revela en y desde la humildad de la carne, latente pero actuante, siempre venciendo al pecado y sus consecuencias, desde la tentación insidiosa a la enfermedad, la ofuscación o la muerte, todos los males que atormentan y esclavizan a los hombres. Y Cristo entre ellos, siendo a la vez Siervo Sufriente y Enmanuel, Mesias, Hijo de Dios, Salvador.

    El desierto que fue el lugar de las tentaciones (el diablo probando, queriendo saber quién y qué es Cristo, a quien no conoce plenamente pero a quien ya teme) sería después el sitio de los penitentes. Es frecuente ver por toda la montaña del desierto de Judea cuevas, refugios, pequeños eremitorios, conventos y monasterios, lugares donde los cristianos, desde el siglo IV, intentaron imitar al Señor. El áspero lugar de la tentación se convirtió en la geografía de la ascética, el vencimiento, la oración y la santidad.

    Desde Jericó, antes de empezar la subida por el camino que atraviesa la yerma montaña, se contempla el Monte de las Tentaciones, con un monasterio greco-ortodoxo encaramado en su cumbre, casi inaccesible. Ya en plena montaña, por la carretera que serpentea en dirección a Betania y Betfagé, a un lado del camino, se ven otros conventos asentados sobre despeñaderos y riscos, un espectáculo visual. Parece que los eremitas buscaron una especie de más difícil todavía, o más lejos, más separado, más desprendido, más remoto.
    .

    La tentación ocurre en un "lugar" muy especial, en la frontera entre el alma y el cuerpo. No hay pecado en el que el cuerpo no intervenga, sea el propio o el ajeno o ambos, pero la tentación empieza en la mente y se dirime en el alma, luego, si se hace acto, se exterioriza y vuelve al alma afectándola ya como pecado. La sabiduría (que es gracia) del penitente implica al cuerpo en su reacción-lucha contra la tentación, y procura someterlo con vigilias y disciplina, con austeridades y abstenciones. Pero antes, primeramente, busca a Dios y le pide auxilio:

    "Levanto mis ojos a los montes,
    ¿de dónde me vendrá el auxlio?
    ¡El auxilio me viene del Señor,
    que hizo el cielo y la tierra!" Sal 121

    Es el salmo de la vigilancia. En él se nombra al que "no duerme ni reposa", que es "El Guardián de Israel". Desde la primera luz que se encendió sobre la tiniebla, vela por nosotros, sin cansancio, siempre atento, vigilante. Guardián de las almas, de cada corazón, celoso de todo hombre, de todas sus horas. Nada ignora, todo lo sabe, atiende a todo, a todos escucha, cada palabra, cada lamento, cada suspiro, cada risa; también conoce lo que oculta el corazón, lo que no sale a la lengua, ni siquiera al pensamiento.

    En la vida de los penitentes todo se hace oración y ofrenda, ya sea el dolor, ya el contento, el recuerdo o la expectación. Como una ermita sobre un precipicio, el alma se reconoce santuario en el cuerpo y en medio del mundo, y levanta sus potencias al Altísimo cuando la tentación asedia. Y siempre, mientras se viva, es tiempo posible de tentación. Y de gracia para vencerla.

    La noche de su Pasión, el Señor dijo a sus discípulos: "...No temais: Yo he vencido al mundo" Jn 16, 33. El que sabía de desiertos de tentación se había constituído con su propia gracia y poder en Maestro de victoria. El cúlmen lo iba a realizar entregándose al Sacrificio de la Cruz, cumbre de amor y cátedra de una nueva Sabiduría que se revelaba a los hombres para que supieran y pudieran vencer. Por Él y con Él.

    ¡Venid, adoremos a Cristo el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió! (y para nosotros venció).

    http://exorbe.blogspot.com/

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