Dios te bendiga, mi hermano Hyeronimus.
Dios te bendiga, mi hermano Hyeronimus.
La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.
Antonio Aparisi
La organización militar de la Orden
de Calatrava en el Alto Guadalquivir
a través de las investigaciones arqueológicas
Juan Carlos Castillo Armenteros José Luis Castillo Armenteros
Universidad de Jaén
Grupo de Investigación del Patrimonio Arqueológico de Jaén
INTRODUCCIÓN
En este estudio pretendemos analizar la con- solidación del señorío de la Orden de Calatrava en el Alto Guadalquivir durante la Edad Media. Y en este marco, estudiar la evolución de la estructura ofensiva-defensiva que establece para organizarlo, protegerlo y repoblarlo.
Para ello nos apoyaremos en diversas investigaciones arqueológicas, las cuales han permitido conocer ampliamente las transformaciones introducidas por la Orden en las fortificaciones islámicas y en el sistema de organización y control espacial creado previamente por los musulmanes, y todo ello, como consecuencia de la formación de una activa frontera entre la primera mitad del siglo XIII y finales del XV.
Para alcanzar tal objetivo se han llevado a cabo diversos estudios arqueológicos en los territorios de la Orden, los cuales podrían agruparse en dos grandes grupos:
• Por un lado una exhaustiva prospección superficial, que nos ha permitido documentar numerosas fortificaciones y estructuras defensivas, tanto rurales como urbanas.
• Y por otro, la excavación de varias de las fortalezas de la Orden, entre las que destacaremos los castillos de Alcaudete, Sabiote y Torredonjimeno.
Asimismo, el marco cronológico en el que se circunscribe este estudio cabría dividirlo en dos grandes etapas, una primera de consolidación, que abarcaría la primera mitad del siglo XIII, tras la donación a la Orden de Martos (1228), y el progresivo incremento de sus dominios con la incorporación de núcleos como Alcaudete (1246), Sabiote (1257), etc.
Y una segunda, que identificamos con la segunda mitad del siglo XIV y primera mitad del siglo XV, durante la cual perderá definitivamente algunas posesiones, en el sector Suroeste, mientras que adquiere otras en Sierra Mágina, en un ámbito territorial cercano a la frontera con el reino nazarí de Granada.
LA FORMACIÓN DEL SEÑORÍO EN EL ALTO GUADALQUIVIR
Numerosos autores han resaltado el importante papel que jugaron las Órdenes Militares en el proceso de conquista de las tierras musul- manas. La ayuda prestada a los reyes cristianos se puede resumir en dos aspectos:
• Por un lado proporcionan efectivos militares en las campañas bélicas.
Por otro, guardar y proteger la frontera con el objetivo de asegurar las posiciones cristianas más avanzadas, lo que permitirá repoblar estos territorios conquistados.
Por ambas aportaciones fueron recompensados con amplios privilegios, exenciones, derechos y donaciones de tierras, fortificaciones, etc..
El control de los pasos de Sierra Morena, se convertía en un factor determinante para los monarcas cristianos, a la hora de iniciar las conquista del Valle del Guadalquivir.
Por ello tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212), y una vez obtenido el respectivo control de las vías serranas y de algunas fortalezas 1, Castilla disponía de un pequeño territorio, desde el cual hostigar a los musulmanes, a la vez que servía de punto de partida para futuras expediciones (CASTILLO, 1998; 2000, MONTES, 1993). A este factor estratégico importantísimo, habría que añadir otros de tipo político que facilitaron los éxitos militares cristianos, por un lado la descomposición del Estado Almohade, y por otro la integración en 1230 de las coronas de Castilla y León en un solo reino.
El origen del patrimonio de la Orden de Calatrava en el Alto Guadalquivir surge en estos momentos, al convertirse esta institución feudal en una de las vanguardias de las tropas cristianas durante las campañas desarrolladas por Fernando III (MENÉNDEZ, 1955; VANDERFORD,
1984; GONZÁLEZ, 2000).
Gracias a su activa colaboración el monarca castellano les hizo entrega de numerosas donaciones, por lo general diversos núcleos de población con sus respectivos territorios dependientes.
En 1228 Fernando III entrega a la Orden la fortaleza de Martos con todos sus términos, así como Porcuna, Víboras y veinte yugadas de tierra en Arjona, cuando las mismas fueran conquistadas (A.H.N., 1228; ORTEGA ET ALII, 1761; GONZÁLEZ, 1980).
Donación que fue confirmada por Alfonso X en 1254.
Las posesiones de la Orden se incrementan paulatinamente a medida que avanza la conquista, así en 1240 se le otorgará los castillos de Locubín y Susana, en 1245 Alcaudete y Priego de Córdoba.
Alfonso X complementó estas donaciones con la cesión en 1257 de la villa de Sabiote y en 1272 Alcalá la Real.
Este patrimonio se completó en 1300 con la entrega de la villa de Santisteban del Puerto por el rey Fernando IV (Fig. 1).
Este mapa territorial fue incrementándose y transformándose a lo largo del siglo XIV, debido fundamentalmente a los frecuentes avances y retrocesos de la frontera, con la continua perdida y recuperación de algunos núcleos situados en ella, como lo demuestran la perdida de Alcalá la Real y Alcaudete (1300), esta última nuevamente entregada a la Orden en 1351.
O bien, aquellas alteraciones producidas fundamentalmente por donaciones, adquisiciones e intercambios 7 (Fig. 2).
Finalmente en 1434 el rey Juan II facilitó un nuevo incremento de sus territorios señoriales en el Alto Guadalquivir, gracias a la permuta de los poblados de Maqueda, San Silvestre y Colmenar, por los núcleos de Arjona, Arjonilla, La Figuera, Recena, 3/4 partes de Jimena.
Constituyéndose la Encomienda de Torres, Canena, Jimena y el heredamiento de Recena (RODRÍGUEZ, 1974-75) (Fig. 3).
Junto a estos núcleos de población, la Orden también recibió otros bienes rústicos y urbanos repartidos en diferentes puntos del Alto Guadalquivir, especialmente en los términos de los grandes concejos de Jaén, Baeza, Úbeda y Andújar (RODRÍGUEZ, 1974-75; GONZÁLEZ, 1995; 2000).
De esta manera la Orden de Calatrava adquirió un extenso territorio situado en el extremo Suroeste de la actual provincia de Jaén, controlando amplias zonas de la Campiña y buena parte del piedemonte de las Sierras Sur. Desde sus dominios ejerció un exhaustivo control de las principales vías de comunicación que unían Jaén con Córdoba y Granada (Fig. 4), así como de todos aquellos puentes que permitían vadear los cursos de agua más importantes que discurrían por este territorio (Láms. 1, 2, 3, 4).
Así pues, durante cada una de las fases en las que podemos dividir la consolidación de su señorío en el Alto Guadalquivir, la Orden emprende una significativa labor de fortificación, con el objetivo de controlar militar y administrativamente este amplio territorio fronterizo.
Prueba de ello, son las numerosas atalayas, torres y castillos rurales edificados durante una primera fase, en las demarcaciones de las Encomiendas de Porcuna, Martos y Torredonjimeno.
Esquema que se completa con las erigidas entre Alcaudete y Castillo de Locubín en un segundo momento.
Esta sólida barrera defensiva-ofensiva cerraba por completo el acceso al epicentro de sus posesiones en el antiguo Reino de Jaén, emplazado en la inexpugnable villa de Martos (Fig. 12).
Este panorama fue el resultado de la política desarrollada por los reyes castellanos, con el objetivo de proteger, defender y repoblar todas aquellas áreas más estratégicas y fronterizas, dado que carecían de un ejército numeroso y permanente.
De esta manera, todos los señoríos creados en el Alto Guadalquivir por la monarquía castellana tuvieron como objetivo, por un lado servir de recompensa por los servicios militares prestados en la conquista de este territorio andalusí, y por otro, convertirse en una sólido escudo protector de la zona central (donde se ubicaban los grandes Concejos de realengo) frente a las posibles incursiones del reino Nazarí de Granada.
LA FORMACIÓN
DE UNA FRONTERA
Una vez formado y organizado el señorío, resultaba vital su repoblación, con lo que se garantizaba por un lado control del territorio, y por otro, su explotación económica, generando las rentas necesarias para el funcionamiento de esta institución feudal.
Para poder llevar a cabo esta labor, era imprescindible ofrecer una mínima organización territorial y una relativa seguridad a la población que allí se trasladase.
Para cubrir este objetivo la Orden de Calatrava, siguiendo una costumbre, ya ejecutada en el Campo de Calatrava (RODRÍGUEZ-PICAVEA, 1994), estructura el territorio en encomiendas (MENDOZA, 1996; AYALA, 1999; 2003).
Una encomienda era una circunscripción asignada a un miembro de la institución para que la administrase económica y jurídicamente, a la vez que la defendía.
Cada una de ellas solía comprender un territorio relativamente extenso que incluía diversos núcleos de población (villas, aldeas e incluso lugares con un fuerte carácter rural), siendo el de mayor tamaño el que daba nombre a la encomienda, y en el cual residía el comendador.
Sin embargo, tras la conquista del Alto Guadalquivir, no fueron muchas las encomiendas establecidas en la zona.
Según la documentación del siglo XIII conservada, las posesiones de la Orden se agrupaban dentro de las encomiendas de Martos, Baeza, Canena, Alcaudete, Sabiote, Porcuna, Víboras y Torredonjimeno 11 (Fig. 1).
Como ya hemos señalado, este
panorama inicial se transformaría a lo largo del siglo XIV y XV, ya que la dinámica política y militar en la zona generó una nueva organización espacial (Fig. 2).
En este marco, aunque muchas de las antiguas encomiendas aún existían a finales del siglo XV 12 (Fig. 3), otras por el contrario se perdieron definitivamente (Alcaudete, Arjona), a la vez que se sumaban nuevas incorporaciones, entre ellas las encomiendas de Lopera, Subclavería, la Torre del Cañaveral, y la encomienda de Torres, Canena y Jimena.
Cada una de ellas tendría su propia organización interna, desde el punto de vista ofensivo-defensivo, que es el que nos ocupa, observamos como en ellas existía una clara jerarquización de estructuras militares.
No obstante habría que señalar, que esta organización militar del espacio, no responde a un modelo implantado por los calatravos, sino que éstos heredan en gran parte el esquema establecido anteriormente por los musulmanes.
De esta manera encabezando la encomienda, aparecería el núcleo de población más importante, Martos (Lám. 2, A), Alcaudete (Lám. 2, C), Sabiote (Lám. 2, D), Canena (Lám. 2, E); Víboras (Lám. 2, B y B’), Porcuna (Fig. 8; Lám. 3, A), Torredon- jimeno 14 (Fig. 6; Lám. 3, B y B’), etc., por lo general antiguos HiSn islámicos, que ocupan importantes posiciones estratégicas en las inmediaciones de las principales vías de comunicación.
Todos estos emplazamientos poseen un amplio control territorial, lo que les permite comunicar visualmente con la mayor parte de las fortalezas de su entorno y con los centros de las encomiendas vecinas (Fig. 12).
Asimismo, están dotados de sólidas estructuras de fortificación, que en algunos casos podrían tener un origen ibero-romano, pero que fueron ampliamente transformadas tras la conquista cristiana. Junto a ellos, ocupando este vértice jerárquico, como cabeceras de encomiendas podemos encontrar otras poblaciones, cuyo peso histórico dentro de la zona fue menor, posiblemente estratégicas alquerías islámicas como Jimena 15 (Fig. 10; Lám. 14) y Lopera 16 (Lám. 15).
Ambos núcleos pudieron fortificarse a principios del siglo XIII, transformando los calatravos ampliamente sus defensas a lo largo de los siglos XIV y XV.
De esta manera el castillo se convirtió para la Orden en una de sus principales bases de organización territorial (VILLEGAS, 1991; AYALA, 1993; 1996, RODRÍGUEZ-PICAVEA, 1994; 2001).
Junto a ellos, en un segundo escalafón, y ocupando también inmejorables posiciones estratégicas nos encontramos con diversos castillos integrados en los territorios de cada una de estas encomiendas, algunos de ellos igual- mente con un origen islámico como los de Torrebençala (Fig. 5), Arjonilla (Lám. 16), Cotrufe (Fig. 6), Locubín; o aquellas fortalezas posiblemente creadas de nueva planta por la propia Orden como los castillos de Jamilena, Higuera de Calatrava (Lám. 17), Torrevieja (Fuensanta)17 (Lám. 18), Alcázar (Torredonjimeno) (Lám. 10), García (Torredonjimeno), etc.
Por lo general, estos castillos están dotados de un recinto amurallado de diversas dimensiones y una gran Torre de Homenaje, que era utilizada básicamente como residencia de la guarnición.
Finalmente, las prospecciones arqueológicas documentan diversas torres, que al igual que los castillos, serían edificadas para el control de caminos, minas, salinas, puentes, etc, o bien para la protección de cortijos y pequeños núcleos campesinos. Son generalmente torres de planta cuadrada, que albergan pequeñas dependencias en su interior, es el caso de la Torre de Fuencubierta (Torredonjimeno) (Lám. 20) y la de Triana o Valcotón (Castillo de Locubín) (Lám. 21), etc., ambas ubicadas en zonas llanas y tierras fértiles.
Por el contrario, junto a ellas se documentan torres de planta circular, emplazadas en la cumbre de elevados cerros, caracterizados por una acusada orografía.
Por lo general cabe definirlas como torres de mampostería irregular de base maciza, en cuyo interior se construía una dependencia de reducidas dimensiones.
Se trata de atalayas de control espacial, que aparte de vigilar el tránsito que discurría por los caminos de la zona, avisaban de cualquier inminente peligro a las fortificaciones cercanas.
Entre ellas destacamos la Torre del Algarrobo (Lám. 22) o bien las numerosas torres construidas en las inmediaciones de Martos, Alcaudete y Castillo de Locubín (CEREZO Y ESLAVA, 1989; ESLAVA, 1999 a y b), como la Torre del Moro (Alcaudete) (Lám. 23).
Son numerosos los ejemplos conser vados en la zona, pero también es significativa la cantidad de casos desaparecidos de los que tan sólo se conser va el topónimo o escasas referencias documentales de difícil localización.
Entre ellas destacamos:
Un papel secundario dentro del esquema defensivo establecido, lo protagonizarían algu- nos molinos for tificados 18, como el Molino del Castillo (Martos) y del Cubo (Torredonjimeno) (Lám. 24 y 25) 19. Estas estructuras tendrían una triple funcionalidad, por un lado servirían como refugio para campesinos y molineros, protegerían la producción agrícola, y finalmen- te contribuirían al control territorial de la zona.
La distribución espacial de estas fortificaciones evidencia la existencia de una frontera entre calatravos y musulmanes, en la que pueden diferenciarse dos momentos cronológicos.
• La primera fase, comprendería desde 1228, fecha de la entrega del Iqlim de Martus a la Orden por Fernando III, y las posteriores anexiones, de los Iqlims de Porcuna y Víboras 20.
Esta frontera, que ya estudiamos hace algunos años (CASTILLO ET ALII, 1989, CASTI- LLO, 1998) se mantuvo activa hasta la conquista de Arjona (1244).
El análisis del territorio muestra como los musulmanes, ante el inminente peligro que suponía el avance cristiano, incrementaron de forma significativa el número de sus fortificaciones. Pero si reducimos la escala del territorio analizado podemos observar, como el área intermedia entre las defensas calatravas y islámicas, configura un hinterland, que aproximadamente coincide con el valle del Arroyo Salado de Porcuna.
La Segunda Fase (1244 -1247), coincide cronológicamente, con varios hechos significativos, por un lado con la conquista de Alcaudete, Arjona y Jaén.
Lo que dio lugar al incremento sustancial de las posesiones de la Orden, y al traslado de la línea fronteriza hacia el Sur, ubicándose entre Alcaudete, Castillo de Locubín, Alcalá la Real y Sierra Mágina.
No obstante, el control de la Campiña de Jaén por parte de los cristianos, generó nuevas transformaciones en la organización territorial de la Orden de Calatrava.
En este sentido, como consecuencia de la implantación de la primera línea fronteriza, algunas de las posesiones que desde el Emirato Omeya habían formado parte de los Iqlims de Martus y Bulkuna, tras la cesión de éstos a la Orden, permanecieron bajo la autoridad musulmana integrándose en los distritos de Yayyan y Aryuna, lo que provocó profundos cambios en la organización administrativa y territorial de estas demarcaciones.
Sin embargo, una vez controlada la Campiña por los ejércitos cristianos, surgen diversos conflictos, generados por la indefinición de los límites territoriales que separaban los territorios de las encomiendas calatravas y los pertenecientes a los Concejos de Jaén y Arjona.
En este marco de confusión de términos, los calatravos reclamaban la entrega de las posesiones que formaron parte las antiguas demarcaciones territoriales islámicas, y que debido a las fluctuaciones fronterizas quedaron integradas en los territorios del realengo.
Esta situación de indefinición territorial incrementó la confusión y el conflicto, hasta el punto que Fernando III en 1251 ordenó, por un lado, el deslinde de los términos entre Martos, Jaén y Locubín, y por otro, los de Arjona, Martos y Porcuna.
Para realizar esta labor se solicitó la colaboración y el asesoramiento de pobladores musulmanes. El resultado del deslinde fue volver a plasmar sobre el territorio la estructura administrativa y fiscal existente en la zona entre los siglos IX y X.
Sin embargo, tras la conquista definitiva de todo este ámbito espacial (s. XIII), los calatravos llevan a cabo una nueva organización del espacio, que consistió en fragmentar los grandes distritos islámicos en unidades territoriales de menor tamaño (Encomiendas de Lopera, Torre del Cañaveral, Subclavería), con el objetivo de ejercer un mayor control territorial.
Sin embargo, esta frontera no se extinguió tras los grandes avances territoriales obtenidos por los ejércitos castellanos durante los siglos XIII y XIV, ya que en la segunda mitad del siglo XV, volverían a activarse estas líneas fronterizas, como consecuencia de los enfrentamientos nobiliarios desarrollados durante el reinado de Enrique IV, que enfrentó a los partidarios del rey (Miguel Lucas de Iranzo y Beltrán de la Cueva), apoyados por el Concejo de Jaén y los seguidores de una coalición nobiliaria encabezada por D. Pedro Pacheco, Marqués de Villena y D. Pedro Girón, Maestre de Calatrava, participando activamente en el conflicto los miembros de la Orden (CARRIAZO, 1940; CUE- VAS, DEL ARCO Y DEL ARCO, 2001; TORAL, 1984; RODRÍGUEZ, 1996).
LAS TRANSFORMACIONES INTRODUCIDAS EN LAS FORTIFICACIONES ISLAMICAS. APORTACIONES DESDE LA INVESTIGACION ARQUEOLOGICA
A continuación haremos una revisión de los resultados obtenidos en recientes investigaciones arqueológicas efectuadas en las for tificaciones de varios de los principales centros de las encomiendas del Alto Guadalquivir.
Los estudios arqueológicos confirman la enorme transformación que sufren las primitivas fortificaciones islámicas tras su incorporación al señorío calatravo.
El sistema defensivo de la villa de Alcaudete
En Alcaudete se configuro una encomienda singular, debido básicamente a su escasa continuidad cronológica, dentro de un marco geográfico de primera índole, la frontera castellano-nazarí.
La presencia de la Orden de Calatrava en la villa se desarrolla en tres momentos diferentes:
• Primera Etapa: Se produce en la segunda mitad del Siglo XIII, iniciándose tras la conquista del núcleo islámico, y la correspondiente configuración del señorío y la encomienda.
• Segunda Etapa: Acaecida tras su perdida en 1300 24, y su posterior recuperación en 1312. Caracterizada con la desaparición del señorío, percibiendo la Orden tan solo derechos eclesiásticos.
• Tercera Etapa: A mediados del siglo XIV, la villa volvió efímeramente al poder calatravo, y lo hizo en función del conflicto que enfrentó a Pedro I y Enrique II Trastámara. Pedro I con el objetivo de atraerse partidarios a su causa, dona a la Orden en 1350 el castillo y villa de Alcaudete con todos sus términos (RODRÍGUEZ-PICAVEA, 1994; MATE- LLANES, 1994). Sin embargo, la victoria de Enrique II, supuso el fin definitivo de la presencia Calatrava en Alcaudete.
Tras la consolidación de la dinastía Trastámara, la nobleza comienza a monopolizar ciertos espacios de poder.
En este marco privilegiado, D. Alfonso Fernández de Montemayor, Adelantado Mayor de la Frontera (1380), obtuvo importantes beneficios, entre ellos la donación en mayorazgo del señorío de Alcaudete por parte de Juan I en 1385.
A partir de este momento la villa quedó adscrita al señorío de los Montemayor (RIVAS, 1992; 1994).
Las defensas de este núcleo de población se encuentran distribuidas por la cumbre del cerro a cuyos pies se dispone de forma anular el actual el caserío de Alcaudete. Su indiscuti- ble emplazamiento estratégico le ha permitido ejercer un amplio control de las principales vías de comunicación que unían Córdoba, Jaén y Granada.
Los restos arqueológicos más antiguos hallados en el cerro del castillo, pertenecen a época islámica (ss. VIII – X), momento en el que se inicia la construcción de una cerca defensiva, utilizada por los habitantes de la zona para refugiarse en caso de peligro.
Se trataba básicamente de efímeras estructuras defensivas, posiblemente de tapial de tierra, que se adaptaban a la acusada orografía del terreno.
Sin embargo, entre los ss. XI - XII, se modifican estas defensas articulándose lo que será el germen de la fortaleza actual, es decir, la creación de una gran muralla que circunda el núcleo de población, y la construcción de un alcázar en la cumbre del cerro (Fig. 13; Lám. 26).
Según las investigaciones en curso, en el interior de esta última apenas se construyeron edificaciones, tan solo alguna dependencia utilizada como almacén, y en aquellos espacios donde los acusados desniveles así lo aconsejaban, se edificaron varios aljibes, que permitiría a la población resistir largos periodos de asedio.
Durante esta época, Alcaudete se identifica en las fuentes como HiSn al-Qabdaq, un núcleo fortificado perteneciente a la Cora de Ilbira (Granada), y dependiente del partido de Alcalá la Real (Qal`at Yahsub), del que formaba parte de su estructura defensiva junto con otros castillos y atalayas distribuidas por todo el territorio.
Como hemos indicado durante este período, el núcleo de población se rodea de una cerca o muralla construida con tapial de tierra sobre basamento de mampostería, que se auxiliaba con pequeñas torres de planta cuadrada.
En la cumbre del cerro se edifica un alcázar con idéntico material, adaptándose perfectamente a la orografía del terreno, aprovechando incluso algunos escarpes naturales como elementos defensivos (Fig. 13).
La conquista cristiana provocó una nueva reestructuración de las defensas de la villa, así, por ejemplo, la cerca o muralla, que circundaba la zona habitada se reviste de muros de mampostería, lo que supone un reforzamiento de las antiguas estructuras, que a partir de estos momentos incrementan su resistencia ante posibles ataques con piezas de artillería. Junto a ello, se amplían también el número de torres que la defienden.
Por el contrario, el antiguo alcázar mantendrá en líneas generales, su antigua fisonomía, aunque siendo utilizado ahora como antemuro y basamento de un nuevo castillo. Ya que, en su interior los cala- travos edifican una nueva fortaleza (Láms. 26 y 27), separada de la primitiva por un reducido pasillo (Liza).
Para ello derriban parte de las murallas islámicas hasta quedar reducidas a una cerca de dos o tres metros de altitud (Falsabraga), con ello se configuraba una liza entre ambos lienzos, con la que se pretendía incrementar la inexpugnabilidad de la fortaleza, al tiempo que su escasa altura facilitaba a la guarnición el uso de todo tipo de armamento defensivo (Lám. 28, 29 y 30).
El acceso al interior del conjunto fortifica- do seguía un exhaustivo proceso de control, diseñado sobre el terreno, mediante el cual una vez flanqueadas las puertas de entrada, todos los caminos posibles conducían a la zona de Santa María (Fig. 13), donde se encontraba el sendero que conectaba con el castillo. Una vez en él nos adentrábamos en la liza, reco- rriendo un amplio tramo de la misma hasta lle- gar a la puerta principal (Lám. 27). Tan solo la guarnición usaría otras alternativas que comunicaban la fortaleza con el núcleo de población sin tener que penetrar y recorrer la liza.
El nuevo castillo, edificado en mampostería irregular, tiene planta poligonal (Figs. 13 y 14), adaptada perfectamente a la orografía del terreno. A su interior se ingresaba por dos puertas, la puerta principal se situó en el extremo Norte, estando defendida por dos torres de planta cuadrada con sus esquinas externas redonde- adas, mientras que la poterna o puerta falsa se localiza en el extremo Sureste.
Una vez franqueada la puerta principal, se accedía directamente a un pasillo-foso fortificado, definido por las murallas del propio castillo y por otros lienzos que intentan aislar y defender una zona central, que se encuentra más elevada que es el resto de la fortaleza, encumbrada en un promontorio rocoso.
De esta manera, el área central se configura a modo de una amplia terraza, donde se localizaban los elementos más representativos de la fortificación.
En el interior localizamos varios aljibes, todos ellos emplazados en las zonas de tránsito: El primero, situado en las proximidades de la puerta principal (Fig.14), ocupa la planta inferior de un edificio que se adapta perfectamente a la roca, presenta planta cuadrada y a su interior se accedía a través de un vano situado en un lateral.
Este aljibe estaba cubierto por una bóveda vaída de ladrillo, que soportaba una estancia rectangular, utilizada como cuerpo de guardia, ya que su puerta se abre directamente al adarve, lo que permitía a los centinelas alcanzar cualquier punto de la fortaleza rápidamente.
El segundo se localiza en el área de las caballerizas, adosado a la entrada de las mismas; presenta planta rectangular cubierta con bóveda de cañón construida de ladrillo.
El acceso a su interior se efectuaba a través de un pequeño pozo abierto en la bóveda en uno de sus extremos.
El sistema de captación de agua para este aljibe es muy peculiar, ya que era recogida de la cubierta del refectorio y conducida hasta unas pequeñas pero profundas arquetas de decantación, que permitían la introducción de agua limpia a la cisterna.
Sobre el lienzo meridional se apoya un edificio de planta rectangular (Fig. 14) estructurado en dos niveles:
• Al primero, que ocupa el nivel inferior, se accedía después de atravesar el pasillo-foso, está cubierto con una bóveda de cañón y consta de cinco aspilleras alargadas, que permitían la iluminación y la ventilación del interior, así como la defensa del lienzo sobre el que descansa.
Ejercía la función de caballerizas.
• Al nivel superior o refectorio se accedía desde la terraza superior o central gracias a un amplio vano, que dejaba paso a un espacio diáfano, cubierto por una estructura de madera.
Esta sala esta comunicada directamente con el adarve del lienzo meridional a través de una pequeña puerta.
La habitación contaba con un banco corrido, posiblemente de ladrillo, apoyado en sus muros, y con un pavimento, también de ladrillo, dispuesto a espiga, sustituido posteriormente por una gruesa capa de mortero de yeso.
En la parte central del castillo se localiza la Torre del Homenaje (Lám. 31; Fig. 14), último reducto de resistencia, fue construida en la zona más elevada del promontorio rocoso sobre el que se asienta la fortaleza, quedando aislada del resto, lo que le permite adquirir cierto grado de autonomía funcional o autosuficiencia, mar- cada por fuertes desniveles rocosos que la cir- cundan. Tiene perfil troncocónico y planta rec- tangular. Internamente se estructura en tres niveles:
• La planta inferior o almacén: se accedía a tra- vés de una trampilla abierta en la bóveda de cañón de piedra que cubre la estancia. La cual presenta un banco corrido adosado a sus muros, que servía para depositar los recipientes de almacenaje. Sin embargo, esta dependencia también sería utilizada como aljibe, ya que en ella, se guardaba el agua de lluvia que se recogía en la parte supe- rior, y canalizada mediante un tubo forma- do por atanores de cerámica que, embuti- do en uno de los muros de la torre, conducía el preciado líquido hasta el interior, donde era recogido en grandes tinajas o incluso depositado en su suelo de la estancia, el cual había sido preparado para tal fin, ya que fue construido con una gruesa capa de mortero de cal, que al entrar en contacto con el banco lateral, formaba una pequeña cuenca, evitando así la perdida de agua.
• En la Primera Planta se encuentra la puer- ta de acceso al interior de la torre. La fun- ción de la estancia era permitir la comu-
nicación y la conexión con las demás depen- dencias. El sistema de acceso desde el exte- rior a la torre está muy destruido, pero con- sistía en un patín o estructura rectangular adosada a la torre, construida con mam- postería, donde se embutía una angosta escalinata, que permitía alcanzar la puerta, situada en alto.
• La Tercera Planta era utilizada como la resi- dencia del comendador, por tanto la zona privilegiada de la fortaleza. Está cubierta con bóveda de cañón de ladrillo, al igual que el nivel anterior. Su ventilación e ilu- minación se lleva a cabo a través de cua- tro ventanas-miradores, construidas con dos arcos de herradura divididos por un par- teluz, elementos que evidencian su claro uso residencial.
Tras la toma de Granada y la adscripción de la villa al señorío de Montemayor, la forta- leza pierde su función militar. Los señores de Alcaudete, transformarán el antiguo castillo en residencia particular 27.
Las fortificaciones de la Encomienda de la Peña de Martos
Como ya hemos señalado, esta encomien- da se constituye tras la entrega que Fernando III realiza a la Orden en 1228 de la fortaleza de Martos con todos sus términos. Martos fue una importante ciudad ibero-romana, la Augus- ta Gemela Tuccitana (Tucci), con una estructu- ra compleja y jerarquizada, que desde el punto de vista defensivo se organizó en dos áreas (Lám. 5): por un lado la Peña, un elevado maci- zo rocoso, que sin lugar a dudas puede ser considerado como uno de los principales hitos estratégicos de la Campiña de Jaén; y por otro, el amplio espolón sobre el que se asienta el primitivo núcleo urbano, situado en la propia ladera de la Peña, ocupando cotas altimétricas inferiores. No obstante, ambos conjuntos se enlazaron en la Baja Edad Media a través de varios lienzos de muralla.
Aunque los estudios arqueológicos realiza- dos en este municipio no se han extendido al recinto amurallado, contamos con algunos estu- dios específicos del mismo, que evidencian la existencia de una compleja estructura defensi- va 28, compuesta por una cerca de mamposte- ría irregular intercalada con torres cuadradas y semicirculares. Ocupando la zona más elevada de este espolón rocoso, se localiza la alcazaba, un nuevo recinto amurallado, delimitado por una vaguada, que le eleva también sobre el resto del caserío.
Este nuevo espacio amurallado, se define como un conjunto rectangular, que ocupa el antiguo solar de la primitiva acrópolis ibero- romana, convertida posteriormente en alcazaba por los musulmanes entre los siglos XI-XIII (Lám. 32).
Inicialmente ambos elementos defensivos se edificaron, como la mayor parte de las fortificaciones de la zona, en tapial de argamasa, siendo revestidos en mampostería tras la conquista cristiana, ampliándose sus posibilidades defensivas con torres macizas de planta cuadrada y circular. Ocupando la zona más elevada de la alcazaba, se edificó un alcázar, del que tan solo se conserva una esbelta torre de Homenaje.
Por lo que respecta a la fortaleza emplazada en la cumbre de la Peña (Lám. 33), ocupa una amplia meseta, con una apreciable inclina- ción Sur – Norte.
Tampoco en ella se han efectuado trabajos arqueológicos, tan solo varios estudios superficiales, que han puesto de manifiesto la importancia y la riqueza de este conjunto arqueológico 29. Esta fortificación ocupa toda la meseta de la cumbre, con lo cual aprovecha las fuertes pendientes y la acusada orografía como elementos defensivos naturales (HiSn).
Inicialmente esta cualidad permitía su fácil defensa, pero paulatinamente fue dotándose de un recinto amurallado que circundó toda la meseta, configurando de esta manera una fortaleza de planta irregular.
Tras la conquista, los caballeros calatravos, siguiendo una costumbre muy extendida por todo el Alto Guadalquivir, modifican ampliamente este HiSn, que convierten en una de las principales fortalezas de la Campiña, desde la cual mantendrían contactos visuales con la mayor parte de las posesiones de la Orden.
La reestructuración de la fortificación consistió en reutilizar las antiguas defensas sobre las que se edifican un primer recinto amurallado, dotado de torres defensivas de plantas cuadradas y circulares (Fig. 15; Lám. 34)., algunas de ellas construidas en época islámica. Al interior se accedía a través de una torre puerta (ESLAVA, 1990).
Paralelamente, en la zona más elevada se construyó un alcázar, de planta irregular, donde destaca una gran torre de Homenaje rectangular (Fig. 15, Lám. 35, 36 y 37), organizada en tres pisos, el inferior posiblemente utilizado como aljibe, se encuentra enterrado, conservando su bóveda de cañón. Este conjunto quedó aislado del resto de la meseta a través de un amplio foso (Fig. 15, Lám. 38).
En el extremo Noroeste del recinto de mayor tamaño, se edificaron don grandes depósitos de agua, uno a modo de balsa, del que parten dos canalizaciones. Mientras que el segundo, fue cubierto con bóvedas de arista de ladrillo (Lám. 39). En el interior de este amplio recinto se conservan restos de varias dependencias que futuros trabajos de excavación podían relacionar con almacenes, cocinas, etc..
El Castillo de Lopera
El primitivo asentamiento islámico de Lopera fue fortificado entre los siglos XI-XIII 30 con la construcción de un recinto que cerraría el caserío y un alcázar situado en la zona más elevada de la población. De estos elementos son muy escasos los indicios conservados, ya que la muralla fue destruida en 1930 (VALDECAN- TOS, 1998), y el alcázar, enormemente transformado por la Orden de Calatrava .
Esta fortaleza presenta un primer recinto externo de planta pentagonal (Fig. 12), construido en mampostería irregular, con cinco torres macizas en sus esquinas, tres de planta semicircular y dos cubos rectangulares, que en algunas ocasiones se complementan en su base con un pequeño talud o alambor. Todas ellas están coronadas con una terraza a la que se accede a través de los adarves
Al interior se accedía por dos puertas (Fig. 16):
•1: La Puerta Principal se situaba en el lienzo Este, se encuentra defendida por dos torres y configurada por un arco de medio punto de dovelas de arenisca, que descansan sobre dos columnas de mármol, que flanquean esta entrada.
En el centro del vano encontramos otro arco de medio punto elaborado con ladrillo macizo, en el cual se coloca la puerta de dos hojas de madera, encajadas en sus respectivas ranguas.
Previamente como medio de defensa de este acceso, se construye en su vertical y a nivel de adarve, una ladronera soportada por cuatro ménsulas, así como una buhedera u orificio situado en el intradós del pasaje de la puerta (Lám. 15).
•2: Según JL. Pantoja (1993), pudo existir una posible Poterna o puerta falsa en el lienzo Oeste, en su lugar, actualmente se localiza un gran portón de acceso a la plaza de armas.
Esta sería de menor tamaño, que la principal, siendo utilizada para uso privado de la guarnición.
El interior se organiza entorno a un amplio patio de armas, en cuyo centro se construyó un Segundo Recinto o Alcázar (Fig. 16, Láms. 40 y 41), configurado por dos grandes torres unidas por dos lienzos de murallas flanqueantes.
El sistema defensivo de estos lienzos consiste en un matacán o largo antepecho voladizo sobre el adarve, soportado por arcos de medio punto y contrafuertes, con suelo aspillerado para con- trolar el pie de muro (Figs. 16, 17 y 18; Lám. 41).
Este adarve tiene una coronación de similares características al recinto externo, es decir antepecho almenado y aspillerado.
No obstante, los dos elementos que destacan dentro de este alcázar son dos esbeltas torres, la primera de ellas se ubica en el extremo Oeste, siendo utilizada para defender el acceso al interior del alcázar, ya que la puerta principal del mismo se ubica en uno de sus laterales.
Esta torre, conocida popularmente como la Torre de San Miguel, tiene planta rectangular, y fue construida con mampostería irregular, reforzando sus esquinas con sillarejo a soga y tizón.
Está coronada con un antepecho almenado y aspillerado, así como por una ladronera ubicada en su cara Oeste, que defendía la puerta de acceso al alcázar. Interiormente se organiza en dos plantas abovedadas.
Frente a ella, y ocupando el extremo Este, se localiza la torre de Homenaje, conocida como Torre de Santa María, que tiene planta rectangular con laterales flanqueantes.
Está defendida, como la de San Miguel, por antepechos almenados y aspillerados. Presenta en tres de sus frentes, ladroneras de ménsulas de arenisca, sobre las que descansan antepechos de mampostería mixta.
Interiormente se organiza en dos niveles, el primero se identifica con un oratorio construido por el Comendador de Lope- ra D. Juan Pacheco en 1535 (PANTOJA, 1993).
Presenta bóveda esquifada con una pequeña zona absidal, sus frentes estaban decorados con yeserías renacentistas en las que se alternan la heráldica y motivos religiosos, vegetales y geométricos, junto a ellas en la propia bóveda aparecían diversas inscripciones pintadas, ya desafortunadamente desaparecidas.
Posiblemente en el siglo XVI se abre la actual puerta de acceso al interior de esta capilla, creándose un cober tizo o pór tico, con ar tesonado de madera, soportado por columnas y ménsulas de arenisca decoradas.
También en el patio del Alcázar se llevo a cabo una impor tante inter vención encaminada a transformar la primitiva fortaleza en residencia señorial.
De esta manera se redujeron las dimensiones la antigua plaza de armas, edificándose un pequeño patio por ticado, que según la documentación del siglo XV, servía como eje articulador, entorno al cual se ubi- caban diversas dependencia.
En 1459 y 1492 el castillo presentaba un lamentable estado de conservación, como manifiestan varios documentos redactados por los freyres visitadores de la Orden de Calatrava, documentación que ha sido analizada por M. Ruiz Calvente (1990).
Entre ellos destaca, por su riqueza en detalles, el elaborado por Frey Bartolomé de Almodovar y Frey Juan Mora el día 23 de Marzo de 1459 (A.H.N., 1459; CAL- VENTE, 1990).
La estructura defensiva de la Villa de Sabiote
Los análisis arqueológicos efectuados en la misma hasta el momento han sido escasos, tan sólo los trabajos desarrollados en la explanada ubicada frente al Castillo (SALVATIERRA Y CHOCLÁN, 1986; HORNOS ET ALII, 1987), y los efectuados en el interior de la fortaleza (CAS- TILLO ET ALII, 1999).
Estos estudios ponen de manifiesto la significativa transformación que sufrió esta fortaleza a lo largo de la Edad Media.
Las fuentes árabes de principios del S. XII denominan a esta población con el nombre de HiSn Sabiyuto (VALLVÉ, 1969). A finales del S. XII o inicios del S. XIII, Yaqut cita la fortaleza de Sibyawt o Sabiyut como perteneciente al distrito de Ubbadat (Úbeda) (AGUIRRE, 1982).
Los sondeos estratigráficos desarrollados tanto dentro como fuera del castillo han documentado materiales cerámicos de época Emiral, aunque no relacionados con estructuras de hábitat o fortificación, por lo que pudieron pertenecer a un HiSn-refugio (Fig. 19) emplazado en un punto elevado y de fácil defensa, utilizado como refugio de los habitantes de varias alquerías del Valle del Guadalimar.
Este núcleo fue enormemente modificado entre los siglos XI - XIII.
Las excavaciones arqueológicas han documentado los restos de diversos edificios, correspondiente a la retícula interna de un núcleo dotado de una muralla de tapial (SAL- VATIERRA Y CHOCLÁN, 1986).
Fernando III tomará la ciudad entre 1227 y 1229, durante las operaciones militares en la Loma de Úbeda (AGUIRRE Y JIMÉNEZ, 1979; RUIZ, 1989), no obstante, fue su sucesor, Alfonso X, quien en 1257 la entregó a la Orden Militar de Calatrava en compensación por la villa y castillo de Almoguera (SOLANO, 1978).
La conquista cristiana, provoca un abandono rápido de la ciudad, hecho que se observa en algunas de estas viviendas donde la marcha de la población islámica fue rápida y violenta, documentándose algunos niveles de incendio y abandono de objetos y útiles diversos.
Este despoblamiento determino que el asentamiento fuese sometido a una profunda transformación interna, entre las que cabría destacar la superposición sobre el antiguo caserío de una nueva retícula urbana.
La repoblación de Sabiote trajo consigo un significativo crecimiento de la población en dirección Oeste, dotándose de un nuevo cinturón de murallas de mamposte- ría, defendida por torres de planta cuadrada. A su interior se accedía por cinco puertas: P. Canal, P. Santos, P. San Sebastián, P. de la Villa y P. del Tejar (Fig.22).
Asimismo, se construyeron nuevos espacios de culto, con sus correspondientes necrópolis, como la Iglesia de Santa María del Cortijo, edificada en las inmediaciones del castillo 31, etc.
Pero sobre todo, este abandono determinó, que la Orden de Calatrava construyera una fortificación situada en el extremo Noreste del HiSn (Figs.20 y 21; Lám. 42), que destruirá gran parte de su estructura interna.
La fortaleza fue edificada en mampostería, presenta planta rectangular con torres cuadradas en cada ángulo, y dos más en el lienzo Norte.
Para su construcción se aprovechan algunos ele- mentos de for tificación islámicos (lienzos Nor te y Este del antiguo HiSn), que son revestidos con amplios forros de mampuestos irregulares.
Al interior (Fig. 21) de la fortaleza se accedía a través de la puerta principal localizada en el extremo Noroeste, protegida por dos torres. Desde ella y accediendo al interior (direc- ción Este), se estableció un camino-foso (Lám. 43) protegido por el lienzo Norte del casti- llo y el muro perimetral del Patio de Armas.
El pasillo o foso sigue siempre en dirección este hasta llegar a una torre, desde la cual se permitía el acceso al interior de la plaza de armas. Posiblemente debió existir un acceso directo desde la villa al interior del castillo, que podría localizarse en el lienzo Sur.
El castillo de Sabiote sufrirá restauraciones en 1533 y 1535, un poco antes de la gran trans- formación que se realizará en la fortaleza, tras ser comprada por Francisco de los Cobos (RUIZ, 1989).
Las obras fueron programadas por el Consejo de la Orden de Calatrava.
De esta manera, por Real Provisión de su Majestad se libran por los señores del Consejo de las Ordenes, la concesión de cien mil maravedies al alcaide del castillo y fortaleza de Sabiote, Frey Juan de la Tovilla, para realizar las obras más necesarias.
La inspección de los trabajos la efectúa el 14 de julio de 1535 el Comendador Frey Hernando Chacón, el cual recomendará nuevas obras.
La documentación hace mención a una serie de restauraciones puntuales en algunos elementos, al tiempo que nos indica los nombres de las diferentes torres que la componen: Torre del Homenaje o del León (Fig. 21) que podría corresponderse con la torre de la esquina Suroeste, siguiendo en dirección Este se localizaría la puerta de entrada a la fortaleza protegida por una torre que llevaría su nombre (esquina Sureste), de esta torre y toman- do dirección Norte encontraríamos la torre del Espolón (esquina Noreste), de ella parte un lienzo de muralla con sentido Este, que nos conduce a la torre del Baluarte y otro, con dirección Oeste, en el cual se localizan tres torres dos de ellas sin denominar y la tercera que coincide con la esquina Noroeste llamada de la Puerta de la Canal, porque a ella se adosaba una de las entradas a la ciudad.
Existiría una última torre que se ubica dentro de la fortaleza y que hemos identificado con la torre que controla el camino-foso.
Sabiote perteneció a la Orden Militar de Calatrava hasta finales del S. XV o principios del XVI, momentos en los que es vendida por Don Alonso de Baeza a Don Francisco de los Cobos, por la cantidad de 18 millones de maravedís.
A partir de aquí, el nuevo propietario encarga a Andrés de Vandelvira y al ingeniero Benedetto de Ravena la reforma del castillo para transformarlo en un majestuoso palacio renacentista (CHUECA, 1971; RUIZ, 1989; CASTILLO ET ALII, 1999; COOPER, 1991) (Láms. 42 y 44).
Para ver las fotos de los castillos, aquí está el artículo:
http://www.ujaen.es/revista/arqytm/P...6_Castillo.pdf
La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.
Antonio Aparisi
El legado de la Edad Media: el régimen señorial en el Reino de Jaén (siglos XV -XVIII)
No pretende el presente trabajo exponer de modo exhaustivo todas y cada una de las vicisitudes por las que atravesaron los señoríos y las familias que los detentaron en el Reino de Jaén, durante el largo período de cuatro siglos que nos ocupa.
Más bien se trata de presentar el resultado de las investigaciones llevadas a cabo tanto por los historiadores preocupados por la historia giennense en este
campo como por mí mismo.
Para ello es de primordial interés establecer una primera evaluación de los pueblos que estuvieron situados bajo la órbita señorial desde el momento de la «Reconquista» del Reino hasta el siglo pasado, labor completa que, obviamente, desborda las pretensiones de cualquier investigador individual.
No se agota, sin embargo, el estudio del régimen señorial en estos aspectos locales; este sistema de concebir la sociedad, que ocupa
las Edades Media y Moderna, envuelve y caracteriza todas sus estructuras, hasta el extremo de que, incluso, los concejos realengos
acaban siendo dominados por la nobleza local, que procura constituir o ampliar su patrimonio a costa de los bienes de estos concejos.
No obstante, tampoco esto debe extrañarnos, toda vez que el propio concejo de realengo actúa con respecto a sus aldeas como un señor más, exigiéndoles la prestación de pleito-homenaje y la contribución de cantidades por diversos conceptos, así como sometiéndolas a la directa jurisdicción de sus justicias.
Podríamos definir el régimen señorial, siguiendo al profesor don
Eduardo de Hinojosa, como «el conjunto de las relaciones de dependencia de unos individuos respecto de otros, ya por razón de la persona, ya de la tierra [..], y la organización económica, social y
política derivada de aquellas relaciones»’.
El marca escogido en esta ocasión para el estudio del régimen
señorial es la actual provincia de Jaén; aunque el Reino de Jaén se constituyó como tal ya en el siglo xiii, los avatares de la lucha fronteriza, de un lado, y la primitiva organización político-administrativa de Castilla, de otro, determinan que el actual mapa provincial sea más extenso que el histórico, desde la reorganización de Javier de Burgos, hace ahora siglo y medio.
En efecto, la incorporación del concejo de Alcalá la Real y de la encomienda santiaguista de Segura de la Sierra al Reino jienense procede del siglo pasado, si bien su adscripción al obispado de Jaén es aún más reciente.
Un hecho marginal también a tener en cuenta es la creación a fines del si- glo xviii de las nuevas poblaciones de Sierra Morena.
Vemos, pues, que entendiendo el concepto de «régimen señorial» como el conformador de la sociedad moderna, es necesario estudiar todas las circunscripciones político-administrativas, independientemente de que se trate de tierras de realengo o de señorío.
Para la mejor comprensión de este fenómeno hemos preparado dos cuadros, el primero de ellos referido a las contribuciones debidas por las localidades del Reino, que sirven para estimar tanto la estructura de la distribución de la riqueza en dos momentos distintos —finales del siglo xv y comienzos del xvii como la evolu- ción de la misma, aunque debemos advertir que la falta de datos en uno u otro momento da lugar a que los resultados sean bastante aleatorios.
En líneas generales, puede afirmarse que más de la mitad de la riqueza del Reino se concentraba en tierras realengas, en tanto que los señoríos militares y religiosos apenas alcanzaban un tercio del total, siendo minúsculo el papel de los señoríos laicos, con la excepción del condado de Santisteban del Puerto, sin duda, el más potente de todos ellos en tierras giennenses.
De mayor precisión es el segundo cuadro, mediante el cual podemos conocer tanto el número de pueblos situados bajo la órbita señorial como la densidad, la población, la extensión y la adscripción de los mismos al señorío del rey, de la Iglesia, Ordenes Militares o señores laicos, entre los siglos xv y XVIII.
En cuanto al número de pueblos, Ordenes Militares y concejos realengos ocupan los primeros lugares en ambos momentos, mientras que los señoríos laicos apenas superan la unidad.
Con respecto a la relación de 1789 se refleja una cierta evolución: si, par una parte, las aldeas de los concejos tienden a emanciparse, par otra, los señoríos eclesiásticos pierden el 10 por 100 de sus pueblos en favor de los seglares, en especial, del marqués de Camarasa.
Consecuencia de este mismo fenómeno «desamortizador» del siglo XVI es la alteración en las proporciones de extensión y población de ambas jurisdicciones: realengas y señoriales; en lo relativo a la extensión, el realengo se mantiene estable en torno al 42 por 100 del total, en tanto que Ordenes y diocesanos ven disminuir en seis puntos sus posesiones en beneficio de los señores laicos, que del 15 por 100 del total pasan al 23 por 100.
Sin embargo, la población realenga aumenta prácticamente un 10 por 100, mientras que los eclesiásticos pierden un 11 por 100, deI
cual sólo un 2 por 1013 redunda en favor de los señoríos seglares.
Una vez apreciadas estas líneas generales, conviene pasar revista a las distintas circunscripciones territoriales, según su adscripción
señorial.
1. El Realengo
Acabamos de constatar la importancia de los concejos situados, teóricamente, bajo la directa soberanía regia, que prácticamente suponían la mitad del Reino en todos los conceptos.
Estos concejos, en el siglo xv eran cinco: Jaén, Baeza, Ubeda, Andújar y Alcalá la Real. Con anterioridad, también habían sido independientes los municipios de Iznatoraf, Arjona y Santisteban del Puerto, aunque en el curso de los siglos xn y xiv cayeron en la órbita señorial.
1.1. El concejo de Jaén
Formado a raíz de su conquista en 1246, durante la época medieval dispuso de siete aldeas dentro de su alfoz: Tarrecampo, Pegalajar, Villargordo, Fuente el Rey, Mengíbar, Cazalílla y Torrequebradula, aunque no queda claro el momento de aparición de esta última .
El cercano Villargordo pasó en el siglo xv al señor de Villardompardo para independizarse en el siglo xviii.
Por su parte, el concejo de Cambil y Albabar se constituirá en 1485, tras su conquista a los nazaríes; para 1680 se poblarían, dentro de su término, concretamente en el pago de Escarcena, los lugares de Cárchel y Carchelejo, junto al despoblado de Cazalla.
La gran población alcanzada por la ciudad de Jaén a finales de la Edad Media propició la repoblación de su término, proponiéndose en 1508 a la reina Juana la creación de los lugares de la Nava del Can, Hoyo Rabaneros, Otiñar, Campillo de Arenas, Susana y Ranera, los Villares de Jige y Letraña, de los cuales, efectivamente, se repoblaron a partir de 1536 los cuatro últimos con los nombres de Campillo de Arenas, Valdepeñas, Los Villares y Mancha Real, respecti- vamente, en tanto que Otíñar permanecía, como hasta hoy, como una cortijada.
El éxito obtenido en la repoblación de su término, paradójicamente, determinó que estas aldeas, en el curso de la segunda mitad
del siglo xvi, se acabaran independizando de Jaén, mediante el expediente de comprar su libertad al rey: Mancha Real y Pegalajar en 1557; un año más tarde, Valdepeñas, Cambil y Alhabar; en 1565, Cazalilla; en 1574, Mengíbar“, y Los Villares en 1600”.
Temporalmente, durante el siglo xvii, habían sido enajenados del concejo de Jaén los lugares de Torredelcampo y Fuente el Rey, aunque acabaron siendo devueltos a aquél.
No obstante todo lo dicho, la nobleza local continuaba dominando tanto el concejo de Jaén como los nuevos municipios; en el primer caso, una serie de familias, emparentadas con la nobleza secular del Reino, controlan desde el siglo xv, al menos, la administración mu- nicipal 15, en tanto que esta nobleza se introduce en los concejos y percibe sus rentas
A pesar del gran esfuerzo repoblador del concejo de Jaén, ello no impidió que entre los siglos xv y xvi se despoblasen varios luga- res, como Otíñar, El Berrueco, Fuente Tétar, Villar de las Cuevas, Olvidada, Grafiena, Almenas-a, Ventosilla, Torre de Lope Fernández, Aldehuela, Bexix y Bornos, las cuatro últimas situadas fuera de la jurisdicción concejil.
Finalmente, digamos que, durante el periodo de nuestro estudio,
la población de estas localidades se duplicó, alcanzando los 65.000 habitantes en 1789 y una densidad en torno a los 45 hab./km2.
El territorio del antiguo concejo oscilaba alrededor de los 15OO km2.
1.2 el concejo de Baeza
Tal vez por ser la primera ciudad importante que se conquistó en el Reino de Saén, el alfoz de Baeza sea el mayor de todos los
concejos, alcanzando los 2.000 km’, si contabilizamos los términos de las nuevas poblaciones de Sierra Morena.
La población, por su parte, osciló entre los 20.000 y 30.000 habitantes.
Dependían de la ciudad de Baeza en el siglo xv los lugares de Baños de la Encina, Vilches, Rus, Lupión, Linares y el barrio del Rey de Ibros. Con anterioridad habían sido segregados del término para pasar a manos señoriales los lugares de Bailén, Canena, Begíjar, Estibiel, Arquillos, Recena, Chincóyar y Neblí.
Durante la Edad Moderna, las aldeas baezanas también pudieron acceder a su emancipación mediante el pago de fuertes cantidades
a la Corona: Linares en 1565, Baños en 1627, Rus en 1628 Lupión en 1795 y Vilches con anterioridad a 1799.
Nuevamente en Baeza y municipios segregadas encontramos oficios y rentas en manos de la pequeña nobleza.
1.3. El concejo de Ubeda
Es el alfoz de Ubeda el término que más variaciones experimen- ta desde el siglo xiii2t no sabiéndose, a ciencia cierta, qué lugares
dependían de ella en un momento dado. Para fines de la época me- dieval parece que dependían de su señorío los lugares de Cabra, Navas de San Juan y Quesada. Sin embargo, para finales del siglo xviii estos lugares hablan pasado, respectivamente, al marqués de la Ram- lila, al conde-duque de Santisteban y al duque de Arcos ~. A cambio de estas pérdidas, Ubeda volvió a ejercer su señorío en el siglo xvi sobre Torreperogil. Precisamente, Torreperogil, en unión de Quesa- da, intentó comprar su libertad del rey en 153?, infructuosamente, consiguiéndolo sólo Quesada en 1564 ~.
En términos generales, el concejo ubetense se extendía por unos mil kilómetros cuadrados, con una población que oscilaba entre los
15.000 y 10fl00 habitantes, contando con las cortijadas de Santa Ola- lía (hay Santa Eulalia), Torre de San Juan, Olvera y Villarpardillo. También encontramos a la pequeña nobleza local instalada en los oficios municipales de Quesada ~ y Ubeda ~.
L4. El concejo de Andújar
Este concejo, extendido desde Siena Morena hasta el Guadalqui- vn, gozó de cierta estabilidad en su conjunto durante toda nuestra época de estudio, aunque siempre anduvo en peligro de caer en la órbita señorial ~‘.
Su término incluía las aldeas de Villanueva de la Reina y Marmo- lejo, además de treinta y tres cortijos ~. Para 1790 y 1791 ambas aldeas ganarían su libertad, a titulo oneroso, como era habitual ~. Sobre un territorio de 1.300 km’ se asentaba una población de 10.000 a 25.000 habitantes.
El concejo de Andújar conservó hasta fines del siglo XVIII la mayoría de sus oficios municipales~, aunque el portazgo de la ca- pital pertenecía al duque de Montellano ~.
1.5. El concejo de Alcalá La Real
El concejo de Alcalá la Real, de tan acusada personalidad hasta el presente siglo, se extendía por más de 400 km’, con una pobla- ción oscilante entre 6.000 y 14.000 habitantes. Hasta 1835, en que adquirió la categoría de villa Frailes ~ la única entidad importante era Castillo de Locubin; había, además, doce aldeas~‘.
Oficio importante, por las pagas reales que llevaba aparejadas, era la alcaidía de la fortaleza de la Mota, que siempre estuvo en manos de señores.
2. SEÑORíOS ECLESIÁSTICOS
Estos señoríos representaban, en cuanto a población y extensión, entre el 30 y el 40 por 100 del Reino de Jaén. Se puede hablar de das tipos de señoríos eclesiásticos: los militares y los seculares; entre éstos habría que incluir el Adelantamiento de Cazorla, pene- neciente al arzobispo de Toledo, y las escasas posesiones del dioce- sano giennense.
Las Ordenes Militares, por su parte, ocupan los extremos noroeste y suroeste del reino> como herencia fronteriza de su pasado medie- val.
Es sabido que durante el reinado de los Reyes Católicos los maestrazgos de las órdenes de Santiago y Calatrava, que aquí nos ocupan, ft¡eron ocupados por los monarcas, con lo que se plantea el problema de su filiación dominical.
Si bien es cierto que el señorío corresponderá en adelante a los reyes, no la es menos que estos institutos conservaron sus institu-
ciones intactas, variando tan sólo el destinatario de las rentas de las respectivas mesas maestrales. Es por esto por lo que los incluimos dentro de los señoríos eclesiásticos.
2.1. La Orden Militar de Calatrava
Gozaba de una extensión de 1200 Km2 y una población oscilante entre los 28.000 y 33.000 habitantes. La base del señorío radicaba en la provincia calatrava de Martos, junto con la ciudad de Arjona y los núcleos de Sabiote, Torres, Jimena can Recena y barrio cala- travo de Canena, localidades dispersas que serían segregadas en el siglo xvi en favor de Francisco de los Cobos.
Por su parte, tercias de Arjona y alcabalas y tercias de Arjonilla
habían caído en manos de la familia genovesa de Espínola Palavicina ~‘, en tanto que oficios municipales eran detentados por pequeños nobles.
2.2. La Orden Militar de Santiago
Caso similar es el de la Orden de Santiago, que en sus 2200 km2 concentraba una población de 17.000 habitantes, en diecisiete pueblos; éstos se hallaban repartidos en las encomiendas de Beas, Se- gura y Bedmar. El crecimiento demográfico de fines de la Edad Media permitió la repoblación en 1525 de Santiago de la Espada fl can posterioridad a 1789 se poblarían Pontones y Puente Génave, antes cortijadas.
Las desmembraciones del siglo xvi afectaron poco a los santia- guistas, que sólo cedieron su barrio de Canena al marqués de Cama- rasa y la villa de Bedmar al cuarto señor de Solera”.
2.3. El Adelantamiento de Cazorla
Mucho peor parado salió el arzobispo de Toledo de los cambios de la Edad Moderna. Este Adelantamiento se había constituido en torno a los concejos de Iznatoraf, Cazorla y Quesada con sus res- pectivas tierras. Dos aldeas alcanzaron su libertad, emancipándose del señorío y pasando a ser realengas: Sorihuela, aldea de Iznatoraf, se independizó en el curso del siglo XVII ~, en tanto que Pozo-Alcón lo hizo en 1648 t Por otra parte, Hinojares y Huesa pasaron a manos de dos señores, que las hicieron base de sus posesiones.
Hay que advertir, además, que el señorío de Santo Tomé, desde su fundación en 1348, fue compartido por el arzobispo y los descendientes del administrador que lo fundo
De este modo, el Adelantamiento perdió un 3 por 100 de su territorio, aunque la población de las villas restantes se triplicó en los siglas modernos. Carlos 1 entregó este Adelantamiento al marqués de Camarasa, aunque, tras largo pleito, los arzobispos toledanos recuperaron este señorío en 1601 ~
2.4. El obispo de Jaén (la mesa episcopal)
Comparados con los anteriores señoríos, las posesiones del dio-
cesano de Jaén son ciertamente exiguas —apenas 44 km2—, lo que facilitó su rápida extinción a lo largo de los tiempos modernos.
Este señoría episcopal se formó en torno a dos núcleos: Begíjar y la nueva población de la Torre del Obispo, de 1518 ~ por un lado, y, por otro, el lugar de la Torre de Tiédar y el aledaño de Canalejas, luego transformado en El Mármol ~.
3. Señoríos Laicos
Dos hechos importantes hay que reseñar en lo que respecta a es- tos señoríos: en primer lugar, la mayoría de los señoríos seculares del Reino de Jaén aparecen en el siglo XLV, al calor de la política trastamarista, o en el siglo xv, como consecuencia o bien del avance fronterizo, o bien de las luchas nobiliarias, y, en segundo lugar, el hecho de que el territorio dominado por estos sefiores aumentase en la Edad Moderna un 8 por 100 es debido a la creación de cierta cantidad de señoríos nuevas, más que la ampliación de los anteriores.
3.1. Principales señoríos medievales
3.1.1. El linaje Torres de Portugal: condes de Villardonzpardo
En el siglo xv formaban este condado los lugares de Villardom- parda, Escañuela y Villargordo, en un territorio de apenas 80 kw2, habitado por mil personas. La donación a los Ruiz de Torres de las dos primeras villas —segregadas probablemente del término de Ar- jona— procede de mediados del siglo xiv ~ fundándose el mayoraz-
go en Jaén el 24 de mayo de 1396 por Pedro Ruiz de Torres e Isabel Méndez de Biedma 52 Estos emparentaron con un descendiente de la casa real portuguesa y, más tarde, a través de Teresa cte Torres y Portugal, con Miguel Lucas de Iranzo, condestable de Castilla~.
El primer conde de Villardompardo fue Femando de Torres y Portugal, asistente de Sevilla y virrey del Perú, por gracia de Felipe II, fundando su mayorazgo en Sevilla (12 de octubre de 1592).
Posteriormente, la condesa Eugenia María Torres y Portugal acumuló el marquesado de Villamayar, habiendo pasado en 1696 condado y marquesado a la marquesa de Bélgida, Francisco María Belvís Torres y Portugal ~.
Para comienzos del siglo xviii era marquesa de Bélgida y Bena- vites María Exarcb de Bellón ~.
3.1.2. El linaje Benavides
3.1.2.1. Condado de Sanristeban del Puerío.—EI linaje de los Biedma-Benavides, infanzones procedentes del Reino de León, esta- Mecidos en Jaén desde el siglo xiii, es una de las castas que prota- gonizará la historia del Reino giennense durante la Baja Edad Media ~‘.
Este señorío laico es el más amplio de todo el Reino, y nos es bien conocido gracias a los trabajos de Concepción Quintanilla ~.
Ya en el siglo xv del tronco principal se desgajaron dos ramas: la de los señores de Jabalquinto y la de los de Frómista ~. El núcleo principal, no obstante, estaba constituido por la villa de Santisteban del Puerto, con sus aldeas de El Castellar y las Navas de Santisteban, a las que se unía el lugar de Espeluy, casi despoblado en esta época, y el antiguo barrio del Condestable en Ibros ~.
Elevado a la categoría de condado en 1473, un siglo más tarde el conde de Santisteban había acumulado el vizcondado de Huelma —provisionalmente— y el señorío de Solera, debido a la política seguida de enlaces matrimoniales él.
Así pues, el condado en el siglo XVIII ocupaba una extensión cercana a los 1000Km2(no olvidemos sus posesiones en SierraMorena), gracias a la unión de Solera y Torre de García Fernández —hoy San Bartolomé—; sin embargo, la población nunca fue abundante. Es en este mismo siglo cuando sus señores obtienen el título de
duques. Con posterioridad, sus señoríos, previsiblemente por matri- monio, pasaron a la casa ducal de Medinaceli, en cuya archivo se- villano se conserva la documentación pertinente al condado-ducado de Santisteban.
3.L22. Señorío de Jabalquinta y Estibiel.—En los primeros años del siglo xv, debido al testamento de Día Sánchez de Benavides, se separan dos ramas del señorío de Santisteban: el primogénito Men
Rodríguez heredaría el mayorazgo, en tanto que los bienes libres en Castilla la Vieja pasarían al segundo, Gómez, y los del Reino de Jaén a Manuel, el tercer hijo %
Durante el resto del siglo este señorío irá afianzándose poco a poco, entre luchas con los Carvajales, sus eternos enemigos, e inter- venciones en la guerra de Granada ~. En la centuria siguiente, estos señores participan en las campañas de la monarquía, logrando la confianza de los reyes, que, finalmente, acaban elevando a marque- sado el señorío de Sabalquinto en 1617.
Para mediados del siglo xvii el marquesado es agregado por ma-
trimonio al señorío de los primogénitos de los condes de Benavente, es decir, al condado de Luna y Mayorga. Como las demás posesiones del condado de Benavente, Jabalquinto pasó, igualmente por matri- motilo, a partir de 1834 al señorío del ducado de Osuna ~.
Numéricamente, este señorío de labalquinto, con el despoblado
de Estibiel, nunca fue importante: apenas 72 km2, con una población entre 500 y 800 habitantes.
3.13. El linaje De la Cueva
3.1.3.1. Vizcondado de Huelma—El origen y destino de este li- naje se halla ligado, de una parte, a don Beltrán de la Cueva y, por
por otra, a la Orden de Santiago y a la frontera de Granada ~.
El hidalgo ubetense Beltrán de la Cueva, paje y favorito de En- rique IV, consiguió de éste el maestrazgo de Santiago, donde situó a sus familiares, y el condado de Ledesma.
De su suegro, Diego Hurtada de Mendoza, marqués de Sanfillana, consiguió en 1463 la villa de Huelma, con titulo de vizcondado t
Durante un siglo esta familia estrechó lazos con los Manrique y los Benavides, por lo que no es extraño que el vizcondado pasase
temporalmente a los condes de Santisteban, aunque para 1575 re- vertíaalducadodeAlburquerque~‘, en donde permanecería al menos doscientos años.
Este señorío ocupaba una extensión de casi 200 kw2, con una po-
blación importante: entre 1300 y 3.000 habitantes, si bien los señores procuraron extender sus propiedades a la cercana Bexix, sin demasíada fortuna ~.
3.13.2. Señorío de Solera,—EI castillo de Salera fue conquista- cIa durante el reinado de Enrique IV por Luis de la Cueva, segundo hijo de don Beltrán, que usurpaba la encomienda santiaguista de Bedmar a Femando de Quesada~. El cuarto señor de Solera fue el comendador Alonso de la Cueva y Benavides, comendador desde 1522 de Bedmar, el cual compró esta villa a Felipe II, siendo su pri- mer señor.
En la siguiente generación este señorío, por matrimonio, pasa a ser detentado por el conde de Santiesteban.
El señorío de Solera, que ocupaba las villas de Solera, Torrepe-
rogil y Torre de García Fernández, suponía cerca de 150 km2, habi- tados por unas dos mil personas.
3.1.3.3. Señorío de J3edvnar.—La villa de Bedmar fue comprada, como acabamos de ver, por su comendador en 1562, después de que sus antepasados la dominasen durante una centuria, como comen- dadores de la Orden de Santiago. Y, ciertamente, se trataba de una buena adquisición, ya que sobre un solar de 100 km2 vivían más de dos mil personas.
Para 1614 fue erigida en marquesado, aunque siguiendo derrote- rosdistintosalosdeSolera“, y,así,enelsigloxvrueraseñoríodel marqués de Bedmar, título perteneciente al marqués de Villena, y hoy al duque de Frías.
3.1.4. El linaje Carvajal: señores de Jódar
Los Carvajales, adversarios de los Benavides y de la Cueva, eran hidalgos procedentes de Baeza, que en el siglo xv consiguieron al-
zarse con un señorío de casi 300 km2, con unos das mil habitantes de población, gracias a su adhesión al bando vencedor en todas las guerras civiles de la Baja Edad Media y comienzos de la Moderna.
Jódar había estado en manos de los descendientes de Sancho Martínez de Jódar hasta que fue adquirido por el condestable Ijúvalos pastenormente, Juan II la cedería a Alonso de Carvajal (1422)~, en manos de cuya familia permanecería en adelante. El castillo de Tobavuela también fue adquirido por Día Sánchez de Jódar o Carvajal en 1467”, en tanto que Belmez le era donado por los Reyes Católi- cas en 1478, después que lo conquistase ~, junto con el despoblado de Moraleda.
Parece que también usurpó el castillo de Torres, antes que fuese comprado a los calatravos por Francisco de los Cobos.
Excepto este lugar, el resto del señorío fue ascendido a la categoría de marquesado, siendo patrimonio en el siglo xviii del conde de Maceda~.
3.2. Otros señoríos de origen medieval
3.2.1. Señorío de Bailén
La aldea baezana de Bailén fue vendida en 1349 por Alfonso XI a Pedro Ponce de León, señor de Marchena y conde de Arcos, en 145.000 maravedíes.
Se extendía sobre más de 100 km2, con más de 2.500 habitantes a fines del siglo xv.
Al menos desde esta época, poseía el conde de Arcos en Bailén el portazgo ~ las alcabalas ~, el oficio de fiel medidor ~, los novenos de los diezmos, las tercias de granos y maravedíes y los derechos de correduría ~.
Según la relación de la renta de Tabaco, la villa de Quesada también pertenecía al ducado de Arcos aunque no he encontrado dato
alguno que avale tal suposición.
La documentación relativa a este señorío puede consultarse en
la sección Osuna del kH.N
3.2.2. Señorío de Garcíez
Según Rodríguez Molina, este lugar estaba en posesión de Pero Díaz de Quesada ya en 129981; este personaje era administrador de las tierras del arzobispo de Toledo y precisamente por ello fundó en ellas el lugar de Santo Tomé en tiempos de Fernanda IV; el se- ñorío de la nueva población fue partida por mitad entre el administrador y la mitra. Para 1543, Día Sánchez de Quesada casaba can Leonor de Guzmán, que aportó al señorío los lugares de Nínchez y Chozas.
Un siglo antes, concretamente en 1478, Pedro Díaz de Quesada, primogénito del señor de Garcíez, casa con una hija del señor de Jabalquinto ~; enlace que se volvería a repetir una centuria más tarde entre Diego de Quesada y Ana de Benavides ~.
El señorío de Garcíez se extendía, pues, a Garcíez, mitad de Santo
Tomé, Nínchez y Chozas, en algo más de 50 km2, escasamente po- bladas por 150 personas.
En 1627, bajo el señorío de Fernando de Quesada y Mendoza, Garcíez fue elevado al rango de condado y Santo Tomé al de viz-
condado ~, y quince años después recibiría los oficios de escribano, fiel ejecutor y guarda mayor de Santa Tomé y Montiel~.
Este fue sucedido por su hijo Pedro Juan de Quesada y éste, a su vez, por Miguel Jerónimo Ponce de León y Mesía ~; éste heredó en 1726 el
mayorazgo de Floreaga, creado en 1532 por Pedro de Zuazola ~.
Con Miguel Jerórimo el condado de Garcíez queda englobado en
el marquesado de Castromonte
3.2.3. Señorío de La Guardia
El señorío de la villa de La Guardia procede de la guerra civil entre Pedro 1 y Enrique 11, el cual la entregó a Ruy González Megía.
En adelante, los Megía serán sus señores, los cuales detentaban, además, los señoríos de Santa Eufemia y Torreblanca, en el Reino de Córdoba.
Alcanzó el rango de marquesado en 1566, siendo señor Gonzalo Megía Carrillo ~.
Para mediados del siglo xviii, este marquesado pasó a manos del marqués de Ariza, probablemente por medio de alianzas matrimoniales; este marqués, según Loynaz, tenía el núcleo de su señorío en tierras conquenses.
El marquesado de La Guardia incluía en un perímetro de ape- nas 38 km2 una población que oscilaba entre los mil y das mil habitantes.
3.2.4. Señorío de Alcaudete
La villa fronteriza de Alcaudete atravesó por diversas vicisitudes hasta ser incorporada definitivamente al reino castellano a comienzos del siglo xiv Parece ser que dependió temporalmente de la Orden de Calatrava, para en el mismo siglo xiv pasar al señorío de los Montemayor ~.
Así, en 1478 era señor Martín Alfonso de Montemayor, aunque para 1500 había pasado a manos de Alonso Fernández de Córdoba, casado con María de Velasco ~‘.
Este señorío fue elevado a condado por Carlos 1 en la persona de Martín Alonso de Córdoba y Velasco. En cl siglo xviii por la política matrimonial seguida, detentaban el condado los marqueses de Villena, dentro de la casa de Oropesa, es decir, el ducado de Frías ~.
Este importante señorío, de más de 5.000 habitantes, ocupaba 237 km2.
3.2.5. Señorío de la Torre de Gil de O/íd
La historia señorial de esta cortijada apenas nos es conocida: sa- bemos que en 1269 Alfonso X entregó la Torre de Gil de Olid y Ja- rafe —enclavadas en el término de Baeza— a treinta y tres infantes baezanos en señorío ~. Hasta fines del siglo xix no volvemos a tener noticias de su detentador: era Juan Pérez de Guzmán y Boza, duque de T’Serclaes de Tilly, grande de España de primera clase, maestran- te del real de Sevilla, gentilhombre de Cámara, señor de la Torre de Gil de Olid y de la Torre de la Margarita ~.
3.3. Señoríos de época moderna
3.3.1. Marquesado de Camarasa
Francisco de los Cobos, secretario de Carlos 1, personaje enraizado en Ubeda, creó un importante señorío en tierras giennenses, de 250 km2 y más de cinco mil personas, a costa de la Orden de Calatrava en1537compró Sabiote,que pronto se alzaría como marquesado; un año más tarde, el emperador ordenaba a los dos barrios de Canena constituyeran un solo ayuntamiento, ya que ambos hablan sido vendidas a su secretario ~.
Poco después adquiría, también, las villas de Torres, Jimena y Recena.
Estas posesiones constituirán un señorío bastante completo, pues el emperador le vendió incluso, los derechos regios: en 1539 da posesión a Francisco de los Cobos de las villas de Torres y Canena ~ y en 1540 le vende las tercias y alcabalas de Sabiote en 16.590 maravedíes así como las de Torres y Canena ~.
Posteriormente, conseguirá los condados de Ricla y Castro y el Adelantamiento de Cazorla, siendo en cuanto a rentas, el primer señor del Reino de Jaén a mediados del siglo xvi
En la primera mitad del siglo xvii fue marqués de Camarasa Manuel de los Cobos y Luna, que fue sucedido en 1669 por Baltasar de los Cobos y Luna, el cual sería nombrado contador mayor de la ciudad de Granada.
Para 1726 era marqués Miguel González de los Cobos, y cuarenta años después, Isabel Raza Gómez de los Cobos.
Con posterioridad, el marquesado de Camarasa se integré en el ducado de Medinaceli, en cuyo archivo se halla su documentación.
3.3.2. Marquesado de la Rambla
La aldea de Cabra del Santo Cristo había pertenecido en el siglo xv al concejo de Ubeda, que hubo de desampararla por lo peligroso de su tenencia.
Despoblada permaneció hasta 1530, en que se rehizo su puebla; unos años más tarde era comprada par Jerónimo
de San Victores de la Portilla 107 Para 1652, su sucesor, Jasé San Víctores de la Portilla, caballero de Alcántara, compraba las tercias del lugar ~% y dos años más tarde hacía lo propio can las alcabalas y unos por ciento.
En 1710 encontramos al señor José San Victores de la Portilla como marqués de la Rambla. Su sucesor, Rodrigo Pe- dro de Orozco San Víctores, fue despojado en 1764 por la Corona de las alcabalas, tercias y derechos del primer y segunda uno por ciento de la nueva alcabala de Cabra.
Poco después, el concejo de Cabra comprada su libertad al rey, por lo que, al tiempo del Atiante, era realenga ‘~.
Esta casa ha perdurado hasta nuestros días. Así, en 1920 fallecía a los veintidós años Bernardo de Orozco y Loring, marqués de la Rambla, con casa solar en Úbeda.
3.3.3. Marquesado de Hinojares
Según Espinalt, Hinojares fue aldea de Pozo-Alcón hasta 1690, que, cama villa, pasé a pertenecer a Iñigo Rodolfo Fernández de Angulo, habiendo pasado al siglo siguiente a manos del conde de Are- nales, como marqués de Hinojares “k
3.3.4. Condado de Huesa
Poco sabemos de este señorío; según Olivares Barragán, fue con- quistada definitivamente por Francisco de la Cueva> al que Enrique IV dio título de cande de Huesa; y, en efecto, como tal condado aparece en la relación de Loynaz 122,
3.3.5. Condado de Torralba y Talara
Torrequebradilla durante la Edad Media fue una dehesa del con- cejo de Jaén, siendo poblada, probablemente, en el sigla xvi.
Para 1612, Antonio de Córdoba y Mendoza, hijo de Gabriel de Córdoba y Aldonza Manrique de Córdoba, compra las alcabalas de
Tarrequebradilla y Torralba 113, aunque hasta 16.40 no es concedido el señorío de ambas localidades a Iñigo Fernández de Córdoba y Mendoza‘~. SusdescendientesfueronloscondesdeTorralbayla- lara y marqueses de Puentes, en tierras sevillanas 115
3.3.6. Marquesado de Coste/moncayo
Parece que la fundación de Noalejo se debe a Menda de Salcedo, criada de la reina Juana, que le vendió el lugar en 1508 ~ Para fines de siglo, su señor, Diego de Maldonado Salcedo, emparentaba con los señores de Jabalquinto’”.
Desconozco el momento en que el señorío de Noalejo se integró en el marquesado de Caátelmoncayo, aunque debió ser antes del si-
glo xviii, en que era marquesa Manuela de Fuenmayor y Dávila, con- juntamente con su hijo, Joaquín de Saavedra Quiñones Pimentel, cu- yos señoríos se extendían por la actual provincia de Madrid —Robledo de Chavela, principalmente— y tierras de León
A fines de siglo, el concejo de Noalejo intentó redimir la jurisdicción del marqués, que les causaba grandes estragos en sus propios -
33.7. Otros señores jienenses
Obviamente, la nobleza de Jaén no se limitaba a los señores re- señados hasta aquí, toda vez que no fueron demasiados —entre los que detentaron propiedades territoriales— los que lograron hacerse con el señorío jurisdiccional de una o varias villas.
Así, es palmario el caso del vizconde de Los Villares, cuyo señorío en 1789 era prácticamente inexistente‘~.
En situación similar se encontraba doña Isabel de Carvajal y Ponce, condesa de Humanes, que era dueña de un coto en Villargordo y patrona de un convento de dominicos en Jaén.
Dos marqueses más se documentan en el Jaén del siglo XVIII: el
marqués de Villanueva de Duero, poseedor de la mitad del patronato del monasterio de la SantísimaTrinidad, y Joaquín Melgarejo, marqués de Quiroga, dueño de unas tenerías.
Por su parte, en la Ubeda del mismo siglo destacan el conde de
Guadiana W y el duque de San Pedro Galatino, también conde de Benalúa ‘~.
4. CoNcLusIoNEs
Aunque la labor a realizar es aún ingente, creo que se puede con- cluir este trabajo volviendo al comienzo, es decir, resaltando cómo el régimen señorial es algo omnipresente en la época moderna: los concejos realengos, que, desde mediados del siglo xlv, van perdiendo autonomía, a fines del siglo xv y comienzos del xvi son dominados por la oligarqula local, representada en el colegio de regidores, las cuales estaban emparentados, por otra parte, con la nobleza detentadora de los señoríos laicos.
Estos, a su vez, crecen a costa de los señoríos religiosos y militares, que son dominados por señores y reyes, respectivamente.
En Cuanto a los linajes giennenses, si hacemos abstracción de los
señoríos creados en los siglos xvii y XVIII, tienden a permanecer en el Reino de Jaén, siendo excepcionales las castas que poseen propiedades fuera de éste.
Es a partir del siglo XVI, cuando, a causa del agotamiento biológico de los linajes y de la política de alianzas matrimoniales, estos señoríos pasan a casas importantes a nivel nacional.
Finalmente, a los pueblos —empobrecidos a causa del despilfarro de sus propios y comunes— no les quedará otra opción que redimirse
por titulo oneroso de sus señores o villas.
Pedro A. PORRAS ARBOLEDAS
(Universidad Autónoma de Madrid)
http://revistas.ucm.es/index.php/ELE...4220797A/24943
La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.
Antonio Aparisi
El legado de la Edad Media: el régimen señorial en el Reino de Jaén (siglos XV -XVIII)
No pretende el presente trabajo exponer de modo exhaustivo todas y cada una de las vicisitudes por las que atravesaron los señoríos y las familias que los detentaron en el Reino de Jaén, durante el largo período de cuatro siglos que nos ocupa.
Más bien se trata de presentar el resultado de las investigaciones llevadas a cabo tanto por los historiadores preocupados por la historia giennense en este
campo como por mí mismo.
Para ello es de primordial interés establecer una primera evaluación de los pueblos que estuvieron situados bajo la órbita señorial desde el momento de la «Reconquista» del Reino hasta el siglo pasado, labor completa que, obviamente, desborda las pretensiones de cualquier investigador individual.
No se agota, sin embargo, el estudio del régimen señorial en estos aspectos locales; este sistema de concebir la sociedad, que ocupa
las Edades Media y Moderna, envuelve y caracteriza todas sus estructuras, hasta el extremo de que, incluso, los concejos realengos
acaban siendo dominados por la nobleza local, que procura constituir o ampliar su patrimonio a costa de los bienes de estos concejos.
No obstante, tampoco esto debe extrañarnos, toda vez que el propio concejo de realengo actúa con respecto a sus aldeas como un señor más, exigiéndoles la prestación de pleito-homenaje y la contribución de cantidades por diversos conceptos, así como sometiéndolas a la directa jurisdicción de sus justicias.
Podríamos definir el régimen señorial, siguiendo al profesor don
Eduardo de Hinojosa, como «el conjunto de las relaciones de dependencia de unos individuos respecto de otros, ya por razón de la persona, ya de la tierra [..], y la organización económica, social y
política derivada de aquellas relaciones»’.
El marca escogido en esta ocasión para el estudio del régimen
señorial es la actual provincia de Jaén; aunque el Reino de Jaén se constituyó como tal ya en el siglo xiii, los avatares de la lucha fronteriza, de un lado, y la primitiva organización político-administrativa de Castilla, de otro, determinan que el actual mapa provincial sea más extenso que el histórico, desde la reorganización de Javier de Burgos, hace ahora siglo y medio.
En efecto, la incorporación del concejo de Alcalá la Real y de la encomienda santiaguista de Segura de la Sierra al Reino jienense procede del siglo pasado, si bien su adscripción al obispado de Jaén es aún más reciente.
Un hecho marginal también a tener en cuenta es la creación a fines del si- glo xviii de las nuevas poblaciones de Sierra Morena.
Vemos, pues, que entendiendo el concepto de «régimen señorial» como el conformador de la sociedad moderna, es necesario estudiar todas las circunscripciones político-administrativas, independientemente de que se trate de tierras de realengo o de señorío.
Para la mejor comprensión de este fenómeno hemos preparado dos cuadros, el primero de ellos referido a las contribuciones debidas por las localidades del Reino, que sirven para estimar tanto la estructura de la distribución de la riqueza en dos momentos distintos —finales del siglo xv y comienzos del xvii como la evolu- ción de la misma, aunque debemos advertir que la falta de datos en uno u otro momento da lugar a que los resultados sean bastante aleatorios.
En líneas generales, puede afirmarse que más de la mitad de la riqueza del Reino se concentraba en tierras realengas, en tanto que los señoríos militares y religiosos apenas alcanzaban un tercio del total, siendo minúsculo el papel de los señoríos laicos, con la excepción del condado de Santisteban del Puerto, sin duda, el más potente de todos ellos en tierras giennenses.
De mayor precisión es el segundo cuadro, mediante el cual podemos conocer tanto el número de pueblos situados bajo la órbita señorial como la densidad, la población, la extensión y la adscripción de los mismos al señorío del rey, de la Iglesia, Ordenes Militares o señores laicos, entre los siglos xv y XVIII.
En cuanto al número de pueblos, Ordenes Militares y concejos realengos ocupan los primeros lugares en ambos momentos, mientras que los señoríos laicos apenas superan la unidad.
Con respecto a la relación de 1789 se refleja una cierta evolución: si, par una parte, las aldeas de los concejos tienden a emanciparse, par otra, los señoríos eclesiásticos pierden el 10 por 100 de sus pueblos en favor de los seglares, en especial, del marqués de Camarasa.
Consecuencia de este mismo fenómeno «desamortizador» del siglo XVI es la alteración en las proporciones de extensión y población de ambas jurisdicciones: realengas y señoriales; en lo relativo a la extensión, el realengo se mantiene estable en torno al 42 por 100 del total, en tanto que Ordenes y diocesanos ven disminuir en seis puntos sus posesiones en beneficio de los señores laicos, que del 15 por 100 del total pasan al 23 por 100.
Sin embargo, la población realenga aumenta prácticamente un 10 por 100, mientras que los eclesiásticos pierden un 11 por 100, deI
cual sólo un 2 por 1013 redunda en favor de los señoríos seglares.
Una vez apreciadas estas líneas generales, conviene pasar revista a las distintas circunscripciones territoriales, según su adscripción
señorial.
1. El Realengo
Acabamos de constatar la importancia de los concejos situados, teóricamente, bajo la directa soberanía regia, que prácticamente suponían la mitad del Reino en todos los conceptos.
Estos concejos, en el siglo xv eran cinco: Jaén, Baeza, Ubeda, Andújar y Alcalá la Real. Con anterioridad, también habían sido independientes los municipios de Iznatoraf, Arjona y Santisteban del Puerto, aunque en el curso de los siglos xn y xiv cayeron en la órbita señorial.
1.1. El concejo de Jaén
Formado a raíz de su conquista en 1246, durante la época medieval dispuso de siete aldeas dentro de su alfoz: Tarrecampo, Pegalajar, Villargordo, Fuente el Rey, Mengíbar, Cazalílla y Torrequebradula, aunque no queda claro el momento de aparición de esta última .
El cercano Villargordo pasó en el siglo xv al señor de Villardompardo para independizarse en el siglo xviii.
Por su parte, el concejo de Cambil y Albabar se constituirá en 1485, tras su conquista a los nazaríes; para 1680 se poblarían, dentro de su término, concretamente en el pago de Escarcena, los lugares de Cárchel y Carchelejo, junto al despoblado de Cazalla.
La gran población alcanzada por la ciudad de Jaén a finales de la Edad Media propició la repoblación de su término, proponiéndose en 1508 a la reina Juana la creación de los lugares de la Nava del Can, Hoyo Rabaneros, Otiñar, Campillo de Arenas, Susana y Ranera, los Villares de Jige y Letraña, de los cuales, efectivamente, se repoblaron a partir de 1536 los cuatro últimos con los nombres de Campillo de Arenas, Valdepeñas, Los Villares y Mancha Real, respecti- vamente, en tanto que Otíñar permanecía, como hasta hoy, como una cortijada.
El éxito obtenido en la repoblación de su término, paradójicamente, determinó que estas aldeas, en el curso de la segunda mitad
del siglo xvi, se acabaran independizando de Jaén, mediante el expediente de comprar su libertad al rey: Mancha Real y Pegalajar en 1557; un año más tarde, Valdepeñas, Cambil y Alhabar; en 1565, Cazalilla; en 1574, Mengíbar“, y Los Villares en 1600”.
Temporalmente, durante el siglo xvii, habían sido enajenados del concejo de Jaén los lugares de Torredelcampo y Fuente el Rey, aunque acabaron siendo devueltos a aquél.
No obstante todo lo dicho, la nobleza local continuaba dominando tanto el concejo de Jaén como los nuevos municipios; en el primer caso, una serie de familias, emparentadas con la nobleza secular del Reino, controlan desde el siglo xv, al menos, la administración mu- nicipal 15, en tanto que esta nobleza se introduce en los concejos y percibe sus rentas
A pesar del gran esfuerzo repoblador del concejo de Jaén, ello no impidió que entre los siglos xv y xvi se despoblasen varios luga- res, como Otíñar, El Berrueco, Fuente Tétar, Villar de las Cuevas, Olvidada, Grafiena, Almenas-a, Ventosilla, Torre de Lope Fernández, Aldehuela, Bexix y Bornos, las cuatro últimas situadas fuera de la jurisdicción concejil.
Finalmente, digamos que, durante el periodo de nuestro estudio,
la población de estas localidades se duplicó, alcanzando los 65.000 habitantes en 1789 y una densidad en torno a los 45 hab./km2.
El territorio del antiguo concejo oscilaba alrededor de los 15OO km2.
1.2 el concejo de Baeza
Tal vez por ser la primera ciudad importante que se conquistó en el Reino de Saén, el alfoz de Baeza sea el mayor de todos los
concejos, alcanzando los 2.000 km’, si contabilizamos los términos de las nuevas poblaciones de Sierra Morena.
La población, por su parte, osciló entre los 20.000 y 30.000 habitantes.
Dependían de la ciudad de Baeza en el siglo xv los lugares de Baños de la Encina, Vilches, Rus, Lupión, Linares y el barrio del Rey de Ibros. Con anterioridad habían sido segregados del término para pasar a manos señoriales los lugares de Bailén, Canena, Begíjar, Estibiel, Arquillos, Recena, Chincóyar y Neblí.
Durante la Edad Moderna, las aldeas baezanas también pudieron acceder a su emancipación mediante el pago de fuertes cantidades
a la Corona: Linares en 1565, Baños en 1627, Rus en 1628 Lupión en 1795 y Vilches con anterioridad a 1799.
Nuevamente en Baeza y municipios segregadas encontramos oficios y rentas en manos de la pequeña nobleza.
1.3. El concejo de Ubeda
Es el alfoz de Ubeda el término que más variaciones experimen- ta desde el siglo xiii2t no sabiéndose, a ciencia cierta, qué lugares
dependían de ella en un momento dado. Para fines de la época me- dieval parece que dependían de su señorío los lugares de Cabra, Navas de San Juan y Quesada. Sin embargo, para finales del siglo xviii estos lugares hablan pasado, respectivamente, al marqués de la Ram- lila, al conde-duque de Santisteban y al duque de Arcos ~. A cambio de estas pérdidas, Ubeda volvió a ejercer su señorío en el siglo xvi sobre Torreperogil. Precisamente, Torreperogil, en unión de Quesa- da, intentó comprar su libertad del rey en 153?, infructuosamente, consiguiéndolo sólo Quesada en 1564 ~.
En términos generales, el concejo ubetense se extendía por unos mil kilómetros cuadrados, con una población que oscilaba entre los
15.000 y 10fl00 habitantes, contando con las cortijadas de Santa Ola- lía (hay Santa Eulalia), Torre de San Juan, Olvera y Villarpardillo. También encontramos a la pequeña nobleza local instalada en los oficios municipales de Quesada ~ y Ubeda ~.
L4. El concejo de Andújar
Este concejo, extendido desde Siena Morena hasta el Guadalqui- vn, gozó de cierta estabilidad en su conjunto durante toda nuestra época de estudio, aunque siempre anduvo en peligro de caer en la órbita señorial ~‘.
Su término incluía las aldeas de Villanueva de la Reina y Marmo- lejo, además de treinta y tres cortijos ~. Para 1790 y 1791 ambas aldeas ganarían su libertad, a titulo oneroso, como era habitual ~. Sobre un territorio de 1.300 km’ se asentaba una población de 10.000 a 25.000 habitantes.
El concejo de Andújar conservó hasta fines del siglo XVIII la mayoría de sus oficios municipales~, aunque el portazgo de la ca- pital pertenecía al duque de Montellano ~.
1.5. El concejo de Alcalá La Real
El concejo de Alcalá la Real, de tan acusada personalidad hasta el presente siglo, se extendía por más de 400 km’, con una pobla- ción oscilante entre 6.000 y 14.000 habitantes. Hasta 1835, en que adquirió la categoría de villa Frailes ~ la única entidad importante era Castillo de Locubin; había, además, doce aldeas~‘.
Oficio importante, por las pagas reales que llevaba aparejadas, era la alcaidía de la fortaleza de la Mota, que siempre estuvo en manos de señores.
2. SEÑORíOS ECLESIÁSTICOS
Estos señoríos representaban, en cuanto a población y extensión, entre el 30 y el 40 por 100 del Reino de Jaén. Se puede hablar de das tipos de señoríos eclesiásticos: los militares y los seculares; entre éstos habría que incluir el Adelantamiento de Cazorla, pene- neciente al arzobispo de Toledo, y las escasas posesiones del dioce- sano giennense.
Las Ordenes Militares, por su parte, ocupan los extremos noroeste y suroeste del reino> como herencia fronteriza de su pasado medie- val.
Es sabido que durante el reinado de los Reyes Católicos los maestrazgos de las órdenes de Santiago y Calatrava, que aquí nos ocupan, ft¡eron ocupados por los monarcas, con lo que se plantea el problema de su filiación dominical.
Si bien es cierto que el señorío corresponderá en adelante a los reyes, no la es menos que estos institutos conservaron sus institu-
ciones intactas, variando tan sólo el destinatario de las rentas de las respectivas mesas maestrales. Es por esto por lo que los incluimos dentro de los señoríos eclesiásticos.
2.1. La Orden Militar de Calatrava
Gozaba de una extensión de 1200 Km2 y una población oscilante entre los 28.000 y 33.000 habitantes. La base del señorío radicaba en la provincia calatrava de Martos, junto con la ciudad de Arjona y los núcleos de Sabiote, Torres, Jimena can Recena y barrio cala- travo de Canena, localidades dispersas que serían segregadas en el siglo xvi en favor de Francisco de los Cobos.
Por su parte, tercias de Arjona y alcabalas y tercias de Arjonilla
habían caído en manos de la familia genovesa de Espínola Palavicina ~‘, en tanto que oficios municipales eran detentados por pequeños nobles.
2.2. La Orden Militar de Santiago
Caso similar es el de la Orden de Santiago, que en sus 2200 km2 concentraba una población de 17.000 habitantes, en diecisiete pueblos; éstos se hallaban repartidos en las encomiendas de Beas, Se- gura y Bedmar. El crecimiento demográfico de fines de la Edad Media permitió la repoblación en 1525 de Santiago de la Espada fl can posterioridad a 1789 se poblarían Pontones y Puente Génave, antes cortijadas.
Las desmembraciones del siglo xvi afectaron poco a los santia- guistas, que sólo cedieron su barrio de Canena al marqués de Cama- rasa y la villa de Bedmar al cuarto señor de Solera”.
2.3. El Adelantamiento de Cazorla
Mucho peor parado salió el arzobispo de Toledo de los cambios de la Edad Moderna. Este Adelantamiento se había constituido en torno a los concejos de Iznatoraf, Cazorla y Quesada con sus res- pectivas tierras. Dos aldeas alcanzaron su libertad, emancipándose del señorío y pasando a ser realengas: Sorihuela, aldea de Iznatoraf, se independizó en el curso del siglo XVII ~, en tanto que Pozo-Alcón lo hizo en 1648 t Por otra parte, Hinojares y Huesa pasaron a manos de dos señores, que las hicieron base de sus posesiones.
Hay que advertir, además, que el señorío de Santo Tomé, desde su fundación en 1348, fue compartido por el arzobispo y los descendientes del administrador que lo fundo
De este modo, el Adelantamiento perdió un 3 por 100 de su territorio, aunque la población de las villas restantes se triplicó en los siglas modernos. Carlos 1 entregó este Adelantamiento al marqués de Camarasa, aunque, tras largo pleito, los arzobispos toledanos recuperaron este señorío en 1601 ~
2.4. El obispo de Jaén (la mesa episcopal)
Comparados con los anteriores señoríos, las posesiones del dio-
cesano de Jaén son ciertamente exiguas —apenas 44 km2—, lo que facilitó su rápida extinción a lo largo de los tiempos modernos.
Este señoría episcopal se formó en torno a dos núcleos: Begíjar y la nueva población de la Torre del Obispo, de 1518 ~ por un lado, y, por otro, el lugar de la Torre de Tiédar y el aledaño de Canalejas, luego transformado en El Mármol ~.
3. Señoríos Laicos
Dos hechos importantes hay que reseñar en lo que respecta a es- tos señoríos: en primer lugar, la mayoría de los señoríos seculares del Reino de Jaén aparecen en el siglo XLV, al calor de la política trastamarista, o en el siglo xv, como consecuencia o bien del avance fronterizo, o bien de las luchas nobiliarias, y, en segundo lugar, el hecho de que el territorio dominado por estos sefiores aumentase en la Edad Moderna un 8 por 100 es debido a la creación de cierta cantidad de señoríos nuevas, más que la ampliación de los anteriores.
3.1. Principales señoríos medievales
3.1.1. El linaje Torres de Portugal: condes de Villardonzpardo
En el siglo xv formaban este condado los lugares de Villardom- parda, Escañuela y Villargordo, en un territorio de apenas 80 kw2, habitado por mil personas. La donación a los Ruiz de Torres de las dos primeras villas —segregadas probablemente del término de Ar- jona— procede de mediados del siglo xiv ~ fundándose el mayoraz-
go en Jaén el 24 de mayo de 1396 por Pedro Ruiz de Torres e Isabel Méndez de Biedma 52 Estos emparentaron con un descendiente de la casa real portuguesa y, más tarde, a través de Teresa cte Torres y Portugal, con Miguel Lucas de Iranzo, condestable de Castilla~.
El primer conde de Villardompardo fue Femando de Torres y Portugal, asistente de Sevilla y virrey del Perú, por gracia de Felipe II, fundando su mayorazgo en Sevilla (12 de octubre de 1592).
Posteriormente, la condesa Eugenia María Torres y Portugal acumuló el marquesado de Villamayar, habiendo pasado en 1696 condado y marquesado a la marquesa de Bélgida, Francisco María Belvís Torres y Portugal ~.
Para comienzos del siglo xviii era marquesa de Bélgida y Bena- vites María Exarcb de Bellón ~.
3.1.2. El linaje Benavides
3.1.2.1. Condado de Sanristeban del Puerío.—EI linaje de los Biedma-Benavides, infanzones procedentes del Reino de León, esta- Mecidos en Jaén desde el siglo xiii, es una de las castas que prota- gonizará la historia del Reino giennense durante la Baja Edad Media ~‘.
Este señorío laico es el más amplio de todo el Reino, y nos es bien conocido gracias a los trabajos de Concepción Quintanilla ~.
Ya en el siglo xv del tronco principal se desgajaron dos ramas: la de los señores de Jabalquinto y la de los de Frómista ~. El núcleo principal, no obstante, estaba constituido por la villa de Santisteban del Puerto, con sus aldeas de El Castellar y las Navas de Santisteban, a las que se unía el lugar de Espeluy, casi despoblado en esta época, y el antiguo barrio del Condestable en Ibros ~.
Elevado a la categoría de condado en 1473, un siglo más tarde el conde de Santisteban había acumulado el vizcondado de Huelma —provisionalmente— y el señorío de Solera, debido a la política seguida de enlaces matrimoniales él.
Así pues, el condado en el siglo XVIII ocupaba una extensión cercana a los 1000Km2(no olvidemos sus posesiones en SierraMorena), gracias a la unión de Solera y Torre de García Fernández —hoy San Bartolomé—; sin embargo, la población nunca fue abundante. Es en este mismo siglo cuando sus señores obtienen el título de
duques. Con posterioridad, sus señoríos, previsiblemente por matri- monio, pasaron a la casa ducal de Medinaceli, en cuya archivo se- villano se conserva la documentación pertinente al condado-ducado de Santisteban.
3.L22. Señorío de Jabalquinta y Estibiel.—En los primeros años del siglo xv, debido al testamento de Día Sánchez de Benavides, se separan dos ramas del señorío de Santisteban: el primogénito Men
Rodríguez heredaría el mayorazgo, en tanto que los bienes libres en Castilla la Vieja pasarían al segundo, Gómez, y los del Reino de Jaén a Manuel, el tercer hijo %
Durante el resto del siglo este señorío irá afianzándose poco a poco, entre luchas con los Carvajales, sus eternos enemigos, e inter- venciones en la guerra de Granada ~. En la centuria siguiente, estos señores participan en las campañas de la monarquía, logrando la confianza de los reyes, que, finalmente, acaban elevando a marque- sado el señorío de Sabalquinto en 1617.
Para mediados del siglo xvii el marquesado es agregado por ma-
trimonio al señorío de los primogénitos de los condes de Benavente, es decir, al condado de Luna y Mayorga. Como las demás posesiones del condado de Benavente, Jabalquinto pasó, igualmente por matri- motilo, a partir de 1834 al señorío del ducado de Osuna ~.
Numéricamente, este señorío de labalquinto, con el despoblado
de Estibiel, nunca fue importante: apenas 72 km2, con una población entre 500 y 800 habitantes.
3.13. El linaje De la Cueva
3.1.3.1. Vizcondado de Huelma—El origen y destino de este li- naje se halla ligado, de una parte, a don Beltrán de la Cueva y, por
por otra, a la Orden de Santiago y a la frontera de Granada ~.
El hidalgo ubetense Beltrán de la Cueva, paje y favorito de En- rique IV, consiguió de éste el maestrazgo de Santiago, donde situó a sus familiares, y el condado de Ledesma.
De su suegro, Diego Hurtada de Mendoza, marqués de Sanfillana, consiguió en 1463 la villa de Huelma, con titulo de vizcondado t
Durante un siglo esta familia estrechó lazos con los Manrique y los Benavides, por lo que no es extraño que el vizcondado pasase
temporalmente a los condes de Santisteban, aunque para 1575 re- vertíaalducadodeAlburquerque~‘, en donde permanecería al menos doscientos años.
Este señorío ocupaba una extensión de casi 200 kw2, con una po-
blación importante: entre 1300 y 3.000 habitantes, si bien los señores procuraron extender sus propiedades a la cercana Bexix, sin demasíada fortuna ~.
3.13.2. Señorío de Solera,—EI castillo de Salera fue conquista- cIa durante el reinado de Enrique IV por Luis de la Cueva, segundo hijo de don Beltrán, que usurpaba la encomienda santiaguista de Bedmar a Femando de Quesada~. El cuarto señor de Solera fue el comendador Alonso de la Cueva y Benavides, comendador desde 1522 de Bedmar, el cual compró esta villa a Felipe II, siendo su pri- mer señor.
En la siguiente generación este señorío, por matrimonio, pasa a ser detentado por el conde de Santiesteban.
El señorío de Solera, que ocupaba las villas de Solera, Torrepe-
rogil y Torre de García Fernández, suponía cerca de 150 km2, habi- tados por unas dos mil personas.
3.1.3.3. Señorío de J3edvnar.—La villa de Bedmar fue comprada, como acabamos de ver, por su comendador en 1562, después de que sus antepasados la dominasen durante una centuria, como comen- dadores de la Orden de Santiago. Y, ciertamente, se trataba de una buena adquisición, ya que sobre un solar de 100 km2 vivían más de dos mil personas.
Para 1614 fue erigida en marquesado, aunque siguiendo derrote- rosdistintosalosdeSolera“, y,así,enelsigloxvrueraseñoríodel marqués de Bedmar, título perteneciente al marqués de Villena, y hoy al duque de Frías.
3.1.4. El linaje Carvajal: señores de Jódar
Los Carvajales, adversarios de los Benavides y de la Cueva, eran hidalgos procedentes de Baeza, que en el siglo xv consiguieron al-
zarse con un señorío de casi 300 km2, con unos das mil habitantes de población, gracias a su adhesión al bando vencedor en todas las guerras civiles de la Baja Edad Media y comienzos de la Moderna.
Jódar había estado en manos de los descendientes de Sancho Martínez de Jódar hasta que fue adquirido por el condestable Ijúvalos pastenormente, Juan II la cedería a Alonso de Carvajal (1422)~, en manos de cuya familia permanecería en adelante. El castillo de Tobavuela también fue adquirido por Día Sánchez de Jódar o Carvajal en 1467”, en tanto que Belmez le era donado por los Reyes Católi- cas en 1478, después que lo conquistase ~, junto con el despoblado de Moraleda.
Parece que también usurpó el castillo de Torres, antes que fuese comprado a los calatravos por Francisco de los Cobos.
Excepto este lugar, el resto del señorío fue ascendido a la categoría de marquesado, siendo patrimonio en el siglo xviii del conde de Maceda~.
3.2. Otros señoríos de origen medieval
3.2.1. Señorío de Bailén
La aldea baezana de Bailén fue vendida en 1349 por Alfonso XI a Pedro Ponce de León, señor de Marchena y conde de Arcos, en 145.000 maravedíes.
Se extendía sobre más de 100 km2, con más de 2.500 habitantes a fines del siglo xv.
Al menos desde esta época, poseía el conde de Arcos en Bailén el portazgo ~ las alcabalas ~, el oficio de fiel medidor ~, los novenos de los diezmos, las tercias de granos y maravedíes y los derechos de correduría ~.
Según la relación de la renta de Tabaco, la villa de Quesada también pertenecía al ducado de Arcos aunque no he encontrado dato
alguno que avale tal suposición.
La documentación relativa a este señorío puede consultarse en
la sección Osuna del kH.N
3.2.2. Señorío de Garcíez
Según Rodríguez Molina, este lugar estaba en posesión de Pero Díaz de Quesada ya en 129981; este personaje era administrador de las tierras del arzobispo de Toledo y precisamente por ello fundó en ellas el lugar de Santo Tomé en tiempos de Fernanda IV; el se- ñorío de la nueva población fue partida por mitad entre el administrador y la mitra. Para 1543, Día Sánchez de Quesada casaba can Leonor de Guzmán, que aportó al señorío los lugares de Nínchez y Chozas.
Un siglo antes, concretamente en 1478, Pedro Díaz de Quesada, primogénito del señor de Garcíez, casa con una hija del señor de Jabalquinto ~; enlace que se volvería a repetir una centuria más tarde entre Diego de Quesada y Ana de Benavides ~.
El señorío de Garcíez se extendía, pues, a Garcíez, mitad de Santo
Tomé, Nínchez y Chozas, en algo más de 50 km2, escasamente po- bladas por 150 personas.
En 1627, bajo el señorío de Fernando de Quesada y Mendoza, Garcíez fue elevado al rango de condado y Santo Tomé al de viz-
condado ~, y quince años después recibiría los oficios de escribano, fiel ejecutor y guarda mayor de Santa Tomé y Montiel~.
Este fue sucedido por su hijo Pedro Juan de Quesada y éste, a su vez, por Miguel Jerónimo Ponce de León y Mesía ~; éste heredó en 1726 el
mayorazgo de Floreaga, creado en 1532 por Pedro de Zuazola ~.
Con Miguel Jerórimo el condado de Garcíez queda englobado en
el marquesado de Castromonte
3.2.3. Señorío de La Guardia
El señorío de la villa de La Guardia procede de la guerra civil entre Pedro 1 y Enrique 11, el cual la entregó a Ruy González Megía.
En adelante, los Megía serán sus señores, los cuales detentaban, además, los señoríos de Santa Eufemia y Torreblanca, en el Reino de Córdoba.
Alcanzó el rango de marquesado en 1566, siendo señor Gonzalo Megía Carrillo ~.
Para mediados del siglo xviii, este marquesado pasó a manos del marqués de Ariza, probablemente por medio de alianzas matrimoniales; este marqués, según Loynaz, tenía el núcleo de su señorío en tierras conquenses.
El marquesado de La Guardia incluía en un perímetro de ape- nas 38 km2 una población que oscilaba entre los mil y das mil habitantes.
3.2.4. Señorío de Alcaudete
La villa fronteriza de Alcaudete atravesó por diversas vicisitudes hasta ser incorporada definitivamente al reino castellano a comienzos del siglo xiv Parece ser que dependió temporalmente de la Orden de Calatrava, para en el mismo siglo xiv pasar al señorío de los Montemayor ~.
Así, en 1478 era señor Martín Alfonso de Montemayor, aunque para 1500 había pasado a manos de Alonso Fernández de Córdoba, casado con María de Velasco ~‘.
Este señorío fue elevado a condado por Carlos 1 en la persona de Martín Alonso de Córdoba y Velasco. En cl siglo xviii por la política matrimonial seguida, detentaban el condado los marqueses de Villena, dentro de la casa de Oropesa, es decir, el ducado de Frías ~.
Este importante señorío, de más de 5.000 habitantes, ocupaba 237 km2.
3.2.5. Señorío de la Torre de Gil de O/íd
La historia señorial de esta cortijada apenas nos es conocida: sa- bemos que en 1269 Alfonso X entregó la Torre de Gil de Olid y Ja- rafe —enclavadas en el término de Baeza— a treinta y tres infantes baezanos en señorío ~. Hasta fines del siglo xix no volvemos a tener noticias de su detentador: era Juan Pérez de Guzmán y Boza, duque de T’Serclaes de Tilly, grande de España de primera clase, maestran- te del real de Sevilla, gentilhombre de Cámara, señor de la Torre de Gil de Olid y de la Torre de la Margarita ~.
3.3. Señoríos de época moderna
3.3.1. Marquesado de Camarasa
Francisco de los Cobos, secretario de Carlos 1, personaje enraizado en Ubeda, creó un importante señorío en tierras giennenses, de 250 km2 y más de cinco mil personas, a costa de la Orden de Calatrava en1537compró Sabiote,que pronto se alzaría como marquesado; un año más tarde, el emperador ordenaba a los dos barrios de Canena constituyeran un solo ayuntamiento, ya que ambos hablan sido vendidas a su secretario ~.
Poco después adquiría, también, las villas de Torres, Jimena y Recena.
Estas posesiones constituirán un señorío bastante completo, pues el emperador le vendió incluso, los derechos regios: en 1539 da posesión a Francisco de los Cobos de las villas de Torres y Canena ~ y en 1540 le vende las tercias y alcabalas de Sabiote en 16.590 maravedíes así como las de Torres y Canena ~.
Posteriormente, conseguirá los condados de Ricla y Castro y el Adelantamiento de Cazorla, siendo en cuanto a rentas, el primer señor del Reino de Jaén a mediados del siglo xvi
En la primera mitad del siglo xvii fue marqués de Camarasa Manuel de los Cobos y Luna, que fue sucedido en 1669 por Baltasar de los Cobos y Luna, el cual sería nombrado contador mayor de la ciudad de Granada.
Para 1726 era marqués Miguel González de los Cobos, y cuarenta años después, Isabel Raza Gómez de los Cobos.
Con posterioridad, el marquesado de Camarasa se integré en el ducado de Medinaceli, en cuyo archivo se halla su documentación.
3.3.2. Marquesado de la Rambla
La aldea de Cabra del Santo Cristo había pertenecido en el siglo xv al concejo de Ubeda, que hubo de desampararla por lo peligroso de su tenencia.
Despoblada permaneció hasta 1530, en que se rehizo su puebla; unos años más tarde era comprada par Jerónimo
de San Victores de la Portilla 107 Para 1652, su sucesor, Jasé San Víctores de la Portilla, caballero de Alcántara, compraba las tercias del lugar ~% y dos años más tarde hacía lo propio can las alcabalas y unos por ciento.
En 1710 encontramos al señor José San Victores de la Portilla como marqués de la Rambla. Su sucesor, Rodrigo Pe- dro de Orozco San Víctores, fue despojado en 1764 por la Corona de las alcabalas, tercias y derechos del primer y segunda uno por ciento de la nueva alcabala de Cabra.
Poco después, el concejo de Cabra comprada su libertad al rey, por lo que, al tiempo del Atiante, era realenga ‘~.
Esta casa ha perdurado hasta nuestros días. Así, en 1920 fallecía a los veintidós años Bernardo de Orozco y Loring, marqués de la Rambla, con casa solar en Úbeda.
3.3.3. Marquesado de Hinojares
Según Espinalt, Hinojares fue aldea de Pozo-Alcón hasta 1690, que, cama villa, pasé a pertenecer a Iñigo Rodolfo Fernández de Angulo, habiendo pasado al siglo siguiente a manos del conde de Are- nales, como marqués de Hinojares “k
3.3.4. Condado de Huesa
Poco sabemos de este señorío; según Olivares Barragán, fue con- quistada definitivamente por Francisco de la Cueva> al que Enrique IV dio título de cande de Huesa; y, en efecto, como tal condado aparece en la relación de Loynaz 122,
3.3.5. Condado de Torralba y Talara
Torrequebradilla durante la Edad Media fue una dehesa del con- cejo de Jaén, siendo poblada, probablemente, en el sigla xvi.
Para 1612, Antonio de Córdoba y Mendoza, hijo de Gabriel de Córdoba y Aldonza Manrique de Córdoba, compra las alcabalas de
Tarrequebradilla y Torralba 113, aunque hasta 16.40 no es concedido el señorío de ambas localidades a Iñigo Fernández de Córdoba y Mendoza‘~. SusdescendientesfueronloscondesdeTorralbayla- lara y marqueses de Puentes, en tierras sevillanas 115
3.3.6. Marquesado de Coste/moncayo
Parece que la fundación de Noalejo se debe a Menda de Salcedo, criada de la reina Juana, que le vendió el lugar en 1508 ~ Para fines de siglo, su señor, Diego de Maldonado Salcedo, emparentaba con los señores de Jabalquinto’”.
Desconozco el momento en que el señorío de Noalejo se integró en el marquesado de Caátelmoncayo, aunque debió ser antes del si-
glo xviii, en que era marquesa Manuela de Fuenmayor y Dávila, con- juntamente con su hijo, Joaquín de Saavedra Quiñones Pimentel, cu- yos señoríos se extendían por la actual provincia de Madrid —Robledo de Chavela, principalmente— y tierras de León
A fines de siglo, el concejo de Noalejo intentó redimir la jurisdicción del marqués, que les causaba grandes estragos en sus propios -
33.7. Otros señores jienenses
Obviamente, la nobleza de Jaén no se limitaba a los señores re- señados hasta aquí, toda vez que no fueron demasiados —entre los que detentaron propiedades territoriales— los que lograron hacerse con el señorío jurisdiccional de una o varias villas.
Así, es palmario el caso del vizconde de Los Villares, cuyo señorío en 1789 era prácticamente inexistente‘~.
En situación similar se encontraba doña Isabel de Carvajal y Ponce, condesa de Humanes, que era dueña de un coto en Villargordo y patrona de un convento de dominicos en Jaén.
Dos marqueses más se documentan en el Jaén del siglo XVIII: el
marqués de Villanueva de Duero, poseedor de la mitad del patronato del monasterio de la SantísimaTrinidad, y Joaquín Melgarejo, marqués de Quiroga, dueño de unas tenerías.
Por su parte, en la Ubeda del mismo siglo destacan el conde de
Guadiana W y el duque de San Pedro Galatino, también conde de Benalúa ‘~.
4. CoNcLusIoNEs
Aunque la labor a realizar es aún ingente, creo que se puede con- cluir este trabajo volviendo al comienzo, es decir, resaltando cómo el régimen señorial es algo omnipresente en la época moderna: los concejos realengos, que, desde mediados del siglo xlv, van perdiendo autonomía, a fines del siglo xv y comienzos del xvi son dominados por la oligarqula local, representada en el colegio de regidores, las cuales estaban emparentados, por otra parte, con la nobleza detentadora de los señoríos laicos.
Estos, a su vez, crecen a costa de los señoríos religiosos y militares, que son dominados por señores y reyes, respectivamente.
En Cuanto a los linajes giennenses, si hacemos abstracción de los
señoríos creados en los siglos xvii y XVIII, tienden a permanecer en el Reino de Jaén, siendo excepcionales las castas que poseen propiedades fuera de éste.
Es a partir del siglo XVI, cuando, a causa del agotamiento biológico de los linajes y de la política de alianzas matrimoniales, estos señoríos pasan a casas importantes a nivel nacional.
Finalmente, a los pueblos —empobrecidos a causa del despilfarro de sus propios y comunes— no les quedará otra opción que redimirse
por titulo oneroso de sus señores o villas.
Pedro A. PORRAS ARBOLEDAS
(Universidad Autónoma de Madrid)
http://revistas.ucm.es/index.php/ELE...4220797A/24943
La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.
Antonio Aparisi
Imágenes anexas:
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La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.
Antonio Aparisi
IX
REALENGO, SEÑORÍOS Y MAYORAZGOS
Con anterioridad a la toma de Almería por los Reyes Católicos, algunas familias de la realeza nazarí, que ejercían el control político de la ciudad, no vacilaron en entrevistarse secretamente con el rey don Fernando para pactar la entrega del territorio almeriense.
Encabezaba la intriga el infante de Almería y alcaide de la ciudad Yahya al-Nayar, cuñado del rey Zagal y figura relevante en la sociedad musulmana. Yahya se comprometió con don Fernando a entregarle las plazas de Vera y Almería a cambio de importantes prebendas para sí y los suyos, entre las que figuraba la concesión a favor de su hijo Aliomar ben Nayar de “...los lugares de Enix e Felix, que corresponden a tres alcarías en tierras de Almería (...); e de cada una de ellas con el término e vasallos de suyo, hombres e mujeres que en ellos viven, do están con todas sus rentas e pechos e derechos, e con todos sus ejidos, montes, prados e pastos e aguas manantes o corrientes (...); e con jurisdicción civil o criminal, con todos los usos y servidumbres...”. Convenio que, como se deduce del texto documental, avalaba en principio toda una concesión de pleno señorío.
Informado El Zagal de aquellas negociaciones, destituyó a los miembros de su familia que habían participado en las mismas, castigo que no impidió el proseguimiento de las maquinaciones secretas de Yahya al-Nayar, como lo demuestra el hecho de que al producirse más tarde la conquista y entrega de Almería, los Reyes Católicos colmaron de mercedes a este infante y a su hijo ben Nayar, conocido a partir de su bautismo como don Alonso de Granada Venegas. Pero ningún documento posterior da noticia de que a don Alonso se le concediera el señorío de los lugares de Almexixar que previamente había pactado. Una precaución seguida por los reyes aconsejaba no otorgar señoríos en las zonas de costa fronteras al África, norma que sin duda alteró el compromiso con los Nayar de Almería, concediéndoles a cambio señaladas ventajas en los lugares de la taha de Marchena, ubicados más al interior.
Por su estratégica proximidad a la costa, Felix quedó desde el principio como lugar de realengo, con dependencia directa de la Corona, circunstancia que no descuidó en aprovechar el gobernador de Almería (fundándose quizá en el precedente no lejano de Yusuf V) para demandar de los reyes que Almexixar fuera declarada tierra de Almería, lo que no alteraba la condición realenga de la comarca, quedando mas bien consolidada al ser incorporada al partido de Almería, ciudad realenga por excelencia. El 8 de diciembre de 1501 los Reyes Católicos acceden a la petición por real cédula firmada en Écija en los términos siguientes:
“...Porque la dicha ciudad de Almería sea más ennoblecida e mejor poblada, por la presente hacemos merced e gracia e donación pura e perfecta, no revocable, que es dicha entre vivos por juro de heredad para siempre jamás, de las villas de Tabernas e Níxar e sus tierras e de los lugares de Ynix (Enix), Filix (Felix) e Bícar (Vícar)”, que son de la tierra de Almexixar, e de los lugares del Alquián e Alhamilla, con sus vasallos, e términos e jurisdicciones...” Consecuentemente se produce por segunda vez la incorporación de Felix y los pueblos de su entorno al alfoz de Almería, como parte integrante del mismo.
Como hecho prioritario, la jurisdicción del distrito en el orden criminal pasaba a la alcaldía mayor de Almería, en tanto que el alcalde de Felix, según se ha indicado en el capítulo anterior, seguía entendiendo en los casos ordinarios de carácter civil. Por supuesto, la ciudad se encargaba de recaudar todos los impuestos en nombre de la Corona, gestión intermediaria que a los labriegos de Almexixar, en su mayoría sencillos moriscos, les era particularmente indiferente, pues sabían que por un medio u otro, fuera quien fuese el inmediato perceptor, ellos habían de aportar sus tributos al erario público.
Diferente cuestión fue cierto sistema de mayorazgo –que no de señorío- surgido cuatro años más tarde en los lugares de Almexixar, asunto éste que por sus interesadas derivaciones y casi discutible legalidad perjudicó con frecuencia la economía de algunos modestos campesinos. El caso tuvo su antecedente en la fuga de moros felisarios y de lugares cercanos, que después de la revuelta del año 1500 buscaron refugio en Marruecos o Argel, dejando abandonadas sus haciendas, lo que contribuía al empobrecimiento de la tierra. La concurrencia de labradores cristianos viejos en la provincia era por entonces tan escasa, que resultaba insuficiente para el cultivo de los campos. Por otra parte, aunque aún permanecía suficiente población morisca ocupada en la agricultura, la política oficial del momento desaconsejaba el incremento de tierras en manos de los vencidos.
Sobrevino en tales circunstancias la muerte de la reina Isabel, quedando don Fernando como regente de Castilla en nombre de su hija doña Juana. El regente, pragmático y especulador, lejos de insistir en la política de repoblación puesta en marcha para atraer a cristianos viejos a los territorios conquistados, optó por vender en “lote único” todas las casas y haciendas abandonadas por los infieles en el distrito de Almexixar, decisión que, si bien aportó un beneficio a las arcas reales, conculcaba en cierto modo todos los derechos otorgados por real cédula a favor de la ciudad de Almería, como se vio más tarde en una serie de competencias enfrentadas.
La transacción tuvo lugar a comienzos de 1505. Un desconocido hidalgo de Madrid, don Jorge de la Torre, con el fin de crearse un mayorazgo para prestigiar su nueva alcurnia, propuso a la Corona la adquisición por 180.000 maravedíes de las casas, huertas, dehesas, etc., que habían sido abandonadas en la taha de Almexixar por los moros “pasados al allende”. La escritura se formalizó en Toro el 20 de febrero del mismo año, pero don Jorge debía pertenecer a una clase de hidalgos con más pretensiones que “posibles”, pues no pudo hacer frente al pago y traspasó la operación, con el consentimiento del regente, a don Alonso Núñez, caballero también madrileño, que entró en posesión de los bienes adquiridos.
En 1541 heredó a don Alonso su hermano don Francisco Núñez, quien fundó su propio mayorazgo (1562), autodeclarándose sin más “señor solariego de los lugares de Felix, Vícar y Enix”, cuando sólo poseía en ellos unos bienes amplios pero perfectamente determinados, sin atribución alguna de señorío sobre las restantes tierras de dichos términos. Según datos obtenidos de un voluminoso pleito que se conserva en el archivo de la Real Chancillería de Granada, la propiedad agraria más importante de los Núñez era un marchal o tierra de regadío en la “boca de Andacarcauz” (sin duda Casablanca) administrado entonces por un morisco de Vícar llamado Luis Zambaron. Por derecho de sucesión, el mayorazgo vino con el tiempo a manos del coronel don Juan Maza y Montalvo, caballero de Alcántara, que en 1712 fue ennoblecido con el título de marqués de Casablanca, linaje hoy desconocido.
A lo largo del siglo XVI y en períodos subsiguientes, la situación creada entre el mayorazgo y las autoridades de Almería, como representantes éstas del distrito y obligadas a la legítima defensa del mismo, ocasionó continuos problemas en orden a deslindes, censos enfitéuticos y otras cuestiones recaudatorias, pues la familia Núñez interpretaba a su buen antojo el patrimonio realmente adquirido por su antepasado, sin que los labriegos perjudicados de la comarca, que desconocían el quid legal del asunto, supieran a qué atenerse en aquel embrollo de derechos y pleitos cada vez más enredados por leguleyos y escribanos. Las reivindicaciones de los Núñez, firmes en su autoproclamación de señores solariegos de toda una comarca que era legalmente libre por derecho de realengo y afecta jurisdiccionalmente a la capital, ocasionó tantas dificultades y trastornos que, incluso setenta años más tarde de realizada la famosa compra, cuando se efectuaba la repoblación del concejo de Almexixar decretado por Felipe II tras la expulsión de los moriscos, muchos de los colonos venidos a poblar renunciaron a establecerse en la comarca, ante las reclamaciones y exigencias de los Núñez.
Todavía en las primeras décadas del siglo XIX, casi en la agonía ya del viejo régimen de señoríos, surgen renovadas pretensiones del marqués de Casablanca sobre las viviendas construidas por los vecinos en Roquetas en la dehesa comunal, reproduciéndose los trámites del viejo pleito en la Real Chancillería, litigio que apesadumbró durante largo tiempo a la nueva población roquetera, que con tanto entusiasmo y tesón cuidaba el crecimiento de un pueblo forjado con su personal esfuerzo. La implantación de las ideas progresistas, que dieron al traste con los rancios privilegios, fue un respiro para el conturbado vecindario de Roquetas.
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La Iglesia es el poder supremo en lo espiritual, como el Estado lo es en el temporal.
Antonio Aparisi
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