Cita Iniciado por sniper Ver mensaje


Bueno, el tema tiene muchas aristas y sinceramente creo que hay que matizar lo que leo.

Francisco Fernando de Ávalos, marqués de Pescara (Nápoles, 1489 - Milán, 4 de noviembre de 1525), militar napolitano de orígenes españoles.

Juan de Urbieta Berastegui y Lazo, Militar guipuzcoano natural de Hernani, Caballero de la Orden de Santiago y Contino de S. M. Capitán de Caballería... Adquirió celebridad por haber hecho prisionero a Francisco I, Rey de Francia, en la batalla que se libró entre españoles y franceses en los campos de Pavía (Italia) el 24 de febrero de 1525.

Para empezar, el Marqués de Pescara no es natural de la península española, aunque de lejanos orígenes españoles, sino nacido en suelo italiano y pasa su vida también en aquella península, el Marques era en realidad un hombre del mediterráneo. Juan de Urbieta en cambio es un vasco, nacido y muerto Guipuzcoa, pese a que su fama la logra en Italia. Urbieta es un hombre de la cornisa ibérica.
Entonces Francisco de Ávalos y Juan de Urbieta, pese a que ambos son contemporáneos, en principio, por naturaleza y carácter son diferentes. ¿Entonces que los acerca?, pues lo único que tienen en común: es, por decirlo en términos modernos, “empleados del mismo patrón”

Ahora hay que recordar que eso que llamáis España, en el siglo XVI es una entidad dinastica en expansión, con una marcadísima vocación imperialista, es decir una especie de aspiradora de territorios y hombres. Así “español” era todo lo que se inclinaba ante el solio del emperador-rey Habsburgo. Los había gallegos y vascos, andaluces y catalanes, napolitanos y flamencos, borgoñones y canarios, alemanes e incas, mexicanos y filipinos, y omito a muchos más… todos técnicamente españoles, pero solo de dientes para afuera y para disfrute de la historiografia oficialista.

Entonces, cuando Francisco de Ávalos y Juan de Urbieta declaran su españolidad lo hacen como agentes de Carlos I, aunque en lo personal el primero fuera un napolitano y el segundo un vasco. Su españolidad radica en reconocer al mismo soberano, no en sus afinidades comunitarias.
Esa absurda y disparatada exégesis que sniper hace del magnífico texto histórico que ha aportado Reke sólo puede entenderse desde axiomas deterministas y etnicistas, y seguramente desde una premisa y prejuicio --voluntaria o involuntaria-- antihispánico.

Es puro determinismo afirmar que necesariamente un napolitano sólo se reconocía como tal en el siglo XVI. Pero lo paradójico de ese determinismo es que la condición de napolitaniedad deriva precisamente de eso que sniper denomina "entidad dinástica en expansión", pues Nápoles no era otra cosa que Reino. Es etnicismo anacrónico sabiniano señalar que un guipuzcoano sólo se reconocía en el s. XVI como "vasco". Vasco es una característica étnica que se daba en muchos de los habitantes de Guipúzcoa (ya que la mayoría no eran ni son propiamente vascos, sino vascongados y tampoco es despreciable el contingente étnico de otros pueblos en Guipúzcoa a lo largo de la historia), pero que jamás constituyó (hasta la aparición del nacionalismo) una condición política o jurídica. Política o jurídicamente, apelando "a la inmediata población" como señala sniper, Urbieta seria un guipuzcoano o mejor un castellano. Lo que pasa es que en el siglo XVI, ante el mundo y ante las grandes empresas de la Cristiandad napolitanos y guipuzcoanos eran sobre todo y ante todo españoles.

"Entidades dinásticas en expansión" eran todas las potencias del ancho mundo en el siglo XVI. Pero en el caso hispánico no respondían a un caprichoso proceso patrimonialista de determinadas familias, ni una expansión en base a una pura supremacia militar como fue el caso de múltiples y gloriosos Imperios a lo largo de la Historia. Responden a un proceso histórico que pretende la recuperación del territorio invadido (de "la pérdida de España" hablan las crónicas del 711, muchos siglos antes de que se hablase de los Reinos de Castilla, Aragón o Jaén --que no Andalucía--) y al espíritu de Cruzada. Pero descendiendo aún un paso más, para hablar de "afinidades comunes" al margen de los dos elementos más importantes de afinidad y unión (la Religión y el Rey) ¿es que acaso no existía en el siglo XVI una cultura (el siglo de Oro español), una empresa (la lucha teológica, intelectual y militar contra el protestantismo) y una civilización común entre todos esos pueblos? Negarlo me parece simplemente soez.