En el transcurso de su vida, el inmigrante clandestino recibirá un total de 1.160.000 euros en prestaciones sociales si es regularizado. Esto incluye su vivienda protegida subvencionada por el Estado, la educación de sus hijos, los servicios médicos, los subsidios familiares, la jubilación que cobrará después de los 65 años, etc. En contrapartida, este pagará 62.000 euros de impuestos y de cotizaciones sociales. La diferencia es, pues, de 1.106.000 - 62.000 = 1.044.000 euros.
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A estos estudios hay que darles la importancia que merecen poniéndolos en la perspectiva correcta. Y la perspectiva es que los inmigrantes que acceden a Europa se reproducen. Y sus hijos también se reproducen. Y lo hacen con tasas mayores que los europeos autóctonos en general y en particular de por ejemplo Galicia, Asturias o el País Vasco donde no se llega al 0,8 hijos por pareja reproductora.

Es así como hay que hacer la cuenta en perspectiva.

Porque evidentemente una pareja de homosexuales europeos o de heterosexuales que no quieran tener hijos o solo quieran tener uno, también generan un déficit económico en la jubilación, en los servicios médicos y las ayudas a la dependencia aunque no se quieran cuantificar.

Por tanto para hacer bien la cuenta hay que poner en un lado de la balanza cuál será el aporte al PIB futuro de los europeos que han decidido extinguirse que puede demostrarse que tiende a cero y en el otro el PIB de los biznietos, nietos, hijos de los inmigrantes que todavía siguen cumpliendo con el precepto divino de multiplicarse.

Europa no tiene por qué despertarse de este sueño. Europa está feliz viviendo su propia pesadilla. Una pesadilla querida por las gentes de Europa interdependientemente que los "amos del mundo" contribuyan a acelerar esta involución.