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Tema: Sobre el ejercito Español

  1. #61
    Avatar de mazadelizana
    mazadelizana está desconectado Mos maiorum
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    Respuesta: Sobre el ejercito Español

    Cita Iniciado por Caballero español Ver mensaje
    Allí me encontrarás, motando guardia en mi reducto de maldad fascistoide y militarista.

    Hablando de la LEF, el vídeo colgado al principio del hilo es del 1 REP de la LEF, antes de ser desmantelado. Gran canción.

    Mazadelizana, nos estamos yendo del hilo. Nos falta un subforo de militaria aquí.

    Saludos.
    Pues ten cuidado con la MG, que me puedes pillar yendo a tu base.

    Creo que ya se pidió...en cualquier caso tienes razón, nos hemos ido del tema je je je.

    Saludos.

    "El vivir que es perdurable
    no se gana con estados
    mundanales,
    ni con vida deleitable
    en que moran los pecados
    infernales;
    mas los buenos religiosos
    gánanlo con oraciones
    y con lloros;
    los caballeros famosos,
    con trabajos y aflicciones
    contra moros".

    http://fidesibera.blogspot.com/

  2. #62
    Avatar de Erasmus
    Erasmus está desconectado Socio vitalicio
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    Respuesta: Sobre el ejercito Español

    Cita Iniciado por Euleon Ver mensaje
    Conmovedor testimonio...

    Al soldado sólo decirle que ánimo que lo que hace allí lo hace por nuestra nación.

    Estas son las cosas, y así nos las cuentan de primera mano...
    Cita Iniciado por Der Ver mensaje
    Lo que hacen ahí no lo hacen por su nación y no es porque sea elección de ellos, pues los soldados están para cumplir ordenes.

    El ejército - se supone - debería estar para garantizar la independencia y soberanía de España y para servir a los intereses de esta, no
    para ser una herramienta que sirva a los intereses de la política exterior del partido de turno.
    Muy bien puesta esa respuesta, Der; ese tipo de opiniones como las del otro usuario son típicas de los neocon y lo peor es que las expresan con solemnidad No veo hoy en día en nuestros ejércitos soldados que cumplan con su "sagrada misión" de defender a la Nación y sus "más altos intereses", sólo participan en misiones para defender la "democracy" y afianzar la globalización.

    En cuanto a la falta de una doctrina que tenga en claro cuales son los valores e intereses nacionales a defender y quien es el enemigo en el ejército español, esto mismo es algo que afecta a otros ejércitos europeos también, hace ya varios años vi un documental en un canal alemán donde militares jóvenes alemanes decían que no tenían un incentivo patriótico ya que no sabían bien quien era el "enemigo" después de la Guerra Fría y se preguntaban que sentido tenía ser militar en la Alemania actual. Todos estos ejércitos se han transformado en batallones de la OTAN para garantizar el éxito del proyecto globalizador.



    Imperium Hispaniae

    "En el imperio se ofrece y se comparte cultura, conocimiento y espiritualidad. En el imperialismo solo sometimiento y dominio económico-militar. Defendemos el IMPERIO, nos alejamos de todos los IMPERIALISMOS."







  3. #63
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    Erasmus está desconectado Socio vitalicio
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    Respuesta: Sobre el ejercito Español

    Un ejemplo de lo que digo más arriba lo tenemos en lo que ocurrió con el ejército argentino, el cual en los '90 fue reciclado por el "modelo" en una especie de batallón de policía global para cumplir misiones en los Balcanes y otros sitios de conflicto; en la actualidad todavía hay militares y gendarmes argentinos en Kosovo, Chipre, Haití y otros puntos. No es casualidad que ésto coincidió con el aplastamiento del movimiento "carapintada", el arresto y humillación sufridos por Seineldín y otros héroes de Malvinas, la abolición del servicio militar y la firma del acuerdo de paz con Gran Bretaña. ¿Está claro?, de luchar en el Atlántico Sur bajo las consignas de "¡Dios y Patria o Muerte!" a velar por la "seguridad" en Kosovo con el casco azul de la ONU y las insignias de UNPROFOR.



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  4. #64
    Avatar de txapius
    txapius está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Sobre el ejercito Español

    Adjunto esta noticia por su interés y por la poca difusión que ha tenido. Es un acto comparable al del Policía Nacional que salvó al hombre del metro, pero que no ha tenido la misma repercusión. El Sargento Trujillo también arriesgó su vida por los demás.

    http://www.abc.es/blogs/internet-me-...nadie-7400.asp
    Héroe, militar y español... no interesa a nadie

    Alberto Pérez - política
    14 de diciembre de 2010


    El sargento primero de la Armada Carlos Trujillo es un héroe, pero no ha merecido más que unas escasas líneas en edición en papel de ABC y nada, absolutamente nada, en los otros dos grandes periódicos nacionales. El militar se lanzó en la noche del domingo a las frías aguas del mar de Alborán atado a un cable guía para intentar alcanzar una patera encallada en un rompiente, en la que viajaban 33 inmigrantes, en su mayoría mujeres y niños, y un bebé aún con el cordón umbilical. Posiblemente, le debe la vida. Pero en España, sólo un cable de Europa Press, cuenta su hazaña.

    Sostiene el sargento primero Carlos Trujillo que “todo fue de forma improvisada”, que tuvo que permanecer más de dos horas en el agua para rescatar, “uno a uno” a los 33 seres humanos que estaban a punto de naufragar.
    Sostiene el sargento Carlos Trujillo que pudo hacerlo gracias a los 11 hombres del destacamento de la isla de Alborán, que la patera encalló “y la embarcación de Salvamento Marítimo no podía acceder”. “Tuvimos que decidir una opción y ante la desesperación de esas personas gritando, no pudimos más que improvisar, con riesgo para mis hombres, que acabaron magullados y con hipotermia”.


    Sostiene Carlos Trujillo que no disponen de medios para efectuar un rescate como el que él y sus hombres afrontaron esa madrugada, pero que “me até a un cabo, les dije a mis compañeros que tirasen bien fuerte y hasta que dio”. Durante más de dos horas, fue sacando de la barcaza a todos sus ocupantes. “Mis compañeros iban tirando de la cuerda y les íbamos sacando uno a uno”. Dieron prioridad a los niños, y el primero en cruzar e mar en brazos del sargento fue el bebé “nacido durante la travesía, con el cordón umbilical aún caliente. La madre no se podía ni mover”.
    Sostiene Carlos que fue una temeridad, “porque no hay equipo ni hay nada”, pero no había más alternativa: “Estaban en plena desesperación, asustados, con hipotermia, y con esa señora que estaba recién parida...”. También reconoce que la imagen de aquellas 33 personas varadas en el mar aún tiene “conmocionados” a los once hombres que componen el Destacamento de la Isla de Alborán, entre el oficial, el suboficial, el cabo, los marineros y los infantes, aunque pesa más la “satisfacción plena” que han sentido al conocer que 24 horas después, se encontraban todos en buen estado.
    Todo esto sostiene Carlos Trujillo, sargento primero de la Armada, otro héroe del Ejército español que apenas ha tenido un hueco en la prensa del día después de su gesta y la de sus compañeros. Ni en el papel ni en Internet. España ya puede seguir las evoluciones de Belén Esteban, los perros verdes, los mapaches invasores, las comparecencias de los ministros en estado de alarma y los Rodríguez Menéndez en la noria. Los españoles pueden estar atentos a eso porque hay héroes como Carlos cuidando de nosotros en el más absoluto anonimato. ¡Qué país!


  5. #65
    Avatar de Mefistofeles
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    Re: Sobre el ejercito Español

    ¡Olé sus cojones! Me descubro ante hombres de esa talla.
    TU REGERE IMPERIO FLUCTUS HISPANE MEMENTO

    El Rincón de Don Rodrigo

  6. #66
    Avatar de txapius
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    Re: Sobre el ejercito Español

    El soldadito de El Aaiún | Web oficial de Arturo Pérez-Reverte El soldadito de El Aaiún

    XLSemanal - 07/12/2010
    Lo que voy a contarles ocurrió hace treinta y cinco años exactos, casi día por día, en diciembre de 1975; pero me acuerdo bastante bien. Es una historia que en su momento -yo era un jovencísimo reportero, enviado especial del diario Pueblo en el Sáhara desde hacía ocho meses- no me dejaron publicar. No eran buenos tiempos ni para la libertad de prensa ni para otras libertades, pero uno se las apañaba allí lo mejor que podía. Aunque en esta ocasión no pude. Recuerdo el episodio con mucho sentimiento, por varias razones. De una parte, los últimos sucesos en el Sáhara le dan, para mí, especial significado. De otra, algunos testigos fueron muy queridos amigos míos. Casi todos de los que tengo memoria están muertos, excepto el entonces capitán Yoyo Sandino, de la Policía Territorial, que creo estaba presente. Yo mismo viví la última parte del episodio; pero ya no recuerdo quién más estaba allí, aparte del teniente coronel López Huerta y el comandante Labajos, ya fallecidos. Acababa de morir Franco, y España entregaba el Sáhara a Hassán II. El Aaiún era una ciudad en estado de sitio, con toque de queda, cuarteles y barrios en poder de los marroquíes, y otros aún bajo autoridad española. Uno de éstos era Casas de Piedra, feudo del Polisario; la custodia de cuyo perímetro, rodeado de alambradas y caballos de Frisia, correspondía a la Policía Territorial. En sus sectores, la gendarmería real y las tropas marroquíes se comportaban con extremo rigor. Había innumerables detenidos. Y cada día, muchos jóvenes saharauis, así como veteranos de Tropas Nómadas y de la Territorial, huían al desierto para unirse a la guerrilla que ya combatía en las zonas abandonadas del este.

    Aquella noche, una patrulla marroquí que pasaba cerca de Casas de Piedra fue tiroteada desde el otro lado de la alambrada. Los dos soldaditos españoles de guardia a la entrada del barrio -reclutas de mili obligatoria, destinados forzosos al Sáhara como policías territoriales- se apartaron de la luz, inquietos, y se quedaron allí hasta que hubo ruido de motores con resplandor de faros, y varios vehículos se detuvieron en el puesto de control. De ellos bajó nada menos que el coronel Dlimi, comandante general de las fuerzas marroquíes en el Sáhara, acompañado por todo su estado mayor y una sección de soldados de las fuerzas reales. Todos, incluido Dlimi, venían armados con fusiles de asalto, y estaban dispuestos a entrar en Casas de Piedra y arrasar el barrio como represalia por los tiros de media hora antes. Imaginen la escena: la noche, los faros iluminando la alambrada, el coronel en contraluz con todas sus estrellas y galones, y los dos soldaditos con todo aquello encima. Acojonados.

    Lamento no recordar sus nombres, o tal vez no los supe nunca. Pero esto fue lo que hicieron: mientras uno de ellos echaba a correr hacia donde tenían la radio para avisar a sus jefes, el otro tragó saliva, se cuadró y les dijo a los marroquíes que no pasaban -yo conocí a su oficial superior, el eficaz y duro teniente Albaladejo, y estoy seguro de que el chico prefirió vérselas con ellos antes que con el teniente-. Como pueden ustedes suponer, Dlimi se puso hecho una pantera. A gritos, descompuesto, mandó al territorial que se quitara de allí o le iban a pasar por encima. Tengo órdenes de no dejar entrar a nadie, dijo éste. No sabes con quién estás hablando, etcétera, aulló el otro. Luego blandió su arma e hizo ademán de cruzar la alambrada, seguido por todos los suyos. Fue entonces cuando el soldadito dejó de ser lo que era, un humilde recluta forzoso que hacía la mili en el culo del mundo, para convertirse en otra cosa. En lo que juzguen ustedes que fue. Porque en ese momento, casi con lágrimas en los ojos y temblándole la voz, montó su fusil -clac, clac, chasqueó el cerrojo al meter una bala en la recámara- y le dijo en su cara al poderoso coronel Dlimi, jefe de las fuerzas marroquíes en el Sáhara, estas palabras extraordinarias: «Mi coronel, por mi pobre madre que, como alguien pase de ahí, le pego un tiro».

    El aviso me pilló en el bar del cuartel de los territoriales, y a Casas de Piedra me fui, quemando neumáticos en el Seat 600 con el cartel Prensa que teníamos alquilado a medias Pedro Mario Herrero, del diario Ya, y el arriba firmante. Tuve así oportunidad de asistir al último acto del episodio, cuando llegaron los jefes españoles y tras una tensa negociación lograron que Dlimi se retirase con su gente. En cuanto al soldadito que le paró los pies salvando el barrio de una represalia, no eran, como digo, tiempos para la lírica. Me temo que la única recompensa que obtuvo aquella noche fue el cigarrillo Coronas que el comandante Labajos le ofreció de su paquete, la palmada en la espalda del teniente coronel López Huertas y esta página en la que hoy lo recuerdo.


  7. #67
    Avatar de Estirpe militar
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    Re: Sobre el ejercito Español

    Muy buen relato, lástima que el sacrificio que se hizo tanto en el Sahara como en Ifni, fuera echado a perder por los gobiernos de la época ... desde entonces una política de cesión en todo ante el moro se ha impuesto y nos va a resutar mucho más cara...

  8. #68
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Sobre el ejercito Español

    ¿QUÉ HA SIDO DEL EJÉRCITO ESPAÑOL?




    PALABRAS PRELIMINARES

    Hace unos meses pedí un favor a un buen amigo mío: que escribiera para RAIGAMBRE un artículo sobre el estado de nuestro Ejército. Mi amigo y yo compartimos muchas cosas, pero una de las cosas compartidas que más fuertemente nos unen es el amor a España y a nuestro Ejército. La Península Ibérica, por determinación geográfica, es una zona de extremada peligrosidad; así lo podemos ver estudiando nuestra historia sembrada de guerras. No puede dejarse de advertir que la paz, la integridad y seguridad de nuestra nación solo pueden ser garantizadas por un Ejército fuerte, bien armado y cualificado, dirigido por los mejores. Pero cuando el aparato político no hace nada para que esto sea así... Entonces el riesgo crece: la paz, la integridad, la seguridad y la soberanía de esta zona candente se ponen en compromiso.

    Se lo pedí a mi amigo, le solicité que escribiera un artículo sobre esta cuestión tan delicada. ¿Por qué no lo hice yo? Tenía mis reservas sobre mis aptitudes para abordar asunto tan serio: mi conocimiento sobre el Ejército es muy superficial y más teórico que práctico. El artículo tenía que ser escrito por alguien con experiencia, un militar, pues un civil (como yo) podría incurrir en imprecisiones, idealizar demasiado y, a la postre, terminar haciendo un panegírico sobre nuestro Ejército o desparramar sobre la vidriosa superficie del intelectualismo. Cortés y caballerosamente mi amigo aceptó la invitación y no tardó mucho en redactar el presente artículo que hoy doy a la edición de RAIGAMBRE. Me pidió que el artículo lo firmara yo, pero no sería honesto por mi parte atribuirme el mérito de este breve ensayo. Lo publico y digamos que lo firma Honorio González (pues por razones obvias, comprenderán ustedes que no pueda revelar la identidad de mi amigo). Le doy las gracias desde aquí y creo que cuantos lo lean, también se las podrán dar, pues es una de las contribuciones más excelentes y claras que se han podido hacer a esta cuestión: ¿Qué ha sido del Ejército Español?

    Manuel Fernández Espinosa

    ..................................................................................................

    ¿Qué ha sido del Ejército Español?[1]



    Hay quien se consuela de las derrotas que hoy nos infligen los moros, recordando que el Cid existió, en vez de preferir almacenar en el pasado los desastres y procurar victorias para el presente.
    En tal sesgo, muy distinto del que suele emplearse, debe un pueblo sentir su honor vinculado a su Ejército, no por ser el instrumento con que puede castigar las ofensas que otra nación le infiera: éste es un honor externo, vano, hacia afuera. Lo importante es que el pueblo advierta que el grado de perfección de su Ejército mide con pasmosa exactitud los quilates de la moralidad y vitalidad nacionales. Raza que no se siente ante sí misma deshonrada por la incompetencia y desmoralización de su organismo guerrero, es que se halla profundamente enferma e incapaz de agarrarse al planeta.”

    José Ortega y Gasset
    La España invertebrada



    BREVE EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

    Este artículo está escrito desde la admiración, el respeto, el agradecimiento y el cariño hacia los Ejércitos de España, “herederos y depositarios de una gloriosa tradición militar” como rezan sus ordenanzas.
    Está escrito también, y precisamente por todo lo anterior, desde la pena, la preocupación y en definitiva el temor ante su posible desaparición, víctima como toda España de malos gobernantes.
    Las críticas y el aire de desesperanza se dirigen únicamente contra esos malos gobernantes que han provocado conscientemente la situación actual.
    Sin embargo, desde este momento debe añadirse que cabe la posibilidad, no muy remota, de que incluso con todo en contra, los militares españoles sean capaces de salvaguardar su espíritu, y conservarlo en beneficio de la Patria hasta el momento oportuno.

    INTRODUCCIÓN

    El proceso de destrucción de la sociedad española tradicional, o lo que de ella permanece, perfectamente programado y que lleva en fase de ejecución desde el último cambio de régimen político en 1978, puede analizarse desde múltiples aspectos, ofreciendo el estudio de cualquiera de los factores una visión fácil de extrapolar al resto.

    El caso de la aniquilación sistemática de los Ejércitos de España resulta especialmente paradigmático.

    Podemos empezar este breve análisis, en el que únicamente trataremos los factores más relevantes, mencionando las causas que convierten al Ejército en víctima especialísima de las ansias destructivas de la clase dirigente del régimen fundado con la vigente constitución.

    Es perfectamente conocido el relevante papel que la institución armada jugó en la historia de España durante todo el siglo XIX, fundamentalmente debido a las dificultades del estado liberal para gobernar con eficacia la nación mientras procedía a la destrucción de sus estructuras tradicionales, que eran precisamente las que le proporcionaban estabilidad.

    El caso del régimen surgido del Alzamiento Nacional de 1936 es muy diferente, pero también en él, aunque de otro modo, los Ejércitos tuvieron un alto peso específico en la gobernabilidad nacional, funcionando de hecho como institución vertebradora, gracias entre otras cosas a su despliegue territorial, en casi todas las provincias, y al servicio militar obligatorio. Gran parte de la labor de alfabetización del pueblo español fue desarrollada por el Ejército.

    Ni que decir tiene que en la actualidad las unidades militares se concentran en grandes bases, la mayoría de la población no tiene cerca ningún cuartel del Ejército, y el servicio militar obligatorio ha sido abolido.

    Iniciado el proceso conocido como “reforma política” o más ampliamente “transición”, la institución militar permaneció en un primer momento vigilante ante los múltiples riesgos que amenazaban la paz social y la unidad misma de la Patria, así como los grandes logros obtenidos tras décadas de trabajos y sacrificios del pueblo español, mientras sufría el azote brutal del terrorismo sin sentir el apoyo de los nuevos gobernantes e incluso sospechando sus connivencias con los asesinos.

    Tras los acontecimientos del 23 de febrero de 1981 creció exponencialmente el recelo político hacia la institución, que se percibía como posible amenaza para los “experimentos” político-sociales planeados, y se inició con fuerza el proceso de destrucción que alcanza en nuestros días su máxima virulencia.

    MILICIA Y POLÍTICA

    ¿Por qué el militar español tradicional es considerado una amenaza por el poder político? Es muy fácil de entender. Las élites militares se componen de personas con un nivel de preparación intelectual altísimo, tanto científico como humanístico, una entrega a la profesión y una capacidad de sacrificio incomparables, y que tienen como característica diferenciadora frente otros grupos similares su falta de interés por el dinero, ya que de otro modo emplearían sus capacidades en profesiones mejor pagadas, es decir en cualquier otra profesión.

    La ambición del militar tradicional no consiste ni tan siquiera en el reconocimiento de su labor, si no que aspira como máxima recompensa a la íntima satisfacción del deber cumplido. Por eso los destinos más duros son siempre los más solicitados.

    Los militares tradicionales acostumbran a entender su deber de defensa de la Patria en el sentido más amplio posible, desde el literal de mantenimiento de sus límites territoriales hasta el más profundo de protección y salvaguarda de la unidad de todos los españoles, de sus costumbres y tradiciones, valores o estilo de vida.

    Basta echar un vistazo a la prensa actual, con su descripción de la corrupción generalizada de todos los grupos de poder, para comprender que un grupo humano como el descrito, intrínsecamente inmune a la corrupción y el soborno, una élite moral e intelectual, con los medios militares bajo su control, no puede ser mirado desde la política más que con el máximo temor y recelo.

    FORMACIÓN MILITAR

    Pero ¿de dónde salen o salían estos individuos tan especiales? Nos centraremos en el caso más representativo, la escala superior de oficiales del Ejército de Tierra.

    Decía en 1814 el Comandante General del Cuerpo de Artillería D. Martín García-Loygorri, que “cuando una educación noble e ilustrada despeja el entendimiento y fortalece el corazón, aunque no alcance a transformar en héroes a todos los jóvenes que la reciben, tiene una gran probabilidad de predisponer a muchos y de conseguir algunos”.

    Y efectivamente la primera clave estaba en el sistema de educación militar que, como no puede ser de otro modo, comenzaba por el proceso de selección.

    Hasta las últimas reformas, para ingresar en la Academia General Militar como cadete, era preciso haber obtenido el título de bachiller, haber superado las pruebas generales de acceso a la universidad y además superar la oposición de ingreso, consistente en una primera serie de pruebas escritas sobre conocimientos teóricos de matemáticas, física y química, geografía e historia, idioma extranjero, etc. A ello se añadían los test psicotécnicos, las pruebas físicas, el exhaustivo reconocimiento médico, la prueba práctica de resolución de problemas de matemáticas y física y, hasta 1986, una fase eliminatoria de instrucción militar básica en un campamento, que posteriormente dejó de ser eliminatoria y se integró en el programa del primer curso.

    Los aspirantes, por término medio, invertían uno o dos años en preparase para superar esta oposición. Se trataba de un sistema similar al que la República Francesa emplea para la selección y preparación de sus élites dirigentes mediante las conocidas como Grandes Écoles.

    Seleccionando sus cadetes de este modo se aseguraba por un lado que las capacidades de los alumnos permitiesen imponer con facilidad una exigencia educativa del más alto nivel durante los estudios y, no menos importante, una vocación militar demostrada por las dificultades asumidas voluntariamente al escoger el medio más difícil de acceso a una educación superior.

    Precisamente la consideración de la educación impartida a los oficiales en la Academia General Militar como “educación superior” había sido un punto contra el que ya se empleasen con todos los medios a su alcance los gobiernos liberales de los siglos pasados, en especial con el advenimiento de la II República y en el caso más absoluto en las “reformas militares” de Azaña[2].

    Todos sus enemigos, fuera por el motivo que fuera, negaban al Ejército la capacidad de impartir una educación considerada y oficialmente catalogada como superior, y por supuesto la potestad de expedir títulos de nivel universitario.

    Independientemente de su catalogación oficial, la educación de los oficiales del Ejército de Tierra, por centrarnos en un caso extrapolable con sus especiales características a los de la Armada o el Ejército del Aire, conjuntaba formación humanística y científica, formación militar en todas sus facetas, preparación física, formación moral y sobre todo de carácter, mediante cinco años de disciplina, austeridad e intenso trabajo, que creaba lazos de unión casi indestructibles entre los miembros de cada promoción.

    Además, la combinación de periodos en la Academia General Militar, comunes a todos los cuerpos, con otros en las academias tradicionales de cada especialidad, que garantizaban, además de la formación especializada, el mantenimiento de las tradiciones, configuraba un modelo formativo de probada eficacia.

    Pero los políticos de la “democracia” no podían permitir la existencia de una élite moral e intelectual como aquella, que precisamente fuera militar y con características estamentales.

    Por ello todos y cada uno de los puntos que hemos descrito como básicos para la selección y formación militar han sido atacados y destruidos.

    Actualmente no existe una oposición de ingreso propiamente dicha. La selección se produce de modo casi idéntico al de las universidades, mediante la nota media del bachillerato y la prueba conocida como “selectividad”. Además las limitaciones de edad impuestas para el ingreso hacen que, de hecho, aquel que no obtiene plaza nada más finalizar el bachillerato ya no puede casi ni plantearse volver a intentarlo.

    Y finalmente se ha impuesto aquel viejo sueño de los políticos españoles de negar al Ejército su capacidad de impartir estudios superiores. En la actualidad se han fundado en el interior de la Academia General Militar, de la Escuela Naval y de la del Ejército del Aire, facultades dependientes directamente de las universidades más cercanas, dónde los cadetes se ven obligados a cursar unos estudios puramente civiles que les ocupan casi el total de su tiempo disponible. Los profesores, por supuesto, son civiles. No cabe situación más humillante.

    Así las cosas, el sistema ha adquirido las características de una universidad, dónde cada cual se matricula de las asignaturas que considera oportunas cada año, empleando en finalizar los estudios los años que cada cual precise, con lo que el concepto mismo de “promoción”, tan importante para la cohesión, ha desaparecido.

    Del mismo modo, al tener que permanecer toda la carrera en la academia dónde se sitúan estas facultades civiles, las academias tradicionales de las armas y cuerpos, allí donde las tradiciones seculares eran salvaguardadas y transmitidas, desaparecen sin remedio.

    Ya tenemos el nuevo modelo de oficial del Ejército. Un ingeniero al que simplemente el Estado le ha pagado los estudios a cambio de un determinado número de años de servicio en filas.

    CARRERA MILITAR

    Sólo con la reforma de la educación militar ya está herido de muerte el Ejército Español tradicional, pero era preciso evitar que la institución tuviese opciones de defenderse.

    Para ello se han ido estableciendo desde hace años diferentes medidas en materia de política de personal con la finalidad fundamental de destruir la cohesión interna de los militares.

    Resulta muy interesante recordar que, por ejemplo, desde finales del siglo XIX, los cadetes del Arma de Artillería firmaban el siguiente manifiesto al finalizar sus estudios: “Los Artilleros que firman en este álbum quieren conservar en el Cuerpo, y transmitir con su ejemplo a los que vengan a formarlo, el tradicional espíritu de honor, unión y compañerismo que recibieron de sus antecesores, con el que alcanzó las glorias y prestigios que goza para bien de la Patria y Honor de sus individuos. Y considerando que la escala cerrada es condición indispensable para el logro de tan altos fines, resuelven mantenerla entre sí, ofreciendo por su honor renunciar (por los medios que la Ley permita) a todo ascenso que obtengan en el Cuerpo o en vacante de General a éste asignada y no les corresponda por razón de antigüedad.”

    Aunque es fácil de entender, la explicación detallada sobre por qué es una amenaza para el “tradicional espíritu de honor, unión y compañerismo” admitir cualquier mérito concedido con criterios subjetivos como razón para promociones o ascensos debería ser objeto de un estudio específico detallado. Baste apuntar que el Arma de Artillería ha sido literalmente disuelta, aunque resulte difícil de creer, en cuatro ocasiones desde el siglo XIX.

    Al que lo merezca, pensaban los militares españoles tradicionales, que le den una medalla y la luzca con orgullo, recordando siempre que el mérito de las honras no está en tenerlas, sino en aspirar a merecerlas[3]. De nuevo la íntima satisfacción del deber cumplido. Pero si la concesión de honras o méritos, siempre sometida a posible arbitrariedad, se convierte en el fundamento de los progresos en la carrera militar, entonces estamos perdidos.

    Y esa es precisamente la situación actual. El militar de carrera ve como en el ascenso a cada nuevo empleo militar, vuelve a ser evaluado y escalafonado, cada vez con criterios distintos y normas cambiantes, teniendo todas ellas en común un desmesurado desequilibrio a favor de los criterios subjetivos y en detrimento de los méritos objetivos.

    Únase a ello la legalización de las “asociaciones profesionales”, léase sindicatos, y el plan de destrucción militar estará casi finalizado.

    MISCELÁNEA

    Partiendo de la premisa de que el elemento fundamental de la capacidad de combate del Ejército es el personal, con lo dicho resta poco que añadir.

    Por supuesto hay muchos otros factores en el proceso destructivo emprendido desde hace décadas por los nuevos dirigentes españoles contra su Ejército. Proceso que adquiere su sentido más trágico al enmarcarlo en el general de destrucción de la sociedad española.

    Comparados por ejemplo con los de cualquier nación del mundo, los presupuestos militares de España sólo merecen la calificación de ridículos, y episodios tan trágicos y vergonzosos como la muerte de 62 militares que regresaban de Afganistán al estrellarse el avión ex-soviético, obsoleto y en pésimas condiciones de mantenimiento, alquilado a precio de saldo y que pilotaba un ucraniano borracho, lo ponen de manifiesto. Que después de tantos años de penurias aún siga existiendo el Ejército Español es un mérito exclusivo de los militares que jamás los españoles serán capaces de valorar y agradecer con justicia.

    Debemos apuntar también que la industria española, de armamento, naval o aeronáutica, ha sido víctima “colateral” de las campañas políticas contra el Ejército.

    Pero hay un punto de carácter especialmente maquiavélico que merece la pena destacar. Se trata de la publicidad institucional destinada a aumentar el “prestigio” del Ejército precisamente presentándolo ante la sociedad como lo contrario de lo que es, ya sea un organismo internacional de ayuda humanitaria, una organización de caridad, con todo el respeto y admiración hacia las organizaciones de caridad, o últimamente como un cuerpo de bomberos forestales.

    Una humillación tras otra.

    CONCLUSIONES

    Tal como dijimos en un principio, sólo nos hemos detenido en los factores más relevantes, sin pararnos a reflexionar en otros de cierta importancia como la incorporación sin restricciones de la mujer al Ejército, imponiendo sin embargo pruebas físicas diferenciadas por sexos como si el enemigo fuera a emplearse con menor dureza frente a las féminas en combate, o las múltiples humillaciones perpetradas como consecuencia de las campañas de tergiversación histórica.

    Estudio psicológico aparte merecería la obsesión por no emplear la palabra guerra, llegando a negar vergonzosamente la evidencia cuando ha sido preciso.

    Tampoco hemos hecho mención, y es importante destacarlo, al signo político de los gobiernos que adoptaron cada una de las medidas destructivas descritas. Es sencillamente irrelevante, de no ser porque caso de hacerlo nos daríamos cuenta del reparto descarado de papeles. Las derechas imponen las medidas más duras contra el Ejército mientras las izquierdas, en expresión popular, “le pasan la mano por el lomo”, normalmente con modestas mejoras salariales.

    La conclusión es tan descorazonadora como el planteamiento inicial. El plan de destrucción del Ejército tal y como tradicionalmente lo conocíamos, programado desde hace décadas y ejecutado con precisión por gobiernos de uno u otro partido político, está llegando ya a sus últimas fases, y resulta trágicamente irreversible en las actuales circunstancias.

    Que nuestra civilización está en peligro cada vez lo dudan menos españoles. Que el pelotón de soldados del que hablaba Spengler no llegue a estar disponible cuando sea preciso es cada vez un riesgo más cercano.



    [1] Todos los datos incluidos en este artículo son de dominio público, o han sido divulgados previamente en medios de comunicación social y/o publicados en el Boletín Oficial del Estado o el Boletín Oficial de Defensa. No se ha incluido ninguna información de carácter reservado.

    [2] “Don Manuel Azaña y los militares”, del General de Brigadas Miguel Alonso Baquer, editorial Actas.

    [3] De “La Araucana”, de Alonso de Ercilla.








    RAIGAMBRE
    El Tercio de Lima dio el Víctor.

  9. #69
    Avatar de Alejandro Farnesio
    Alejandro Farnesio está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Sobre el ejercito Español

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    Pero todo eso que dice el artículo se ha hecho con la complaciencia del Ejército y sus jefes que, por no perder la poltrona, se han callado. Así que a llorar menos y a hacer más por España que, se supone, es el país al que sirven.
    El Tercio de Lima dio el Víctor.
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    "Dulce et decorum est pro patria mori" (Horacio).

    "Al rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el Honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios" (Calderón de la Barca).

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